Curación Esotérica


EXTRACTOS DE OTROS ESCRITOS



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EXTRACTOS DE OTROS ESCRITOS

El todo debe ser considerado de importancia más vital que la parte, y esto no es un sueño, visión, teoría, deseo ansioso, hipó­tesis o anhelo. Debe considerárselo como una necesidad innata e inevitable. Significa la muerte, pero la muerte como belleza, ale­gría, espíritu en acción y la consumación de todo lo bueno.



Tratado sobre los Siete Rayos. T. V.
La muerte, si solo pudiéramos comprenderlo, es una de las actividades que más hemos practicado. Hemos muerto muchas veces y moriremos muchas más. La muerte es esencialmente cuestión de conciencia. En cierto momento somos conscientes en el plano físico, en otro nos retraemos a otro plano y somos allí activamente conscientes. En la medida que nuestra conciencia se iden­tifica con el aspecto forma, la muerte continuará manteniendo su antiguo terror. Tan pronto nos reconozcamos como almas y halle­mos que somos capaces de enfocar a voluntad nuestra conciencia o sentido de percepción, en cualquier forma o plano, o en cualquier dirección dentro de la forma de Dios, ya no conoceremos la muerte.

Tratado sobre Magia Blanca, pág. 358-359.
Reflexionen por lo tanto respecto a esta doctrina de abstrac­ción. Abarca todos los procesos de la vida y les revelará el eterno y amoroso secreto de la Muerte, que es la entrada en la vida.

Tratado sobre los Siete Rayos, T. V.
En esta regla tenemos dos conceptos principales, ambos vincu­lados con el primer aspecto divino: el concepto de la MUERTE y la naturaleza de la VOLUNTAD. En el próximo siglo: la muerte y la voluntad tendrán inevitablemente un nuevo significado para la humanidad, y desaparecerán muchas ideas antiguas. La muerte para el hombre común reflexivo constituye un punto de catastró­fica crisis. Es la cesación y el fin de todo lo amado, lo familiar y lo deseado; es una brusca entrada en lo desconocido, en la incer­tidumbre, y la abrupta terminación de todos los planes y proyec­tos. A pesar de toda la fe, puesta en los valores espirituales, de cuán lúcido sea el razonamiento de la mente acerca de la inmor­talidad, y cuán concluyente sea la evidencia de la supervivencia y la eternidad, aún queda una duda, el reconocimiento de que existe la posibilidad de una completa extinción y negación y el fin de toda actividad, reacción cardíaca, pensamiento, emoción, deseo y aspiración y de las intenciones enfocadas alrededor del núcleo central del ser humano. El ansia y determinación de sobre­vivir y el sentido de continuidad, todavía descansan, hasta para el más ferviente creyente, sobre una probabilidad, una inestable base y el testimonio de otros -los cuales en realidad nunca han vuelto para contar la verdad. El énfasis de todo pensamiento acerca de este tópico concierne al Yo central o a la integridad de la Deidad.
Observarán que en esta regia, el énfasis se transfiere del Yo a las partes constituyentes de la vestidura del Yo, y este punto debe ser considerado. La información dada al discípulo es para que trabaje en la desintegración de esta vestidura, a fin de que las vidas menores retornen al depósito general de sustancia viviente. En ninguna parte se hace referencia al océano del Ser. Una cui­dadosa reflexión demostrará aquí que este ordenado proceso de desapego, que la vida grupal hace efectivo en el caso del indivi­duo, es uno de los argumentos más sólidos en favor de la conti­nuidad y de a supervivencia individual e identificable. Analicen estas palabras. El foco de actividad se traslada del cuerpo activo a la entidad activa dentro de ese cuerpo, el amo de lo que lo cir­cunda, el administrador de sus posesiones, que es el aliento mismo, y envía las vidas al depósito de sustancia, o las ordena a voluntad para que reasuman su relación con él.

Ídem, T. V.


Primero, el Eterno Peregrino, por propio libre albedrío y acuerdo, eligió “ocultamente” morir y tomar un cuerpo o una serie de cuerpos para hacer ascender o elevar las vidas de la naturaleza forma que él corporificó; en el proceso de realizarlo, él mismo “murió” en el sentido que, para el alma libre, la muerte y la apropiación de una forma y el consiguiente sumergimiento de la vida en la forma, son términos sinónimos.
Segundo, entonces el alma vuelve a recapitular en pequeña es­cala sobre lo que el Logos solar y el Logos planetario también han hecho y están haciendo. Las grandes Vidas quedan bajo la regencia de esas leyes del alma durante el período de manifestación, aunque Ellas no están regidas o controladas por las leyes del mundo na­tural, según lo denominamos. Sus conciencias no se identifican con el mundo fenoménico, aunque las nuestras lo están hasta el momento en que quedamos bajo la regencia de las leyes superio­res. Por la “muerte” oculta de estas grandes Vidas pueden vivir todas las vidas menores, ofreciéndoseles una oportunidad.

Ídem, T. V.


Las fuerzas de la muerte imperan hoy, pero es la muerte de la libertad, la muerte de la libre expresión, la muerte de la libre actividad humana, la muerte de la verdad y de los más altos valores espirituales. Éstos son los factores vitales en la vida de la humanidad. La muerte de la forma física no tiene importancia en relación con éstos y puede ser fácilmente modificada también por los procesos de renacimiento y renovada oportunidad... La destrucción de la forma en el campo de batalla es de poca impor­tancia para quienes saben que la reencarnación es una ley básica de la naturaleza y que no existe la muerte.

Mensaje de junio 1940.
Quizás piensen que éstas son sólo hipótesis sobre la inmortali­dad y no evidencias tangibles. Por la acumulación de testimonios, las afirmaciones internas del corazón humano y la creencia en la perdurabilidad eterna como un concepto en la mente de los hombres, tenemos un indicio seguro de ello. Esto dará lugar a la convicción y al conocimiento antes de haber pasado cien años, pues ocurrirá otro acontecimiento y la raza tendrá una revelación, que convertirá la esperanza en certidumbre y la creencia en conocimiento. Mientras tanto, debe cultivarse una nueva actitud y establecerse una nueva ciencia respecto a la muerte. La muerte debe dejar de ser algo que no podemos controlar y que inevita­blemente nos vence; empecemos por controlar nuestro tránsito al mas allá y comprender parte de la técnica de esa transición.

Tratado sobre Magia Blanca, pág. 363.
Todo lo que pido es un acercamiento sensato a la muerte; sólo quiero sugerir que cuando el dolor ha terminado y sobreviene el debilitamiento, se le permita a la persona moribunda prepararse para la gran transición aunque esté aparentemente inconsciente. No olviden que requiere fuerza y una presión intensa sobre el mecanismo nervioso para producir dolor. ¿Son capaces de con­cebir que llegará el momento en que el acto de morir sea consi­derado el final triunfante que nos llevará a la vida? ¿Pueden imaginarse el momento en que las horas transcurridas en el lecho de muerte sea un glorioso preludio para el retiro consciente? ¿Pue­den imaginarse el momento en que el hombre llegue a despren­derse del impedimento de la envoltura física y constituya para él, y quienes lo rodean, la tan esperada y feliz consumación? ¿Pueden visualizar el momento en que, en vez de lágrimas, temores y la negación a aceptar lo inevitable, la persona moribunda y sus ami­gos acuerden mutuamente la hora de la muerte, y la felicidad caracterice el tránsito? ¿Que en las mentes de quienes quedan, no se alberguen ideas funestas y que el proceso de morir sea considerado como un acontecimiento más feliz que el nacimiento y casamiento? Diré que antes de mucho tiempo ésta será la acti­tud que asumirán los inteligentes de la raza, y paulatinamente todos.

Ídem, pág. 362-363.


Es interesante observar aquí que la muerte está regida por el Principio de Liberación y no por el de Limitación. La muerte es sólo reconocida como un factor que concierne a las vidas auto-conscientes y mal interpretada únicamente por los seres humanos, los más ilusos y alucinados de todas las vidas encarnadas.

Ídem, pág. 386.


Cuando sea comprendida la verdadera naturaleza del servicio, se hallará que es un aspecto de esa energía divina que actúa siempre bajo el aspecto destructor, porque destruye la forma con el fin de liberarla. El servicio es una manifestación del Principio de Liberación; la muerte y el servicio constituyen dos aspectos de este principio. El servicio salva, libera y emancipa, en distintos niveles, a la conciencia aprisionada. Lo mismo puede decirse de la muerte. Pero a no ser que el servicio se preste, comprendiendo intuitivamente todos los hechos del caso, interpretándolos inteli­gentemente y aplicándolos con espíritu de amor en el plano físico, se fracasará en el cumplimiento de la misión.

Ídem, pág. 388.



El Temor a la Muerte.
El temor a la muerte está basado en:


  1. El terror al proceso final de desgarramiento, en el acto mismo de la muerte.

  2. El horror a lo desconocido y a lo indefinido­

  1. La duda con respecto a la inmortalidad.

  2. La angustia por tener que abandonar a los seres queridos o ser abandonado por ellos.

  3. Las antiguas reacciones a las muertes violentas anteriores, que subyacen profundamente en la conciencia.

  4. El aferramiento a la vida de la forma, por estar principal­mente identificados con ella en la conciencia.

  5. Las viejas y erróneas enseñanzas referentes al cielo y al infierno, perspectivas desagradables para ciertos tipos de personas.

Ídem, pág. 218-219.
A medida que transcurre el tiempo y antes de terminar el pró­ximo siglo, se comprobará por fin que la muerte no existe tal como ahora se la comprende. La continuidad de conciencia estará tan ampliamente desarrollada y serán tantas las personas alta­mente evolucionadas que actuarán simultáneamente en ambos mundos, que el antiguo temor desaparecerá y el intercambio entre el plano astral y el físico estará tan firmemente establecido y científicamente controlado que se pondrá fin, correcta y miseri­cordiosamente, al trabajo de los médium de trance. La común y vulgar mediumnidad y las materializaciones bajo el control y guía de los caciques indios son perversiones del intercambio entre los dos planos, como lo son las perversiones sexuales y la distor­sión de la verdadera relación e intercambio entre los sexos. No me refiero aquí al trabajo de los clarividentes por pobre que sea, ni a la posesión del cuerpo por entidades de alta calidad, sino a los desagradables fenómenos de materialización, de ectoplasma y al trabajo ciego e ignorante efectuado por antiguos atlantes dege­nerados y almas aferradas a la tierra, tales como el común caci­que y el guía indio. No hay nada que aprender de ellos, pero sí mucho que evitar.
El reino del temor a la muerte casi está terminando, y pronto entraremos en un período de conocimiento y seguridad que soca­vará la base de todos nuestros temores. Acerca del temor a la muerte, poco puede hacerse, excepto elevar el tema a un nivel más científico y, en este sentido, enseñar a las personas a morir. Existe una técnica para morir, así como existe una para vivir, pero se ha perdido en gran parte en Occidente, y casi totalmente, excepto en algunos centros de Conocedores, en Oriente. Quizás me ocupe de ello más adelante, pero la idea del necesario acerca­miento al tema puede permanecer en la mente de los estudiantes que lo leen, y probablemente a medida que estudian, leen y pien­san, hallarán material de interés que gradualmente podrá ser recopilado y publicado.

Ídem, págs. 219-220.


El temor a la muerte y la depresión, constituyen para el hom­bre el Morador en el Umbral en esta era y ciclo. Ambos indican que hay reacción sensoria a los factores sicológicos y no pueden ser tratados mediante el uso de otro factor tal como el valor. Tie­nen que ser enfrentados mediante la omnisciencia del alma, que actúa a través de la mente, pero no mediante su omnipotencia. Aquí hay una indicación oculta.

Ídem, págs. 225.


El instinto de autoconservacíón tiene su raíz en un innato te­mor a la muerte; debido a la presencia de ese temor la raza ha luchado hasta alcanzar el actual punto de longevidad y resistencia.

Idem, pág. 447.



Definición de la Muerte.
La muerte por sí misma es parte de la Gran Ilusión, y sólo existe por los velos con que nos hemos envuelto.

Tratado sobre los Siete Rayos, T. V.
Las personas olvidan generalmente que todas las noches, du­rante las horas de sueño, morimos en lo que respecta al plano físico y vivimos y actuamos en otro lugar. Olvidan también que ya han adquirido la facilidad de dejar el cuerpo físico; a causa de que no pueden conservar en la conciencia del cerebro físico los recuerdos de esta muerte y el consiguiente intervalo de vida activa, no establecen una relación entre la muerte y el sueño. La muerte, después de todo, es sólo un intervalo más prolongado de la cesación de la vida activa en el plano físico; es decir, “nos vamos” durante un período más extenso. Pero el proceso del sueño diario y el de la muerte son idénticos, con la única diferencia que en el sueño el hilo magnético, o corriente de energía, a través del cual corren las fuerzas vitales, se mantiene intacto, constituyendo el camino de retorno al cuerpo. La muerte se produce al rom­perse o cortarse este hilo de vida. Cuando ha sucedido esto, la entidad consciente no puede retornar al cuerpo físico denso, en­tonces ese cuerpo, por carecer del principio de coherencia, se desintegra.

Tratado sobre Magia Blanca, págs. 359.
Los procesos de abstracción se hallan (como pueden ver) vin­culados al aspecto vida y son puestos en actividad por un acto de la voluntad espiritual, constituyendo el “principio de resurrec­ción, oculto en el trabajo del Destructor”, tal como lo expresa un antiguo adagio esotérico. La manifestación inferior de este principio puede ser vista en el proceso que llamamos muerte, que en realidad es el método de abstraer el principio vida, animado por la conciencia, de la forma de los cuerpos en los tres mundos.
Así aparece la gran síntesis y la destrucción, la muerte y la disolución, que son en realidad meros procesos de la vida. La abs­tracción indica el proceso, el progreso y el desarrollo. De este aspecto de la Ley de la Vida (o la Ley de Síntesis, tal como se la denomina con un significado más amplio) se ocupa específicamen­te el iniciado.

Tratado sobre los Siete Rayos, T. V.
La vida es enfrentada desde el ángulo del Observador y no de quien participa en el experimento y experiencia efectivos en los tres mundos (físico-emocional-mental)..., si son discípulos ini­ciados, llegan a ser cada vez más inconscientes de las actividades y reacciones de sus personalidades, pues ciertos aspectos de la naturaleza inferior están ya controlados y purificados en tal me­dida, que quedaron bajo el umbral de la conciencia y penetraron en el mundo del instinto; por lo tanto, ya no hay conciencia de ello así como el hombre dormido es inconsciente del rítmico fun­cionamiento de su vehículo físico dormido. Esta profunda verdad por lo general no es comprendida. Está relacionada con todo el proceso de la muerte y podría ser considerada como una de las definiciones de la muerte; contiene la clave de las misteriosas palabras “el depósito de vida”. La muerte, en realidad, es incons­ciencia de aquello que puede estar actuando en una forma, pero en una forma de la cual la entidad espiritual es totalmente incons­ciente. El depósito de la vida es el lugar de la muerte, y ésta es la primera lección que aprende el discípulo...

Ídem, T. V.



Propósitos de la Muerte.
A través de la muerte se lleva a cabo un gran proceso unifica­dor. En la “caída de una hoja” y en su consiguiente identificación con el suelo, en el cual cae, tenemos un pequeño ejemplo de este grandioso y eterno proceso de unificación, mediante el proceso de llegar a ser y morir como resultado de llegar a ser.

Tratado sobre los Siete Rayos, T. II, pág. 142.


Hablo de la muerte como aquel que conoce el tema, basándo­me en la experiencia en el mundo externo y en la expresión de la vida interna: No existe la muerte. Como saben, tenemos la en­trada en una vida más plena, la liberación de los obstáculos del vehículo carnal. No existe el tan temido proceso de desgarramien­to, excepto en el caso de muerte violenta o repentina, y entonces lo único desagradable es el instantáneo y abrumador sentido del inminente peligro y destrucción, y algo que se parece a un shock eléctrico y nada más. Para los no evolucionados, la muerte es literalmente un sueño y un olvido, porque la mente no está suficientemente despierta para reaccionar y el receptáculo de la memoria está aún prácticamente vacío. Para el ciudadano bueno común la muerte es una continuación, en su conciencia, del proveniente, y la prosecución de los intereses y tendencias de la Su conciencia y sentido de percepción son invariablemente lo mismos. No percibe gran diferencia, está bien cuidado y frecuentemente no se da cuenta que ha pasado a través del episodio de la muerte. Para el perverso y cruel egoísta, el criminal y quie­nes viven solamente para el aspecto material, se produce esa si­tuación denominada “ligados a la tierra”. Los vínculos forjados en la tierra y la atracción hacia todos sus deseos, los obliga a permanecer cerca de la tierra y de su último medio ambiente terreno. Tratan desesperadamente, por todos los medios posibles, de volver a hacer contacto y de entrar nuevamente. En contados casos, un gran amor personal hacia aquello que han dejado, o el incumplimiento de un deber reconocido y urgente, mantiene a los buenos y a los hermosos en una situación semejante. Para el as­pirante, la muerte es la entrada inmediata en una esfera de ser­vicio y expresión, a la cual está muy acostumbrado, dándose cuen­ta en seguida que no es nueva. En sus horas de sueño ha desarrollado un campo de servicio y aprendizaje activo. Ahora funciona en él simplemente, durante las veinticuatro horas (ha­blando en términos de tiempo del plano físico), en vez de las breves horas de sueño terreno.

Tratado sobre Magia Blanca, pág. 219.
La verdadera muerte, de acuerdo a la Ley, se produce por ha­ber alcanzado el objetivo y cesado la aspiración... Cuando se desintegra el doble etérico de un hombre, de un Logos planetario y de un Logos solar, ya no está polarizado, en lo que respecta a su morador interno, y por lo tanto puede evadirse. Ya no es (para expresarlo en otras palabras) fuente de atracción ni punto focal magnético. Se convierte en no magnético, dejando de regirlo la gran Ley de Atracción; por eso la desintegración es la condición inmediata de la forma.

Tratado sobre Fuego Cósmico, págs. 129-130.
“La Ley demanda la entrada de aquello que puede efectuar un cambio”.
Teniendo presente lo que he dado en otra parte, se evidencia que lo que deberá entrar en esa concentrada voluntad vital que, cuando se pone en movimiento en un individuo, grupo, nación, reino de la naturaleza (un centro planetario) y en el planeta como un todo, por ejemplo, traerá, simultáneamente, en todos los centros planetarios, agitación, cambio de ritmo, nuevo movimiento e impulso, un surgimiento y la consiguiente abstracción. Los cam­bios producidos en los centros, cuando tiene lugar la muerte del cuerpo físico, nunca han sido observados ni registrados; sin em­bargo están definidamente presentes para el ojo del iniciado y prueban ser muy interesantes e informativos. El hecho de perci­bir las condiciones de los centros, permite al iniciado saber si -en el proceso de curación- está permitida o no la curación física del cuerpo y ver si el principio voluntad de abstracción, al cual me he referido, está o no presente activamente. El mismo proceso puede verse en organizaciones y civilizaciones donde el aspecto forma es destruido para que la vida pueda ser abstraída, y así reconstruir para sí una forma más adecuada. Lo mismo sucede en los grandes procesos de iniciación, los cuales no son sólo procesos de expansión de conciencia sino que están arraigados en la muer­te, o proceso de abstracción, conducentes a la resurrección y ascensión.
Lo que efectúa un cambio constituye una descarga (empleando una frase totalmente inadecuada) de energía-voluntad dirigida y enfocada. Ésta tiene una cualidad muy magnética que atrae hacia sí la vida de los centros, produciendo la disolución de la forma, pero liberando la vida. La muerte le llega al individuo, empleando el sentido común del término, cuando la voluntad de vivir desa­parece del cuerpo físico y es reemplazada por la voluntad de abstracción. A esto denominamos muerte. En un caso de muerte durante la guerra, por ejemplo, no es que el individuo tenga la voluntad de partir, sino una obligada participación en una gran abstracción grupal. Desde su propio lugar el alma del individuo reconoce el fin de un ciclo de encarnación y retira su vida. Esto lo hace descargando la energía-voluntad que es suficientemente fuerte para producir el cambio... Cristo se refirió a este trabajo de abstracción en lo que respecta al tercer y gran centro plane­tario, la Humanidad, cuando dijo (y Él hablaba como Represen­tante de la Jerarquía, el segundo centro planetario, en el cual todos los seres humanos que reciben la iniciación son “retirados” esotéricamente): “Si yo fuera ascendido atraeré a todos los hom­bres hacia Mí”. Al fin de la era será pronunciada una palabra diferente a la Suya cuando el Señor del Mundo hable desde Sham­balla (el primer centro planetario), lo cual abstraerá el principio vida de la Jerarquía; entonces toda la vida y conciencia se enfo­cará en el centro coronario planetario -la gran Cámara del Con­cilio en Shamballa.
“La Ley exige que los cambios así efectuados retiren la forma, lleven cualidad de luz y pongan el énfasis sobre la vida”.
Aquí los tres grandes aspectos -forma, cualidad, vida- son puestos en relación y la meta del objetivo evolutivo es vista en su verdadera LUZ-VIDA. Observen esta fraseología. Forma o apa­riencia, habiendo servido sus propósitos, desaparece. Tiene lugar la muerte de la forma. La cualidad, el principal atributo divino desarrollándose en este planeta, llega a predominar y a ser “cons­ciente de sí misma” -según lo expresan las antiguas escrituras. Ésta se identifica y es individual, pero no posee una forma comple­mentaria, excepto la del todo mayor en el que tiene su lugar. Ni la forma ni la cualidad (ni el cuerpo ni la conciencia) predominan en el nuevo estado de existencia; sólo el aspecto vida, el espíritu en su propio plano, se convierte en el factor dominante. Podrá obtenerse una tenue e imperceptible luz, respecto a su significado, si recuerdan que nuestros siete planos son únicamente siete sub­planos del plano físico cósmico. El proceso del desarrollo de la sensibilidad en esta séptuple evolución se ha llevado a cabo para permitir al iniciado actuar en el plano astral cósmico, cuando fue retirado o abstraído después de las iniciaciones superiores. Es abstraído totalmente de nuestra vida planetaria. El único factor que podría evitarlo, sería su promesa de servir temporariamente dentro del círculo infranqueable planetario. Se dice que los miem­bros de la Jerarquía que se comprometen a realizar este trabajo poseen conciencia búdica, y la línea de Su linaje (esotéricamente comprendido) desciende del Eterno Peregrino, el Señor del Mun­do, luego del Buda y después, del Cristo. Se identifican, por propia decisión, con la “cualidad que se ve dentro de la luz” y, durante el período de servicio que prestan libremente, trabajan con el aspecto conciencia para poner mas adelante el énfasis sobre el aspecto vida...

Tratado sobre los Siete Rayos, T. V.
Los dieciocho fuegos deben apagarse; las vidas menores (per­sonificando el principio forma, deseo y pensamiento, la suma total de la creatividad, basado en el amor magnético) deben retornar al depósito de la vida sin dejar nada, excepto aquello que fue la causa de su existencia, la voluntad central conocida por los efectos que produce su radiación o aliento.



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