Capítulo 10 Vaivenes de la transferencia Julia Martin, Nicolás Maugeri, Diana Lozano y Selika Ochoa de la Maza


Primera posición: el método es aplicable a las psicosis



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Primera posición: el método es aplicable a las psicosis


Las coordenadas de surgimiento del psicoanálisis conducen a la inscripción de aquello que no es posible de absorber por el conjunto del saber médico de la época: la histeria. Freud inaugura un dispo- sitivo, estableciendo un punto de ruptura con el conocimiento de la época, a partir de interrogarse por lo que la misma excluye de su mirada. Crea, de este modo, las condiciones de posibilidad de la apertura de un campo novedoso donde teoría y método se articulan a partir de los obstáculos con los que se tropieza en la clínica. El psicoanálisis desde su surgimiento se instala entonces como un dispositivo que dará tratamiento al padecimiento neurótico. Ahora bien, ¿qué sucede con la psicosis, en tanto ésta es para Freud en el comienzo de su obra, la de los albores del psicoanálisis, una neuropsicosis de d e- fensa, a mismo título que la histeria y la obsesión?

Abordaremos los inicios de la posición freudiana respecto de las psicosis, a través de dos tratamien- tos que Freud relata. Veremos que el ensayo terapéutico con los pacientes psicóticos le parece en principio posible. En el contexto de esta elaboración, aplica el método de Breuer, es decir, el método catártico, a dos pacientes (Freud 1895; 1896). En ambos casos, el empeño de Freud se encuentra con obstáculos que interrumpen la cura. En el primero de ellos, se trata de una “resistencia” de la paciente al método. En el segundo, de un agravamiento de su estado tal que debe ser hospitalizada. A diferen- cia de lo que sucede con el historial del caso Dora, Freud no analiza el vínculo entre obstáculo en el tratamiento y método. Y aún más: hay quienes pueden decir que el psicoanálisis, a esta altura, no es- taba inventado. Pondremos en consideración entonces a qué se ha llamado “prepsicoanalítico”.

Surge un primer interrogante que nos introduce en el tema. Freud ofertaba su escucha a pacientes psicóticos; sin embargo, no son abundantes las referencias en sus publicaciones a lo largo de su obra. Algunos denominan a este tiempo en el que a Freud le parecía posible el tratamiento de la psicosis como prepsicoanalítico. En esta línea argumental, se podría decir que el empeño terapéutico de Freud con las psicosis se puede reducir al camino que lo llevó a concluir en su inanalizabilidad, en tanto las bases del psicoanálisis no estaban aún consolidadas cuando Freud supuestamente recibía a dichos pacientes en este período preliminar, previo. No nos conforma este argumento. Interesa ubicar enton- ces qué nos dice Freud respecto de lo prepsicoanalítico.

En primera instancia, Freud nunca utiliza este término para referirse a su obra. Dicha expresión es introducida por Strachey en el contexto de la edición de las Obras Completas y con el fin de establecer un ordenamiento de los múltiples artículos. Si bien Freud no se pronuncia cabalmente respecto de un tiempo prepsicoanalítico, se encargará en el contexto de su discusión con Adler y Jung, de sentar los principios fundamentales del psicoanálisis distinguiendo lo que es psicoanálisis de lo que no lo es (1914a).

Ubicará a la represión en el lugar de pilar fundamental sobre el que descansa el edificio del psicoa- nálisis, y en este sentido, el abandono de la hipnosis permite que Freud se tope con el fenómeno de la resistencia, que se opone al trabajo analítico. También situará dos premisas fundamentales: la transfe- rencia y la resistencia (1914a). La teoría psicoanalítica es un intento por comprender estas dos expe- riencias. Respecto del método catártico de Breuer, Freud no es taxativo en cuanto a si se trataría o no de psicoanálisis.110

En “Sobre Psicoterapia”, dejará sentado que prefiere calificar al método catártico de Breuer como analítico, evidenciando cierta continuidad (Freud, 1905). En consonancia con esto, en “Recordar, repe- tir, reelaborar” hará un recorrido por las modificaciones que ha experimentado la técnica analítica des- tacando que la meta ha permanecido idéntica, “en términos descriptivos llenar las lagunas del recuer- do; en términos dinámicos: vencer las resistencias de la represión” (Freud, 1914b: 150).

No parece sencillo para Freud establecer una fecha de inicio del psicoanálisis. En lo que se ha loca- lizado como el preludio del psicoanálisis, ¿no aparecen ya elementos de lo que se configurará como una dirección analítica?

Al inicio de la obra freudiana, la distinción neurosis y psicosis no está presente. Conviven ambas ba- jo la égida de las neuropsicosis de defensa y se oponen a las neurosis actuales en su nosografía, como ya se trabajó en el capítulo 1. Los criterios que se utilizan para tal distinción competen a dos órdenes heterogéneos de la causa. En las neuropsicosis de defensa nos encontramos frente a una etiología sexual pretérita anterior a la pubertad, y la acción de mecanismos de defensa que dan cuenta de un







110 "[…] habría debido apreciar el “procedimiento catártico” de Breuer como un estadio previo del psicoanálisis y fijar el comienzo de este sólo en el momento en que yo desestimé la técnica hipnótica e introduje la asociación libre. Ahora bien, es bastante indiferente que la historia del psicoanálisis quiera computarse desde el procedimiento catártico o sólo desde mi modificación de él" (Freud, 1914a: 8).

conflicto psíquico. El efecto póstumo de un trauma infantil efectivamente vivido da lugar a la puesta en marcha de una defensa particular en cada una de las modalidades de neuropsicosis de defensa, más allá de que se trate de neurosis o psicosis. En las neurosis actuales, en cambio, encontramos una etio- logía sexual actual no mediada por mecanismos de defensa que den cuenta de un conflicto psíquico. En consecuencia, las condiciones de analizabilidad en este tiempo estarían dadas por dos criterios: la etiología sexual pretérita y la acción de mecanismos de defensa. Esto es lo que le permite a Freud aplicar el método catártico también al campo de la psicosis. De este modo, la psicosis se ubica en este primer tiempo en el terreno de lo analizable.

Comentaremos a continuación los casos que presenta en este contexto. El “Manuscrito H” (Freud, 1895) es el primer escrito que hace Freud sobre la paranoia, como un preámbulo a lo que será la sec- ción III de su segundo trabajo sobre las neuropsicosis de defensa (Freud, 1896). Conceptualiza a la paranoia crónica como un modo patológico de la defensa frente a un conflicto, tal como la histeria, la neurosis obsesiva y la confusión alucinatoria. En el contexto de su pregunta por la predisposición a la paranoia incluye una viñeta de su clínica.

Se trata de una paciente de 30 años diagnosticada como paranoica. La paciente se atendió inicial- mente con Breuer, desconocemos los motivos por los cuales fue derivada a Freud. Respecto del pade- cimiento, ubica que la misma presenta un delirio de ser notada y persecución que alterna mediante intervalos con una neurosis. Constatamos en este punto que Freud aún no ha formulado una oposición clara entre neurosis y psicosis. En la construcción del caso, Freud se dispone a ubicar la escena trau- mática que motivó la defensa de la paciente mediante ideas delirantes. Al parecer, se vale para ello de la información que le aporta la hermana mayor de la paciente. La paciente vivía junto a ella y su her- mano. Alquilaban una habitación a un hombre algo enigmático, que convivió con ellos durante un año como el mejor camarada y la mejor de las compañías. Dicho hombre se ausentó seis meses, retornó un breve tiempo para luego desaparecer definitivamente. Freud destaca la afinidad de las hermanas hacia el huésped, lamentando las mismas su ausencia.

La paciente relata a su hermana mayor una escena con el huésped. Así la presenta Freud:
Ordenaba ella la pieza mientras él todavía estaba en cama; entonces la llamó junto al lecho, y cuando se llegó sin sospechar nada, le puso su pene en la mano. La escena no tuvo ninguna continuación, el extraño partió de viaje tiempo después (Freud, 1895: 247-48).
En los años subsiguientes se produce la emergencia de los fenómenos. La paciente afirma que las vecinas le tenían lástima por seguir soltera, esperando a aquel hombre. Freud señala que cuando la conversación recaía sobre dicha escena, la paciente la desconocía. Al respecto dirá:
[…] me empeñé en curar el esfuerzo hacia la paranoia restituyendo sus derechos al re- cuerdo de aquella escena. No se consiguió; le hablé dos veces, me hice narrar en hipno- sis de concentración todo lo que refería al huésped, y a mis insistentes preguntas sobre si empero no habría ocurrido algo “embarazoso”, recibí como respuesta la más tajante negación y… no volví a verla. Me hizo comunicar que eso la irritaba demasiado. ¡Defen- sa! Eso se discernía con claridad. Ella no quería que se lo recordaran, y en consecuencia lo había reprimido adrede (Freud, 1895: 248).
Freud muestra su empeño en aplicar el método de Breuer a la paranoia. Si las manifestaciones pa- tológicas de la paciente responden al olvido de la escena traumática, será la dirección de la cura llevar- la a recordar. Es así que aplicando a la psicosis el método formulado para la neurosis, encuentra por parte de la paciente “la más tajante negación” al recuerdo, que concluye no sólo en el abandono del tratamiento sino en la irritación de la paciente.111 Freud mismo ciñe en el escrito su posición de insis- tencia frente a la resistencia de la paciente al método. Por su parte, apela a la hipnosis de concentra- ción como una variación de la técnica que apunta a un estado intermedio entre la sugestión hipnótica propiamente dicha y lo que luego será la asociación libre.

En el esfuerzo por llevarla a recordar la escena traumática, interviene apuntando a la resonancia significante. Le pregunta si empero no habría ocurrido algo “embarazoso” [Peinlich], apelando quizá a la homofonía con “pene” [Penis], para reconducirla a la escena traumática. A pesar de hallarnos en los inicios de su obra, ¿no nos encontramos ya en el corazón de la experiencia psicoanalítica?

Ahora bien, el método no parece adecuarse a la presentación de la paciente. La insistencia de Freud, lo enigmático de su intervención, la dirección hacia la asociación libre, no lo ubican en un lugar





111 Véase un comentario al respecto en el capítulo 2.

propicio para intervenir. Lee el obstáculo en la resistencia de la paciente al método, lo interpreta como defensa -represión adrede- y obtura, de este modo, el camino de volver sobre sus propios pasos que lo habrían conducido al forzamiento del método. Ubica entonces un obstáculo, pero aún no se interroga por la relación del mismo con el método ni con su posición.

En el segundo caso que retomaremos, Freud emprende el ensayo terapéutico de la Señora P. bajo el diagnóstico de paranoia crónica, en 1895. Desplegará el caso en el contexto de sus desarrollos acerca de las neuropsicosis de defensa (1896). Intentará precisar la etiología sexual y el mecanismo de las alucinaciones. En la dirección del tratamiento de esta señora, Freud parte de la premisa de que en la paranoia habría pensamientos reprimidos y recuerdos inconscientes que podrían ser llevados a la conciencia tras vencer una resistencia, tal como acontece en las otras formas de neuropsicosis de de- fensa. Es así que se dispone a aplicar el método de Breuer para explorar y eliminar las alucinaciones. En este sentido, Freud se conduce bajo la expectativa de cierta similitud entre la paranoia y la histeria en cuanto a la aplicación del método. Dirá que la paciente se comportó en el análisis como lo haría una histérica, en tanto mediante la aplicación del método de la presión en la frente, variante del método catártico, reprodujo pensamientos que no recordaba haber tenido. Asimismo, señala una peculiaridad que le llama la atención y distancia a la paciente de la adecuación de la histeria al método: “la mayoría de las veces ella oía o alucinaba interiormente, como sus voces, las indicaciones que provenían de lo inconsciente” (Freud, 1896: 177).

Freud ubica el trauma infantil en diversas escenas de comercio sexual acaecidas entre la Señora

P. y su hermano desde su sexto hasta su décimo año de vida. Incita a la paciente a que reproduzca las escenas: “Durante este trabajo de reproducción, la sensación de órgano en el regazo intervino en la conversación, como es regular observarlo en el análisis de restos mnémicos histéricos” (Freud, 1896: 180). A su vez, acudían a la paciente alucinaciones visuales de regazos femeninos desnudos mientras relataba las escenas. Localiza asimismo como efecto de la reproducción de las escenas la desaparición de las sensaciones e imágenes alucinatorias. Pero en una nota al pie aclara que el rel a- to del análisis de la Señora P. fue escrito mientras la misma se encontraba aún en tratamiento (Freud, 1896: 180). Nos informa que al poco tiempo el tratamiento debió interrumpirse a causa de un agravamiento de su dolencia que conllevó su internación en una institución. Modifica el diagnóstico a dementia praecox, con el retorno de graves alucinaciones. ¿A qué responde el agravamiento del padecimiento de la Señora P.? Freud no hipotetiza sobre este punto.

Este tratamiento nos muestra la aplicación del método ideado para la neurosis en el campo de la pa- ranoia. Freud aborda a las alucinaciones visuales y de la sensación considerándolas síntomas del re- torno de lo reprimido, en todo como si se tratara de una histeria. Como hemos explicitado, las compa- raciones entre paranoia e histeria abundan en el relato del caso a nivel del método, no así en el de la trayectoria típica donde Freud compara a la paranoia con la neurosis obsesiva. Asimismo, ubica dis- crepancias en las que no se detiene. El agravamiento del estado de la paciente se erige como un obs- táculo que conllevó a la interrupción de la cura. Si bien Freud reseña el obstáculo a pie de página, no analiza su vínculo con el método. ¿Se debe a que aún no ha conceptualizado acabadamente al fenó- meno de la transferencia? Asimismo, dicho obstáculo, este empeoramiento de la paciente, ¿es posible adjudicarlo sin más a la aplicación del método?

En el inicio de sus teorizaciones, Freud se encuentra con la transferencia y la lee como un fenó- meno entre otros, otorgándole carácter de obstáculo. En Estudios sobre la histeria introduce por prime- ra vez el término, anticipando lo que posteriormente construirá como transferencia en psicoanálisis. Desde ya, la acepción que utiliza es mucho más restringida. La ubica en torno al “enlace falso” sobre el médico (Freud, 1893-95: 306). De este modo, Freud se tropieza con la transferencia en la clínica, en principio como un obstáculo, “resistencia” que perturba el tratamiento. En el historial de Dora define a la transferencia como formaciones de pensamiento inconscientes, mociones y fantasías que despiertan en un análisis y sustituyen una persona anterior por la persona del médico perturbando la dirección de la cura. Será en este mismo texto que podrá hacer del impedimento un motor, interrogando el obstácu- lo en articulación al método: “La transferencia, destinada a ser el máximo escollo para el psicoanálisis, se convierte en su auxiliar más poderoso cuando se logra colegirla en cada caso y traducírsela al en- fermo” (Freud, 1905: 103).

Por su parte, en el "Manuscrito H" esboza lo que más tarde tomará la forma de la incapacidad de la psicosis para establecer transferencias, y lo conducirá a llevar a la psicosis al terreno de lo inanalizable. Por un lado, respecto de la confusión alucinatoria nombra un desasimiento parcial del mundo exterior.

¿Se trata de una incipiente intuición clínica de lo que luego formalizará como retirada de la libido al yo?

Por otro lado, para la paranoia utiliza términos que destacan la “referencia a sí propio”. Afirma "La idea delirante es sustentada con la misma energía con que el yo se defiende de alguna otra idea peno-

sa insoportable. Así, pues, aman al delirio como a sí mismos. He ahí el secreto" (Freud, 1895: 250-51). Secreto que intentará desentrañar a lo largo de su obra y lo introducirá en la problemática de la transfe- rencia en la psicosis.




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