Curación Esotérica



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LEY IV



La enfermedad, tanto física como sicológica, tiene sus raíces en lo bueno, lo bello y lo verdadero y sólo es un reflejo distorsionado de las posibilidades divinas. El alma frustrada, cuando trata de expresar plenamente alguna característica divina o realidad espiritual interna, produce dentro de la sustancia de sus envolturas un punto de fricción. Sobre este punto están enfocados los ojos de la personalidad, lo cual conduce a la enfermedad. El arte del curador consiste en elevar hacia el alma -el verdadero curador dentro de la forma- los ojos que están enfocados hacia abajo. Entonces el tercer ojo, u ojo espiritual, dirige la fuerza curadora, y todo está bien.

B. Enfermedades de los Discípulos


Dividiré en dos partes lo que voy a decir acerca de las enfermedades de los discípulos: los problemas específicos de los discípulos y las dificultades incidentales al contacto con el alma.
Es necesario recordar que todo discípulo es susceptible de con­traer los tipos principales de enfermedades, pues al tratar de ser uno con toda la humanidad, ello incluye por lo tanto todos los males hereditarios de la carne. Sin embargo, no pueden sucumbir a las flaquezas del hombre común y deben recordar que las enfermedades cardíacas y nerviosas constituyen su mayor problema. En conexión con esto los discípulos podrían dividirse en dos grupos principales: Los que viven arriba del diafragma y por lo tanta están predispuestos a las enfermedades del corazón, a las dificultades de la tiroides y de la garganta, y aquellos que están en proceso de transferir las energías de los centros situados abajo del diafragma a los de arriba del diafragma. La mayoría de ellos está transfiriendo las energías del plexo solar al corazón, y la agonía del mundo está acelerando profundamente el proceso. Dificultades es­tomacales, hepáticas y respiratorias van a la par de tales trasfe­rencias.
1. Los Problemas Específicos de los Discípulos.
Estos problemas específicos son, como bien saben, peculiares de quienes han elevado su conciencia a la vida del alma, fuera de la vida de la personalidad. Están relacionados principalmente con la energía, su afluencia, su asimilación o no asimilación, y su empleo correctamente dirigido. Las otras enfermedades que constituyen la herencia de la carne en esta época de la evolución humana (pues debe recordarse que las enfermedades varían de acuerdo a la etapa de evolución y que su aparición es cíclica), y a las cuales los discí­pulos pueden sucumbir y sucumben, no se considerarán aquí; basta decir que las tres principales enfermedades de la humanidad, a las cuales me he referido, cobran su tributo a los discípulos, particularmente para lograr que el alma se libere de su vehículo. Sin embar­go, son controladas en tales casos -aunque no lo parezca- desde los niveles del alma, y el desenlace está planeado como resultado de la decisión del alma y no por los estragos de la enfermedad. La razón de que estas tres principales enfermedades, originarias de la vida planetaria en la cual vivimos, nos movemos y tenemos nues­tro ser, ejercen este poder sobre los discípulos, consiste en que ellos mismos son parte integrante de la vida planetaria, y en las pri­meras etapas del reconocimiento de esta unidad están propensos a ser fácil presa de ellas. Este es un hecho poco conocido o com­prendido, pero explica por qué los discípulos y personas avanzadas son susceptibles a dichas enfermedades.
Dividiremos estos problemas en cuatro categorías:


  1. Los que están relacionados con la sangre o el aspecto vida, porque “la sangre es la vida”. Esto produce un efecto especifico sobre el corazón, por lo general sólo de naturaleza funcional. Las enfermedades orgánicas del corazón se deben a causas más pro­fundamente arraigadas.




  1. Los que son un efecto directo de la energía, actuando sobre el sistema nervioso y a través de éste, por intermedio del cerebro rector.




  1. Los que están relacionados con el sistema respiratorio y tie­nen un origen oculto.




  1. Los que se deben específicamente a la receptividad o no re­ceptividad, al funcionamiento o no funcionamiento, y a la influencia que ejerce el centro. Lógicamente éstas caen en siete grupos, que afectan siete zonas principales del cuerpo. En lo que respecta al discípulo común, antes de que exista total control por el alma y dirección monádica, el principal agente rector, vía el cerebro, es el nervio vago, a lo largo del cual las energías (penetrando por intermedio del centro coronario) son distribuidas al resto del cuer­po. En Oriente ha sido creada, por una poderosa escuela esotérica, una ciencia definida de los centros y su relación con el kundalini. Contiene muchas verdades y también muchos errores.

He establecido diferencia entre problemas, reacciones físicas y enfermedades, porque la afluencia, distribución y dirección de la energía no producen necesariamente enfermedad. Sin embargo, durante el noviciado que precede a todas las iniciaciones, se pro­ducen siempre dificultades y problemas de todo tipo, ya sea en la conciencia del discípulo o en relación con quienes están a su alrededor. De ahí que sea afectado su medio ambiente y en con­secuencia su propia acción recíproca.


Debería recordarse, en conexión con esto, que todos los discí­pulos son centros de energía en el cuerpo de la humanidad y están en proceso de convertirse en puntos de energía enfocada y diri­gida. Su función y actividad, siempre e inevitablemente, producen efectos, resultados, despertamientos, desintegraciones y reorientaciones, en la vida de aquellos que los rodean. En las prime­ras etapas producen esto inconscientemente, por eso los resulta­dos, sobre aquellos con quienes hacen contacto con frecuencia, no son deseables, ni la energía está dirigida, desviada o retenida inte­ligentemente. Una intención inteligente debe existir detrás de toda sabia dirección de la energía. Más adelante, cuando estén aprendiendo conscientemente a ser y estén convirtiéndose en centros radiantes de energía curadora, conscientemente dirigida, esta energía animadora será transmitida y luego empleada constructi­vamente en líneas sicológicas y físicas. Sin embargo, en cualquier caso, el discípulo ejerce una eficaz influencia y nunca puede pasar “inadvertido en su lugar ni dejar de hacer impacto sobre otras al­mas”, como se dice esotéricamente. Su influencia, emanación y potente energía, inevitablemente le acarrean problemas y dificul­tades, basadas en las relaciones humanas que ha establecido kár­micamente y en las reacciones de aquellos con quienes hace contacto, ya sea para bien o para mal.
Esencialmente, la influencia de un discípulo de la gran Logia Blanca es fundamentalmente buena y espiritualmente condicio­nante; superficialmente y en sus efectos externos -en particular en lo que concierne al discípulo- aparecen situaciones difíciles, aparentes separaciones, y emergen los defectos lo mismo que las virtudes de quienes han sido afectados, persistiendo a menudo du­rante muchas vidas, hasta que la persona, así influenciada, llega a “reconciliarse ocultamente con la energía emanante.” Reflexionen sobre esto. El reajuste deben hacerlo quienes han sido influencia­dos y no el discípulo.
Consideraremos ahora los cuatro problemas desde el ángulo sicológico y no desde el físico.


  1. Los problemas que surgen debido al despertar del centro cardiaco del discípulo son quizás los más comunes y con frecuen­cia los más difíciles de manejar; están basados en las relaciones vivientes y la interacción de la energía del amor con las fuerzas del deseo. En las primeras etapas, ésta afluyente fuerza-amor esta­blece contactos con la personalidad, que oscilan entre las etapas de máxima devoción y extremo odio, por parte de la persona que ha sido afectada por la energía del discípulo. Esto produce un constan­te disturbio en la vida del discípulo, hasta llegar a adaptarse a los efectos de la distribución de su energía y también a las frecuen­tes rupturas de relaciones y reconciliaciones. Cuando el discípulo ha adquirido suficiente importancia como para llegar a ser el centro organizador de un grupo o estar en posición de comenzar a formar esotéricamente su propio ashrama (antes de recibir al­guna de las iniciaciones mayores), entonces la dificultad puede ser muy real y perturbadora. Sin embargo muy poco puede hacer el discípulo, excepto tratar de regular la saliente energía del amor. El problema continúa fundamentalmente para aquel que ha sido afectado; los reajustes deben ser hechos por los demás, como he dicho anteriormente, y el discípulo debe estar preparado para co­laborar al primer indicio de una buena voluntad en reconocer la relación y la intención de colaborar en el servicio grupal. Este punto deben considerarlo ambas partes, el discípulo y la persona que reacciona a su influencia. El discípulo está preparado; el sujeto que responde, generalmente se retira o se acerca, de acuerdo al anhelo de su alma o de su personalidad, probablemente ocurra esto último en las primeras etapas. Sin embargo, oportunamente el sujeto presta su plena comprensión colaboradora con el dis­cípulo, finalizando la difícil experiencia de la enfermedad.

No me es posible dar detalles explícitos al considerar estos pro­blemas relacionados con el corazón y la energía vital del discípulo, los cuales están condicionados por su rayo, la iniciación para la cual se está preparando, y la calidad, etapa evolutiva y rayo de quienes han sido afectados.


Existen también dificultades y problemas de naturaleza más sutil, que surgen de la misma causa, pero no localizadas en ciertas relaciones humanas definidas. Un discípulo sirve, escribe y habla; sus palabras e influencias compenetran la masa de hombres, des­pertando en ellos alguna actividad a menudo buena y espiritual, a veces mala, antagónica y peligrosa. En consecuencia, no sólo tie­ne que ocuparse de sus propias reacciones al trabajo que está rea­lizando, sino, en un sentido general y específico, de las masas a las que comienza a afectar. Esto no es algo fácil de realizar, parti­cularmente para un trabajador inexperto en el Plan. Fluctúa entre el plano mental, donde normalmente intenta actuar, y el plano astral, donde las masas se hallan enfocadas, y esto lo lleva al reino del espejismo y al consiguiente peligro. Su conciencia se dirige a quienes trata de ayudar, a veces como alma (entonces a menudo sobrestimula a quienes lo escuchan) y otras como personalidad (entonces nutre y aumenta las reacciones de la personalidad de la masa).
A medida que el tiempo pasa, aprende -mediante las dificul­tades que trae el necesario acercamiento cordial- a mantenerse firme en el centro, emitiendo la nota, dando su mensaje, distribu­yendo energía de amor e influyendo sobre quienes lo rodean, pero él permanece impersonal, sólo como agente rector y alma comprensiva. Esta impersonalidad (que puede ser definida como una abstracción de la energía de la personalidad) acarrea sus pro­pios problemas, como bien saben los discípulos; sin embargo, nada pueden hacer sino esperar que el tiempo conduzca a los otros hacia una clara comprensión del significado y sentido esotérico de las rectas relaciones humanas. El problema de quienes trabajan con individuos y grupos está básicamente relacionado con la energía del corazón y con la fuerza vivificadora de su vida personificada. En conexión con este problema y su reacción sobre el discípulo, pueden ocurrir ciertas dificultades físicas, y de éstas me ocuparé en breve.
Debo puntualizar que también pueden aparecer las dificulta­des del ritmo y los problemas vinculados con la vida cíclica del discípulo. El corazón y la sangre están esotéricamente relaciona­dos y simbólicamente definen la vida palpitante del alma que se manifiesta en el plano físico, en la exteriorización y abstracción de la vida dual del discípulo: cada fase presenta su propio pro­blema. Una vez que el discípulo ha dominado el ritmo de su vida externa e interna y ha organizado sus reacciones de manera que puede extraer de ellas el máximo significado, sin ser condicionado por ellos, entonces entra en la vida relativamente sencilla del ini­ciado. ¿Les asombra esta frase? Debe recordarse que el iniciado se ha liberado, después de la segunda iniciación, de las complejida­des del control emocional y astral. El espejismo ya no puede do­minarlo. Puede permanecer firme a pesar de todo lo que haga y sienta. Se da cuenta que la condición cíclica está relacionada con los pares de opuestos y es parte de la manifestación de la vida de la existencia misma. Durante el tiempo que aprende esto pasa a través de grandes dificultades. Como alma, se somete a una vida de exteriorización, influencia magnética y extroversión. Inmedia­tamente después de esto puede llevar una vida de abstracción, sin ningún interés aparente por sus relaciones y medio ambiente, y expresarse en forma intensamente introspectiva e introvertida. Quizás luche penosamente entre estos extremos, a veces durante muchas vidas, hasta que aprende a fusionar y mezclar ambas ex­presiones. Llega a comprender con claridad la vida dual del discí­pulo aceptado, en sus diversos grados y etapas, y sabe lo que hace. Constante y sistemáticamente desempeñan una parte útil la exte­riorización y abstracción, el prestar servicio al mundo y el vivir la vida reflexiva.
Mientras va dominando este proceso surgen muchas dificulta­des sicológicas que conducen a separaciones sicológicas, profunda­mente arraigadas o superficiales. El objetivo de todo desarrollo es integración, integración como personalidad, integración con el alma, integración en la Jerarquía, integración con el Todo, hasta lograr la completa unidad e identificación, A fin de dominar esta ciencia de integración cuya meta básica es la identificación con la Realidad Una, el discípulo progresa de una unificación a otra, cometiendo errores, llegando con frecuencia a un completo desaliento, identificándose con lo indeseable, hasta que como per­sonalidad-alma repudia las anteriores relaciones, y debe pagar continuamente el fervor mal aplicado, la aspiración distorsionada, el efecto abrumador del espejismo y las numerosas condiciones si­cológicas y desarreglos físicos que deben surgir mientras se subsa­nan las separaciones, se logra la correcta identificación y se esta­blece la debida orientación.
Durante este proceso básico, necesario e ineludible, se lleva a cabo un definido trabajo en el cuerpo etérico. El discípulo aprende a elevar las energías, extraídas de los centros inferiores, al plexo solar y de allí al centro cardíaco, reenfocando así las energías arriba del diafragma, en vez de hacerlo abajo del diafragma. Esto conduce frecuentemente a grandes complicaciones, porque -des­de el ángulo de la personalidad- el centro plexo solar es el más poderoso, siendo el lugar donde se distribuyen las fuerzas de la personalidad. Este proceso de descentralización y “elevación” de la conciencia inferior a la superior, trae las principales dificultades a las que está sujeto el discípulo. Este proceso también se está lle­vando a cabo hoy en todo el mundo, causando la espantosa dislocación de los asuntos humanos, culturas y civilizaciones. Todo el enfoque de la conciencia humana está cambiando; la vida egoísta (característica del hombre centralizado en sus deseos y consecuen­temente en el centro plexo solar) cede su lugar a la vida descen­tralizada del hombre altruista (centrado en su yo alma), consciente de sus relaciones y responsabilidades con el Todo y no con la parte. Esta sublimación de la vida inferior en la superior es uno de los momentos más importantes para el individuo y la raza. Una vez que el discípulo individual y también la humanidad, que sim­boliza al discípulo del mundo, hayan dominado el proceso de tras­ferencia, veremos establecido el nuevo orden del servicio indivi­dual mundial y, por lo tanto, la llegada del tan esperado nuevo orden.
La circulación de la corriente sanguínea es el símbolo de estos procesos, y la clave del establecimiento del orden mundial se halla oculta en dicha simbología -la libre circulación de todo lo nece­sario para cada parte de la gran estructura de la humanidad. La sangre es la vida, y el libre intercambio, la libre participación, la libre circulación de todo lo que se requiere para un correcto vivir humano, caracterizará al mundo futuro. Estas condiciones no exis­ten, el cuerpo de la humanidad está enfermo y su vida interna desorganizada. En vez de la libre circulación del aspecto vida en todas partes, ha existido separación, congestión, estancamiento y canales obstruidos. Ha sido necesaria la terrible crisis actual para que la humanidad perciba esta condición enfermiza, la enorme ex­tensión del mal y descubra que las enfermedades de la “sangre de la humanidad” (simbólicamente entendida) son tan graves que se requieren las más drásticas medidas -dolor, agonía, desesperación y terror- para lograr su curación.
Los curadores deberán recordar esto, y tener presente que los discípulos, los hombres buenos y los aspirantes, comparten esta enfermedad universal de la humanidad, la cual deberá cobrar tributo, sicológica o fisiológicamente, o ambos. El malestar es de origen muy antiguo y de arraigados hábitos, e inevitablemente afecta al vehículo físico del alma. Estar exento de los efectos de las enfermedades humanas no indica superioridad espiritual. Simple­mente podría indicar lo que uno de los Maestros denominó como “las profundidades del egoísmo y la autosatisfacción espirituales”. El iniciado de tercer grado puede considerar que está exento, pero sólo se debe a que está completamente liberado del espejismo y ningún aspecto de la vida de la personalidad tiene poder sobre él. Todos los tipos de rayos que rigen al individuo están sujetos simi­larmente a estos problemas particulares. Sin embargo, los que per­tenecen al séptimo rayo son más susceptibles a los problemas, dificultades y enfermedades incidentales de la corriente sanguínea, que ningún otro tipo. La razón es que éste rayo tiene que ver con la expresión y manifestación de la vida en el plano físico y con la organización de la relación entre espíritu y materia en la forma. Por lo tanto concierne hoy, mientras se trata de crear el nuevo orden, a la libre circulación y la consiguiente y destinada­ liberación de la humanidad de las enfermedades y problemas del pasado. Es interesante recordar esto y sería útil para los estudiantes, en esta época -si desean colaborar inteligentemente con los aconte­cimientos del día- reunir y estudiar todo lo que he escrito acerca del séptimo Rayo de Orden Ceremonial y Magia.


  1. Las enfermedades del sistema nervioso producidas por la afluencia de energía a todas las partes del cuerpo, ya sea dirigida por la personalidad, algún aspecto del yo inferior personal, o por el alma, vía el cerebro, son muchas, y se agudizan a medida que el discípulo se acerca a la iniciación o se convierte en un iniciado. Al margen de los males sicológicos que esto produce, existen otras numerosas condiciones, debidas a esta afluencia de tuerza. El discípulo, por ejemplo, llega a estar excesivamente estimulado y por consiguiente superactivo; sufre un desequilibrio y con esto no me refiero al desequilibrio mental (aunque puede ocu­rrir) sino al superdesarrollo e hiperexpresión de alguna parte de su naturaleza. Puede llegar a estar exageradamente superor­ganizado por medio de algún centro hiperactivo, o suborganizado e inactivo. Por lo tanto está sujeto al desequilibrio del sistema glandular, con todas las dificultades derivadas. La sobrestimulación o el subdesarrollo, en lo que concierne a los centros, gene­ralmente afecta a las glándulas, y éstas a su vez producen las dificultades del carácter, que lógicamente también traen proble­mas ambientales, así como impedimentos de la personalidad.

Esto llega a convertirse en un círculo vicioso y todo se debe a la errónea dirección de la fuerza y su afluencia, desde uno de los vehículos de la personalidad a su correspondiente centro (por ejemplo, la fuerza astral y su relación con el plexo solar), apareciendo los problemas que conciernen a la salud, el carácter y a la influencia que ejerce. La actividad excesivamente radiante de algún centro llama la atención y el discípulo es víctima de su propia obra. Me ocuparé de éstas más extensamente cuando con­sidere las enfermedades que surgen de estas cuatro categorías.


Dichas dificultades son de tipo general, pero afectan principal­mente a los discípulos de segundo y sexto rayos. A los primeros, porque el segundo rayo es el rayo constructor y por lo tanto con­cierne predominante a la manifestación externa y a la utilización de todos los centros, y a los otros, porque es primordialmente el rayo de tensión, tensión que puede convertirse en el más ma­ligno fanatismo o en la más altruista devoción. Es innecesario decir que todos los rayos presentan los mismos problemas, pero el segundo rayo tiene que ver mayormente con la actividad del alma a través de todos los centros (ubicados arriba y abajo del diafragma), teniendo el cardíaco como principal centro de atención. El sexto rayo tiene una estrecha relación con el centro plexo solar como lugar de distribución y de reorientación de la tuerza vital en la personalidad. Continuamente recuerden esto.


  1. Los problemas vinculados con el sistema respiratorio están relacionados con el corazón y por lo tanto con el establecimiento del ritmo y contacto correctos con el medio ambiente. Inhalar el aliento de la vida y compartir el aire con los demás seres humanos, significa un centro individual de vida y la participación también en la vida general de todos. A estos problemas de la existen­cia individual o separada y de su opuesto, está íntimamente rela­cionada la Palabra Sagrada u el OM. Podría expresarse con las palabras de un manual ocultista sobre oraciones, dado a los discí­pulos avanzados:

“Quien vive regido por el sonido AUM se conoce a sí mismo.



Quien vive entonando el OM conoce a su hermano. Quien conoce el SONIDO, conoce todo”.
Luego, en el lenguaje críptico y simbólico del iniciado, el manual continúa:
“El aliento de vida se convierte en la causa de la muerte para quien vive dentro de un cascarón. Existe, pero no es; el aliento entonces se retira y asciende en espiral hacia el todo”.
“Quien exhala el OM no sólo se conoce a si mismo. Sabe que el aliento es prana, vida y fluido vinculador. Los males de la vida son suyos, porque constituyen el sino del hombre, no generado en un cascarón porque el cascarón no existe.”
“Quien es el SONIDO y lo emite, no conoce enfermedad ni tam­poco la mano de la muerte”.
En estas pocas palabras se resume todo el problema que corres­ponde al tercer grupo de problemas y enfermedades, los cuales están relacionados con la circulación de la energía del alma, la energía del amor, y nada tienen que ver con la circulación de la esencia de la vida. Estas dos energías básicas, a medida que actúan sobre las fuerzas de la personalidad, acarrean la totalidad de los problemas heredados por la humanidad. Producidos por la falta de amor, de vida, y por no emitir ni trasmitir correctamente la nota del alma y del rayo. El secreto para la construcción de un canal puro (empleando una fraseología mística, pero no ocultista) está considerado en el primer grupo de problemas, y el establecimiento de correctas relaciones por la correcta enunciación de la nota atractiva del alma, está considerado en los dos últimos grupos.
Este tercer grupo de dificultades, problemas y enfermedades, corresponde lógicamente a esas personas que pertenecen a todos los rayos, pero las de primer rayo tienen una marcada predisposición a estas perturbaciones específicas. Al mismo tiempo, cuan­do emplean correctamente sus poderes latentes, pueden superar, por el correcto empleo del OM y finalmente del SONIDO, los pro­blemas incidentales y las dificultades, mucho más fácilmente que las de otros rayos. Aquí se refiere a la Palabra Perdida de la Masonería y al SONIDO del Nombre Inefable.
Los sonidos AUM y OM y el SONIDO mismo, están relacionados con la vibración y sus diferentes y variados efectos. El secreto de la Ley de Vibración se está revelando progresivamente a me­dida que las personas aprenden a emitir la PALABRA en sus tres aspectos. Los estudiantes harían bien en reflexionar sobre la dife­rencia que existe entre el aliento y el sonido, entre el proceso de la respiración y el proceso de creación de la actividad vibratoria. Están relacionados, pero son diferentes. Uno se relaciona con el Tiempo, el otro con el espacio, y (como lo expone El Antiguo Co­mentario) “el sonido, sonido final aunque iniciador, concierne a aquello que no es ni Tiempo ni Espacio; está más allá del Todo manifestado, Fuente de todo lo que es y sin embargo es nada” (o ninguna cosa. A.A.B.)
Por esta razón los discípulos que pertenecen al cuarto rayo pueden comúnmente progresar mediante el poder de la intuición y la comprensión del OM. Este rayo de armonía a través del con­flicto (el conflicto de los pares de opuestos), necesariamente está relacionado con la introducción de esa actividad vibratoria que llevará a la unidad, a la armonía y rectas relaciones y a la liberación de la intuición.


  1. Los problemas incidentales a la actividad o inactividad de los centros son quizás los más importantes desde el punto de vista de la enfermedad, porque los centros rigen el sistema glandular, y las glándulas tienen una relación directa con la corriente san­guínea, condicionando también las principales y más importantes zonas del cuerpo humano; tienen un efecto fisiológico y sicológico sobre la personalidad y sus contactos y relaciones internas y exter­nas. La reacción es principalmente física pero los efectos son mayormente sicológicos, por lo tanto me extenderé sobre este cuarto grupo principalmente, trataré las enfermedades de los discípulos y daré algunas instrucciones definidas sobre los centros, lo cual indicará más claramente que en ninguna otra parte, las causas de muchos males humanos y dificultades físicas.

Antes de proseguir con el próximo punto, procuren captar más plenamente las Leyes y Reglas de la Curación, dadas y repetidas aquí para facilitar sus esfuerzos.




LEY I



Toda enfermedad es el resultado de la inhibición de la vida del alma. Esto es verdad para todas las formas de todos los reinos. El arte del curador consiste en liberar al alma, a fin de que su vida pueda fluir a través del conglomerado de organismos, que cons­tituye una forma determinada.


LEY II



La enfermedad es el producto de tres influencias y está sujeta a ellas. Primero, el pasado del hombre, en que paga el precio de an­tiguos errores; segundo, su herencia donde comparte con todo el género humano esas contaminadas corrientes de energía de origen grupal; tercero, su participación, con todas las formas naturales, de aquello que el Señor de la Vida impone a Su cuerpo. Estas tres influencias son denominadas “La Antigua Ley de Participación del Mal”. Algún día ésta debe ceder su lugar a la nueva “Ley del Anti­guo y Predominante Bien”, que reside detrás de todo lo que Dios ha creado. Esta ley debe ser puesta en vigencia por la voluntad espiritual del hombre.


LEY III


Las enfermedades son efecto de la centralización básica de la energía vital del hombre. Del plano en que dichas energías están enfocadas, provienen esas condiciones determinantes que producen mala salud. En consecuencia se manifiestan como enfermedad o co­mo buena salud.


LEY IV


La enfermedad, tanto física como sicológica, tiene sus raíces en lo bueno, lo bello y lo verdadero, y sólo es un reflejo distorsionado de las posibilidades divinas. EL alma frustrada, cuando trata de expresar plenamente alguna característica divina o realidad espiritual interna, produce, dentro de la sustancia de sus envolturas un punto de fricción. Sobre este punto están enfocados los ojos de la personalidad, lo cual conduce a la enfermedad. El arte del cura­dor consiste en elevar hacia el alma -el verdadero Curador, dentro de la forma- los ojos que están enfocados hacia abajo. Enton­ces, el tercer ojo u ojo espiritual, dirige la fuerza curadora, y todo está bien.


REGLA UNO


El curador debe tratar de vincular su alma, corazón, cerebro y manos. Así puede derramar la fuerza vital curadora sobre el pa­ciente. Esto es trabajo magnético. Puede curar la enfermedad o acrecentar su estado maligno, de acuerdo al conocimiento del cu­rador.
El curador debe tratar de vincular su alma, cerebro, corazón y emanación áurica. Así su presencia puede nutrir la vida del alma del paciente. Esto es trabajo de irradiación. Las manos no son necesa­rias. El alma despliega su poder. El alma del paciente, a través de la respuesta de su aura, responde a la irradiación del aura del curador, inundada por la energía del alma.


REGLA DOS


El curador debe adquirir pureza magnética a través de la pureza de vida. Debe lograr esa dispersiva irradiación, que se mani­fiesta en todo hombre que ha vinculado los centros de la cabeza. Cuando se ha establecido tal campo magnético, entonces surge la irradiación.


REGLA TRES


El curador debe entrenarse a fin de conocer el nivel interno de los pensamientos y deseos de quien busca su ayuda. Así podrá co­nocer la fuente de donde proviene la dolencia. Debe relacionar la causa y el efecto, y conocer el punto exacto por el cual debe lle­gar el alivio.


REGLA CUATRO

El curador y el grupo de curación deben mantener sujeta la voluntad, pues no deben emplear la voluntad, sino el amor.



2. Dificultades Incidentales al Contacto con el Alma.
Hoy comenzaremos a estudiar las dificultades, enfermedades y perturbaciones sicológicas (neurológicas y mentales) de los aspi­rantes y discípulos del mundo. Las estudiaremos definidamente desde el ángulo de los siete centros, y también consideraremos los resultados de las fuerzas y energías (empleo estas palabras carac­terísticas, premeditadamente) que afluyen a través de ellos. Gran parte de lo que diré lo pondrá en duda la medicina ortodoxa, aun­que ella paulatinamente va hacia el punto de vista ocultista. No trataré de relacionar la actitud esotérica de la curación, sus propo­siciones y métodos, con las modernas escuelas terapéuticas. Ambas se están acercando gradualmente. El lector lego, para quien están destinadas estas enseñanzas, comprenderá con más claridad mi tesis si la mantengo relativamente libre de los términos técnicos y de las actitudes académicas de las ciencias médicas. Sólo servi­rían para confundir. Mi intención es dar un cuadro general de las causas subyacentes en los males físicos externos. Quiero presentar ciertos aspectos de la terapia esotérica, para lo cual el género humano está preparado, recordándoles que la presentación es lógica­mente inadecuada y parcial, y por ello puede parecer incorrecta y ser un desafío para aquellos que siempre buscan explotar la cre­dulidad humana. Sin embargo, esto no es asunto mío. El tiempo comprobará la veracidad de mis afirmaciones.
La nueva medicina se ocupará dé factores que en la actualidad apenas son reconocidos y aún no han sido relacionados con el hom­bre y su cuerpo. La teoría básica sobre la cual descansará la nueva enseñanza médica puede ser resumida en la afirmación de que en realidad sólo hay energía que considerar y fuerzas que resisten o asimilan tipos de energía superiores o diferentes. Por lo tanto, permítaseme dar una nueva Ley para agregar a las cuatro ya expuestas. Las leyes anteriores han sido proposiciones abstractas, y a no ser que se las relacione con esta quinta Ley, seguirán siendo ambiguas y sin significado.





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