Buscando el verdadero mensaje del islam en las traducciones al español del sagrado coráN



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PRESERVACIÓN Y TRADUCCIÓN DEL CORÁN


En el nombre de Dios, el Más Clemente, el Más Misericordioso.

Con esta fórmula comienzan todos los capítulos del Corán excepto uno, y con la misma, comenzamos los musulmanes todos los actos de nuestras vidas.

La vida del musulmán está regida por el Corán. Los musulmanes estamos convencidos más allá de toda duda, de que el Corán es la palabra literal de Dios. Él envió a la humanidad, a todos los pueblos que han existido, en todas las épocas, profetas que transmitieron siempre un mismo mensaje: “Hay un solo Dios, Uno y Único, Creador, Dueño y Señor de todo cuanto existe, solo a Él pertenecen todas las adoraciones y alabanzas, y de Él proviene todo lo que nos ocurre, tanto lo bueno como lo malo.”

Algunos de esos profetas fueron también mensajeros, es decir, les fueron entregadas leyes y normas que fueron consignadas en libros llamados revelados, cuyo contenido provenía directamente del Creador. El Islam enseña que la Tora1 fue revelada a Moisés, los Salmos a David y el Evangelio a Jesús (que la Paz de Dios sea con todos ellos),2 quienes son considerados profetas del Islam.

Pero las investigaciones realizadas durante los últimos 600 años por eruditos bíblicos, tanto judíos como cristianos, han demostrado que todos los libros de la Biblia han sufrido diferentes tipos de alteraciones a lo largo del tiempo: adiciones, supresiones, errores de traducción, cambios intencionales en el texto, etc.

Ya desde hace más de 1.400 años, el Islam ha enseñado que todos los libros revelados fueron alterados con el tiempo. Sin embargo, el Corán fue revelado para toda la humanidad y es la última revelación de Dios a los hombres, por ello es indispensable que se mantenga intacto hasta el fin de los tiempos.

Dios mismo ha prometido en el propio texto coránico que Él preservará siempre el Corán. La larga tradición de memorización, transcripción, estudio y enseñanza del Corán, desde el momento mismo en que comenzó su revelación, nos ha dejado no solo manuscritos antiquísimos que contienen exactamente el mismo texto en árabe que hoy se imprime con técnicas modernas, sino también, a cientos de miles de personas que han memorizado todo el Corán y lo recitan a diario, formando parte de una cadena ininterrumpida de memorizadores que lo han transmitido de generación en generación por todo el mundo a lo largo de estos catorce siglos, cadena que comienza con el propio Profeta.

Antes de la muerte del Profeta (que las Bendiciones y la Paz de Dios sean con él), el texto coránico ya se había puesto por escrito en diversos fragmentos, y ya existían docenas de memorizadores que lo habían escuchado directamente de labios de Mujámmad (B. y P.) De este modo, si alguien en cualquier momento de la historia hubiera pretendido alterar el Corán, le habría sido imposible: no solo tendría que haberlo cambiado en todas las copias preservadas, cuidadas por personas devotas que arriesgaron su vida para proteger al Islam, sino que habría debido cambiarlo también en la mente de todos los memorizadores, que hasta el día de hoy lo recitan en público a diario.

El Corán es un texto que incluye relatos de eventos históricos, datos científicos que han venido a comprobarse con las ciencias modernas, palabras de consuelo para los creyentes, profecías (algunas de las cuales se han cumplido ya, y otras cuyo cumplimiento aún esperamos), y descripciones de cómo será la vida después de la muerte.

En su mayor parte, se compone del mensaje del monoteísmo puro: Dios es Uno, Único, Indivisible, es el Dueño y Señor de todo cuanto existe, no se parece a nada ni a nadie, no podemos representarlo en forma alguna, toda fuerza y todo poder provienen solo de Él, no ha engendrado ni ha sido engendrado, es Eterno y Perfecto, Misericordioso y Justo, Amoroso y Generoso, no tiene copartícipes ni asociados. Él gobierna y controla el universo entero en solitario, solo Él tiene conocimiento completo de lo oculto, y solo en Él podemos confiar cuando necesitamos ayuda y guía. Dependemos completamente de Él, mientras que Él no depende de nada ni de nadie. Nada ocurre en el universo sino por Su voluntad, y nada ni nadie merece ser adorado sino solo Él.

También, casi un tercio del Corán está compuesto por normas que rigen la vida de los musulmanes, tanto de modo individual como en sociedad. Esas normas convirtieron a un puñado de tribus bárbaras sin arquitectura, caligrafía ni ciencia, en la mayor civilización del mundo, la más avanzada técnica, artística y científicamente de su tiempo, cambiando por completo el curso de la historia.

Esa civilización, la civilización islámica, fue el faro del mundo en todas las áreas del conocimiento durante mil años, gracias a que desde un principio, el Islam hizo énfasis en la importancia de la alfabetización y en la obligación de buscar el conocimiento. Sin el conocimiento desarrollado por los musulmanes, no habrían ocurrido el Renacimiento ni la Ilustración en Europa. En palabras de César Benattar:

La influencia musulmana sobre la civilización cristiana es irrefutable. Los musulmanes son quienes revelaron la filosofía griega a Europa, fueron ellos quienes hicieron conocer a los cristianos la doctrina de Aristóteles.” [Benattar, El espíritu liberal del Corán, 1909; citado en: Abboud y Castellanos, 1979]

Por ello, los musulmanes estamos convencidos de que esas mismas normas, que se han mantenido intactas, pueden hacer resurgir esa gran civilización y solucionar así los graves problemas económicos y ecológicos que tiene la humanidad hoy día.

Debido a lo anterior, considero que para los no musulmanes, contar con una traducción del Corán fiel a su mensaje y a su espíritu, es poseer una fuente importante de conocimiento para ver y pensar al hombre y al mundo de una manera distinta, para conocer otra forma de desarrollar una civilización, una propuesta diferente que tiene mucho que aportar a la sociedad actual, para detener la decadencia del ser humano y la destrucción medioambiental de que somos testigos.

De ahí que sea de la mayor importancia que el mensaje coránico se mantenga intacto durante el proceso de traducción. Y precisamente por eso, hacer traducciones acomodadas que tergiversan el mensaje coránico, ha sido a través de los siglos la mejor forma de satanizar a los musulmanes, impedir a los no musulmanes conocer el Islam, y también, dividir a los musulmanes en sectas, desviándolos del camino original trazado por Dios mismo y seguido por el Profeta Mujámmad (B. y P.) y por las primeras generaciones de sus seguidores.

A lo largo de la historia, quienes han buscado la forma de atacar el Islam o de justificar sus guerras contra los musulmanes, han dado gran importancia a traducir el Corán de manera acomodada, incorrecta.

Por fortuna, a pesar de los ataques permanentes, en la última década ha crecido en gran medida el interés genuino por conocer el Islam, así como el número de occidentales que apoyan a los musulmanes, y también el de quienes se “convierten” o regresan al Islam.

Desde la traducción al español más antigua que se conserva completa, el Corán de Toledo de 1606, hasta la última traducción que ha salido de las imprentas, la del Lic. M. Isa García de 2014, contamos con un número importante de textos que pretenden ser representaciones verdaderas de los significados del Corán en idioma español.

Algunos consideran que las mejores traducciones son aquellas que provienen de orientalistas occidentales, que al ser académicos no musulmanes, supuestamente tienen una visión más “objetiva” a la hora de realizar la traducción.

Otros piensan que una traducción, por el hecho de ser realizada por un musulmán, es más confiable.

Sin embargo, siendo el Corán un texto tan complejo y de una importancia tan grande para la historia de la humanidad, se hace necesario realizar una selección más cuidadosa a la hora de elegir una traducción de su mensaje. Por ello, he analizado las diferentes traducciones del Corán al español con base en los siguientes criterios:



  1. Traducción completa. Quedan fuera de consideración traducciones parciales como la de Francisco Cardona (El Corán y el Talmud), la de Andrés Borrego (El Corán traducido al castellano) y la de Alfonso Colodrón (La esencia del Corán, el corazón del Islam), así como los múltiples manuscritos moriscos y mudéjares que contienen traducciones parciales del Corán en español escrito con el alfabeto árabe (la aljamía o “escritura aljamiada”), y otras traducciones medievales fragmentarias o de las que solo han sobrevivido menciones o fragmentos en otros textos, como la del alfaquí Isa de Yebir de 1455 (hecha por encargo de Juan de Segovia), la del sacerdote Juan Andrés de Játiva en el siglo XVI (hecha por encargo del obispo de Barcelona, Martín García) y la traducción del francés al español que mencionó el jesuita Tirso González en el siglo XVII.

  2. Traducción disponible. Solo hago reseñas de traducciones que pude revisar directamente. Fuera de reseña, cito algunas traducciones que he llegado a conocer a partir de estudios y reseñas de otros autores. No logré conseguir copia de la traducción del Dr. Adnan Ainathi, publicada en Beirut, Líbano; espero poder revisarla más adelante e incluirla en una segunda edición del presente trabajo. Quedan fuera de consideración textos cuya existencia solo consta por alguna referencia de otro autor, como las traducciones directas del árabe al español de Aníbal Rinaldi, de 1880 (de la que no se conserva copia), y la de Saifuddin Rahhal y Santiago Peralta, publicada en Buenos Aires en 1945 (de la que solo se conserva una parte). También quedó fuera de revisión la traducción del Tafsir Al Curtubi hecha por Zakaria Maza Vielva, a la que tuve solo acceso parcial y que, en todo caso, es la traducción de toda una obra de exégesis y no solo del texto coránico.

  3. Nivel de conocimiento del traductor del idioma árabe y del idioma español.

  4. Fidelidad al texto original en árabe (sin caer en literalismos que oscurecen el texto final).

  5. Conocimientos del traductor respecto a las ciencias coránicas en particular y al Islam en general, así como su fidelidad al verdadero espíritu del mensaje coránico.

  6. Revisión por parte del autor de obras importantes de exégesis1 del Corán, reconocidas y ampliamente aceptadas a lo largo de la historia islámica.

  7. Empleo mínimo de extranjerismos y palabras árabes sin traducir dentro del texto en español, que dificultan la lectura y oscurecen el texto final.

  8. Conocimiento de la cultura y la historia islámicas.

  9. Intencionalidad detrás de la traducción.


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