Curación Esotérica



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El Karma.
He sugerido ya que todo el tópico del karma aún no es com­prendido perfectamente. Existe una gran Ley de Causa y Efecto, pero hay un particular aspecto que nunca ha sido acentuado, y el conocimiento de la humanidad sobre el tema del karma es muy elemental. El karma ha sido siempre interpretado como desastre, consecuencias dolorosas, error y castigo, acontecimientos funestos para el individuo y el grupo. Sin embargo tal es la belleza de la naturaleza humana, y gran parte de lo que se realiza es de cuali­dad tan refinada y altruista y tan felizmente orientado, que fre­cuentemente el mal es neutralizado por el bien. En todas partes hay, aunque no se crea, abundancia de buen karma, de igual po­tencia (de acuerdo a la misma ley) que el malo. Esto raras veces se menciona. El buen karma pone en actividad fuerzas que pueden actuar como energías curadoras en cualquier caso específico. El curador siempre puede disponer de esas energías, para el bien, porque las ha ganado y son operantes. Éste es mi primer punto. Reflexionen sobre él.
El karma es un factor determinante, pero si el curador no es un iniciado avanzado y capaz de trabajar efectiva e inteligentemente en los niveles causales donde mora el alma, le será imposible deci­dir si un caso específico cederá o no al tratamiento curativo. Por lo tanto el curador o discípulo practicante asume mentalmente la posibilidad de curar (pudiendo o no ser posible), y mediante el buen karma del paciente, procede a aplicar toda la ayuda necesa­ria. Éste es mi segundo punto.
El tercer punto, consiste en sugerir a quienes están dedicados al arte de curar, que muchos de los llamados desastres, implica­dos en la enfermedad y la muerte (particularmente esta última), residen en la errónea actitud hacia la muerte y en la sobrestima­ción de los beneficios que otorga la vida de la forma. La liberación del alma, por medio de la enfermedad y la muerte, no es necesa­riamente un acontecimiento desgraciado. Es esencial que se adopte una nueva y mejor actitud hacia el fenómeno de la muerte, lo cual es posible y está cercana. Sobre esto no es necesario que me ex­tienda, pero trato de darles una nueva perspectiva del tema de las enfermedades y la muerte.
¿Les sorprendería si dijera que de acuerdo a la Ley se pueda “Interferir el karma”? Las grandes leyes pueden ser trascendidas y a menudo lo han sido en el pasado, y en el futuro lo serán con más frecuencia. La Ley de Gravedad es contrarrestada y trascendida, frecuente y diariamente, por un avión en vuelo. La energía de la fe puede poner en movimiento energías superiores que re­chacen o retarden la enfermedad. El tema de la fe y su significado y potencia vitales es tan poco comprendido como la Ley del Karma. No puedo explayarme más sobre este vasto tópico, pero he dado suficiente como para que reflexionen.
Referente a la prolongación de la vida, lograda en el último siglo de realizaciones científicas, quisiera señalar que las verda­deras técnicas y posibilidades de la organizada acción del alma son siempre parodiadas y falsamente demostradas en el plano físico por las primeras actividades científicas, que tienen un correcto móvil pero sólo son un símbolo, en la esfera externa de la vida, de la verdadera y por lo común futura actividad del alma. El lapso de vida oportunamente será corto o largo, según la voluntad de las almas que sirven conscientemente y emplean el mecanismo del cuerpo como instrumento para servir al Plan. En la actualidad, con frecuencia, se mantiene la vida en la forma -tanto en la vejez como en la infancia- que bien podría liberarse. No cumplen nin­gún propósito útil y causan mucho dolor y sufrimiento a formas que la naturaleza (si se la dejara actuar) no las utilizaría y las extinguiría. Observen esta última palabra. Debido al excesivo én­fasis puesto sobre el valor dado a la vida de la forma, al temor universal que se tiene a la muerte -esta gran transición que todos debemos enfrentar- y a nuestra incertidumbre acerca de la reali­dad de la inmortalidad y debido a nuestro profundo apego a la forma, detenemos el proceso natural y nos aferramos a la vida, la cual lucha por liberarse, conformada en cuerpos muy inadaptados para los propósitos del alma. No me interpreten mal. No tengo la intención de decir nada que pueda constituir un aliciente para el suicidio. Pero sí digo, y Lo hago con énfasis, que la Ley del Karma frecuentemente queda en suspenso cuando las formas se mantienen en expresión coherente, las cuales debían haber sido descartadas, pues no sirven a ningún propósito útil. En la mayoría de los casos esta preservación es impuesta por el grupo al que pertenece el sujeto y por el sujeto mismo, siendo con frecuencia un inváli­do consciente, una persona de edad cuyos mecanismos de contacto y respuesta son imperfectos, o un niño anormal. Tales casos consti­tuyen ejemplos definidos de la neutralización de la Ley del Karma.
El alma, por medio del alineamiento, comienza a utilizar co­rrectamente el tiempo; o mejor dicho, el cerebro, que es el único factor consciente del tiempo en el hombre, ya no es el atributo predominante; la mente, como agente del alma (cuya conciencia in­cluye el pasado, presente y futuro), ve la vida y la experiencia tal como realmente es. Por lo tanto se habla de la muerte como de un episodio y como el punto de transición en una vasta serie de transiciones. Cuando sea comprendida esta actitud del alma se alte­rará totalmente la técnica de vivir, e incidentalmente la de morir.
En conclusión, aunque parezca una negación de todo lo que he dicho anteriormente, repetiré que el curador, dará lo mejor de sí mismo a quien trata de curar. Como la mayoría no posee el poder de la clarividencia, siendo consciente del factor tiempo e influido por el karma, hará todo lo que pueda, según su entrenamiento y las instrucciones dadas en este tratado sobre curaciones. Deben comprender que el objetivo que tiene ante sí actualmente todo curador, en esta época y en este punto del desarrollo evolutivo de la raza, es la necesidad, cuando se le pida, de ayudar a restablecer la salud del cuerpo y a prolongar la experiencia en la vida. Ade­más es conveniente comprender que gran parte de lo que creen, aceptan y enseñan los metafísicos de hoy, está basado en erróneas premisas, tales como la naturaleza de la materia, la ecuación tiem­po, el valor de la existencia de la forma y el temor a la muerte; traten de eliminar de la conciencia dichas actitudes y obtendrán una perspectiva más verdadera del arte de curar.
Más adelante, probablemente dentro de pocos años, podremos comenzar a ocuparnos de casos específicos. Ahora sólo procuro dar­les amplias generalizaciones, leyes y proposiciones básicas, y no oscurecer las cosas con ocurrencias, temporarias o crónicas, que pertenecen exclusivamente al plano físico, o con la muerte y el destino.
Ningún pedido de ayuda debe ser rechazado. No deben hacer oído sordo a los malestares, ya sean físicos, mentales o sicológicos. Llamaré la atención sobre el hecho de que el éxito en la curación no siempre podrá significar liberación de la enfermedad ni la curación física del paciente. Simplemente podrá significar para el individuo, si ha tenido éxito físicamente, la postergación del plan del alma. El éxito podrá significar la corrección de erróneas acti­tudes internas, equívocas corrientes de pensamiento y al mismo tiempo dejar al cuerpo físico tal como estaba. Ello podría significar que el paciente (por la paciencia y la sabia enseñanza) se pone en armonía con su alma y obtiene la consiguiente reorientación de la vida hacia las eternas verdades, lo cual podría consistir en la pre­paración adecuada para ese gran acontecimiento que llamamos muerte, trayendo así alivio al dolor.
La ciencia de curación, oportuna y acrecentadamente invadirá los reinos de la medicina preventiva, ocupándose de les reajustes sicológicos del individuo, dentro de su grupo, y también de pro­porcionar las correctas condiciones de vida y adecuada alimentación y vivienda para los pueblos. Sin embargo ello tomará mucho tiempo, y mientras la raza se encamine hacia nuevos modos de vivir, con sus resultantes efectos de buena salud, y hacia una com­prensión más exacta de las leyes de salubridad, todos aquellos que en el mundo son centros magnéticos deberán continuar, de acuerdo a la luz que poseen, trabajando con la gente, a fin de ayudarlos, curarlos y auxiliarlos, para efectuar los reajustes necesarios. Na­da debería evitar que ustedes emprendan este servicio, ni que comprendan que existen limitaciones e ignorancia. Hagan todo lo posible para alentar y simpatizar, para señalar las actitudes in­deseables, terminar con los erróneos modos de vivir y cambiar métodos mediocres de expresión sicológica hasta donde puedan advertirlos, y ello con la máxima capacidad posible. Recuerden, no obstante, que el mejor método quizás no esté a la altura de sus capacidades futuras y deben estar siempre dispuestos a cambiar su punto de vista cuando se presenta otro superior o un método mejor. Sobre todas las cosas, den, durante la vida, la máxima medi­da de amor a quienes buscan su ayuda, pues el amor libera, adapta e interpreta y cura en los tres planos.

La Enfermedad Grupal.
En último análisis, la mayoría de los males del cuerpo se originan por haber respondido en cierta medida a la actividad grupal. Es necesario comprender que la frase “actividad y vida grupales” debe incluir, no sólo la herencia del pasado o las tendencias here­dadas del grupo, sino también los actuales contactos del mundo, los cuales debilitan o acrecientan la resistencia, mucho más de lo que generalmente se cree. Una de las causas del cáncer, que no predominaba tanto en los primitivos y tranquilos días de la vida racial -pues entonces el instinto de REBAÑO no era tan poderoso como hoy- se debe a la creciente estimulación del cuerpo. Este estímulo es producido por el estrecho contacto con los demás, du­rante nuestra vida diaria, debido a la aglomerada existencia gru­pal, particularmente en los centros urbanos. Si las células son organismos vivientes (y lo son) responden a la vida grupal y a la emanación e irradiación celular masiva. Esta constante corriente de energía que afluye desde el conglomerado de células corpóreas en la masa humana, puede producir, en determinado tipo de gente, una sobrestimulación en alguna parte de la estructura celular cor­pórea. Esto comúnmente ocurre cuando hay una debilidad del cuerpo etérico o vital, lo cual significa que esas defensas celulares son deficientes, trayendo frecuentemente como resultado el cáncer o una condición general cancerosa, esta es la causa fundamental, aunque el investigador moderno se ocupe de las causas y efectos secundarios de esta debilidad etérica. Más adelante y detallada­mente me ocuparé de ello. Será evidente que cuando nos ocupemos del cuerpo vital y lo consideremos con mayor comprensión y conocimiento, podremos tratar más eficazmente las enfermedades como el cáncer.
El Empleo de la Mente y de la Imaginación para Desarrollar la Conciencia Grupal.
Cuando el miembro de un grupo, como el de curación, habla del desarrollo de la conciencia grupal, se refiere a su particular grupo de hermanos y a su grupo como una unidad, compuesta de distintas almas. Recuerden que tal unidad constituye en si un con­cepto separatista desde el ángulo del todo mayor, pero cumple un propósito útil en el entrenamiento de los miembros del grupo, a fin de que piensen en términos más amplios. Sirve de peldaño para apartarse de la conciencia de la personalidad aislada.
Si pueden en realidad sentir, pensar y actuar como una unidad completa -varias personalidades y una sola alma- será relativa­mente fácil extender el concepto a una más amplia inclusividad, ensanchar su horizonte y llegar a ser incluyentes, en sentido más vasto.
El empleo de la mente para tal fin, involucra la aptitud de aprender a distinguir entre análisis y crítica. Para la mayoría esto es algo muy difícil y casi imposible de aprender. Aparecerán des­tellos de iluminación, sobre este tópico, si el grupo persiste con toda sinceridad. Los miembros deben aprender a responder, como grupo, a las mismas ideas espirituales, mentales y humanas, y en consecuencia penetrar -como una “unidad telepática”- en una sola corriente de pensamiento unido. Como grupo deben preocu­parse de las mismas cosas que indica el alma del grupo y no lo que señale un miembro del grupo, como suele ocurrir. Deben aprender, como grupo, a mantener la mente firme en la Luz -la mente del grupo y no sus mentes individuales.
Cuando se utiliza la imaginación para este fin, debe cultivarse el poder de ignorar las formas externas y concentrarse en las lí­neas internas de luz que une a un hermano con otro, a un grupo con otro, a un reino con otro, al expresarse la Vida de Dios Mismo. El empleo creador de la imaginación produce un cuerpo etérico grupal integrado, y permite ver este cuerpo grupal de fuerza y de luz como una forma completa y expresión de la inteligencia, vo­luntad y propósito grupales, expresándose correctamente en el pla­no físico (pero no la voluntad o propósito de la mente o mentes dominantes en el grupo). Cuando los miembros del grupo están principalmente ocupados de sus propias ideas, sus planes y pro­blemas y de cómo utilizar la luz y el conocimiento que pueden recibir, impiden toda posibilidad de emplear creadoramente la imaginación unida. Para llegar a liberarse totalmente de esto es necesario poseer una cuidadosa educación y someterse a la pro­pia alma.

La Energía Curadora.
Los principiantes a menudo hacen las siguientes preguntas:

“¿Podría establecerse claramente la diferencia que existe entre la energía curadora, expresada por el alma y también por la per­sonalidad? ¿ Podemos obtener alguna comprensión de la parte que desempeña el amor en el arte de curar?”


Responderé brevemente:
Cuando trabajamos como grupo con individuos a quienes trata­mos de ayudar, debemos aprender a emplear los distintos tipos de energía, de acuerdo a la necesidad del individuo que debe ser cu­rado. Serviría a un real propósito grupal si todos estudiaran lo dicho por Rama Prasad en su libro Las Fuerzas Sutiles de la Naturaleza, y por Patanjali en La Luz del Alma, sobre el tema del prana, con el cual y dentro del cual trabajamos; creo que estarán bastante familiarizados con el tópico.
Respondiendo en forma más específica diré: un iniciado o hasta un clarividente de grado inferior puede fácilmente distinguir entre las energías curadoras del alma y las de la personalidad, pero el aspirante común inteligente no puede hacerlo todavía. El iniciado conoce la fuente de donde puede provenir cualquier tipo de ener­gía curadora. Siente su vibración y puede seguirla hasta su fuente de emanación, por un esfuerzo de la voluntad, dirigida por la in­tuición. El clarividente puede ver el centro desde el cual la ener­gía curadora puede fluir, y el centro entonces indica el tipo y la cualidad de la fuerza proyectada. En el segundo caso toda la ener­gía proviene del alma, pero en el primero toda la energía es simplemente vida, actuando con determinada orientación.
Respecto a la parte que desempeña el amor en el proceso de curación, diré que: Amor es la expresión de la vida de Dios Mis­mo; amor es la fuerza coherente que renueva todas las cosas (qui­siera que reflexionen sobre esta frase) y amor es todo lo que es. La principal característica que establece la diferencia entre la energía del alma y la fuerza de la personalidad, tal como se aplica en la curación, reside en la zona donde se aplique y exprese el amor. La fuerza de la personalidad es emocional, plena de senti­miento y -cuando se la emplea- la personalidad es siempre cons­ciente de sí misma como curadora y el centro dramático del escenario donde hay dos actores, el curador y el que debe ser curado.
La energía del alma actúa inconscientemente y es manejada por quienes están en contacto con sus almas y, en consecuencia, des­centralizados; ellos se hallan “fuera del escenario”, si puedo em­plear esta frase, dedicados completamente al amor, actividad y propósito grupales.
Entonces ¿por qué es tan extremadamente difícil, sino entera­mente imposible, para los ansiosos curadores en cierne, trabajar juntos, como grupo, con la sagrada ciencia de la curación? Porque como individuos y como grupo son predominantemente personales en sus relaciones individuales e intergrupales. Esto puede demos­trarse como aguda e intensa crítica, mutua y propia, como plena seguridad en la rectitud y sano juicio personales, lo cual no per­mite ver a quienes las ostentan, que quizás sus ideas no son tan correctas como ellos creen; también puede manifestarse corno una profunda satisfacción por los contactos personales subjetivos. Pue­den estar presentes uno o todos los impedimentos mencionados, y hacer de la manifestación grupal una demostración de la personali­dad que niega el trabajo constructivo, y cualquier intento sólo intensificaría las reacciones de la personalidad y afectaría gran­demente (y adversamente) a las personalidades de quienes tratan de ayudar.
En ese caso, ¿cómo debería procederse? Diré que cualquier miembro del grupo, que como individuo esté libre de las debilida­des de la personalidad y de tales actitudes, conoce no obstante (y gozosamente reconoce) que participa de la cualidad grupal, como miembro del grupo. Ésta es una de las dificultades incidentales al trabajo grupal. Participar, sin embargo estar libre de flaquezas; reconocer que las realizaciones o fracasos de cada miembro del grupo son asuntos privados; compartir y sin embargo no dejarse dominar por los poderosos pensamientos e ideas de los miembros más fuertes del grupo, constituye siempre un problema. Señalo esto porque en la era venidera, donde el trabajo grupal será desarrollado grandemente, será de valor comprender las situaciones y problemas grupales y luego llevar adelante el trabajo grupal con quienes les corresponde trabajar. Entonces, debido a las expe­riencias pasadas, serán mejores y más inteligentes, y se fusionarán, como un grupo, por las limitaciones y sufrimientos compartidos y por la habilidad adquirida en los fracasos correctamente en­frentados.
Por lo tanto, permitan que el verdadero amor, en silencio, sin lamentaciones ni críticas y con firmeza, constituya su meta y la cualidad de su vida grupal. Después, cuando haya que realizar algún trabajo definido, actuarán como una unidad con un sólo co­razón y mente.

La Curación Instantánea.
Las curaciones instantáneas pueden ser de diversos tipos. Po­demos citar, entre varias posibilidades que las justifican, las siguientes:


  1. La curación, como resultado de una práctica definida, cons­ciente o inconsciente, del Hatha Yoga. Ésta se produce por la pro­yección del magnetismo puramente físico, que sumado a la cuota de reserva del magnetismo físico disponible para el paciente en su propio cuerpo físico, es suficiente para efectuar una cura inme­diata. El magnetismo del cuerpo del paciente en vez de exteriori­zarse o irradiarse, se invierte y va internamente para aportar su contribución a la reserva de la fuerza física mantenida en una con­dición estática, dentro del cuerpo. Cuanto más inferior es el grado del ser humano, con mayor facilidad se logra este tipo de curación. Lo mismo es aplicado al paciente como al curador. El caso citado a continuación es real. La curación se logró fácilmente por el “jeque” implicado, pues la herida (una mordedura en el brazo -A.A.B.) se la infligió él mismo y, antes de hacerlo, el paciente (si así puedo llamarlo) cortó la exteriorización de las fuerzas por un acto de voluntad, creando así una reserva de energía disponible para com­plementar la del jeque, que a su vez fue liberado por un mántram. Esto no constituye, definidamente, una curación espiritual.




  1. También tenemos esa forma de curación que puede ser ins­tantánea porque la enfermedad es mayormente sicológica y alu­cinante. El curador entonces está en una situación que permite al paciente desechar la ilusión y así liberarse. La voluntad del cura­dor, sumada a la del paciente, ayuda a romper la ilusión y la forma mental del espejismo; el paciente entonces queda liberado. Ésta es una curación sicológica y sólo un ejemplo de ella.

También hay un tipo de curación que constituye la verda­dera curación espiritual y se lleva a cabo de dos maneras:




  1. Aquella en que el paciente establece un repentino y fre­cuentemente inesperado contacto con su alma, y la ener­gía del alma es tan grande y poderosa que se precipita a través de los vehículos, produciendo efectos definidos. Así se producen curaciones en alguno de sus vehículos y frecuentemente en el físico. La condición física, o la enfermedad, absorbe tan frecuentemente la atención de la conciencia del ser humano involucrado, que el alma se precipita en el punto en que está centrada la atención. Para muchos de ustedes hay una clara insinuación en este concepto.




  1. Cuando el mal karma físico del paciente está agotado, la enfermedad en el plano físico no constituye su destino en ese momento particular. Entonces, si el curador es es­piritual y posee gran conocimiento, puede comenzar a proyectar sobre la situación suficiente energía espiritual para asegurar la curación.

Confío en que estas respuestas serán sugestivas. Reflexionen profundamente sobre las implicaciones.



El Empleo de la Imagen del Señor.
Aquí tocaremos un punto de verdadero interés. El empleo de la imagen del Señor es frecuentemente de vital importancia, pero -y esto es lo que trato de hacer resaltar- debe ser una imagen creada por uno mismo, mediante la expansión de la conciencia crística en la propia vida y por haber llegado a la etapa del disci­pulado consciente. En esa particular etapa, cuando un hombre está definidamente vinculado con un Maestro y Su grupo, entonces automática e individualmente se vincula con el Maestro de Maes­tros. Luego, a través de su propia alma y el alma de su grupo par­ticular, puede extraer la fuerza de Maitreya Buda. ¿Por que creen que no existe una buena y verdadera imagen del Bendito Ser? Sólo hay algunas conjeturas de los devotos de la iglesia primitiva, pero ninguna, de quienes Lo conocieron. La razón es contundente. No existe Su verdadera imagen porque debe ser plasmada en el co­razón y no en el lienzo. Llegamos a conocerlo porque Él es nuestro y nosotros Le pertenecemos, ¿comprenden a qué me refiero? Es el Curador y Salvador del mundo. Obra así porque es el alma perso­nificada de toda la Realidad. Ahora obra como lo hizo en Palestina hace 2000 años, a través de grupos. Allí obró por medio de Sus tres discípulos amados, de los doce apóstoles, de los setenta elegidos, de los quinientos interesados. Reflexionen sobre este hecho tan poco destacado. Ahora obra por medio de Sus Maestros y Sus Gru­pos, intensificando con ello grandemente Su esfuerzo. Puede obrar y obrará por medio de todos los grupos, en la medida que éstos se capaciten para el servicio planeado, la difusión del amor y para entrar en alineamiento consciente con la potencia mayor de los grupos internos.
Hallarán (quizás dentro de poco) que los grupos de curación emplearán los mántram de tipo definido y en ellos aparecerá el nombre del Bendito Ser. Pero el mántram para la era de Su ve­nida no se puede emplear aún, ni el mundo está preparado para recibir la potencia liberadora. ¿Existe hoy un mántram más poderoso que la conocida frase: “Por el amor de Cristo y por la gloria de Su nombre”? Estas palabras deben ser pronunciadas con volun­tad y amor o sino serán sólo un hueco símbolo y símbolo sonoro. Recuerden esto.

El Cristo.
Algunos aspirantes y discípulos pueden experimentar casi constantemente un recuerdo del Cristo; ello se debe a su acrecentada sensibilidad a los planos internos y especialmente a que la mayor parte de la materia del cuerpo astral del aspirante avanzado, es extraída (y por lo tanto sensible a ella) del subplano más elevado del plano astral. También se debe a que el Señor Maitreya, con Sus colaboradores, se está acercando cada vez más al plano físico. En el año 1936 enfocó Su atención predominantemente, por prime­ra vez, en el primer subplano del plano astral. He aquí por qué los sensitivos responden correcta e inmediatamente a Su energía allí expresada. Se está acercando con su pensamiento y actividad. Si los pueblos del mundo responden a la oportunidad presentada, Sus fuerza y atención podrán penetrar más profundamente y es­tar predominantemente en los niveles etéricos, con todo lo que yace implicado en tal situación.
Esto muchos lo saben y sienten subjetivamente, y por lo tanto es muy grande la oportunidad de ellos y de ustedes para constituir acrecentadamente un canal para esta fuerza.
Recuerden que el trabajo que Él viene a realizar, y la Jerarquía se ha comprometido ayudarlo, consiste en la “curación de las na­ciones”, tal como lo expresa La Biblia. Ésta es una afirmación real de un hecho inminente. Dicha curación se logrará si las personas de buena voluntad de todas partes están a la altura de su opor­tunidad, si el trabajo de Cristo y Sus colaboradores es llevado definidamente a la atención de la opinión pública y si se logra un relajamiento interno en el mundo de los hombres, que permita trabajar a los devas. La disposición y respuesta de los devas al acercamiento de Cristo, que muchos servidores consagrados pre­sienten subjetivamente, los ha dejado algo perplejos. Los devas sólo pueden ser presentidos y sentidos; la humanidad no puede todavía acercarse a ellos por intermedio del mundo del pensamien­to y el empleo del mecanismo mental del hombre. No implica nin­gún peligro para el servidor si, por intermedio del Cristo y su respuesta a Su trabajo e inminente aparición, llega a ser consciente de estas fuerzas dévicas y de sus actividades.
La frase “Madre del Mundo”.
Según como se emplee esta frase, podrá significar cosas muy diferentes, por ejemplo:


  1. El aspecto femenino de la manifestación, simbolizado para nos­otros en muchas religiones mundiales corno la virgen madre, y en la religión cristiana como la Virgen María. Es la sustancia que permite a la Deidad manifestarse.




  1. La naturaleza misma, la madre de todas las formas.




  1. La Luna también es el símbolo de la vida procreadora y crea­dora que da nacimiento a las formas y, por lo tanto, el símbolo de la naturaleza de la forma.




  1. La concentración de la fuerza femenina en la naturaleza, en una forma femenina individual, denominada la “Madre del Mundo Una persona así nunca ha existido en nuestra particular vida planetaria, aunque los avatares de un sistema solar anterior, expresándose a través de la vida planetaria, siempre adoptaron esta forma, pero no en nuestro sistema solar. La tradición de tales apariciones es puramente simbólica, y fue heredada del sistema solar anterior, del cual hemos heredado la materia de la que todas las formas manifestadas están hechas. Este simbo­lismo nos ha llegado del lejano período del Matriarcado, cuya religión revivió las antiguas formas del sistema anterior y du­rante ese periodo en que Lilith simbolizó a la Madre del Mundo, hasta que Eva la reemplazó.


El Sentido de Futilidad.
En lo que respecta al trabajo efectuado con el paciente que está al borde de la muerte, el curador puede experimentar un sentido de futilidad. ¿Es posible saber exactamente qué puede hacer? ¿De­berá continuar sus esfuerzos para ayudar al alma recientemente liberada, a fin de que avance hacia la luz? Con todo su conocimien­to (y podrá tener mucho) y a pesar de su ansioso deseo de ayudar al que se va, lo único que aparentemente puede hacer es apartarse con un sentido de total futilidad, mientras el ser amado atraviesa la puerta que conduce ¿hacia dónde, hermano mío? Podemos llegar hasta la puerta, pero todavía no es posible ir más allá. Ni siquiera es adecuada la creencia, profundamente arraigada, de la persistencia del alma inmortal, pues sólo sirve para consolar per­sonalmente al servidor curador, pero no es suficiente para reve­larle qué ayuda puede prestar.
Poco puedo decir de este significativo momento, mientras es­peramos la venidera revelación. Esta revelación es inevitable y segura, y tales preguntas se formularán durante doscientos años. La garantía de este emergente hecho, en el plano físico, la tenemos en la creciente sensibilidad de la raza a los aspectos más sutiles de la vida y a la enorme cantidad de investigaciones que se llevan a cabo en todas partes. Esta gran verdad y su garantía, la presenta Constantemente, ante nosotros, la historia de la “gloriosa resurrec­ción de Cristo” y Su reaparición postmorten, y el poderoso y poco comprendido ritual del sublime grado de la Masonería, donde el Maestro es resucitado.
La ayuda en el momento de la “entrada en la luz” depende ampliamente de dos cosas: Primero, de la intimidad del contacto establecido entre el agonizante y aquel que vigila, y del nivel don­de ese contacto es más fuerte. Segundo, la capacidad de quien vigila, de desapegarse y disociarse de sus propios sentimientos, e identificarse, mediante un acto de voluntad pura y desinteresada, con el moribundo. En realidad nada de esto es posible realizar cuando el vínculo entre ambos es puramente emocional o está ba­sado en una relación del plano físico. El contacto debe ser más profundo y más fuerte que eso. Debe ser un contacto personal en todos los planos. No existen casi problemas donde hay verdadero contacto entre alma y personalidad. Pero esto es raro de encon­trar. A pesar de todo he dado aquí una indicación.
El proceso, por parte de quien vigila, deberla ser lo menos men­tal posible. Todo lo que se requiere y lo único posible, en la actualidad, es simplemente llevar al moribundo hacia una corriente de amor cada vez más profunda. Mediante el poder de la imaginación creadora, y no a través de conceptos intelectuales (no importa cuán elevados sean), el moribundo debe ser ayudado para descar­tar las vestiduras externas, con las cuales ha sido revestido y con las que ha luchado toda su vida. Esto involucra un acto de total autoolvido, lo cual muy pocos son capaces de lograr. Muchas per­sonas son embargadas por el temor, o por el fuerte deseo de rete­ner a la persona amada, o son desviadas de su objetivo por las actividades involucradas en el alivio del dolor y el amortiguamien­to de la agonía; también están desanimadas por su profunda igno­rancia sobre la “técnica de morir”, cuando enfrentan la emergen­cia. Son incapaces de ver lo que está más allá de los portales de la muerte, y se sumergen en una incertidumbre mental que forma parte de la gran ilusión. No existe, como sabemos, una técnica segura en este proceso de morir. Todo es incertidumbre y perple­jidad. Pero ello terminará pronto y el hombre conocerá y también verá.
Respecto a quienes han penetrado en la luz, que ustedes desean ayudar, síganlos con su amor, recordando que son las mismas per­sonas sin la mortaja limitadora del cuerpo. Sírvanlos, pero no pre­tendan que ellos sirvan la necesidad que ustedes sienten de ellos. Vayan hacia ellos, pero no traten de hacerlos volver a ustedes.
La vida en el plano físico es el purgatorio, y la experiencia de la vida constituye una escuela de drástica disciplina. No temamos a la muerte ni lo que está más allá. El inteligente discípulo trabaja en el campo de servicio, pero mira adelante constantemente hacia el alborear de la “clara y fría luz” donde algún día él entrará y así dará fin momentáneamente al capítulo de la fiebre y la fricción y el dolor de la existencia terrenal. Pero existen otras fases, en la experiencia de la vida, donde el servidor enfrenta hoy en el mundo el sentido de futilidad y frustración.
Desde el ángulo de la visión de un discípulo, podríamos dividir al ser humano inteligente en tres grupos, eliminando al mismo tiempo de nuestra mente el peso muerto de las masas irreflexivas que registran el deseo, pero que aún no experimentan sentido de futilidad o frustración. Desean y se satisfacen; o desean y sienten frustración, envidia o ira hacia quienes tienen lo que ellos desean y demandan, y que es atrayente para la vida de los sentidos. Los tres grupos son:


  1. Esas personalidades, integradas e inteligentes, ambiciosas y que arremeten conscientemente hacia adelante, sin embargo se sien­ten frustradas. Ello se debe a que las condiciones mundiales son demasiado fuertes para ellos, o a que sus propias almas obser­vadoras se han impuesto y ponen obstáculos en su camino, a fin de guiarlos hacia la luz.




  1. Esas personas con inclinaciones místicas y aquellos visionarios correctamente orientados que no han construido aún esa estruc­tura mental que les permite materializar adecuadamente su visión por medio de correctos procesos mentales. Actualmente son numerosos y su problema no es fácil.




  1. Esos discípulos y aspirantes que tratan de actuar en el campo mundial, pero debido a limitaciones kármicas, a la errónea apli­cación de la ley, o a alguna flaqueza básica de la personalidad, nunca llegan a su meta en esta vida y por lo tanto están em­bargadas por un abrumador sentido de futilidad.

Aparte de estos tres tipos que actúan como el polo opuesto de las masas luchadoras, se hallan los activos e integrados discípulos del mundo, que están en camino de realización, y muy ocupados y cen­tralizados como para perder tiempo en sentirse inferiores o pensar en errores y fracasos.


Por la ubicación inteligente de las personas que llegan a uste­des pidiendo ayuda en cualquiera de estas cinco categorías (te­niendo presente la posibilidad de pasar a otra superior) podrán auxiliadas más sabiamente.
En amplia medida, el complejo de inferioridad que afecta hoy a tantas personas, se debe a la forma de reaccionar a las afluyentes influencias espirituales. Saben que son superiores a lo que reali­zan; se dan cuenta inconsciente y silenciosamente de su divinidad, pero las circunstancias limitadoras y los impedimentos de la natu­raleza corpórea son demasiado grandes para la correcta respuesta a la oportunidad y a la realidad. Busquen a esas almas y ayúdenlas con verdadera comprensión, apreciación y colaboración, disipando así la ilusión de la no realización, que acecha sus pasos.
Sin embargo, el exhibicionismo y las alucinaciones neurasténi­cas deben ser curados principalmente por el autoesfuerzo indivi­dual, la descentralización, el altruismo y la trasferencia de intere­ses. Las tendencias neurasténicas están propensas a acrecentarse durante algún tiempo en vez de disminuir, pues tal es la tensión bajo la cual el hombre trabaja actualmente. Las condiciones mun­diales lo obligan hoy a buscar caminos de escape y volver al poder curador de su propia imaginación creadora. La liberación viene por la aceptación del drama que sufre la totalidad y no la parte, y a través de la constante dedicación al trabajo creador en el plano físico.
Más adelante se emplearán métodos de entrenamiento, que ya están entrando en las etapas elementales, debido al trabajo de los sicólogos del mundo.
Paralelos Científicos.
Parece ser que los estudiantes creen que nosotros, los instructo­res del aspecto interno, hemos leído todos los libros que pueden haberse escrito, particularmente los que exponen las verdades nue­vas y avanzadas, y que también estamos en contacto con esas per­sonalidades que son los exponentes de la creciente acumulación de nuevos conocimientos en el mundo. Pero no es así. ¿ Cómo podría explicarles la realidad de las cosas? Creo que únicamente en forma simbólica.
Cuando echamos una mirada al mundo del intelecto y llevamos nuestro pensamiento desde los puntos de viviente conocimiento que allí existe, podemos llegar a percibir zonas de luz (tal como lo entendemos) que brillan en el plano físico, las cuales indican la luz brillante de algún trabajador, algún discípulo o un miembro del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo. Sé, por ejemplo, que tales zonas existen (respecto a los Estados Unidos) en Baltimore, Chicago, Cleveland y Rochester. Su peculiar fulgor indica que allí existe un centro donde se hallarán los más recientes conocimientos, inherentes al cuerpo del hombre. Sé que hay otras zonas de luz por todo el mundo. Mi trabajo y el de todos los instructores, en este período de transición, consiste en estimularlos y fertilizar sus mentes con ideas. Cada teoría que formulan en su búsqueda de la verdad, cada libro que escriben y cada conclusión a que llegan, no son conocidos por nosotros. Deben cargar con su propia respon­sabilidad, y si fracasan o triunfan para llegar a la verdad, deben hacerlo por su propio esfuerzo autoiniciado.
Hace muchos años H.P.B. profetizó el trabajo que se está reali­zando ahora, cuando dijo que la ciencia reconocerá finalmente a una Deidad universalmente difundida y omnipresente (también dijo que el éter del espacio es una entidad), y que el misterio de la electricidad, cuando sea develado, ayudará a solucionar la ma­yoría de nuestros problemas. Muchas de las teorías de la ciencia moderna han sido establecidas en Tratado sobre Fuego Cósmico, aunque los científicos no han llegado bastante lejos como para reconocer este hecho; allí se afirma la naturaleza eléctrica del hombre. Hallarán interesante y de valor leer esos párrafos. La ciencia no le da el lugar que le corresponde a la fuerza eléctrica del alma, la cual aumenta constantemente su potencia. Unos pocos científicos, entre los más avanzados, comienzan a hacerlo. El pró­ximo paso que debe dar la ciencia es el descubrimiento del alma, descubrimiento que revolucionará, aunque no negará, la mayoría de sus teorías.
Los estudiantes podrían ayudar individualmente en esto, si to­maran algunos de los postulados básicos de un científico cuyos experimentos los atraiga, procurando por ejemplo, descubrir en mis libros o en La Doctrina Secreta, esos párrafos que arrojan luz esotérica sobre lo que allí se dice, o refutar su hipótesis. Así po­drían desarrollar y emplear la mente analítica como un factor de unión entre el mundo de la ciencia humana y las ciencias eso­téricas.
Iones e Irradiación.
Los científicos han hecho declaraciones de que el aire que res­piramos contiene partículas electrificadas con cargas positivas y negativas; que son capaces de producir artificialmente aire elec­trificado; que hasta una llama abierta en una chimenea ioniza el aire; que con un aparato apropiado se pueden extraer iones nega­tivos o positivos, y que los pacientes expuestos a iones electrifica­dos positivamente, tienen sensaciones de fatiga, vértigos y dolor de cabeza, mientras que los expuestos a iones cargados negativamente, experimentan una sensación de alegría; que iones positivos aumentan la presión sanguínea y producen un malestar general y los negativos disminuyen la presión y crean una sensación de bien­estar y relajación.
Se plantea el interrogante de si la irradiación del curador tiene el efecto de ionizar la atmósfera que rodea al paciente. Debo seña­lar que la respuesta exacta a tal interrogante implicaría dos cosas: revelar uno de los misterios, para lo cual la humanidad no está preparada aún y también dar una respuesta que sería completa­mente inexplicable para ustedes, porque no hay terminología ade­cuada para explicar la verdad latente. Esa verdad contiene toda la historia de la dualidad; historia de la relación de los aspectos negativos y positivos del proceso de la vida. Sin embargo, puedo decir ciertas cosas:


  1. Los iones negativos y positivos que ocupan la atención del cien­tífico, son de naturaleza etérica, por lo tanto pertenecen al plano físico. Estas partículas invisibles de sustancia, que sólo pueden ser seguidas a través de sus efectos, y por la interferen­cia de sus actividades, son partículas que se mueven rápida­mente, en relación con las demás, siendo al mismo tiempo afectadas por un factor controlante mayor que las mantiene en movimiento.




  1. Al tratarse de una enfermedad, el paciente sólo puede ser verdaderamente ayudado cuando la irradiación positiva del cura­dor supera la condición negativa del paciente.




  1. La irradiación del curador debe compenetrar y vencer la resis­tencia de la enfermedad del paciente; no la del paciente, que puede ser mental y emocionalmente negativo, respecto al cura­dor, y por lo tanto en condición de ser ayudado. Esto se realiza por la irradiación poderosa del curador. Entonces el magnetismo del curador se pone en actividad y, consciente e intencionada­mente, puede extraer y dispersar esos átomos de sustancia don­de reside y se origina el malestar del paciente. Aquí hago una insinuación sobre uno de los futuros métodos para eliminar la enfermedad en el plano físico. El poder de dirigir definidamente las corrientes magnéticas que irradian desde una fuente fuera del cuerpo físico, aún no se conoce, pero involucrará uno de los nuevos métodos de curación.

La radiación curativa, en consecuencia, afecta lógicamente la atmósfera que rodea al paciente. Sin embargo, esa irradiación es irregular y no está correctamente dirigida. Algunas personas irra­dian magnetismo físico o animal; otras magnetismo astral o men­tal; aún otros, la energía de una personalidad totalmente integrada. Unos pocos irradian magnetismo del alma, la principal energía atractiva de todas las formas. En el futuro, el verdadero curador deberá trabajar mediante la irradiación de toda la personalidad o la del alma. Digo “o” premeditadamente, porque muy pocos pue­den trabajar con la energía del alma, pero muchos, si quisieran, podrían hacerlo como personalidades integradas. Cuándo un hom­bre ha adquirido el poder de irradiar, ¿qué pasa con el paciente? ¿Cómo puede ser llevado el paciente a un estado en que responda adecuadamente a la irradiación magnética? ¿Si él es de tipo astral, como la mayoría, podrá responder al magnetismo de un curador mental? ¿Podrá ser ayudado por la irradiación de tal curador, si él mismo es un ser humano totalmente integrado? Si me dijeran cómo es que Cristo curó a todo tipo de seres humanos, diría que en este breve tratado no me ocuparé de las leyes de la curación aplicadas por un Maestro de Sabiduría o un iniciado. Si así fuera, este libro sería un esfuerzo inútil. Escribo para los estudiantes interesados y para quienes pueden curar en algún nivel inferior al del alma, pero que no saben todavía cómo hacerlo. Más adelante, todo esto será dilucidado con mayor amplitud.




La Vibración.
Algunos estudiantes me piden que defina el significado de la palabra “vibración” y que explique qué es exactamente la vibra­ción. ¿Me comprenderían si digo que la vibración es una ilusión, así como la percepción sensoria lo es para el alma (limitados como están todos los seres humanos por las reacciones de una serie de vehículos, todos ellos instrumentes de percepción)? Si dijera que la reacción vibratoria se debe a que poseemos un mecanismo que responde al impacto, contestaría parcialmente a la pregunta, pero si ello es verdad, ¿qué significa para ustedes el impacto y de dónde proviene? Si diera la definición científica (que pueden encontrar en cualquier buen libro de texto sobre luz, color o sonido), haría algo que ustedes mismos pueden hacer y para lo cual no tengo tiempo. En mis libros doy varias definiciones de la vibración, ya sea directamente o por inferencia, y ustedes deben buscarlas y meditar sobre ellas. Si dilucido aquí la relación entre el Yo y el no-yo, entre la conciencia, lo que es consciente y aquello de lo cual es consciente, abarco un terreno que un cuidadoso estudio del Gita les ayudaría a comprender.
Que la simplicidad los guíe y el amor centralizado sea el prin­cipal objetivo. Elijan un campo de servicio cuyos límites sean de­finidos (porque todos los discípulos están limitados y no pueden abarcar un campo planetario, en sus pensamientos) y trabajen -mental y físicamente- dentro de esos límites. La consumación de una tarea autoimpuesta, dentro del campo de limitaciones kár­micas y del ambiente que el destino les ha deparado, es todo lo que se exige de ustedes. ¿ Qué es lo que verdaderamente están realizando en la actualidad? Presten servicio dentro del campo de contacto donde se encuentran y no traten de abarcar todo el pla­neta. ¿Existe mayor tarea y más importante, que cumplirla y ter­minarla en el lugar donde se encuentran y con los compañeros elegidos?
Permítanme asegurarles que no trato de eludir ninguna pre­gunta, pero si puedo despertar en ustedes la comprensión de la necesidad de una “limitación espiritual” (tal como se dice esoté­ricamente, para definir la carrera de un discípulo dentro de los límites de su tarea) y llamarles la atención sobre la necesidad de alcanzar la meta autoimpuesta cuando comenzaron el trabajo, los habré ayudado mucho más que si hubiera definido la vibración o indicado cuánto han progresado, ustedes u otros, y por medio de qué procedimiento.
Las Futuras Escuelas de Curación.
Estas escuelas de curación no serán establecidas en un futuro próximo, antes de terminar este siglo. Ahora se lleva a cabo sola­mente el trabajo preparatorio, y se establece la base para desarro­lles futuros. Las cosas no van tan rápidamente, pues en tales es­cuelas debe producirse una creciente síntesis de sus técnicas, las cuales son:


  1. Reajuste y curación sicológicos.

  2. Curación magnética.

  3. Las mejores técnicas alópatas y homeópatas, de las cuales no podemos prescindir.

  4. Curaciones quirúrgicas modernas.

  5. Electroterapia.

  6. Hidroterapia.

  7. Curaciones por el color, el sonido y la irradiación.

  8. Medicina preventiva.

  9. La práctica esencial de osteopatía y quiropráctica.

  10. Neurología y siquiatría científicas.

  11. Cura de las obsesiones y enfermedades mentales.

  12. Cuidado de los ojos y oídos.

  13. Cultura de la voz, un definido agente de curación.

  14. Curación por la mente y la fe.

  15. Alineamiento y contacto con el alma.

Y también muchos otros procesos y procedimientos que pertenecen al arte de curar. Algunas de las más antiguas escuelas, tales como la alópata, postulan un proceso de eliminación, para llegar a la contribución vital y verdadera que ellos han de dar. Otro tipo de escuela moderna, ensayista y experimental, debe ser sustraída de las manos de los fanáticos, porque hasta que no desaparezca el fanatismo con su ceguera y falta de síntesis inteligente (como inevi­tablemente sucederá cuando el sexto rayo retroceda y la era piscea­na desaparezca), las nuevas escuelas no podrán existir; debe haber una comprensión más profunda del bien subyacente y fundamental en todas las escuelas y un mejor entendimiento de los principios que subyacen en el verdadero arte de curar, antes de que las es­cuelas mencionadas en Cartas sobre Meditación Ocultista puedan venir a la existencia. Cuando algún curador o una escuela pone el énfasis, como sucede hoy, sobre un especifico cúralotodo y des­precia todos los otros métodos o sistemas dietéticos, no podrán establecerse las verdaderas escuelas.


Llegará el período en que atravesaremos un ciclo donde recoge­remos los frutos de las edades, y desnataremos (si puedo expresar­lo así) la leche de la experiencia humana; entonces, con lo mejor que el pasado pueda conferirnos, inauguraremos esas nuevas acti­vidades que apresurarán el camino de la humanidad. Entre estas nuevas actividades, el arte de curar será el más destacado, por ser el más necesario.
Descubriremos que el trabajo que absorbe nuestra atención será de tres categorías, las cuales se producirán en forma correlativa y no simultánea.


  1. El entrenamiento en los principios del arte de curar se hará a medida que:

  1. Sentemos las bases para una expansión posterior en la nue­va era.

  2. Tratemos de conservar lo bueno y útil al cambiar el énfasis del hombre externo al cuerpo más sutil etérico y vital.

  3. Estudiemos este tratado sobre la nueva curación, la cual sólo obtendrá cierta medida de respuesta, pero en el futuro al­canzará su verdadera utilidad y desempeñará su misión.




  1. Más adelante, cuando un grupo pueda actuar impersonalmente como una unidad y lograr la verdadera interacción del amor, entonces ese grupo podrá iniciar un trabajo definidamente cu­rador, tomando para cura y ayuda un caso, por ejemplo, de enfermedad física conocida, de obsesión o de trastorno mental -dirigido por el alma o por discípulo iniciado, y de acuerdo a la enseñanza delineada en este tratado. El estudio del arte de morir debe también atraer su atención y más a delante la de todo el mundo.




  1. Finalmente, se formarán grupos subsidiarios que serán enseña­dos y desarrollados por los miembros de los grupos precursores de curación, bajo la instrucción del alma o de un discípulo iniciado. Dichos grupos subsidiarios, dirigidos grupalmente, traba­jarán para curar a las personas. Esto no sucederá por ahora, ni hasta que el grupo inicial (o grupos) pueda trabajar con cierto éxito, y los miembros de los grupos tengan una inteligente com­prensión de la técnica y principios involucrados en la curación. Los desarrollos exotéricos de la curación, en la nueva era, provendrán de los anteriores.

Ninguna de las escuelas existentes hoy, deberá subsistir. Todas contienen alguna verdad, principio o idea útiles. Indicaré que un grupo sintético continuará siendo una entidad separatista y separada, y un grupo tal no constituye nuestra meta. Lo ideal sería la síntesis de la vida y el conocimiento y no una síntesis de personas. Existirán con el tiempo, esperemos que así sea, cientos y miles de grupos en todo el mundo, que expresarán esta nueva actitud hacia la curación, todos ligados por su común conocimiento y objetivos, y lo expresarán en su propio campo peculiar, con su máxima capacidad y método especial y con su propia y particular terminología. La unidad de vida subjetiva y el establecimiento de una red de verdaderos curadores, por todo el mundo, interesa a los instructores del aspecto interno de la vida.


Se está haciendo un nuevo comienzo. Heredamos y heredare­mos el maravilloso conocimiento adquirido en el pasado, y gran parte de éste aún será utilizado. Todo lo que se necesita es eliminar lo indeseable, las malas interpretaciones de hechos conocidos y la información mal aplicada, y también poner término al interés egoísta, a la explotación comercial y a la codicia. La cirugía, los métodos sanitarios y la ciencia médica modernos son maravillosos y útiles.





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