Civilizacion del amor tarea y esperanza



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CONSEJO EPISCOPAL LATINOAMERICANO
SECCION DE JUVENTUD - SEJ

CIVILIZACION DEL AMOR

TAREA Y ESPERANZA

Orientaciones para una

Pastoral Juvenil Latinoamericana

1995

PRESENTACION
Hace ya casi veinte años, el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) creaba la Sección de Juventud. Se iniciaba entonces, un largo camino de animación y servicio a la evangelización de los jóvenes del continente.
Sus esfuerzos iniciales por conocer los problemas y tendencias del mundo juvenil y por realizar una reflexión teológica y pastoral que brindara orientaciones claras para implementar una Pastoral Juvenil Orgánica, se vieron reforzados a partir de 1983, cuando comenzaron a realizarse los Encuentros Latinoamericanos de Responsables Nacionales de Pastoral Juvenil.
Con el tiempo, estos Encuentros se fueron convirtiendo en un espacio privilegiado de comunión y participación para obispos, sacerdotes y jóvenes que trabajan en la Pastoral Juvenil de la Iglesia Latinoamericana. El intercambio de experiencias y la reflexión que han generado permitieron ir elaborando una propuesta global, la Pastoral Juvenil constructora de la Civilización del Amor; una pedagogía para acompañar los procesos de formación humana y cristiana de los jóvenes, una metodología adecuada para el trabajo grupal, una espiritualidad para el seguimiento de Jesús y una organización participativa que han dinamizado la acción evangelizadora de las Comisiones Episcopales de Pastoral Juvenil de los países del continente.
Uno de los frutos más visibles de ese proceso fue la publicación, en abril de 1987, del libro “Pastoral Juvenil, Sí a la Civilización del Amor”. Su redacción, concretada después de un largo y participativo proceso de recopilación y sistematización de aportes y experiencias, favoreció la formulación y difusión de la propuesta de la Pastoral Juvenil Latinoamericana, promovió una mayor unidad de criterios e impulsó decididamente el trabajo común y la organización.
Traducido al portugués y al francés, reeditado en siete países, con un tiraje superior a los 27.000 ejemplares, conocido popularmente como el “libro verde” o el “libro naranja”, en referencia al color de la portada de algunas de sus ediciones más difundidas, pasó a ser referencia obligada para el trabajo de la pastoral juvenil.
La reflexión de los años posteriores continuó profundizando aspectos sólo intuídos o poco desarrollados en el libro anterior. Los procesos de educación en la fe, la cultura juvenil, la asesoría, la espiritualidad, las pastorales específicas de juventud, fueron, entre otros, pasos que maduraron y consolidaron la reflexión y la propuesta.
Ultimamente, se hizo sentir cada vez con más fuerza el reclamo de los agentes pastorales sobre la necesidad de contar con una edición actualizada que recogiese los nuevos aportes de reflexión y sirviese para apoyar el trabajo de formación de los animadores y asesores y para orientar mejor los múltiples esfuerzos de pastoral juvenil que se realizan en el continente.
La Sección de Juventud acogió esa solicitud e instrumentó una propuesta de trabajo inspirada en las mismas características de amplia participación y de recopilación y sistematización de aportes y experiencias con que se preparó la publicación anterior.
Los participantes en el 10º Encuentro Latinoamericano de Responsables Nacionales de Pastoral Juvenil, realizado en Mogi das Cruzes, Brasil, del 8 al 15 de octubre de 1994, respondieron favorablemente una consulta realizada por la Sección de Juventud y propusieron una lista nombres de personas capacitadas para la redacción de los diferentes capítulos.
Con esas propuestas, la Sección de Juventud integró una Comisión Redactora de asesores laicos y sacerdotes, representativa de las cuatro Regiones, a la que fueron invitados a participar el Pbro. Daniel Bazzano, Director del Instituto “Pablo VI” de Montevideo (Uruguay), el Sr. Juan Ramón Córdova, Secretario Ejecutivo de la Comisión Episcopal de Juventud de El Salvador y Asesor Regional de Pastoral Juvenil de México-Centroamérica; el P. Hilário Dick sj, del Instituto de Pastoral da Juventude de Porto Alegre, Brasil; el P. Derry Healy, anterior Coordinador de la Comisión Nacional de Pastoral Juvenil de Chile; el P. Alejandro Londoño sj, de la Casa de la Juventud de Santafé de Bogotá, Colombia; el Pbro. Germán Medina, Director del Departamento de Juventud del Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano; el Sr. José María Medina, Asesor Diocesano de Pastoral Juvenil de Higüey, República Dominicana y el Pbro. Feliciano Rodríguez, Asesor Diocesano de Pastoral Juvenil de Caguas, Puerto Rico.
Con la coordinación del P. Horacio G. Penengo sdb, Secretario Ejecutivo de la SEJ-CELAM, la Comisión Redactora se reunió en la sede del mismo Consejo Episcopal Latinoamericano en Santafé de Bogotá, Colombia, del 23 al 30 de abril de 1995. Los participantes presentaron sus propuestas de trabajo, se acordó un esquema general y cada uno se dedicó a la redacción del capítulo que le había sido asignado. Las redacciones formuladas fueron luego revisadas, corregidas, mejoradas y completadas por todos en un largo proceso que se inició en esa semana y se completó varias semanas después, hasta llegar a la presente redacción final. Durante ese tiempo, los textos redactados fueron puestos a consideración de otros agentes pastorales en los diversos países, a quienes se pidieron sus opiniones, aportes y sugerencias.
El libro es, por tanto, un trabajo de conjunto de muchas personas. Ese es quizá su mérito mayor. No se trata de reflexiones teóricas ni individuales sino de experiencias vividas que han sido recogidas, compartidas, organizadas y sistematizadas para ser ofrecidas como orientación para la acción pastoral.
No es, por tanto, un libro terminado. Como se ha llegado hasta aquí, hay que seguir caminando, buscando, profundizando, abriendo horizontes y descubriendo dimensiones nuevas en la siempre apasionante tarea de la evangelización de los jóvenes latinoamericanos.
Su presentación, cierra de algún modo el período 1991-1995 de la Sección de Juventud del CELAM. Queremos expresar un sentido agradecimiento a todos los que, de una manera o de otra, redactando, corrigiendo, apoyando, animando, expresando sus expectativas por la publicación, hicieron posible que este sueño se convirtiese en realidad. Lo ofrecemos con mucho cariño a todos los agentes de la Pastoral Juvenil Latinoamericana y especialmente a quienes, silenciosamente, en todos los rincones del continente, hacen acontecer día a día la Pastoral Juvenil. En ellos pensamos permanentemente durante estos meses de trabajo y ellos son, en verdad, los primeros destinatarios del esfuerzo que realizamos.
Confiamos que será un aporte para hacer más efectiva la opción preferencial por los jóvenes y especialmente para presentar una propuesta evangelizadora seria, capaz de responder a las exigencias de los cambios culturales del mundo de hoy, de entusiasmar a los jóvenes en el seguimiento de Jesús y de hacer realidad la tan ansiada Civilización del Amor.

P. HORACIO G. PENENGO sdb

Secretario Ejecutivo SEJ-CELAM

Junio de 1995

Primera Parte
MARCO DE REALIDAD

I. LA IMPORTANCIA DE MIRAR LA REALIDAD


Con la intención de ser fieles a la actitud del Dios de Jesucristo que, con mirada amorosa, presta atención a las necesidades de su pueblo, escucha sus clamores y dispone todas las cosas para su liberación, queremos mirar la realidad de los pueblos del continente latinoamericano, y especialmente del pueblo joven, para escuchar sus gritos, reconocer y comprender sus situaciones de exclusión y hacer lo que sea posible para que, con la ayuda del Espíritu, se haga actual la salvación.
A la manera de Jesús, es necesario abrir los ojos para comprender con razón compasiva la vida de los pueblos. La sola mirada de la ciencia no es suficiente para explicar su existencia. Lo estético y sus distintas expresiones, lo poético, lo irónico, lo erótico, lo mítico, lo utópico, lo épico, lo trágico, son también miradas válidas que pueden estar tal vez más cerca de sus búsquedas de sentido y de sus experiencias de lo sagrado y de la fe.
Hay que educar la mirada para descubrir el don de Dios, experimentar su llamado a ser acogidos y amados y a encarnarse en el mundo de los jóvenes por la solidaridad humana y evangélica y por el contacto directo que permite ver, oír y emocionarse con sus vidas y con sus signos, con sus sensibilidades, con sus sentidos. Conocer la realidad de los jóvenes desde la perspectiva de Jesús exige establecer una relación de intimidad, dialogar e interactuar con ellos. Sólo así será posible experimentar -“conocer”- sus necesidades reales y percibir sus verdaderos gozos y amarguras.
El desconocimiento de la perspectiva de los otros, de sus formas de ver y comprender el mundo ha generado ya en la historia demasiada violencia. La vida no seguirá siendo posibilidad por la vía del exterminio de quienes piensan diferente. Hay que comenzar por reconocer y comprender esas diferencias y buscar razonablemente siempre nuevas y mejores condiciones de comunicación, de comprensión, de transformación, de justicia, de vida.
Al mirar la realidad de América Latina y la realidad de los jóvenes en ella, se siente el llamado al mismo compromiso apasionado de Jesús para realizar signos de vida que se constituyan en esperanzas, en posibilidades, en oportunidades de vida nueva y para superar los signos de muerte, de lo viejo, de la no-vida. La doble dimensión muerte-vida hace desear y actuar ya la pascua para y con los jóvenes del continente.
Santo Domingo ha confirmado, tanto para la pedagogía como para la metodología de la pastoral juvenil, caminos que parten de la vida, de la experiencia y de la realidad (SD 119). Es la epistemología, el modo de acceder a la verdad y a la realidad, vigente en las ciencias, en la filosofía y en la teología actuales. Seguirlos, parece ser el único modo de ubicarse en la cultura actual y en las perspectivas de una pastoral juvenil que sintonice con la psicología de los jóvenes de hoy. Este fue, por otra parte, el modo habitual de actuar de Jesús, que aparece en el Evangelio partiendo de la vida, de los problemas, de las necesidades y de las aspiraciones de los destinatarios de su caridad pastoral.
El gran desafío de la pastoral juvenil es mirar el contexto social, económico, político, cultural y religioso, no de una manera fragmentaria, sino en forma global (P 15). No es fácil, ni se puede pretender llegar a la certeza y a la verdad plenas. Pero sí se puede intentar conocer lo mejor posible la realidad en la que hay que intervenir, para acertar en los diagnósticos y elegir las mejores alternativas de acción pastoral.
1. EL CONTEXTO LATINOAMERICANO DE CAMBIO.
La experiencia de cambio que viven los hombres y mujeres del continente y los más variados análisis y estudios especializados realizados en los últimos años alientan la percepción y reafirman la convicción de que algo nuevo está pasando en este mundo.
No se trata solamente de nuevas situaciones particulares o de nuevos elementos que, sin más, se agregan a los ya existentes. Se trata más bien, de grandes transformaciones globales que afectan profundamente la comprensión y las percepciones que las personas tienen de sí mismas y de sus relaciones con la naturaleza, con la sociedad y con Dios. Se está dando un profundo cambio cultural.
Los jóvenes de América Latina, en la variedad de sus procesos históricos y de sus diversidades étnicas y culturales (SD 244), son particularmente sensibles a lo nuevo que está sucediendo. Ellos son, al mismo tiempo, hijos y constructores de esta nueva realidad cultural que presenta múltiples y muy diversas manifestaciones que condicionan sus vidas y generan nuevas y variadas comprensiones, relaciones y formas de expresión.
Conocerlas y valorarlas, constituye un verdadero desafío para la Iglesia y para la Pastoral Juvenil (SD 253), que lo acogen como una invitación a cuestionar sus prácticas, a revisarlas y repensarlas y, sobre todo, a recrear la experiencia de la permanente novedad de Jesucristo “el mismo, ayer, hoy y siempre” (Hb 13,8) en esta nueva situación.
1.1 Algunas manifestaciones del cambio cultural.
No se pretende presentar aquí un análisis completo de esta nueva situación cultural. Sólo se quieren señalar algunas de sus principales manifestaciones, que deben ser tenidas particularmente en cuenta en la pastoral juvenil.
1.1.1 Cambios en relación con la naturaleza.
Hoy son pocos los que se asombran ante los descubrimientos científicos y el desarrollo tecnológico. Sin embargo, se está dando una creciente toma de conciencia de los límites de la ciencia y la tecnología, que resultan insuficientes a la hora de intentar resolver sólo por sí mismas los problemas fundamentales de la vida y de la persona humana. La creciente sensibilidad por este problema se expresa en la búsqueda de una nueva relación con el medio ambiente que permita vivir más dignamente en esta tierra que Dios entregó al ser humano para que la trabajase y la cuidase.
1.1.2 Cambios en relación con la sociedad.
La interdependencia de la vida social se manifiesta principalmente en el carácter transnacional de la economía y de los medios de comunicación social y en los acelerados procesos de urbanización. Esta influencia económica y cultural del llamado “Primer Mundo”, marca la vida de las sociedades y personas y moldea sus intereses, aspiraciones y modelos de consumo.
La crisis de las ideologías y el fracaso de los proyectos históricos de transformación social, van dando paso al imperio del pragmatismo y de la ideología neoliberal y su política de mercado, que se presenta como la aparentemente única racionalidad social e incuestionable modo de intercambio.
No sin dificultades, los países latinoamericanos transitan hoy de regímenes autoritarios hacia sistemas democráticos. Muchos partidos han sufrido importantes transformaciones y han surgido otros nuevos. Han cambiado las políticas de alianzas. El movimiento sindical no tiene la misma gravitación de antes y busca implementar sus demandas a través del diálogo con los empresarios y el gobierno. Cambian los modos de hacer política y el interés que se tiene por ella. Hoy no es tan claro que el poder radique sólo en el Estado, en los políticos o simplemente en los grupos económicos. Pareciera que también tienen poder quienes manejan la tecnología y la información.
La misma situación de pobreza tiene hoy características nuevas. La pobreza de la mayoría convive al lado del desarrollo, del consumo y de la modernidad. Los sectores populares y sus modos históricos de resolver los desafíos fundamentales de la existencia, parecen cada vez menos cohesionados en un proyecto histórico de liberación. Las ideas y movimientos que se gestaron en las décadas pasadas ya no tienen la fuerza transformadora de entonces ni constituyen un elemento significativo de su ideario social.
La sociedad se manifiesta cada vez más plural. Crece la valoración de las diferencias y el llamado al diálogo en una sociedad pluralista. Pero al mismo tiempo, este pluralismo acrecienta las posturas subjetivistas y, en muchos casos, genera actitudes de sincretismo y de gran confusión.
1.1.3 Cambios en la relación con Dios.
A pesar de las propuestas de diversas corrientes materialistas que vaticinaron la desaparición de la religión y la “muerte de Dios”, persiste fuertemente la búsqueda de un sentido trascendente y absoluto para la vida humana y la necesidad de encontrar valores, criterios y normas éticas que la orienten. Las principales ideologías ya no parecen tener la fuerza movilizadora de antes y las principales preguntas de sentido vuelven a hacerse presentes.
Esta búsqueda está muy viva en las diversas expresiones de la religiosidad popular, en las que el pueblo recrea sus vivencias religiosas en medio de las situaciones que le impone la vida moderna. “El pueblo resiste a las condiciones adversas de la vida moderna que lo margina, recreando espacios de piedad -peregrinaciones, mandas, animitas, fiestas patronales, devoción cotidiana, etc.- que constituyen verdaderas formas de mística popular muy profunda, frente al individualismo, competitividad y lógica mercantil de la dominación que guía la modernización de las culturas oficiales”1.
La persistencia de lo sagrado se verifica también en el sintomático crecimiento de las sectas y de propuestas que recurren a lo esotérico y a lo mágico como respuesta a la búsqueda de sentido. Coexisten así diversas manifestaciones y “ofertas” religiosas, entre las que la Iglesia Católica aparece como una alternativa más, entre las muchas posibles.
Si se mira el conjunto de estos elementos se constata que se está ante un nuevo tiempo histórico en el continente latinoamericano. Ya no se viven las grandes esperanzas revolucionarias y de profundos cambios sociales que caracterizaron la década del sesenta. No se vive tampoco ese tiempo de confrontación violenta, de represión y de muerte que caracterizó la década de los setenta y parte de la de los ochenta. Tampoco se vive el tiempo de recuperación de la democracia que caracterizó la década de los ochenta y parte de la de los noventa.
Muchos podrían pensar que esta problemática de la historia reciente tiene poco que ver con los reales problemas y desafíos que enfrentan los jóvenes de hoy. Sin embargo, los jóvenes de cualquier época histórica no crean la realidad en la que viven; más aún, las condiciones sociales, económicas, políticas y culturales son para ellos una realidad que les es dada, independientemente de su voluntad. En esa realidad, se han socializado, han ido construyendo su propia identidad y han soñado un futuro mejor.
1.2 Claves de lectura.
Dos claves de lectura parecen ser fundamentales para procurar una mejor comprensión de los fenómenos que están aconteciendo: el neoliberalismo y su repercusión en la sociedad y en la cultura y la postmodernidad que impregna todos los ambientes en el complejo fenómeno de la comunicación.
1.2.1 El neoliberalismo.
La sociedad actual es resultado de varias décadas de intentos frustrados por salir del subdesarrollo. Tras la caída del socialismo, el neoliberalismo ha pasado a constituirse, al menos por el momento, en el único modelo socioeconómico viable. Cuando un modelo social no es único y tiene que competir con los demás, necesita suavizarse y humanizarse para no ser reemplazado por otras alternativas; pero cuando un modelo es único, no necesita contemporizar. Es lo que sucede con el neoliberalismo, que se está desarrollando de una manera casi salvaje en la sociedad actual.
El neoliberalismo postula la preeminencia del mercado y de la libre competencia y ampara una serie de políticas económicas desreguladoras, privatizadoras y liberalizadoras de las economías nacionales y de los proteccionismos tradicionales de los países del Tercer Mundo, impuestas por los organismos internacionales dominados por los Estados Unidos, que se aplican de modo diverso en los distintos espacios nacionales.
Aludiendo al fin del socialismo y de sus anhelos de una sociedad sin explotados, afirma que las utopías y los proyectos de futuro se han terminado y sólo cuenta la acción inmediata. El mercado capitalista y la democracia liberal surgen como los únicos que tienen posibilidad histórica de realización y de éxito. Se habla del fin de las ideologías y se legitiman las propuestas neoliberales como las únicas y mejores alternativas para la economía mundial.
El neoliberalismo significa concretamente:
* En lo económico: las privatizaciones y el fortalecimiento del capital privado, la desregulación de los mercados, la orientación de la economía en función del mercado internacional y la promoción de las exportaciones, la apertura al capital extranjero y la internacionalización del mercado interno. Esto trae como consecuencia, graves costos sociales como la caída del salario real y una mayor tasa de desocupación, una mayor brecha entre ricos y pobres y la multiplicación de las situaciones de extrema pobreza.
* En lo político: la función del Estado se reduce prácticamente a ser garantía del equilibrio social y favorecedor de la actuación del capital privado. Se reduce también el papel de los sindicatos y de las organizaciones populares y se debilita la real participación del pueblo y de la sociedad civil. La absolutización del mercado como único criterio para regular la actividad económica nacional e internacional, agudiza la subordinación de los países pobres a los países hegemónicos. Los gobiernos disminuyen dramáticamente el gasto social y las inversiones en educación, salud y seguridad social. Sus alianzas miran más a mantener los privilegios económicos y a integrarse en estos procesos internacionales que a promover el verdadero desarrollo, el crecimiento y el bienestar de los pueblos.
* En lo cultural: el consumo, la producción y la eficacia, el pragmatismo y el mercado se convierten en los máximos valores sociales. La educación orientada a la productividad y la competencia conduce inevitablemente a un materialismo práctico en el que se desarrollan el individualismo, el utilitarismo y el hedonismo y donde están ausentes las exigencias de la justicia social y del bien común.
* En lo religioso: el materialismo práctico eclipsa el sentido de Dios y de la misma persona humana. No obstante esto, muchos han querido, incluso desde el campo católico, legitimar este sistema desde lo religioso. En estos esfuerzos hay una clara tendencia a suavizar el compromiso exigido por Jesús y a acomodarlo a los postulados neoliberales, comulgando con la Nueva Era, la llamada religión del neoliberalismo.
El neoliberalismo favorece al máximo el desarrollo de las transnacionales, que para promover el consumo, privilegian ciertos modelos de vida -el “american way of life”- y tienden a universalizar y uniformar por la propaganda una cultura del espectáculo, del tener y del aparentar. Las culturas indígenas y autóctonas se sienten avasalladas, aunque, afortunadamente, se sigue gestando una cultura de resistencia.
Los procesos, formas concretas y tiempos con que se va implementando el modelo neoliberal, dependen del lugar y de la orientación que se les asigna a las economías nacionales para su inserción en la economía mundial. Los países latinoamericanos han sido considerados como centros industriales y de producción de artículos manufacturados y como exportadores de productos agrícolas y de materias primas, con particular interés en la producción petrolera.
Aunque la mayoría de los intentos neoliberales proclaman sus resultados positivos y los grandes indicadores de la economía como el crecimiento del producto bruto interno, la caída de la inflación, el crecimiento económico, el auge de las exportaciones y de las inversiones de capital extranjero y los mayores niveles de consumo son generalmente favorables; en realidad, no han generado mejores condiciones de vida y especialmente no han cambiado las formas de distribución de la riqueza generada, lo que mantiene y aún ha acrecentado las condiciones de pobreza.
La pobreza extrema a que está llegando la franja más débil de la población, está produciendo una exclusión violenta de las grandes mayorías de los beneficios del esfuerzo colectivo de los pueblos. El deterioro ecológico se hace sentir también en todos los aspectos. Los recursos materiales, la biodiversidad y las riquezas naturales se sacrifican a planes económicamente rentables para las transnacionales a corto plazo, pero de consecuencias desastrosas para el futuro. No temen sacrificar poblaciones enteras y aniquilarlas por el hambre, el desempleo y la violencia, como ha sucedido con muchas comunidades negras, indígenas y campesinas.
El neoliberalismo agrede violentamente los estilos de vida y las formas de ver y entender el mundo de los pueblos latinoamericanos e influye de forma negativa especialmente en los jóvenes, en quienes se concentran sus efectos más dramáticos: profundas carencias materiales y de vida digna, desempleo, empleos peligrosos, mal remunerados y sin seguridad social; crisis del sistema educativo, incapaz de brindar una cobertura suficiente, mayor deserción y mala calidad educativa; inexistencia de espacios para lo cultural y para la recreación; el señalamiento de la juventud de sectores populares como grupo social indeseable, hasta el punto de legitimar su exterminio físico; la criminalización de los intentos de organización y expresión juvenil y la ausencia de proyectos de participación social y política juveniles.
1.2.2 La postmodernidad.
La llamada era postmoderna toma conciencia de los fracasos y de los límites de la modernidad y experimenta que sus ideales humanistas y la absolutización de la racionalidad técnico-científica no han generado el mundo igualitario, libre y fraterno que soñaba, sino un mundo de dominantes y dominados donde el proyecto igualitario ha fracasado. Lo que ha generado un ambiente de desencanto que se expresa en los distintos ámbitos de la vida personal y colectiva.
La modernidad esperaba un futuro grandioso para todos los hombres, en el que existiera la igualdad entre las naciones y entre los individuos; confiaba en la abolición de la guerra, de la propiedad y de los colonialismos; esperaba la alfabetización universal, el dominio de la naturaleza, la derrota de las enfermedades y el triunfo definitivo de la ciencia y la tecnología.
El siglo XX ha demostrado que estos grandes sueños resultaron dolorosamente frustrados y que lo más importante por el momento es procurar sobrevivir y hacerlo de la mejor manera posible. Para las grandes mayorías, ya no importan las utopías, importa lo que se vive hoy y lo que se experimenta en lo inmediato. Si no hay progreso, si no importa hacia dónde se va, lo que vale entonces es disfrutar ya, disfrutar hoy. Si para la modernidad importaba producir, para la postmodernidad importa consumir. “Lo que gusta”, “lo que se siente”, pasa a ser el criterio último de verdad y la motivación profunda del actuar.
La modernidad hizo especial énfasis en el valor de la vida y del bienestar colectivo. La postmodernidad convierte la vida privada en la medida de todas las cosas; los problemas de los otros son de los otros y deben ser enfrentados y solucionados por ellos. Predomina la lógica de la vida privada: darse los propios gustos, comportarse al estilo propio de cada uno, creer en el Dios de cada uno, etc.
La postmodernidad niega la existencia de una ley de naturaleza universal y cree que la sociedad no se fundamenta en un pacto social, sino en los pequeños acuerdos que puedan darse entre partes que están siempre en conflicto. Todo son preguntas, no hay respuestas, y si las hay, las respuestas se formulan en forma de nuevas preguntas.
La postmodernidad es una crisis al interior de la modernidad. Estas son algunas de sus características principales:
* Un neoindividualismo, entendido como afirmación radical de autodeterminación y como desconfianza de lo colectivo, de lo solidario y de todo lo que aparezca como asomo de compromiso con los demás. Reivindica la autonomía de la persona humana, valora la creatividad y la subjetividad, pero tiende a hacer una persona sin sentido histórico, replegada sobre sí misma, preocupada sólo del presente y de su vida personal e inclinada fácilmente a caer en la soledad, el aislamiento y el anonimato.
* Una nueva forma de nihilismo que acaba con cualquier posible fantasía utópica. Se niega que la fuerza de las utopías pueda llegar a cambiar el mundo. Es la cultura del gran vacío y de la descreencia, donde nada tiene suficiente fundamento para orientar globalmente la existencia. Recupera la dimensión de lo personal, lo íntimo y lo privado frente a lo público, pero reduce horizontes, promueve el inmediatismo, la ausencia de visiones a largo plazo y la falta de entusiasmo para trabajar por el cambio de la situación. Lleva a evitar los compromisos permanentes y a no adherir a propuestas de proyectos históricos.
* Una mayor permisividad en la conducta moral, fruto del neoindividualismo y consecuencia de la falta de puntos de referencia universales y de valores absolutos. Antes, la familia, la educación y la misma religión imponían las normas de conducta, las formas de pensamiento, las evidencias colectivas y los principios de legitimación. Hoy, hay multiplicidad de ámbitos de vida y de comunicación donde todos se expresan libremente, sin que haya un poder capaz de imponer ideas y conductas para todos.
Promueve una ética más personal, donde vale más el convencimiento que la norma, legitima la búsqueda de felicidad en el tiempo presente, reafirma la libertad individual, la necesidad de ser, sentir y expresarse según la originalidad de cada uno y el derecho a la diferencia. Pero pone la búsqueda de la salvación en el presente, debilita y relativiza las convicciones éticas, centra más la atención en los derechos que en los deberes, lleva a la crisis del amor y de la sexualidad y a la pérdida del sentido de felicidad y del compromiso.
* Un pensamiento débil frente a las ideologías más o menos radicales. Este pensamiento débil quiere echar abajo un mundo que tenga consistencia en sí mismo y una conciencia capaz de descubrir, conocer y expresar el mundo real. Prefiere experimentar las cosas antes que discutir teorías, recupera el valor de lo cotidiano, el sentido de lo simbólico y de lo ritual. Pero aumenta la fragmentariedad de la vida, dificulta la elaboración de proyectos globales y favorece la manipulación por la publicidad, las modas, los medios de comunicación social y las imposiciones culturales.
Como movimiento cultural, el postmodernismo tiene un mensaje suficientemente sencillo: “todo vale”. Este mensaje no es ni conservador, ni revolucionario, ni progresista; hace irrelevantes las distinciones de este tipo... todos pueden formar parte de él. Se trata de una oleada en la que son posibles todos los tipos de movimientos artísticos, políticos y culturales.
Estas fuertes corrientes culturales, económicas y políticas, portadoras de una concepción de la sociedad basada en la eficiencia, promueven una verdadera cultura de la muerte; crean y consolidan auténticas estructuras de pecado contra la vida2 en las que los jóvenes quedan envueltos y condicionados.
Sin embargo, en medio de esta realidad, los jóvenes intentan sobrevivir con los valores que poseen y luchan por encontrar un lugar en la historia. Es una juventud a la que la cultura de la muerte le ha hecho perder en gran medida el sentido existencial y que necesita urgentemente encontrar una “buena noticia” que le devuelva el deseo de vivir y le abra las puertas a una cultura de la vida.


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