Controversias acerca del “autismo”, en Ciclo: “Del derecho y del revés: controversias”. Centro Cultural Roberto Fontanarrosa



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Controversias acerca del “autismo”,

en Ciclo: “Del derecho y del revés: controversias”.

-Centro Cultural Roberto Fontanarrosa-

Presentación del Libro: Autismo. Una lectura epistemológica. Marie-Claude Thomas
Ps. Carla Pérez Gianguzzo
Buenas noches.

En primera instancia, agradezco la invitación por parte de mis compañeros y colegas a presentar este libro. Ha sido una invitación recibida con mucha alegría y mucho placer. En segundo lugar, quiero felicitarlos por la publicación y por todo el proceso realizado para llevar a cabo este trabajo. Es evidente que esta ha sido producto de mucho esfuerzo, de mucho amor y sobre todo de un trabajo colectivo que es digno de hacer mención y felicitar.

Decía que es evidente que este libro ha sido construido con mucho amor. Este es un concepto que toma Marie-Claude en su libro y que me gustaría retomar. El amor es un concepto sumamente complejo, que puede pensarse desde muchas aristas. Pero ella habla del amor en un sentido que implica un respeto y una espera de lo nuevo. Me resultó sumamente interesante pensar al amor desde ahí, como amor a lo nuevo, a lo inesperado, a lo que rompe con lo sabido y lo establecido. Y pensé entonces que es posible decir que este libro es producto del amor, en tanto es producto de un grupo de personas, Marie-Claude por supuesto, pero principalmente un grupo de compañeros psicólogos, docentes, etc., que llevaron a cabo la propuesta de traer a Marie-Claude, de juntarse a estudiar sus textos, a investigar y a desmenuzar sus propuestas y que apostaron a investigar en este caso el autismo (pero creo que este mismo proceso se podría extender a muchas otras entidades psicopatológicas, o aspectos relacionados con el sufrimiento humano), a partir de una posición de apertura e interrogación, de búsqueda de lo nuevo, de lo no dicho, en un contexto en el que todo el tiempo se escuchan construcciones establecidas que se repiten como certezas naturales, y que obturan toda posibilidad de pensar algo diferente.

Los autores de este libro, digo los autores porque si bien lo que leemos en este libro son las palabras dichas por Marie-Claude, en este libro vislumbramos claramente una concepción de autor mucho más compleja a como la solemos pensar habitualmente. A mí me gusta pensar la concepción de autor como la piensa Barthes, quien propone cierta muerte del autor, planteando al autor no como el eje de una obra, no como el creador de los sentidos de un texto. Barthes plantea, en cambio, que un texto es producto de muchas voces, es un espacio de múltiples dimensiones en el que concuerdan y contrastan diversas escrituras, ninguna de las cuales es la original. Dice: “El texto es un tejido de citas provenientes de los mil focos de la cultura” (La muerte del autor, en El susurro del lenguaje). El sentido de un texto aparecería entonces en un entre, entre el autor, la obra y el lector, en el marco de una época y de los discursos que circulan en la cultura de esa época. Bueno, les decía, podemos leer como planteo inicial, propuesto por los autores, el sostenimiento de una postura, que es el de una epistemología psicoanalítica crítica respecto del autismo como entidad. Marie-Claude dice que lo que ella propone va a contracorriente de lo que se dice sobre autismo, implicando ese contracorriente una postura de cuestionamiento e interrogación: cuestionamiento del lugar del analista e interrogación de la construcción de la entidad del autismo. Y esto me parece esencial. Me parece esencial como postura, ante todo, como postura ante la vida: no dar nada por sentado ni natural, entendiendo que en el mundo de los humanos hay muy poco de natural. Y que en realidad las entidades que se nos presentan como parte de la realidad, de lo dado, no son más que construcciones (históricas y culturales) verosímiles (y no verdaderas) de eso que se nos presenta como mundo. Y en particular, creo que esta postura es fundamental cuando de lo que se trata es del sufrimiento humano, y más todavía, cuando de lo que hablamos es del sufrimiento infantil.

Tal como plantea el Comité Editorial en el prólogo del libro, Marie-Claude pone sobre el escenario, de una manera radical, los problemas epistemológicos en torno al autismo. Y esto implica hacer circular una lectura consistente en instalar ciertas preguntas, en un intento de romper con las concepciones más instaladas y con más poder en nuestra sociedad. Esto es lo que ella llama posicionarse en un “más acá” de todo lo que se dice, se escribe y se publica sobre el autismo, un “más acá” de todas las hipótesis ya establecidas sobre las causas del autismo. Y también un “más acá” de la consideración de los tratamientos y terapias de los niños llamados autistas.

Decimos que Marie-Claude va a poner sobre la mesa los problemas epistemológicos en torno al autismo, entendiendo epistemología (ella lo dice así) como el estudio de los presupuestos del conocimiento. Asimismo, entendiendo como presupuestos a las condiciones del método, la historia, las condiciones de aparición de un concepto, un nombre, una palabra. En este caso ese concepto, nombre o palabra que Marie-Claude va dedicarse a desentrañar es el autismo. Autismo en tanto nombre y en tanto entidad psicopatológica. Y esto no es poca cosa. Se trata, para mi gusto, de un gesto por más de más de interesante… ya que analizar las condiciones de aparición de un nombre, en este caso, el nombre de un cuadro psicopatológico implica poner un cuestión toda una clínica que existe en torno a este, clínica que considera al autismo como un fenómeno natural y que es acorde a ciertos discursos políticos y económicos de mucho poder, que lamentablemente sirven a que mucha gente se llene de dinero a costa del sufrimiento de estos niños.



En relación a este tópico me he encontrado con mucha gente, incluso colegas, que me han dicho: “Bueno, pero qué diferencia hay en nombrar a estos niños con tal o cual nombre, si al fin y al cabo nos estamos refiriendo a lo mismo”. Pero justamente de eso se trata: que no se trata de lo mismo. Porque pensar de este modo implica concebir al lenguaje como un mero instrumento de comunicación (concepción de lenguaje que de hecho Marie-Claude ubica en Bloomfield, como representante del estructuralismo norteamericano, y en el conductismo, a los que ubica como segundo y tercer factor o coordenadas en la construcción del autismo. -Primer factor: evolucionismo- Ella piensa estos tres factores como tres modalidades cientificistas de concebir a lo humano), entendiendo al lenguaje como una herramienta que nos permite describir al mundo, dar cuenta de la realidad y transmitir eso a otros. Es decir, entender al lenguaje como una sombra del mundo, como un reflejo transparente, como si el mundo o la realidad fuesen un dado al que, a través del lenguaje, se puede acceder tal cual es. Aquí es donde se torna necesario, en cambio, entender al lenguaje no como un elemento que describe al mundo, sino como una propiedad que lo crea. El lenguaje, y por ende los nombres, las palabras, crean realidades, constituyen entidades. Se vislumbra así otra concepción de lenguaje, no ya como instrumento de comunicación, sino como una propiedad humana que resulta socialmente instituyente (así como socialmente instituída), y en ese sentido es performativa, haciendo referencia con ese concepto al efecto creador de las palabras. Siguiendo esta lógica, el autismo no describiría ningún cuadro, sino que lo crearía. Y además de performativo, podemos decir que el lenguaje es sinecdótico, en tanto al nombrar, siempre lo hace por partes (pensemos que la sinécdoque consiste en una figura retórica que implica nombrar la parte por el todo. Acá la idea es pensar a la sinécdoque no ya como una figura retórica circunstancial sino como un aspecto estructural del lenguaje, como la función primitiva del leguaje: siempre que nombramos, nombramos por partes, entendiendo que el todo es imposible de nombrar). Y en tercer lugar, podemos pensar al lenguaje, no como aquello que nos va permitir decir la verdad del mundo (ubicando la idea de verdad entre signos de preguntas), sino como aquello que nos permite construir verosímiles: verosímiles en tanto versiones, en tanto construcciones. A esto podemos agregar que a través de estas operaciones lo que hace el lenguaje es instalar creencias. Si pensamos que el lenguaje nos permite acceder a algo de la verdad, ésta podría ser pensada más que en términos de verdad, en términos de creencia. Mediante el lenguaje imponemos creencias, es decir, certezas que se vuelven válidas en función de cierta fe, fe producida en y por el lenguaje. (Fe validada por la lógica científica, y por todos esos movimientos que Marie-Claude analiza). De este modo, con esta concepción de lenguaje la idea de mundo o realidad como lo dado, como el todo y como la verdad se caería, abriendo a todo otro paradigma que nos permite pensar el mundo, el sujeto y el lenguaje (y la relación entre ellos) desde una posición completamente diferente. Y en este mismo movimiento se abre asimismo otra concepción epistemológica de la clínica, de la psicología, del psicoanálisis y del sufrimiento infantil también completamente diferente. Porque en este marco es que podemos entender al autismo como una entidad creada, fabricada (para nada natural), como una representación lingüística que adquiere sentido en el contexto de una red cultural de sentidos que circulan en una determinada comunidad, en una determinada época histórica y política. Son estas determinaciones históricas, políticas, culturales, las que la autora analiza. Así, podemos decir que son esas redes de significaciones las que instituyen socialmente esas representaciones. Pero la falacia resulta de entender que esta entidad autismo puede decir la verdad de lo que le pasa a estos niños, ya que al tener cierto aval científico, creemos que nos enseña acerca de la realidad de su padecimiento. Y con esta lógica se rigen muchos padres, exigiendo un diagnóstico que los tranquilice por creer entender al fin qué tienen sus hijos. Pero también esa es la lógica con la que se manejan cantidades de instituciones y profesionales, que muchas veces por razones económicas y de mercado (ya que económicamente siempre conviene trabajar con un niño diagnosticado con autismo, o del espectro autista, para así entrar en el mercado de la discapacidad, que maneja sumas mucho más interesantes de dinero) y otras veces por elegir un modo más simplista y chato de trabajo, piensan que partiendo de estos diagnósticos el trabajo con estos niños será más efectivo. Es esto lo que se intenta desarmar: es en el centro de estas certezas donde la idea es instalar preguntas, preguntas que hagan estallar estas verdades instituidas. Es este movimiento que me parece que Marie-Claude intenta llevar a cabo con su trabajo a contracorriente, que implica un gesto clínico y político muy jugado y necesario en nuestro ámbito de trabajo. Porque lo más complicado es que lo que se encuentra aquí en juego son estos niños llamados autistas, diagnosticados con autismo, que terminan siendo víctimas de una maquinaria multiterapéutica, cuyo objetivo central deja de ser clínico y pasa a ser económico. Y ahí Marie-Claude interviene con un planteo que me resulta muy lúcido al proponer el mutismo de los niños llamados autistas como un discurso, como un síntoma de la concepción científica del lenguaje, del discurso científico. Lo plantea como un modo de resistencia por parte de estos niños, resistencia a este modo de pensar al lenguaje y a la psicopatología, resistencia a un campo de saberes que tiene un poder tan grande.

Y aquí retomo el gesto, que Marie-Claude ubica en el centro del psicoanálisis, y que creo que nunca debemos olvidar (sobre todo los psicoanalistas, que muchas veces nos olvidamos de esto siendo el eje de nuestro trabajo), de siempre sospechar, de no dar nada por sentado ni por dado, de poner siempre en suspenso nuestras coordenadas de racionalidad y de despojarnos de nuestras certezas, para poder dar lugar a lo nuevo y a la diferencia. Entendiendo como diferencia aquello que caracteriza al sujeto humano, aunque siempre haya un sistema que trabaje todo el tiempo para normalizarlo. Y ahí es donde debemos resistir. Si los niños diagnosticados como autistas encuentran en el mutismo un modo de resistencia, nosotros los psicoanalistas (que trabajamos con el lenguaje como herramienta principal), y todos los que trabajamos con estos niños, tenemos el deber ético, desde mi punto de vista, de tomar la palabra como modo de resistencia, y de hacer uso de ella. Este encuentro por ejemplo, en mi opinión, es un modo de resistir, así como hablar y discutir no solamente entre nosotros sino con todos aquellos que trabajen o estén en contacto de algún modo con estos niños (sean médicos, fonoaudiólogos, psicopedagogos, neurólogos, maestros, políticos, ministros de salud, padres, etc.), encontrarnos e invitar a gente de otros lugares, como Marie-Claude, que sobre esto tiene mucho por decir, o escribir un libro, por ejemplo, como hicieron acá mis compañeros. Así que ahí va, un aplauso para ellos y muchas gracias por poner a circular esta producción y estos interrogantes entre nosotros.

Si la idea original y el objetivo de todo esto ha sido el de hacernos pensar, celebro el gesto y la intención y agradezco la invitación a formar parte de este movimiento, tan necesario para nuestra práctica en la actualidad, para nosotros como psicoanalistas, como docentes, como formadores, como padres, y sobre todo para nuestros niños.

Muchas gracias.






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