Compañeros (as)



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partido independiente, libre de influencias burguesas y pequeñoburguesas, formado por cuadros profesionales.
..En tercer lugar, porque con esta exacta exposición del efecto funesto del capitalismo y de la necesidad, de a inevitabilidad de la indignación obrera establecemos una divisoria entre nosotros y esas gentes que nadan entre dos aguas y que “simpatizando” con el proletariado y exigiendo “reformas” que le beneficien, tratan de mantenerse en el “justo medio” entre el proletariado y la burguesía, entre el gobierno absolutista y los revolucionarios. Y tal divisoria entre nosotros y esa gente es particularmente necesaria ahora, si es que queremos crear un partido obrero unido y cohesionado, que luche firme y resueltamente por la libertad política y el socialismo…” Lenin, V: “Proyecto de programa de nuestro partido”. En la Alianza de la clase obrera y el campesinado. Progreso. Moscú. P-36.
La lucha de Lenin apuntaba a construir una herramienta orgánica y homogénea en lo ideológico, cohesionada por la aplicación colectiva del Materialismo Histórico a la realidad social. Una vez conseguido este objetivo, abrir un frente de penetración político-ideológico en el movimiento de masas desde donde disputar disciplinadamente la conciencia de la vanguardia natural del proletariado.
Comentario del GPM << Los revolucionarios deben organizarse en torno a los principios del Materialismo Histórico, para introyectar las ideas revolucionarias en el movimiento asalariado espontáneo. Pero no tienen por qué indicarle a las masas cómo se deben organizar a la hora de llevar adelante sus propias luchas. Esto no es lo fundamental en las tareas de los revolucionarios. Como ya hemos dicho anteriormente, son los explotados quienes, en cada momento de la lucha y del desarrollo de su conciencia, crean sus propias organizaciones, tal como lo han demostrado en su historia. En tal sentido, sí es cierto que la organización de los revolucionarios debe preceder a la lucha efectivamente revolucionaria de los explotados, no es precisamente porque los revolucionarios saben cómo organizar a las masas, sino porque están en condiciones de contribuir decisivamente a transformar el instinto de clase de los asalariados espontáneos en autoconciencia a través de la propaganda y la agitación, a la vez que orientar tácticamente al movimiento en el sentido de la estrategia de poder.>>
Y es que desde la concepción que defendemos, la conciencia se encuentra en disputa permanente, no hay lugar para dejar vacíos o “agujeros” ideológicos en el campo de batalla por las ideas encontradas. De ahí, la necesidad de asumir su conformación en el seno de la lucha de clases –lucha, que por cierto, es inconmensurablemente desigual- en la que no existe la menor posibilidad de neutralidad. La vanguardia revolucionaria debe conquistar para la revolución la conciencia y el corazón de grandes sectores de la masa a través de su vanguardia natural. Debe arrancar de la influencia burguesa una parte cada vez más considerable de los trabajadores esforzándose en todo momento para elevar su nivel ideológico a la altura de las exigencias revolucionarias, no para rebajarlo haciendo concesiones a la burguesía en la conciencia de sus sectores ideológicamente mas atrasados. Debe lograr que una parte importante de la clase se comprenda y comporte como tal.
Para esta disputa, que en el fondo es una guerra a vida o muerte, la vanguardia revolucionaria necesita organizase aparte, manteniéndose firme en lo ideológico y unívoca en lo político. Es que la historia viene demostrando que no es ninguna tarea fácil resistir la ofensiva político-ideológica de la burguesía, incluso, luego de haberla “eliminado” oficialmente, como en la URSS. Esta es una de las claves para comprender la necesidad del partido de cuadros, en tanto instancia suprema de organización independiente de la vanguardia revolucionaria. Cabe aclarar que esta organización, por su parte, no es una organización de “intelectuales” o de “obreros”26, como puede entenderse, sino de revolucionarios profesionales, de cuadros teórico-prácticos del socialismo.
La organización de los revolucionarios debe agrupar, ante todo y sobre todo, a personas cuya profesión sea la actividad revolucionaria (por eso hablo de una organización de revolucionarios, teniendo en cuenta a los revolucionarios socialdemócratas). Ante este rasgo común de los miembros de semejante organización debe desaparecer en absoluto toda diferencia entre obreros e intelectuales, sin hablar ya de la diferencia entre las diversas profesiones de unos y otros. Esta organización debe ser necesariamente no muy amplia y lo más clandestina posible” Lenin, V. “¿Qué hacer?”. (1902)
Si, como vemos, la conciencia de clase se desarrolla desigualmente en el movimiento de masas, las propuestas de asumir partidariamente a los sectores más atrasados –léase, mas influidos por la burguesía- con los más avanzados –que son minoría- no significaría otra cosa que diluir democráticamente la conciencia socialista de la vanguardia en una mayoría atrasada. Así, terminarían influenciando a la organización los sectores más atrasados y las acciones a seguir, por tanto, no resultarían ser las realmente necesarias para enfrentar resueltamente a la burguesía. Por eso, el lugar de la disciplina conciente es fundamental para entender y garantizar la democracia leninista. El partido revolucionario supone la participación en él con un nivel de conciencia tal que permita a todos sus miembros discutir con fundamentos y una vez convencidos, asumir conscientemente la propuesta de acción mayoritaria conseguida. La democracia formal de las mayorías inconscientes es el fundamento de la dictadura política burguesa. El acto de disciplinarse al voto mayoritario tras el ejercicio de la libertad de pensamiento individual fundado en la común conciencia de clase, es fruto de la decisión científica colectiva, por eso no puede resultar nunca imposición. Es por esto que para aceptar la disciplina de una verdadera organización revolucionaria hay que tener conciencia y experiencia. El Partido debe exigir ambas cosas:
La necesidad de limitar el partido a los que están dispuestos a aceptar su disciplina es de aplicación mucho más general. Cabe señalar que para Lenin esto no implica aceptar ciegamente el autoritarismo (aun si sus supuestos seguidores lo hayan interpretado así). El partido revolucionario existe para que los obreros e intelectuales más conscientes y activos participen en una discusión científica antes de lanzarse a una actividad consciente coordinada. Y esto es imposible sin una participación general en las actividades del partido, lo cual requiere de una combinación de claridad y precisión en los argumentos y una decisión a nivel orgánico. La alternativa es el “pantano”, donde los elementos motivados por una apreciación científica se encuentran tan mezclados con los elementos más inseguros que la acción decisiva viene siendo imposible; lo que ocurre en este caso es que de hecho son los más atrasados los que dirigen. La disciplina necesaria para un debate de este tipo es la disciplina de los que se han “unido en virtud de una decisión libremente adoptada”. Sin fronteras claramente definidas, y sin la coherencia necesaria para implementar decisiones, la discusión sobre las decisiones del partido deja de ser “libre”, y pierde su sentido” Chris Harman (2002) Partido y Clase. Las diferentes concepciones. Ediciones El Mundo al Revés. Uruguay. p-16-17
Y es justamente por esto que en muchas ocasiones planteamientos “democrático-aperturistas” “no sectarios” y “críticos” hacia la homogeneidad político-ideológica, que aparecen enunciados como meramente “tácticos”, son en realidad planteos que buscan diluir la función de la vanguardia en una masa despolitizada e inoculada hasta el hartazgo de prejuicios burgueses y pequeñoburgueses. No en vano una de las consignas mas usadas por nuestros demócratas en los últimos años ha sido la de trabajar en la “diversidad” que en buen castellano significa, conciliar bajo el chantaje inmovilista de las mayorías inconscientes. Con esta filosofía política de mantener unido lo diverso en los partidos para ganar votos, no se hace otra cosa que fortalecer estratégicamente la dictadura “democrática” de la burguesía en el Estado y la sociedad. Y es que:
El punto de vista demócrata-formal es precisamente el de demócrata burgués que no admite la supremacía de los intereses del proletariado y de la lucha proletaria de clase”. Lenin, V. “La revolución proletaria y el renegado Kautsky”. (1918)
Recordemos también que el “joven y poco conocido” Lenin de 1902 comienza su ¿Qué hacer? cuestionando, justamente, la consigna más en boga de aquel momento: “libertad de crítica”, sostenida nada más y nada menos que por uno de los dos intelectuales de mayor prestigio e influencia en el movimiento obrero: Eduard Bernstein:
Quien no cierre deliberadamente los ojos debe ver por fuerza que la nueva tendencia “crítica” surgida en el socialismo no es sino una nueva variedad de oportunismo. Y si no juzgamos a los hombre por el brillo del uniforme que se han puesto ellos mismos, ni por el pomposo sobrenombre que a sí mismos se dan, sino por sus actos y por las ideas que propagan en realidad, veremos claramente que la “libertad de crítica” es la libertad de la tendencia oportunista en el seno de la socialdemocracia, la libertad de hacer de la socialdemocracia un partido demócrata de reformas, la libertad de introducir en el socialismo ideas burguesas y elementos burgueses Lenin, V: “¿Qué hacer?”. Cap: Dogmatismo y libertad de crítica. (1902) (el subrayado es nuestro)
Como vemos, esta concepción de la organización independiente de la vanguardia revolucionaria se ha confundido muchas veces con falta de democracia y con la posibilidad de manipulación. Pero en realidad, al estar integrada por aquellos que demuestren participar con fundamento en las discusiones y responder conscientemente a su disciplina, esta organización será, por tanto, esencialmente democrática. Las manipulación política más grande y escandalosa se da y se ha dado, justamente, en espacios amplios donde una minoría entrenada “maniobra” sobre una mayoría sin elementos de análisis ni experiencia. Por más buenas intenciones que se tengan, esto es lo que inevitablemente termina pasando cuando se asume la posición democrático-formal, esto es, cuando se abandona el punto de vista de clase. Esto es lo que hace cotidianamente la burguesía y ha sido también, aunque trágicamente para la izquierda, la manera que Stalin encontró para desvirtuar el partido bolchevique al eliminar los restos de la vieja guardia comunista, para poder abrirlo indiscriminadamente luego de la muerte de Lenin, no sólo a los sectores políticamente más inconscientes de la clase, sino a la pequeñoburguesía de los Koljoses:
Por el contrario, el partido leninista, integrado por los miembros más activos y conscientes, que siguen las polémicas y son incitados a participar en cursos, escribir en el periódico, a asumir el rol de «oficiales» del ejército obrero en lucha y forjarse en los más variados combates, permitirá una democracia real muchísimo más profunda que cualquier experiencia conocida, asimilable al «partido-clase». Precisamente cuando Stalin pudo atacar abiertamente al partido leninista, el primer paso fue promover la entrada indiscriminada de miembros (la «promoción Lenin», después de la muerte del líder)... ¿para ampliar la democracia obrera? ¡No! Para liquidar la esencia del partido, para ahogar la conciencia revolucionaria de la vanguardia en una masa despolitizada, agotada y «maleable».” Osvaldo Garmendia: (1996) Revista Debate Marxista Nº 7


A modo de conclusión

Desde el punto de vista de la izquierda, vivimos un momento de desorientación extrema: la crisis de los socialismos realmente existentes o de las variantes burocráticas y estatistas, la crisis del Trotskysmo y su consignismo transicionista “al socialismo”, la crisis de las variantes socialdemócratas y de los nacionalismo populares, nos están impulsando a hacer un debate franco y abierto en pos de rearmarnos teórica y programáticamente o por lo menos, para que los más “esclarecidos” puedan echar “luz, luz y más luz” sobre toda la oscuridad que la burguesía ha derramado sobre nuestros ojos como parte de su ofensiva ideológica.


La izquierda debe ser considerada como el sector de vanguardia -no autoproclamada- que agrupa a la parte con más conciencia de la clase y cuya función principal es, tal como vimos, fundir la teoría revolucionaria -el Materialismo Histórico y la memoria histórica- con la experiencia práctica de los trabajadores, a los fines de educar a la clase para la actividad revolucionaria de masas. Esto hoy no se está logrando como resulta obvio observar y en este sentido, la izquierda revolucionaria, no sólo no consigue saldar sus cuentas “consigo misma” a nivel de lucha teórica, sino que tampoco pasa de pequeños grupos que permanecen aislados de las grandes masas trabajadoras.
Todo esto contribuye a que los asalariados nos encontramos hoy día -como en todas las etapas de retroceso ideológico- bajo una existencia contradictoria: por un lado, estamos políticamente desperdigados y divididos entre distintos partidos e iniciativas burguesas; por otro, ligados a una misma relación de explotación: nos reproducimos como clase reproduciendo y ampliando el capital, no tenemos otra forma de obtener nuestros medios de existencia en la sociedad burguesa. Y es esta misma forma de existir valorizando capital, la que nos hace año a año, relativamente cada vez más pobres frente a la riqueza que generamos.
Transformar la sociedad exige desarrollar el polo antagónico de esta contradicción, haciendo conciente la explotación real y actuando políticamente en consecuencia. Conservarla, en cambio, exige trabajar el polo de complementariedad, conciliando los opuestos, ocultando el carácter de explotación de las relaciones sociales. Y aquí, los revolucionarios entramos en un terreno escabroso porque en esta tarea conciliatoria, no trabaja sólo la burguesía, sino también, amplios sectores de la pequeña burguesía que, como vimos, “quieren el capitalismo, pero no sus consecuencias” o “quieren acabar con el mal sin erradicar la enfermedad”. Además de un sin fin de dirigentes autoproclamados obreros que coincidiendo con estos sectores de la pequeño burguesía, sólo pretender reformar el capitalismo para que este sistema no se derrumbe.
Esto se puede ver en el sin número de expresiones que se usan en la intervención de muchos educadores(as) populares cargadas de ideología burguesa. Como por ejemplo: esta nueva moda de utilizar conceptos novedosos y que en el lenguaje nos cuela contrabando ideológico, nos hablan de “capital social”, “capital humano” intentan sembrar la idea de que todos somos capitalistas. O estas propuestas de una economía social para aquellos que quedan “fuera” de la verdadera economía, propuesta que siembra ilusiones acerca de la posibilidad de generar desde dentro de la economía capitalista una economía social que beneficie a los “pobres”.
Aunque el histórico baluarte del reformismo sobre la cuestión de la ciudadanía justificaría la reproducción de un artículo exclusivo27, sólo decir que este concepto íntimamente ligado a la constitución de todos nosotros como pertenecientes-súbditos del Estado de derecho nacional-burgués, es una de las piedras angulares de la conciliación de clases que la burguesía utiliza para igualar formalmente ante su Estado de derecho la desigualdad realmente existente entre propietarios y no propietarios de medios de producción, explotadores y explotados, de modo tal que los conflictos sociales se sublimen al “interior” y la vía revolucionaria permanezca indefinidamente en la sociedad civil como una mera posibilidad abstracta en la conciencia de las clases subalternas. Y es que justamente, como parte del desarrollo de una conciencia “antagónica e irreconciliable” la vanguardia revolucionaria debe hacer visible al resto de los explotados que detrás del Estado-nación “en general” se encuentra el órgano “particular” de dominación de clase de la burguesía. Esta debe de hacer conciente el carácter de clase del Estado y enseñar a no confiar, en el sentido de no reeditar la ya probada y fracasada ilusión socialdemócrata de la transformación “socialista”, vía domesticación de las instituciones del Estado burgués. La experiencia indica que lo único que se logró domesticar fueron las mismas masas que terminaron castradas de voluntad de poder.
El marxismo nos ha enseñado ya desde hace bastante tiempo -y la realidad ha sido bastante cruel con quienes lo ignoraron- que la única forma de acabar con el contenido de clase del Estado burgués es a través del derrocamiento y desarme revolucionario de la burguesía mediante “la dictadura del proletariado”. No es posible ocupar gradualmente el edificio de la clase dominante, desalojarla trinchera a trinchera, de a “poquito” de su Estado. Es que estamos luchando contra un enemigo poderoso que ha dado muestras de su determinación para el combate toda vez que ha sentido que su negocio entraba en riesgo. Con esto, no estamos diciendo aquí, entiéndase bien, que las luchas por medidas democráticas o por reformas sean equivocadas, sino, que estamos planteando efectivamente la discusión sobre qué intereses orientan esa lucha, de manera tal que el movimiento de masas en el próximo ascenso revolucionario no caiga en las trampas e ilusiones que la burguesía ha utilizado recurrentemente durante siglos. Aprendimos con Lenin que en la lucha de clases hay sólo dos estrategias posibles en las que las distintas tácticas se inscriben: la proletaria y la burguesa.
La estrategia revolucionaria no se podrá desarrollar si los militantes seguimos repitiendo por boca de ganso toda la cantinela de prejuicios burgueses con los que se nos ha educado durante este periodo de reflujo que ya lleva más de 30 años. La burguesía parece habernos convencido de que seríamos unos autoritarios si en vez de ir a las masas para “ayudarlas” y hacerles conocer sus “derechos ciudadanos”, nos fundimos con ellas para dirigirlas de un modo resuelto a la lucha revolucionaria. Y entra dentro de la lógica natural de la burguesía que realice esta tarea porque de esto depende su continuidad como clase dominante. Lo que no es lógico es que los proletarios conscientes renunciemos vergonzantemente al Materialismo Histórico y a nuestra memoria historia transformando nuestro trabajo de vanguardia en una mera tarea de “facilitación” y “acompañamiento” de los procesos de “la gente”. Trabajo irresponsable y desclasado -que por cierto- se encuentra más ligado al de los funcionarios de las ONGs que al de los militantes de la causa socialista.
En este marco de retroceso de la conciencia de clase de los explotados, de dominio político ideológico de la burguesía cuasi-absoluto, resulta lógico que los trabajadores en general sean refractarios al discurso revolucionario. Por eso, el trabajo de la vanguardia debe estar dotado de esa paciencia de la que hablábamos al principio y de esa flexibilidad e intransigencia. Es necesario recuperar la práctica del estudio, esto es, luchar contra la holgazanería intelectual y el practicismo. A la par que se trabaja con amplitud en el movimiento de masas, celosos de no dividir la fuerza, es necesario ir formando grupos de estudio marxistas, celosos, también, de no traicionar los principios revolucionarios.
Por todo esto, resulta fundamental recuperar el legado de Lenin para fundirlo con nuestra práctica. Esta es una tarea imperiosa que el movimiento de masas y la causa socialista nos está reclamando. Por eso, cerramos este trabajo con algunos postulados que el mismo Lenin tomó de Engels para desarrollarlos en su “¿Qué hacer?”:


  • Que la indiferencia por la teoría, es una de las causas principales de que el movimiento obrero avance tan lentamente




  • Que debemos de tener siempre presente que el socialismo, desde que se ha hecho ciencia, exige que se le trate como tal, es decir, que se le estudie.




  • Que la conciencia así lograda y cada vez más lúcida debe ser difundida entre las masas obreras con un celo cada vez mayor, y que en ella se debe cimentar cada vez más fuertemente la organización del Partido, así como la de los sindicatos.




  • Que la lucha por el poder se debe desarrollar en forma metódica en sus tres direcciones concertadas, relacionadas entre sí: teórica, política y organizativa. En este ataque concéntrico, por decirlo así, reside precisamente la fuerza y la invencibilidad del movimiento obrero.




1 Lo entre paréntesis es nuestro.

2 Freire P. (1998), Revista América Libre Nº2. p-115

3 Por ejemplo, como la corriente de Nahuel Moreno. Ver Osvaldo Garmendia (1991) “Crítica a Nahuel Moreno desde el Trotskismo” en http://www.ligacomunista.com.ar/. Ver también: Alejandro Barton (2002) “Para un análisis de la estrategia morenista sobre la construcción del partido. Apuntes en torno al primer documento del GOM”. Razón y Revolución Nº 9, otoño de 2002.

4 Ver: Rolando Astarita (2002)Interpretaciones alternativas sobre el 20 de diciembre en Argentina” Revista Argumentos http://argumentos.fsoc.uba.ar/n01/articulos.htm; “El levantamiento contra De la Rua” en Debate Marxista Nº 4, segunda época, abril 2002. “Apropósito de Adoquines Decimonónicos y Cuerpos ofrecidos “en http://rolandoastarita.turincon.com; (2006). Grupo de Propaganda Marxista, varios sobre la situación Argentina: Argentina.- Práctica política espontaneísta y teoría económica estancacionista abril 2002; Polémica con Sobrino Argentina.- Los parados y el "ser para sí" del proletariado abril 2002; Contestación a Horacio Pelman Argentina.- Los límites de la acumulación extensiva de capital y el genocidio (¿quién es responsable?) marzo 2002. Debate con Daniel de Santis la pequeña burguesía y el trabajo de los revolucionarios en la Argentina actual febrero2002. Nuestra posición ante los acontecimientos de diciembre del 2001 en Argentina (2001). En http://www.nodo50.org/gpm



5 En la Editorial de la Revista Debate Marxista (1993) Nº 2 se dice “Los reformistas y los posibilistas han acusado siempre a los marxistas de “teóricos abstractos”, de “poco concretos”. Bernstein se vanagloriaba de que era “práctico” frente al “teoricismo” de Rosa Luxemburgo. En los congresos del partido socialdemócrata ruso previos a la revolución, los bolcheviques y mencheviques se dividían en la elección de los temas a tratar; mientras Lenin quería empezar discutiendo las cuestiones más generales - teóricas- los mencheviques consideraban eso una pérdida de tiempo, y proponían pasar a la resolución de las cuestiones “concretas”, “prácticas”.En lucha contra Stalin, Trotsky también se vio obligado a defender el papel de la teoría frente a las urgencias de los “prácticos”.¿Qué es lo que está en el fondo de esta discusión tan extraña?.El fondo del problema estriba en que los reformistas tratan de deshacerse de la “pesada carga” de la teoría marxista, de la explicación científica de la sociedad y de la lucha de clases, para adaptarse libremente a las exigencias que les impone su política posibilista (a la que califican de la única “realista”) [….]Hoy es más urgente que nunca volver a la tradición marxista y leninista, que afirma que la resolución de los problemas “prácticos” se logra a partir de tener claridad en el campo teórico..”

6 Trotsky parte en su programa de la siguiente premisa “La premisa económica de la revolución proletaria ha llegado hace mucho tiempo al punto más alto que le sea dado alcanzar bajo el capitalismo. Las fuerzas productivas de la humanidad han cesado de crecer. Las nuevas invenciones y los nuevos progresos técnicos no conducen a un acrecentamiento de la riqueza material. Las crisis de coyuntura, en las condiciones de la crisis social de todo el sistema capitalista, aportan a las masas privaciones y sufrimientos siempre mayores. El crecimiento de la desocupación ahonda a su vez la crisis financiera del Estado y mina los sistemas monetarios vacilantes. Los gobiernos, tanto democráticos como fascistas, van de una quiebra a la otra. La burguesía misma no ve una salida.” http://www.marxists.org/espanol/trotsky/1930s/prog-trans/. La realidad posterior indicaría que las fuerzas productivas no solo no se detendrían sino que crecerían a un ritmo bastante importante como lo marca el período que va desde 1945 hasta 1970.

7 Para un análisis crítico de este programa ver Osvaldo Garmendia (1999) “Crítica al programa de transición” Cuadernos de la Liga Comunista. Existe una versión electrónica en http://www.ligacomunista.com.ar/

8 Pero falta aquí la


Breve comentario de cómo se llega al presente trabajo
Partido socialista revolucionario"

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