Comprensión y terapia de la psicodinámica



Descargar 173.73 Kb.
Página1/2
Fecha de conversión12.05.2019
Tamaño173.73 Kb.
  1   2

COMPRENSIÓN Y TERAPIA DE LA PSICODINÁMICA

EN EL ANÁLISIS EXISTENCIAL

Alfried Längle (Viena)
Trabajo publicado en "Existenzanalyse", revista de la Asociación Internacional de Logoterapia y Analisis Existencial (GLE-Viena), en el nº 1, marzo/98, pág. 16/27. Traducción de N.A. Espinosa, Mendoza (Argentina).


Resumen:

En tanto método psicoterapéutico, que quiere tratar integralmente al hombre, debe el Análisis Existencial (AE) reflexionar continuamente su posición frente a lo psíquico en el hombre, apoyándose sobre sus experiencias prácticas. De esa renovada reflexión surgen nuevas perspectivas metodológicas, que permiten ampliar el alcance del AE. Con esa ampliación se puede acceder al campo psico-dinámico, que es de lo que trata este trabajo. Aquí se expone en resumen cómo el AE entiende la psicodinamia y se presentan los métodos terapéuticos que el AE tiene para su abordaje. Al final, se trae un caso clínico que ilustra los desarrollos teóricos.
Del "Léxico de Análisis Existencial y Logoterapia", de aparición en Viena, en la Edit. Springer (2000), se transcribe lo que se dice sobre "Psicodinámica Analítico-Existencial" (PDAE): "Nombre del juego de fuerzas de la dimensión psíquica y de la función de lo psíquico en el contexto de la existencia personal. A la psique le compete la función de representar ‘vivencialmente’ los supuestos vitales de la existencia; constituye el eslabón de enlace entre lo espiritual y lo corporal y está comprometida en el ‘cuidado’ del bienestar del hombre y la conservación de la base vital. Cuando la base vital corre peligro para el sujeto la psicodinámica genera ‘reacciones de Coping’ (resguardo, protección). De un modo concreto, la psique expresa el ‘sentimiento’ de cómo uno se encuentra corporalmente en el mundo (vivencia de ‘vitalidad’ y ‘pulsionalidad’) y, en general, el sentirse total existencial (temple anímico). (Remitimos a nuestros trabajos sobre teoría de la emoción). El vivenciar psíquico entra en dinamismo no sólo cuando está afectada la conservación de uno mismo y de la especie, sino también a partir del modo como el hombre toma posición existencial: estas tomas de posición o actitudes básicas son las respuestas del sujeto a las ‘motivaciones fundamentales’ (MF), esto es, a las solicitaciones básicas del existir, en las que de lo que se trata es del ‘poder-ser’ en el mundo. El modo como se responde a las motivaciones fundamentales determina la dirección de la psicodinámica, por ej. sólo quien ‘quiere’ vivir efectivamente, sacará a relucir sentimientos e impulsos que conserven y promuevan la vida, o sea, sólo quien ‘quiere’ vivir, quien no niega la propia vida, vive al fin. Una psicodinámica que no está integrada personalmente, lleva a un deficit de existencialidad. La conducta del hombre viene a quedar determinada cada vez más por ‘reacciones’ (psíquicas) y ‘reflejos’ (somáticos), que ‘reemplazan’ el obrar libre y responsable. El acceso terapéutico a la psicodinámica en el AE se hace por medio del Análisis Existencial Personal (AEP) y el trabajo con las motivaciones fundamentales.”

1) E l t r a n s f o n d o a n t r o p o l ó g i c o
La antropología analítico-existencial, según Frankl (vid. "Compendio de AE y LT", en el "Manual de Teoría de las Neurosis y Psicoterapia", edit. por Gebsattel y Schulz, 1959, p.665 y ss. de la edic. alemana; téngase en cuenta esto para las otras citas en el trabajo), entiende al hombre como una unidad de tres dimensiones ("modos" de ser) que, de acuerdo a su esencia y a sus respectivas esferas de competencia, deben ser distinguidas entre sí: estas dimensiones son - la somática, la psíquica y la noética. En este modelo le pertenece a la psique, junto con lo somático, entrar en un "juego de fuerzas antagónico" con lo espiritual. Dicho de otra manera: por lo psíquico (que, según F., representa vivencialmente a lo somático (paralelismo psico-físico), adquiere el ser del hombre un vector, que puede contraponerse a lo espiritual y, así, generar un campo de tensión en el hombre. Esta imagen del hombre se inscribe en una tradición del pensamiento occidental - en la cual aparece también Ludwig Klages - que explícitamente definió al espíritu del hombre como "el oponente o contradictor del alma", como reza el título de su conocida obra de 1929.
La antropología de Frankl se apoya inmediatamente en la de Max Scheler, que influyó decididamente sobre la comprensión del hombre de Frankl (vid. Wicki, "El AE de V.F. como contribución para una pedagogía fundada antropológicamente", Berna, 1991). Tanto en la antropología de Scheler, como en la de Frankl, se subraya una circunstancia, a saber: que en el hombre hay una intrínseca capacidad de "oposición contra sí o a sí mismo". Frankl elaboró el concepto, que expresa este modo de ver al hombre, de "antagonismo psico-noético" (Vid. Frankl, "Bases antropológicas de la psicoterapia", Berna, 1975, pp. 219-221, 227). Según esto, hay entre lo noético y lo psíquico un hiatus, que no se puede trazar con total exactitud (Vid., Frankl, "El Dios inconciente", Munich, 1988, p.18). Sólo en dos pasajes (véase enseguida) le reconoce Frankl a la posición antagonista de lo noético con respecto a lo psíquico, no una función aversiva, sino subsidiaria. Cuando en el sinergismo psico-físico los oponentes se apoyan recíprocamente no se presentan problemas con relevancia clínica y la psicopatología puede desatender el antagonismo psico-noetico. Por el contrario, importa mucho el prestar atención al sinergismo en el tratamiento de trastornos anímicos y cuando está en juego la determinación antropológica del h., como lo veremos más adelante. Antes, las dos citas de Frankl. Una, de la p. 663 del mencionado "Compendio", dice: "El antagonismo psico-noetico - a diferencia del 'obligado' (necesario) paralelismo psico-físico - es 'facultativo'. De acuerdo a esto, es la capacidad de resistencia del espíritu una mera posibilidad, no una necesidad. Resistir - obrar "a pesar de" - es siempre posible, pero el h. no precisa esto siempre. El hombre no precisa - de ninguna manera - hacer uso siempre del poder de resistencia del espíritu. No precisa siempre preocuparse por esto. No tiene que oponerse a sus impulsos, a su herencia o al medio ambiente en que vive, porque simplemente necesita de ellos; pues, el h. tanto 'se afirma' a pesar de sus instintos, a pesar de la herencia y a pesar del medio ambiente, como 'en virtud' de sus instintos, de su herencia y del medio ambiente". La otra cita, de la p. 690, dice: "..., las necesidades (los deseos) orientan y encuadran al hombre en un campo objetivo, de objetos"; o sea, no habría "objetos" para un hombre sólo "espir-tual", sin tendencias sensibles, sin instintos (aclaración del trad.).
2) La tarea histórica de la Logoterapia

Esta tarea la ve Frankl ("Psicoanálisis y existencialisno, 1982, p.18, 25) en el fortalecimiento de lo espiritual frente a lo psíquico. La dimensión psíquica, que representa una realidad humana elemental, en principio tan valiosa en la antropo-logía como la dimensión espiritual, pasa en la LT a un cono de sombra. Sólo se le presta atención en cuanto puede ejercer un influjo inhibidor o de alguna manera perjudicial sobre lo espiritual. Estados afectivos, v.gr. angustia o depresión, que pueden en casos inundar la dimensión noética e impedir el cumplimiento de actos espirituales, deben ser reprimidos mediante el ejercicio del "autodistanciamiento". La posición clásica de la LT frente a la psique es, pues, la de una distancia prudente y la capacidad de poder retroceder frente a su influjo o, como dice Frankl, el 'no tener que darse siempre los gustos' ("Compendio", p.685); en algunos casos, el bloqueo afectivo puede superarse con el humor, como se comprueba con el método más conocido de Frankl, la intención paradojal.
Por esta declarada posición de "defensa" de lo espiritual, hubo de cumplir históricamente la LT una importante función dentro de la psicoterapia. Por cierto, este objetivo de Frankl tuvo su precio, pues en su planteo la psique corre peligro no sólo de ser un contradictor de lo noético, sino que se recubre con una aureola como de un principio enemigo, contrapuesto a los reclamos de la con-ciencia moral y la espiritualidad. Planteada así las cosas, no extraña que en la antropología de Frankl lo que se dice de la psique sea tan poco. Frankl transfirió a la psicoterapia tradicional la tarea de elaboración de lo atinente a la esfera psíquica. El propio Frankl era conciente del parcialismo de su posición: la cosa de la que se trataba, que había que defender, exigía esas limitaciones ("Bases antropologicas de la psicoterapia", 1975, p. 260; la obra fué escrita entre 1949/50).
3) El desarrollo del AE exige seguir pensando la antropología

Un AE, sin embargo, que no precisa verse más como "defensor" de lo espiritual en el hombre - contra el psicologismo -, sino como psicoterapia abarcante de toda la realidad humana (incluso la dimensión psíquica y la somática), ha de aplicarse al estudio de todas estas dimensiones y valorar su significación para la vida del hombre.
El presente trabajo es el resultado de una reflexión nueva de la función antropo-lógica y psicoterapéutica de la dimensión psíquica. De lo que se trata es de comprender a la psique no sólo en su papel de contradictora del espíritu, sino fundamentalmente sacar a luz los rasgos esenciales de lo psíquico, que lo mues-tran cumpliendo una tarea a favor de nuestra existencia personal, o sea, para que sea posible "lo personal" en nosotros. De tal comprensión amplia de lo psíquico se espera un acceso más adecuado, por más abarcante, de la dimensión anímica, pero que quiere seguir siendo fiel a la tradición analítico-existencial. Mediante el desarrollo de las "Motivaciones Fundamentales" MFy del "Análisis Existencial Personal" (AEP) se dispone ahora de un nuevo acceso que va a la profundidad de la existencia, poniendo al descubierto los supuestos (cognición, emoción, identificación, acción) y las condiciones de la "existencia personal" (ya en Frankl, vid. "Compendio", p .664). Estas condiciones son las que llamamos: 4 "experien-cias existenciales básicas", que corresponden a las 4 "motivaciones fundamentales personal-existenciales", a saber: "poder ser", "valor del vivir o que es bueno vivir", "valor de sí mismo" y "sentido en el mundo". Cada hombre toma posición - de esta o de otra manera - con respecto a estos motivos que afectan radicalmente su existencia. Tal acceso profundo abre otras perspectivas para el análisis de la estructura de los procesos personales y el juego recíproco de las específicas dinámicas - somática, psíquica y existencial. El estado actual de la investigación en cuestiones teóricas, de principio, como también metodológicas, exige una reflexión continuada de la comprensión y significación de esas dinámicas para la antropología analítico-existencial y la teoría de la terapia y la praxis psico-terapéutica.
Este trabajo se circunscribe a la comprensión de las fuerzas psíquicas y su sig-nificado para la existencia. Otros estudios se ocupan de la corporalidad y también de su impostación en el contexto total existencial. Algunos planteos en esta dirección ya tienen lugar en los cursos de formación en relación a la teoría de las MF. Nuestro interés en este artículo se centra en la intención de presentar una nueva perspectiva - integradora - de la psicodinámica. Ella debe reflexionarse en el contexto de las premisas antropológicas del AE y de los teoremas existenciales (esto es, relación con el mundo). De esta nueva comprensión antropológica de la PD se desprende una teoría de su terapéutica.
De acuerdo a lo dicho, la articulación del trabajo será la siguiente: en primer lugar se hará una reflexión antropológica; luego se intenta una comprensión de la dinámica de la psique. En el 4º cap. se verá, de un modo resumido, el tratamiento terapéutico de la PD con ayuda del AEP (según Längle, 1993). Seguidamente, se ve lo mismo pero ahora a la luz de la teoría de las MF (según Längle, véase "Ser adicto", Viena, 1997). Las MF permiten diseñar un mapa de los afectos psico-dinámicos, que se conectan con cada una de las MF, así como de las dinámicas llamadas "reacciones de Coping" (mecanismos de protección). Se tiene así una idea "diferenciada" de la PD. La visión analítico-existencial de la PD se caracteriza porque ve a la dimensión psíquica "en relación" con la constitución existencial de la persona, o sea, con lo que ocupa al hombre - en tanto ser espiritual - en la tarea de dar forma a su propio ser. Se apunta a la interdependencia de las MF con la PD, en la que el dinamismo psíquico tanto se exhibe como guardián de la existencialidad, como en forma de bloqueos, que que rigidizan la misma base vital.
En la actualidad - entre los profesionales que hacen los cursos de formación, los supervisores y prácticos de la GLE - interesa de la PD existencial especialmente su significación en cuanto a la función de "protección" (reacciones de Coping), así como el conocimiento de la PD que entra en juego en cada caso, sobre la base de los afectos concomitantes. Los afectos y estados afectivos, como v.gr. disgusto, intranquilidad, las diferentes formas de angustia, ponen al descubierto las vías para el diagnóstico de las respectivas PD activadas, las cuales - en vista de su conexión con las MF existencial-personales, permiten una más profunda comprensión de la situación vital del sujeto de que se trata. Hubo sobre este tema en el verano de 1997 tensas discusiones entre el grupo de formadores y contribuciones valiosas, sobre todo de L. Tusch, G. Funke, Ch. Kolbe, S. Längle y Ch. Probst.
Somos concientes de que se trata sólo de un comienzo, pero que promete futuros desarrollos que confirmarán y ampliarán lo que aquí se presenta en forma de un primer diseño teórico y práctico a la vez.

4) La tarea de la psique en la existencia del hombre

La psique expresa - a través de las vivencias - los supuestos vitales de la existencia. De aquí que - y de forma del todo opuesta a la comprensión reducida de Frankl y Scheler - le competa a la psique la función de eslabón de enlace entre la dimensión noética y la física. Sin psique vivirían el espíritu y el cuerpo "uno al lado del otro", sin que hubiese una relación vivenciada entre ambos. Con esto, se vendría abajo la "totalidad-hombre", como tampoco podría existir esa totalidad sin cuerpo y sin espíritu.
Esta concepción muestra, por lo demás, un parecido formal con el modelo es-tructural del hombre freudiano, en el que se describen un Ello, un Yo y un Super-Yo. Aun cuando los contenidos de estas tres partes son diferentes - el Ello freudiano correspondería más a lo que nosotros llamamos "dimensión psíquica", el Yo a lo noético y el Super-Yo, tanto a los psíquico, como a lo noético - sin embargo, es digno de notar que una consideración psicodinámica de tipo analí-tico-existencial también lleva a un formalismo semejante al visto por Freud.
Nous

---------

Psique

---------

Soma

_________

Mundo (Lo otro)
Esquema 1. En esta imagen tridimensional del hombre se ve la posición que ocupa la psique dentro de la Antropología: es eslabón de enlace entre el ser en el mundo noético y el somático.
Para el cumplimiento de esta tarea le compete a la psique una función esencial: proteger y cuidar el ser corporal del hombre. Ella aparece como representante, guardiana de la situación vital del hombre; con otras palabras, está pronta a alertar cuando de alguna manera están comprometidos el bienestar y la supervivencia del individuo. Para ello practica la psique una permanente "valoración" del vivenciar, en la forma de afectos agradables o desagradables.
Se puede ilustrar del modo más sencillo esta función de la psique poniéndola en conexión con los estados de "carencia" a nivel somático. Cuando estas carencias no son cubiertas, cuando las necesidades vitales no se satisfacen, surgen tensiones psíquicas, que se dan a conocer a través de sentimientos de displacer. Una sen-sación de hambre incipiente puede subir de tono hasta convertirse en un sufri-miento, lo cual moviliza a todo el hombre que toma conciencia de una urgencia vital.
Los estados afectivos de la dimensión psíquica se refieren a dos campos vivenciales. Por un lado, expresan (representan vivencialmente) el estado corporal, o sea, el modo de encontrarse corporal en el mundo. Aquí interesa el registro de las fuerzas, urgencias e instintos que entran en juego para asegurar la conservación de la vida, y que pugnan por sus propios derechos: instinto de juego, placer en el ejercicio de las funciones, instinto sexual y de defensa.
Por otro lado, los estados afectivos son voceros vivenciales del ser en el mundo. Situaciones vitales amenazantes, acontecimientos gravosos, circunstancias felices o exitosas son registradas psíquicamente y evaluadas en su significación para la situación vital del individuo. Se podría hablar de sentimientos psíquicos concomitantes - el temple anímico, como los llama Heidegger ("Ser y Tiempo", p. 134 ss), que atraviesan el ser real del hombre, configurándolo, acuñándolo de una u otra manera. Así, experiencias consigo mismo y con el mundo, que han sido traumáticas o que se repiten a menudo o duran un tiempo prolongado, pueden de-jar su impronta profunda en la vivencia y trazar importantes surcos mnémicos, por los que el individuo volverá a moverse con cada actualización de esas impre-siones. Hablamos de "pattern vivenciales": estos son modos de vivenciar habitua-les, permanentes, que se repiten, modulando el ser en el mundo. La habitualidad se debe al hecho de que se han acumulado allí modos de relación con las cosas y los otros que se repiten, estrategias a las cuales el individuo ha recurrido por necesidad cuando ha tenido que alcanzar la satisfacción de urgencias vitales o hacer frente al desprecio, la amenaza, la falta de amor y el abuso por parte de los otros. La psique "almacena" las experiencias típicas del ser en el mundo. Estas im-presiones o acuñamientos "acompañan" los actos de la persona, inhibi-éndolos o promoviéndolos. Así hablamos, como se verá en los esquemas de más adelante, de situaciones de reacción psíquicas angustiosas, depresivas o alienantes (histéricas).
Lo que acabamos de describir sobre la función de la psique en el hombre no excluye la perspectiva frankliana de la psique como antagonista o contradictora del espíritu. Porque el hombre en su "mundo como voluntad y representación" (Schopenhauer) puede dirigirse en sus obrar a fines, que aparecen v.gr. a la psique como amenazantes. Quien no se siente - psíquicamente - a la altura de una situación conflictiva, debilitada por experiencias previas traumáticas, o se percibe inseguro por falta de experiencias, a éste le puede ocurrir que su psique le haga frente bloqueando con angustia la acción planeada o impidiendo, de alguna manera, una decisión responsable. Este hecho puede ser discutido desde dos puntos de vista: una discusión antropológica se preocuparía del valor posicional de lo noético en el hombre. En cambio, para la psicoterapia se trata de hacerse cargo de la representación psíquica o expresión vivencial de la situación conflictiva, con la intención de comprenderla e integrarla en el todo existencial-personal. Sólo tratándose de casos aislados y de poca monta es válido recurrir al auto-distanciamiemto, como único expediente para superar por ej. la angustia. Obrar repetidamente así - con solo auto-distanciamiento "sin auto-aceptación" - puede a la larga llevar a una actitud de negación de sí mismo, de enemistad consigo mismo y devaluación del propio Dasein corporal. Con razón, alertó Frankl del peligro de un reductivismo "noológico", o sea, hacer valer sólo los requerimientos de la parte espiritual en el hombre ("Teoría y terapia de las neurosis", p. 151 ss).
Nos parece pues que a una actitud psicoterapéutica le es esencial limitar el alcance de la perspectiva antagonista de la psique a los casos y situaciones indicados y ver la dinámica peculiar que domina entre psique y nous no exclusi-vamente del lado del antagonismo, sino cayendo en la cuenta de que hay también una relación de "cooperación" e "integración" entre ambos. En esta perspectiva se puede comparar a la psique con una buena madre, que está preocupada del bienestar corporal de sus hijos y los cuida del peligro de una sobre-exigencia, o sea, que presta atención a las capacidades de cada cual y de que estén a la altura - física y psíquica - de las circunstancias en que la vida los ha puesto. También en la problemática cotidiana muestra la psique su "nous", o sea, su "poder perceptor", sólo que el horizonte desde el cual ese poder se ejerce es otro que el del espíritu - es un poder que trabaja por dentro, al servicio de la conservación de la vida. En ciertas situaciones, en las que de lo que se trata para la persona es de valores que trascienden el momento de la acción (por ej. en una vivencia conmovedora, una obra creadora, en una actitud tomada que decide quizás el destino o en la fe), esta preocupación por el bienestar psico-físico puede pasar a un segundo plano, uno puede oponerse a ella o relativizarla. Sin embargo, queda firme el hecho de que nosotros los hombres le debemos agradecer, normalmente, a esta función protectora de la psique nuestra supervivencia.

5) La significación existencial de la psicodinámica

A la psique le corresponde, pues, junto a la función de traducir, mediante sentimientos y pulsiones, la situación vital y almacenar (afectivamente) las informaciones de la experiencia, ser curadora, guardiana de la vitalidad, ponerse en defensa de la supervivencia. ¿Con qué medios cumple la psique su tarea? Mediante dos mecanismos: influyendo la atención, o sea, dando el alerta al espíritu (apercepciones temáticas); y formando reacciones de protección (Copings) autónomas, sin participación digna de mencionarse de lo noético (obviando lo noético). La psique es así "corrector" (quizás también - "co-rector") de lo espiritual, que lo guarda frente a exigencias desmedidas de él mismo como de los demás. La psique - por así decir - no "teme" desarrollar - en el plan de cuidar al espíritu - reacciones de angustia o distimias depresivas. La psique puede corregir una decisión cognitiva - en cuanto a su factibilidad - por causa de que al sujeto se le exige demasiado (sentimiento de que no se es capaz). La corrección puede tener el sentido de una ampliación, enlentecimiento, aceleración o bloqueo de la acción demandada. La psique puede echarle en cara no sólo a la libertad, sino también a la responsabilidad y a la conciencia moral, que - por la actitud asumida - la vida parece amenazada o se encoge la alegría de vivir.
Lo que la psique aporta a la realidad humana es un bien, por cierto, parcial, pero legítimo, porque lo que aquí está en cuestión es la esfera vital, corporal y el sentimiento básico de vivir. Aun cuando la psique puede pasar a la posición de contrincante de lo noético, vista desde esta otra perspectiva, ella se exhibe como provocadora del espíritu y co-jugadora (en el juego de la vida) junto con lo noético que, sólo en caso de una apreciación de la situación divergente a la del espíritu, pide que el sujeto tome posición frente a ella, frente a sus emociones. Entonces vale que se examine la emoción, para que se la integre en el contexto existencial total de la persona (esto se hace mediante una toma de posición personal integradora - emoción integrada en el AEP).
Tal visión de lo psíquico permite una actitud frente a él "libre de angustia". La dimensión psíquica puede ser vivida como fuerza vital, sin opresión o sospecha de que allí se anuncia algo malo. La alegria de vivir cobra alas. En hacer posible esto vemos una tarea específica de la psicoterapia.

¿C ó m o e m e r g e l a d i n á m i c a p s í q u i c a?

El vivenciar psíquico se dinamiza a partir de dos fuentes:

. la autoconservación

. las actitudes existenciales

En cuanto a lo primero, la psique manifiesta el enraizamiento del hombre en la naturaleza; en cuanto a lo segundo, es espejo de la constitución total - incluido allí lo espiritual - de la persona, es decir, del total ser en el mundo. Veamos estos puntos más detenidamente.

La dinámica natural de la psique es idéntica a la constituación biológica, o sea, ordenada a la autoconservación, del hombre. Como todo ser vivo, está también el hombre, desde el inicio de su vida, provisto de un sistema de regulación, orientado a la conservación de la vida individual como de la especie. En los vivientes superiores, que disponen de un sistema nervioso, se representa esta intencionalidad vital en forma de sentimientos que promueven, desarrollan la vida (instinto de conservación y sexual) o sentimientos de protección de la vida, como por ej. angustia, depresión, etc. El instinto de autoconservación esta representado en los vivientes superiores en forma de una dinámica vivenciada psíquicamente (pulsiones, estados afectivos, afectos o reacciones de Coping)
La visión analítico-existencial del hombre toma cuenta - además de lo dicho arriba, que es lo que se estudia corrientemente - de otra rama de la PD, tan esencial como la anterior. El hombre no es sólo un ser por naturaleza impulsado, sino también que se auto-determina, o sea, que se configura a sí mismo. Esta fuerza auto-determinante tiene otro origen que la energía psíquica, la cual está estrechamente ligada a lo somático. La fuerza espiritual es comparable a la corriente eléctrica de baja tensión, con la que un relais puede conmutar una corriente alta, o con el software de una computadora enmarcado por un hardware. El software puede funcionar en virtud de la energía del hardware, pero es independiente de él en cuanto a su contenido, es decir, al tipo de operaciones y resultados programados. Esta independencia no es absoluta, pues el hardware influye sobre él. Sea lo que fuere - juegos, programación de textos, cálculos estadísticos - todo esto corre por cuenta del software. Sólo hay una condición que respetar: que el programa se adecue a la base del hardware: el volumen de las operaciones - predado por el software - depende del hardware.
Estas analogías quieren hacer comprensible que el hombre puede producir, por las actitudes existenciales que asume una modulación de su estado vital. Este influjo puede ser ilustrado rápidamente, pensando en que, por ej. sólo el que quiere vivir realmente, saca a relucir impulsos y afectos positivos, a favor de la vida. Modos de conducta frente a la pareja, los hijos u otras relaciones, en el ejercicio de la profesión, en el trabajo, etc. dan motivo a sentimientos de placer, envidia, celos, angustia, opresión, etc. y llevan a las correspondientes reacciones de Coping. Por cierto, las posiciones existenciales fundamentales comprometen la PD de un modo más fuerte que las actitudes de la problemática vital cotidiana (las que se ligan a las actitudes fundamentales "dos pisos más abajo". De estas MF hemos descrito 4, las que, por causa de su rotundo influjo en la configuración de nuestra vida, representan una fuerte potencia motivacional y, por ello, fueron denominadas MF existencial-personales (Vid. Längle, "Ser adicto", 1997). Las decribimos ahora suscintamente:

1. Actitud a favor del propio existir o aceptación del Dasein que nos ha sido dado; 2. Actitud a favor de la vida, de la que la vida es un valor, que es bueno que yo exista;

3. Actitud frente a sí mismo, de valoración de sí mismo y

4. Actitud frente al sentido, apertura al mundo, al futuro.

Estas actitudes básicas sólo son posibles en virtud de experiencias básicas, como confianza, gusto de vivir, aprecio de sí mismo y entrega a un sentido. Porque estas experiencias básicas son ineludibles para el destino de la existencia personal, por detrás de las motivaciones de la vida cotidiana se agita una dinámica básica que habla de las formas como el individuo ha sido capaz de responder a las MF.
Las 4 condiciones básicas de la existencia personal mencionadas, además de despertar la dinámica de la psique, influyen en la modulación de la misma, o sea, en cuanto a su polarización y dirección. Por ej. un deficit en la vivencia de la 1ª MF orienta la PD en dirección al registro del ser amenazado y la búsqueda urgente de cubrir ese deficit. Una persona que no se siente soportada por su propio ser, como se dice, que no tiene piso donde apoyarse, no se siente contenida, tenderá a procurarse aseguramientos, en medio de reacciones de angustia. Aquí hay que advertir - como la praxis psicoterapéutica lo confirma - que la PD toma una dirección aparentemente contraria a la esperada: en vez de buscar, en el ej. dado, un enraizamiento del Dasein, un acogimiento, el individuo angustiado reacciona huyendo o vive en una permanente conducta evitativa de la situación que para él es fuente de amenaza. Muy evidente es el giro de la PD en la dirección contraria, en lo atinente a la 2ª MF. Cuando la actitud positiva frente a la vida, por causas diversas, como pesadas circunstancias vitales, pérdidas, etc., deriva en una posición de negación, el instinto de sobrevivencia puede convertirse en instinto de muerte (Freud). (Aclaración: Para el AE no hay datos que permitan afirmar la existencia de un instinto de muerte, como tal. Los fenómenos de negación de la vida son vistos en el contexto de la PD como desarrollos de la misma: en el fondo de esos desarrollos hay actitudes vitales - por lo general, inconcientes - que modulan, en el sentido indicado, la dirección y polarización de la PD).
También Frankl ("Compendio", p. 681) se refiere a la fuerza configuradora de lo noético, cuando escribe: "La realidad psicológica muestra que en el hombre no aparecen "intintos en sí". Los instintos son siempre o afirmados o negados; de una u otra manera, ya son acuñados por lo espiritual. La instintividad en el h. aparece configurada por la toma de posición espiritual del sujeto, de modo tal que se debe hablar de un apriori espiritual responsable de esa forma con la que se recubren las pulsiones. Los instintos son ya siempre dirigidos por la persona, exhiben una tonalidad y suenan de forma personal. Los instintos son personalizados por la persona. A diferencia del animal - los instintos son gobernados por lo espiritual; la instintividad asienta en el espíritu, de modo que tanto cuando son inhibidos, como cuando son desinhibidos, el espíritu está allí obrando, teniendo la palabra o callando. El h. es un ser que puede también decir no a los instintos y no tiene que decir siempre sí - amén. Esto es lo que lo desprende del reino animal. Mientras el h. tiene que identificarse con los instintos - en tanto los afirma -, el animal es idéntico a ellos. El h. tiene instintos, el animal es sus instintos. El h. es su libertad, en cuanto le es algo propio apriori y que nunca se puede perder: algo que yo meramente tengo, también lo podría perder".

Una PD, no integrada personalmente, lleva a un deficit de existencialidad. La conducta del h. viene, de un modo creciente, a ser determinada por reacciones psíquicas y reflejos somáticos, que reemplazan el obrar decidido libremente y responsable. Cuando el h. no logra por sí mismo integrar, de modo personal, las fuerzas psicodinámicas, entonces se requiere la ayuda del psicoterapeuta - aun cuando no sea perceptible aún que la persona en cuestión sufre por esto. El acceso terapéutico a la PD en el AE se logra por medio de dos métodos: el AEP y el trabajo con las MF. Estos accesos se refieren tanto a las vivencias actuales, o sea, al presente inmediato de la vida del cliente o paciente, como también a las (todavía) actuales vivencias del vivenciar pasado y a las (ya) actuales de la futura biografía. Sobre esto pasamos a hablar en el apartado que sigue.

6) Acceso y elaboración de la psicodinámica medinate el Analisis Existencial Personal (AEP)
Mediante el AEP debe hacerse accesible la situación vital y el modo de vivenciar del hombre, abarcando toda la experiencia - somática, psíquica y noética -, tanto del pasado como en su proyección al futuro. Lo primero por hacer es abrir el campo vivencial. Sólo así se puede intentar una elaboración personal, en la que los contenidos personales no se pierdan durante el análisis. Esto es importante cuando de lo que se trata es de la elaboración de los contenidos psico-dinámicos. Se deben comprender esos contenidos en su relación con la conservación de la vida del sujeto. La terapia persigue hacerlos vivenciables. En caso de un bloqueo (psicodinámica rígida), se los debe modificar, hacerlos más libres y soltarlos del parcialismo de las reacciones de Coping. Se le posibilita así al sujeto tener más personalidad, o sea, el ejercicio de una vida más personal, no conflictiva. La psicodinámica lucha con esos conflictos, como, a su vez, ella es reprimida y desplazada hacia un más allá. La liberación de energías psíquicas y su integra-ción en la persona permite la puesta en obra de una existencia más eficaz en el cumplimiento de las tareas cotidianas.
El trabajo con la psicodinámica con ayuda del AEP sigue los momentos que nosotros hemos distinguido cuando elaboramos este método. El primer momento es la elaboración de la impresión. Aquí es importante poner en relieve los sentimientos y su dinámica, que siempre está en relación con las experiencias tenidas por el sujeto. La impresión se compone de reflejos somáticos, estados afectivos psíquicos, dinámica psíquica y componentes noodinámicos. En la primera etapa del AEP se trata de la captación global del vivenciar, en la que de un modo indiferenciado aún vivencias particulares no son distinguidas del todo. El individuo manifiesta sus impulsos espontáneamente, los que tienen que ver con los contenidos fenoménicos de la impresión.
En el segundo paso, toma de posición, ocurre la integración de la impresión en el contexto personal ya existente. Lo nuevo de la impresión es puesto en relación con la disposición axiológica anterior del sujeto. Lo nuevo es comprendido al impostarlo en la vida de la persona, la cual - sobre este trasfondo - podrá tomar posición frente a la impresión. La PD es, en este paso, integrada personalmente, y así mostrará que es provechosa para el sujeto.
En el último paso, expresión, se trata de poner a la dinámica ya personalizada en concordancia con la facticidad y exigencias de la situación. La personalidad restituída es integrada al complejo de relaciones del mundo de la vida. A esto llamamos creación de existencialidad. Tal integración ocurre mediante el proyecto de un obrar responsable, en vez de una conducta reactiva automática.
El AEP es un método orientado a la acción que apunta a dinamizar las fuentes personales del hombre: la fuerza psíquica y noética, sobre el trasfondo corporal y la situación real en la que el hombre se encuentra. La elaboración de la impresión y la restitución de la integridad personal hace a la persona capaz de actuar, o sea, salir al encuentro del mundo.

7) Entretejido de las Motivaciones Fundamentales (MF) y la psycodinámica (PD)
Las MF guardan una estrecha relación con la PD. Esto se debe a que las MF describen esas 4 condiciones básicas existenciales del hombre, sin las que un existir, en el pleno sentido de esta palabra, no es posible. Por ello, ellas se asientan tan en el fondo de la vida humana, que un trastorno en esa dimensión se traduce inmediatamente en un cambio del estado de ánimo y del sentido de las psico-dinámicas que se derivan de él. Es importante señalar que el conocimiento de las MF trae aparejado una comprensión diferenciada de la PD. Los afectos psico-dinámicos, como las reacciones de elaboración de los mismos, son atribuídos a cada una de las MF y dan información sobre la constitución existencial de la persona; también sobre el sector que está trastornado y que reclama la atención del sujeto en cuestión. Seguidamente se verá el efecto que la tendencia a las MF produce en la PD; luego la PD que surge por causa de MF bloqueadas y, por último, la PD de reacciones de protección (Coping) automáticas.
7.1) La PD de las MF

Los contenidos de las MF se traducen psicodinámicamente como deseo, tendencia o anhelo. Como son contenidos basales de la vida espiritual, se sienten vitalmente. La psique como guardiana de la sobrevivencia del hombre acciona una PD acorde con la MF que debe ser satisfecha, para que el individuo le preste atención. Cada MF está en la punta de una tendencia también fundamental, unida a una vivencia afectiva determinada:
la 1ª MF tiende a punto de protección (seguridad), espacio, apoyo

la 2ª MF tiende a relación, tiempo (calor, sentir que se vive), cercanía

la 1ª y la 2ª juntas tienden a acogimiento, amparo

la 3ª MF tiende a consideración, justicia, independencia, apreciación de los valores

la 4ª MF tiende a sentido en el vivenciar y el obrar, realización, alegría,
Las 4 MF, integrantes de la dimensión noética (personal-existencial) del hombre, se relacionan con la esfera psíquica en la medida en que los contenidos noéticos son sentidos afectivamente, y adquieren el carácter de necesidad, urgencia, cuando ellos faltan. Las MF son así vivenciables y pueden ser encaradas de modo personal. Si el afecto concomitante a una MF es bloqueado, por ej. escindido del torrente vivencial o de continuo pasado por alto, entonces no es atendida una condición básica de la existencia humana con el cuidado que se merece. Pueden surgir más rápidamente trastornos, que si la afectividad libremente disponible acompaña los contenidos de las MF.
7.2) La psicodinámica de vivencias de existencialidad bloqueada

El fracaso en el cumplimiento de las condiciones básicas de la existencia lleva a sentimientos básicos existenciales, cuya persistencia y aumento de intensidad hace que se depositen en la psique, dando lugar a puros estados afectivos, estados de ánimo, que se rigidizan (fijaciones) y generan trastornos psíquicos.
En la tabla siguiente (1) (Esquema 2) se traen las cadenas de afectos, resultantes del trastorno de la respectiva MF, y en relación a la gravedad de la forma de molestia:



Sentimento

Personal

sentim. psiquicos

de carencia

alerta

psíquica


amenaza

psíquica

(= angustia)

fijación

neurotica

cambio de la sostanza psiquica: trastornos

personales

decompensación integral: psicósis

1ª MF

Inseguridad

intranq.

encierro


teme-rosidad

angu-stia básica

inv inva-sión de ang.(esqui-zofrenía)

2ª MF

Pesadumbre

opre-sión, pérdida de vitalidad

angust.

espect. referida a la relación = angust. de pérd. de relación o de sentirse vivo

Depresión
Resigna-ción

Inunda-ción de resign.

(depresión mayor)



3ª MF

Vacío interior

soledad, sent.ofend. enojo,

asco


angust. espectativa

auto-referencial



= angust. pérdida de prestigio o integración social

histeria,
sentirse herido

inundación

del sentirse observado (paranoia)o

inundación de dolor (trast.de personali-dad mas frecuente)

4ª MF

Sentimento de vacío (exterior)

duda de sentido,

vacío de sentido



angustia espectativa referida a la existencia

= angust. ante falta de sentido



vacío existen-cial

Desespe-ración

por sentim. de falta de sentido (suicida-lidad)



Compartir con tus amigos:
  1   2


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

    Página principal
Universidad nacional
Curriculum vitae
derechos humanos
ciencias sociales
salud mental
buenos aires
datos personales
Datos personales
psicoan lisis
distrito federal
Psicoan lisis
plata facultad
Proyecto educativo
psicol gicos
Corte interamericana
violencia familiar
psicol gicas
letras departamento
caracter sticas
consejo directivo
vitae datos
recursos humanos
general universitario
Programa nacional
diagn stico
educativo institucional
Datos generales
Escuela superior
trabajo social
Diagn stico
poblaciones vulnerables
datos generales
Pontificia universidad
nacional contra
Corte suprema
Universidad autonoma
salvador facultad
culum vitae
Caracter sticas
Amparo directo
Instituto superior
curriculum vitae
Reglamento interno
polit cnica
ciencias humanas
guayaquil facultad
desarrollo humano
desarrollo integral
redes sociales
personales nombre
aires facultad