Civilizacion del amor tarea y esperanza



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8.2 Las publicaciones.
En colaboración con diferentes instancias pastorales, la Sección de Juventud preparó, publicó y difundió diversos libros sobre diferentes aspectos de la acción pastoral, como “Pastoral Juvenil” (1979), “Elementos para un Directorio de Pastoral Juvenil” (1982), “Juventud, Iglesia y Cambio” (1985), “Pastoral Juvenil y Educación en la Fe” (1989), “Los Procesos de Educación en la Fe de los Jóvenes” (1993), “Asesoría y Acompañamiento en la Pastoral Juvenil” (1994) y “Espiritualidad y Misión de la Pastoral Juvenil” (1995).
El aporte fundamental en este aspecto fue el libro “Pastoral Juvenil, Sí a la Civilización del Amor” (1987), que traducido al portugués y al francés y reeditado en siete países del continente, favoreció la difusión y el conocimiento de la propuesta de la Pastoral Juvenil Latinoamericana y promovió la unidad de criterios, el trabajo común y la organización que es motivo de esperanza en la realidad eclesial actual. La necesidad de actualizarlo y de incorporarle los nuevos aportes de reflexión elaborados en los Encuentros Latinoamericanos de los últimos años, motivó la presente reedición.
8.3 Los Cursos de Formación.
Para responder a las solicitudes de capacitación de agentes de pastoral juvenil presentadas por los responsables nacionales, la Sección de Juventud, en colaboración con el Instituto Teológico Pastoral para América Latina (ITEPAL) del CELAM ofreció en 1988 y 1989 y ofrece nuevamente a partir de 1994, un Curso Latinoamericano de Pastoral Juvenil. Ha promovido y animado también numerosos servicios de capacitación en las regiones y en los países.
8.4 La Organización Regional.
A partir de 1987, para responder mejor a la diversidad de situaciones en el continente y para ofrecer un acompañamiento más cercano a cada realidad, la Sección de Juventud asumió la organización regional con que trabajaban ya otros Departamentos y Secciones del CELAM.
Surgen así cuatro regiones: la Región Bolivariana, integrada por Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela; la Región Caribe, integrada por Antillas, Cuba, Haití, Puerto Rico y República Dominicana; la Región Cono Sur, integrada por Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay y la Región México-Centroamérica, integrada por Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua y Panamá. A partir de 1989, Venezuela solicitó incorporarse a la Región Caribe.
Para la animación y coordinación de cada Región se designó un Asesor Regional que, al mismo tiempo, cumple funciones de asesoría al Secretario Ejecutivo de la SEJ-CELAM, constituyendo el Equipo de Asesores Regionales.
A partir de ese momento, se inician procesos de organización regional que se han ido expresando en los Encuentros Regionales de Pastoral Juvenil, las Reuniones Regionales de Obispos, Secretarios Ejecutivos y Asesores Nacionales de Pastoral Juvenil, los Cursos Regionales de Formación, los Boletines Regionales y otras formas de comunicación e intercambio.
8.5 El Primer Congreso Latinoamericano de Jóvenes.
Se realizó del 28 de diciembre de 1991 al 5 de enero de 1992, en Cochabamba, Bolivia, con el lema "Jóvenes, con Cristo construyamos una nueva América Latina".
Participaron 461 laicos, jóvenes y asesores de 19 países, 18 obispos, 59 sacerdotes y 23 religiosos(as), junto a delegaciones de Alemania, España e Italia y del Pontificio Consejo para los Laicos. Estuvieron presentes, también, 604 observadores de siete países latinoamericanos.
El Congreso se propuso “incrementar un mayor compromiso y testimonio de la juventud latinoamericana en la construcción de una nueva civilización en el Continente” y concluyó con la aprobación de diez “Conclusiones Finales”, una “Carta Abierta a los Jóvenes de América Latina”, un “Aporte a la IV Conferencia General del Episcopado” y tres mociones tituladas “Luchamos por la Vida”, “Contra el Exterminio de Niños y Adolescentes en el Continente” y “Por una Reforma Urbana y Agraria Urgente”.
El Congreso es un punto culminante y una referencia fundamental para el caminar de la Pastoral Juvenil en el continente. Su realización constituyó un hecho eclesial inédito por su amplitud geográfica y su representatividad continental. Mostró el vigor, la fuerza y el trabajo de base de la Pastoral Juvenil Latinoamericana; promovió en los jóvenes la conciencia y la vivencia de la latinoamericanidad, reafirmó los elementos fundamentales de la propuesta pedagógica y metodológica y abrió nuevos horizontes en referencia a la formación integral, la pastoral juvenil de los medios específicos, la asesoría y la integración regional; permitió vivir una experiencia de Iglesia diferente, con real protagonismo juvenil y con pastores acompañando y orientando sus procesos; promovió la búsqueda de una liturgia juvenil participativa, creativa y vivencial e hizo ver la realidad concreta de la Pastoral Juvenil, con sus logros y carencias, y con todo lo que todavía faltaba hacer para tener una Pastoral Juvenil constructora de la Civilización del Amor.
Sus documentos y conclusiones, ampliamente difundidos en el continente, tendrán una influencia muy importante en lo que se dirá sobre la juventud y la Pastoral Juvenil en la Cuarta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano de Santo Domingo, en 1992.
8.6 La Pastoral Juvenil de los Medios Específicos.
El inicio, desarrollo y crecimiento de los procesos de Pastoral Juvenil Orgánica a los que se ha hecho referencia, se dio principalmente en grupos juveniles parroquiales. Pero, al mismo tiempo, y en algunos casos antes, en continuidad con las experiencias de la Acción Católica Especializada, se fueron desarrollando también procesos con grupos de jóvenes nucleados a partir de su realidad de campesinos, estudiantes, obreros o universitarios, lo que dio origen a la llamada Pastoral Juvenil de los Medios Específicos.
Puebla pidió instrumentar una “pastoral específica” que tuviera en cuenta “los condicionamientos propios y las exigencias distintas que tienen frente al proceso evangelizador” los diversos sectores juveniles según su “situación social concreta” (P 1187). El libro “Pastoral Juvenil, Sí a la Civilización del Amor” presentó un esbozo de sus objetivos, prioridades y campos de acción a partir de las primeras experiencias realizadas en los países14. Y el Primer Congreso Latinoamericano de Jóvenes, como se ha señalado, reafirmó su valor e importancia e impulsó su desarrollo.
La Sección de Juventud acaba de promover un nuevo ámbito de intercambio y profundización, con la convocatoria de un Encuentro Latinoamericano de Pastoral Juvenil de Medios Específicos, que se realizó en Santafé de Bogotá, Colombia, del 3 al 8 de mayo de 1994.
9. EL TIEMPO PRESENTE.
La voz y el sentir de los jóvenes, expresados en las vivencias y en los documentos de su Primer Congreso Latinoamericano, llegaron hasta la Cuarta Conferencia General del Episcopado reunida en Santo Domingo.
Las “Conclusiones” aprobadas por los obispos contienen una serie de afirmaciones que indican claramente la orientación que la Iglesia Latinoamericana quiere dar a la pastoral juvenil:
* se “reafirma la opción preferencial por los jóvenes proclamada en Puebla” y se señala que debe ser asumida “no sólo de modo afectivo, sino efectivamente”, lo que implica “una opción concreta por una pastoral juvenil orgánica donde haya acompañamiento y apoyo real, con diálogo mutuo entre jóvenes, pastores y comunidades” (SD 114);
* se insta a “tener en cuenta y fortalecer todos los procesos orgánicos válidos y largamente analizados por la Iglesia desde Puebla hasta ahora” (SD 119), lo que significa el reconocimiento y la decisión de continuar impulsando el proceso de Pastoral Juvenil Orgánica que se ha venido implementando en el continente;
* se llama a “un especial protagonismo de los laicos y entre ellos de los jóvenes“ (SD 302), a quienes se convoca “una vez más, para que sean fuerza renovadora de la Iglesia y esperanza del mundo” (SD 293);
* se asumen y confirman los elementos centrales de la propuesta que se ha ido consolidando en el caminar de la Pastoral Juvenil Latinoamericana: los procesos de formación integral (SD 115), la espiritualidad del seguimiento de Jesús (SD 116), el protagonismo juvenil (SD 119), la pedagogía “experiencial, participativa y transformadora” y la metodología del “ver-juzgar-actuar-revisar-celebrar” (SD 119), la pastoral juvenil de los medios específicos (SD 119) y la opción por los grupos y comunidades juveniles (SD 120);
* se pide una especial atención a la dimensión vocacional de la pastoral juvenil (SD 114), la “importancia especial” del sacramento de la confirmación (SD115), el anuncio del Dios de la vida (SD 118), la necesidad presentar a Jesucristo y los ideales evangélicos con un lenguaje “atractivo y accesible” (SD 119-120), la exigencia de “asumir las nuevas formas celebrativas de la fe de los jóvenes” (SD 117) y la atención a los adolescentes (SD 111, 112, 119).
Los cambios sociales y culturales de los últimos años, el esfuerzo por hacer realidad estas orientaciones pastorales y el compromiso de fidelidad al proceso histórico están generado nuevas búsquedas, nuevos enfoques y nuevas alternativas para la pastoral juvenil.
Las respuestas no surgen de un día para otro. Hay que continuar buscándolas pacientemente entre todos, atentos a la nueva realidad en que viven los jóvenes y atentos a la propuesta liberadora de Jesús de Nazaret. Este libro forma parte y quiere ser un aporte para esa búsqueda...


Segunda Parte
MARCO DOCTRINAL

I.- FUNDAMENTOS TEOLOGICOS DE LA PASTORAL JUVENIL


1. LA PRESENCIA DE DIOS EN EL CAMINAR Y EN LA VIDA DE LOS JÓVENES.
Dios se manifiesta y se da a conocer en la creación, obra maravillosa de su amor. El campo, el mar y los ríos, las estrellas, la montaña y la llanura, las islas del Caribe y las selvas del Amazonas, el amanecer y el atardecer, los bosques nativos, las minas, el desierto constituyen para muchos jóvenes latinoamericanos el lugar para su primera experiencia de Dios. En contacto con la naturaleza, descubren su presencia, se sienten parte del misterio del universo y de la existencia y llegan a verlo en la mano del alfarero que creó el hombre y la mujer a su imagen y semejanza (Gn 1,27). En cada persona humana, la obra más perfecta de la creación, descubren una revelación y un signo de amor del Dios de la Vida.
1.1 El Dios de la Vida quiere a los jóvenes.
El Dios de la Vida que ha creado todas las cosas y acompaña a todas sus creaturas a lo largo de su existencia, ha tenido la iniciativa de hacerse presente en el caminar y en la vida de los jóvenes. No quiere dejarlos solos, especialmente en las situaciones más difíciles o cuando creen que están más alejados. Precisamente en esos momentos, su presencia se hace más visible y cercana.
El relato bíblico de Jacob lo asegura. Escapando de su hermano Esaú y volviendo a su tierra en busca de nuevas posibilidades para rehacer y realizar su vida, tuvo un sueño que lo transformó y lo hizo un hombre nuevo, convencido de la presencia y de la cercanía de Dios en su camino. Sus palabras a Jacob son las que vuelve a repetir hoy a los jóvenes: “Estoy contigo. Te protegeré a donde vayas. No te abandonaré” y las que hacen reconocer a Jacob que “realmente Yavé está en este lugar y yo no lo sabía” (Gen 28,10-17).
Es un Dios vivo y verdadero que se juega por la vida, actúa contra todo lo que la amenaza o la destruye y llama a optar siempre por ella: “Te he ofrecido en este día la vida o la muerte, la bendición o la maldición... Elige la vida, para que vivas tú y tu descendencia, amando a Yavé, escuchando su voz y uniéndote a él, pues en eso está tu vida y la duración de tus días” (Deut 30,15-20).
La opción de Dios por los jóvenes se ubica dentro de su opción por los pobres. La falta de libertad, la fragmentariedad de la vida, la falta de educación y de atención a las necesidades fundamentales a que se ven enfrentados muchos jóvenes latinoamericanos, como víctimas del pecado social de un sistema que los considera como objetos en un mundo mercantil, son también signos de la pobreza de un pueblo aplastado por un modelo económico injusto y opresor. Como los pobres, muchos jóvenes sufren en carne propia la exclusión social y las consecuencias de la creciente brecha entre ricos y pobres. La experiencia del éxodo muestra que Yavé escucha el clamor de su pueblo (Ex 3,7) y está dispuesto a hacerse presente para salvarlo de la esclavitud de Egipto y hacerlo protagonista de su propia liberación. El Dios de la Vida quiere que los jóvenes y los pobres sean hoy los nuevos actores de la historia y una fuerza para la liberación de América Latina.
1.2 El Dios de la Vida llama a los jóvenes al protagonismo.
Esta presencia de Dios en el caminar y en la vida de los jóvenes es un llamado para que sean protagonistas de su plan de salvación, para que descubran su identidad de hijos de Dios y respondan comprometiéndose con el proyecto que tiene para su pueblo. Así, podrán ir construyendo sus vidas junto con las de todos los demás llamados a caminar hacia el cumplimiento de la promesa. No se trata de un protagonismo triunfalista, sino de un protagonismo de servicio a la vida como don de Dios, al amor, a la misericordia, a la solidaridad, a la justicia, a la paz.
Los jóvenes llamados por Dios para ser protagonistas de momentos importantes de la historia de la salvación, vivieron en una sociedad que les daba poca participación, donde les era muy difícil expresarse y ser escuchados: “si eres joven, habla sólo cuando sea necesario” (Ecl 32,7). Generalmente, no eran considerados más que la mano de obra casi siempre gratuita al servicio de sus padres o del estado y muchos de ellos fueron víctimas de los conflictos y de las guerras entre naciones vecinas: “¡Escuchen pueblos todos y contemplen mi dolor: mis jóvenes han sido llevados cautivos... ya no se escuchan sus canciones juveniles!” (Lam 1,18; 5,14). Sin embargo, fueron capaces de responder y cumplir la misión que se les confiaba.
Los jóvenes que Dios llama hoy a ser protagonistas de las luchas de su pueblo, tampoco escapan a los problemas y sufrimientos del mismo pueblo al que quieren ayudar a liberar. Sus actitudes de valentía, fidelidad, lucidez, amor y generosidad se entremezclan muchas veces con actitudes de miedo, traición, duda, egoísmo, tentación de abandono y postergación. Sin embargo, el Dios de la Vida sigue llamando...
Numerosos jóvenes de hoy desean ser protagonistas de la evangelización y artífices de la renovación social... Hay que orientar sus cualidades y su capacidad creativa hacia el objetivo más elevado que puede atraerlos y entusiasmarlos: el bien de la sociedad, la solidaridad con todos los hermanos, la difusión del ideal evangélico de vida y de compromiso concreto en bien del prójimo y la participación en los esfuerzos de la Iglesia para favorecer la construcción de un mundo mejor”15
1.3 El Dios de la Vida cuenta con los jóvenes para su Plan de Salvación.
Un breve recorrido por la historia de la salvación, permite ver cómo Dios contó con los jóvenes para ir constituyendo su pueblo y para que colaboraran con él en su acción liberadora.
Isaac, “el hijo de la promesa” tuvo que pasar por la prueba de confiar plenamente en su padre Abraham hasta dejar la propia vida en sus manos (Gn 22,1-18). Yavé recompensó su fe y su disponibilidad y por él y sus descendientes, la promesa se siguió haciendo realidad hasta su pleno cumplimiento.
Moisés, perseguido desde su mismo nacimiento, fue llamado por Dios para ponerse al frente del pueblo de Israel en su salida de Egipto y en su marcha por el desierto hacia la Tierra Prometida (Ex 3,7-14). Su valor y su compromiso con la liberación de su pueblo no hicieron desaparecer sus miedos y sus crisis para responder a ese llamado, pero el encuentro personal con él junto a la zarza ardiente (Ex 3,1-6) le transformó la vida y lo convirtió en un líder valiente y decidido.
Para suceder a Moisés, Dios eligió al joven Josué y lo puso al frente de su pueblo para que lo condujera en el momento decisivo de la entrada a la Tierra Prometida (Dt 31,3).
Llamó a Samuel desde muy joven para confiarle su misión. Al comienzo, no le fue fácil interpretar con claridad el origen del llamado, pero la actitud orientadora del anciano Elí, le ayudó luego a descubrir su voz y a disponerse para responder con docilidad: “habla, Señor, que tu siervo escucha” (1Sam 3,1-21).
Le ordenó ungir como rey a David, después de haber sido olvidado y no tenido en cuenta entre sus hermanos por ser joven y estar cuidando ovejas (1Sam 16,1-13). En la lucha con Goliat (1Sam 17,4-50), Dios mostró cómo protege la vida de los jóvenes cuando son capaces de arriesgarla por la defensa de su pueblo. A los ojos humanos, la victoria de David fue la victoria del débil frente al poderoso; pero en la mirada de Dios, fue la victoria de quien puso sólo en él su confianza, de quien tomó en serio el compromiso de servirlo a él por encima del poder de los ídolos y de las armas. Elegido por Dios, su vida no escapó a la condición de pecador (2Sam 11,1-25) como no escapan tampoco a las tentaciones los jóvenes protagonistas elegidos por Dios en el mundo de hoy.
Cuando la monarquía cayó en decadencia, eligió como rey a Josías, un joven de apenas dieciocho años, y le encomendó la tarea de emprender con coraje y valentía una audaz reforma de la organización social y de la vida religiosa que llevara al pueblo a volver “con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas” al cumplimiento de la ley de Yavé y a las exigencias de la alianza (2Re 22-23).
En plena edad juvenil, llamó a Jeremías a una difícil misión profética (Jer 1,6) que tuvo que asumir con la incertidumbre de actuar en una situación de violencia e injusticia social y con el miedo propio de la responsabilidad que se le había confiado. La cumplió con muchas dificultades y los problemas pusieron a prueba su perseverancia (Jer 11,18-23). Nunca se alejó del pueblo y se sintió partícipe de su dolor y de su situación de crisis (Jer 10,23-25). Sufrió profundamente al darse cuenta de que su presencia y su palabra creaban contiendas en todo el país. No siempre entendió la razón de su sufrimiento, dudó en medio de su soledad y hasta llegó a pensar en rebelarse contra Dios. Pero la crisis no lo desanimó sino que, por el contrario, lo hizo crecer en su capacidad de optar con libertad por el proyecto de Yavé (Jer 20,7-11) y de estar disponible como el jarro moldeado por el alfarero (Jer 18,1-6).
En la historia de Rut, la joven mujer extranjera, mostró cómo Dios premia a quienes abandonan todo por seguir al pobre y al necesitado (Rt 1,16) y a quienes luchan a favor de la dignidad y del derecho de todos a la tierra y a la descendencia.
Cuando su pueblo estuvo sometido a la dominación de reinos extranjeros, eligió a mujeres jóvenes, generosas, decididas y llenas de confianza en él, para conducirlo a la liberación y reavivar su fe en el cumplimiento definitivo de la promesa. Dejando de lado sus comodidades y su vida tranquila (Jdt 8,7); superando la desconfianza, la apatía y la falta de fe de sus compatriotas (Jdt 8,9-17), Judith asumió la defensa de su pueblo hasta enfrentar y vencer a Holofernes (Jdt 10-13). Elegida providencialmente para ser reina (Est 2,17), Esther no se olvidó de su pueblo, tuvo valor para tomar decisiones difíciles y defenderlo en momentos importantes (Est 4,14) y fue capaz de pedir “la vida para mí y para mi pueblo” (Est 7,3) cuando el rey le ofreció hasta “la mitad de su reino” (Est 7,2).
Con la confianza puesta en el Dios de la Vida que los “resucitará para una vida eterna” (2Mac 7,1-42), los siete jóvenes hermanos macabeos -animados por su madre- enfrentaron la tortura y la muerte por luchar contra las imposiciones de la cultura dominante y por defender hasta el final los valores y las tradiciones de su pueblo.
1.4 Dios Padre.
Dios invita a los jóvenes a ser destinatarios de su amor. Se hace presente en sus vidas como padre tierno y bondadoso, “lento para enojarse y rico en misericordia” (Ex 34,6), siempre cercano y atento a sus necesidades y a las de su pueblo. Da respuesta así a sus búsquedas de un Dios que los quiera, que los acompañe, que esté siempre a su lado y que no los abandone especialmente en los momentos más difíciles.
En el bautismo, los acoge como sus hijos, los llama por su nombre, comparte con ellos su vida para que sean capaces de amar y ser amados, de sacrificarse por el bien de todos, de jugarse por la verdad contra toda mentira y falsedad y de comprometerse a ser constructores de la nueva humanidad iniciada ya en su propio hijo Jesús.
2. JESUCRISTO VIVO Y PRESENTE EN EL MUNDO DE LOS JOVENES.
Cuando llegó la “plenitud de los tiempos” (Gal 4,4) Dios se hizo hombre encarnándose en la persona de Jesús. En él, “Enmanuel”, “Dios con nosotros” (Is 7,14) alcanza su plenitud la presencia de Dios en el caminar y en la vida de los jóvenes. En Jesús, Dios se hace hombre. En Jesús, Dios se hace joven. El es el testigo fiel y veraz de la vida nueva y de la nueva humanidad: “he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,10) pues “no hay amor más grande que dar la vida por los amigos” (Jn 15,13). En Jesús vivo y presente, los jóvenes encuentran la plenitud de sus vidas.
2.1 Jesús vivió y creció en Nazaret.
Jesús nació pobre (Lc 2,6-7). Formó parte de una familia trabajadora, su padre fue carpintero y su madre se dedicó a las tareas del hogar. Muy pequeño todavía, debió escapar con ellos a Egipto porque el rey Herodes “buscaba al niño para matarlo” (Mt 2,13). Cuando les fue posible regresar, fueron a vivir a Nazaret, un sencillo pueblo de Galilea.
Cumpliendo las leyes religiosas de Israel, a los 12 años subió con sus padres al templo de Jerusalén. Se encontró con los doctores de la ley, compartió con ellos su manera de entender las Escrituras y los dejó asombrados por su conocimiento y profundidad (Lc 2,46-47). El mismo reconoció luego que en ese momento había comenzado a realizar el trabajo que el Padre le había ordenado y que de esa manera se estaba preparando para la misión que se le había confiado (Lc 2,49).
En Nazaret, viviendo la vida normal de un joven de su época, creció “en sabiduría, en edad y en gracia delante de Dios y de los hombres” (Lc 2,52). Tuvo amigos, trabajó en un oficio, conoció la historia, la cultura y la religiosidad de su pueblo; se interesó por los problemas de su gente, no dejó pasar oportunidad alguna para asumir responsabilidades y participar, compartió y celebró la fe, fue a la sinagoga, conoció la vida y la manera de actuar de los sacerdotes y los fariseos.
En su proceso de maduración, tuvo que discernir lo que Dios quería de él y definir su proyecto de vida. Sensible a la búsqueda religiosa y a las expectativas mesiánicas de su pueblo, decidió ir al Jordán para hacerse bautizar por Juan. En ese momento, el Padre le hizo oír su voz: “Tú eres mi Hijo, el Amado, tú eres mi Elegido” y el Espíritu Santo le hizo sentir su presencia (Lc 3,21-22). Desde entonces, se relacionó cada vez más íntimamente con el Padre, se dedicó más plenamente a realizar su acción liberadora en medio de su pueblo y procuró seguir con docilidad las inspiraciones del Espíritu que habitaba en él.
Fue tentado por la vida fácil y sin esfuerzo, por la vanagloria, el prestigio y el poder y por la idolatría del dinero y el ansia de tener (Mt 4,1-11) pero se mantuvo fiel a su opción y al proyecto de vida que había asumido.


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