Curación Esotérica



Descargar 1.97 Mb.
Página11/54
Fecha de conversión10.05.2019
Tamaño1.97 Mb.
1   ...   7   8   9   10   11   12   13   14   ...   54

LEY V



No existe nada más que energía, porque Dios es Vida. En el hombre se unen dos energías, pero hay otras cinco presentes. Para cada una se ha de encontrar un punto central de contacto. El conflicto de esas energías con las fuerzas, y de las fuerzas entre sí, producen los males corporales del hombre. El conflicto entre los primeras y las segundas persiste durante edades, hasta llegar a la cima de la montaña, la primera gran cima. La lucha entre las fuerzas produce todas las enfermedades, dolencias y dolores cor­porales que buscan la liberación en la muerte. Las dos, las cinco y también las siete, además de aquello que ellas producen, poseen el secreto. Ésta es la quinta Ley de Curación en el mundo de la forma.
Esta Ley comprende ciertas afirmaciones básicas clasificadas de la manera siguiente:


  1. Vivimos en un mundo de energías y somos parte constituyente de ellas.




  1. El vehículo físico es una fusión de dos energías y siete fuerzas,




  1. La primer energía es la del alma o energía egoica. Es la que produce el conflicto cuando la energía del alma trata de con­trolar las fuerzas.




  1. La segunda energía es la de la triple personalidad -el rayo de la personalidad se resiste a la energía superior.




  1. Las fuerzas son las otras energías o potencias de rayo que con­trolan los siete centros, siendo dominadas por la energía de la personalidad o la del alma.




  1. Por lo tanto, dos conflictos tienen lugar entre las dos principa­les energías y también entre otras energías, enfocadas a través de los siete rayos.




  1. La interacción de estas energías produce buena o mala salud.

Se ha dado mucha enseñanza sobre la milenaria lucha entre la personalidad y el alma, pero siempre ha sido presentada en térmi­nos de acercamiento espiritual, misticismo y religión, o sino en términos de reacción del carácter, de aspiraciones abstractas y de pureza o impureza. De esto no me ocuparé. Mi tema trata de los efectos que produce este conflicto en el cuerpo físico. Por lo tanto me limitaré únicamente a los problemas fisiológicos y sicológicos, incidentales a la lucha que principalmente dificulta el camino del discípulo. Podría afirmarse que:




  1. Todas las enfermedades y dificultades físicas son causadas por una o varias de las tres cosas o condiciones siguientes:




  1. Por el contacto obtenido con el alma, produciendo así la vita­lización de todos los centros en ordenado ritmo, de acuerdo al rayo del alma. Esto necesariamente produce presión y tensión en el vehículo físico.




  1. La vida y enfoque de la personalidad, que trata de rechazar el control del alma y se expresa mayormente por la actividad del centro laríngeo (predisponiendo a la actividad a la glándula tiroides) y dé los centros abajo del diafragma.




  1. Un ciclo en la vida del aspirante, donde el control de la per­sonalidad comienza a debilitarse, y el énfasis y la consiguiente acti­vidad son transferidos a los centros arriba del diafragma, causando también perturbaciones y reajustes.




  1. Al aspirante se le presentan ciertos objetivos en diferentes etapas, implicando cada una progreso, pero trayendo al mis­mo tiempo algunas dificultades.




  1. El objetivo que tiene ante sí el iniciado consiste en que todos los centros del cuerpo etérico respondan a la energía del rayo a que pertenece el alma y a las otras siete energías de rayo subsi­diarias a aquél. Este proceso de estimulación, reajuste y estableci­miento del control, continúa hasta después de la tercera iniciación. Entonces, cuando se ha recibido esta iniciación, el vehículo físico es de un calibre y cualidad totalmente distintos y las Reglas y Leves de la Salud ya no le son aplicables.




  1. El objetivo que tiene ante sí el discípulo consiste en procu­rar el control de los centros del cuerpo, vía el alma, por la estimu­lación, eliminación y eventual estabilización. Ello inevitablemente produce dificultad, vitalización o inspiración (cualquiera de estas palabras es apropiada) o sino carencia o deficiencia, afectando los órganos corporales en las zonas alrededor de los centros y toda la sustancia que los circunda.




  1. El objetivo que tiene ante sí el aspirante, o discípulo en pro­bación consiste en transferir las fuerzas desde los centros ubicados abajo del diafragma, por intermedio del centro plexo solar, a los centros ubicados arriba del diafragma. La energía de la base de la columna vertebral debe ser transferida a la cabeza; la energía del centro sacro debe ser elevada a la garganta, mientras que la ener­gía del plexo solar debe ser transferida al corazón. Esto se hace en respuesta a la “atracción” magnética del rayo del alma cuando comienza a dominar al rayo de la personalidad. Este proceso es largo y doloroso, abarcando muchas vidas y acarreando, como re­sultado, muchos males físicos.




  1. El objetivo que tiene ante sí el hombre común (inconscien­temente efectivo) consiste en responder plenamente a las fuerzas de la personalidad, enfocadas principalmente en el punto medio, el plexo solar, y en coordinar constante e inteligentemente estas fuer­zas para que una personalidad integrada sea presentada eventual­mente al alma, y ésta la controle y utilice.




  1. El principal objetivo que tiene ante sí el hombre primitivo o no desarrollado (también inconscientemente efectivo) consiste en vivir una vida plenamente animal emotiva, adquiriendo así la experiencia del crecimiento, del contacto y eventualmente de la comprensión. Por este medio se construye el mecanismo de res­puesta del alma en los tres mundos.

Llamaré la atención sobre el pensamiento que he intercalado aquí, de que los objetivos, intrínsecamente en sí mismos, tienen efecto sobre aquello que el hombre se esfuerza en lograr. Este pensamiento merece una cuidadosa consideración.


Estas generalizaciones serán útiles si se recuerda que son sólo generalizaciones. Ningún aspirante, en ninguna etapa, hasta des­pués de la tercera iniciación, hace esfuerzos claramente definidos ni está enteramente centralizado en su vida y esfuerzo. Los hom­bres se encuentran en todas las etapas imaginables de desarrollo, y muchas de esas etapas son intermedias a las cinco ya mencionadas. Éstas se fusionan y mezclan entre sí, y a menudo constituyen un campo confuso y formidable para pensar y actuar. Sólo en la vida del individuo subdesarrollado encontramos una clara simplicidad. En el ínterin, desde la etapa infantil de la raza, o a la del hombre liberado de la vida de la personalidad, no existe nada más que complejidad, la superposición de estados de conciencia: dificultad, enfermedad, problemas sicológicos, malestar y muerte.
Evidentemente esto debe ser así cuando se ponen en relación el vasto número de energías y fuerzas que constituyen el ser del hombre y forman su medio ambiente. Todo ser humano es, en rea­lidad, un vórtice en miniatura en el gran océano del Ser, en el cual vive y se mueve en incesante movimiento hasta que el alma “exhale su aliento sobre las aguas” (o fuerzas) y el Ángel de la Presencia descienda dentro del vórtice. Entonces todo se aquieta. Las aguas agitadas por el ritmo de la vida, y más tarde encres­padas violentamente por el descenso del Ángel, responden al po­der curador del Ángel y se trasforman “en una tranquila charca donde las pequeñas unidades pueden entrar y hallar la curación que ellas necesitan”. Así reza El Antiguo Comentario.

Los Centros y el Sistema Glandular
Es evidente que la enfermedad (cuando no es de origen grupal o resultado del karma planetario o debido a un accidente) surge de la actividad o inactividad de los centros. Ésta es una verdad básica, dada en forma sencilla. Los centros, como ya saben, rigen el sistema endocrino, que a su vez controla las siete zonas principa­les del cuerpo físico y es responsable del correcto funcionamiento de todo el organismo, produciendo efectos fisiológicos y sicológicos.
La importancia de este sistema glandular no se puede sobresti­mar. Es una réplica en miniatura de la constitución septenario del universo y el medio de expresión e instrumento de contacto para las fuerzas de los siete rayos, los Siete Espíritus ante el Trono de Dios. Acerca de esta verdad actualmente no reconocida, se cons­truirán los métodos de la medicina y de la curación, en la civili­zación futura.
Las glándulas constituyen un gran sistema vinculador en el cuerpo; ponen todas las partes del cuerpo físico en mutua relación y también relacionan al hombre con el cuerpo etérico -tanto indi­vidual como planetario- y análogamente con la corriente sanguí­nea, el portador del principio vida a todas las partes del cuerpo. Por consiguiente, existen cuatro agentes principales de distribu­ción en el cuerpo físico; son unidades completas en si mismas, contribuyen a la vida funcional y orgánica del cuerpo, están es­trechamente interrelacionadas y producen resultados fisiológicos y sicológicos de acuerdo a su potencia, a la respuesta de los cen­tros a la afluencia superior, a la etapa de evolución alcanzada y a la libre expresión o inexpresión de las energías entrantes. Los cuatro agentes de distribución de energía son:


  1. El vehículo etérico, con sus miríadas de líneas de fuerza y de energía entrante y saliente y su respuesta a los impactos de la energía proveniente del medio ambiente, como también del hombre espiritual interno y sus cuerpos sutiles, compenetra todo el cuerpo físico. En él se hallan los siete centros como puntos focales de recepción y distribución; son los receptores de siete tipos de energía, y las distribuyen por todo el pequeño sistema humano.




  1. El sistema nervioso y sus diversas y entrelazadas directivas. Es una red relativamente tangible de energías y fuerzas, expresión externa de la red interna, vital y dinámica del cuerpo etérico y los millones de nadis o el prototipo de los nervios que subyacen en el cuerpo sustancial. Esos nervios y plexos y sus innumerables ra­mificaciones son los aspectos negativos de las energías positivas que condicionan o tratan de condicionar al hombre.




  1. El sistema endocrino es la tangible y exotérica expresión de la actividad del cuerpo vital y sus siete centros. Los siete centros de fuerza se encuentran en la misma zona en que están localizadas las siete glándulas principales, y cada centro de fuerza provee, de acuerdo a la enseñanza esotérica, el poder y la vida de la corres­pondiente glándula que, en realidad, es su exteriorización.

Centros Glándulas

Centro coronario Glándula pineal

Centro ajna Cuerpo pituitario

Centro laríngeo Glándula tiroides

Centro cardiaco Glándula timo

Centro plexo solar Páncreas
Centro sacro Gónadas

Centro en la base de la columna vertebral Glándulas adrenales


Estos tres sistemas están muy estrechamente relacionados y constituyen directivas de energías y fuerzas entrelazadas, esen­cialmente vitales, energéticas, dinámicas y creadoras, siendo bási­camente interdependientes, y de ellas depende toda la salud inter­na del organismo físico. Responden primero a cualquiera de los dos cuerpos (emocional o mental), luego a la personalidad integrada y su rayo, y finalmente al rayo del alma, cuando comienza a asu­mir el control. Son en realidad responsables de la construcción del cuerpo físico y -después del nacimiento- condicionan su cualidad sicológica, y esto a su vez produce el desarrollo del hombre físico. También son los agentes de los tres aspectos divinos de toda mani­festación: vida-cualidad-apariencia


  1. La corriente sanguínea. Portadora del principio vida y de las energías y fuerzas combinadas de los tres sistemas menciona­dos. Esta idea será algo novedosa para el ortodoxo. La relación del sistema circulatorio de la sangre con el sistema nervioso, no ha sido aun adecuadamente investigada por la medicina moderna. Sin embargo, mucho se ha realizado para relacionar al sistema glandular con la sangre.

Únicamente cuando estos cuatro sistemas interrelacionados sean considerados como un todo integrado y como cuatro aspectos de un sistema vital circulatorio, emergerá la verdad. Sólo cuando sean reconocidos como los cuatro agentes principales distribuidores de los rayos combinados del hombre individual se captará la ver­dadera naturaleza del fenómeno material. Podría agregar aquí que:





  1. El vehículo etérico, desde el ángulo circulatorio, es regido por la Luna, cuando vela a Vulcano.

  2. El sistema nervioso está regido por Venus.

  3. El sistema endocrino está regido por Saturno.

  4. La corriente sanguínea está regida por Neptuno.

Estos cuatro sistemas son en realidad la manifestación de los cuatro aspectos de la materia en su expresión inferior o estricta­mente física. Hay otros aspectos de expresión de la sustancia funda­mental, pero estos cuatro son los de mayor importancia.


Cada uno de ellos es esencialmente dual, y cada dualidad corres­ponde al rayo del alma o al de la personalidad, por lo tanto cada uno es positivo y negativo, y pueden ser descritos como una unidad de resistente fuerza y de energía dinámica; cada uno es una combi­nación de ciertos aspectos de la materia y de la sustancia, siendo la materia el aspecto relativamente estático y la sustancia el agente relativamente fluido que la dota de cualidad. Su interacción, rela­ción y función unificadas, constituyen la expresión del Principio de la Vida una, y cuando han alcanzado un punto de fusión per­fecta, síntesis o actividad coordinada, entonces aparece “esa vida más abundante” de que Cristo hablara y de la cual nada sabemos. Los cuatro aspectos de la materia constituyen también la analo­gía de los cuatro atributos divinos, lo mismo que de los tres as­pectos divinos.
La analogía de este dualismo básico de toda la manifestación también se mantiene, constituyendo así el nueve de la iniciación -los tres, los cuatro y los dos. Esta analogía del proceso iniciático es sin embargo lo opuesto, porque significa iniciación en el tercer aspecto creador, el aspecto materia y el mundo de la actividad inte­ligente. No es iniciación en el segundo aspecto o aspecto alma, como sucede con las iniciaciones jerárquicas, para las cuales el discípulo se prepara. Es la iniciación del alma en la experiencia de la encar­nación física, en la existencia del plano físico y en el arte de funcio­nar como ser humano. La puerta que conduce a esta experiencia es el “Portal de Cáncer”. La iniciación en el reino de Dios se hace a través del “Portal de Capricornio”. Estos cuatro atributos y los tres aspectos de la materia, más su actividad dual, son la analogía de los cuatro aspectos de la personalidad y de la Tríada espiritual y su dual relación activa. En esta declaración se halla oculta la clave de la liberación.

Los Siete Centros Principales
Sería de valor aquí si consideramos por un momento la natura­leza de los centros, resumiendo parcialmente la enseñanza dada en mis otros libros, así podré presentar una clara imagen del cuerpo de energía que subyace en el vehículo físico denso.
Existen muchos puntos focales de fuerza dentro del cuerpo, pero sólo me ocuparé de los siete principales que controlan en cierta medida a los demás. De esta manera no habrá lugar a confusión.
Consideraremos los cinco centros que se hallan en la columna ver­tebral y los dos que están ubicados en la cabeza.


  1. El centro en la cabeza, está situado en la cima de la cabeza. Se lo denomina a veces “el loto de mil pétalos”’ o el Brahmarandra.

  1. Corresponde al sol espiritual central.

  2. Entra en actividad funcionante después de la tercera inicia­ción y es el órgano para la distribución de la energía moná­dica y el aspecto voluntad de la divinidad.

  3. Está vinculado a la triple personalidad por medio del anta­karana, que los discípulos e iniciados están en proceso de construir, y alcanza su plena utilidad sólo después de la des­trucción del cuerpo causal, en la cuarta iniciación.

  4. Es el centro Shamballa en el cuerpo físico y el agente del Padre o del primer aspecto divino.

  5. Registra el propósito, corresponde al “fuego eléctrico” del sistema solar, y es de cualidad dinámica.

  6. La glándula pineal ubicada en la cabeza es su exteriorización física. Está activa durante la infancia hasta que la voluntad de ser éste suficientemente desarrollada a fin de que la per­sona se arraigue firmemente en la encarnación física. En las últimas etapas de la expresión divina en el hombre, vuelve a entrar en actividad y a ser de utilidad como agente para cum­plir en la tierra la energía volitiva del Ser.

  7. Es el órgano de síntesis, porque después de la tercera inicia­ción y antes de la destrucción del cuerpo causal, reúne en sí la energía de los tres aspectos de la vida manifestada. En lo que concierne al hombre significa las energías de la Tríada espiritual, del triple loto egoico y de la triple personalidad, formando nuevamente el nueve de la iniciación. Las energías así sincronizadas y enfocadas en la cabeza, alrededor y en­cima de ella, son de gran belleza, de amplia radiación y de efectividad dinámica. Sirven para relacionar al iniciado con todas las partes de la vida planetaria, con el Gran Concilio de Shamballa y con el Señor del Mundo, el ultérrimo Inicia­dor -por intermedio de Buda y uno de los tres Budas de Ac­tividad. El Buda, en un sentido muy peculiar, relaciona al ini­ciado con el segundo aspecto de la divinidad -el del amor- y en consecuencia con la Jerarquía; los Budas de Actividad lo relacionan con el tercer aspecto de la divinidad, el de la inteligencia activa. Entonces la energía de la voluntad, de la conciencia y de la creatividad se reúnen en él, proveyendo la síntesis de los aspectos divinos.

  8. Éste es el único de los siete centros que en el momento de la perfecta liberación mantiene la posición de un loto invertido, con el tallo del loto (en realidad el antakarana) ascendiendo hasta “el séptimo Cielo”, vinculando al iniciado con el prime­ro y principal centro planetario, Shamballa. Los demás cen­tros, desde el principio, están invertidos, con los pétalos hacia abajo, en dirección a la base de la columna vertebral; todos, durante el proceso de le evolución despliegan gradualmente sus pétalos, entonces lentamente se dan vuelta hacia arriba “hacia la cúspide del cetro”, tal como se lo denomina en El Antiguo Comentario. Lo antedicho es un dato informativo de poco valor, excepto que presenta una verdad, completa un cuadro y da al estudiante una idea simbólica de lo que es esencialmente un agente distribuidor de la energía volitiva de la Deidad.




  1. El Centro Ajna. Ubicado entre las cejas, en la región de la cabe­za, está justamente arriba de los dos ojos, desde donde “actúa como pantalla para la radiante belleza y gloria del hombre espi­ritual”.

  1. Corresponde al sol físico y es la expresión de la personalidad, integrada y funcionante, ante todo como discípulo y final­mente como iniciado. Esta es la verdadera persona o más­cara.

  2. Adquiere plena actividad funcionante cuando se recibe la tercera iniciación. Recordaré que la Jerarquía considera esta iniciación como la primera y principal iniciación, algo que ya he comunicado. Es el órgano para la distribución de la energía del tercer aspecto, la energía de la inteligencia activa.

  3. Está relacionado con la personalidad, mediante el hilo creador de la vida, por lo tanto está estrechamente vinculado con el centro laríngeo (centro de la actividad creadora), así como el centro coronario está relacionado con el centro de la base de la columna vertebral. El establecimiento de una activa interacción entre el centro ajna y el laríngeo produce una vida creadora y una manifiesta expresión de la vida divina por parte del iniciado. Análogamente la interacción activa entre el centro coronario y el de la base de la columna verte­bral produce la manifestación de la voluntad o propósito divino. Cuando las fuerzas de los centros ajna y laríngeo se combinan, producen la más alta manifestación del “fuego por fricción”, tal como las energías del centro coronario y del centro básico producen el “fuego eléctrico” individual que, cuando se expresa plenamente, lo denominamos fuego kun­dalini.

  4. Es el centro a través del cual la cuarta Jerarquía creadora, en su propio plano, halla expresión; aquí también se fusionan y mezclan esta Jerarquía y el cuarto reino de la naturaleza, la familia humana. El centro coronario relaciona la mónada y la personalidad; el centro ama relaciona la Tríada espiri­tual (la expresión de la mónada en los mundos amorfos) con la personalidad. Reflexionen sobre esta afirmación, porque aquí tenemos -en el simbolismo del centro coronario, física­mente considerado- el reflejo de atma, la voluntad espiri­tual, y de budi, el amor espiritual. También tiene cabida aquí la enseñanza sobre la ubicación de los ojos, en el desarrollo de la expresión consciente, llevando a cabo creadoramente el propósito divino.

El tercer ojo el centro coronario Voluntad. Atma

El ojo del Padre, la Mónada. SHAMBALLA

El primer aspecto de la voluntad o poder y propósito.

Relacionado con la glándula pineal.
El ojo derecho el centro ajna Amor. Budi

El ojo del Hijo, el Alma. JERARQUÍA


El segundo aspecto de amor-sabiduría.

Relacionado con el cuerpo pituitario.


El ojo izquierdo el centro laríngeo Inteligencia Activa.

El ojo de la Madre, la personalidad. HUMANIDAD

El tercer aspecto de la inteligencia.

Relacionado con el ganglio o la glándula carótida.


Cuando los tres ojos funcionan y “ven” simultáneamente, se tendrá la percepción interna del propósito divino (el ini­ciado), visión intuitiva del plan (el discípulo) y dirección espiritual de la actividad creadora resultante (el Maestro).

  1. El centro ajna registra o enfoca la intención de crear. No es un órgano de creación en el mismo sentido que el centro laríngeo, sino que contiene la idea que está detrás de la creatividad activa, el consiguiente acto de creación que opor­tunamente produce la forma ideal para la idea.

  2. El cuerpo pituitario constituye su exteriorización física densa; los dos lóbulos de esta glándula corresponden a los dos pétalos múltiples del centro ajna. Expresa las dos formas mas elevadas de la imaginación y del deseo, siendo ellos los factores dinámicos que subyacen en toda la creación.

  3. Es el órgano del idealismo, y -en forma peculiar- está es­trechamente relacionado con el sexto rayo, así corno el cen­tro coronario lo está esencialmente con el primer rayo. El sexto está curiosamente vinculado con el tercer rayo y el tercer aspecto de la divinidad, y también con el segundo rayo y al segundo aspecto. Fusiona, arraiga y expresa. En mis otros escritos no había acentuado este hecho. El centro ajna es el punto de la cabeza que simboliza la naturaleza dual de la manifestación en los tres mundos. Fusiona las energías creadoras de la garganta y las energías sublimadas del deseo o el verdadero amor del corazón.

  4. Este centro, teniendo sólo dos pétalos, no es un verdadero loto en el mismo sentido que los demás centros. Sus pétalos están compuestos de 96 pétalos menores o unidades de fuer­za (48 + 48 = 96) pero éstos no tornan la forma de flor de los otros lotos. Se abren, como las alas de un avión, a la derecha y a la izquierda de la cabeza y simbolizan el sen­dero de la derecha y el de la izquierda, los caminos de la materia y del espíritu. Constituyen, por lo tanto, simbólica­mente, los dos brazos de la Cruz, en la cual el hombre está crucificado, dos corrientes de energía o de luz, cruzadas oblicuamente a través de la corriente de vida que desciende de la mónada a la base de la columna vertebral, pasando a través de la cabeza.

La idea de la relatividad se debe tener presente cuando el estu­diante trata de comprender los centros, internamente vinculados en el cuerpo etérico, relacionados también con los cuerpos sutiles, los estados de conciencia, similares a los estados de ser y de expresión, las energías de rayo, las condiciones ambientales, los tres vehícu­los periódicos (como H. P. B. denomina a la personalidad, a la tri­ple alma y a la Tríada espiritual), con Shamballa y con la totalidad de las Vidas manifestadas. La complejidad del tema es muy grande, pero cuando el discípulo o iniciado actúa en los tres mundos de las diversas energías del completo hombre quedan “aferradas” en el hombre atado a la tierra, entonces el asunto se esclarece. Empleo la palabra “aferradas” en su verdadero y correcto sentido, no para describir al hombre que ha abandonado su cuerpo físico, como lo expresan los espiritistas. Entonces son posibles ciertos reconoci­mientos en tiempo y espacio; pueden observarse algunos efectos, y ciertas influencias de rayo parecen más dominantes que otras, y aparecen ciertos “cánones de ser”. En cierta etapa de la experien­cia consciente surge con toda claridad la expresión de un Ser espi­ritual, entonces puede ser diagnosticado espiritualmente. Sus as­pectos y atributos, sus fuerzas y energías pueden ser determina­dos en ese momento, para darle una expresión de la vida especial­mente creada. Se ha de tener presente esto y el estudiante no debe permitir que sus pensamientos divaguen, sino concentrarlos sobre la apariencia del hombre (él mismo, u otro) y sobre la cualidad emergente. Si el estudiante es un iniciado o discípulo podrá tam­bién estudiar el aspecto vida.


Sin embargo nuestro estudio será algo diferente, pues tratare­mos de descubrir las enfermedades y dificultades incidentales a la estimulación de la energía o a la falta de estimulación de los cen­tros, y así descubrir algunos de los efectos que esta afluencia de energía y el conflicto con las fuerzas producirán.


  1. El Centro Laríngeo. Se halla en la parte posterior de la nuca, extendiéndose hacia arriba hasta la médula oblongada, involu­crando a la glándula carótida, y hacia abajo, hasta los omó­platos. Es un centro extremadamente poderoso y bien desarro­llado, en lo que a la humanidad común concierne. Resulta inte­resante observar a este respecto que:




  1. El centro laríngeo está regido por Saturno, así como los dos centros de la cabeza están regidos respectivamente por Ura­no (rige el centro coronario) y Mercurio (rige el centro ajna). Esto, sólo en lo que concierne al discípulo. El regen­te cambia después de la tercera iniciación o antes de la primera. Estos tres planetas constituyen un interesante triángulo de fuerzas, y en las siguientes triplicidades y sus inevitables interrelaciones tenemos -siempre en el caso de los discípulos- una maravillosa historia gráfica o símbolo de la nonuplicidad de la iniciación:

1. El centro coronario

El centro ajna

El centro laríngeo


2. El tercer ojo

El ojo derecho

El ojo izquierdo
3. La glándula pineal

El cuerpo pituitario

La glándula carótida,
presentando así el mecanismo a través del cual la Tríada espiritual, el Alma y la Personalidad actúan. La clave para comprender correctamente el proceso se halla en la relación de los tres planetas, Urano, Mercurio y Saturno, cuando derraman sus energías a través de esos nueve “puntos de contacto espiritual” en el plano físico, la “esfera de luz y poder aferrada a la tierra, el hombre en tiempo y espacio”.


  1. Este centro está relacionado con la primera iniciación y desarrolla gran actividad cuando ha logrado esa etapa de experiencia, así como la han alcanzado la vasta mayoría de los hombres, actualmente aspirantes y discípulos probacionista del mundo. (No olviden que, técnicamente hablando, la primera iniciación mayor desde el ángulo jerárquico es la tercera. Los Maestros consideran la primera iniciación como que significa su admisión en el Sendero. La humanidad la denomina iniciación, porque en los días de Lemuria la pri­mera iniciación significaba lograr el completo control físico). Es el órgano para la distribución de la energía creadora, la energía del tercer aspecto, que emplean las almas que se hallan en esa etapa de evolución. Existen tres centros en el ser humano, que están relacionados y son la principal expresión del tercer rayo o aspecto, en las diferentes etapas de desarrollo en el sendero:




  1. El centro sacro para el hombre común y no evolucionado.

  2. El centro laríngeo para el aspirante y el discípulo pro­bacionista.

  3. El centro ajna para los discípulos e iniciados.

Aquí tenemos una gran triplicidad de energías de gran po­der actualmente, debido a que la expresión del tercer aspec­to de la inteligencia activa ha alcanzado esas alturas por medio de la conciencia y desenvolvimiento humanos.




  1. Está relacionado con la personalidad por el hilo creador, con el alma por el hilo de la conciencia y con la mónada por el sutratma o hilo de vida. No está relacionado con ninguno de los aspectos divinos por medio del antakarana, pues ese hilo que une directamente la mónada y la personalidad (y por último separado del alma) introduce sencillamente la expresión monádica de la vida en la cabeza, el centro co­ronario. Entonces se establece la conciencia directa entre la mónada y la personalidad y viene a la existencia una gran dualidad. Vida, Conciencia y Forma se enfocan enton­ces creadora y activamente en la cabeza, y su actividad es dirigida desde la cabeza por intermedio de los dos centros de la misma. El centro ajna sólo entra en actividad crea­dora cuando se ha construido el antakarana. En las prime­ras etapas el centro laríngeo es el agente creador, y el centro sacro está activo en los períodos primitivos. Aquí hay algo muy interesante que recordar. La construcción del antakarana sólo llega a ser genuinamente posible cuando la vida creadora del aspirante cambia desde el centro sacro al laríngeo y se hace activa y expresiva. La nuca es el símbolo de este “puente” vinculador, pues relaciona la ca­beza -sola y aislada- con el torso dual, que incluye lo que está arriba del diafragma y lo que está abajo -sim­bolizando el alma y la personalidad unidas, fusionadas y mezcladas en una. La cabeza es el símbolo de lo que Pa­tanjali describe como el estado de “unidad aislada”.




  1. Es el centro por el cual el aspecto inteligente de la humani­dad se enfoca creadoramente y por el que fluye la energía creadora de ese gran centro planetario denominado huma­nidad. Los tres centros mayores planetarios son Shamballa, Jerarquía y Humanidad. Cuando se haya alcanzado la per­fección, entonces la energía de la voluntad, del poder y del propósito de Shamballa, afluirá libremente a través del cen­tro coronario; las energías de amor-sabiduría de la Jerarquía afluirán a través del centro cardiaco, y la energía de la humanidad se enfocará a través del centro laríngeo, actuando el centro ama como agente de las tres. Entonces tendrá lugar una nueva actividad por parte de la humanidad, que con­siste en relacionar los tres reinos superhumanos con los tres suhhumanos, estableciendo así la nueva tierra y el nuevo cielo. Entonces la humanidad habrá culminado su meta evo­lutiva en esta Tierra.




  1. El centro laríngeo es específicamente el órgano de la PA­LABRA creadora. Registra la intención o propósito creador del alma, trasmitido por la afluencia de energía desde el centro ama; la fusión así realizada de las dos energías con­ducirá a algún tipo de actividad creadora. Ésta es la analogía superior de la creatividad del centro sacro. En ese centro se encierran las energías creadoras negativa y positiva, personificadas independientemente en los organismos masculino y femenino, los cuales se ponen en relación por un acto creador, conscientemente realizado, aunque todavía sin un propósito muy definido.




  1. La glándula tiroides es la exteriorización física densa de es­te centro. A esta glándula se la considera hoy de suprema importancia para el bienestar del ser humano común. Su propósito es resguardar la salud, balancear el equilibrio cor­póreo en algunos aspectos importantes de la naturaleza fí­sica, y simboliza el tercer aspecto de la inteligencia y de la sustancia impregnada por la mente. En realidad, tiene vincu­lación con el Espíritu Santo o el tercer aspecto divino en manifestación, “influyendo” (como La Biblia lo expresa) sobre la Madre, la Virgen María. Las paratiroides simboli­zan a María y José y su relación con el influyente Espíritu Santo. Oportunamente se llegará a determinar que existe una estrecha relación fisiológica entre la glándula tiroides y la pineal, entre la paratiroides y los dos lóbulos del cuerpo pituitario, lo cual convierte a la zona de la garganta y de la cabeza en un solo sistema relacionado.




  1. Así como la cabeza simboliza la naturaleza esencialmente dual de Dios manifestado, así el centro laríngeo simboliza la triple naturaleza de la divina expresión. La naturaleza dual aparece como fusionada y mezclada en la cabeza por la relación que existe entre los dos centros y sus dos reflejos físico densos. Las tres grandes energías puestas en acción durante la actividad creadora divina realizan una actividad unificada por la plena expresión de la energía que fluye a través del centro laríngeo, del órgano de la palabra y de los dos pulmones. En esta relación tenemos: la vida o el aliento, la palabra o el alma, y el centro laríngeo de la sustancia en actividad.




  1. Este loto de la garganta está invertido en las primeras eta­pas de la evolución, y sus pétalos se extienden hacia los hom­bros, e incluyen los dos pulmones o parte de ellos. Durante el ciclo de la vida del alma, lentamente se da vuelta, y sus pétalos se extienden hacia arriba hasta las dos orejas, e in­cluyen a la médula oblongada y a la glándula carótida. Esta glándula está más estrechamente relacionada con la glándula tiroides que con las otras dos glándulas de la cabeza.

En consecuencia será evidente de qué manera zonas enteras del organismo físico pueden ser llevadas a un funcionamiento activo y correcto, y también vitalizadas y conservadas en buena y verda­dera condición, por algún tipo de actividad del centro más cercano a la zona del cuerpo en consideración. Será también evidente que las deficiencias y la enfermedad pueden ser el resultado de la inactividad de un centro.




  1. El Centro Cardiaco. Está localizado entre los omóplatos, sien­do, en estos días y época, el centro que recibe mayor atención de Quienes son responsables del desenvolvimiento de la con­ciencia humana. En verdad, puede decirse que el rápido desarro­llo de este loto constituyó una de las razones por las cuales no pudo evitarse la guerra mundial. En un sentido, fue un aconte­cimiento necesario (dado el ciego egoísmo de la totalidad de la humanidad), porque era imprescindible hacer desaparecer to­das las antiguas formas de gobierno, de la religión y del crista­lizado orden social. La humanidad ha llegado ahora a la etapa de conciencia e interrelación grupales de un tipo profundamente espiritual, y se requerían nuevas formas por las cuales este nuevo espíritu pudiera funcionar más adecuadamente:




  1. El centro cardíaco corresponde al “corazón del Sol” y por lo tanto a la fuente espiritual de luz y amor.




  1. El centro del corazón funciona activamente después de la segunda iniciación, la cual marca la consumación del proceso por el cual la naturaleza emocional (con su destacada cualidad del deseo) es puesta bajo el control del alma, y el deseo del yo inferior personal ha sido trasmutado en amor. Es el órgano para la distribución de la energía jerárquica, que afluye por intermedio del alma al centro cardíaco de todos los aspirantes, discípulos e iniciados; de esta manera dicha energía queda disponible y trae dos resultados:




  1. La regeneración de la humanidad por medio del amor.




  1. La relación, firmemente establecida, entre la humanidad que evoluciona rápidamente y la Jerarquía. De esta ma­nera dos grandes centros planetarios, la Jerarquía y la Humanidad, son puestos en íntimo contacto y relación.

Según dice La Biblia: “el amor de Dios se derrama por todas partes” en el corazón humano, y su poder transformador, magnético y radiatorio, es esencial para la reconstrucción del mundo y el establecimiento del nuevo orden mundial. En la actualidad se pide a los discípulos que cavilen y refle­xionen sobre el desarrollo del centro cardíaco y la inteligente relación entre la humanidad y la Jerarquía, con la consiguiente respuesta humana a la energía del amor, porque “como el hombre piensa en su corazón, así es él”. Sólo puede pensar con el corazón cuando las facultades mentales se han desarrollado adecuadamente y han llegado a una etapa bas­tante elevada de desenvolvimiento Sentir con el corazón, frecuentemente se lo confunde con pensar. La capacidad de pensar con el corazón es resultado del proceso de transmutación del deseo en amor, durante la tarea de elevar las fuerzas del plexo solar al centro cardíaco. Pensar con el corazón también indica que el aspecto superior del centro cardíaco, el loto de doce pétalos situado en el centro del loto de mil pétalos, ha alcanzado un punto de real actividad. La refle­xión, como resultado del correcto sentimiento, sustituye a la sensibilidad personal. Nos proporciona los primeros y tenues indicios de ese estado de ser característico de la mónada, que no puede denominarse conciencia, tal como entendemos el término.




  1. El centro cardiaco se relaciona esencialmente con la perso­nalidad, cuando es dominado el proceso de alineamiento con el alma, proceso que hoy se enseña en las nuevas y sólidas escuelas esotéricas y ha sido acentuado en la Escuela Arcana desde el comienzo; éste es el procedimiento (caracterizado por la correcta orientación, concentración y meditación) que relaciona la personalidad con el alma y con la Jerarquía. La relación con la Jerarquía tiene lugar automáticamente en cuanto se lleva a cabo este alineamiento y se establece contacto directo con el alma. La conciencia de la personalidad es reemplazada por la conciencia grupal, y la entrada de la energía jerárquica se produce como consecuencia natural, pues todas las almas sólo son aspectos de la Jerarquía. Esta establecida relación, con su consiguiente interacción (mag­nética e irradiatoria), trae la destrucción final del cuerpo del alma o cuerpo causal, cuando la relación alcanza el punto más elevado de intensificado reconocimiento.




  1. En consecuencia, es ese centro, en el cuerpo físico, por cuyo intermedio actúa la Jerarquía, siendo también el agente del alma. Cuando empleo la palabra “alma” no sólo me refiero al alma individual del hombre sino también al alma del Lo­gos planetario, siendo ambas el resultado de la unión espí­ritu y materia, de los aspectos Padre y Madre. Sólo la iniciación puede revelar este gran misterio.




  1. El centro cardíaco registra la energía del amor. Aquí podría establecerse que, cuando finalmente se ha construido el an­takarana, los tres aspectos de la Tríada espiritual hallarán cada uno un punto de contacto en el mecanismo etérico del iniciado que actúa en el plano físico. El iniciado llega a ser una fusión del alma y la personalidad, a través de la cual puede afluir la plena vida de la mónada.




  1. El centro coronario se convierte en punto de contacto para la voluntad espiritual, Atma.




  1. El centro cardíaco se trasforma en agente de amor espi­ritual, Budi.




  1. El centro laríngeo es la expresión de la mente univer­sal, Manas.

Durante el trabajo que realiza el iniciado, cuando cumple el propósito divino de acuerdo al plan, el centro ajna se con­vierte en el agente directriz o distribuidor de las energías fusionadas del hombre divino. El centro cardíaco correspon­de al “fuego solar” dentro del sistema solar, siendo de cua­lidad magnética y de actividad radiatoria. Es el órgano de la energía que produce inclusividad.




  1. Su exteriorización física densa es la glándula timo. Poco se sabe en la actualidad respecto a esta glándula, aunque mu­cho se aprenderá cuando los investigadores acepten y expe­rimenten la hipótesis que presenta la ciencia esotérica y cuando el centro cardíaco se desarrolle y la glándula timo vuelva a su actividad adulta funcionante. Esto no ha sucedido todavía. Tampoco se ha establecido aún la naturaleza de su secreción; los efectos de esta glándula son mejor cono­cidos desde el ángulo sicológico que del físico. La moderna sicología, cuando se asocia a la medicina, reconoce que la excesiva actividad de esta glándula hace que una persona sea amoral e irresponsable. Cuando la raza de los hombres aprenda la naturaleza de la responsabilidad, tendremos los primeros indicios del alineamiento con el alma, de la descentralización de la personalidad y de la conciencia grupal y luego -paralelo a este desarrollo- hallaremos que la glándula timo llegará a actuar correctamente. En la actua­lidad, el desequilibrio general del sistema endocrino, milita en contra del pleno funcionamiento, y sin riesgo, de la glán­dula timo en la persona adulta. Hay todavía una relación no reconocida entre la glándula pineal y la timo, lo mismo que entre ambas y el centro ubicado en la base de la columna vertebral. A medida que la Tríada espiritual entra en actividad por intermedio de la personalidad, estos tres cen­tros y sus tres exteriorizaciones trabajarán en síntesis, ri­giendo y dirigiendo al entero hombre. A medida que la glándula pineal vuelva a desempeñar plenamente su fun­ción adulta (y esto no sucede con el hombre adulto), la divina voluntad al bien se hará sentir y se cumplirá el divi­no propósito; cuando la glándula timo en forma similar en­tre en actividad en la persona adulta, se evidenciará la buena voluntad y comenzará a desarrollarse el plan divino. Éste es el primer paso hacia el amor, las correctas relaciones hu­manas y la paz. La buena voluntad ya está haciendo sentir su presencia en el mundo, indicando que el centro cardíaco inicia su actividad y comprobando que el centro cardíaco de la cabeza comienza a desplegarse como resultado de la cre­ciente actividad del centro cardiaco a lo largo de la columna vertebral.




  1. Es el órgano de fusión, así como el centro coronario es el órgano de síntesis. A medida que el centro cardiaco entra en actividad, el aspirante individual es atraído lentamente a una relación cada vez más estrecha con su alma, entonces se producen dos expansiones de conciencia que él las inter­preta corno eventos o acontecimientos:




  1. Es atraído al Ashrama de uno de los Maestros, de acuerdo al rayo de su alma, convirtiéndose en discípulo aceptado, en sentido técnico. El Maestro es el centro cardíaco del Ashrama y puede ahora llegar hasta Su discípulo por medio del alma, porque ese discípulo, mediante el alinea­miento y el contacto, ha puesto su corazón en estrecha armonía con el alma. Entonces responde al corazón de todas las cosas, que en lo que concierne a la humanidad actualmente es la Jerarquía.




  1. Es atraído para que sirva y se relacione estrechamente con la humanidad. Su creciente sentido de responsabili­dad, debido a la actividad del corazón, lo lleva a servir y a trabajar. Eventualmente también se convierte en el corazón de un grupo’ u organización -pequeña al princi­pio, llega a ser mundial a medida que su poder espiritual se desarrolla y él piensa en términos de grupo y de hu­manidad. Ambas relaciones por su parte son reciprocas. Así el aspecto amor de la divinidad se hace activo en los tres mundos y el amor se anda en la tierra y ocupa el lugar de la emoción, del deseo y de los aspectos materia­les del sentimiento. Observen esta frase.




  1. En las primeras etapas del desarrollo, tanto del individuo como de la raza, el loto invertido del corazón con sus doce pétalos se extiende hacia abajo al centro plexo solar. Éste, desde la época atlante, se ha dado vuelta y sus pétalos se extienden ahora hacia arriba, hacia el siguiente centro a lo largo de la columna vertebral, el cardíaco, debido a las ener­gías que ascienden lentamente desde el centro plexo solar, las cuales tratan de evadirse de la “prisión de las regiones inferiores” mediante un proceso de transmutación.

Como resultado de lo antedicho el centro cardiaco comienza a desarrollarse lentamente y a darse vuelta. Esta reversión de los “centros lotos” siempre se produce como efecto de una actividad dual, el empuje desde abajo y la atracción desde arriba.


La reversión del loto del corazón y su despliegue hacia arriba se debe a los factores siguientes:


  1. A la creciente potencia del acercamiento jerárquico.

  2. Al rápido establecimiento del contacto con el alma.

  3. A la respuesta del loto del corazón, que va desplegándose, por la atracción del Ashrama del Maestro.

  4. A la ascensión de las energías trasmutadas desde abajo del diafragma, vía el plexo solar, en respuesta a la “atracción” espiritual.

  5. A la creciente comprensión del hombre acerca de la natura­leza del amor.

Existen otros factores, pero los enumerados son más fáciles de comprender si se los considera simbólicos y no en forma demasiado literal. La relación que existía entre los centros plexo solar y car­díaco, hasta el año 1400 d.C., está expresada pictóricamente en el diagrama que aparece en la página 126.

************************

Oportunamente, al finalizar la siguiente raza raíz, tendremos la plena expresión del amor y aparecerán los lotos a lo largo de la columna vertebral -cinco en total-, difiriendo cada uno por el número de pétalos.


Finalmente, al terminar el gran ciclo mundial, cuando todos los lotos se hayan dado vuelto, se abrirán y presentarán canales libres para la afluencia y transmisión de las tres principales energías divinas y las cuatro fuerzas menores.
Gran parte del malestar que siente la humanidad en los diferentes cuerpos, puede ser atribuido a este constante movimiento de los centros y a la continua afluencia de energías; la incapacidad de los centros para desarrollarse o responder, produce, en muchos casos, enfermedades y dificultades; en otros, su desenvolvimiento desequilibrado, desarrollo retardado y falta de respuesta, crea problemas, y aún en otros su desenvolvimiento prematuro e hiperactividad acarrea peligros; la causa de tantas dificultades reside en que el mecanismo físico no está a la altura del desarrollo interno. Así se podrá apreciar nuevamente la complejidad del tema. La etapa teórica es muy sencilla, excepto cuando se ponen en movimiento fuerzas que oportunamente conducen a dificultades. La etapa de reacción a la respuesta y de adaptación a la teoría también establece un ciclo de gran dificultad y complejidad, porque conduce a un ciclo de experimento y experiencia durante el cual el discípulo sufre mucho y aprende. Luego, a medida que va adquiriendo experiencia, sobreviene la etapa de expresión espiritual, y tiene lugar la anulación de los peligros, librándose de las dificultades y enfermedades. Así se restablece la simplicidad.

El Cuerpo, la Apariencia Fenoménica
No es necesario dar muchas explicaciones referentes a esto, pues la naturaleza corpórea y el aspecto forma han sido objeto de investigación y tema de reflexión y discusión de los pensadores, durante muchos siglos. Gran parte de las conclusiones a que han llegado son básicamente correctas. El investigador moderno admite la Ley de Analogía como base de sus premisas y reconoce a veces que la teoría hermética, "así como es arriba es abajo", podría arrojar mucha luz sobre los actuales problemas. Los siguientes postulados serán esclarecedores:


  1. El hombre, en su naturaleza corpórea, es una totalidad, una unidad.




  1. Esta totalidad está subdividida en muchas partes y organismos.




  1. Sin embargo, esas numerosas subdivisiones funcionan en forma unificada, y el cuerpo es un todo correlacionado.




  1. Cada una de sus partes difiere en forma y función, pero todas son interdependientes.




  1. Cada parte y cada organismo están a su vez compuestos de mo­léculas, células y átomos, y la vida de la totalidad los mantiene unidos en forma de un organismo.




  1. La totalidad llamada hombre se divide a grandes rasgos en cinco partes, unas de mayor importancia que otras, pero todas completando ese organismo viviente denominado ser humano.




  1. La cabeza.

  2. El torso superior, o la parte que se halla arriba del dia­fragma.

  3. El torso inferior, o la parte que está abajo del diafragma.

  4. Las extremidades superiores.

  5. Las extremidades inferiores.




  1. Dichos órganos sirven a distintos propósitos, y de su debido funcionamiento y adecuado ajuste depende el bienestar del todo.




  1. Cada uno de ellos tiene su propia vida, que son la suma total de la vida de su estructura atómica, y están también animados por la vida unificada del todo, dirigida desde la cabeza por la voluntad inteligente o energía del hombre espiritual.




  1. La parte importante del cuerpo de esa triple división es: la cabeza, el torso superior y el inferior. El hombre puede fun­cionar y vivir sin brazos ni piernas.




  1. Cada una de estas tres partes también es triple en su aspecto físico, constituyendo la analogía de las tres partes de la natu­raleza del hombre y las nueve de la vida monádica perfecta. Hay otros órganos, pero los ya enumerados tienen mayor signi­ficado esotérico que los otros.

  1. Dentro de la cabeza tenemos:

  1. Los cinco ventrículos del cerebro, o lo que podríamos llamar el cerebro como organismo unificado.

  2. Las tres glándulas: carótida, pineal y pituitaria.

  3. Los dos ojos.

  1. En la parte superior del cuerpo humano tenemos:

  1. La garganta.

  2. Los pulmones.

  3. El corazón.

  1. En la parte inferior del cuerpo tenemos:

  1. El bazo.

  2. El estómago.

  3. Los órganos sexuales.




  1. La suma total del cuerpo es también triple:

  1. La estructura ósea y la piel.

  2. El sistema vascular o sanguíneo.

  3. El triple sistema nervioso.




  1. Estas triplicidades corresponden a cada una de las tres partes de la naturaleza del hombre:

  1. La naturaleza física: La estructura ósea y la piel son la analogía del cuerpo denso y etérico del hombre.

  2. La naturaleza del alma: Los vasos sanguíneos y el sistema circulatorio son la analogía de esa alma omnipenetrante que compenetra todas las partes del sistema solar, así como la sangre circula por todas las partes del cuerpo.

  3. La naturaleza del espíritu: El sistema nervioso, que ener­getiza al hombre físico y actúa a través de él, es la analo­gía de la energía del espíritu.




  1. En la cabeza tenemos la analogía del aspecto espíritu, la voluntad rectora, la mónada, el Uno:




  1. El cerebro con sus cinco ventrículos es la analogía de la forma física que el espíritu anima en relación con el hombre, quíntuple totalidad que constituye el medio por el cual el espíritu ha de expresarse en el plano físico.

  2. Las tres glándulas de la cabeza están estrechamente rela­cionadas con el alma o naturaleza síquica (superior e inferior).

  3. Los dos ojos son la analogía de la mónada, en el plano físico, siendo voluntad y amor-sabiduría o atma-budi, de acuerdo a la terminología oculta.




  1. En la parte superior del cuerpo tenemos una analogía de la triple naturaleza del alma:

  1. La garganta, correspondiendo al tercer aspecto creador, o sea la naturaleza corporal, la inteligencia activa del alma.

  2. El corazón, amor-sabiduría del alma, el principio búdico o crístico.

  3. Los pulmones, analogía del aliento de la vida, es la equi­valencia del espíritu.




  1. En la parte inferior del torso se repite este triple sistema:

  1. Los órganos sexuales, el aspecto creador, el modelador del cuerpo.

  2. El estómago, manifestación física del plexo solar, es la ana­logía de la naturaleza del alma.

  3. El bazo, el receptor de energías y por ende la expresión en el plano físico del centro que recibe esta energía, es la analogía del espíritu energetizante.

Me doy cuenta muy bien de su dificultad para comprender los tecnicismos que acabo de dar, y aparente inutilidad. Quizás pre­gunten, qué necesidad hay de ser tan meticuloso al enumerar los detalles físicos, sicológicos y del sistema, de naturaleza puramente académica, cuando por un acto de la voluntad y del poder divino y empleando ciertas Palabras de Poder, se puede lograr la curación. Estas ideas son básicamente veraces, pero están basadas en una errónea comprensión, en tiempo y espacio. Si todos los curadores fueran Maestros de Sabiduría, si fueran todos clarividentes, si com­prendieran la Ley del Karma y su actuación en la vida del pa­ciente, si obtuvieran la plena colaboración del paciente y si tu­vieran la capacidad de agregar a todos los requisitos mencionados el empleo de ciertas Palabras y Mántram, entonces, en realidad, sería innecesario el conocimiento académico. Pero estos requisitos no son, ni pueden serlo, llenados. Los curadores, por regla general, no poseen tales poderes. Si bien es verdad que los sanadores fre­cuentemente curan (aunque no tan a menudo como creen), cuan­do lo logran han realizado alguna de las cosas siguientes:


Han curado al paciente cuando su sino o destino así lo ordena, y su alma, por lo tanto, ha atraído a su vehículo (el hom­bre físico) dentro de la irradiante aura del curador o del grupo de curación. Probablemente el paciente podría haberse recupe­rado en cualquier caso, pero el proceso fue acelerado por el esfuerzo y la atención aplicados, además de la fe.
Han interferido el designio inmediato o canon de vida del paciente, y así postergaron algunos procesos necesarios de tuto­ría espiritual. Esto lo olvidan con frecuencia. Es un tema muy complicado para ser tratado aquí, pero podrá ser aclarado algo cuando lleguemos a la última parte.
Por lo tanto (hasta que no haya pleno conocimiento) es vitalmente necesario estudiar la estructura del poder, la vitalidad y la red de energías y fuerzas que componen el organismo humano. Es menester captar mentalmente los procesos de la curación, y las razones que los hacen parecer difíciles, complicados e innecesarios y que ocasionan pérdida de tiempo, son las siguientes:
La incapacidad, incluso de la mente humana más avanzada, de captar temas y tópicos en su totalidad. Aún se carece del elemento Sintético. En la actualidad la enseñanza y los proce­sos implicados deben ser dominados paso a paso, detalle por detalle, precepto tras precepto, aplicación tras aplicación. Pero el futuro contiene una clara promesa; la capacidad del ojo hu­mano para funcionar sintéticamente, abarcar un paisaje, por ejemplo, y hacerlo simultáneamente y en un vistazo, en sus con­tornos amplios y destacados, es la garantía de la futura técnica de la raza. Con una sola mirada de la mente iluminada y una gran irradiación de amor, el curador o el grupo de curación sabrán si se debe llevar a cabo la curación y ayudar al paciente -un proceso mucho más lento- o abstenerse de curarlo.
La inercia del hombre o mujer comunes, impide realizar el esfuerzo necesario para dominar el aspecto técnico de la cura­ción. Es mucho más fácil depender de la divinidad (una divini­dad que en realidad está latente pero no se expresa) y “dejar que Dios lo haga”. Es mucho más fácil reconocer el amor y su emanación, que dominar los procesos por los cuales puede ser eficaz o la naturaleza de aquello que debe ser afectado.
Estos puntos requieren cuidadosa atención y consideración, Me­recen reflexión. El poder sintético de la mente, ayudado por el verdadero amor, será algún día el instrumento de todos los verda­deros curadores. Entretanto, en bien del porvenir, y a fin de ayu­dar en la formulación del futuro arte de la curación -basado en la comprensión de la energía, su afluencia y circulación-, este tratado se ocupará en parte del aspecto académico. Después de to­do, los hechos descritos existen y están verdaderamente presentes, como lo está esa emoción que el curador común denomina amor.

Los Siete Centros Mayores (continuación)
Continuaremos considerando los centros. Hemos visto ya los cuatro centros ubicados arriba del diafragma: los tres centros a través de los cuales la Tríada espiritual debe eventualmente tra­bajar, y el centro sintético, el centro ajna, que finalmente expresa a la personalidad integrada y se convierte en agente directo del alma. Ahora debemos considerar tres centros más, ubicados abajo del diafragma -centros plexo solar, sacro y en la base de la colum­na vertebral. El centro más importante para el aspirante es hoy el plexo solar; el más activo -generalmente hablando- en toda la humanidad, es todavía el centro sacro; el centro más pasivo del cuerpo (desde el ángulo del hombre espiritual) es el básico.


  1. El Centro Plexo Solar. Está ubicado muy por debajo de los omóplatos, en la columna vertebral, y es extremadamente ac­tivo. En los días atlantes obtuvo un elevado grado de desarro­llo, así como en la época aria el centro laríngeo va despertando rápidamente. Este centro está peculiarmente relacionado a otros dos: el cardíaco y el ajna, formando actualmente un interesante triángulo de energías en el cuerpo humano, que recibe mucha atención de la Jerarquía. Existe una afluencia de energía desde el alma al centro ajna y al corazón, siempre que el aspirante pueda hacer contacto con su alma. Ello conduce a tres cosas:

A la estimulación del centro cardíaco.

A la respuesta reaccionaria del corazón que evoca la estimula­ción del centro ama y produce eventualmente el reconocimiento de la conciencia grupal por la personalidad.

A la evocación del centro cardíaco en la cabeza.


Sin embargo, todo esto es facilitado por el avanzado desarrollo del plexo solar del aspirante, que produce su propio efecto sobre el corazón y un efecto recíproco en el centro ajna. En consecuencia, hay dos triángulos importantes a considerar:




Compartir con tus amigos:
1   ...   7   8   9   10   11   12   13   14   ...   54


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

    Página principal
Universidad nacional
Curriculum vitae
derechos humanos
ciencias sociales
salud mental
buenos aires
datos personales
Datos personales
psicoan lisis
distrito federal
Psicoan lisis
plata facultad
Proyecto educativo
psicol gicos
Corte interamericana
violencia familiar
psicol gicas
letras departamento
caracter sticas
consejo directivo
vitae datos
recursos humanos
general universitario
Programa nacional
diagn stico
educativo institucional
Datos generales
Escuela superior
trabajo social
Diagn stico
poblaciones vulnerables
datos generales
Pontificia universidad
nacional contra
Corte suprema
Universidad autonoma
salvador facultad
culum vitae
Caracter sticas
Amparo directo
Instituto superior
curriculum vitae
Reglamento interno
polit cnica
ciencias humanas
guayaquil facultad
desarrollo humano
desarrollo integral
redes sociales
personales nombre
aires facultad