Comprensión y terapia de la psicodinámica



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Tab. 1: Las cadenas de emociones que resultan del disturbio de la motivación fundamental relacionada y dependiendo de la gravedad del disturbio.

7.3) La PD de las reacciones de Coping

La psique como guardiana del sentimiento vital básico y del bienestar no se limita sólo a la formación de afectos que representan la situación vital del hombre, sino está pronta a reaccionar protegiendo al sujeto, para amenguar el sufrimiento de la frustración de los supuestos de la existencia personal. Estas reacciones de protección, automáticas, psicógenas, son llamadas corrientemente reacciones de Coping (sobre el uso de este concepto, véase Blankenburg, "Historia vital e historia del paciente. Significación de la biografía en psiquiatría", en Blankenburg, W. (edit.), "Biografía y enfermedad", Stuttgart, 1989, p.4). Se distinguen 4 tipos de reacción: 1. Movimiento de evitación; 2. Intento de dominio de la situación; 3. Defensa al no poder escapar y 4. Ponerse en posición de muerto, ante el sentimiento de ser totalmente dominado. Mediante las reacciones de coping pueden ser amortiguados los sentimientos negativos. Cuando las reacciones de coping faltan, se instalan los sentimientos patológicos.
Las reacciones de protección tienen como finalidad poder escapar, lo más rápido posible, de las situaciones gravosas o peligrosas y, así, asegurar la sobrevivencia psíquica y aún física. Hay un modelo reactivo, en cuanto a la secuencia de los movimientos, diferente según la MF de que se trate. Cuando se conoce la dirección del movimiento y el contenido temático de la reacción de coping, se tiene información clara acerca de la MF amenazada. En la siguiente tabla (2), Esquema (3) se aprecia la conexión de los Copings con cada MF y la secuencia de los movi-mientos reactivos:
Trastorno Movimiento Movimiento Dinámica Vivencia de estar

de la MF: basal = paradójico= defensiva dominado (reflejo de

Sentimento evitativo activismo (tipo de posición de muerto)

Básico dominio Maniobra de

agresión)



1 MF huir luchar destrucción: parálisis

angustioso odio


2 MF retirarse rendir búsqueda de agotamiento

depresivo relación: ira resignación

apatía



3 MF tomar distan- justificar, poniendo límite disociación

histérico cia; dar la razón, = rabia,

negación(?) (sobreactuar) fastidio


4 MF actitud idealizac. cinismo Nihilismo (?)

depen- vital fanatismo

dente provisoria “para-exis-

tencialidad”


Tab. 2: Las formas de las reacciones de coping sistemadizadas por los temas de las motivaciones fundamentales.
Las 4 columnas de la tabla distinguen las reacciones de coping según el grado (subjetivamente sentido) de la amenaza: el movimiento inicial básico es por lo general el primer modelo de comportamiento sobre el cual se toma relación. Si la situación aparece como inevitable (por ej. el fóbico a las bacterias no puede escapar a ellas, habiendo b. por todas partes; entonces comienza por defenderse de ellas), surgen movimientos paradójicos. El sentimiento vital deviene angustia, para la que colaboran no sólo el carácter real de la situación, sino también el grado de disposición para sentirse agredida de la persona. Cuando la amenaza es masiva y faltan todas las reacciones de coping anteriores, el individuo adopta la posición de muerto. Se puede comparar este reflejo con un "seguro" o "freno" de último momento, que se acciona al sentirse uno sobrepujado por la situación. Esta reacción de coping no pertenece al repertorio de un psiquismo sano, por lo que se lo debe separar de los anteriores.
Investigaciones de los últimos años lograron diferenciar las reacciones de coping, sobre todo en cuanto a su grado de madurez. Otro interesante estudio, para el que esperamos nuevas incitaciones y sugerencias, es una comparación entre las reacciones de coping y los mecanismos de defensa psicoanalíticos.
Un especial interés psicoterapéutico lo ofrecen los modelos de coping rígidos, esos que se repiten, no importa la situación en la que el sujeto se encuentra, de la misma manera. Es señal de salud que alguien, por ej., en una situación de peligro reaccione evitando la amenaza, otra vez muestre agresividad y sentimientos de odio, pero también - cuando le parece que es importante para él -, que enfrente la situación y resista sin huir. Esta conducta está mostrando una flexibilidad de los mecanismos de coping: se acomodan a las circunstancias externas y son accio-nados previa elaboración de la persona, cuando lo considere con sentido y exigido por la circunstancia (sobre esto, véase Längle, "El concepto de enfermedad en el AE y la LT., en Pritz, A./Petzold, H. (edit.), "El concepto de enfermedad en la psicoterapia moderna", Paderborn, 1992, pp. 335-370).
En el caso de una enfermedad psíquica el vivenciar de las circunstancias externas toma la forma de reacciones psíquicas uniformes que, frente a situaciones con contenidos muy distintos, son "disparadas" siempre de la misma manera. El fóbico, para seguir con el ejemplo anterior, reacciona con miedo igual ente peligros reales, pero también ante desafíos, tareas, pensamientos, cambios, lo nuevo - en una palabra, ante todo lo que sienta que no puede contener en su existencia. La dinámica de la psique es la de echar mano a un rápido asegura-miento, lo que mobiliza las reacciones de coping que se acreditaron en otros momentos como más exitosas (condicionamientos), o que mejor fueron aprendidas y aplicadas más a menudo. Así cristalizan modelos rígidos de comportamiento, los que no se compadecen con la situación real, y que se resisten a ser corregidos cognitivamente y con compromiso personal.
Para tales casos está indicada la psicoterapia (y no más el consejo). Todos los medios de los que dispone la PT. como describir, representar, recordar, apoyar, alentar, comprender, clarificar, confrontar, etc. actúan no sólo sobre las competencias y fuerzas existencial-personales, sino también sobre la psique y su afectividad, sobre la dinámica psíquica y los modos de reacción. Objetivos de la PT. en el campo psíquico son dos:

. un aflojamiento y, al final, disolución de modos rígidos de vivenciar y reaccionar.

. una ampliación del campo de aplicación de las reacciones de coping, por ej. no sólo siempre evitar, sino también reaccionar confrontando y agrediendo.
El corazón de la psicoterapia analítico-existencial está en la posibilitación de la integración en la vida personal de las reacciones de coping. Para ello hay que desarrollar - liberar - las formas de elaboración personal-existenciales del reaccionar psíquico. Como se ve en la tabla 3 (Esquema 4), estas formas se refieren a 4 problemas existenciales, de acuerdo a las 4 MF, amenazas, gravosidades, heridas y sin salidas. El trabajo a nivel existencial no apunta a salvar el momento actual, o sea, superar la situación que aflige y por la que el cliente va a la consulta, sino a la elaboración, con sentido de solución justa, de la problemática mediante las tomas de posición personales. Sólo así se verá la persona otra vez capaz de la situación, a la altura de ella. Se abren nuevos horizontes y se producen cambios en el contexto existencial total.


MF Proceso Poder específico Resultado

ser-ahí, confrontarse, (resistir) sostener, soportar

tomar espacio, buscar en general: aceptar, dejar-ser

tranquilidad dejar



tomar relación, sentir dolerse, en general: dar cariño abrirse

las pérdidas, buscar mantener la cercanía, dejarse

cercanía afectuosa, tocar

darse tiempo


ser uno mismo; sich (tener remord.,) repentir

an-sehen, vivir con auto- en gen.:

estima y encontrar, despegarse ¿?

autovaloración, tener tomar posición, tener limite,

respecto y distancia, (distinguir, conciliar)

buscar la propia

intimitad
dejarse preguntar, poner- ser activo (realizar

se en concord. Consigo y la nueva actitud) en gen.: entregarse

el mundo, buscar sentido entrega, vivir el sentido,

víncularse religiosamiente




Tab. 3: La forma de procedimiento de problemas existenciales al nivel personal-existencial relacionada a las motivaciones fundamentales.


8) Estudio de un caso de imbricación de psicodinámica y dinámica existencial
Un hombre de 35 años está en trámites de divorcio de su mujer, con la que está casado desde hace 10 años y tiene un hijo en común. La separación le parece algo extremadamente gravoso. No la puede llevar a cabo sin la ayuda ajena. (Comentario psicoterapéutico: de esto se deduce, que la situación vital todavía no está dominada y las reacciones de Coping vienen a cubrir este deficit). El hombre pende mucho de su bella esposa, con la que seguiría viviendo, aun con renuncias significativas. Le gusta su modo de ser, su gran vivacidad, su talante libre, no-convencional. La ama tanto como el primer día. Ella, en cambio, ha empezado a descuidarlo, cada día más, lo trata en los últimos años cada vez con mayor indiferencia, ha buscado nuevas relaciones, especialmente de los círculos artísticos, ha permanecido fuera de la casa noches enteras. El hombre se queda a menudo solo con el niño en casa y sufre en forma creciente por este tratamiento desamorado y rechazante de la mujer.
El hombre describe su caso lamentándose, de que él ha contribuído para que la relación con su mujer tomase este rumbo porque se ha cristalizado en él un modo de comportarse o de reaccionar frente a su mujer, que llama "cerrar por completo las celosías". Cuando su mujer vuelve a casa después de varios días de "andanzas", no le habla palabra también durante varios días, está enojado, herido, ofendido. Guarda obstinadamente silencio, reacciona no mostrándole amor, se retira en la esperanza de que ella le pida perdón. Alguna vez dio expresión verbal a su im-potencia, de un modo que él conocía de su padre, cuyo carácter humillante recordaba bien. Su reacción interior era todavía más vehemente: se sentía lleno de agresividad, su orgullo estaba herido. En el fondo, lo que quería con su silencio era vengarse de ella. Pensaba que ella alguna vez iba a considerar que no podía soportar más la pena a la que la sometía y se iba a poner de rodillas frente a él. Debía sólo esperar; en el último y más oscuro rincón de su alma alentaba el sentimiento de que alguna vez ella vendría "arrastrándose", pidiéndole perdón y reconociendo que era él el que tenía razón. Sólo viéndola así, aceptando la venganza y el castigo, hablaría con ella; si no, debía seguir sufriendo su mutismo.
Estos eran los sentimientos del hombre, su psicodinámica, que para afuera se exhibía como una especie de reflejo de posición de muerto, un último reflejo conductual al que echaba mano, en la medida en que no podía expresar otro Coping más dinámico - la agresión. Pues, propiamente le hubiera gustado reaccionar manifestando su fastidio, su rabia a la mujer; pero, en las pocas oportunidades en que lo hizo, percibió el peligro de perder a su mujer por causa de esa provocasión. No se sintió capaz de ese riesgo. Así se tragaba en silencio su agresividad. Esto lo paralizaba, impotente frente a su mujer.
Cuando el hombre habló de su historia y de cómo vivía la situación, se sorprendió de que hubiese dentro suyo tanta agresividad. No había sido conciente de esto, de que en su afecto lo que propiamente esperaba era que su mujer se arratrase frente a él, para indemnizar su orgullo. Al empatizar con sus propios sentimientos, se dio cuenta que eran exactamente esas sus emociones.
Con dos cosas debía aún lidiar. Una era la culpa, que le hacía claro lo que había ya barruntado: que con su modo de reaccionar, desde su orgullo herido, había contribuído en buena medida para la separación. La otra cosa era el rechazo de sí mismo, lo que había aprendido de su padre. Éste durante toda su vida había reaccionado así con su mujer. Cuando chico ya le había disgustado al hijo el comportamiento del padre, y siente aun hoy lo mismo que antes, al revivir su infancia, porque había sufrido mucho con eso. El padre había "cerrado por completo" a menudo las "celosías", a la verdad, por pequeñeces y, a veces, sin motivo alguno, tanto que le era imposible acercársele. Exactamente esa conducta la veía ahora en él mismo, en relación con su esposa. Era comprensible que su mujer no quisiese saber nada de él; él sabía muy bien cuan ofensivo es ese modo de actuar.
Con ayuda del AEP se puso a la vista la impresión por relación al comporta-miento de la mujer, sus reacciones de protección espontáneas y fue posible realizar una primera toma de posición. En la etapa de la expresión (3er momento del AEP) se hizo evidente empero una escisión. Le pareció al hombre que en tal situación él no habría podido obrar de otra manera. Se sintió empujado psíquicamente a este proceder; tenía la sensación de no poder escapar a esta reacción. A lo que se agregaba que desde chico no conocía otro modo de actuar en situaciones semejantes. A pesar del rechazo del comportamiento del padre, no conocía otra estrategia en el trato de situaciones similares. Paralelamente apareció en el diálogo un sentimiento concomitante de que él no "debía" proceder necesariamente así. Él "podía" obrar de otra manera. (Lo que hacía tiempo intuía y bajo lo que sufría, se le hizo conciente, reflexionable y comunicable). Precisamente en esto se apoya el reproche, que se hace ahora, de que no ha querido otra cosa, que ha "querido" hacer uso de ese proceder con el solo fin de salvar su orgullo. "Yo estaba de acuerdo con lo que hacía, aun cuando hoy lo veo como un error. Yo debería haber obrado con más sensibilidad, debería haber hablado, me digo ahora". El autorreproche va dirigido al hecho de no haber aprovechado un obrar más libre y responsable frente a su mujer.
L a c o m p r e n s i ó n p r o f u n d a

Pero a una psicoterapia se le presenta la cuestión de por qué el sujeto no aprovechó de su libertad. Para la psicoterapia se trata del comportamiento efectivo y de no quedarse con los autorreproches y sentimientos de culpa. Después de este primer acercamiento exploratorio de la situación relacional conflictiva entre el hombre y su mujer por medio del AEP, se pasa a un segundo estadio del tratamiento de elaboración de la situación, para lo cual otra vez se usa el AEP. Por la exploración se ha ganado un cuadro completo de la PD y se tiene una primera comprensión de la dinámica existencial, en la que se han abierto espacios de libertad personal. Abandonamos este primer segmento de la vivenciación, dominado por las reacciones de protección y sobrevivencia, y avanzamos hasta el campo siguiente, en el que se trata de la persona misma. Esta debe ser descubierta en la profundidad personal.
¿Cuál era la situación personal en la que se encontraba durante años - y aún se encuentra - el hombre? ¿Qué es lo que lo movía y lo tocaba? Su mirada - dirigida hacia afuera - estaba enturbiada por el dolor. Estaba literalmente "agarrada" en su mujer y su comportamiento. En lo que concernía a él, todo era tan compren-sible! El terapeuta lo ayudó a dar respuesta a estos interrogantes: "Por todo lo que Ud. hasta ahora ha dicho, he tenido la impresión de que Ud. sigue amando a su mujer. Todavía la sigue protegiendo, todavía no desea Ud. separarse de ella, a esto se debe su sufrimiento". Estas palabras lo hicieron llorar, con gran sentimiento, lo había tocado en el corazón, se sentía profundamente comprendido. Partiendo de este ser comprendido volvimos al paso inicial de la "impresión" (1er. momento del AEP) y preguntamos por el contenido fenomenal, que se expresó en el comportamiento de su mujer. Se preciso de un cierto tiempo y de la ayuda del terapeuta hasta que el hombre pudo ver que la mujer con su conducta le venía dando a entender que ya no lo quería realmente. Se le hizo claro que hacía años que él sentía esto. Esto lo había herido y ofendido. Comprendió que se había defendido de esta herida, se había encogido en sí y protejido. Se le hizo evidente que esa verdad ya la había percibido, pero no la había comprendido, no la había querido comprender, no la podía comprender - y que, por esto, no podía obrar realmente, sino sólo reaccionar psicodinámicamente. En cuanto persona debió darle la razón a la reacción psicodinámica, porque intuía que era concordante con su sentimiento: pues sentía que su mujer era culpable de su infelicidad y él tenía razón y su orgullo no podía aceptar esa injusticia y debía protejerse y seguir luchando.
En este momento saltó su autorreproche y el dolor profundo. En vez del fenómeno de "cerrar por completo las celosías", se le cayeron las escamas de los ojos. El dolor contenido durante tanto tiempo, la verdad reprimida irrumpieron sobre él. Lo que vivenciaba ahora era doloroso, pero al mismo tiempo le hacía bien, porque se sentía en el fondo comprendido. En el segundo momento del AEP, la toma de posición frente a lo sentido, cayó en la cuenta de que se había reconquistado a sí mismo, porque podía comprenderse.
Con la reconquista de la propia persona y la comprensión de lo que había percibido afectivamente, se pasó a la última cuestión que quedaba todavía abierta: ¿por qué no pudo hacer valer lo que hacía tanto tiempo sentía? Esto llevó a la capa más profunda - de la existencialidad.
No sabemos si lo que era la verdad no lo quiso ver o no lo podía ver; o si lo quería reprimir o lo debía reprimir. Probablemente, a este nivel profundo de las MF se junten estas diferenciaciones. El terapeuta preguntó apuntando directa-mente a lo que vio como la problemática más profunda: "¿Cómo hubiese sido para Ud. si Ud. hubiese sabido que su mujer nunca lo quiso realmente o, por lo menos, que hacía tiempo ya no lo quería? Que nunca lo ha podido querer del modo como Ud. la quiere hasta hoy?" Su respuesta rápida fue: "Eso hubiese sido el infierno, no lo habría soportado, no hubiera sido una vida para mí. Ya no era más una vida. Ya era un infierno. Sólo que era otra vez tan cariñosa, que volvía a tener esperanzas. Esto me confundió. Pero otra vez era el infierno".
El problema que lo tenía atrapado y lo bloqueaba, consistió pues en que él no se sentía capaz de esa verdad. No podía reconocer lo que sentía, porque lo sentido no lo podía acercar a la existencia, porque no sabía cómo iba a poder seguir viviendo con esa verdad. Estaban en cuestión para él las MF, en especial la segunda, la relación con la propia vida. El hecho de perder a su mujer y, además, el saber que ella desde hacía tiempo, más aún, nunca lo había querido, habría significado un golpe tal que se le habría hecho cuestionable si hubiera querido seguir viviendo en absoluto. Estaba en peligro de derrumbarse esa segunda columna que soporta la existencia: en tales circunstancias existir no era algo bueno. "Esto ya no es vida". Como se ve, lo que estaba en cuestión era la 2ª MF. Pero en la conducta frente a su mujer, reaccionaba sobre todo con elemntos de la 3ª MF: enojo, tomar distancia, orgullo, sentirse herido. Podría ser - y esto habría que investigarlo - que la pareja no podía solucionar la problemática porque el hombre no reaccionó sobre el plano de su existencialidad amenazada (2ª MF), sino sobre el de la 3ª, que correspondía más a su tipo de personalidad y también al de su mujer, pero que pasaba por alto la situación actual.
Desde el punto de vista analítico-existencial se trató de que él trabajase en la toma de posición con respecto al valor de la vida y su biografía (o sea, la vida proyectada y de hecho vivida). Un elemento para trabajar es la relación con el padre. Su desamor (2ª MF) e incapacidad para el encuentro interhumano (3ª MF) dejaba como resultado una conducta endurecida o Copings rígidos (agresión). Porque el sentimiento de dos MFexistenciales quedaron insatisfechos, esto llevó a una (PD) acoplada a ellas y a un accionar de Copings, toda vez que esas motivaciones volvían a estar en peligro. Cuando el hombre pueda tener un suelo firme bajo los pies y viva el sentimiento de que su vida tiene valor, un valor que va más allá de la relación con su mujer y que es comprendido por el terapeuta, entonces dará los pasos necesarios para afrontar su vida. Para lograr esto deberá dolerse y llorar más aún.-

9) Literatura
Blankenburg W. (1989): Lebensgeschichte und Krankengeschichte. Zur Bedeutung der Biographie für die Psychiatrie. In: Blankenburg W. (Hrsg.): Biographie und Krankheit. Stuttgart: Thieme, 1-10.

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Klages L. (1929): Der Geist als Widersacher der Seele. 4 Bände 1929-1931. Leipzig.

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Dirección del autor:

Dr.med.Dr.phil. Alfried Längle

Ed. Suess-Gasse 10

A-1150 Viena

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