Curación Esotérica


Actividades Iniciadas inmediatamente después de la Muerte



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Actividades Iniciadas inmediatamente después de la Muerte

Después de la muerte y particularmente si ha tenido lugar la cremación, el hombre, en su cuerpo kama-manásico, está tan cons­ciente y atento a su medio ambiente como cuando estaba vivo en el plano físico. Esta fraseología concede cierta elasticidad respecto a la amplitud de la percepción y observación; por lo tanto la mis­ma elasticidad debe tenerse en cuenta para quienes se hallan en el plano físico. No toda la gente está igualmente despierta ni es consciente de las circunstancias o de la experiencia inmediata. No obstante, debido a que la mayoría de las personas son mas cons­cientes emocionalmente que físicamente, y viven en gran medida enfocadas en sus vehículos astrales, el hombre está bastante familiarizado con el estado de conciencia en que se encuentra. Re­cuerden que un plano es esencialmente un estado de conciencia y no un lugar, según creen muchos esotéricos. La persona autoconsciente reconoce esto por medio de la reacción enfocada, que constantemente y en forma característica son conscientes de sí mismas, sensibles al tema de su medio ambiente y de sus deseos exteriorizados o (en lo que respecta a las personas evolucionadas que actúan en niveles más elevados del plano astral) son sensibles a la exteriorización del amor y la aspiración; el hombre siempre es absorbido por aquello que ocupó su atención e involucró el principio kámico durante su experiencia en la encarnación. Vuel­vo a recordar que en ese momento no hay cerebro físico que responda a los impactos generados por el hombre interno, y tam­bién que el sexo, tal como se lo comprende en sentido físico, no existe. Los espiritistas harían bien en recordar esto y en darse cuenta de la estupidez y también de la imposibilidad de concretar esos matrimonios espirituales que ciertas escuelas de pensamiento enseñan y practican. El hombre, en su cuerpo astral, se halla libre de sus impulsos estrictamente animales que, en el plano fí­sico, son normales y correctos, pero ahora nada significan para él en su cuerpo kámico.


Por lo tanto, tomemos al hombre común. ¿Cuáles son sus pri­meras actividades y reacciones después de la restitución del cuer­po físico al depósito universal de sustancia? Permítanme enumerar algunas de dichas reacciones:


  1. Llega a ser conscientemente consciente de sí mismo. Esto invo­lucra una claridad de percepción desconocida para el hombre común, mientras está en encarnación física.




  1. El tiempo (que constituye la sucesión de acontecimientos regis­trados por el cerebro físico) ya no existe tal como entendemos el término, y a medida que el Hombre dirige su atención a su más claramente definido yo emocional- surge invariable­mente un momento de contacto directo con el alma. Esto se debe a que, aun en el caso del hombre más ignorante y sub­desarrollado, el momento de la completa restitución no pasa inadvertido para el alma. Tiene un definido efecto egoico, algo parecido a un largo y fuerte tirón dado a la cuerda de una campana, si puedo emplear tan simple símil. Durante un breve segundo el alma responde, y la naturaleza de su respuesta es tal, que el hombre, situado en su cuerpo astral o más bien en su vehículo kama-manásico, ve ante sí, como en un mapa, las experiencias que ha tenido en la reciente encarnación. Registra y siente que el tiempo no existe.




  1. Como resultado del reconocimiento de dichas experiencias, el hombre aísla esas tres experiencias que constituyeron los tres principales factores condicionantes en la reciente vida y que contienen la clave de la futura encarnación, que iniciará próxi­mamente. Todo lo demás es olvidado y todas las experiencias menores desaparecen de su memoria, no quedando en su con­ciencia nada más que lo que esotéricamente se denomina “las tres simientes o gérmenes del futuro”, relacionadas en forma peculiar a los átomos permanentes físico y astral, produciendo así la quíntuple fuerza creadora de las formas que aparecerán más tarde. Podría decirse que:




  1. La primera simiente determinará más adelante la naturaleza del medio ambiente físico en el cual ocupará su lugar el hom­bre que retorna. Está relacionada con la cualidad de ese me­dio ambiente futuro, condicionando así el campo necesario o zona de contacto.




  1. La segunda simiente determina la cualidad del cuerpo etérico como vehículo a través del cual las fuerzas de rayo pueden hacer contacto con el cuerpo físico denso. Delimita la estruc­tura etérica o red vital, por la cual circularán las energías entrantes, y está particularmente relacionada con ese centro especial, entre los siete, que estará más activo y tendrá mayor vitalidad durante la próxima encarnación.




  1. La tercer simiente da la clave del vehículo astral en el que estará polarizado el hombre en la siguiente encarnación. Re­cuerden que me refiero al hombre común, no al ser humano evolucionado, discípulo o iniciado. Es la simiente que -por medio de las fuerzas de atracción- pone al hombre otra vez en relación con quienes amó anteriormente o estuvo en estrecho contacto con él. Debería aceptarse como un hecho que la idea grupal rige subjetivamente todas las encarna­ciones y que el hombre encarnado renace no sólo por el propio deseo de obtener experiencias en el plano físico, sino también por el impulso grupal y de acuerdo al karma gru­pal, además del propio. Debería dársele a este punto mayor énfasis. Una vez que sea verdaderamente captado y enten­dido, desaparecerá en gran parte el temor que engendra la idea de la muerte. Lo familiar y amado seguirá siendo familiar y amado, porque la relación ha sido estrechamente establecida durante muchas encarnaciones, y según lo ex­presa El Antiguo Comentario:

“Las simientes que determinan el reconocimiento no es­tán exclusivamente en mí y en ti, sino también en el grupo; dentro del grupo relacionan mutuamente a sus miembros en tiempo y espacio. Sólo en las tres inferiores hallan su ver­dadera existencia quienes están vinculados. Cuando el alma conoce al alma en el lugar de reunión, hasta donde llega el llamado del Maestro, dichas simientes desaparecen”.


Será evidente, por lo tanto, que es necesario entrenar a los niños a reconocer y beneficiarse de la experiencia, pues una vez aprendida, facilitará grandemente esta tercera actividad en el plano astral después de la muerte.


  1. Habiendo completado “la experiencia del aislamiento” el hom­bre buscará, y automáticamente hallará, a quienes la influencia de la tercer simiente los señala como que forman constantemen­te parte de la experiencia grupal, de la cual consciente o in­consciente es un elemento. Una vez establecida nuevamente la relación (si los buscados no han eliminado todavía el cuerpo físico), el hombre actúa, como lo haría en la tierra, en compa­ñía de sus íntimos y de acuerdo a su temperamento y grado de evolución. También buscará a quienes están más estrechamente ligados a él, a aquellos que ama u odia, si se hallan aún en encarnación física, y -así como lo hizo en la tierra- perma­necerá cerca de ellos, consciente de sus actividades, aunque (a no ser que estén muy evolucionados) no se den cuenta de la de él. No puedo darles ningún detalle del recíproco toma y daca ni de los modos y métodos de contacto. Cada persona es diferente, cada temperamento es mayormente excepcional. Sólo trato de poner en claro ciertas líneas básicas de conducta, seguidas por el hombre antes del acto o actos, de eliminación.

Estas cuatro actividades abarcan diversos períodos de tiempo desde el ángulo de “aquellos que viven en lo inferior”, aunque el hombre que vive en el plano astral desconoce el tiempo. Gra­dualmente el engaño y el espejismo (en orden inferior o superior) se desvanecen, y el hombre entra en la etapa en que sabe -porque la mente es ahora más incisiva y dominante- que está preparado para la segunda muerte y la eliminación total del cuerpo kámico o el vehículo kama-manásico.


Debe recordarse, entre otras cosas, que una vez realizada la restitución del físico en sus dos aspectos, el hombre interno se halla, como ya he dicho, plenamente consciente. El cerebro físico y el girar de las fuerzas etéricas (muy desorganizadas en la ma­yoría de los hombres) ya no están presentes. Éstos son los dos factores que han llevado a los estudiantes a creer que las expe­riencias por las que pasa el hombre en los planos internos de los tres mundos, consisten en ambular de acá para allá, o en una experiencia semiconsciente, o indica la repetición de la vida, ex­cepto en el caso de gente muy avanzada, discípulos e iniciados. Pero esto no es así. El hombre en los planos internos no sólo es consciente de sí mismo como individuo -con sus propios proyec­tos, vida y asuntos- como lo fue en el plano físico, sino que es análogamente consciente de los estados de conciencia circundan­tes. Quizás esté bajo el espejismo de la existencia astral o sujeto a la impresión telepática de las diversas corrientes de pensamiento que emanan del plano mental, pero también será consciente de sí mismo y de su mente (o de la medida de vida manásica desarro­llada) en forma mucho más potente que cuando actuaba por in­termedio del cerebro físico, cuando su enfoque de conciencia era como la del aspirante, pero anclado en el cerebro. Su experiencia es mucho más rica y plena que cuando estaba encarnado. Si refle­xionaran sobre esto por un momento, comprenderían que lógica­mente debe ser así.
Por lo tanto podrá inferirse que el Arte de la Eliminación es practicado en forma más definida y efectiva que la restitución del vehículo físico. Otro punto debe ser considerado. En el aspecto interno, los hombres saben que la Ley de Renacimiento rige los procesos experimentales de la vida del plano físico, y se dan cuenta, que antes de la eliminación de los cuerpos kámico (deseo), kama-manásico y manásico (mental), sólo pasan a través de un intervalo entre encarnaciones y que consiguientemente encaran dos grandes experiencias:


  1. El momento (largo o corto de acuerdo al grado de evolución) donde se hará contacto con el alma o ángel solar.




  1. Luego de ese contacto se produce una reorientación relativa­mente violenta hacia la vida terrena, que conduce a lo que se denomina “el proceso de descenso y llamado”, donde el hombre:




  1. Se prepara de nuevo para la encarnación física.




  1. Emite su propia y verdadera nota dentro de la sustancia de los tres mundos.




  1. Revitaliza los átomos permanentes, que forman un triángulo de fuerza en el cuerpo causal.




  1. Reúne la sustancia necesaria para formar sus futuros cuer­pos de manifestación.




  1. Los matiza con las cualidades y características que ha ad­quirido mediante la experiencia de la vida.




  1. Organiza, en el plano etérico, la sustancia de su cuerpo vi­tal, de tal modo que los siete centros adquieren forma y pueden convertirse en recipientes de fuerzas internas.




  1. Elige deliberadamente a quienes le proporcionarán la en­voltura física densa necesaria, y luego espera el momento de la encarnación. Los estudiantes esotéricos harían bien en recordar que los padres sólo aportan el cuerpo físico denso. Aportan nada más que un cuerpo de cualidad y naturaleza particular, que proporcionará el necesario vehículo de con­tacto con el medio ambiente exigido por el alma encarnante. También pueden proporcionar relación grupal, en cierta me­dida, allí donde la experiencia del alma es prolongada y se ha establecido una verdadera relación grupal.

Estos dos momentos críticos los enfrenta conscientemente el hom­bre desencarnado y sabe lo que está haciendo dentro de los limites establecidos por su grado de evolución.







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