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Lenin y la conciencia de clase:

un trabajo de vanguardia
Breve comentario de cómo se llega al presente trabajo

El presente trabajo está elaborado y surge motivado por el interés mostrado por un grupo de compañeros argentinos de profundizar en un tema tan importante como el del desarrollo de la conciencia de clase del proletariado y el papel de la vanguardia revolucionaria en ese desarrollo. Luego de haber escrito un material “bruto”, se decidió consultar al Grupo de Propaganda Marxista, de España. Los compañeros del GPM respondieron al trabajo original, haciendo numerosas observaciones, tanto de contenido como de forma. La mayoría de las sugerencias del GPM fueron incorporadas en los párrafos originales del trabajo y las observaciones más extensas que realizaron, fueron dejadas en letra Arial 9 en negritas precedidas de una aclaración. Algunos errores de apreciación no fueron corregidos y fueron dejados encerrados entre <<>> sucedidos del comentario del GPM. Con esto, se pretende darle un carácter más interactivo al texto y respetar, a grandes rasgos, la realidad del mismo en cuanto a su confección. Los aportes más importantes del GPM al trabajo original, fueron el haber cuestionado el papel clave que nosotros atribuíamos a la vanguardia en cuanto a la organización del proletariado, así como el aporte de una extensa memoria histórica que ha ayudado a contextualizar muchas de las citas que empleamos.



Resumen

En el presente trabajo se discute la proposición sostenida por una parte importante de la izquierda según la cual la conciencia de clase de los asalariados se desarrolla fundamentalmente por vía de la lucha-enfrentamiento. Partiendo del momento actual, signado por más de 30 años de retroceso político, e intentando tomar en gran medida los aportes de Lenin, presentamos el papel que juega la teoría revolucionaria aplicada sobre la práctica de las masas que se enfrentan al capital en la conformación de la conciencia de clase y en la lucha por la conquista del socialismo. Sostenemos que sólo comprendiendo la teoría revolucionaria y la lucha de las masas como una unidad dialéctica referida a la realidad material a transformar, pueden superarse tanto las concepciones propagandistas como espontaneistas, para promover avances reales en términos de acumulación de fuerzas. Se destaca en todo el artículo, el papel clave que cumple la vanguardia revolucionaria como <> educadora y dirigente de la clase, principalmente de los elementos más activos de la misma: la llamada vanguardia natural. Por eso mismo, el artículo concluye destacando la importancia que sigue teniendo hoy la teoría leninista del partido revolucionario para la consecución del socialismo.
Comentario del GPM <>


Introducción: Necesidad de la lucha contra el revisionismo

En todo período de reflujo del movimiento de masas, se acentúan diversas desviaciones de las cuales queremos destacar dos. La primera es la del sectarismo -de matriz izquierdista- que se consolida como producto del repliegue defensivo y de la radicalización “en abstracto” de los principios: la propia resistencia se confunde con el aislamiento y el temor a actuar en espacios adversos en términos de correlación de fuerzas. El segundo desvío es el del reformismo -de matriz oportunista- que tiene que ver con la adecuación gradualista a la lucha por reformas subvalorando la orientación subversiva de la estrategia. En este caso, la dialéctica entre reforma y revolución se rompe, tornándose la reforma fin y medio. Se cae en el famoso lema de “el movimiento lo es todo, el objetivo final no es nada” de Eduardo Bernstein.


Luchar contra el sectarismo y contra el reformismo son, por tanto, tareas concretas fundamentales que se presentan actualmente a la hora de plantearnos intervenir en el movimiento de masas. Esta lucha supone, a su vez, conjugar de modo dialéctico la flexibilidad con la intransigencia: nos impulsa a ser flexiblemente intransigentes. Por un lado, la lucha contra el sectarismo nos empuja a trabajar con apertura y paciencia en el movimiento de masas, con el objetivo de apuntar a la unidad de la clase en su enfrentamiento cotidiano contra el capital, nos lleva a  “abrir el juego” para golpear con fuerza y desde “abajo”, esto es, desde las luchas inmediatas. En esto, precisamente consiste la política del frente único. Por otro, la lucha contra el reformismo nos empuja a ser intransigentes en la estrategia, a luchar por la perspectiva socialista de la lucha inmediata, debatiendo con las tendencias no revolucionarias que ahogan esa lucha en las reformas. Todo esto, con el objetivo de golpear al capital desde “arriba”, esto es, desde el terreno de las ideas y la estrategia política.
Ambos desvíos aparecen, a su vez, como consecuencia del desarrollo de la actitud revisionista ante el marxismo. Actitud que se instala en el movimiento revolucionario como reflejo “interno” de la ofensiva ideológica “externa” de la burguesía y que no resulta en otra cosa que en el abandono de los principios-ideas fundamentales que orientan la estrategia revolucionaria. Estamos hablando del terreno político-ideológico en el que se disputa la orientación efectiva del movimiento y, por tanto, la posibilidad de trascender la sociedad burguesa. No estamos hablando aquí de “ideas-entelequias” que se acoplan metafísicamente al movimiento, sino, de ideas-fuerza, de verdaderas “armas” que pueden fundirse y “apoderarse de las masas”. En este sentido, planteamos que parte de la tarea del presente consiste en luchar contra el revisionismo en tanto justificación ideológica de la práctica política oportunista que guía continuamente al movimiento al cepo de la conciliación de clases.
  En vez de educar “tácticamente” al movimiento sobre la conveniencia de apoyar tal o cual fracción “progresista” o “antiimperialista” de la burguesía -como desde hace muchos años gran parte de la izquierda viene proponiéndonos- aquí se sostiene que la tarea estratégica de los socialistas sigue siendo la de demostrar, y por tanto, educar la conciencia de la vanguardia natural, que los males que enfrentamos como trabajadores no encontraran solución al interior del sistema capitalista. Nuestros intereses son irreconciliables, por eso nuestra independencia ideológica es políticamente necesaria. Esto pone en evidencia la importancia de recuperar el legado del marxismo revolucionario de los primeros socialdemócratas -especialmente el de Lenin- para los cuales, la socialdemocracia era en esencia:
"La unión del movimiento obrero con el socialismo. (Como la socialización de los medios de producción al interior del Estado obrero: la dictadura del proletariado) Su cometido no estriba en servir  pasivamente al movimiento obrero en cada una de sus fases, sino en representar los intereses de todo el movimiento en su conjunto, señalar a este movimiento su objetivo final, sus tareas políticas, y salvaguardar su independencia política e ideológica" Lenin, V: “Tareas urgentes de nuestro movimiento”. (1900) (El subrayado es nuestro)
El capitalismo, en tanto modo de producción social, es un sistema cuyas leyes de funcionamiento se “imponen con férrea necesidad” estableciéndose objetivamente, esto es, “de hecho”, sin pasar antes por la conciencia. O lo que es igual: esas leyes no se pueden adecuar a los deseos ni modificar por ninguna política de “justicia distributiva” o como se la quiera llamar. Y el resultado de esas mismas ciegas leyes -los daños sociales que se derivan de ellas- es lo que, junto con la teoría revolucionara aplicada al movimiento espontáneo, alumbra en las masas la necesidad objetiva de acabar con esas leyes mismas. Por tanto, desarrollar el conjunto de condiciones para derrocar revolucionariamente a la burguesía es la única alternativa que nos permitirá avanzar hacia otro tipo de sociedad, en la cual la explotación de una mayoría de seres humanos por una minoría relativa, cada vez más minoritaria, deje inevitablemente de existir. Este hecho, requiere que una parte considerable de los explotados tomen conciencia de su verdadera situación social, es decir, comprendan la necesidad de acabar con el capitalismo, y asuman su misión histórica.
A propósito de esto, en una entrevista concedida a la revista América Libre, Paulo Freire decía parafraseando a Marx “que la burguesía (en tanto personificación del capital) no puede formar a la clase trabajadora, a no ser, para reproducir a la clase trabajadora (en tanto personificación del capital variable)como tal” 1 esto es, para formarla como clase para ella misma sin trascender la relación capitalista. Esto “es obvio” afirmaba. Por eso, para que la clase trabajadora “encarne” una dimensión política realmente transformadora, “ésta se tiene que formar en una perspectiva <> con la visión de la clase burguesa2”.
Comentario del GPM <irreconciliable. El antagonismo entre los términos de una relación define su carácter contradictorio. Pero lo que hay que dilucidar es la esencia de la contradicción, si la lógica entre sus contrarios es conciliable o irreconciliable. Por ejemplo: radicalismo y peronismo, en tanto que son políticamente antagónicos, ambos partidos constituyen una relación dialéctica. Pero esencialmente, es decir, en términos sociales, son la misma cosa, porque ambos partidos constituyen la expresión política de dos sectores de una misma clase social: la burguesía. Por tanto, estamos ante una relación dialéctica cuyos términos son tácticamente antagónicos pero estratégicamente aliados. Por tanto, conciliables y complementarios. En cambio, los términos de la dialéctica entre las dos clases universales antagónicas —burguesía y proletariado— no sólo son contradictorios, sino lógica e históricamente irreconciliables. Sin esta necesaria precisión, proponer que el proletariado “ ‘encarne’ una dimensión política realmente transformadora” resulta ideológicamente ambiguo y políticamente neutro.>>
En otras palabras, no sería posible superar la “sociedad injusta”, en este caso la sociedad capitalista, asentada en la explotación de los trabajadores-productores por la burguesía mediante la extracción de trabajo no remunerado, sin que los primeros se re-conozcan como explotados y nieguen a sus explotadores..
Comentario del GPM <“Crítica del Programa de Gotha” Marx concluye en que el derecho, la justicia, “es el derecho de la desigualdad”. Por tanto, una de las tareas históricas del proletariado consistirá en acabar con el derecho, con todo derecho, empezando por implantar un derecho desigual en la sociedad de transición al comunismo. Por otra parte, toda negación supone confirmar la relación del término dialéctico que se niega. Sin negación no hay relación. Es el “ser para sí” que muy a menudo se confunde con la “autoconciencia”. Ver: http://www.nodo50.org/gpm/bipr/08.htm#_ftnref28. Por tanto, para referirse a la emancipación del proletariado, lo correcto no es hablar de “negación” del capital por el proletariado, sino de negación de la negación. En tanto que niegan a sus patronos mediante la lucha por sus reivindicaciones inmediatas, los asalariados se distinguen de ellos y así devienen “clase para sí”. Pero esto no supone superar la relación sino confirmarla. El acto de la negación dialéctica se produce dentro de la relación entre patronos y obreros como algo de andar por casa. Por tanto, no hace más que confirmarla. No se trata, pues, de negar a los burgueses sino de negar esa negación, es decir, negar la relación. Tal es la condición suficiente para que la posibilidad de superarla deje de ser abstracta y pase a ser real. >>
Esta negación de la negación que tienen que efectuar los trabajadores, supone un movimiento de la conciencia “hacia fuera” seguido inmediatamente por un acto deliberado de voluntad tendente a trascender la relación. Movimiento que llevaría a romper con el carácter alienado del trabajo en la sociedad burguesa, generando las bases ideológicos para proyectar y realizar políticamente en la acción otro tipo de sociedad donde no exista explotación.
Ahora bien, ¿Cómo se conforma esta conciencia de clase antagónica e irreconciliable en el movimiento de masas? ¿Cuál es la contribución de los revolucionarios en la tarea de alumbrar esa conciencia? ¿En qué o bajo qué circunstancias o condiciones se torna ostensiblemente revolucionario este trabajo en el movimiento de masas? ¿Cuál es el papel de la teoría y cual el de la lucha de masas? ¿Como influye lo material objetivo y como lo espiritual revolucionario? Este es, justamente, un campo donde han existido y existen diferencias importantes no sólo respecto del “progresismo de la izquierda burguesa”, sino, también en el mismo seno de la izquierda autoproclamada revolucionaria. Son estos temas los que ocuparan principalmente la atención del presente trabajo.


El papel de la teoría en la lucha de clases

La posición que aquí se esgrime choca con aquellas tendencias que sostienen, subvalorando el “elemento conciente”, que la clase trabajadora desarrolla su conciencia de clase fundamentalmente por vía de la lucha-enfrentamiento, postulado en que, por cierto, -y paradójicamente- parecen coincidir no sólo algunas agrupaciones estalinistas, sino también trotskistas3. Es bastante conocido el hecho de que el estalinismo convirtió la letra viva del marxismo en manual inerte para “obreros” y que sobre la base de la “despolitización soviética de masas” la “desteorización marxista” y la prohibición de las polémicas internas, asentó su política menchevique de conciliación de clases con la pequeñoburguesía y su dominación burocrática hacia la clase obrera.


Un dirigente de esta corriente -expresando este mecanicismo- nos decía hace tiempo “que los pueblos hacen las revoluciones con o sin teoría” hablándonos después largamente de las cuestiones objetivas e históricas que impulsan a las masas a la lucha. Nos decía que “solamente la pequeña burguesía puede llegar a la conciencia de clase por vía de la teoría”. En una polémica con otro compañero -maoísta en este caso- sobre la valoración del 19 y 20 de diciembre del 2001 en Argentina, en la cual, siguiendo a Rolando Astarita y al Grupo de Propaganda Marxista4, sosteníamos que los ganadores fueron los sectores burgueses y que no era una buena táctica jugar con la memoria histórica de lo que fueron esos hechos agitando irresponsablemente “argentinazos” cuando las condiciones distan mucho de ser verdaderamente insurrecciónales, frente a nuestra posición se respondía diciendo <<pero grave nos equivocaremos si no valoramos correctamente lo hechos y las situaciones y buscamos “los “flecos” en vez del “poncho”>>. Identificando “los flecos” con la crítica teórica y “al poncho” con la lucha de las masas. Este compañero llegó a afirmar que la lucha en Bolivia fue “boleando” presidentes burgueses hasta que llego Evo Morales. Existen innumerables ejemplos de estas corrientes que destacan invariablemente el rol de la práctica, de la lucha, experiencia, etc., por sobre la teoría. Y hay que aclarar que esto no es nada nuevo: los mencheviques criticaban a los bolcheviques tildándolos de teóricos y Rosa Luxemburgo fue muy elocuente con su crítica al “practico” Bernstein. Es que todos los reformistas han intentado siempre sacarse el pesado lastre de la teoría marxista, porque esta teoría es la única que ciertamente, prescribe la acción revolucionaria5. Al enaltecer la capacidad y sabiduría de las masas -su marcha espontánea- rebajan su propia responsabilidad como revolucionarios y hacen el caldo a la burguesía. Esto es lo que lleva a los representantes de estas tendencias a juzgar como izquierdismo toda acción que no sea la de someterse “sensatamente” a la realidad actual del movimiento. En este sentido, tenía razón Nahuel Moreno cuando afirmaba que:
Los socialdemócratas traicionan a los trabajadores en el terreno de la política electoral; los stalinistas en el terreno de la lucha diaria. Es una verdadera división del trabajo.” En Problemas de organización

Por otro lado, debajo del “consignismo transicionista” con el que se ha manejado gran parte de la izquierda trotskista, subyace también la creencia de que es en la lucha-movilización donde surge la conciencia de clase. En el programa de transición, escrito por Trotsky en 1938 para el período de convulsiones que precedía a la segunda guerra mundial6, se proponía un tipo de programa que disolvía en una misma línea de acción -llamada de transición- el programa máximo y mínimo con el que había venido trabajando tanto la izquierda socialdemócrata como la comunista. En este nuevo programa, la consigna se convertía en el “puente” que unía la conciencia inmediata de las masas con su conciencia socialista: siendo la movilización, la manera de concretarla.


Es preciso ayudar a la masa, en el proceso de la lucha, a encontrar el puente entre sus reivindicaciones actuales y el programa de la revolución socialista. Este puente debe consistir en un sistema de reivindicaciones transitorias, partiendo de las condiciones actuales y de la conciencia actual de amplias capas de la clase obrera a una sola y misma conclusión: la conquista del poder por el proletariado” […]El viejo “programa mínimo” es constantemente superado por el programa de transición cuyo objetivo consiste en una movilización sistemática de las masas para la revolución proletaria”. León Trotsky: “El Programa de Transición”. (El subrayado es nuestro) http://www.marxists.org/espanol/trotsky/1930s/prog-trans/1.htm#el_pro
Al seguir operando con este programa en condiciones no-revolucionarias –como las de 1938- muchos grupos trotskystas que desde entonces siguieron ciegamente la filosofía política del “Programa de transición” terminaron convirtiendo sus consignas en una herramienta abstracta e impotente y desenvolviendo, por cierto, dinámicas oportunistas7. En un caso, las consignas de lucha por el programa mínimo son una herramienta de comunicación de la vanguardia con las masas. En otro –el Programa de Transición- y más allá de la buena voluntad, cualquier consigna es un mero instrumento estratégicamente inocuo de agitación del partido sobre la masa.
Es por esto que ante toda esta confusión sembrada por “propios” y “ajenos” entendemos que es necesario volver a estudiar las tesis de Lenin según las cuales:
Sin teoría revolucionaria tampoco puede haber movimiento revolucionario. Jamás se insistirá bastante sobre esta idea en unos momentos en que a la prédica de moda del oportunismo se une la afición a las formas más estrechas de la actividad práctica” Lenin, V. “Qué Hacer”(1902).

No puede haber un fuerte partido socialista sin una teoría revolucionaria que agrupe a todos los socialistas, de la que estos extraigan todas sus convicciones y la apliquen en sus procedimientos de lucha y métodos de acción” Lenin, V: “Nuestro programahttp://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1890s/1899np.htm p-128.



Comentarios del GPM <
1) el signo de las consignas (defensivas u ofensivas) en cada período de la lucha de clases, debe surgir del “análisis concreto de la realidad económica, social y política concreta”, que constituyen las premisas materiales y espirituales de la revolución;

2) que desde el punto de vista del proletariado, la consigna para la acción en cada momento como producto de este análisis concreto —del concreto pensado o científico de la realidad— es inconducente a los fines revolucionarios si se desconoce la herramienta necesaria y precisa para elaborarla, tal como sucede en cualquier proceso de trabajo cuyo producto llegue a ser una realidad efectiva para la sociedad, en nuestro caso, realidad política efectiva. Y,

3) que el único herramental del proletariado para tales propósitos es el Materialismo Histórico.

En “La Ideología alemana” Marx y Engels definieron con toda precisión científica el carácter de esa herramienta:
Para nosotros, el comunismo no es un estado que deba implantarse, un ideal al que deba sujetarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual. Las condiciones de este movimiento se desprenden de la premisa actualmente existente”.
De todo esto se desprende que, desde el punto de vista revolucionario la práctica social es una unidad dialéctica complementaria o no antagónica entre práctica teórica y práctica política, donde —para decirlo en términos aristotélicos— a primera funge como causa formal o guía de la segunda que es su causa eficiente, ambas en función de la causa final que es la revolución8. El corolario de este razonamiento es que, si la práctica teórica y la práctica política constituyen la practica social como unidad dialéctica entre ambas, y si la práctica social del partido revolucionario consiste en fundir la teoría revolucionaria con el movimiento obrero, la práctica social del movimiento obrero revolucionario consiste en hacer la revolución.

¿Qué significa esto de "fundir la teoría revolucionaria con el movimiento obrero"? Por un lado supone que el partido interviene en el movimiento obrero espontáneo, y que sus miembros llevan allí la teoría revolucionaria aplicada a la lucha de clases en cada momento, tanto bajo la forma de propaganda, esto es, de explicación de las razones de clase políticas de cada conflicto, como bajo la forma de agitación o propuestas concretas para la acción.

Esta práctica social no sólo lleva implícita la práctica teórica (de explicarse y explicar las condiciones de la lucha o correlación política de fuerzas fundamentales en cada momento de la realidad actual del capitalismo), sino, de hecho, la práctica política de dirigir al movimiento espontáneo, tarea que se sintetiza en las con signas de lucha. Y cuando hablamos de la teoría, del materialismo histórico aplicado a cada conflicto, queremos significar que no se trata de explicar los principios generales del materialismo histórico, es decir, la herramienta en sí misma, en qué consiste y cómo está hecha esa herramienta política, sino de explicar cómo se usa esa herramienta. ¿Por qué? Pues, porque el movimiento espontáneo aprende por experiencia, por manejo de una cosa para hacer otra. Antes de la toma del poder, los revolucionarios no tenemos universidades de masas con capacidad material y tiempo para enseñar a todos los asalariados los fundamentos teóricos del materialismo histórico. Apenas si podemos aprender estos fundamentos como autodidactas, entre nosotros, dentro del partido, en las escuelas de cuadros, apelando a la memoria teórica del movimiento, que con eso es más que suficiente.

En el curso de esta experiencia, aquellos compañeros más lúcidos y abnegados en la lucha que demuestren interés por conocer los fundamentos del materialismo histórico, todas estas cosas que decimos aquí, esa demostración es signo de que están sobre el camino de la autoconciencia, de la conciencia de clase. Esos elementos pasan a engrosar el partido. Así procedieron los bolcheviques; tal es, sumariamente, la lógica que Lenin desplegó en su "¿Qué Hacer?"

En síntesis, que el Partido Comunista Internacional debe formar parte constitutiva del movimiento real de la sociedad, actuando al interior del movimiento obrero, como unidad dialéctica complementaria entre el movimiento obrero espontáneo y el movimiento político autoconsciente. Pero éste último se concibe organizado independientemente, tanto respecto del movimiento espontáneo como respecto de los demás partidos, sean de composición obrera o burguesa. Entendemos al Partido revolucionario como la fusión orgánica entre el materialismo histórico y la parte de la clase asalariada que decida convertirse en portadora de esas ideas revolucionarias. Su objetivo es unificar políticamente al movimiento obrero espontáneo en torno a las ideas del materialismo histórico aplicado, cuya síntesis es el programa (Mínimo o máximo según la correlación política de fuerzas), para actuar con conciencia de clase en el sentido de las leyes que presiden el movimiento económico de la formación social burguesa previstas por la teoría revolucionaria, tratando de trasladar las contradicciones económicas y sociales cada vez más agudas del sistema, al terreno político; dirigiendo el proceso en sentido revolucionario al mismo tiempo que tratando de "acortar y mitigar los dolores" del necesario parto socialista.

La formación del partido no pasa, pues, por la tarea previa de unificar a la clase en torno a la lucha reivindicativa pretendidamente independiente de la patronal y de la burocracia sindical, sino que es al revés: dadas las condiciones objetivas y subjetivas favorables, el proceso de unificación clasista del proletariado se desarrolla y extiende según el ritmo en que una parte socialmente significativa de su vanguardia política se unifica en torno a la teoría revolucionaria: el Materialismo Histórico. Tal es la acertada significación de las palabras de Lenin cuando en su "¿Qué Hacer?" dijo que: "sin teoría revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario"

De hecho, los gérmenes del partido bolchevique no surgieron de ninguna experiencia previa de unificación clasista del proletariado ruso por la base, sino que su principio activo, discurriendo por completo al margen del movimiento espontáneo de las luchas obreras —aunque estimulado por él—- consistió en unir a la intelectualidad revolucionaria rusa en torno al Materialismo Histórico.

Desde 1895 en que se constituyó la "Liga para la liberación de la clase trabajadora de San Petersburgo" —uno de cuyos miembros principales fue Lenin en compañía de Plejanov, Martov, Axelrod y otros— el cumplimiento de esa tendencia a la unidad socio-política de la teoría revolucionaria, fue el resultado de un proceso de lucha ideológica encarnizada entre distintas corrientes de pensamiento al interior del movimiento político del proletariado. En ese momento Lenin se dio cuenta de que el aglutinante para que una pequeña organización o grupo de organizaciones moleculares dispersas sintetizaran en un gran partido, es la teoría revolucionara, el materialismo histórico aplicado a la realidad económico-social de Rusia, porque de ahí surgen con exactitud las líneas directrices de la acción política y el programa del futuro partido. Esta idea inspiró su gran obra fundamental: "El desarrollo del capitalismo en Rusia", arma con la que el POSDR dio su exitosa batalla contra el populismo encarnado en los "eseristas" del "


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