Buscando el verdadero mensaje del islam en las traducciones al español del sagrado coráN


TRADUCIR EL SAGRADO CORÁN: MÁS QUE UN TRABAJO DE TRADUCCIÓN



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TRADUCIR EL SAGRADO CORÁN: MÁS QUE UN TRABAJO DE TRADUCCIÓN


Hasta ahora, las traducciones del Corán al español […] reflejan más las mentalidades y las posturas frente al Islam que los significados de sus enunciados. En ellas queda patente la actitud particular del traductor, hija, en cierta medida, de las circunstancias de su formación y de su ámbito de trabajo. En consecuencia, habría que aceptar las traducciones del Corán a modo de interpretaciones, no tanto de su contenido como del efecto que aquel produce en el lector-traductor; y de las elecciones traductivas que este va realizando en razón de ello. Quien acceda a la traducción no estará leyendo, stricto sensu, el Corán, sino la versión del Corán, la guionización —como en las adaptaciones cinematográficas– de tal o cual traductor.”

La destraducción del Corán: recurso sustitutivo de la traducción. [Roser, 2009]
traducir. (Del lat. traducĕre, hacer pasar de un lugar a otro). tr. Expresar en una lengua lo que está escrito o se ha expresado antes en otra. | 2. Convertir, mudar, trocar.

| 3. Explicar, interpretar.”

Diccionario de la Real Academia Española.


Por lo general, con traducir nos referimos a pasar textos escritos de un idioma a otro. Con la aparición de programas de computador capaces de hacer traducciones de textos sencillos, se le ha dado a las nuevas generaciones la falsa impresión de que la traducción se reduce a introducir un texto en el computador, presionar un botón, y listo. El computador toma un diccionario bilingüe, encuentra las palabras de un idioma y escribe las palabras equivalentes.

Por supuesto, está el problema de las expresiones (what’s up? no puede traducirse por ¿qué está arriba?, sino por hola, o para ser más exactos, por alguna expresión coloquial local, como ¿entonces qué? [Col.] o ¿qué onda? [Méx.]) que cambian según la locación geográfica, la época, etc. Los programas modernos de traducción son capaces de manejar de forma medianamente aceptable algunas expresiones, pero generalmente solo cuando traducen del inglés hacia otros idiomas indoeuropeos.

También está la dificultad de palabras que tienen múltiples significados y varios sinónimos que funcionan en diferentes contextos, así como el hecho de que idiomas como el chino o el árabe tienen estructuras muy distintas a los idiomas indoeuropeos, que los programas actuales no manejan bien.

El proceso de traducción, entonces, resulta más complejo de lo que parece a primera vista. Por ello, ninguna traducción hecha por un software es confiable; las editoriales siguen contratando traductores y correctores lingüísticos humanos.

Adicionalmente, está la intención del traductor. Toda traducción es, en sí misma, una interpretación. El traductor toma, por ejemplo, un cuento de William Faulkner y pone en español las palabras que él considera que recrean mejor el cuento original según como él lo comprendió.

Luego, por ejemplo, un crítico podría estar en desacuerdo con su elección de lenguaje por considerar que el mismo traiciona la belleza del texto original, ya que el autor utilizó palabras de mayor elevación intelectual, a lo que el traductor podría responder que su trabajo está pensado para un público más amplio que aquel al que el autor originalmente se dirigía. Otro lector podría considerar que el traductor no supo entender el significado profundo detrás del texto original, y diría que la traducción ha quedado vacía de sentido, y se ha limitado a contar la historia sin transmitir lo que se puede leer entre líneas en el texto inglés.

A veces ocurre lo contrario: un libro pobremente escrito puede volverse célebre en un idioma distinto al de su autor, gracias al trabajo impecable de un traductor que enriqueció el texto original.

Pero también ocurre en ocasiones que el traductor, de forma consciente, hace cambios (a veces sutiles, a veces descarados) a su gusto, dándole un nuevo significado al texto en la traducción, según sus propias conveniencias o convicciones.

Por ejemplo, el embajador de España en Kenia en 2009, afirmó que en la solución del caso del secuestro del barco Alakrana, dejar de utilizar el traductor de los piratas e imponer su propia traductora fue un cambio que resultó decisivo para el rescate del barco, pues el traductor inicial tenía la intención de hacer fracasar las negociaciones, mientras que el objetivo de la nueva traductora era ayudar a que tuvieran éxito.

Este problema no se obvia con el uso de software de traducción automática, pues si bien en tal caso es una máquina la que hace la traducción, el software mismo ha sido programado según unos criterios particulares que reflejarán en las traducciones las decisiones tomadas en primera instancia por sus diseñadores.

Mercedes Fernández Durán, en su libro “Novela y Dictadores en América Latina”, nos da un ejemplo claro de cómo la intencionalidad del traductor puede cambiar por completo el mensaje de un texto. Ella hace un paralelo entre el texto de “El Príncipe”, de Maquiavelo, traducido al español y publicado por Editorial Porrúa de México en 1970, y el texto original en italiano de la misma obra, en edición de Ettore Janni, de 1950. En la traducción al español, se lee con respecto al rey Fernando V de España, que después de asaltar al reino de Granada,

[…] se entregó, sirviéndose siempre de la Iglesia, a una piadosa persecución y despojó y expulsó de su reino a los ‘marranos’. No puede haber ejemplo más admirable y maravilloso. Con el mismo pretexto invadió el África […]”

La intención del traductor era eliminar del texto cualquier crítica o ironía contra el rey español, ensalzándolo, lo que queda claro cuando Mercedes Fernández nos traduce, de manera más exacta, el texto italiano:

[…] se entregó, sirviéndose siempre de la religión, a una piadosa crueldad, cazando y limpiando su reino de ‘marranos’. No puede ser este ejemplo más miserable ni más raro. Con el mismo pretexto de la religión invadió el África […]”

La autora nos aclara al respecto:

Es evidente que si bien la glorificación de ciertos aspectos de la figura y las hazañas de Fernando V sigue siendo congruente, no lo son los comentarios —negativos para el traductor— de Maquiavelo respecto a un héroe cuyo ejemplo debe ser admirable y maravilloso […] Y sobre todo, no lo es el afirmar que Fernando V utilizó la religión como pretexto para sus campañas, en lugar de actuar movido por su fe y por inspiración divina.” [Fernández, 2008]

La traducción de cualquier obra compleja presenta estos y otros problemas. Umberto Eco intentó recopilar muchos de los inconvenientes de este oficio en su libro “Decir casi lo mismo. Experiencias de traducción”.

Muchos autores y académicos han asegurado que es imposible traducir una obra literaria. ¿Qué decir entonces del Corán, la obra más grandiosa jamás escrita en lengua árabe?

Dahlia Sabry, profesora de inglés en el Centro de Idiomas y Traducciones de la Academia de Artes en Guiza, Egipto, afirma en su ensayo “Rastreando la islamofobia en las traducciones del Sagrado Corán más antiguas”:

El hecho de que la difamación del Islam ha ido en aumento en los últimos años puede ser apoyado por muchos. Los medios occidentales han propagado la supuesta afirmación de que el Islam es una religión que cultiva la violencia y promueve el terrorismo. Sin embargo, algunos pueden no ser conscientes de que el inicio de este movimiento está profundamente enraizado en el pasado. Quizás uno de los factores más importantes que difunden gran cantidad de ideas erróneas sobre la religión de los musulmanes, se remonta a las primeras representaciones de los significados del sagrado Corán en lenguas occidentales.” [Sabry, 2012]

Varias veces en la historia, se han dedicado grandes esfuerzos a realizar y difundir traducciones del texto coránico, acompañadas generalmente de voluminosas introducciones y gran cantidad de comentarios, en donde se tergiversa por completo el sentido y el contexto del último mensaje enviado por Dios a la humanidad. Por fortuna, los musulmanes tenemos preservado el texto original en árabe, tal y como le fue revelado al Profeta (B. y P.), gracias a la transmisión tanto escrita como oral del mismo. Así, siempre es posible remitirnos al original para refutar estas “traducciones,” que más bien son rescrituras sesgadas, algunas hechas con una saña sorprendente.

Solo el texto original en árabe es considerado como Corán, palabra de Dios. Esta afirmación no es el capricho de algunos eruditos o religiosos, sino que se debe a varias cosas, entre ellas:



  1. Dios es Sabio, si Él eligió el árabe como idioma para Su mensaje final para toda la humanidad, nadie puede pretender que otro idioma pudo haber sido igual o mejor para transmitir la palabra del Creador. Él sabe más.

  2. El Corán no es un libro impreso. Cada copia impresa del texto coránico se denomina musjaf, mientras que lo que llamamos Corán son las letras, las palabras, los sonidos, las pausas, los acentos, la estructura, las historias, los conceptos, y los mensajes y normas contenidos en el texto coránico. Así, el Corán puede estar impreso en papel o cualquier otro material, publicado en una página web, o almacenado en una memoria electrónica. Pero eso es solo parte del Corán. El Corán también es, por ejemplo, la recitación que se hace del texto y la forma como se pronuncia. Entonces, también puede estar grabado en audio en un disco compacto o en archivos de MP3. La belleza del Corán en su estructura, en sus figuras literarias, en la forma como tiene entretejidas las palabras, en los sonidos que produce su recitación, etc., solo se encuentra en el original árabe. El lugar idóneo para su almacenamiento, preservación y transmisión, es la mente y la vida de los musulmanes que lo leen, estudian, recitan, memorizan y ponen en práctica a diario.

  3. El Corán se mantiene intacto. Esto significa que cada palabra, cada letra, cada sonido del texto coránico, se lee, escribe y recita hoy día tal y como hace más de 14 siglos, cuando el Profeta (B. y P.) recibió la Revelación y la enseñó a sus seguidores. Solo el original árabe cuenta con esta virtud.

  4. Ya que el Corán es la palabra de Dios en la que están contenidos los preceptos de vida para todo musulmán, preservar y conocer las palabras exactas que Dios transmitió a Su mensajero y, a través de él, a toda la humanidad, es fundamental. Solo así el musulmán puede conocer con exactitud las normas y los principios bajo los cuales se ha comprometido a vivir. Y esas palabras exactas solo están en idioma árabe.

  5. Toda traducción lleva consigo una interpretación. La única forma de conocer cuál es la interpretación más correcta del texto coránico, es conociendo y estudiando el texto original revelado por Dios mismo, así como los dichos del Profeta (B. y P.), quien puso en práctica el Corán en cada acto de su vida. Ya que el Islam es una religión sin clero, el musulmán no depende de la interpretación de unas autoridades religiosas, pues siempre es posible estudiar y analizar la fuente primera del mensaje divino, en su forma y su idioma originales.

Sin embargo, para quien no habla árabe, tanto el musulmán como el no musulmán que desea conocer sobre el Islam y su libro sagrado, la única posibilidad de acercarse al mensaje coránico reside en las traducciones. Estas no pueden acercarse a la belleza y la profundidad del Corán, pero su importancia para llevar el mensaje coránico a millones de personas que no pueden leer el original en árabe, es enorme.

Con el tiempo han aparecido traducciones cada vez más serias y honestas, más cercanas al verdadero mensaje coránico, y este quizás sea uno de los factores que han convertido al Sunismo1 en la denominación religiosa con mayor número de fieles en el mundo en la actualidad.

Algunas personas minimizan los problemas de las traducciones y afirman que, en últimas, los cambios de una traducción a otra no pueden ser mayores, o que aún si hay cambios importantes en el texto, lo importante es que el sentido se mantenga. Con esa mentalidad, por ejemplo, muchos cristianos creen que las grandes diferencias entre las distintas versiones, traducciones y revisiones de la Biblia, no cambian su mensaje original. Pero veamos un caso concreto:

En 2004 se presentó la muerte de cuatro personas en un hospital en Francia, donde los pacientes se vieron expuestos a una sobredosis de rayos X. El problema se produjo porque el manual de instrucciones del software del equipo médico tenía problemas de traducción. Un total de 23 pacientes de cáncer de próstata en la localidad de Épinal se vio afectado por los errores de dicha traducción.

Cada tipo de traducción requiere de unas habilidades y una cualificación diferentes. Si se quiere traducir, por ejemplo, un tratado sobre técnicas de reconstrucción facial para reconocimiento de cadáveres, no basta con ser un traductor calificado, es necesario tener conocimientos profundos de antropología forense y de la jerga de la misma en ambos idiomas. Las muertes en el hospital francés seguramente se habrían evitado si el traductor hubiera tenido un buen conocimiento del equipo médico cuyo manual de instrucciones estaba traduciendo, incluyendo conocimientos básicos de medicina y de programas de computador.

Igualmente, si se quiere traducir la poesía de Rimbaud al español, no solo hay que entender muy bien el francés del original: hay que saber de poesía, hay que conocer al autor y su obra, y hay que tener un enorme dominio del español para escribir la traducción, que ha de ser poesía de un nivel lo suficientemente elevado como para hacerle honor al original. Por eso mismo, no es igual leer una traducción al español de una obra de Franz Kafka hecha por un ingeniero latinoamericano muy versado en idioma alemán, que una traducción de la misma obra hecha por Jorge Luis Borges.

Ahora bien, el Corán es la obra máxima del idioma árabe. Su texto contiene prosa y poesía de un nivel tan elevado que no ha conocido par en más de 14 siglos. Toda la gramática del idioma árabe proviene del Corán.1 La riqueza de sus significados va más allá de las meras palabras que contiene su texto, y a pesar de su erudición y gran calidad, está dirigido a toda la humanidad, no a una élite de estudiosos y de iluminados.

Esto significa que un traductor del Corán al español debería, como mínimo, tener un gran conocimiento del idioma árabe, un gran conocimiento del texto coránico, y un gran domino del idioma español, para dar como resultado el texto más elevado y a la vez claro, hermoso y sencillo de que sea capaz un literato. Por lo tanto, resultan inaceptables las traducciones que no se hacen a partir del texto original árabe, sino a partir de traducciones hechas previamente a otros idiomas. La mayoría de las traducciones de los significados del Corán al español hechas por orientalistas, y algunas hechas por musulmanes, son traducciones de traducciones previas al francés y al inglés, como se analiza más adelante. Al respecto, Ahmed Abboud escribió en 1952, en la introducción de su propia traducción:

Conocíamos las muchas traducciones realizadas y sabíamos que muy pocas eran fiel reflejo del original y, de éstas, ninguna en la lengua española. Las versiones españolas aparecidas hasta entonces [1943], habían sido traducidas de lenguas intérpretes, nunca de la arábiga, de lo que surgía la grave pérdida que significan dos trasiegos idiomáticos manejados con la más amplia liberalidad literaria.” [Abboud y Castellanos, 1979]

Sin embargo, el Corán es mucho más que el texto literario de la más elevada calidad y de la belleza más sublime. Es además, un texto complejo que conjuga relatos históricos verídicos (algunos de ellos corroborados solo gracias a descubrimientos arqueológicos recientes), revelaciones científicas que solo han llegado a entenderse con el desarrollo de la ciencia moderna, normas de conducta que han guiado a personas que han pasado a la historia por su rectitud y su justicia, leyes que desarrollaron la mejor civilización que ha visto la historia de la humanidad, y por supuesto, una teología sencilla, pero de gran amplitud y profundidad, fundamentada en el más puro y estricto monoteísmo. Por ello, el traductor de los significados del mensaje coránico debe ser un conocedor de las ciencias coránicas y un estudioso permanente del Islam y de su historia.

Tales cualidades son difíciles de encontrar en una única persona. Por ello, las mejores traducciones del Corán son obra de más de uno. En ellas se involucran, además del traductor (o traductores), revisores expertos en diversas materias, a fin de lograr la traducción más fiel tanto al texto original en sí, como al entendimiento que del mismo han tenido los eruditos a lo largo de más de 1.400 años.



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