Cuidados infantiles en contexto de vulnerabilidad. Sobre estrategias y subjetividades. Co-autores responsables



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Cuidados infantiles en contexto de vulnerabilidad.

Sobre estrategias y subjetividades.
Co-autores responsables:

Valeria Santana. Uruguay. Ministerio de Desarrollo Social del Uruguay y Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República del Uruguay.

Ana Casteluccio. Uruguay. Ministerio de Desarrollo Social del Uruguay y Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República del Uruguay.

Lorena Caffaro. Uruguay. Ministerio de Desarrollo Social del Uruguay y Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República del Uruguay.



Resumen

Esta ponencia reseña nuestra investigación acerca de las estrategias de cuidado de los/as niños/as menores de cinco años adoptadas por los hogares en situación de vulnerabilidad social en tres barrios de Montevideo. La misma da cuenta de las diversas fuentes de gestión del bienestar (la familia, el Estado, el mercado y las organizaciones comunitarias) y las motivaciones que llevan a estos hogares a utilizarlas. A la vez, aborda las dificultades y repercusiones que surgen en torno al cuidado y como estas son percibidas. Por último, aborda las percepciones y opiniones acerca de las estrategias utilizadas, la visualización de necesidad de cambios y las opiniones generales acerca de las diferentes fuentes de cuidado.


Descriptores

Infancia/ Cuidados/ Vulnerabilidad


Introducción

La presente ponencia resume nuestra investigación, “Los cuidados infantiles en contextos de vulnerabilidad: Un estudio sobre las estrategias de cuidado y las subjetividades asociadas” realizada entre agosto de 2013 y mayo de 2014, en el marco de las Becas de Investigación en Temáticas de Infancia y Juventud en Contexto de Alta Vulnerabilidad Social y Pobreza, otorgada por la Pro Fundación para las Ciencias Sociales y la Dirección Nacional de Evaluación y Monitoreo del Ministerio de Desarrollo Social de Uruguay.

El estudio pretendió arrojar luz sobre las estrategias de cuidado de los/as niños/as de hasta cinco años de edad adoptadas por los hogares en situación de vulnerabilidad social de diferentes barrios de Montevideo, desde la perspectiva de las entrevistadas, de sus motivaciones y las decisiones que las llevan a adoptar diferentes estrategias.

Como objetivo general, nos propusimos comprender y caracterizar las estrategias de cuidado de niños/as de hasta cinco años de edad, adoptadas por familias vulnerables de diferentes barrios de Montevideo caracterizados por niveles altos de vulnerabilidad. Como objetivos específicos: A) Describir los hogares en cuanto a sus características socioeconómicas B) Describir las tareas de cuidado que se realizan en el hogar, cómo éstas se distribuyen entre los diferentes miembros del hogar C) Describir la estrategia de cuidado externo al hogar (Estado, mercado, organizaciones comunitarias y redes) D) Comprender las motivaciones que llevan a los miembros del hogar a cargo de las tareas de cuidado de los niños a adoptar una o varias de las estrategias, así como también comprender las percepciones y opiniones acerca de la estrategia adoptada y sobre la forma ideal en que estas tareas deberían asumirse. E) Describir las insuficiencias que puedan aparecer en relación a los cuidados y las opiniones y percepciones.


Desarrollo: Marco teórico- Metodológico.

Las investigaciones asociadas a las familias y a la niñez, el uso del tiempo, el género y el cuidado en particular, se han extendido en el último tiempo, siendo en el presente muy abundantes tanto a nivel internacional como en nuestro país, donde fundamentalmente en los últimos años el debate sobre la construcción de un sistema nacional de cuidados ha redoblado el interés que despiertan estas temáticas.

El cuidado puede ser definido como la “acción de ayudar a un niño (o a una persona dependiente) en el desarrollo o el bienestar de su vida cotidiana” (Batthyány, K., 2004: 49-50) y se considera trabajo tanto cuando se realiza remuneradamente como cuando se realiza de forma no remunerada en el marco de la familia. Dada la división sexual del trabajo, los cuidados han sido llevados a cabo tradicionalmente por las mujeres. En Uruguay, los primeros datos de la Encuesta de Uso del tiempo y Trabajo No Remunerado de 2013 arrojan que las mujeres tienen una mayor participación en el trabajo no remunerado en general y de cuidados en particular, tanto si se toma en cuenta la tasa de participación como las horas dedicadas.

En el marco de los regímenes del bienestar, el cuidado es distribuido entre sus cuatro pilares, es decir, el Estado, el mercado, las organizaciones comunitarias y las familias, estas últimas constituyen un importante ámbito productor de bienes y servicios no monetarizados y son las principales proveedoras del cuidado. En América Latina, los regímenes del bienestar pueden ser definidos como informales en la medida en que las familias en general y el trabajo no remunerado femenino en particular, se amplían para compensar las insuficiencias tanto de los mercados (que proveen para amplias poblaciones solo una débil o inexistente mercantilización del bienestar), como de las políticas estatales (Martínez, J.2007). En este sentido, la desfamiliarización del bienestar, es decir, la reducción de las cargas asistenciales de las familias por el Estado, el mercado o las organizaciones comunitarias (Esping Adersen, 1998) es limitada en Latinoamérica. Particularmente, en Uruguay las políticas públicas cuentan con una fuerte presencia en comparación a otros países latinoamericanos, pero aún así amplios grupos de la población no acceden satisfactoriamente a ellas, como es el caso de los niños menores de dos años cuyo cuidado se encuentra fuertemente familiarizado.

A la informalidad de nuestros regímenes de bienestar se suma la inestabilidad que estos transitan debido al fenómeno conocido como crisis de los regímenes de bienestar, período histórico en el que las sociedades que los alumbraron han dejado de existir, o por lo menos sufrieron cambios tan profundos que se vuelven irreconocibles. Muchos de estos cambios fueron protagonizados por las familias que transitaron la llamada segunda transición demográfica e incluyeron masivamente a las mujeres en el mercado de trabajo remunerado (Esping-Andersen, 1998).

El cuidado no es ajeno a estos cambios y se encuentra transitando la denominada crisis del cuidado, un período caracterizado por una pérdida de equilibrio en los arreglos tradicionales del cuidado, que implica muy frecuentemente sobrecarga para los cuidadores al tiempo que carencias de bienestar para las personas cuidadas, que pueden ver vulnerados sus derechos (Batthyany, 2004).

En los hogares en contextos de vulnerabilidad se agregan al escenario anterior algunas particularidades. Los mismos presentan una configuración negativa que resulta de la intersección de unos activos presumiblemente débiles y una estructura de oportunidades que falla frecuentemente a la hora de cubrir las necesidades de cuidado de los hogares con niños pequeños, dada la imposibilidad de pagar por ese cuidado.

En cuanto a los activos estos hogares presentan una escasez de recursos de capital físico (escasez de capital financiero, carencias en la infraestructura habitacional, entre otros), de capital humano (vínculo débil o precario de los integrantes con el mercado de trabajo remunerado, baja calificación, etc.) y de capital social (las redes de parentesco, amistad o vecindad, si bien no son necesariamente laxas, presumiblemente signifiquen una movilización de recursos escasos, ya que los miembros de estas redes también se encontrarán en situaciones de vulnerabilidad). (Filgueira, 2001). A estas características, en los hogares con niños menores de cinco años, se suma además otras como a la llamada vulnerabilidad demográfica (Filgueira, 2001) y a una presumible relación de dependencia desfavorable asociada a la etapa de inicio del ciclo de vida familiar (Arraigada, 2002; Arraigada y Armada, 2004). A todo esto se agregan además los procesos de segregación territorial que afectan la morfología social de Montevideo. La residencia en los barrios periféricos con alta densidad de pobreza afecta a los individuos y a los hogares a través de varios mecanismos reduciendo y paralizando sus activos (Katzman, R. y Retamoso, A. 2006).

En lo que se refiere a la estructura de oportunidades, si se observa la asistencia a centros educativos de los niños de hasta cinco años puede verse que, según los Censos 2011, mientras que cerca del 90% de los niños de cuatro y cinco años asisten a algún centro de educación, solo lo hacen alrededor de un 35% del tramo de cero a tres años. La baja cobertura de los centros educativos en este último tramo etario se acentúa para los niños de cero y un año, para los que la cobertura está por debajo del 10% (Montti, 2013). Adicionalmente, si se observa el tipo de centro al que los niños menores de tres años asisten, se encuentra que la mayor asistencia en todos los casos se da en centros privados (Montti, 2013). Dado la imposibilidad de los hogares vulnerables de costear la asistencia a este tipo de centro, es probable que la asistencia sea mucho más baja en estos hogares que en el resto de la población. Así, cuanto menor sea el niño, la estructura de oportunidades brindará menores posibilidades de desfamiliarización de los cuidados a estos hogares y por tanto, también menores posibilidades de destinar tiempo al trabajo remunerado para los cuidadores, lo que permitiría movilizarse para palear la situación de vulnerabilidad.

Como fue mencionado anteriormente, en Uruguay estos temas están actualmente en el foco de la atención tanto a nivel académico como político debido al debate en torno a la construcción del Sistema Nacional Integrado de Cuidados, que entre otras cuestiones intenta dar respuestas al tema del cuidado en los hogares vulnerables. Sin embargo, la mayor parte de las investigaciones realizadas han sido de corte cuantitativo. Esta investigación, pretendió aportar en la comprensión de la temática desde una perspectiva cualitativa, que rescatara la perspectiva de las entrevistadas y diera cuenta de las motivaciones que llevan a aptar por una estrategia de cuidado, lo cual es fundamental a la hora de tomar decisiones de política.

La técnica elegida para llevar a cabo el estudio fue la entrevista en profundidad semi-estructurada, realizada a los adultos a cargo de los cuidados de niños/as, que en todos los casos fueron mujeres. Antes de la realización de las entrevistas se suministró un formulario cuantitativo que aportó datos socioeconómicos sobre el hogar que no ameritaban su inclusión en una entrevista. Este formulario permitió controlar que los casos fueran variados en cuanto a los tipos de hogar, edad y cantidad de niños en el hogar y condición de actividad de los adultos y, por otra parte, que las familias estuvieran en condiciones de vulnerabilidad.

El trabajo de campo se desarrolló entre los meses de noviembre de 2013 y febrero de 2014. Se realizaron treinta y tres entrevistas en tres zonas de Montevideo seleccionadas por sus altos índices de necesidades básicas insatisfechas: Punta de Rieles, Cinco Barrios Unidos y Manga/Puntas de Manga.

Para el acceso a las posibles familias a entrevistar nos acercamos a algunas policlínicas barriales en horarios de consultas pediátricas y realizamos recorridas por los barrios, abordando a las personas allí mismo.
Principales hallazgos y conclusiones: familiarismo, vigencia de los arreglos de cuidado tradicionales y paralización de los activos

Las entrevistas realizadas permiten afirmar, en primer lugar, que los hogares estudiados presentan en general grados muy bajos de cuidados externos, es decir, de cuidados brindados fuera del hogar por parte del mercado (guarderías privadas o cuidadores/as particulares), el Estado (centros públicos), las organizaciones comunitarias y las redes de amistad, vecindad o parentesco. En este sentido es posible afirmar que la desfamiliarización del cuidado es escasa en general en estos hogares (fundamentalmente en los hogares con niños/as menores de dos años, donde la desfamiliarización es casi inexistente, y además los cuidados requeridos son más intensos). Consecuentemente los hogares son, con diferencia, el gestor más importante del cuidado. A su vez, únicamente los centros públicos y CAIF se presentan como una alternativa de peso al cuidado interno, tanto en el plano de las opciones efectivas de los hogares como en el plano subjetivo. Esto en primer lugar porque una alta proporción de quienes no los utilizan manifiestan interés en utilizarlos. En segundo lugar porque son los gestores externos mejor conceptuados, preferidos tanto si se los compara con las redes como si se los compara con las/los cuidadores/as particulares (que tienen la peor conceptualización). Y en tercer lugar porque son los únicos, juntos con los cuidados internos, que aparecen en los discursos como deseables. Los otros gestores externos del cuidado (cuidadores particulares y redes) podrían calificarse como residuales, es decir, son utilizados cuando ni los hogares ni los centros pueden cubrir los cuidados.

En cuanto a los aspectos más destacados en relación a cada uno de los gestores externos del cuidado, en primer lugar, cabe destacar que las redes de parentesco, amistad o vecindad actúan en la amplia mayoría de los casos como una especie de contingencia ante las eventualidades o situaciones concretas en que los principales encargados del hogar no pueden hacerse cargo del cuidado, por ejemplo, si tienen que visitar un médico de urgencia, si tiene que hacer un mandado, etc. Si bien las entrevistadas se muestran muy conformes con estos cuidados no desearían delegar más tiempo de cuidado a las redes. Son utilizadas principalmente debido la confianza que inspiran estos cuidadores (no porque se considere que los cuidados sean beneficioso para el desarrollo de los niños) o como alternativa a los centros cuando se considera que los niños son demasiado pequeños para asistir.

Por otro lado, la desfamiliarización por parte del mercado, como cabía esperar, es prácticamente nula: únicamente un hogar los utiliza a través de la contratación de una cuidadora particular (que además pertenece a su red de parentesco).

La desfamiliarización por parte del Estado es baja en general y casi inexistente para los niños menores de tres años. Los hogares delegan cuidado en el Estado, lo hacen en general cuatro horas diarias de lunes a viernes (dado que los centros públicos en general ofrecen ese régimen de horarios y los centros de doble turno son más escasos). Las entrevistadas que los utilizan se muestran conformes con los servicios y los horarios. Es de destacar, sin embargo, que las razones de la asistencia tienen que ver más con la desaebilidad de las actividades que los niños realizan en los centros (desarrollo intelectual y social) que con la necesidad de delegar cuidado. Además, consideran en general que los centros estatales son insuficientes, tanto en lo que respecta al horario, al tramo etario que cubre y a la cantidad de centros existentes.

La desfamiliarización en manos de centros CAIF (que podrían ser considerados organizaciones comunitarias en parte estatales) también es baja. Una parte de estos/as niños/as asiste en horarios de cuatro horas diarias o más (casos en los que los centros se encargan de varias tareas como paseos, comidas, actividades extracurriculares y controles médicos), mientras que los/as niños/as de dos años o menos asisten en la modalidad de Estimulación Oportuna en la que concurren solo algunas horas por semana acompañados por su madre. En éste último caso únicamente se delega en el centro tareas de tipo didáctico y recreativo. Es de destacar que tanto quienes utilizan estos centros como quienes no lo hacen suelen calificarlos como muy buenos o excelentes, generalmente mejor conceptuados que los centros estatales.

Al analizar los discursos de las entrevistadas encontramos lo que podríamos denominar la paradoja de los cuidados externos. Esta paradoja se expresa en dos formas distintas. Por un lado están aquellas encargadas del cuidado que afirman desear insertarse en el mercado de trabajo o realizar otras actividades (estudio, por ejemplo) pero manifiestan al mismo tiempo sentimientos de temor y culpa en torno a los cuidados externos:

De repente ellos capaz que alguien no los mira bien y se tragan algo o algo, no, yo me quedo con ellos”. Paola, Punta de Rieles.

Este es el caso fundamentalmente de los hogares nucleares donde la paradoja parece resolverse mediante la no inclusión de la madre de los/las niños/as en el mercado de trabajo remunerado (o la inclusión parcial) de forma que la mayor parte de los cuidados puedan brindarse al interior del hogar, a pesar del deseo de insertase. Las entrevistadas no encuentran una salida de esta encrucijada que no sea el paso del tiempo: cuando los niños sean mayores podrán asistir a instituciones y serán más independientes.

En los hogares monoparentales, en general, las madres se ven ante la necesidad de trabajar a jornadas completas; en estos casos la paradoja se expresa a través de los sentimientos de culpa y angustia asociados a la necesidad delegar el cuidado en otros gestores.

Es posible asociar estos sentimientos en torno a los cuidados externos (de miedo en el primer caso y de angustia y culpa en el segundo) con la vigencia del rol de la madre como la principal y en ocasiones exclusiva responsable de los cuidados, a la vez que la vigencia del hogar como ámbito privilegiado para el cuidado de los/as niños/as (principalmente de los/as niños/as pequeños/as). Al interior de estos hogares, los cuidados se concentran fundamentalmente en torno a la figura materna dado que las madres son las encargadas principales de cada una de las tareas de cuidado por las que se indagó e incluso frecuentemente las encargadas exclusivas, mientras los padres u otros miembros del hogar tienen solo una participación secundaria. El modelo tradicional de familia nuclear con mujer ama de casa/cuidadora y varón proveedor no solo tiene una considerable vigencia de hecho para el caso de los hogares abordados, sino que también presenta una fuerte adherencia en el plano subjetivo.

el hombre tiene que trabajar y la mujer es para la casa”. Erika, Puntas de Manga



"(Estoy) todo el día con ellos (…) como tiene que ser una madre ¿no?" Paola, Cinco Barrios Unidos

"Como la madre no hay para cuidarlos". Romina, Punta de Rieles y Karen, Cinco Barrios Unidos.
A su vez, los discursos de las entrevistadas transmiten no solo la escasa visibilidad del trabajo de cuidado (por ejemplo, porque no visualizan varias de las tareas de cuidado que realizan o tienden a minimizar el tiempo que les insumen), sino que también una cierta subestimación de éste con respecto al trabajo remunerado.

En lo que concierne a las dificultades que afrontan los hogares en torno al cuidado, encontramos que éstas no se manifiestan en forma de carencia en los cuidados, sino que se trasladan a los cuidadores. Las interferencias más importantes son las de índole laboral, porque llevar a cabo las tareas de cuidado afecta les imposibilita la insertarse en el mercado, ya sea porque pueden hacerlo solo parcialmente (pocas horas, en trabajos zafrales) o porque han tenido que faltar o salir de su trabajo por cuestiones de cuidado.

Otras interferencias muy importantes son las de índole psicológica. Estas se manifiestan fundamentalmente en los sentimientos de cansancio o agotamiento que produce el hacerse cargo de los cuidados:

"(…) tengo que estar todo el día atrás de él, todo el tiempo. (…) De repente me canso ¿viste? (…) llega una hora que estoy muerta (…) De repente me quiero ir ¿vos sabés? Sí, de repente me quiero ir sola un rato". Nadia, Punta de Rieles

"Soy tipo un robot, mil cosas al mismo tiempo (…) estoy agotada, entonces claro, llega un momento que tipo, ¡ay! ¡no sé para dónde disparar!". Lourdes, Manga/Puntas del Manga

La culpa con respecto a los cuidados externos y la percepción de la falta de tiempo también son mencionedos con frecuencia.



"Tiempo tengo cuando solo se duerme". María, Punta de Rieles

"porque yo tengo miedo que les pase algo y con que viene alguien y me dice o yo después con qué me quedo “ay le pasó algo por yo querer dormir o descansar o algo" Nadia, Punta de Rieles

Algo menos frecuente es el sentimiento de angustia por no poder cuidar a los niños o no poder disfrutarlos, manifestado por entrevistadas que trabajan remuneradamente a jornadas completas fuera de su vivienda.



"(…) yo a veces los miro y me quiero matar, porque se va el tiempo y yo no los disfruto nada, porque es un ratito que estoy con ellos". Sheila, Manga/Puntas del Manga

La interferencia en el ámbito recreativo también es importante, y se manifiesta en la no realización o la escasa frecuencia de actividades como visitas a amigos o salidas.



"No, no, ¡qué voy a hacer! Y si salgo un ratito, y voy a la casa de alguien, ya mi marido está llamando “¡Venite que Sofía está llorando!” Lourdes, Manga/Puntas del Manga

(…) muchas veces a uno le gustaría ¿no?, salir, sola, tranquila, sin estar pendiente de los niños y nada, y no podes. No podes salir. Con niños no podes salir. O sea sola para placer de una así, no, no podes. Salidas para uno mismo no". Natalia, Manga/Puntas del Manga

Por último aparecen interferencias en el plano educativo y en el cuidado de la salud pero estas son muy escasas.

Es posible afirmar que la escasa desfamiliarización de los cuidados y la vigencia de la división sexual del trabajo tradicional al interior del estos hogares (con todas las repercusiones que como vimos conlleva para las mujeres) tiene como consecuencia una estructura de oportunidades donde existe una imposibilidad o dificultad muy importante de que las madres compatibilicen el mundo laboral remunerado con el doméstico no remunerado. Esto tiene resultado la paralización de parte de los activos de los hogares que, de lo contrario, podrían movilizarse para superar o acercarse a la superación de la situación de vulnerabilidad. Así, la sobrecarga de las tareas de cuidado en el hogar en general y en las madres en particular, profundiza las temidas sinergias negativas, ya alimentadas en estos hogares por el vínculo débil de sus miembros activos con el mercado laboral, por su bajo nivel educativo, etc.



Dado que revertir estas sinergias negativas es absolutamente deseable y necesario deseamos expresar algunas recomendaciones de política para el futuro Sistema Nacional Integrado de Cuidados. Como hemos podido observar los centros educativos se presentan como la alternativa de cuidados externos mejor conceptuada por las entrevistadas. En especial los centros CAIF reciben los mejores calificativos, fundamentalmente debido a la inclusión de un grupo de profesionales que acompaña el área docente (psicólogos, psicomotricistas, trabajadores sociales). Sería deseable, partiendo de las preferencias de las entrevistadas, multiplicar la oferta de centros CAIF a la vez que complementar a los centros estatales con el grupo de profesionales que hace que los CAIF reciban calificativos de excelencia.

Por otro lado, el vacío en la oferta de centros gratuitos para menores de dos años se hace notable, ya que para ese tramo etario la única posibilidad es la de Estimulación Oportuna que si bien está muy bien conceptuada, se desarrolla en horarios muy acotados. Sería interesante ampliar el horario de esta oferta y permitir que los/as niños/as permanezcan solos en el centro.

Finalmente, hemos podido observar que si bien los centros se presentan como la mejor alternativa de cuidados externos, una alta proporción de las madres de niños/as muy pequeños expresaron preferir no desfamiliarizar el cuidado en absoluto. Si bien la desfamiliarización del cuidado en etapas tempranas puede presentarse como deseable desde la perspectiva política o académica por muchas razones, esto puede no coincidir completamente con los deseos de la población objetivo de las políticas públicas que se discuten. Para estas edades podrían plantearse alternativas que permitan que las familias se hagan cargo del cuidado, como continuar extendiendo las licencias por maternidad y paternidad junto con el medio horario, de forma de poder compatibilizar en mayor medida el trabajo remunerado con el no remunerado.  Sin embargo, teniendo en cuenta que la mayor parte de las entrevistadas está totalmente desvinculada del trabajo formal remunerado y que por tanto lo anterior no cubriría la mayor parte de los casos, puede que la mejor opción para esta población sea la promoción de la desfamiliarizacion del cuidado. En este sentido, sería importante tener en cuenta que puede que la ampliación de la oferta de cupos para los menores de dos años no lleve a una respuesta inmediata de la población, sino que requiera de la promoción de la misma. Quizá se debería pensar que la incorporación de una nueva propuesta que debería estar ligada a un plan de promoción y difusión de los beneficios de la inclusión de los niños en el sistema de cuidados tanto para los los/as cuidados/as como para los cuidadores/as. Este trabajo de promoción y difusión podría lograr modificar un tanto la negativa a desfamiliarizar el cuidado para que efectivamente se obtenga la incorporación esperada al mercado laboral formal, lo que permitiría a estas fmailas estar un paso más lejos de la situación de pobreza.


BIBLIOGRAFÍA

Arraigada, I. (2002) Cambios y desigualdades en las familias latinoamericanas Revista de la CEPAL N° 77. CEPAL: Santiago de Chile.

Arraigada, I., Aranda, V. comp. (2004) Cambio de las familias en el marco de las transformaciones globales: necesidad de políticas públicas eficaces. Serie de Seminarios y Conferencias N° 42, CEPAL-UNFPA: Santiago de Chile.

Batthyàny, K. (2004). Cuidado infantil y trabajo ¿un desafío exclusivamente femenino? Una mirada desde el género y la ciudadanía social. Oficina Internacional del Trabajo. CINTERFOR. Montevideo.

Bauman, Z. (2000) Trabajo, consumismo y nuevos pobres. Barcelona. Editorial Gedisa.

Esping-Andersen, G. (1998) Fundamentos sociales de las economías postindustriales. Barcelona, Editorial Ariel Sociología.

Filgueira, C. (2001). Estructura de oportunidades y vulnerabilidad social. CIESU. Montevideo.

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Katzman, R. y Retamoso, A. (2006). “Segregación residencial en Montevideo: Desafíos para la equidad educativa”. Documento de Trabajo del IPES Monitor Social del Uruguay. Universidad Católica del Uruguay.

Montti, O. (2013) Cuidados en primera infancia. Análisis descriptivo de los datos del Censo 2011.

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