Cuerpo y espacio en el ethos ciudadano



Descargar 117 Kb.
Página1/3
Fecha de conversión13.08.2018
Tamaño117 Kb.
Vistas38
Descargas0
  1   2   3
Catálogo: shs -> red-bioetica -> fileadmin -> shs -> redbioetica
shs -> Niños y niñas adoptados por personas homosexuales
shs -> Escuela de Etica idea
shs -> 14 la ética kantiana onora O'Neill
shs -> Cb, investigacion biomédica
shs -> Scope and Sequence
shs -> Xi jornadas sobre la Enseñanza de la Filosofía Coloquio Internacional
shs -> Student handbook
redbioetica -> Resumen de caso artavia murillo y otros
redbioetica -> Gobernar mediante el miedo


El cuerpo y los cuerpos

La biología como saber paradigmático

Todo concepto, toda palabra, está asociada a una imagen, Castoriadis llama a esa asociación imaginario, ¿cuál es la imagen con que asociamos hoy la palabra cuerpo? Como hemos marcado en el capítulo anterior, proviene de la ciencia médica y más precisamente estos últimos años, de la biología. No podemos disociar cuerpo de órganos, sistemas hemodinámicos, células, genes, proteínas, según la cruda expresión del Dr. Frankenstein: “materia prima: carne, huesos, sangre…”. más poéticamente Silvio Rodríguez lo llama “un amasijo de … tendones, un revoltijo de carne…”. Hoy podemos agregar a esas imágenes: “potencial banco de órganos o de genes”. Sin embargo muchos rechazan esta simplificación y aceptan que todas esas partes de carne, huesos y humores, no son un receptor pasivo de estímulos sometido a la necesidad de la herencia o al mecanismo orgánico, sino que pueden tener una relación creadora con el mundo en forma de lenguaje por ejemplo, de arte o ciencia. Éstos, que suponen haber dado un gran paso con este reconocimiento acreditan la responsabilidad por el desarrollo de estas posibilidades a una pequeña parte del cuerpo que pasa por ello a ser su órgano rector y clave para la vida: el cerebro. Del cerebro, de su correcto funcionamiento, depende la inteligencia, la memoria, la imaginación, la capacidad creativa, las emociones, la voluntad, el lenguaje, es decir todo lo que incluimos en la vida psíquica y que asociamos con el ejercicio de la conciencia. En el imaginario, sobre todo médico, el cerebro parecería no formar parte del cuerpo, adquiere una autonomía incluso de funcionamiento, que permite por ejemplo al comité de Harvard, establecer que alguien está muerto cuando su encéfalo o cerebro dejó de funcionar (“braindeath). 1 Según el imaginario de Harvard la clave de la vida está en el cerebro, el resto del cuerpo sólo cumple funciones de mantenimiento, la única presencia vital recognoscible como humana es el encéfalo: modo que: cuando éste deja de funcionar, para usar una terminología apropiada a la mecanización del cuerpo, poco o ningún sentido tiene el resto del cuerpo. La vida humana se reduce al funcionamiento de esa pequeña víscera. El cuerpo sigue siendo, tal cual lo describía Platón la nave, pero ahora el capitán es el cerebro. Es interesante recoger aquí la lectura de Jonas sobre este fallo de Harvard, en el sentido que recupera, quizá con más fuerza que previamente por sus consecuencias para la vida y la muerte, a un hombre dual. 2 Ya no se trata del dualismo cuerpo-alma, sino cuerpo-mente, o cuerpo cerebro-conciencia, donde cuerpo es comprendido como la masa de carne y tendones de que hablaba Silvio Rodríguez que contiene y mantiene al cerebro mientras está vivo. Éste pasa a ser la sede de la identidad, de los procesos psíquicos que caracterizan lo humano; el cuerpo, del cuello para abajo, e incluso la cara y sus componentes serían aleatorios, podrán por ej. cambiarse sin problemas, recibiendo los de otros. Esta última práctica, la del trasplante es problemática cuando se la piensa en relación al cerebro, sede de la conciencia. 3 En realidad, antropológicamente, se recupera el planteo cartesiano, aunque este dualismo tiene una característica diferente a las mencionadas por Descartes y Le Mettrie y es que el cerebro es también una máquina. La asociación del cuerpo con la autonomía maquinal se ha multiplicado por dos asociando lo propiamente humano a la máquina superior y lo “vegetativo” a la máquina inferior. 4 La “cosa que piensa” que Descartes asociaba al yo y diferenciaba de la cosa mecánica que es materia y ocupa un lugar en el espacio, también es una máquina, también es materia, también ocupa un lugar en el espacio, aunque sea un lugar privilegiado respecto del “otro cuerpo”.5

La aplicación del criterio de muerte encefálica habilita a abrir las puertas a la prolongación de la vida mediante ventilación mecánica con el objeto de mantener al “cuerpo vegetativo” como banco de órganos y utilizarlo para trasplante o experimentación genética, inmunológica o toxicológica Desde esta visión mecanicista, lo que está allí presente no es un ser humano, una conciencia, sino un cuerpo con las mismas características que cualquier otro, que puede ser sometido a experimentación, cortes, intromisiones sin dificultad ni conflicto, porque el “cuerpo” propio del ser humano, el superior, ya murió. Ese cuerpo “está vivo” como una célula por ejemplo, como un tejido. Podríamos compararlo con un animal pero es menos que un animal, porque suponemos que ya no sufre dolor, no reacciona al hambre o al frío, tampoco es una planta aunque se denomine su estado: “vegetativo”, porque por una lado sus funciones son mucho más complejas que las de una planta y por otro no busca su sustento como sí hace una planta por medio de sus raíces ni absorbe el oxígeno como también hace una planta por sus hojas. Este “cuerpo” cumple con las condiciones que la biología impone a la materia con que experimenta, es “pura vida”, proporciona las mejores condiciones para la experimentación biológica, porque no es el cuerpo de nadie ni de nada, no tiene ningún tipo de identidad, no es de un hombre ni de un cerdo ni de una ameba, es simplemente un “cuerpo vivo”, responde plenamente a lo que la biología anhela conocer y manejar: “las leyes de la vida”, ajenas a cualquier circunstancia identificatoria. Es una máquina perfecta, mantenida viva por máquinas que reemplazan algunos de sus mecanismos dañados. La biología tiene en estos “cuerpos” un campo de estudio privilegiado. Es semejante al que procuran las células reproducidas hasta el día catorce, aceptadas por algunas legislaciones como la inglesa como campo de estudio científico porque hasta entonces no pueden atribuírseles identidad. Estas son células vivas que no pertenecen a ningún ser viviente identificable, es decir que no tienen identidad. Pensar esa vida como pura abstracción es lo único que permite que esas células no puedan denominarse humanas, identificarlas como humanas, porque en ese caso adquirirían inmediatamente identidad. La biología, sus procedimientos epistemológicos, necesitan esa pura vida para experimentar y por ello la han “creado” al traducir cuerpo como “sede” de la vida personal, es decir del cerebro. A la hora de pensar la identidad humana se ha adoptado la diferenciación entre ser humano y persona elaborada por Mounier en su teoría sobre el personalismo, 6 esta distinción agrega al anterior, un nuevo dualismo: sólo es digna de consideración la vida personal, en cuanto puede ejercer sus funciones “superiores” ligadas a la conciencia. Esto ha permitido pensar que haya vida humana en un grado inferior o mínimo que es aquélla que no puede ser pensada aún como sede de una conciencia personal. 7 La relación de los espacios y su ocupación por diferentes tipos de vida en el mismo humano juega aquí un rol fundamental, la vida personal, la que se parece más a lo divino que siempre está situado arriba, debe mantener esa situación y sus privilegios y por ello se la debe ubicar en la porción del “cuerpo” que ocupa el espacio superior, haciéndola incluso casi independiente del resto. Una concepción del alma simplificada por la mentalidad científica de filósofos como Descartes, proporcionan los elementos claves en esta confusión. Se suma a esto la concepción de un espacio vacío (el cuerpo) guardando una vida que le es ajena, asociado a un tiempo evolutivo, para terminar de conformar la idea de células contenedoras que van “creciendo”, desarrollándose, evolucionando y que de contener vida inferior pasan a contener vida superior. Cuando esas células logran conformar un cuenco que pueda contener al sistema nervioso, al cerebro, ya tenemos dos vidas desarrollándose bajo el mandato de la superior, tenemos un ser humano, un hombre, una persona, un sujeto racional. Menciono algunas de las denominaciones que adopta esa vida superior y que la hacen superior a la hora de discutir el estatuto ontológico del embrión, por ejemplo. Por ello cuando se discute este estatuto, cuando se trata de responder si permitir o no las experimentaciones genéticas o de aceptar la interrupción de embarazos o de cuestionar las conductas a seguir frente a un anencefálico, lo que se discute es si hay o no ser humano, persona, sujeto racional, en ese cuerpo, esas células que no albergan un cerebro. El “cuerpo superior”, el cerebro, es entonces el lugar en que se desarrolla la vida personal, un espacio vacío que puede llenarse con vida personal, que puede morir sin que por ello deba morir, si podemos impedirlo, el “cuerpo inferior”. 8

Este razonamiento es lo que posibilita que la biología, transformada en genética pueda arrogarse la facultad de cambiar a los hombres, de hacerlos a una medida impuesta por ella. Veamos como ejemplo lo que dice un biólogo respecto de la vida: “si bien sabemos que la especie humana podría degenerar genéticamente y que podría estar haciéndolo en este momento, sabemos también que podría mejorársela genéticamente.” 9 “tanto la evolución orgánica como la evolución social se hallan ahora hasta un cierto grado, aunque limitado, controladas por nosotros.” 10 Los genes influyen sobre los dos cuerpos, la intervención por ahora es limitada pero la ambición de controlar ilimitada.

El control por parte de la manipulación genética ratifica la vocación de dominio de la ciencia que ya no se ejerce sólo sobre la naturaleza o lo que, respecto del hombre, podría considerarse manifestación inferior de la vida (el cuerpo inferior), sino sobre lo que, según la genética, constituye al ser humano. Tenemos aquí un conflicto que comienza a gestarse porque el “alma”, es decir el control sobre el cuerpo ya no parece estar en el cerebro sino en los genes o mejor aún en los que puedan manipular los genes. Es el paso definitivo al reemplazo de Dios por parte del hombre, porque el espacio del cerebro aún estaba “dentro” del espacio corporal humano, pero ahora el control pasa a estar “fuera”, en otro que tiene poder sobre el humano, sobre todo el humano, sobre todos sus cuerpos. La humanidad futura estará, en manos de los genetistas. 11 Este sueño como toda la genética y la biología está asentado sobre una de las mayores simplificaciones que es la que hacen estas ciencias junto con la medicina, al pensar que cuando, encerradas en un laboratorio o un consultorio médico, manipulan células, órganos y sinapsis cerebrales, están manipulando la vida humana, ignorando que fuera de los laboratorios ésta se vuelve cada vez más compleja y caótica. Para la genética, de una manera muy ingenua, bastará cambiar los genes que rigen las funciones cerebrales para tener hombres nuevos.

El “Soy una cosa que piensa” de Descartes se ha traducido en “soy un cerebro que piensa”. De poco valen, frente al avance arrollador de la biomedicina las conclusiones a las que arriban investigaciones serias como las de Maturana o Varela 12 que muestran que la cognición, la intelección o lo afectivo no son funciones exclusivas del cerebro y que no pueden desarrollarse ajenas a la organicidad humana. Ese mito va creciendo, la razón y todas las funciones psicológicas pierden la sede “inmaterial” y espacial a que habían sido confinadas por los modernos de los siglos XVI y XVII cuando la materia que “ocupa un lugar en el espacio” se hace sede del cuerpo por su carácter finito. Debieron pasar todavía un par de siglos para dejar de lado el razonamiento de que la “materia “ no podía albergar ideas e intenciones que eran inmateriales, de modo que durante ese tiempo el alma separada de la materia, infinita, siguió siendo sede de la razón, el pensamiento, los sentimientos.

Pero la ciencia dejó rápidamente de discutir la finitud y la infinitud que la confundían con razonamientos metafísicos y le impedían ser exacta, específica, y probar con experimentos sus hipótesis. Decidió que su horizonte era lo único infinito porque podía seguir desarrollándose sin fin y avanzando sobre este camino, y también que ni siquiera necesitaba un fin para seguir desarrollándose. Por consiguiente decidió que lo finito y lo infinito no tenía que ver con lo material o inmaterial porque todo era material e infinito. De modo que las facultades “no corporales” del hombre pasan a ser “corporales” y se aposentan en el cerebro identificándose con la cabeza que es tradicionalmente la sede del poder por estar arriba, y poco a poco se van convirtiendo en él, al punto de que cuando éste deja de funcionar deja de funcionar la conciencia humana, es decir el hombre. El razonamiento que ha llevado a esta conclusión, ha recibido en el orden epistemológico fuertes críticas como la de Popper que, usando un argumento materialista, critica las posturas que explican el nivel de organización más complejo por aquéllos que lo precedieron, porque esto lleva a reducir la explicación de los productos de la mente a la materia. El tejido viviente no es “explicado” por las células que lo constituyen ni el organismo por los órganos que lo integran.13 Sin embargo, el mito crece sostenido por un dualismo que cambia de extremos, ya no será un cuerpo materia y una conciencia espíritu, sino un cuerpo masa instrumental y un cerebro-conciencia conductor de la masa. Esto confirma que las investigaciones genéticas y las biológicas en general, por revolucionarias que parezcan, no intentan cambiar nada del modelo humano dual tradicional en la filosofía, sino que por el contrario lo acentúan. La medicina actual y la biología, no hacen más que repetir a Descartes y llevar su afirmación a sus últimas consecuencias. 14 Tanto uno como las otras ignoran que ya los griegos diferenciaban bios de zoos y que lo que hacía la diferencia no era sólo la razón humana sino lo que Aristóteles denominó “alma “que es lo que anima al cuerpo, lo que lo hace moverse de manera diferente al zoos, lo que lo hace percibir, desear, imaginar, comprender, inteligir, proyectarse de manera diferente al zoos, y diferente no significa más compleja sino que tiene que ver con el espacio y el tiempo. La diferencia que hace especial a esa alma para Aristóteles es que puede ser adjetivada como humana, es decir que es parlante, política, racional.

Son los filósofos modernos, en especial Hegel, quienes han dado el fundamento simbólico a esta lectura del bios ignorante del cuerpo, propio de la medicina y la biología actuales. En efecto, para Hegel, la vida es el sustrato material que debe ser suprimido y conservado de otra manera para constituir la “humanidad”: es el supuesto biológico necesario que es negado tanto en la conciencia de que se puede arriesgar la vida y elegir la muerte como en el trabajo que transforma la naturaleza e instaura un orden humano ajeno a lo biológico. Vida para Hegel es pura vida biológica y se opone a un orden humano sostenido sobre la razón para la cual el cuerpo es un objeto más. Hegel dio el sustento filosófico a la necesidad de la biología de investigar sobre un campo de conocimiento que tiene que ver con un “cuerpo” máquina, incluso el cerebro como “sede” de la vida conciente participa de ese nivel de objetivación. La biología ha olvidado que como ciencia particular que es, la suya es una mirada particular que recorta el mundo y al hombre en él, según ciertas hipótesis previas, una de las cuales, quizá la fundamental es la del “cuerpo” masa material, receptáculo vacío, ocupante a su vez de espacios vacíos. Quedan fuera de esta visión del cuerpo sus capacidades significadoras de mundos, interpretadoras del mundos, constitutivas de mundos diferentes según los tiempos, conformadoras de lugares propios y ajenos. 15 También Searle en el siglo XX 16 comparte esta visión biológica sobre el cuerpo y sostienen su filosofía sobre ella. Para él los fenómenos mentales están fundados biológicamente, causados por los mecanismos cerebrales y realizados en la estructura del cerebro. Desde esta perspectiva, la conciencia y la intencionalidad tiene que ver con la biología humana al mismo título que la digestión o la circulación sanguínea. 17



Ese cuerpo sin carne, el cuerpo como edificio químico o conjunto de tejidos, el cuerpo mente en que la conciencia es una función del cerebro, el cuerpo identidad como estructura genética, ese cuerpo “objetivo”, es el resultado de un empobrecimiento del fenómeno primordial del cuerpo vivido, del cuerpo bios. El cuerpo, como todo lo que es objetivado para ser comprendido, para poder ser manejado por la ciencia, reclama exactitud y homogeneidad. Por ello la medicina tradicional y luego la genética han creado, de hecho, una universalidad y neutralidad espacio-temporal mediante su interpretación organizacional y biológica del cuerpo humano. Ambas ciencias, nacidas del positivismo científico instalado en la modernidad, que se autodefine como materialista, imagina un espacio vacío y cuerpos que se ubican en él plenos de materia. 18 El espacio está así lleno de “cosas materiales” y por consiguiente lo que crece es la falsa idea de que la biología y la medicina se ocupan con “cosas materiales”, “concretas”, cuando en realidad se ocupan, como todas las ciencias, -y esto lo explicó muy bien Descartes- con ideas construidas desde su necesidad de investigación específica, con lo que Heidegger va a denominar representaciones. El cuerpo concreto, el situado en el mundo, desaparece para la investigación científica y pasa a ser reemplazado por el cuerpo objetivo, que podrá ser medido y calculado numéricamente.

Por el contrario la vivencia, nos enfrenta con un cuerpo que es fundamentalmente un espacio expresivo y encontramos que esa expresividad es la función primordial de la subjetividad corporal que se hace lenguaje, historia, tradición, institución. El espacio conforma la intencionalidad corporal, esa “percepción” que no es “personal” (“subjetiva”) ni tampoco interpersonal (“intersubjetiva”) sino “que se da siempre al modo del “se”, 19 y se expresa “sonando” como lenguaje. Podemos asociar la intencionalidad corporal con un sentido originario de la vida que precede la distinción entre la actividad, el viviente y la conciencia donadora de sentido, vida ultra trascendental, si se quiere, que recoge la copertenencia del movimiento y de la percepción a ese sentido básicamente espacial. El cuerpo, acontecimiento espacial, se manifiesta a y en la percepción y la reflexión. Una y otra son los ejes de la interrelación con el mundo, uno mismo y los otros. Por ello, pensar el cuerpo abre a la posibilidad de pensar el mundo, y sobre todo comprender los alcances de la finitud dejando de lado la inclinación a la desmesura que se abrió en el campo de la filosofía cuando se identificó al ser humano con su razón. Al comenzar a comprenderse a sí mismo y al mundo desde su finitud, el humano se ve obligado a tomar en cuenta los modos en que esta finitud se manifiesta, fundamentalmente el espacio y el tiempo. Si no podemos comprender lo que sea el ser humano sin hacer referencia al espacio, cabe la afirmación de que la espacialidad le es, un modo de ser. Por eso, cuando el hombre comienza a convertir todo lo que es y hace en “objeto”, hace lo mismo con el espacio. El espacio, tal cual lo entendemos hoy, no es mas que la objetivación de lo que resulta de ese acto constitutivo de mundos que es espacializar, es decir constituir ámbitos comunes entre uno y otro o entre “lo” uno y “lo” otro. Las categorías espaciales no tienen que ver con la medida, como en el caso del espacio objetivo, sino con la vivencia corporal del mundo. Así cuando prcibo, las cosas percibidas tienen un desplazamiento aparente inversamente proporcional a sus distancias, consideradas éstas desde una medida matemática. Sin embargo lo que pesa en mi relación con esa cosa en movimiento, no es esa distancia solamente (por cierto puedo tomarla en cuenta), sino la significación que tiene para mí y para otro, su situación en el “entre”. El espacio “aparece” cuando nos percatamos que hay otro u otra cosa, y así el “cerca” es cuando ese otro o esa otra cosa casi me “toca”, vale decir puede ser tocado por mí si extiendo mi mano o mi mirada hasta un “ahí” que considero fácilmente asible, que está como diría Heidegger zu hände.(a la mano). Lo lejos es lo contrario, es lo que incluso está fuera del alcance de mi mirada. (Patocka) Por ello denominamos espacio a lo común, lo “entre” pero en tanto y en cuanto ese “entre” abre a que el mundo nos signifique como referencia, como lo “a la mano”, como lo que abre o cierra el horizonte, lo que extiende y limita a la vez el ejercicio de la corporalidad. Lo “entre” no significa que en ese espacio nos convirtamos en un cuerpo único con el otro, sino precisamente que somos dos, en que lo exterior de uno es lo interior del otro y viceversa, la derecha de uno es la izquierda del otro, en que se patentiza que no hay uno sin otro. Permite que se de un provecho de la expresión recíproca de las perspectivas sobre el mundo. Es preciso descubrir en el “entre” un espacio de separación entre uno y otro y también el lugar del encuentro de ambos, la única plenitud de la vida del otro y de mi vida.
Cuerpos virtuales

El denominado espacio digital, carece de distancias geográficas o “corporales” que son las que generan los cambios indeseados como son la enfermedad, el envejecimiento o la muerte. Hay una “evolución” en la cultura que ha dejado atrás el ritmo que imponía la naturaleza el proceso de vivir, ahora la tecnología prescinde de la naturaleza, está “creando”, un mundo “post humano”. 20



Para hacerlo debe ignorar que todo cuerpo humano para ser tal, necesita constituir espacios dónde vivir y hacerlo durante tiempos determinados. El modelo del pensamiento científico ha generado un paradigma cultural que es experimental y que ha identificado el orden de lo físico con el de lo maquinal Es esto lo que mistifica y embruja el pensamiento, cuando le da la ilusión que la totalidad del ente podría ser deconstuido y reconstruido según la lógica de una programación rigurosamente cibernética. La tecnología tiene el poder, o pretende tenerlo al menos, de construir cuerpos humanos y no humanos e insertarlos en mundos también construidos por ella. Esos mundos tendrán la característica de carecer de referencias espaciales e incluso temporales, todo podrá ser alcanzado sin límite por el nuevo hombre que los habitará. En el nuevo mundo ya no será necesario disciplinar los cuerpos al modo que lo relata Foucault 21 sino que nacerán disciplinados, plenamente obedientes a conductas establecidas en sus genes mediante sistemas de información. El control será de la información no de los cuerpos. Podríamos decir que el ensayo ya se está llevando a cabo, prescindiendo incluso de la genética que aún pondría algunas condiciones que limitarían el propósito ilimitado de la técnica. Nos encontramos hoy ya con dispositivos de control de nuestros movimientos incorporados a nuestra vida bajo la máscara de la información: comunicaciones por mail, teléfono, computadora, satélites, monitoreos electrónicos, redes informáticas por las que circulan nuestros datos obtenidos de los registros de identidad, de los bancos, de las tarjetas de crédito, de los concursos, de las encuestas, de los padrones etc., por los que formamos ya parte de un sistema de información (data surveillance) 22 que es probable que sepa más de nuestra “vida” que nosotros mismos, pero que ignora todo de nuestra corporalidad, es decir de nuestro modo de ser en el mundo. Esto genera modelos de identidad que se repiten y a los que se aspira, que exigen la ignorancia de la diferencia corporal o con identidades “rodantes” o funcionales a determinadas circunstancias propias de la comunicación cibernética que prescinden de toda referencia corporal. La identidad geográfica, la lingüística, la musical, la ideológica, la religiosa, la amorosa, la laboral, se van difuminando en una sociedad cada vez más globalizada en que los símbolos de identidad grupal, asociados al ejercicio de la corporalidad, van desapareciendo en un proceso en que pareciera preponderar la identidad individual, pero que en realidad la está transformando para adecuarla a moldes informáticos prefabricados. La identidad, asociada desde la modernidad a la subjetividad, va adquiriendo otros perfiles a medida que la subjetividad desaparece dominada por la tecnología digital que está al servicio de los poderes económicos. O mejor expresado, va respondiendo al “modelo” de subjetividad único, propio o apropiado por una modernidad cada vez más unificadora, “globalizadota.

Sin embargo hay algunas realidades que no pueden ser globalizadas ni reducidas a información cibernética y que hacen que el fenómeno de la negación del cuerpo y por consiguiente de la carencia de espacio humano para vivir, se reduzca solamente a un tercio de la humanidad. Entre los otros dos tercios, los cuerpos siguen escribiendo historia. El hambre, la pobreza sufrida o elegida, la necesidad, la enfermedad, el sufrimiento por la pérdida de la tierra, la repetición de ceremonias, el culto a lo inútil e improductivo y la conservación de rituales, dar la vida y la muerte, el sacrificio por el otro, marcan aún espacios reales, en que vive la gente a pesar de la televisión y la computadora, la profunda vivencia del odio y del amor, la búsqueda de la trascendencia. Esos dos tercios de la humanidad, o algo más también, ocupan especialmente aunque no exclusivamente, un espacio geográfico determinado: el sur. Sólo un escaso número de la población del sur es parte activa del fenómeno del “vaciamiento espacial”, que supone la “habitación” ciudadana con códigos del norte. Pero el éxodo hacia las grandes ciudades y el reemplazo de cultos y religiones por el gran mito de la tecnociencia va devorando a los pueblos y los individuos y borrando sus cuerpos cada vez con mayor intensidad.



Paula Sibilia analiza cómo la embestida cibernética ha llevado a su extremo la negación del cuerpo, al punto de pretender construir un mundo ajeno a sus leyes, respondiendo a la medida de lo que se plantea como resultado de la racionalidad humana, pero que en realidad responde a una conciencia no humana sino cibernética, es decir responde a una máquina “de verdad”. 23 El hecho de que sea no-humano es el que permite un modelo sin límites, positivamente infinito en sus posibilidades de cruce de información, construido desde variables matemáticas. Es verdad que las combinaciones cibernéticas nacen de la imaginación humana, pero se resuelven en una combinación de cifras infinitas, de modo que podemos multiplicar indefinidamente esa combinación, incluso arriesgándonos a no poder imaginar los resultados ni sus consecuencias. Esto está sucediendo también en la biotecnología: las transformaciones genéticas de semillas, la transgénesis que se hace multiplicando posibilidades de cruces genéticos en las computadoras, cuyas consecuencias son inimaginables, nacen también de esta ignorancia de los cuerpos. Cuando imaginamos algunos de esos cruces posibles sólo podemos hacerlo “incorporándolos” a nuestras expectativas, dándoles una medida corporal y anunciándolos como lo que va a llegar a generar un futuro libre de necesidades acuciantes, un mundo de justos e iguales. Sólo asociando la tecnología, la biotecnología, a esos símbolos, podemos darle crédito. Pero aunque siempre imaginamos el futuro desde la corporalidad, por que no podemos hacer otra cosa, seguimos alimentando su negación al pretender alcanzar en el futuro lo que no podemos en el presente, olvidando que el futuro es la culminación del presente porque no podremos dejar de ser corporales. El sueño eugenésico del hombre perfecto olvida los cuerpos siempre imperfectos y los reemplaza por los genes: el mayor mito de la tecnología, en cuanto que les atribuye el poder de crear nuevos seres y nuevas cualidades que ni siquiera podemos imaginar. Por ello no sólo no hay medida para estos cruces, sino que nos negamos a que la haya. Si esto se busca en la genética mucho más en la cibernética, porque el juego cibernético es puramente matemático, no tiene límites, no sólo es a-temporal, a-espacial, a-corporal sino que no necesita corporalizarse, el número es una abstracción que puede llegar a perder todo contacto con la experiencia que le dio origen sin que ello lo afecte. Las matemáticas pueden convertirse en un juego apasionante con cifras que no signifiquen nada o que apliquen a experiencias puntuales utilizando diferentes códigos. También la física, que es la que estableció el modelo maquinal de la naturaleza, usa las matemáticas y su juego de posibles infinitos en su derrotero científico, sólo que ella remite necesariamente a cuerpos que aunque ideales, mantienen alguna reminiscencia de los concretos. Los cuerpos de la física se adecuan perfectamente a las exigencias de las ideas. Al ser inmóviles, no vivos, vale decir al no cambiar por sí mismos, no sufren alteraciones espacio-temporales constitutivas de su identidad, como sí sucede en los cuerpos vivos y más especialmente con el hombre. Sin embargo a pesar de esta relación tan diferente con los cuerpos, los criterios de tratamiento científico se desarrollan en paralelo entre la biología y la física, de modo que los cuerpos vivos son medidos con los mismos criterios y juzgados desde estrictas relaciones de causa y efecto, al modo de los no vivos. Es el caso de una semilla, de una célula, e incluso del hombre, a pesar que su cuerpo se mueva en universos simbólicos de sentido. En este proceso de negación de lo humano que viene generando la ciencia, mientras los experimentos aún se mantenían atados a los cuerpos biológicos, la relación matemática-experiencia tenía todavía algo que ver con el humano, por lo menos en cuanto a que eso que estaba frente al biólogo, al médico, podía reclamar algún tipo de reconocimiento como parte de un cuerpo vivo o como cuerpo-cadáver. Todavía podían llegar a reconocerse límites a respetar, espacios que no podían sobrepasarse, hoy estamos muy lejos de eso.

Las ciencias biológicas se fueron alejando cada vez más de esa relación con el hombre cuando comenzaron a traducir las relaciones biológicas a códigos de información. El ADN no es más que información, la tarea que se propone el biólogo, sobre todo del biólogo molecular, es descifrar toda vida y la vida humana particularmente, a partir de esa información, es decir transformar toda vida y la vida humana en ecuaciones manejables. La relación con la vida sigue el modelo electrónico, desconociendo los más profundos secretos de la vida y su carácter oscuro y misterioso, empujado por un afán insaciable de dominio que apunta hacia el infinito. Por supuesto que esto está muy lejos de lo que realmente necesita el 70% de la humanidad y de lo que debería proponerse investigar la ciencia que es mejorar sus condiciones de vida.



Sibilia sostiene que “la tecnociencia contemporánea parece realmente dispuesta a redefinir todas las fronteras y todas las leyes, subvirtiendo la antigua prioridad de lo orgánico sobre lo tecnológico y tratando a los seres humanos preexistentes como materia prima manipulable.” 24 Califica a esta actitud de fáustica en cuanto a que no se impone ni reconoce ningún límite, podríamos decir que es desmesurada, que no acepta medidas. Todo es posible para deshacerse definitivamente del cuerpo, como lo es, por ejemplo, lograr que la mente humana deje de necesitar su último anclaje limitador: el cerebro. Los que intentan desarrollar una inteligencia artificial, sueñan con reemplazar el cerebro por un disco duro. “Dentro de 40 años todos los rasgos de la vida mental de una determinada persona podrán ser completamente simulados por programas de computación… y consecuentemente será posible continuar existiendo como una mente sin el cerebro que antes soportaba la vida mental.”.25 Cuando nace la medicina científica, tal cual es desarrollada actualmente, estudia el cadáver, no la vida; y las leyes que generó el estudio de esa materia inerte fueron las que permitieron estudiar cualquier otra materia inerte. La vida fue congelada, puesta entre paréntesis, fue reemplazada por movimientos mecánicos, para poder explicar los complejos engranajes de ese mecanismo que pasó a ser el “cuerpo”. Si bien hoy encontramos cada vez más vigente el perfil del ser humano como centro de informaciones, la medicina sigue manteniendo la vieja tradición del cuerpo máquina impuesta por Descartes y llevada a su máxima expresión por Le Mettrie. Pero cualquiera de las dos respuestas van dejando al humano convertido en un ser sin cuerpo, a-espacial y a-temporal.
Estas prácticas que “disuelven” el espacio, que lo “licuan”, 26 van aniquilando con él categorías que aún pretendemos utilizar como por ejemplo las de adentro y afuera, interior y exterior, intimidad, público y privado y el uso de gran parte de las preposiciones; no tanto por cambiar las significaciones que podrían tener en el planteo de nuestras relaciones, sino por la imposibilidad de pensar en ellas debido a la inexistencia de su sustento que es el espacio corporal. Esto viene asociado según la observación de Italo Calvino con el imperio del capitalismo, cuyo poder no se ve contrapuesto a ningún otro y nos aproxima al umbral de la fluidez absoluta. El mismo está obligado a multiplicar los axiomas a fin de mantener garantida la conjugación de los flujos que escapan por todos lados. En su permanente esfuerzo por mantenerse, el capitalismo insiste por ejemplo, en que la ciudad, lo urbano, lo artificial, se conviertan en el medio “natural” para el humano tal vez porque permite establecer relaciones o pseudo relaciones más allá de los cuerpos, relaciones entre centros de información y con ello garantiza su influencia y dominio. “El biopoder necesita beber constantemente de las fuentes de los nuevos saberes y desarrollos tecnológicos para efectuar ajustes en sus dispositivos que le permiten fagocitar nuevos espacios vitales… (sin embargo) lejos de ser omnipotente, el biopoder tiene grietas a través de las cuales las fuerzas vitales logran infiltrarse y reaccionar.” 27

El poder, convertido en biopoder sigue sosteniéndose sobre el dominio de los cuerpos biológicos que van virando hacia los virtuales.



Compartir con tus amigos:
  1   2   3


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2017
enviar mensaje

enter | registro
    Página principal


subir archivos