Conciliación y satisfacción vital: el papel de los recursos de cuidado infantil



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CONCILIACIÓN Y SATISFACCIÓN VITAL: EL PAPEL DE LOS RECURSOS DE CUIDADO INFANTIL.

UN ESTUDIO COMPARATIVO EN TRES REGIONES EUROPEAS

M.-Mar González, Beatriz Morgado, Marta Díez y Francisca López

margon@us.es, bmorgado@us.es, mdiez@us.es, paquilopez@us.es

Dto. Psicología Evolutiva y de la Educación. Universidad de Sevilla


La conciliación entre la vida familiar, laboral y personal es uno de los grandes retos a los que han de hacer frente las familias en la actualidad. En el marco del proyecto europeo People, financiado con el programa INTERREG, se llevó a cabo el estudio DIVERSIA, sobre conciliación en diversidad familiar en tres regiones europeas: Andalucía (España), Malopolska (Polonia) y Estocolmo (Suecia). Con este trabajo se pretende a) explorar los recursos que utilizan las familias para organizar y dar cobertura al cuidado de los hijos e hijas en estas tres regiones; b) conocer la satisfacción de las familias con el uso de dichos recursos para el cuidado infantil y c) analizar la posible relación que guarda la satisfacción con el uso de los recursos de cuidado infantil con la satisfacción vital. Se entrevistó a un total de 330 familias, 164 de Andalucía, 99 de la región de Malopolska y 67 de la región de Estocolmo. La entrevista fue telefónica y semiestructurada, abordando, entre otros contenidos los que se analizan en este trabajo. Los resultados indican que para dar respuesta a la necesidad de cuidado de los hijos e hijas, las familias del estudio hacen uso de recursos tales como el aula matinal, el comedor escolar, las actividades extraescolares, guarderías o ludotecas y campamentos o campus de verano, aunque de modo diferencial entre las tres regiones estudiadas. En cuanto a la satisfacción con el uso de los recursos de cuidado infantil, encontramos que las familias de la región de Malopolska son las que se muestran menos satisfechas en comparación con las andaluzas y las suecas. Finalmente, los resultados muestran una correlación positiva entre la satisfacción con el uso de los recursos para el cuidado infantil y la satisfacción vital de las personas entrevistadas. Estos resultados se discuten a la luz de los obtenidos en otras investigaciones y se extraen conclusiones y propuestas de mejora para facilitar la conciliación entre vida familiar y vida laboral.
Palabras Clave: Conciliación, satisfacción vital, recursos, cuidado infantil, Europa
El panorama familiar europeo ha cambiado en las últimas décadas. El modelo de familia nuclear biparental donde los roles de género estaban muy diferenciados (hombre: encargado de las tareas productivas para el sustento familiar y quien ostenta la máxima autoridad y la representación de la familia en el plano público; mujer: encargada de las tareas reproductivas domésticas y de cuidado) y sustentado en fuertes raíces patriarcales, ha acusado transformaciones muy llamativas tanto en su estructura como en los roles que se desempeñan o la dinámica de relaciones que en él se dan.

En la actualidad confluyen, además de las familias nucleares convencionales, otros modelos de familias (monoparentales, homoparentales, adoptivas, reconstituidas o combinadas, inmigrantes. Por tanto, estamos ante un panorama familiar ciertamente complejo en el que hemos pasado de la familia modelo a los modelos de familia.

En cuanto a los cambios relativos a los roles que se desempeñan dentro de las familias, hemos de destacar uno que nos parece particularmente importante porque ha alterado el orden patriarcal imperante en las familias y ha tenido claras consecuencias sociales: la incorporación progresiva y constante de las mujeres al desarrollo de actividades y tareas profesionales remuneradas, como revelan las estadísticas en Europa. Si bien aún la tasa de actividad de hombres es mayor que la de mujeres, no es menos cierto que la brecha entre unos y otras se ha ido acortando de modo notable en las últimas décadas.

Así, si se comparan las tasas de actividad de hombres y mujeres en la Europa de los 15 países, se ha pasado de un 23% de diferencia en 1992 (entre el 49,7% de la tasa femenina y el 72,8 de la masculina) a un 12% de diferencia en 2010 (entre el 59,5 y el 71,4%) según datos de Eurostat (2011). Si en lugar de atender a los datos medios europeos, que sólo se poseen desde 1992, fijamos nuestra atención en algún país concreto, la evolución que puede apreciarse en los últimos 50 años es ciertamente llamativa. En la España de 1960, las tasas de actividad respectivas de mujeres y hombres eran de 13,49% y 64,24%, y había, por tanto, 50 puntos de diferencia entre unas y otros (Alberdi, 1999). En 2010, sin embargo, los valores son del 52,3% en el caso de las mujeres y el 64,7% en el caso de los hombres, por tanto, la diferencia entre unas y otros ha quedado reducida a un 12% (Eurostat, 2011), o lo que es lo mismo, la brecha en tasa de actividad entre hombres y mujeres se ha reducido casi 40 puntos en 50 años en este país. Obviamente, no es lo mismo atender en este aspecto a España, un país del sur de Europa y con características tradicionalmente muy patriarcales, que hacerlo mirando al norte de Europa, a países en los que la incorporación de las mujeres al empleo remunerado comenzó décadas atrás. En Suecia o en Dinamarca, por ejemplo, las tasas de actividad de mujeres y hombres están ambas no sólo por encima de la media europea, sino que además están muy próximas entre sí (apenas 5 puntos de diferencia) y apenas muestran evolución desde 1992 a 2010, según los datos publicados por Eurostat.

La incorporación masiva de las nuevas generaciones de mujeres al ámbito laboral ha dado lugar a necesarios reajustes dentro y fuera de la familia. Los roles de género tradicionales se han visto subvertidos por la incorporación de las mujeres al mundo laboral y ha tenido notables consecuencias tanto para la vida de la familia como para el propio sistema social.

Lógicamente, el movimiento que las mujeres han iniciado hacia el exterior de sus hogares, ha impulsado un movimiento de los hombres hacia el interior de estos (Alberdi, 1997; Durán, 1998). Si en el pasado eran excepcionales los hombres que se ocupaban de las tareas domésticas y de cuidado, en la actualidad un número creciente de ellos se involucran en las tareas cotidianas de cuidado del hogar y la infancia, en gran medida impelidos por la necesidad de hacerse cargo de responsabilidades que antes desarrollaban las mujeres casi en solitario. Que se hayan incorporado a lo doméstico, no quiere decir que su implicación sea idéntica, sino que ciertamente sigue siendo inferior, según se ha constatado en estudios realizados en distintos países, incluso cuando las madres desarrollan labores profesionales a tiempo completo (Bianchi et al., 2000; Craig, 2006; Meil, 2005; Tobío, 2005). Como plantea Craig (2006) en su análisis de los patrones de cuidado infantil que madres y padres desarrollan en Australia, el hecho de que las mujeres hayan “masculinizado” (en sentido tradicional) sus patrones de trabajo, no ha tenido como consecuencia ni que los hombres hayan “feminizado”, ni que las mujeres hayan “masculinizado” sus patrones de cuidado.

Todos estos cambios y nuevas circunstancias familiares conllevan necesidades objetivas de conciliación entre vida familiar y laboral y por tanto, del uso de recursos para conseguir tal conciliación.

Las tensiones cotidianas de conciliación entre vida laboral y familiar no son banales en la vida de las madres y los padres europeos y, por tanto, podemos suponer que tienen efectos en su bienestar o malestar psicológico. Este es un ámbito de estudio que se ha comenzado a explorar de modo reciente, del que pueden extraerse ya algunas conclusiones interesantes, pero en el que aún quedan preguntas por resolver, en algunas de las cuales aspiramos a adentrarnos en este trabajo.

El ámbito de estudio del bienestar psicológico y la calidad de vida ha tenido una presencia fuerte en la literatura científica en las últimas décadas, coincidiendo con el auge de lo que se ha dado en llamar la Psicología Positiva, un cambio de enfoque en la disciplina psicológica, más preocupada durante décadas por el malestar y la patología que por el bienestar.

Uno de los indicadores más utilizados de bienestar psicológico y de calidad de vida percibida es el conocido como “Satisfacción Vital”. Sería su componente más cognitivo y evaluativo, puesto que supone un juicio subjetivo acerca de si la propia vida se ajusta a los estándares que cada quien desea para sí. Por tanto, no es una consecuencia directa de las condiciones objetivas, aunque esté relacionada con ellas, sino que es fruto de una comparación puramente subjetiva, entre las circunstancias de la propia vida y las aspiraciones que se tienen para ella. Se podría definir como “la satisfacción con la vida en su conjunto”, o sea la particular y subjetiva evaluación global de la propia vida, que es algo más que la suma de la satisfacción con distintas parcelas de la vida, como postula Diener (1984), figura de referencia en este ámbito y autor de una de las escalas más utilizadas para evaluarla, Satisfaction with Life Scale (Diener et al., 1985).

La relación que guarda la satisfacción vital con las tensiones de conciliación entre vida laboral y vida familiar se ha abordado en la literatura científica de modo bastante reciente. Tradicionalmente, los estudios habían analizado dos tipos de determinantes de la satisfacción vital, (Böhnke, 2005). De una parte, la psicología de índole más clínica se había ocupado de la influencia de determinantes de personalidad tales como ciertas disposiciones temperamentales, la extraversión o el grado de neuroticismo, entre otras. De otra parte, fundamentalmente los profesionales de la Sociología y la Psicología Social habían analizado la influencia de las circunstancias vitales, tales como el nivel educativo, los ingresos económicos, la situación de empleo o las relaciones sociales. Entre estas circunstancias vitales no se había incluido el balance entre vida laboral y vida familiar como una condición que pudiera afectar a la satisfacción vital, según si se percibía que esa balanza estaba en equilibrio o se inclinaba más hacia uno u otro lado.

Los primeros intentos de analizar la experiencia subjetiva de las condiciones de conciliación abordaron sólo sus aspectos negativos y únicamente en mujeres: los conflictos causados por las dificultades de conciliación y el estrés asociado tenía efectos perniciosos sobre la salud de las mujeres (Farmer, 1984; Gove, 1984). Este enfoque no debe extrañarnos, puesto que las necesidades de conciliación comenzaron siendo vistas como un asunto femenino y, por tanto, a quienes afectaban directamente sus consecuencias eran a ellas, además el hecho de que se buscaran efectos negativos de alguna manera encajaba con la percepción social de que se estaba alterando el orden establecido.

Posteriormente, sin embargo, una serie de estudios matizaban estas afirmaciones y apuntaban que los efectos perniciosos en la salud aparecían en los casos en que tanto las exigencias laborales como las familiares eran muy altas y por tanto, difíciles de conciliar, como era el caso, entre otros, de las madres solas con hijos dependientes que trabajaban a tiempo completo (Macran et al., 1996; Fokkema, 2002). De hecho, por ejemplo, el estudio de Fokkema (2002) demostraba cómo una cierta combinación de vida laboral-vida familiar promovía los mejores estándares de salud en las mujeres, tanto en casadas como en divorciadas, siendo especialmente evidente en el caso de quienes trabajaban a tiempo parcial o tenían hijos mayores.

No será hasta un tiempo después que aparezcan los primeros estudios que exploran el vínculo de la relación vida laboral-vida familiar con medidas de bienestar psicológico o de calidad de vida. Inicialmente seguían formulando la relación en términos de “conflicto” entre vida laboral y no laboral (Rice et al., 1992), pero posteriormente, ya en la década pasada, ha comenzado a plantearse en términos positivos, usando expresiones como “equilibrio”, “balance” o “conciliación” entre ambas (Hobson et al., 2001; Böhnke, 2005; Schoon et al., 2005).

De entre los estudios llevados a cabo, permítasenos resaltar aquí el First European Quality of Life Survey (Böhnke, 2005), por la complejidad del abordaje metodológico, la amplitud de muestras y la diversidad de países europeos implicados. En este estudio se analizaba la calidad de vida percibida (satisfacción vital, felicidad y sentido de pertenencia) en 28 países europeos (los 27 de la actual UE, más Turkía) y se analizaban cuatro grandes determinantes, entre los que se encontraba el equilibrio trabajo-vida y el uso del tiempo. Los resultados de esta macro-encuesta demuestran con mucha claridad las variaciones que se producen en la satisfacción vital de la ciudadanía europea en función de sus circunstancias de conciliación: quienes percibían más dificultades para hacer frente a las responsabilidades familiares o que dedicaban menos tiempo a la familia o las relaciones sociales del que les gustaría, presentaban valores más bajos de satisfacción vital. De hecho, las dificultades de conciliación contribuían específica y significativamente a explicar la satisfacción vital incluso cuando en la ecuación se introducían otros determinantes importantes, como los recursos materiales o las relaciones sociales de que disponía la persona.

Carecemos hasta el momento de estudios realizados en España que analicen, además de los recursos de cuidado infantil de los que hacen uso las familias, la satisfacción que madres y padres presentan con respecto a los mismos y su posible relación con su satisfacción vital.

En esta comunicación queremos presentar algunos resultados que sirvan para arrojar un poco de luz a esta pregunta de investigación. Para ello, haremos uso del proyecto europeo en el que ha participado nuestro equipo de investigación (DIVERSIA).

DIVERSIA que es el acrónimo de “Diversidad familiar y estrategias de conciliación”, un sub-proyecto integrado en el programa PEOPLE que se propone abordar uno de sus sub-objetivos: Conciliación de la vida laboral, familiar y personal. En este proyecto participan socios de tres regiones europeas: Andalucía (España), a través del Instituto Andaluz de la Mujer, que es además socio líder, y el Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Sevilla, Malopolska (Polonia) y Estocolmo (Suecia). Para esta ocasión hemos seleccionado algunos resultados que nos muestran los recursos de cuidado infantil de los que hacen uso las familias, el grado de satisfacción con los mismos de las madres, y algunos padres (en aquellos casos de familias homoparentales formadas por padres gays) y la posible relación entre la satisfacción con los recursos de cuidado infantil y la satisfacción vital de las familias de las tres regiones europeas implicadas. Así, los objetivos que nos planteamos abordar en esta comunicación son los siguientes:

a) explorar los recursos que utilizan las familias para organizar y dar cobertura al cuidado de los hijos e hijas;

b) conocer la satisfacción de las familias con el uso de dichos recursos para el cuidado infantil

c) analizar la posible relación que guarda la satisfacción con el uso de los recursos de cuidado infantil con la satisfacción vital.
MÉTODO

Participantes

En este estudio han participado un total de 330 familias, de ellas 164 eran andaluzas, 99 de la región de Cracovia (Malopolska) y 67 de Estocolmo (Sodertalje). Si atendemos a la diversidad familiar que hemos tenido en cuenta, 135 eran heteroparentales autóctonas de cada región, 69 homoparentales, 67 madres a solas por elección y 59 familias heteroparentales inmigrantes. Obsérvese la tabla 1.



Número de familias




Familias heteroparentales

Familias homoparentales

Familias heteroparentales inmigrantes

Familias madres solas

Total

Andalucía

65

29

29

41

164

Malopolska

43

---

30

26

99

Estocolmo

27

40

---

---

67

Total




135

69

59

67

330

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