Curación Esotérica



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LEY IX



La perfección hace surgir la imperfección a la superficie. El bien expulsa el mal de la forma del hombre, en tiempo y espacio. La inofensividad es el método usado por el Ser Perfecto y empleado para el Bien. Esto no es negatividad, sino perfecto equilibrio, cabal punto de vista y comprensión divina.

REGLA SEIS

El curador o el grupo de curación debe mantener sujeta la vo­luntad, pues no debe emplearse la voluntad, sino el amor.



LEY X



Atiende, oh discípulo, al llamado que el Hijo hace a la Madre, y luego obedece. La Palabra anuncia que la forma ha cumplido su propósito. El principio mente entonces se organiza a sí mismo, y luego repite la Palabra. La forma expectante responde y se des­prende. El alma queda liberada.

Responde, Oh Naciente Uno, al llamado que proviene de la es­fera de la obligación; reconoce el llamado que surge del Ashrama o de la Cámara del Concilio donde espera el Señor Mismo de la Vida. Se emite el Sonido. Tanto el alma como la forma deben renunciar al principio vida y así permitir a la Mónada liberarse. El alma responde. La forma rompe entonces la conexión. La vida queda ya liberada, debido a la cualidad del conocimiento consciente y al fruto de todas las experiencias. Estos son los dones del alma y de la forma, combinados.
Nota: Esta última ley es la enunciación de una nueva que sustituye a la Ley de la Muerte y se refiere sólo a quienes están en las últimas etapas del sendero del discipulado y en las del sendero de iniciación.


Aplicación de las Leyes y Reglas

En las últimas páginas he aclarado ampliamente el tema, in­dicando -aún corriendo el riesgo de producir algún desaliento- ciertos requisitos esenciales para el curador de la nueva era y también algún contacto que deberá establecer con facilidad y prontitud cuando trata de curar. También definí la naturaleza de la Ley. Esto fue preliminar a la consideración de las Leyes, a las cuales el curador debe ajustarse, y de las Reglas que automática e intuitivamente obedecerá. Podríamos considerar estas Leyes y Reglas en mutua relación y también con el curador, pues varias de las Reglas están íntimamente relacionadas con una Ley que controla al curador.


Por la definición anterior, resultará evidente, en último aná­lisis, que la enfermedad, la muerte, la mentira, la falsedad y la desesperación, son inherentes al planeta mismo, porque nuestro Logos planetario (como lo afirmé anteriormente, cuando ayudaba a H. p. B. a escribir La Doctrina Secreta) es un “Dios Imperfecto”. Después de la actual gran crisis mundial, incidental a nuestro Logos planetario, y habiendo recibido por lo tanto una iniciación cósmica, pasó al sendero cósmico, disminuyendo palpablemente sus imperfecciones; habrá mucha menos desesperación y enfermedad en la tierra una vez que se hayan efectuado los necesarios reajus­tes planetarios. Ustedes no lo verán aún, porque los reajustes tardarán siglos para efectuarse en tan amplia escala. Por lo tanto lo que tengo que decir respecto a la futura curación de la en­fermedad no tendrá un valor práctico durante mucho tiempo, pero deben ser consideradas y discutidas la teoría y las indica­ciones acerca de su posibilidad. También, durante mucho tiempo, la ciencia médica y el conocimiento quirúrgico desempeñarán una parte valiosa en la medicina preventiva, prácticas paliativas y procesos curativos. A éstos se agregarán acrecentadamente nume­rosos métodos sicológicos de curación, los cuales irán de la mano con los dos mencionados, anexándose a éstos los servicios de los curadores espirituales; así se irá desarrollando constantemente un acercamiento cabal al entero hombre, necesidad reconocida hoy en todas partes por médicos de ideas progresistas. Así tam­bién por medio del método experimental de prueba y error, mu­cho se aprenderá.
Los procesos de curación que estoy delineando e indicando por medio de estas Leyes y Reglas, son fundamentalmente nuevos. No se basan en afirmaciones como las de la Christian Science y otros cultos de curación mental; no tienen su fundamento en orígenes comprobados ni en pretendidos resultados, que sólo será posible alcanzar cuando la raza logre un nivel mucho más elevado de perfección que el observado actualmente o que sea factible de desarrollo inmediato. Como he dicho repetidas veces en este tra­tado, nada existe fundamentalmente malo en las afirmaciones hechas por estos grupos y organizaciones, acerca del hombre que ha llegado a expresar el alma y a obtener conciencia crística. Erróneo es pretender que el hombre común (que evidentemente no se halla en este avanzado punto de evolución) pueda realizar estos milagros de curación en sí mismo o en otros. Muy pocas personas han alcanzado esta etapa y ciertamente es muy raro que la alcance el curador que pertenece a dichos cultos y organi­zaciones. El curador de la nueva era reconocerá las limitaciones y las circunstancias condicionantes, además del destino. Esto pre­dispone al desarrollo interno de los poderes que otorgan conocimiento. También será espiritualmente consciente de que la cura­ción del cuerpo físico no constituye siempre el más elevado bien espiritual; la sobrestimación y el serio y ansioso cuidado de la vida de la forma, del vehículo físico, no es de mayor importancia.
El curador de la nueva era no trabaja ni lo hará directamente con el cuerpo físico; siendo ocultista, no considera a ese cuerpo como un principio. Actúa práctica y totalmente sobre el cuerpo etérico y las energías vitales, dejando que esas energías hagan impacto sobre el automatismo del cuerpo físico, de acuerdo a una intención dirigida; entonces producirán su efecto de acuerdo a la respuesta de ese cuerpo, que estará condicionado por muchos factores. Esas energías, dirigidas por medio del cuerpo etérico del paciente, o emanando de ese cuerpo, pueden traer la curación si el destino del paciente lo permite, o estimular de tal manera la zona enferma, que la dolencia sea llevada a una crisis y el pa­ciente muera. Esto a menudo sucede bajo el tratamiento de los curadores de los cultos que ignoran las leyes de la curación y basan sus actividades en el conocimiento de una divinidad pre­sente -aunque generalmente inexpresada.
Se requiere una mayor medida de percepción espiritual y comprensión mental antes de que pueda ser eficaz el sistema que propongo. Todo lo que doy en mis escritos es mayormente de índole precursora, y esto debe recordarse.
Estudiaremos ahora la Ley I; no tiene ninguna Regla agrega­da o relacionada con ella, pues es la afirmación básica de la principal teoría que fundamenta el trabajo del curador.




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