Curación Esotérica



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Así como tenemos, astrológicamente, una Ciencia de Triángulos, mas adelante se desarrollará también una ciencia de triángulos en relación con el sistema humano. Aún no ha llegado el momento. Acerca de esta ciencia daré de vez en cuando algunas indicaciones sobre las cuales podrá actuar la intuición del discípulo:




  1. El plexo solar es un reflejo del “corazón del sol” en la personalidad, como lo es el centro cardíaco. Constituye el factor cen­tral en la vida de la personalidad de toda la humanidad de gra­do inferior al de discípulo probacionista. En ese punto la mente comienza definidamente a funcionar, aunque tenuemente. Es la salida -si puedo expresarlo así- del cuerpo astral hacia el mundo externo, y el instrumento a través del cual fluye la ener­gía emocional. Es el órgano del deseo, siendo de suprema im­portancia en la vida del hombre medio, y llegar a controlarlo es la meta vital del aspirante, que debe trasmutar el deseo en aspiración.




  1. El plexo solar entró en pleno funcionamiento en la época atlan­te, durante el período en que estaba en desarrollo la segunda gran raza humana. Estos centros inferiores no están muy específicamente relacionados con las iniciaciones, como lo están los centros ubicados arriba del diafragma, pues esos centros perte­necen a la personalidad y tienen que estar plenamente contro­lados por el alma, cuando se reciben iniciaciones de cierto grado.




  1. El centro plexo solar es el gran centro distribuidor para todas las energías que se hallan abajo del diafragma. Esto se refiere a los tres centros mayores y a los centros menores citados en la página 63. La relación de este centro con el plano astral es estrecha (empleando una palabra peculiar aunque muy ex­presiva). Es el receptor de todas las reacciones emocionales y de los impulsos y energías del deseo, y debido a que la huma­nidad se está haciendo más activa en sentido grupal y más in­cluyente que nunca en la historia humana, la situación es de aguda y extrema dificultad. El género humano, mediante el plexo solar individual y también colectivo, está siendo sometido a una presión casi insoportable. ¡Éstas son las pruebas de la iniciación! No tengo la intención de tratar aquí los procesos por los cuales son atraídas las energías inferiores, ni el modo de centralizarlas en el plexo solar y de allí trasmutarlas y refi­narlas a tal grado que puedan ser transferidas al centro cardíaco. Gran parte de ello está vinculado con el entrenamiento dado a los discípulos aceptados, antes de la segunda iniciación. Sería algo demasiado complejo desarrollarlo, pues acarrearía ciertos peligros peculiares a quienes no están preparados para el pro­ceso; esto sin embargo se lleva a cabo casi automáticamente mediante un esfuerzo viviente. El plexo solar es el más separa­tista de los centros (excepto el centro ama, en el caso de quien sigue el sendero de la izquierda) porque se halla en el punto medio, entre el centro laríngeo y el cardíaco -arriba del dia­fragma- y los centros sacro y básico abajo del diafragma. Esto es algo muy importante.




  1. El plexo solar es el centro del vehículo etérico a través del cual la humanidad (término medio, la humanidad no iluminada) vive, se mueve y tiene su ser, la cual está condicionada por el deseo; deseos buenos, egoístas, erróneos y espirituales. A tra­vés de este centro fluyen la mayor parte de las energías que lo hacen al hombre progresista, porque es ambicioso, egoísta por­que sus deseos personales son para él de importancia, y fluido porque está astralmente polarizado. A través de este centro fluye “la brillante luz generada en la Atlántida” y se hace con­tacto con la luz astral. Por lo tanto es el centro a través del cual trabajan la mayoría de los médium y actúan los clarivi­dentes. Más adelante aprenderán a trabajar como intermedia­rios, empleando sus poderes, consciente e inteligentemente; po­seerán clara percepción, y esto reemplazará a la clarividencia.. Entonces estarán polarizados en el centro ajna. En consecuen­cia, es el centro más perturbador del cuerpo y una de las cau­sas fundamentales de la mayoría de las dolencias estomacales y los malestares vinculados con hígado. Toda la zona ubicada inmediatamente abajo del diafragma se halla en un constante estado de turbulencia, en lo que concierne al hombre común, debido a causas individuales y colectivas.

Es interesante observar aquí, que así como el centro ajna (sín­tesis de las fuerzas de la personalidad, cuando está altamente desa­rrollada) es el gran agente rector y distribuidor, así también el centro plexo solar (síntesis de las energías de la personalidad, cuando posee un desarrollo común, antes del proceso de integración) es un centro recolector de todas las energías inferiores, y finalmente el punto focal para la dirección y distribución de esas energías reunidas -enviándolas entonces a sus centros receptivos superiores:




  1. Las energías del centro plexo solar deben ser dirigidas al centro cardiaco.




  1. Las energías del centro sacro deben ser trasmitidas al centro laríngeo.




  1. Las energías del centro básico, en la columna vertebral, de­ben ser transferidas al centro coronario. Después de la ter­cera iniciación estas energías básicas son elevadas, contro­ladas o distribuidas por un acto de voluntad de la Tríada espiritual. Entonces “la luz generada en Lemuria” (la luz sacra) y “la luz generada en Atlántida” (la luz del plexo solar) desaparecerán y ambos centros serán simples recepto­res de energías espirituales provenientes de lo alto; no po­seerán luz propia directa e inherente; la luz que trasmitirán les llegará de fuentes colectivas, que se hallan en los planos etéricos.

La exteriorización física densa de este centro es el páncreas, con una exteriorización secundaria en el estómago. Existe, en relación con el centro plexo solar, un curioso vínculo simbólico tanto en su forma como en su implicación. Tenemos:


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Aquí aparece nuevamente el tema de un centro de fuerza espiri­tual (porque la fuerza astral es espiritual en esencia) y sus tres manifestaciones. Son tres materializaciones densas, fomentadas y nutridas por las fuerzas y energías del centro plexo solar. He dado aquí un importante dato para quienes están interesados en estudiar la medicina desde el ángulo esotérico; si es correctamente valorado conducirá a la comprensión del arte de la curación. El control del centro plexo solar y la correcta recepción y liberación de las ener­gías enfocadas en ese centro producirá una mayor purificación, un intenso fortalecimiento y la vital protección de los tres órganos vi­tales, situados en esa zona del mecanismo físico humano.
Como anteriormente he puntualizado, este centro es un órgano de síntesis y recoge en sí mismo todas las energías inferiores du­rante cierta etapa del desenvolvimiento superior del ser humano. De hecho, es un instrumento (cuando es correctamente compren­dido y dirigido) para ayudar a integrar la vida de la personalidad. El mayor problema que tiene el hombre altamente desarro­llado, pero sin inclinación espiritual, es el deseo. ¿Cuáles son sus metas? ¿Hacia dónde dirige sus esfuerzos? ¿Cuál es la naturaleza de sus ambiciones? ¿A qué aspira? De acuerdo a la naturaleza de las fuerzas y energías que, por la influencia de su vida mental, ejercen presión sobre el centro plexo solar, decidirá seguir ade­lante por el sendero de luz, permanecer estáticamente autocentra­do o tomar el camino inferior que conduce al oscurecimiento de la luz del alma.
Como hemos visto, los pétalos del centro plexo solar se extien­den hasta el centro cardíaco. En realidad, significa que la energía emocional, el deseo y la ambición (en la totalidad de la raza hu­mana> se esfuerzan hacia arriba para alcanzar el camino superior. Debería observarse aquí que la trasferencia de la energía del plexo solar en sí, es la tarea de todos los aspirantes al Sendero del Disci­pulado en este momento particular, además del gradual despertar del centro cardiaco. Los primeros miembros de la familia humana que adquirirán conciencia de grupo, son lógicamente los aspiran­tes y discípulos, los cuales marcarán el paso para el resto de la humanidad, y lo lograrán por medio de la presión de la vida misma y de las circunstancias, y no por seguir las reglas o meditaciones específicas establecidas. Luego, antes de recibir cierta iniciación mayor, tales reglas y medidas pueden ser aplicadas al iniciado a fin de proporcionar un control inmediato y consciente sobre el cuerpo astral y su punto focal de entrada en el organismo físico, el centro plexo solar, y otra vez en el momento en que se hacen conscientemente ciertas trasferencias mayores, de las cuales tres son de importancia primordial:


  1. Desde los tres centros abajo del diafragma a los centros cardíaco, laríngeo y ajna.

  2. Desde los dos centros arriba del diafragma -los centros cardíaco y laríngeo- al centro ajna y al loto de mil pétalos de la cabeza.

  3. Desde el centro ama al coronario, significando la total unifi­cación de las energías de todo el cuerno etérico en un solo punto focal central de distribución -controlado directamen­te por la Tríada espiritual.

Los procesos comprendidos en esas tres grandes experiencias (cada una precedida por numerosas pruebas y experimentos) ló­gicamente ejercen tensión sobre el cuerpo físico y son la causa de muchos males heredados por los discípulos.


Será evidente, por ejemplo, que la trasferencia de las energías acumuladas en el centro plexo solar al centro cardíaco causará dificultades, frecuentemente muy serias; por tal razón muchas personas de edad avanzada mueren de ataques al corazón. En el largo ciclo de la vida y experiencias del alma esto relativamente es de poca importancia; en el corto ciclo de vida del discípulo indivi­dual es de grandes dificultades y frecuentemente trágico. Análo­gamente, la trasferencia de energías de los cinco centros, a lo largo de la columna vertebral a los centros de la cabeza, acarreará sus propios problemas. La estimulación del centro ajna por el enfoque de estas energías puede conducir a desastrosos problemas sicoló­gicos. Un hombre puede convertirse temporariamente en un maniá­tico egocéntrico (todo es temporario en la larga vida del alma) y llegar a ser un monstruo humano como Hitler y otros de su misma calaña, aunque en menor grado; también puede sufrir violentos ataques epilépticos o afectarle la vista y quedar ciego. Todos estos puntos merecen una cuidadosa reflexión.


  1. El Centro Sacro. Está localizado en la parte inferior de la zona lumbar, siendo muy poderoso, pues controla la vida sexual. Una de las cosas interesantes sobre este centro es que siempre debe seguir siendo un poderoso centro hasta que dos tercios de la humanidad haya recibido la iniciación, porque los proce­sos procreadores deben continuar y estar activos a fin de pro­porcionar cuerpos para las almas que nacen. Pero a medida que la raza progresa, este centro será controlado y sus actividades se llevarán a cabo inteligentemente como resultado del conoci­miento, de la percepción interna y de los contactos sutiles superiores, y no como resultado del deseo ilimitado e incontro­lado, como sucede ahora. No puedo explayarme más sobre esta cuestión, pues el tema es demasiado amplio. Sin embargo, lla­maré la atención sobre lo ya escritos y sugeriré, a quien tenga interés y tiempo, que reúna todo lo dicho en mis libros acerca del tópico del sexo a fin de compaginar un folleto sobre el mismo:




  1. El centro sacro corresponde al sol físico, fuente de vitalidad y agente dador de vida en nuestro planeta.




  1. El simbolismo del centro sacro se relaciona con el período de gestación antes del nacimiento, y por su correcta com­prensión se puede trazar y ampliar la historia de la concep­ción, de la construcción de la forma, ya sea la forma física de un ser humano, de una idea, una organización erigida alrededor de una verdad central, la forma de un planeta o la de un sistema solar. Quizás por sobre todas las cosas sea el centro a través del cual las fuerzas de la IMPERSONALIDAD oportunamente deberán expresarse y resolverse el problema del dualismo. Esta solución e interpretación del símbolo debe provenir del reino de la mente, controlando con ello la reacción física y ocupándose del propósito y no del deseo. Reflexionen sobre esto, y cuando sea así com­prendido, entonces habremos alcanzado esa etapa en que puede tener lugar una gran trasferencia al centro más ele­vado de la creación, el centro laríngeo.




  1. El centro sacro está por lo tanto estrechamente relacionado con la materia, y hay una afluencia de energía entre tres puntos existentes en la parte inferior del cuerpo humano:




  1. El bazo, órgano del prana o la vitalidad física que pro­viene del sol.

  2. El centro sacro, agente que predispone a la procreación física.

  3. El centro en la base de la columna vertebral (hasta no despertar el aspecto voluntad en el hombre) nutre el principio dador de vida, la voluntad de vivir, en todas las partes de la estructura humana.

Éstos crean un gran triángulo de fuerza, relacionado con la materia, la sustancia, la construcción de formas, la creación, la vitalidad y con la persistencia de la forma. Este triángulo es un reflejo de otro superior, compuesto por:




  1. El centro laríngeo, que corresponde al centro sacro.

  2. El cuerpo pituitario, que corresponde al centro esplénico.

  3. La glándula pineal, que corresponde al centro básico.

En la relación de estos dos triángulos reside la clave del instinto de autopreservación, la supervivencia de los cuerpos sutiles después de la muerte, y el principio de la inmorta­lidad asentado en el alma, que funciona cuando la autopre­servación y la supervivencia ya no rigen. Esto constituye una triplicidad de ideas que requiere un cuidadoso estudio y -si puedo expresarlo así- proporciona la clave del movi­miento espiritista.


  1. En último análisis el centro sacro, está también vinculado con el centro ajna; los dos crean una dualidad funcionante, productora de esa cualidad sutil que llamamos personalidad. Tenemos un amplio campo de investigación en el tema de la personalidad integrada como un todo, y en la cualidad de esa personalidad que constituye el aroma, la influencia, el efecto y la radiación de la personalidad. Proporciono estas ideas a los estudiosos, con la esperanza de que se realicen investigaciones que relacionarán este tópico de los centros con los conocidos hechos de la coordinación, la integración y su consiguiente efecto, la grandeza.

Quienes estudian La Doctrina Secreta tienen mucho que des­cubrir acerca de la relación entre los “Señores lunares”, los Barhishad Pitris, y el Señor o Ángel solar. El campo de tra­bajo de los primeros es por excelencia el centro sacro, el del Ángel solar es el centro laríngeo.




  1. El centro sacro registra la energía del tercer aspecto de la divinidad, así como el centro plexo solar registra la del se­gundo aspecto y el centro básico expresa la energía del pri­mer aspecto. Aquí nuevamente tenernos los centros inferio­res, reflejando los centros laríngeo, cardíaco y coronario, completando así las manifestaciones superior e inferior de la divina Trinidad en el hombre. Este centro fue llevado a una plena actividad funcionante en la antigua lemuria, la primera raza humana: su energía es la del Espíritu Santo, in­fluyendo a la sustancia virgen. Aquí nuevamente hallamos otra reflexión divina en lo siguiente:

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Oportunamente, en el Divino Hermafrodita (que aparecerá más tarde), tendremos otra combinación:
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Nuevamente observarán cómo la Ciencia de los Triángulos rige la estructura humana en todos sus aspectos, y también la de un sistema solar. Esto es de esperarse.


  1. La exteriorización física densa de este centro puede hallarse en las gónadas, los órganos humanos de procreación, con­siderándolos como una unidad básica, aunque temporariamente separada de la actual expresión dualista del ser hu­mano. Debe recordarse que esta separación fomenta un po­deroso impulso hacia la fusión, y a esto lo denominamos sexo. En realidad el sexo es el instinto de unión: ante todo, la unión física. Es el innato (aunque mal entendido) prin­cipio del misticismo, nombre que aplicamos al anhelo de unión con lo divino. Sucede como con todo aquello que el hombre no desarrollado ha tocado; hemos pervertido y dis­torsionado una idea divina y prostituído un anhelo inmate­rial por un deseo material. Hemos revertido la dirección de la energía sacra y a ello se debe el superdesarrollo de la naturaleza animal y las funciones de la humanidad común.

Lógicamente mucho más podría agregar a lo anterior, pero el tema requeriría un cuidadoso análisis, dilucidación y fraseología que el tiempo no lo permite, o no podría mantenerse la continui­dad establecida para este tratado.


Tampoco puedo decir mucho referente al centro de la base de la columna vertebral. Sin embargo, antes de dar cualquier posi­ble información fructífera, quisiera decir que el diagrama de la pagina 126 representa el punto de evolución alcanzado por un dis­cípulo y no por un iniciado avanzado. No es tampoco la descrip­ción del ser humano común. Lo indica el hecho de que el reflejo en la cabeza del centro cardíaco, se está dando vuelta hacia arriba, en respuesta a la creciente actividad del centro cardíaco, y que el centro ajna está clara y exactamente definido, demostrando una personalidad integrada y coordinada. Por lo tanto no es el diagrama de los centros de una persona común o no evolucionada. Estos diagramas sólo pueden describir un punto de culminación, pero debe recordarse que tales puntos no son realizaciones está­ticas, sino que están precedidos por fases y etapas de actividad que producen constantemente resultados cambiantes y aspectos variables de los centros; éstos a su vez son precedidos por otros ciclos de movimiento, de cambio y de una renovada liberación de energías. Los efectos de las causas que subyacen profundamente se convierten ellos mismos en causas, pues en el ciclo de mani­festación no existe nada estático, fijo o determinado. Esto es algo muy importante. En consecuencia, no se dejen engañar por los momentos aparentes de realización, sólo son preludios para el cam­bio, pues tal es la Ley del Ser.


  1. El Centro en la Base de la Columna Vertebral. Este centro, ante todo está controlado y regido por la Ley del Ser, ya men­cionada, y rige cuando el espíritu y la materia se unen, y la materia, la Virgen María -bajo la influencia del Espíritu San­to, la energía del vehículo etérico-, es trasladada “al Cielo”, donde (tal como lo expresa la fraseología cristiana) “se sen­tará al lado de su Hijo en el hogar del Padre”.

Este centro está ubicado en la base misma de la columna ver­tebral y sostiene a los demás centros. En la época actual se halla relativamente pasivo, porque sólo entra en plena actividad, por un acto de la voluntad, dirigida y controlada, del iniciado. Responde únicamente al aspecto voluntad y, durante la encarnación, la voluntad de ser constituye el factor que en la actualidad controla su vida y produce sus efectos cuando nutre y dirige el principio vida de la materia y la forma. De la misma manera en que el prin­cipio vida está “situado en el corazón”, también la voluntad de ser está situada en la base de la columna. Se han dicho muchas y peligrosas cosas vanas acerca de este centro, y todo el tema del “fuego kundalínico” ha demostrado ser una fábula fantástica y atrayente para los seudocultistas del mundo. El verdadero ocultista en entrenamiento nada tiene que hacer con el fuego kundalínico, como comúnmente se lo entiende. Sólo puedo aclarar ciertos hechos y al mismo tiempo debo abstenerme de indicar modos y métodos para despertar la actividad de dicho centro, debido al extremo peligro que involucra cualquier trabajo prematuro sobre este cen­tro básico. Lo único que puedo hacer es exponer una serie de observaciones que las comprenderán correctamente aquellos que conocen (y son muy pocos y raros), lo cual ayudará a pensar a quienes están en entrenamiento, y les dará un cuadro más com­pleto que protegerá del desastre al ignorante. Haré estas observa­ciones lo más clara y brevemente posible, pero prácticamente no daré explicación alguna al margen.




  1. Este centro básico, es el punto donde, de acuerdo a la ley evo­lutiva, se unen el espíritu y la materia, y la vida se relaciona con la forma.




  1. Es el centro donde el dualismo esencial de la divinidad ma­nifestada -el hombre o Logos planetario- se une y produce la forma.




  1. La naturaleza de esta divinidad es solamente revelada cuando el segundo aspecto ha completado su trabajo por medio del tercer aspecto, pero bajo la voluntad rectora del primer aspecto.




  1. Es el centro donde la “serpiente de Dios” experimenta dos transformaciones:




  1. La serpiente de la materia permanece arrollada.

  2. Dicha serpiente es trasformada en la serpiente de la sa­biduría.

  3. La serpiente de sabiduría es trasladada y se convierte en el “dragón de luz viviente”.




  1. Estas tres etapas están nutridas por la vida y la energía que afluye y desciende a través de toda la columna vertebral, por intermedio de la analogía etérica del cordón vertical, y -en tiempo y espacio- este descenso (además de la simultánea elevación de la vida) produce:




  1. El despertar gradual y ordenado de los centros, de acuer­do al tipo de rayo.

  2. La reversión de los centros a fin de que la conciencia del hombre que mora internamente sea adecuada a su medio ambiente.

  3. La síntesis de las energías de la vida de todos los centros y su adecuación a las demandas del iniciado y al servicio de la Jerarquía y de la Humanidad.




  1. La columna vertebral (desde el ángulo de las ciencias esoté­ricas) alberga un triple hilo. Es la exteriorización del anta­karana, compuesto por el propio antakarana, el sutratma o hilo de vida y el hilo creador. Este triple hilo dentro de la columna vertebral está compuesto por lo tanto de tres hilos de energía, los cuales han abierto para sí, en la sustancia den­tro de la columna, un “triple camino de entrada y de salida”. A éstos se los denomina en terminología hindú: los senderos de ida, pingala y sushumna, y juntos constituyen el sendero de vida para el hombre individual, entrando en actividad en for­ma secuencial y de acuerdo al tipo de rayo y etapa de evolu­ción. El sendero de sushumna sólo es empleado en forma co­rrecta y sin peligro, cuando se ha construido el antakarana y la Mónada y la Personalidad se relacionan, aunque sólo sea mediante un hilo muy tenue. Por lo tanto la Mónada, el Padre, el aspecto voluntad, puede llegar a la personalidad en forma directa y despertar el centro básico, y con ello fusionar, unificar y elevar los tres fuegos.




  1. Por uno de estos senderos afluye la energía que nutre a la materia. Otro está relacionado con el sendero de la conciencia y al desarrollo síquico sensorio. El tercero es el sendero del espíritu puro. Así en cada forma viviente se lleva a cabo el trabajo del Padre, de la Madre y del Hijo. Vida-conciencia-forma y vida-cualidad-apariencia se fusionan, y el mecanismo de respuesta del hombre divino es perfecto, permitiéndole al hombre hacer contacto y reconocer eventualmente los aspectos divinos mayores en los reinos de la naturaleza, en el planeta y en el sistema solar.

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No se engañen y sitúen estas esferas entrelazadas de energía viviente a la derecha o a la izquierda de la columna vertebral, pues siempre tiene lugar un constante movimiento, interacción y reversión. Sólo puedo representar un símbolo que indica el sendero especial de las tres energías de la divina Trinidad. No indico un lugar o ubicación real porque la materialización y la ubicación de este concepto principal ha producido situacio­nes peligrosas. El estudiante iniciado trata de captar la relación de las tres energías básicas, los tres senderos del fuego viviente, su relación e interrelación y polarización secuencial. No trata de ajustar la enseñanza a puntos, líneas y lugar, hasta el momento en que estos términos signifiquen poco para él y posea más conocimiento.


  1. Estos tres senderos de vida son los canales para el fuego eléc­trico, fuego solar y fuego por fricción, y debido a su utilización están relacionados con las tres etapas del sendero de evolu­ción: el sendero de evolución que corresponde a las primeras etapas materiales; el Sendero de Probación, las primeras eta­pas del Sendero del Discipulado hasta la tercera iniciación, y el Sendero de Iniciación.




  1. El fuego kundalini, sobre el cual tanto se ha enseñado y escrito en Oriente y cada vez más en Occidente, en realidad es la unión de los tres fuegos, enfocados en el centro básico, por un acto de la voluntad iluminada, impulsada por el amor. Estos fuegos unificados son elevados mediante el empleo de la Pa­labra de Poder (emitida por la voluntad de la Mónada), y llega a integrarse y vivificarse por la autoridad conjunta del alma y la personalidad. Por lo tanto, cuando el ser humano llega a hacer esto con plena conciencia, es un iniciado que ha pasado la tercera iniciación. Sólo él puede sin peligro elevar este tri­ple fuego desde la base de la columna vertebral al centro coronario.




  1. De acuerdo a la interpretación común de los esoteristas igno­rantes en los diversos grupos ocultistas, el fuego kundalini es algo que debe ser “elevado”, y cuando se logra, entonces todos los centros entran en actividad funcionante y los canales, hacia arriba y hacia abajo de la columna vertebral, quedarán libres de toda obstrucción. Esta es una peligrosa generaliza­ción y lo contrario de la realidad. El fuego kundalini podrá ser elevado y ascendido hacia el cielo cuando todos los cen­tros hayan despertado y los canales de la columna vertebral no estén obstruidos. La remoción de las obstrucciones es el resultado de la vivencia de los centros individuales que, de­bido a la potencia de su vida, son por sí mismos eficaces para destruir todo impedimento y obstrucción. También pueden “quemar” todo lo que impide su radiación. Lo que general­mente sucede en esos casos accidentales (que producen tanto daño) es que el aspirante, debido a su curiosidad ignorante y por un esfuerzo de la mente (no de la voluntad espiritual, sino estrictamente como una expresión de la voluntad de la personalidad), logra despertar el inferior de los tres fuegos, el fuego de la materia, el fuego por fricción, lo cual quema y destruye prematuramente la red etérica del cuerpo etérico. Esos discos o redes circulares se hallan entre cada par de centros a lo largo de la columna vertebral y también en la cabeza. Generalmente son disipados por la pureza de vida, la disciplina de las emociones y el desarrollo de la voluntad espiritual.

Existen cuatro redes. Cuando la cuádruple personalidad está altamente desarrollada y el centro ajna va despertando, en­tonces estas redes desaparecen lenta y gradualmente, normal y automáticamente. Las redes de la cabeza son de calidad su­perior y biseccionan el cráneo, horizontal y verticalmente. De esta manera simbolizan la Cruz sobre la cual es crucificado el Hijo de Dios.


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  1. Los tres canales a lo largo de la columna responden totalmen­te a los tres centros mayores:




  1. Al centro plexo solar, proporcionando el impulso del deseo y nutriendo la vida física y el anhelo creador.

  2. Al centro cardíaco, proporcionando el impulso de amar y el contacto consciente con zonas cada vez más amplias de la expresión divina.

  3. Al centro coronario, proporcionando el impulso dinámico de la voluntad de vivir.

No indico el canal que responde a un centro, excepto en el caso del canal sushuma que responde únicamente a la ener­gía del centro coronario y a la voluntad rectora, centrada en el loto de 1000 pétalos. Esto puede ser expuesto sin peligro porque la voluntad espiritual está muy poco desarrollada en quienes buscan despertar el kundalini. Cuando haya desper­tado, sabrán qué deben hacer sin correr riesgos.




  1. Los tres centros de la cabeza están también relacionados con este triple canal:




  1. La zona de la médula oblongada (el centro alta mayor) y la glándula carótida.

  2. El centro ajna y el cuerpo pituitario.

  3. El loto de mil pétalos y la glándula pineal.

Los estudiantes hallarán interesante relacionar estas triplici­dades con los tres rayos mayores:




  1. el primer rayo de voluntad o poder,

  2. el segundo rayo de amor-sabiduría,

  3. el tercer rayo de inteligencia activa,

y también con las tres razas humanas, las cuales poseen el poder de desarrollar la simiente de esos aspectos divinos: las razas lemuria, atlante y aria. Éstas pueden vincularse, como simiente, a las dos razas finales ya mencionadas, que fusiona­rán y sintetizarán, en una perfecta vida planetaria, todos los poderes, cualidades, realizaciones y metas.


Otra síntesis es también posible y de importancia:


  1. Sendero de evolución Centros abajo del diafragma

  2. Sendero del discipulado Centros arriba del diafragma

  3. Sendero de iniciación Centros en la cabeza

Dichos grupos y triplicidades están todos relacionados en tiempo y espacio con el triple cordón vertebral.




  1. Tenemos -también en relación con los mencionados cinco pun­tos de síntesis que se hallan en el cuerpo- un punto culmi­nante de completa fusión. Los enumeraré correlativamente de acuerdo a la secuencia de su trabajo de fusión:




  1. El centro plexo solar, fusionando los centros de abajo del diafragma.

  2. El centro ajna, fusionando los centros de arriba y abajo del diafragma.

  3. La base de la columna vertebral, fusionando a los seis cen­tros.

  4. El loto de 1000 pétalos de la cabeza, fusionando las siete energías.

Tengan presente, en relación con lo antedicho, que tratamos totalmente con fuerzas y energías, funcionando a través del cuerpo etérico; que nos ocupamos del mundo terciario de las causas, responsable del mundo orgánico de la manifestación física densa. Esta manifestación física está sujeta a la influen­cia del mundo secundario de la vida consciente, que a su vez responde en tiempo y espacio al mundo dinámico del propó­sito y del Ser.


En mis palabras reside oculta la clave de la vida plena del alma, pero es necesario Nevar una vida dedicada y una mente iluminada para aprovechar el conocimiento impartido y ver detrás de las palabras el pensamiento clave que le da vida y -hablando ocultamente- calor generador.
Tengan claros en la mente los conceptos de estimulación o ca­rencia de estímulo, de interacción o de separatividad, de pasividad o de actividad, porque en estas dualidades radican las causas de la salud o de la enfermedad.


El Cuerpo Etérico, los Sistemas Nervioso y Endocrino

Lo que ahora diré está basado sobre ciertos comentarios expre­sados en páginas anteriores, donde señalé que




  1. el cuerpo etérico,

  2. el sistema nervioso y

  3. el sistema endocrino

están estrechamente “relacionados entre sí y constituyen un di­rectorio entrelazado de energías y fuerzas esencialmente vitales, energetizantes, dinámicas y creadoras..., dependiendo de ellas la salud interna del cuerpo”. Agregué a éstas la corriente sanguínea como distribuidora por todo el cuerpo de




  1. el principio Vida,

  2. las energías combinadas de los tres sistemas mencionados, y puntualicé que la gran combinación de fuerzas que llamamos pares de opuestos o dualidades mayores, rige las causas fundamentales de la salud y de la enfermedad. Al hacer estas observa­ciones trato de llevar el tema a una máxima simplicidad, aunque se pierde así algo de la verdad, no obstante es esencial que sean captadas por el estudiante algunas amplias generalizaciones antes de abocarse al estudio de las excepciones y ocuparse de las menu­dencias y detalles de los defectos corpóreos o sus opuestos.

Ha llegado a ser una verdad muy conocida para los estudiantes de ocultismo, que el cuerpo etérico condiciona, controla y deter­mina la expresión de la vida del individuo encarnado. Otra verdad es que el cuerpo etérico transporta las fuerzas de la personalidad por medio de los centros, energetizando así al cuerpo físico para entrar en actividad. Estas fuerzas, encarriladas a través de los centros, corresponden a toda la personalidad integrada, o simple­mente a las fuerzas del cuerpo astral o emocional, y también del mental; trasmiten además la fuerza del rayo de la personalidad o la energía del rayo del alma, de acuerdo al grado de evolución alcanzado por el hombre. El cuerpo físico, por lo tanto, no es un principio. Está condicionado pero no condiciona -algo frecuente­mente olvidado. Es la víctima de la vida de la personalidad o la expresión triunfante de la energía del alma. Ésta es la razón de por qué la ciencia de la sicología dominará a la moderna ciencia médica, durante los dos próximos siglos, excepto en lo que res­pecta a esas enfermedades de las que nos ocuparemos en otra parte de este tratado, esas que emanan de la vida grupal, tales como la tuberculosis, las enfermedades venéreas y el cáncer. Hasta que la raza no llegue a tener más definidamente conciencia de grupo (al­go que aún está muy distante) no será posible aplicar amplias generalizaciones sicológicas a las enfermedades naturales de nues­tro planeta. Sin embargo, podemos considerar el manejo de di­ficultades similares que surgen en el ente individual; ellas están basadas en el conflicto de los pares de opuestos y en la desarmonía que prevalece en los tres sistemas mayores rectores vinculadores.


Por consiguiente tienen que recordar tres sistemas, y un agen­te portador o trasportador, más el hecho básico oculto de que ciertas grandes energías opuestas, actuando dentro del cuerpo, producen lo que llamamos enfermedad. A estos factores agregaría otra correlación necesaria, recordándoles que nos ocupamos de formas de vida, y que todas ellas son creadoras dentro de sí mismas y pueden potencialmente crear más formas o propor­cionar el medio ambiente donde dichas formas pueden vivir. Observen este modo de expresar una verdad fundamental. La base de toda enseñanza oculta, respecto a la manifestación, consiste en que las fuerzas constructoras existen y que esta afirmación es ver­dadera, ya se trate de la Vida de un sistema solar o únicamente de la conciencia de ese cuerpo en el cual el ser humano se mueve y vive -en líneas sensatas o insensatas; nos referimos al cuerpo del mundo donde reside el ser humano. Debido a esto enfrentamos otra gran Ley natural que puede ser expresada, en forma sen­cilla, de la manera siguiente:


LEY VI



Cuando Las energías constructoras del alma están activas en el cuerpo, entonces hay salud, amplia interacción, pura y correcta actividad. Cuando los constructores son los señores lunares y los que trabajan controlados por la Luna, a las ordenes del yo personal inferior, entonces hay enfermedad, mala salud y muerte.
Esta regla es muy sencilla, pero da la clave de las causas de la enfermedad y la razón de una establecida inmortalidad; será entendida con gran claridad y comprensión dentro de pocos años, y reemplazará a infundados y falsos sistemas idealistas denomina­dos Unity, Mental Science y Christian Science. Estos sistemas pre­sentan como posibilidades inmediatas y demostrables, la intención de la liberación de las limitaciones naturales y materiales que hoy controlan todas las formas, ignoran el factor tiempo y pasan por alto los procesos evolutivos y también el punto de desarrollo de la persona implicada; su posición está basada en el deseo, ansioso e innato del ser humano común, de comodidad y armonía física, disimulando el innato egoísmo de su presentación de la verdad con el concepto de que todo es para la eterna gloria de Dios. Indu­dablemente, desaparecerán las enfermedades y los impedimentos físicos de cualquier tipo, pero esto sólo sucederá cuando el alma del individuo controle, y el yo personal inferior se convierta en un autómata del alma, tal como el cuerpo físico es en la actualidad el autómata de la naturaleza emocional, de la mente y, ocasional­mente (y sólo muy ocasionalmente para la mayoría de las perso­nas), del alma.
Sólo cuando el alma, consciente y en colaboración con la per­sonalidad, construya el templo del cuerpo y luego lo mantenga totalmente iluminado, desaparecerán las enfermedades; esta cons­trucción sin embargo es un proceso científico, y en las primeras etapas del discipulado (o sea el momento en que el alma comienza a aferrarse a su instrumento, la personalidad) conduce inevitablemente al conflicto, a una creciente tensión, y frecuentemente se agravan las enfermedades y la desarmonía. Esta desarmonía y en­fermedad conduce necesariamente a dificultades y sus consiguien­tes efectos indeseables, que serán superados, pero -durante este reajuste- mientras se registran y expresan, habrá mucha angus­tia física y sicológica y grandes dificultades, mayores y menores, que la humanidad parece haber heredado.
En la humanidad poco evolucionada, el conflicto (desde el ángu­lo de la conciencia) es prácticamente nulo, porque es menos sus­ceptible a las enfermedades sutiles que emanan de los tres sistemas vinculadores, pero al mismo tiempo responde mayormente a las tres enfermedades naturales, a las infecciosas y contagiosas y a las grandes epidemias que azotan naciones y grandes zonas planetarias. A medida que la humanidad va evolucionando, las enfer­medades se hacen más personales (si puedo expresarlo así) y no están tan definidamente relacionadas con el rebaño o la masa. Las enfermedades tienen su origen dentro de las personas mismas y aunque pueden estar relacionadas con las enfermedades de las masas, se fundamentan en causas individuales.
Cuando un hombre sale de la masa común y entra en el sendero de probación, llegando así a ser un aspirante al discipulado, en­tonces las enfermedades de la carne y la desarmonía de su triple sistema, además de la corriente transportadora, constituyen un problema consciente que el mismo aspirante debe resolver; esto le revelará la necesidad de construir en forma consciente y creadora.
La doctrina de la reencarnación adquiere aquí gran valor; el discípulo comenzará a establecer esas condiciones, a crear esas formas y a construir esos vehículos que, en otra vida, le serán más apropiados y el alma podrá controlarlos, convirtiéndose en instrumentos más adecuados para llevar adelante el proceso del perfeccionamiento que el alma demanda. Señalaré que el discí­pulo no se concentra en ningún momento sobre el cuerpo físico ni trabaja físicamente para eliminar las enfermedades o la desarmo­nía. Comienza con la sicología que el alma enseña, empezando por las causas que producen efectos en el plano físico. Es un pro­ceso más lento pero perdurable. Gran parte de los sistemas de extremada autosugestión, vinculados a la Christian Science y la Unity, tienen sólo efectos temporarios y están basados en un pro­ceso científico de supresión y negación de los factores existentes. No están basados en la verdad. En una vida posterior esa supresión surgirá nuevamente con mayor potencia y continuará acrecentán­dose hasta quedar totalmente ignorada, poniéndose el énfasis de la vida sobre el contacto con el alma, y la presión de la misma se exteriorizará en servicio a los demás.
Referente a la enfermedad física y su relación con los centros (considerándolos como puntos focales para las energías que llegan de cualquier fuente) seria de utilidad que hiciera ciertas amplias generalizaciones, recordando que en ellas puede haber excepcio­nes, particularmente en lo que respecta a la buena o mala salud de los discípulos.


  1. Cada uno de los siete centro mayores rigen o condicionan -desde el ángulo de la materia lo mismo que del alma y del principio vida- la zona del cuerpo físico donde están ubicados cada uno, incluyendo la multitud de centros menores de energía y plexos de fuerza que pueden existir allí.




  1. Las tres grandes y básicas divisiones manifestadas de la divinidad, se hallan simbólicamente presentes en cada centro:




  1. El principio vida, el primer aspecto, aparece cuando todo el centro se ha desplegado o despertado esotéricamente. Siempre está presente en latencia, pero no es un factor dinámico que produce un estímulo monádico hasta finalizar el gran ciclo de evolución.




  1. La cualidad o aspecto del alma aparece gradualmente en el proceso del desenvolvimiento evolutivo y produce, en tiempo y espacio, el efecto definido que el centro ejerce sobre su medio ambiente. Esta cualidad depende del rayo (ya sea de la personalidad o del alma) que ori­gina la energía entrante, o del rayo que rige al cuerpo astral, en el caso de una persona poco evolucionada) y también del grado de evolución y de la influencia radia­toria de otros centros.




  1. La aparición en el cuerpo etérico de un centro desarro­llado o en desarrollo, indica el lugar que ocupa el hombre en la escala de evolución, su afiliación racial y su meta consciente; esta última puede abarcar desde el énfasis puesto sobre la vida sexual y la consiguiente actividad del centro sacro, hasta la meta del iniciado, que pone en actividad el centro coronario. Todo esto produce el con­siguiente efecto sobre el tejido circundante, la sustancia y las formas orgánicas dentro del radio de influencia del centro. La zona de influencia varía de acuerdo a la acti­vidad del centro y éste depende del grado evolutivo alcanzado por el individuo y del preponderante tipo de energía al cual él reacciona.




  1. La energía entrante se trasmuta en fuerzas dentro del cen­tro. Esto implica un proceso de diferenciación, donde la energía primaría involucrada se convierte en energías secundarias, suce­diendo automáticamente; la rapidez del proceso de transmutación, la potencia de la resultante acumulación de fuerzas y la actividad radiatoria (que produce resultados condicionantes en el cuerpo físico denso) dependen del grado de desarrollo del centro particu­lar implicado y si está despierto o no.




  1. Las fuerzas salientes de un centro actúan sobre la contraparte etérica de toda la intrincada red de nervios que constituyen el sistema nervioso. Estas contrapartes, de idénticas analogías sub­jetivas, se denominan “nadis” en la filosofía hindú; constituyen una compleja y muy extensa red de energías fluídicas, un sistema intangible interno, paralelamente al de los nervios corpóreos, el cual es la exteriorización de un canon interno de energías. No existe todavía un término en ningún idioma para la antigua pala­bra “nadis’ debido a que la existencia de este sistema subjetivo aun no ha sido reconocida, y en Occidente prevalece el concepto materialista de los nervios como un sistema creado en respuesta a un ambiente tangible. El concepto de que estos nervios son el resultado físico denso de un mecanismo interno y sensible de res­puesta, es todavía muy indefinido y no ha sido reconocido por la moderna ciencia occidental. Cuando esta sustancia sutil (compues­ta de hilos de energía) sea reconocida como subyacente en los nervios tangibles, habremos progresado en nuestro acercamiento al problema de la salud y de la enfermedad, acercándonos más al mundo de las causas. Esta red de nadis forma un canon definido de vida que varía de acuerdo al rayo de la personalidad.




  1. Los nadis determinan por lo tanto la naturaleza y la cuali­dad del sistema nervioso Con sus extensas redes de nervios y ple­xos que abarcan todo el cuerpo físico. Los nadis y, por consiguiente, la red de nervios, están principalmente relacionados con dos aspectos del equipo físico del hombre -los siete centros mayores del cuerpo etérico (el cuerpo sustancial que subyace en el cuerpo físico denso) y la columna vertebral con la cabeza. Debe recor­darse que el cuerpo etérico es un cuerpo físico, aunque compuesto de materia más sutil que la que podemos ver y tocar. Esta hecho de sustancia o de aquello que “subyace” o fundamenta cada parte y partícula del vehículo físico denso. Esto más adelante recibirá la atención de los curadores y médicos iluminados de la nueva era. Cuando se reconozca la relación que existe entre los nadis y los nervios, conjuntamente con los centros y la columna vertebral, entonces se producirá una gran revolución en los métodos médicos y psiquiátricos. La experiencia demostrará que cuando se logre una interacción más estrecha entre ambos -los nadis y los nervios- se controlará más rápidamente la enfermedad.




  1. Los nadis en el cuerpo físico corresponden a la vida o aspec­to espíritu; los nervios son la analogía del alma o aspecto cualidad. Lo que se demuestra como su exteriorización conjunta es el sis­tema endocrino que corresponde a la forma o aspecto materia. Los tres -nadis, sistema nervioso y glándulas- son las analogías materiales de los tres aspectos divinos; responden esotéricamente a estos tres aspectos y hacen que el hombre, en el plano físico, sea lo que es. Los tres están también condicionados (por conducto de los siete centros, como ya hemos visto) por los vehículos astral o mental, o por la personalidad integrada, o por el alma que co­mienza a utilizar la personalidad como agente transmisor y tras­mutador y -al finalizar el sendero del discipulado- por la Mó­nada, vía el antakarana, empleando este sendero autocreado como un canal directo de comunicación con los siete centros y de allí con el triple sistema de nadis, nervios y glándulas.




  1. Estos tres sistemas mayores dentro del ser humano, expre­san, por medio del cuerpo físico, la condición o grado de desarrollo de los centros. La vida, la cualidad y la energía que representan, son distribuidas por todo el vehículo físico mediante la corriente sanguínea. La ciencia moderna ya está reconociéndolo como una realidad, lo cual indica que la corriente sanguínea distribuye cier­tos elementos liberados por las glándulas. Aún no reconoce el hecho de la relación que existe entre las glándulas y los centros, con el sistema intermedio de nadis y nervios. El próximo gran paso que dará la medicina será el reconocimiento de la realidad del cuerpo etérico, sustancia física que subyace en la materia densa.




  1. Cuando los centros despiertan en el cuerpo, aparece enton­ces un sistema nervioso altamente eléctrico que responde inmediatamente a la energía conducida por los nadis, cuyo resultado será un sistema endocrino bien equilibrado. La vitalidad y la vida que afluirá a través del cuerpo será entonces tan poderosa que automáticamente el cuerpo físico quedará inmune a las enfermeda­des, ya sean innatas, hereditarias o de origen grupal. Con estas palabras expreso una probabilidad futura y no una posibilidad in­mediata. Algún día el hombre coordinará perfectamente los tres sistemas, que responderán físicamente al Canon interno de nadis y centros, y se integrará conscientemente con el alma, y más tarde -por medio del antakarana- con el principio Vida.




  1. En la actualidad hay un desarrollo desparejo y algunos cen­tros aún no han despertado, otros están sobrestimulados y los centros de abajo del diafragma sobreactivados; en consecuencia tenemos zonas enteras del cuerpo en que los nadis están en estado embrionario, en otras en que están altamente energetizados, pero sus emanaciones detenidas por algún centro que en el trayecto de su actividad aún no ha despertado o -si lo está- todavía no es irradiante. Estas condiciones desparejas producen poderosos efec­tos sobre el sistema nervioso y las glándulas, conduciendo en algu­nos casos al sobrestímulo, y en otros a condiciones subnormales, falta de vitalidad, hiperactividad y otras reacciones indeseables que producen inevitablemente enfermedad. Tales enfermedades surgen dentro del cuerpo mismo, como resultado de las tenden­cias hereditarias inherentes (o debería decir nativas) o predis­posiciones existentes en el tejido corpóreo, o aparecen como resul­tado de la irradiación o no irradiación de los centros, que actúan a través de los nadis; pueden también originarse como resultado de los impactos o contactos externos (tales como enfermedades infecciosas o contagiosas, y epidemias). El sujeto es incapaz de resistirlas debido a que sus centros no están desarrollados.




  1. Resumiendo: Enfermedad, incapacidad física de todo tipo (lógicamente exceptuando las que se deben a accidentes y, en cierta medida, a condiciones planetarias que provocan epidemias de naturaleza peculiarmente virulenta, como las producidas fre­cuentemente por la guerra) y los numerosos y diversos aspectos de la mala salud, pueden atribuirse directamente a la condición de los centros, pues ellos determinan la actividad o la pasividad de los nadis, que a su vez afectan al sistema nervioso, haciendo que el sistema endocrino sea lo que es en el individuo, y la corrien­te sanguínea la responsable de distribuir esta condición a todas las partes del cuerpo.

Efectos Producidos en Zonas Especificas

Consideraremos ahora algunos de los efectos resultantes de los hechos mencionados, en las zonas regidas por los centros donde aparecen las enfermedades.


Será evidente que a medida que la energía afluye a través de los centros, vía los nadis y los nervios, afectando poderosamente al sistema glandular y a la corriente sanguínea, las zonas del cuer­po quedan involucradas vitalmente y responden a la energía. Esto abarca por supuesto la cabeza, la garganta y el torso. La energía que así afluye penetra en todas las partes del vehículo físico, en todo órgano y en cada célula y átomo. La actuación de la cualidad de la energía sobre el cuerpo induce a la enfermedad, y la estimula, cura o alivia. No me refiero aquí a las tres principales enfer­medades nativas (si puedo denominarlas así), cáncer, sífilis y tu­berculosis. De ellas me ocuparé más tarde porque son de alcance planetario, presentes en la sustancia de la cual están hechas todas las formas y responsables de producir una hueste de enfermeda­des menores, que a veces se las reconoce como afines, aunque frecuentemente no son conocidas como tales.
Esas enfermedades que superficialmente se las denomina men­tales, relacionadas con el cerebro, son poco comprendidas aún. Muy pocas enfermedades mentales hubo en la última raza raíz atlante; la naturaleza mental era entonces pasiva y muy poco estímulo lle­gaba de los niveles mentales vía el centro coronario, a la glándula pineal y al cerebro. Casi no existían enfermedades de los ojos ni nasales, pues el centro ajna aún no había despertado y el tercer ojo estaba rápidamente entrando en inactividad. El centro ajna es el órgano de la personalidad integrada, el instrumento de direc­ción íntimamente relacionado con el cuerpo pituitario y los dos ojos, lo mismo que con toda la zona frontal de la cabeza. En la época atlante, la integración de la personalidad era casi descono­cida, excepto en los casos de los discípulos e iniciados, y en aquel entonces la meta del iniciado y el signo de su realización era esta triple integración. Hoy la meta consiste en una fusión superior -la del alma y la personalidad. Hablando en términos de energía, esto implica la formación y la actividad e interacción relacionadas, de los siguientes triángulos de fuerza:


  1. 1. El alma, el hombre espiritual en su propio plano.

2. La personalidad, el triple hombre integrado, en los tres mundos.

3. El centro coronario.




  1. 1. El centro coronario, el punto de la segunda fusión.

2. El centro ajna, el punto de la primera fusión.

3. El centro de la médula oblongada, controlando la colum­na vertebral.




  1. 1. La glándula pineal, la exteriorización del centro corona­rio.

2. El cuerpo pituitario relacionado con el centro ajna.

3. La glándula carótida, la exteriorización del tercer centro que existe en la cabeza.


Todas estas triplicidades, dentro de la circunferencia de la cabeza. constituyen el mecanismo a través del cual:


  1. El alma controla su instrumento, la personalidad.

  2. La personalidad dirige las actividades del cuerpo físico.

La columna vertebral (esotéricamente, los canales ida, pingala y sushumna), los dos ojos y todo el tejido cerebral son o no recepto­res de estas energías de la cabeza y están estimulados por ellas. En caso de no ser receptivos, toda la zona entra en un estado de pasividad, hablando espiritualmente, y el foco de energía reside en otra parte.


La deficiencia o estimulación. si está desequilibrada o es mal aplicada, producirá un tipo definido de perturbación, frecuente­mente de naturaleza fisiológica y sicológica; en nuestra era aria veremos el acrecentamiento de las enfermedades del cerebro (un acrecentamiento constante de desequilibrio mental), dificultades de la vista, hasta que la naturaleza de los centros y el tipo de las fuerzas entrantes y su regulación sean reconocidos y cuidadosa y científicamente estudiados. Entonces veremos desarrollarse la cien­cia de la regulación de la energía, pues condiciona al ser humano. Mientras tanto existen muchas dificultades en todas partes, acrecentándose las enfermedades mentales, las condiciones neuróticas, la demencia y, quizás prevalezca más, el desequilibrio glandular. Hasta la fecha poco se conoce en Occidente acerca de los métodos de control o curación, y en Oriente, donde existe algún conoci­miento, poco se hace debido a la apatía reinante.
La columna vertebral está principalmente destinada a ser el ca­nal a través del cual la energetización de los centros y la distribu­ción de la energía, a las zonas circundantes del cuerpo, es llevada a cabo por la inteligente e integrada personalidad, actuando bajo la consciente dirección del alma. No me refiero aquí a la estructura ósea de la columna vertebral sino al cordón, su contraparte esoté­rica, y a los nervios que surgen de ella. Hoy no existe este planeado y dirigido control esotérico de la energía, excepto en el caso de aquellos que poseen conciencia iniciática y en el de ciertos discípulos avanzados. Tenemos inhibiciones obstaculizaciones, zonas inactivas, vitalidad deficiente, circulación deficiente y la consi­guiente falta de desarrollo dentro del hombre integro, o si no, hay demasiada estimulación, una actividad vibratoria excesivamente rápida, un prematuro despertar de los Centros que conduce a la hiperactividad de los átomos y las células, regidos por un centro determinado. Estas condiciones conjuntamente con otras no mencionadas, afectan el sistema nervioso, condicionan las glándulas y producen dificultades y enfermedades sicológicas de cualquier tipo. A continuación se da un sencillo diagrama, aunque sugestivo y simbólico, de la columna vertebral y la cabeza, considerados ambos desde el ángulo de los centros y las glándulas:
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Observarán que el bazo no ha sido incluido en este diagrama. Su función es muy peculiar, siendo el centro de la vitalidad, en relación a la actividad planetaria y a la radiación proveniente del Sol. No está controlado en forma alguna desde la columna verte­bral. Debe tenerse en cuenta que este diagrama es sólo un esfuerzo para relacionar en forma gráfica los centros, las glándulas que éstos condicionan, y los órganos que son afectos por ambos. No tiene la intención de ser una verdadera representación de alguna relación orgánica fisiológica.
El centro en la base de la columna vertebral tiene una excep­cional función, y es la fuente de vida de la sustancia del cuerpo, los tejidos físicos y toda materia que no esté incluida en los órganos mencionados. En el hombre perfecto los dos centros (el superior de la cabeza y el básico) representan la gran dualidad espíritu y materia, y gobiernan y controlan en perfecta armonía la total orientación del vehículo del alma. Finalmente, el aspecto espiri­tual del ser humano se expresará perfectamente a través de la relación mónada y personalidad (la cual se logra por una tercera gran fusión). El hombre material entonces responde a ambos, por intermedio del centro en la cabeza (la mónada) y el centro básico (la personalidad espiritualmente energetizada). Ambos centros estarán entonces en completa armonía, expresando la plena natu­raleza del hombre espiritual.
Es esencial que los curadores espirituales mantengan con toda claridad en su mente el cuadro de las zonas del cuerpo regidas por los centros de la cabeza y también por los otros centros, pues den­tro de esas zonas se hallan los distintos órganos que reaccionan a las enfermedades. La salud de esos órganos depende ampliamen­te de los centros, porque condicionan las glándulas a medida que la energía se distribuye por todo el cuerpo. Una plena y equili­brada afluencia de energía, desde el centro hasta la zona que éste controla, inmuniza contra las así denominadas enfermedades; cuan­do no hay desarrollo y prevalece una situación desequilibrada, en lo que concierne a los centros, no habrá poder suficiente para evitar la enfermedad. El proceso de curación en la nueva era comenzara con el definido proyecto de trabajar con los centros, y el arte de curar tenderá -como bien pueden observar- a prevenir más bien que curar. Todo el énfasis se pondrá sobre los centros de energía, las corrientes de energía y la dirección de la energía hacia los ór­ganos dentro del radio de influencia de un centro determinado. Del estudio de las glándulas (un estudio que se halla en su infan­cia, que apenas merece llamarse “embrionario”) y su relación con los centros, mucho se podrá aprender más adelante, y se realizarán grandes trabajos experimentales. Desde el punto de vista del eso­terista, que acepta la realidad de los centros, las glándulas son, por excelencia, el principal factor determinante, en conexión con la salud general del individuo; indica no sólo su desarrollo sicológico, en un mayor grado de lo que hoy se comprende, sino que producen (tal como lo sospecha la ciencia médica ortodoxa) un poderoso efecto sobre todo el sistema orgánico; su influencia, mediante la corriente sanguínea, llega a todas las partes del cuerpo y extremi­dades. Las glándulas son el resultado de la actividad de los cen­tros, y primero, finalmente y siempre, efectos de causas internas predisponentes, y a través de los centros y sus glándulas afiliadas, el alma construye ese mecanismo en el plano físico que llamamos hombre físico.
Por lo tanto, el conjunto de factores relacionados que esta­mos considerando debe ser cuidadosamente estudiado y captado por todo el que practica curaciones, porque eventualmente tendrá que trabajar mediante sus propios centros en relación con los del paciente, cuya enfermedad trata de curar. En consecuencia, debe recordar tres factores: Los centros, sus glándulas relacionadas y el conjunto de órganos de los cuales son responsables los centros y las glándulas. En las siete zonas del cuerpo, regidas por los siete centros mayores y sus glándulas afiliadas, nuevamente tenemos la trinidad básica de la manifestación:


  1. Vida o espíritu el centro de energía.

  2. Alma o cualidad la glándula.

  3. Forma o materia los órganos de determinada zona regida por determinado centro.

Esto nos lleva a otra ley, que el curador debe tener siempre pre­sente.




LEY VII



Cuando la vida o energía fluye sin impedimentos y, mediante la correcta dirección, alcanza su precipitación (la glándula relacio­nada), entonces la forma responde y la mala salud desaparece.
Ésta es una ley básica para la curación y concierne al verdade­ro arte de relacionar la energía espiritual con la vida de la forma, dependiendo de ello la salud y la vitalidad de los órganos. Por lo tanto llegamos a la siguiente regla que debe dominar el curador. Está expuesta en forma concisa y se deberán entender y apli­car inteligentemente esas frases que imparten instrucción.


REGLA CINCO

Que el curador concentre la necesaria energía en el centro nece­sario.

Que ese centro corresponda al centro necesitado.

Que ambos se sincronicen y juntos aumenten la fuerza.

Así la forma que espera trabajará equilibradamente.

Así ambos centros y la forma, correctamente dirigidos, curarán.


Será evidente que los curadores en la actualidad (no me refiero a la profesión médica sino a las múltiples escuelas de pensamiento) no han vuelto al factor básico, el amor, a pesar de que dicen es una fuerza curadora. En realidad hacen resaltar y se ocupan del móvil que impele al curador a practicar su arte de curar. Se ocu­pan de la instrumentación por la cual se puede hacer contacto con el paciente que deberá ser curado. Tal contacto tiene que reali­zarse siempre con AMOR, puro, impulsor y altruista. Pero una vez establecida esa relación, el curador debe captar el hecho de que, hasta donde a él le concierne, ha de trabajar científicamente, aplicar los conocimientos y -después del correcto diagnóstico, los correctos métodos de la moderna terapéutica y el adecuado sentido común, que incluye lo mejor de lo que pueda dar de sí la experimentada ciencia médica- comenzar entonces a trabajar a través de su propio centro, poniéndolo en armonía con ese centro del paciente que rige la zona perturbada o el órgano enfermo.
Al trabajar de esta manera, no debe permitir (durante el pro­ceso de curación) que la energía extraída y atraída con intención amorosa y hábil conocimiento, estimule o afecte las glándulas co­rrespondientes del propio curador o que active la zona vinculada de su propio cuerpo. El curador debe aprender a aislarse de la energía que empleará en bien del paciente. Debe mezclarla con la energía de ese centro del paciente que rige la zona enferma; en­tonces la glándula afín es energetizada doblemente (o aminorada según sea el caso y lo requiera el diagnóstico), y la corriente san­guínea libera en los tejidos enfermos aquello que es necesario para curar o prevenir el acrecentamiento de la enfermedad.
En esta instrucción he dado mucho tema para meditar. He acen­tuado un aspecto de la curación esotérica científica que hasta ahora no había sido presentado a los estudiosos. Quisiera que captaran el panorama general y vieran claramente los delineamientos del pro­ceso, que estudiaran la relación entre el paciente y el curador, cuando deja la etapa en que es simplemente un ser que ama, envía amor o ve al paciente a la luz del amor, y pasa a realizar el trabajo científico de acrecentar la energía espiritual del paciente. Así per­mite que éste efectúe su propia cura, consciente o inconsciente­mente.
Tenemos por lo tanto al curador, al paciente y a la reserva de energía espiritual, más el proceso científico de poner a los tres en íntima armonía curadora. Esto se efectúa mediante el centro implicado en el equipo del paciente, el que corresponde al equipo del curador, y la dirección (por un acto de la voluntad del curador o del grupo curador) de las corrientes unificadas de la energía específica necesaria, hacia la zona enferma. Esto generalmente se lleva a cabo por intermedio de la glándula relacionada, aunque no siempre es así.
Reflexionen sobre estas cosas y vean, si pueden, la simplicidad del proceso, basado en la intención amorosa, que aísla la zona es­pecifica donde existe la dolencia, se identifica con el centro espiri­tual de energía del paciente, y luego aplica y dirige las energías fusionadas y mezcladas





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