Consecuencias del maltrato infantil Silvia María Pozo Abreu María Elena Anceaume Torres Resumen


Consecuencias generales del maltrato infantil para el niño



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Consecuencias generales del maltrato infantil para el niño:

  • Retraso en su desarrollo y crecimiento

  • Baja autoestima y perdida de la confianza con otras personas

  • Lesiones que causan discapacidad parcial o total

  • Perdida de años de vida saludable

  • Bajo rendimiento escolar

  • Agresividad y rebeldía, aislamiento, soledad y angustia

  • Incapacidad para resolver los problemas sin violencia

  • Búsqueda de afecto y aceptación por personas o grupos inadecuados

  • Tendencia al alcoholismo o drogadicción

  • Tendencia a cometer actor delictivos

  • Relacionadas con la salud sexual y reproductiva: problemas de la salud reproductiva, disfunción sexual, enfermedades de transmisión sexual, como la infección por el VIH y el SIDA, embarazos no deseados


Consecuencias psicológicas y neurológicas del maltrato infantil:

La consecuencias psicológicas que se producen por recibir maltrato no suelen darse como resultado de un solo acto maltratante, sino que se generan tras una frecuencia de episodios que afectan a ámbitos del desarrollo del niño, cognitivo, lingüístico, afectivo, social, y a otras acciones evolutivas como son el apego del niño, la autonomía, la comunicación, etc.

Según el estudio “Secuelas neurológicas del maltrato infantil. Revisión bibliográfica” (realizado por Giménez-Pando J, Pérez-Arjona E y Díaz F.G y publicado en la Revista Neurocirugía del año 2007, No:18 y disponible en: http://www.revistaneurocirugia.com/web/artics/v18n2/2.pdf) existe una alta mortalidad, alcanzando hasta 15 niños por cada 10.000 maltratados. Se calcula que en Estados Unidos existen 1,6 muertes infantiles por cada 100.000 niños de la población general. La morbimortalidad ha ido aumentando con los años, pero presumiblemente por una mejor detección y registro, no realmente porque ahora tenga peores consecuencias que antes. La mortalidad es mayor entre los más pequeños, siendo el 77,5% de todos los éxitus niños menores de 3 años.

También existe una alta morbilidad. Se calcula que más del 10% de los niños con retraso mental y parálisis cerebral son debido a maltrato. Dentro de todas las posibles secuelas de un maltrato infantil, nos vamos a centrar en las secuelas neurológicas. En 1992 se analizaron en Estados Unidos las repercusiones del maltrato infantil, encontrando que el 30% presentaban algún tipo de déficit cognitivo o de lenguaje, el 22% tenían trastornos de aprendizaje, el 50% presentaban dificultad en la escuela, incluyendo déficit de atención y trastornos de conducta, el 50% de los niños maltratados presentaban problemas emocionales y cerca del 14% mostraban comportamientos autodestructivos. Otros estudios muestran una recuperación pobre tras maltratos físicos con traumatismo craneal severo, hallando un 65% de niños con incapacidad moderada y un 15% con incapacidad grave (en la Escala de Resultados de Glasgow). Se ha visto que son factores de mal pronóstico neuropsicológico los niños menores de 10 años con traumatismos craneoencefálicos, especialmente en menores de 4 años, puntuación baja en la Escala de Coma de Glasgow al ingreso, ausencia de reactividad pupilar, amnesia postraumática que dure más de una semana, hallazgos radiológicos como edema cerebral difuso o lesión focal expansiva en la TC craneal y lesiones córtico-subcorticales y en sustancia blanca en la Resonancia Magnética.

El tipo de maltrato que más secuelas neurológicas produce es el maltrato físico. Dos tercios de los niños menores de 3 años maltratados físicamente sufren lesiones cerebrales. Además, el abandono puede ocasionar desnutrición grave, que sobre todo en los primeros 6 meses de vida se asocia a secuelas neurológicas permanentes, potenciando las posibles lesiones de un maltrato físico.

Las consecuencias del maltrato infantil no sólo se explican por las lesiones macroscópicas producidas en el sistema nervioso central. Existen trabajos que proponen que el trauma emocional del maltrato también altera la bioquímica cerebral. Así estos niños pueden tener alteraciones en las hormonas, como el cortisol o la norepinefrina, o bien puede estar alterado el número de sus receptores intracelulares. Se crea entonces un estado de "hiperexcitabilidad" permanente, que les condiciona un estrés crónico. Esto puede alterar la respuesta a futuros estímulos estresantes, ya sea por exceso o por defecto. Se han encontrado cambios en las conexiones fronto-límbicas y alteraciones en los núcleos adrenérgicos del troncoencéfalo, incluyendo el "locus ceruleus” y los "núcleos del rafe".




Cuando un niño nace, su cerebro no está desarrollado y todas sus áreas no funcionan de una forma completa. Durante el crecimiento, el cerebro se desarrolla y madura. Es durante estos primeros momentos cuando el cerebro es más sensible y receptivo al exterior. Si el niño vive experiencias positivas, el cerebro se desarrolla sano y adquiere sus capacidades. Sin embargo, si existe una interrupción de los estímulos positivos o si, peor aún, nunca han existido, puede afectar profundamente al desarrollo funcional del cerebro del niño, con consecuencias irreversibles. Debido a esto, los niños menores de 5 años de edad son más vulnerables y presentan mayores secuelas a causa del maltrato. Desde 1990 se considera la lesión cerebral traumática un motivo de incapacidad, por la necesidad de educación especial de muchos de estos niños. Vamos a dividir las secuelas neurológicas en tres grupos, según sean consecuencia de un daño cerebral o craneal, daño en la columna o en la médula espinal y daño del sistema nervioso periférico. Habitualmente los daños del sistema nervioso periférico se incluyen dentro de las secuelas músculo esqueléticas. Así que nos vamos a centrar en los dos primeros grupos.

Secuelas neurológicas por daño craneal o cerebral:

Vamos a dividir estas secuelas en cuatro grupos diferentes: secuelas motoras, visuales, del lenguaje o del aprendizaje y retraso mental o alteraciones de memoria.



Secuelas motoras:

La lesión que más frecuentemente produce déficit motor son los hematomas subdurales agudos. Se forman por la rotura de venas puente entre la superficie cerebral y la dura durante los movimientos de aceleración y deceleración, muy frecuentes en estos casos (Baby Shaken Syndrome), si bien estudios recientes sugieren que en la mayoría de estos niños también se produce daño por impacto, y no exclusivamente por la aceleración y deceleración.

Las localizaciones más frecuentes son las regiones de la convexidad cerebral e interhemisféricos, y se asocian en muchas ocasiones a contusiones cerebrales. En los estudios con TC tardíos se encuentran con similar frecuencia dos grupos diferentes, el primero con atenuación cerebral difusa (edad media en este grupo de 5 meses y 9 días) y el segundo con atenuación cerebral focal (edad media de 19 meses y 3 días). El daño en el parénquima es diferente, pero en ambos existe un mal pronóstico. Estos cambios en la TC se deben a procesos isquémicos en los capilares y venas corticales. Los daños producidos tras un hematoma subdural agudo pueden ser múltiples, incluyendo necrosis hemisférica (el más frecuente), infartos en los territorios de las arterias cerebral posterior y callosomarginal, infartos de "territorios frontera" como parieto-occipitales, etc. Los cambios estructurales se aprecian a largo plazo en los

estudios de Resonancia Magnética, pero para los cambios funcionales son más útiles los estudios nucleares (SPECT para la reserva vascular y PET para la función neuronal). Los hematomas subdurales crónicos también pueden producir déficit motor. En el niño maltratado suelen ser bilaterales, y constituye un signo de sospecha de maltrato. Los higromas subdurales y la hidrocefalia externa pueden deberse a la rotura de la aracnoides por un hematoma subdural previo, y son más frecuentes en el niño maltratado que en traumatismos craneoencefálicos accidentales. Otras causas menos frecuentes de déficit motor son las fracturas craneales y los hematomas epidurales, que son más frecuentes en caídas accidentales21. Debidos a los movimientos de aceleración puede producirse daño directo en las arterias, originando hemorragias subaracnoideas, que pueden originar isquemia cerebral por vasoespasmo, o pseudoaneurismas en las arterias cerebral media, carótida interna y coroideas posteriores. Se han descrito aneurismas disecantes de la arteria vertebral y trombosis del seno lateral, aunque son poco frecuentes.

Las secuelas pueden deberse a la isquemia cortical ya descrita, a lesión axonal difusa que daña las vías motoras en la sustancia blanca, o bien a daño en el troncoencéfalo debido a los desplazamientos y herniaciones producidas.

Es preciso considerar que el cerebro de estos pacientes tiene mayor movilidad, que se ve incrementada por la desproporcióncefálica y la pobre musculatura cervical.



Secuelas visuales:

El signo más frecuente del niño maltratado, y que cuando se ve suele orientarnos hacia un probable maltrato es la presencia de hemorragias retinianas. Se producen en el 75-90% de los casos de maltrato físico, aunque tienen buen pronóstico, ya que se resuelven en casi todos los casos a los 4 meses. Son signos indicativos de maltrato, al igual que los hematomas subdurales bilaterales, las fracturas craneales que cruzan las suturas y las fracturas esqueléticas en diferentes estadios de evolución.

Pueden producirse daños en otras estructuras oculares, como las hemorragias vítreas, sin embargo, los déficits visuales son más frecuentemente debidos a daños cerebrales que oculares.

Aunque la hemorragia retiniana en sí no produzca grandes secuelas, existe una correlación importante entre la extensión de dichas hemorragias con el grado de daño neurológico, debido a la coexistencia de lesiones cerebrales.



Secuelas del lenguaje y aprendizaje:

Las alteraciones del lenguaje se producen por daño estructural en el área de Broca, fascículo arcuato, área de Wernicke o gyrus angularis. Se pueden manifestar como afasia o disfasia puramente motora, sensitiva, o más frecuentemente como una gran variedad de disfasias mixtas.

Las disfasias sensitivas conllevan un retraso de aprendizaje, que a veces se confunde con retraso mental, pero que se debe al déficit sensorial que imposibilita la comprensión verbal. También puede existir un retraso de aprendizaje cuando se dañan otros órganos sensoriales, como el oído o la vista.

Retraso mental y alteraciones de memoria:

El retraso mental postraumático es mucho mayor en los niños maltratados físicamente (hasta el 45%) que en los traumatismos accidentales (5%). Puede deberse a daño en lóbulos frontales, tálamo, etc, pero en niños sin ninguna otra secuela evidente, el maltrato por si mismo constituye una causa etiológica de retraso mental.

Las alteraciones de memoria son las secuelas neuropsicológicas más frecuentes, y son causadas por lesión en lóbulos frontales, límbicos o temporo-mesiales.

Los déficits de memoria son mayores si el coma ha durado más de dos semanas, sobre todo para la fijación dela memoria a largo plazo. Es característico del maltrato infantil el daño en ambos lóbulos frontales, produciéndose secuelas de memoria y cierto grado de retraso mental.



Secuelas neurológicas por daño medular o espinal:

Las lesiones espinales y medulares producidas en los niños maltratados son relativamente poco frecuentes, comparadas con las lesiones cerebrales. La parte más frecuentemente afectada es la columna cervical. Los niños presentan mucha menos proporción de lesiones óseas espinales que los adultos, debido a la gran laxitud ligamentosa, lo cual origina en muchos casos lesión medular sin ninguna lesión osteoligamentosa visible, el denominado síndrome de SCIWORA (Spinal Cord Injury Without Radiographic Abnormality). El mecanismo de lesión cervical suele ser por hiperflexión e hiperextensión extremas, que se ve favorecido en el lactante por la desproporción cráneo-corporal.

Estudios anatomopatológicos muestran daños medulares, fundamentalmente axonales, desgarros en ligamentos paraespinales y hemorragias epidurales y subdurales. La mortalidad de las lesiones cervicales es muy alta, pudiendo quedar secuelas en los supervivientes, ya sean secciones medulares completas, con paraplejia o tetraplejia, según el nivel, o bien distintos grados de lesiones incompletas, muy frecuentemente asociados a trastornos esfinterianos.

Otro lugar de asiento de lesiones espinales es la columna dorsal, o más frecuentemente la charnela cérvico-torácica.

Es estos casos el traumatismo suele ser más importante y son frecuentes las lesiones asociadas, como fracturas de la escápula, indicando un traumatismo muy severo. También existe una alta mortalidad, y las secuelas son paraplejias o diferentes grados de paraparesias.

Las lesiones tóraco-lumbares son menos frecuentes en los niños, y no suelen producir daño neurológico. El mecanismo más aceptado es la hiperflexión, produciéndose distintos tipos de lesiones, por lo general sin grandes secuelas.



Además de causarles dolor a las víctimas también afecta a su familia y puede generarles estrés, que además se asocia con trastornos del desarrollo cerebral temprano. En casos más severos de estrés se puede afectar el desarrollo del sistema nervioso e inmune. Si ellos fueron  maltratados en la infancia, cuando crecen son adultos que tienen mayor riesgo de sufrir problemas físicos, mentales y de conducta, como son: actos de violencia (como víctimas o perpetradores), depresión, consumo de tabaco, obesidad, comportamientos sexuales de alto riesgo y consumo de alcohol, entre otros.

El maltrato puede contribuir a padecer enfermedades cardíacas, cáncer, suicidio y a adquirir las infecciones de transmisión sexual.

Hasta aquí hemos expuesto consecuencias del maltrato infantil. Cuando se abarquen cada una de las formas particulares del maltrato infantil expondremos específicamente las consecuencias que provocan.



Ahora estamos en condiciones de estudiar el Tema IV: Formas particulares del maltrato infantil.

Bibliografía:

  1. Alcalde Montoya RC, Caján Villanueva M, Monteza Chanduvi N, Monteza Chanduvi R, Ortiz Sotelo A, Salazar Salazar JM et. al. Maltrato infantil Doctorado “Ciencias de la Salud”. [online]. [citado 2011 Jul 02]. Disponible en: http://www.slideshare.net/jjweb/exposicion-maltrato-infantil

  2. Librado Tajuelo M, Almansa Ruiz MD, Rodríguez Martín S, Díaz Serrano M. El maltrato infantil. [online]. [citado 2011 Jul 02]. Disponible en: http://www.slideshare.net/pazalme89/maltrato-infantil-2717182

  3. Gurian A. Abandono y Maltrato de Menores: Una Mirada General . [online]. [citado 2011 Jul 02]. Disponible en: http://www.aboutourkids.org/articles/abandono_y_maltrato_de_menores_una_mirada_general

  4. La violencia contra los niños puede y debe prevenirse, dice la Organización Mundial de la Salud. Comunicado de prensa 2006. Centro de prensa. [online]. 2006 [citado 2011 Jul 02]. Disponible en: http://www.who.int/mediacentre/news/releases/2006/pr57/es/index.html

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  6. Santa Cruz Bolívar X. Maltrato infantil. [online]. [citado 2011 Jul 02]. Disponible en: http://www.ecovisiones.cl/informacion/maltratoinfantil.htm

  7. Castillo J. Secuelas en niños maltratados. Diario de un maltrato infantil. [online]. [citado 2011 Jul 02]. Disponible en: http://diariomaltratoinfantil.blogspot.com/2009/10/secuelas-del-maltrato-ii-repercusiones.html

  8. Garzón Muñoz RD. Trabajo social forense. 2da. Edición. [online]. 2009 [citado 2011 Jul 02]. Disponible en: http://www.actiweb.es/rugarzon/archivo5.pdf

  9. Giménez-Pando J, Pérez-Arjona E. Díaz F.G. Secuelas neurológicas del maltrato infantil. Revisión bibliográfica. [online]. 2007 [citado 2011 Jul 02]. 18: 95-100. Disponible en: http://www.revistaneurocirugia.com/web/artics/v18n2/2.pdf



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