Curación Esotérica



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La Causa Dual de la Congestión.
Permítanme hacer una o dos consideraciones concisas y luego explicarlas. Primero, la condición subjetiva sola no puede causar una congestión externa. El alma ha dispuesto expresarse por me­dio de un cuerpo que tiene ciertas predisposiciones.
Segundo, lo subjetivo es un factor causativo cuando colabora con las tendencias inherentes al cuerpo físico; por lo tanto resulta imposible evitar que se produzcan congestiones, porque la vida subjetiva determina la condición, y el cuerpo físico está predis­puesto a ciertas enfermedades. Tal es la voluntad del alma. Aquí podría puntualizar que en esta etapa de la evolución humana, las condiciones subjetivas nunca son correctas.
Tercero, la condición externa por sí sola no puede ser un fac­tor causativo. Si mis principales premisas son acertadas (y esto probará la nueva y venidera, ciencia), entonces las observacio­nes del mundo médico deberán reajustarse a los hechos. El factor causativo existe en la unión de los existentes factores internos y externos.
Permítanme aclarar un poco más la cuestión, pues la confusión puede ser causada por la idea de que la enfermedad es el resultado de dos causas, una interna y otra externa. La situación subjeti­va es la iniciadora. Algún factor sicológico induce a un erróneo empleo de la energía, que pone en movimiento esas tendencias internas que hallan su salida hacia el plano físico como factores vitales determinantes. Allí entran en contacto con el cuerpo o expresión física, que tiene ciertas predisposiciones, debilidades heredadas, deficiencias glandulares todas las cuales formaron parte del equipo necesario, por el cual el alma determinó que cier­tas imprescindibles lecciones deberían aprenderse. La relación es­tablecida entre las fuerzas externas e internas es la causa básica (expresándose en dos causas), la cual produce algún tipo de enfer­medad. Nuevamente, los aspectos negativos y positivos, puestos en relación, producen un tercer factor: la manifestación de algún tipo de enfermedad.
Si me hablan de perfectas condiciones físicas diré que no co­nozco ninguna, tampoco un cuerpo físico o ambiente al cual podría aplicársele tal término. Debe existir la situación y la causa sico­lógica interna, que es la realidad subjetiva (en pequeña escala), y también la condición física externa, manifestándose como debilidad o imperfecciones; éstas, a su vez, constituyen tendencias traídas de vidas anteriores, predisposiciones, una lesión hereditaria o una dificultad latente, basadas en primitivos intereses de la vida o en prácticas perjudiciales. Uniendo estos dos principales factores de­terminantes, y de acuerdo a la ley, se producirá inevitablemente alguna manifestación visible de la enfermedad o dificultad física; ésta puede ser grave o de poca importancia; peligrosa para la vida o producir malestar temporario. Ninguna condición externa por sí sola puede causar la enfermedad, pero la dificultad reside en que la medicina moderna aún no acepta la hipótesis de la causa oculta, excepto esas causas superficiales como, por ejemplo, que la preocu­pación y la intensa ansiedad pueden agravar las dolencias cardia­cas existentes. Tampoco acepta esos factores que pueden atribuirse a una vida anterior. En el caso de las enfermedades contagiosas, la causa interna es de origen grupal, y tienen por lo tanto un efecto grupal externo, siendo una expresión del karma grupal. La dificultad del problema es por consiguiente muy grande.
Debe haber, como podrán percibir, dos factores existentes, que cuando están relacionados y estimulados producen la enfermedad. Debería recordarse que la elección de un cuerpo por el alma, y el tipo de vehículo por el cual puede aprender ciertas lecciones y do­minar ciertas experiencias educativas, es un tema muy poco com­prendido. En conexión con esto, recordaré que la enfermedad es a menudo un sistema de eliminación, benéfico en sus efectos. Es la manifestación de un factor interno indeseable, y cuando las causas internas y externas se llevan a la clara luz del día, pueden ser manejadas, comprendidas y a menudo disipadas y extirpadas por el padecimiento que causan la enfermedad y el dolor. Estas pala­bras son un tanto duras.

Algunos Tipos de Enfermedad.
La artritis y la diabetes son enfermedades que tienen su origen en el cuerpo astral, pero si puedo explicar algo en forma inade­cuada, diré que la artritis es principalmente más objetiva que la diabetes, pues es el resultado de la satisfacción de los deseos físicos cuando se expresan por el alimento, ya sea en esta vida o en una anterior. No existiría artritis o habría poca, si la raza se alimentara correctamente y si comprendiera los verdaderos valores y efectos de la alimentación. La diabetes es más definidamente el resultado de erróneos deseos internos, y no de los erróneos deseos externos, y puede originarse en la actual vida, como ya expresé, o heredarse de una existencia anterior. En este último caso el alma encar­nante elige una familia en la cual nacer, que le proporcionará un cuerpo con tendencia o predisposición natural a esta enfermedad.
Tenemos aquí un vasto campo de investigación; deberían aislarse los tipos que son presa fácil de ciertas enfermedades grupales.
La sífilis y la artritis entran en la categoría de enfermedades que se basan mayormente en la satisfacción del deseo físico. El cáncer y la diabetes entran más definidamente en el tipo de en­fermedades vinculadas con los deseos emocionales internos y en la vida de deseos, que en muchas personas ha sido violentamente inhibida. Las enfermedades infecciosas como el sarampión y la escarlatina, la viruela o el cólera, son en forma bastante curiosa y definidamente enfermedades grupales y aliadas a la naturaleza mental. Esto les sorprenderá, pero es así.
Un estudiante que posea algún conocimiento de las causas ocul­tas podría suponer que cuando la gente cambia su foco de atención de la naturaleza física a la emocional, o de la emocional a la men­tal, está propensa a contraer las enfermedades antiguas, tales como la sífilis y el cáncer, que padeció la raza lemuria. Pero esto no es así.
Recordaré que las personas no contraen tales enfermedades porque han trasladado su conciencia, sino por el mal empleo de ciertos poderes que Dios les ha otorgado. El cambio de conciencia y la enfermedad no tienen la más remota relación. También recor­daré que hoy las personas constituyen una mezcla de tres estados de energía denominados físico, emocional y mental, o sea estados de conciencia lemuria, atlante y aria. Hoy existe escasamente el tipo puro, es decir, predominando uno u otro. Comúnmente son una mezcla de los tres. Será difícil encontrar una persona o paciente “que traslade su foco de atención del físico al emocional”. Será emocional o mental, y durante breves momentos, desde un punto de vista estrictamente fisiológico, será físico. Las líneas más claras de demarcación pueden observarse en el caso de los discípulos que están decidida y conscientemente esforzándose por cambiar su foco de atención al plano mental. Sin embargo, viven predominante­mente en una región denominada kama-manásica, lo que significa astral y mental. Es un nivel intermedio de conciencia. Sólo puedo dar amplias generalizaciones, diciendo que las condiciones sifilíti­cas son generalmente de origen más físico que el cáncer. No es posible dar líneas claras de demarcación, y debe recordarse siempre que ciertas enfermedades, que tienen su origen en un pasado muy distante, pueden desarrollarse en una encarnación determinada; las simientes de la condición han permanecido aletargadas durante edades, en el así llamado átomo permanente. Quizás no tengan sus raíces en el tenor o cualidad de la vida actual. Repentinamente surgen a la vida e influyen sobre la encarnación actual e inciden­talmente ofrecen la oportunidad para la liberación.

La Fiebre.
La fiebre indica simplemente dificultades y es un sistema bási­co de purificación y eliminación. Es un indicador y no la enferme­dad en sí. Reflexionen sobre esto y aplíquenlo en todos los planos, pues la fiebre del plano físico tiene su contraparte astral y mental. Es energía excesiva que consume y, al hacerlo, alivia y cura (ya sea subyugando al germen o conjunto de energías que la provocó, o mediante el poder liberador de la muerte). Toda vez que es po­sible, y el cuerpo físico es suficientemente fuerte para resistir la tensión, conviene dejar que la fiebre siga su curso durante un tiem­po, pues es el método que emplea la naturaleza para curar ciertas condiciones indeseables. La fiebre no sólo advierte la presencia de lo que causa el malestar, sino que contiene en sí un definido valor terapéutico. Se requiere una cuidadosa vigilancia y equili­brio; equilibrar las energías del cuerpo. Mientras la fiebre pre­valece, el cuerpo queda relativamente inutilizado, afectando sus actividades normales. Respecto a la curación y al correcto trata­miento de la fiebre, la profesión médica ortodoxa conoce mucho, y tal conocimiento será suficiente hasta que sean mejor compren­didas las causas de la fiebre, y los médicos puedan trabajar con la causa y no con los efectos.
El superemocionalismo es una analogía astral de la fiebre física e indica que prevalece el germen del deseo, el cual debe ser tra­tado antes de que pueda bajar la fiebre. Su analogía mental es una mente superactiva, mal regulada, muy ágil, pero fútil en realiza­ciones.

La Cura del Cáncer.
En toda enfermedad de naturaleza maligna, existe un núcleo vital o centro viviente de energía, que absorbe, lenta o rápidamen­te, según el caso, la fuerza vital del hombre. En las primeras etapas de una enfermedad corno el cáncer, el núcleo vital no se descubre hasta que la condición maligna es tan potente que resulta excesi­vamente difícil prestar ayuda. Sin embargo su curación es posible únicamente en esas primeras etapas. Entonces puede ser efectuada la curación, pero repito, sólo si se invoca la voluntad del paciente. Poco puede hacerse en los casos de cáncer a no ser que haya una inteligente colaboración de quien ha de ser curado, porque el único método (que detallaré más adelante) consiste en fusionar la vo­luntad dirigida del paciente y la del grupo curador, en una funcio­nante unidad de fuerza. Cuando esto ha sido realizado, entonces la energía invocada y concentrada seguirá al pensamiento, de acuerdo a la antigua ley, y así estimulará la zona que rodea el cáncer (es decir, los tejidos sanos) para que sean absorbidos los tejidos enfermos y débiles, por los tejidos sanos y fuertes. Si la energía es dirigida directamente al cáncer, la condición cancerosa será esti­mulada y la dolencia se multiplicará. La curación del cáncer en sus primeros indicios se hace en dos etapas:


  1. La estimulación de los tejidos sanos.

  2. La construcción de nuevos tejidos para reemplazar a los enfermos, los cuales son expulsados y absorbidos gradual­mente.

El cáncer siempre aparece antes de la transmutación de la fuerza emocional, debido a que muy pocos discípulos (y por lo tanto mu­cho menos personas comunes) han logrado la transmutación de la emoción. La liberación de la emoción es tan rara que -en esta etapa de la historia del mundo- podría decirse que no existe.


Ninguna persona integrada que funciona activamente, tiene predisposición para contraer una enfermedad como el cáncer, o cualquier otra enfermedad, como sucede con las personas de tipo emocional; aquellas son más propensas a las perturbaciones car­díacas. Una vida plenamente activa impide una enfermedad como el cáncer, aunque no siempre. A medida que las fuerzas vitales circulan más lentamente y se acerca la vejez, a menudo aparece el cáncer, lo cual comprueba la veracidad de mi primer argumento. En días como estos, en que el cáncer es el segundo gran agente de destrucción y mortalidad (y si estoy en lo cierto el cáncer es una enfermedad planetaria), casi todos están propensos a con­traerlo. El temor es el gran factor predisponente, como también la inercia y el emocionalismo.

La Demencia Precoz.
¿Qué es demencia precoz? ¿Evidencia este fenómeno una heren­cia grupal de familia? ¿Podría ser una clave el hecho de que se manifiesta en los primeros años de la adolescencia? ¿Es correcta la actitud del médico clínico que la clasifica en la categoría de incu­rable? Estas y similares preguntas son formuladas por los estu­diantes y practicantes de la curación.
Dichas enfermedades físicas, clasificadas con el título general de demencia, son mucho más abstrusas de lo que comúnmente se cree. De acuerdo al punto de vista de los esotéricos se clasifican en las relativamente simples categorías siguientes:


  1. Las que se deben a la deterioración del tejido cerebral. Muchas de ellas y más de lo que se admite, son definidamente de origen sifilítico, y recordaré que, esotéricamente hablando, por lógica es así, pues los órganos sexuales físicos son la analogía inferior de la relación negativa-positiva que existe en el cerebro entre los dos centros de la cabeza y las glándulas pituitaria y pineal.




  1. Las que se deben al sobrestímulo de las células cerebrales, por algún tipo de energía que desequilibra otras formas y produce ciertos tipos graves de insania.




  1. Aquellas donde no existe una verdadera dificultad física, ni le­siones o tejidos enfermos, sino simplemente una floja conexión entre el cuerpo etérico y el vehículo físico denso. Entonces trae obsesión o posesión. Tales casos son frecuentemente (debería decir, comúnmente) considerados por los siquiatras ortodoxos y los médicos, como tipos de demencia, aunque en realidad no lo son. Si la persona afectada puede ser puesta nuevamente “en posesión de sí misma” por un sicólogo comprensivo -y esto es muy posible-, entonces cesa la perturbación. En la actualidad, hay una pronunciada tendencia, entre los sicólogos más progresistas, a tratar estos casos, basados en la hipótesis que he enunciado, y esto constituye un adelanto definido.




  1. Aquellas donde ocurren ciertos tipos hereditarios de desequili­brio mental, causados por acontecimientos originados en otras vidas, y constituyen karma punitivo o retributivo. Para que esto suceda, el alma elige deliberadamente, como vehículo físi­co, esa forma que contendrá ciertas taras heredadas, introdu­cidas allí por los Señores del Karma, cuando el alma es incapaz de aferrarse a su vehículo -como sucede con los no evolucionados-, o con propósito e intención, cuando el cuerpo, por estar altamente evolucionado, puede ser dirigido por el alma. No co­loco estos distintos tipos de insania o desequilibrio bajo dife­rentes rótulos, porque el tema es demasiado complicado, y a menudo existen varios factores predisponentes, y frecuente­mente hay sólo indicaciones de dificultades que nunca pueden llegar a ser graves. Únicamente enumero las categorías, dejan­do al investigador la tarea de clasificar los síntomas y asignar­les la causa correspondiente, después de mucho trabajo experimental. El momento está cercano.




  1. Aquellas en que la mente es indebidamente fija y estática y controla el cerebro tan irracionalmente que parece existir un sólo punto de vista, una sola actitud hacia la vida y ninguna fluidez y capacidad para adaptarse. Tales individuos pueden sufrir, por ejemplo, lo que se denomina idea fija o pueden ser víctimas de algún pensamiento mental obsesionante. Dichas obsesiones mentales pueden abarcar desde un fanatismo mo­derado a una manía religiosa, con sus paralelas características de sadismo, crueldad y morbosidad generales.

La demencia precoz puede ser ubicada en el primero y cuarto gru­pos, y comúnmente es una mezcla de los factores que describe a ambos. En todos los casos es heredada, y si no lo es, aparentemente en forma física, entonces está basada en las condiciones astrales heredadas, que a su vez contribuyen a determinar las condiciones físicas. Es de origen sifilítico (frecuentemente traída de otra vida) siendo, en esta vida particular, totalmente incurable.


Su base sexual se manifiesta porque se presenta en los primeros años de la adolescencia. Sin embargo, se puede ayudar mucho al paciente en las primeras etapas, si los síntomas son debidamente reconocidos y es dirigida su vida mental, y la eficacia dinámica de nuevos intereses es aplicada. Una motivación espiritual en intere­ses análogos puede a veces retardar el desarrollo de la enfermedad; cuando esto ocurre y la enfermedad es tratada desde los primeros años de la vida, pueden evitarse las peores crisis. Dentro de la medida en que el paciente trata inteligentemente de ayu­darse a sí mismo, protegido también por el cuidado inteligente de un médico, puede contrarrestarse grandemente la perturbación, particularmente en lo que concierne a su repetición en otra vida.
Muchos de tales problemas están intrínsecamente ligados al pa­sado, y hasta que no sean dadas al mundo las leyes que rigen el renacimiento, me será difícil explicar los procesos que rigen la herencia física, los resultados kármicos y también lo que se deno­mina karma retributivo. El reconocimiento de los tipos más sutiles de enfermedad y la ayuda de los sicólogos, en colaboración con la medicina ortodoxa (que indudablemente tiene su lugar, por ejem­plo, en la administración de los correctivos glandulares), además del correcto tratamiento higiénico desde la infancia, realizará mu­cho y extirpará gradualmente las enfermedades mentales y cere­brales que todavía son tan numerosas y penosas.

La Eutanasia.
Algunos estudiantes están preocupados por el organizado esfuer­zo que se realiza para legalizar la eutanasia, y tienen sus dudas sobre si debe otorgarse a los médicos el poder de vida o muerte.
Tampoco ignoran que también está implicado el factor humani­tario en los casos donde no se puede aliviar un prolongado sufri­miento. A ellos les diré:
El problema que presenta una consideración de la práctica de la eutanasia propuesta, no existirá cuando se obtenga la continui­dad de conciencia que niega la muerte. Ello significa que llegará un momento, en el desarrollo racial, en que el alma sabrá que ha llegado al término de su ciclo de vida física, y se preparará para retirarse de la forma con plena conciencia. Sabrá que ya no nece­sita los servicios que presta la forma y que ella debe ser descar­tada. Sabrá que su sentido de percepción, enfocado en la naturaleza mental, es suficientemente fuerte y vital como para llevarla a través del proceso y episodio de la abstracción. Cuando el hombre haya desarrollado esta conciencia y el proceso sea reconocido por la profesión médica y los estudiantes científicos del mecanismo humano, entonces toda la actitud hacia la muerte y sus procesos, involucrando, como lo hacen, el dolor y el sufrimiento, serán alte­rados materialmente. Cuando al hombre le llegue el momento de morir, tendrá a su disposición ciertos métodos de liberación que, desde el punto de vista general, podrán ser considerados como involucrando la eutanasia. Los métodos de abstracción se estudia­rán y aplicarán cuando se acerca la muerte, y el proceso será con­siderado como el retiro del alma y también como liberación y emancipación. Este momento está más cerca de lo que se imaginan.
Graves peligros acechan hoy al proceso de acelerar el retiro del alma, y las salvaguardas legales requerirán un cuidadoso estu­dio; aun entonces surgirán graves y serias cuestiones. Pero debe ser desarrollado algún aceleramiento del proceso de la muerte. Sin embargo, la voluntad de morir del paciente no está basada hoy principalmente en el conocimiento y en la polarización mental, o en una continuidad de conciencia ya lograda, sino en las reacciones emocionales y en el horror al dolor y al temor.
No obstante, cuando el sufrimiento es terrible y no existe abso­lutamente ninguna esperanza de prestar una real ayuda o lograr una recuperación, y cuando el paciente está dispuesto (o la fami­lia lo está si se halla muy enfermo), entonces, bajo una adecuada salvaguarda, algo debe hacerse. Pero el momento de la partida no podrá basarse en la emoción y compasión, sino en las ciencias espi­rituales y en la correcta comprensión de las posibilidades espiri­tuales de la muerte.

Los Gérmenes.
Cuán inadecuadas son las palabras para explicar la verdad. Em­pleamos la palabra “germen” para indicar la fuente de alguna enfermedad o el tipo de origen. Hablamos del germen o simiente de vida; nos referimos al germen de una idea; significamos ese punto intangible de energía que más adelante se convierte en una especie de forma manifestada. Puede ser una forma mental, un ser humano o una enfermedad, sin embargo, la misma palabra debe bastar para todas. A menudo he dicho que todo es energía y nada más existe. Un germen es un punto de energía que contiene en sí ciertas po­tencialidades vivientes, causando ciertos efectos sobre el campo circundante de energía, produciendo ciertas formas de expresión, reconocibles en el plano físico. Pero en último análisis, sólo se re­fiere a un tipo de energía activa que forma parte de la energía disponible que se halla dentro y alrededor del planeta Tierra y sobre él.
Respecto a la enfermedad, un germen continúa siendo un punto de energía, pero debe ser considerado como energía que no fun­ciona correctamente en relación con la forma particular que se ha hecho susceptible a su actividad o es consciente de su presencia.
Los gérmenes son el primer efecto de una causa original. Al­gunos pocos forman parte del mal planetario, lo cual significa que tienen un origen mental profundamente arraigado y de tal magnitud, que la mente finita de los hombres no puede concebir­los. Por ejemplo, los efectos de tales causas pueden ser una violenta, ardiente y frenética devoción a una idea o persona, o pueden manifestarse como una fiebre en el cuerpo físico, análogamente violenta y ardiente y, de acuerdo a sus síntomas, la profesión me­dica le aplicará un nombre técnico. La causa originante es la misma y los efectos sobre la personalidad diferirán de acuerdo al foco de atención o donde se haya puesto el énfasis de la vida. Reflexionen sobre esto porque aquí he sugerido algo muy importante.
Cuando emplee las palabras “el foco de atención”, no me referí a ninguna actitud mental o a una mente atenta, sino al impacto de la fuerza vital en determinada dirección, lugar y aspecto del cuerpo humano, hacia donde la energía vital va dirigida. Los gér­menes son organismos vivientes, grandes o pequeños. Se introducen en el mecanismo humano por intermedio de la fuerza vital, que a su vez utiliza al corazón y a la corriente sanguínea como agentes distribuidores, de la misma manera que la energía de la conciencia utiliza al sistema nervioso y al cerebro como agente distribuidor. Donde existe debilidad inherente o heredada, la fuer­za vital no está adecuadamente enfocada, entonces tendremos algún tipo de congestión, un desarrollo detenido o alguna predisposición a la enfermedad. Cuando esto sucede, los gérmenes pueden hallar un lugar fructífero en el cual desplegar su actividad maligna. Cuando la vitalidad es grande y la fuerza vital circula libre y sin impedimento, entonces no existirán estas predisposiciones, el germen no hallará donde alojarse ni habrá riesgo de infección.
La escarlatina, por ejemplo, es contagiosa, pero no todos los que se exponen a ella la contraen. La posibilidad de desprenderse de la infección y estar inmune a las enfermedades contagiosas es mayormente una cuestión de vitalidad (quizás vitalidad en zonas determinadas del cuerpo donde reside el foco de atención y el énfasis de la fuerza vital). También puede basarse en la actividad de los corpúsculos de la sangre, que sirven para mantener en bue­nas condiciones la corriente sanguínea.
Este enfoque y énfasis es el mismo, respecto a los animales, pues no es el enfoque de la mente sino el de la energía vital en el cuerpo físico. Cuando ella se halla presente y es positiva, protege. Cuando es negativa y débil, deja al cuerpo físico (humano o animal) abier­to a los peligros de la infección.



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