Curación Esotérica



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No puedo explicar más plenamente esto, porque el problema del origen y método permanecerá insoluble mientras el hombre emplee el actual acercamiento mental y las reacciones emocionales al dolor y a la enfermedad, y mientras ponga el mismo exagerado énfasis sobre la vida de la forma. Cuando se haya desarrollado un mejor sentido de proporción y los hombres comiencen a pensar en términos de alma, propósitos y destino, entonces la enfermedad, tal como la conocemos, se clasificará en dos principales categorías:


  1. Las que purifican y hacen necesario un período de tonifi­cación y descanso para el cuerpo, en preparación para con­tinuar la vida en la tierra.




  1. Las que producen el retiro, o abstracción del alma, en sus dos aspectos, vivencia y conciencia.



Las Inoculaciones.
¿Qué concepto se tiene o qué valor se le da a la inoculación o vacunación, desde el punto de vista ocultista o esotérico?” Esta pregunta se halla a menudo en la mente de los curadores cuando formulan otro interrogante, verdadero fundamento de su interés. “¿Afecta a los cuerpos sutiles? ¿Cómo?”.
La inoculación no tiene ningún objeto ni valor oculto, como no lo tiene el hecho de dar una inyección hipodérmica. Todo el asunto concerniente a los sueros e inoculaciones han sido excesivamente acentuados por los denominados estudiantes de ocultismo. Actual­mente el cuerpo humano es el receptor de una cantidad tan enorme de sustancia, precipitada desde afuera al interior del cuerpo, que el tema, no obstante ser de mayor importancia, es al mismo tiem­po de menor importancia de lo que los hombres creen. Ésta es la paradoja que les presento. La ingestión de alimento erróneo de todo tipo, la inhalación de humo durante siglos, la respiración de aire contaminado, la ingestión de medicinas, píldoras y tabletas de toda descripción, el saqueo de los reinos vegetal y mineral en la búsqueda de sus ingredientes, la inyección de sustancias mi­nerales, de drogas y sueros, causa a veces admiración el maravi­lloso poder asimilador que posee la estructura humana.
Sin embargo, para ser justo, quisiera recordarles, en lo que con­cierne al bienestar físico del hombre, esos métodos y técnicas occi­dentales han dado por resultado una raza más saludable que la oriental, han prolongado definidamente la vida humana y elimi­nado innumerables y penosos flagelos físicos que exigían su tributo al hombre. Esto, como oriental, lo admito. He descrito la situación con el fin de ampliar vuestro punto de vista, comenzando de lo especifico al todo.
Referente a la enfermedad y a la inoculación, recordaré que existen tres grupos de enfermedades que no son peculiares al hom­bre, pero sí nativas del planeta. Dichas enfermedades se dividen en tipos totalmente diferentes en todos los reinos de la naturaleza, y estos tres tipos o grupos de enfermedades son:


  1. El cuantioso grupo de enfermedades cancerosas.

  2. El grupo de enfermedades sifilíticas.

  3. La tuberculosis.

La mayoría de las objeciones que presentan los médicos con tendencias ocultistas están basadas inconscientemente en el sen­timiento de que deberían existir métodos superiores que controlen las enfermedades del hombre, en vez de inyectar en el cuerpo humano sustancias extraídas de los cuerpos animales, lo cual cier­tamente es exacto y algún día será comprobado. Otra reacción de su parte es de sensible desagrado, aún no reconocido ampliamente. Otra objeción más vital estaría basada en el sufrimiento producido a los animales que proveen vacunas y otras sustancias.


El efecto en los cuerpos internos es prácticamente nulo, y mucho menor que las mismas enfermedades. He aquí un interro­gante muy interesante para el futuro. ¿En qué medida las condi­ciones enfermizas del cuerpo humano pueden alcanzar y afectar los cuerpos internos, desde el ángulo estructural? No tengo la intención de responder a esta pregunta. La medicina moderna controla las enfermedades, principalmente de tres modos: por medio de la ciencia sanitaria, de la medicina preventiva y de la inocula­ción. Éstas son las analogías inferiores de los métodos empleados en la actividad emanada del plano astral, de los niveles etéricos y de la tierra misma.
La ciencia de la sanidad, el uso del agua y el creciente conoci­miento de la hidroterapia son la precipitación sobre la tierra, de ciertas actividades internas del plano astral, de naturaleza muy definida. Desde el ángulo del aspirante, a estos métodos se los de­nomina de purificación.
La ciencia de la prevención (de las enfermedades y de la muer­te) es la precipitación sobre la tierra de ciertos procedimientos en el plano etérico, por los cuales son empleadas correctamente las fuerzas y controlados ciertos agentes destructores, evitando que sigan su marcha destructora.
La ciencia de la inoculación es puramente física en su origen y concierne únicamente al cuerpo animal. Esta ciencia será en breve reemplazada por una técnica superior, pero aún no ha llegado el momento.

Las Glándulas.
“¿Es posible, mediante ciertos tipos de meditación, estimular los lóbulos anterior o posterior del cuerpo pituitario, cuando existe un mínimo funcionamiento? Una fórmula de meditación designa­da para integrar la personalidad, ¿podrá automáticamente solucio­nar la dificultad y establecer una adecuada actividad pituitaria y podrá también regular y equilibrar la actividad de otras glándu­las importantes?”
Tenemos aquí varios interrogantes; el asunto es demasiado vas­to para ser tratado dentro de los límites y el tiempo disponibles.
Sin embargo, diré, muy brevemente, que la estimulación de cualquier lóbulo del cuerpo pituitario y análogamente de alguna de las glándulas, por medio de la meditación practicada por el neófito, es una empresa muy peligrosa. Puede lograrse, pero no es un procedimiento aconsejable, excepto bajo la experta supervisión de aquellos que saben y ven más que ustedes. Las glándulas son el resultado de la actividad o la inactividad de los centros o cha­kras del cuerpo, y logran un desarrollo paralelo, que depende del rayo y del grado de evolución. El tema es vasto y difícil, y quisiera que recordaran que la constante centralización sobre los factores físicos que existen en el equipo de la personalidad no es la forma de actuar del discípulo. Debe lograrse, como se sugiere, la integra­ción de la personalidad y llegar a ser un canal puro para el alma. Tal integración es el resultado, normalmente adquirido, de


  1. la construcción del carácter,

  2. el contacto con el alma, a través de la meditación, y

  3. la expresión de la vida, a través del servicio.

La práctica de estos tres, durante muchos años, inevitablemente producirá los resultados deseados, en lo que respecta al equipo glandular, y hasta donde el mecanismo pueda resistir la presión de los requisitos del alma, pues ellos deben ser llenados en cada vida específica.



El Cuerpo Vital.
“¿Qué factores principales se requieren para la construcción de un cuerpo vital fuerte y saludable? ¿Puede una persona, si posee un cuerpo vital más o menos débil, fortalecerlo? ¿No podría ser salu­dable al mismo tiempo ese cuerpo vital débil y la debilidad ma­nifestarse en la falta de resistencia y lentitud para recuperarse de la fatiga?”
Esta concisa pregunta puede ser brevemente respondida. En efecto debe ser así, pues de otra manera sería necesaria una larga discusión respecto al tema del cuerpo vital, el cual es demasiado vasto para tratarlo aquí, y sus implicaciones innumerables. Acerca de ello he dado mucho en varios de mis libros.
Cuando hablan de un cuerpo vital débil presumo que se refieren a que está flojamente coordinado y conectado con el vehículo físi­co, y por lo tanto débilmente aferrado a la forma externa, pues la estrecha integración del cuerpo etérico con la forma física es la causa de su poder de resistencia. Sí, se está en lo cierto al creer que se puede gozar de perfecta salud, y sentirse fatigado.
Los principales factores para el restablecimiento o el logro de un mejor control etérico son:


  1. Los rayos solares.

  2. Un cuidadoso régimen, acentuando proteínas y vitaminas.

  3. Evitar la fatiga y la preocupación.

En la actualidad el clima, las condiciones mundiales, el medio am­biente y nuestra civilización, militan contra lo antedicho y por lo tanto el individuo debe resignarse a aceptar un estado de cosas que está fuera de su control individual.


Una vida normal, sensata, regulada, es la mejor manera de lo­grar una mayor medida de vitalidad. Presumo que se refieren a esto. Sin embargo, ha de recordarse que donde existe un cuerpo etérico desvitalizado y las condiciones son tales que el restable­cimiento de un control vital parece difícil o imposible, entonces deben reconocer las limitaciones kármicas y estar dispuestos a someterse a ellas y dejar que las cosas se arreglen por sí solas. Esta vida particular no es la única. Por lo tanto, a menudo sucede que las condiciones no pueden ser cambiadas en determinada en­carnación y se prolongan debido a la rebelión y sublevación in­ternas. Un discípulo debe aprender a seguir adelante, según la expresión, a pesar de las circunstancias y no debido a ellas.

El Prana.
Abundante información acerca de la naturaleza del prana se halla en libro Tratado sobre Fuego Cósmico y en el libro de A.A.B. La Luz del Alma,1 donde se considera todo el tema.
Sólo diré que:


  1. En la manifestación no existe más que energía, que toma una forma, la emplea, activa y disipa.




  1. Esta energía se divide en tres tipos de los denominados fenóme­nos eléctricos, que en La Doctrina Secreta y en Tratado sobre Fuego Cósmico se los denomina fuego por fricción, fuego solar y fuego eléctrico.




  1. Prana es el nombre dado a la energía atraída al plano físico, desde el aspecto etérico de toda vida fenoménica Este aspecto etérico de la energía divina es una síntesis de energías. Si la energía en la cual un individuo primordialmente vive, se mueve y tiene el enfoque de su ser, es, por ejemplo, predominantemente astral, entonces la principal expresión de la energía de su equipo será la energía astral o emocional sensoria. Siempre reaccionará a la energía física o prana y a la energía astral o a las innumerables fuerzas emocional sensorias. Éstas actúan preeminentemente a través del bazo, el plexo solar y la garganta, y afectan de diversas maneras al bazo físico, al estómago y a la glándula tiroides.




  1. El interés puesto sobre los dos tipos de energía, cuando lo evi­dencia un individuo, se basa en el hecho de que el mismo se halla habitualmente sumergido en ambos, y a ellos responde normal y más fácilmente.




  1. La corriente de energía utilizada en la curación será la síntesis de las energías con las cuales el curador comúnmente trabaja, con ese tipo de energía predominante que constituye para él la suprema energía de su vida. El curador común e ignorante, por lo general y simplemente es un transmisor de prana, la energía del planeta. Ésta se combina con las energías físico etéricas del paciente, pasando a través del cuerpo del curador, las cuales estimulan suficientemente al paciente para permitirle eliminar la enfermedad debilitadora. Algunos curadores pueden traba­jar con ese tipo de fuerza, mezclada con la energía emocional, logrando así activar no sólo el cuerpo físico del paciente sino también su cuerpo astral. Esto acarrea a veces serias dificultades y a menudo obstaculiza la verdadera curación física, debido el trastorno astral producido. Sobre esto no puedo explayarme, pues no tengo tiempo para dilucidarlo extensamente. Los cu­radores mentales (los cuales ciertamente son muy raros de encontrar) mezclan la energía del alma con las dos fuerzas mencionadas, y ello produce la síntesis de las fuerzas de la per­sonalidad. Llevada a cabo inteligentemente esta síntesis, logra la curación de la persona mediante la organización y alineamiento definidos.

La cura egoica reemplaza a los tres métodos mencionados, ha­ciendo que la energía pura del alma afluya al mecanismo del paciente y a través de éste. De esta manera actuaba Cristo, y muy pocos hombres actualmente pueden hacerlo. Sin embargo, deben tenerlo presente como objetivo a alcanzar.


La curación física mediante el prana es muy común. Con frecuencia es temporariamente eficaz, pues concierne y trata los efectos, nunca las causas. La enfermedad por lo tanto puede mi­tigarse pero nunca curarse. El poder de curar mentalmente se acrecienta y produce efectos relativamente permanentes, pero la curación astral es rara y pocas veces tiene éxito. El poder de la naturaleza astral del curador y también el del paciente, y su con­dición generalmente irregular, son demasiado grandes para un tra­bajo eficaz, debido a la polarización de la humanidad actualmente y a la falta de un correcto equilibrio y control emocionales.

Los Cuerpos Oriental y Occidental.
Algunos curadores se preguntan asiduamente si existen dife­rencias en las causas y efectos de las enfermedades experimentadas en un cuerpo oriental u occidental. Responderé que:
La humanidad es una y la misma en todo el mundo, y ambos cuerpos, oriental u occidental, están predispuestos a las mismas enfermedades y manifiestan los mismos síntomas, todos sufren de tuberculosis, de cáncer y muchas taras sexuales; todos mueren frecuentemente por neumonía e influenza. Mediante la sanidad y otros métodos curativos, llevados a cabo en gran escala, antiguas enfermedades (heredadas de los atlantes), tales como la peste bu­bónica y el cólera, van siendo lentamente extirpadas. Todavía brotan en Oriente, debido al vigor de las antiguas civilizaciones, a la carencia de alimentos y sanidad y a la densa población. Hay también enfermedades climáticas, que desaparecen por el aire frío de los hemisferios polares. Ciertas enfermedades son el resultado de erróneos regímenes alimenticios, empleados durante innume­rables siglos.
Una de las principales razones de la aparente diferencia (si existe) debe atribuirse a la mayor antigüedad de las razas orien­tales. Las enfermedades de la vejez, de la madurez y de la juventud tienen sus variaciones, y Asia y sus pueblos son muy, pero muy antiguos. Las reservas del cuerpo se van agotando rápidamente. Sin embargo, los japoneses no manifiestan signos de esa vejez. La India es mucho más vieja que Europa, pero la estirpe de chinos y japoneses es más antigua aún; no obstante no demuestran los signos de una senil vejez. La razón de ello reside en los distintos tipos de cuerpo emocional de los arios y atlantes. Toda esta cues­tión es extremadamente difícil,
De todas maneras podría responder a la pregunta brevemente, diciendo que no hay casi diferencia en las causas básicas de las enfermedades en Oriente y Occidente, pues son las mismas para toda la familia humana.

El Sistema Nervioso.
Mediante la correcta comprensión de la relación del cuerpo eté­rico o vital (sus centros mayores y menores y su red de nadis) con el sistema nervioso del cuerpo humano, pueden conocerse dos grandes aspectos de la actividad del alma.
Primero, ese aspecto de la vida egoica que permite al alma mo­vilizar y obligar al mecanismo físico, el cuerpo, a que encarne y entre en actividad, mediante la acción energetizadora de lo que llamamos Vida.
Segundo, ese aspecto de la vida egoica que mantiene la salud del vehículo físico mediante el libre juego de las corrientes prá­nicas. Lo antedicho intenta expresar una gran verdad, en la forma más sencilla posible. El verdadero significado de la afirmación dada, encierra el próximo gran paso a dar en el campo de la verdadera sicología y de la curación. Todo el temario es profunda­mente interesante. Me he ocupado parcialmente de él, y será de valor estudiar el tema allí delineado.
A este respecto podría discutirse la situación general muy bre­vemente, de la siguiente manera.
El ser humano es una combinación de variados tipos de fuerza. Tenemos la fuerza o energía de la materia misma, que podría ser considerada en su totalidad como el aspecto energía de las células o átomos del cuerpo. La palabra “célula” sugiere en su acepción común una vida aprisionada, y vida y energía son, para los esoté­ricos, términos sinónimos, este es el tercer aspecto de la divini­dad, expresándose en la humanidad. Existe también la energía dual que el alma personifica o transmite, lo cual se asemeja a dos corrientes de energía que se fusionan y mezclan para formar una sola corriente cuando están separadas del cuerpo, y se dividen en dos cuando penetran en la materia y la forma. Llevan a la materia o al conjunto de células vivas, la cualidad o conciencia y vida pu­ra. Podría decirse que:


  1. La corriente de energía-vida se abre camino hacia el corazón, el corazón físico, y allí (por medio del átomo físico perma­nente) energetiza coherentemente a todo el cuerpo físico, em­pleando la corriente sanguínea como principal agente y canal de contacto y comunicación entre esta usina central de la vida y la periferia. Como bien se sabe, la sangre es vida. Esta activi­dad de la vida es el factor que retiene y mantiene viviente en la forma todos los átomos y células del cuerpo. Cuando el alma retira este hilo de vida en el momento de la muerte, los átomos vivientes se separan, el cuerpo se derrumba y se inicia la des­integración, y las vidas atómicas retornan al depósito de poder, al seno de la materia viviente, de donde provinieron.




  1. La corriente de energía que imparte la cualidad egoica de la inteligencia, más el amor-sabiduría, y que constituye lo que entendemos por conciencia, con sus poderes de hacer contacto, sentir y razonar, no penetra más allá del cerebro físico. Allí, en la región de la glándula pineal, se concentra o anda este segundo aspecto. Desde allí con creciente potencia, a medida que son aplicados los procesos de la encarnación y la experiencia, el alma comienza a controlar y emplear el cuerpo físico, energe­tizándolo para que inicie una actividad plena de propósito. Recuérdese que para el alma, el cuerpo es sólo su mecanismo de respuesta en el plano físico y un medio de expresión.

También debe señalarse, como una tercera e imprescindible afirmación, que el alma vierte en el cuerpo físico denso, por medio del cuerpo etérico o vital, su energía conscientemente dirigida. Es­te instrumento está compuesto de:




  1. Siete centros mayores de fuerza y cuarenta y nueve centros menores. Los centros mayores se hallan en la cabeza y a lo largo de la columna vertebral. Los centros menores, están dispersos por todo el cuerpo.




  1. La red etérica, compuesta de corrientes de energía, conecta todos los centros con dos sistemas -uno mayor y otro me­nor- e irradia desde esos centros a todo el cuerpo.




  1. Los nadis son hilos infinitamente pequeños de energía, o fibras de fuerza que irradian externamente desde todas las partes de la red y subyacen en cada parte del triple sistema nervioso. Existen por millones, y producen el mecanismo sensorio de respuesta a través del cual actuamos, siendo una de sus exteriorizaciones, el mecanismo de los cinco sentidos.

La usina controladora variará de acuerdo al grado de evolución alcanzado:




  1. La humanidad de grado interior utiliza el plexo solar como lugar donde la energía básica se localiza temporariamente. El centro ajna desarrolla muy poca actividad.




  1. La humanidad común actúa parcialmente a través del cen­tro plexo solar, pero mayormente a través de los centros ajna y laríngeo.




  1. La humanidad más avanzada, los intelectuales y los aspiran­tes del mundo emplean el centro coronario además de los centros ajna, laríngeo, cardíaco y plexo solar.

Para finalizar podría decirse que el mecanismo físico, resul­tado directo de la actividad interna de los centros, de la red etérica y de los nadis, es el corazón, el sistema endocrino y el cere­bro. Dentro de este plan general, someramente delineado, tienen cabida la antigua medicina (particularmente la tibetana, la china y la hindú), conjuntamente con nuestra moderna ciencia occiden­tal. Aún queda por establecer la correlación de las técnicas orien­tales y occidentales, y mucho se obtendrá con ello. Más allá de esto no puedo extenderme, pero lo antedicho será suficiente para de­mostrar que los métodos que descubrirán al leer este libro, y son legión, pueden tener relación con este esquema general de los procesos energéticos en el cuerpo humano.



La Dieta.
Ninguna dieta puede ser del todo apropiada para un grupo de personas de diferentes rayos, diferentes temperamentos y equipos y diversas edades. Cada individuo difiere totalmente de otro, en algunos puntos; deben investigar qué necesitan como individuo, cómo pueden ser mejor satisfechos los requisitos corporales y qué tipo de sustancia les permitirá prestar mejor servicio. Cada persona debe descubrirlo por sí misma. No hay régimen alimentario grupal. Tampoco es obligatorio eliminar la carne ni mantener un estricto régimen vegetariano. Existen períodos en la vida y a veces encarnaciones enteras, en que el aspirante se somete a una disci­plina alimentaría así como en otros períodos, o en toda una vida, se exige temporariamente un estricto celibato. Pero hay otros ci­clos de vidas y encarnaciones donde el interés del discípulo y el servicio que presta, se orientan hacia otra dirección. Hay encar­naciones posteriores donde ya no existe un constante pensamiento sobre el cuerpo físico, y el hombre actúa libre de los complejos dietéticos y vive sin concentrarse en la vida de la forma, ingiriendo alimentos disponibles, con los cuales puede mantener una vida eficiente. En el pasado se consideraba esencial seguir un régimen vegetariano como preparación para recibir ciertas iniciaciones. Eso no siempre es así, pues muchos discípulos creen que se están preparando prematuramente para la iniciación.

El Bazo
El bazo es el agente más importante de la fuerza vital, pero ésta es fuerza vital inherente en la materia misma, independientemente de la forma. Está estrechamente relacionado con el cuerpo físico planetario, siendo la exteriorización de un centro muy importante.
Tres centros en el cuerpo (con exteriorizaciones similares) son inicialmente básicos para la vida:


  1. El centro cardíaco y el corazón físico mismo. En ellos está localizado el principio vida (el aspecto Espíritu). Vida y Es­píritu son uno.




  1. El centro coronario y el cerebro, donde está localizado el principio conciencia (el aspecto Alma).




  1. El centro pránico y el bazo, donde está localizada la vida de la materia misma (el aspecto Materia).

Deben tener presente que, como indica H. P. B., el cuerpo físico denso no es un principio. Es la materia atómica mantenida como forma, por la sustancia etérica bajo el control del alma. Responde automáticamente y reacciona a los impactos del mundo externo y a los impulsos internos, pero no tiene vida iniciadora propia. Está compuesta por unidades de energía, así como todo en la natura­leza, y tiene su propia vida individual; el bazo es el foco de distri­bución de energía para esta vida.


Por medio del bazo se ponen en contacto la vida negativa de la materia y la energía viviente del positivo cuerpo etérico; en­tonces se enciende una “chispa”, según se la denomina, entre los cuerpos internos vivientes del hombre (a través del cuerpo etérico) y el plano físico. Esto es un reflejo en el peldaño más inferior de la escala evolutiva, en lo que concierne al hombre, y corres­ponde a la relación alma y cuerpo o -en una vuelta más alta de la espiral- espíritu y materia.



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