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CAPITULO VI Gracias Señor “Anna Frank”



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CAPITULO VI

Gracias Señor “Anna Frank”
Durante el verano de 1977, tenía casi 12 años, y mi padre nos había invitado a ir a Acapulco. Tras unos 10 días en México, visitando a mi abuelita Tere, papá pasaría por nosotros y de ahí volaríamos a la playa… Estaba realmente excitado por ver el mar y tocar la arena por primera vez.
Mi papá y mi abuelita Tere, la mamá de mi mamá que vive en la Capital, no habían arreglado todavía sus diferencias por lo del divorcio entre mis padres ocurrido hacía casi 4 años entonces, así que papá pasó por nosotros en la esquina de la vieja casona en que mis abuelos habían vivido desde 1936, ahora solo habitada mi abuelita y una prima suya de nombre Amparo.
Era temprano por la mañana de ese Domingo. Iríamos a desayunar a un sitio que ya no existe y que se ubicaba en el pasaje comercial del edificio del Hotel del Prado, que se vino abajo con el horrendo temblor de Septiembre 1985.
Sin embargo esa mañana del verano de 1977 significaría para mí algo más que un desayuno antes de ir de vacaciones a la playa. Mientras llegaba la comida, Mónica y yo decidimos ir a “explorar” por el sitio, sin saber que al final del camino de esa inocente exploración recibiría una sorpresa, la cual me duraría para toda la vida.
Salimos pues Mónica y yo a recorrer los pasillos de almacenes cerrados, tanto por la temprana hora como por ser Domingo. Sin embargo un lugar estaba abierto, era una librería. Mi padre siempre tuvo libros leyendo, así que su ejemplo me puso en contacto con los libros desde muy pequeño.
Papá me había charlado por ese entonces de una niña que se llamaba Anna Frank, holandesa que escribió sobre sus vivencias en la Guerra y su forma de sobrevivir la mayor parte de la invasión alemana en su país, por lo que por curiosidad y sin tener un peso en el bolsillo pregunté al dependiente…
- De casualidad tiene el Diario de Anna Frank?

- No estoy seguro, déjame ver. Primero dame oportunidad de atender al señor… - Me dijo seriamente


Entonces me percaté que había sido algo grosero al preguntar, ya que antes que yo estaba uno hombre mayor, alto (a esa edad me pareció altísimo!), vestía un traje y corbata, sombrero y bastón elegantes… usaba un bigote blanquísimo. Tenía unos cinco o seis libros gruesos en el mostrador y estaba por finalizar la compra, por el trato que se daban me dio la impresión de que se conocían desde hacía años…
- Por favor tráele el libro que pidió el joven, yo puedo esperar.

- Bien… esperá un poco, sé que lo tengo adentro.

El hombre de sombrero me miró y nos sonrió amablemente a Mónica mi hermana y a mí, mientras el dependiente regresaba con un libro de pastas grises y el dibujo de una niña en la portada. Lo hojeé por unos instantes mientras el hombre mayor era atendido de nueva cuenta. Tras unos minutos lo puse en el mostrador y le di las gracias al dependiente…
- No lo vas a llevar? - Preguntó el caballero de sombrero.

- No señor, gracias.

- Llévatelo, yo te lo regalo.
Tardé unos segundos en reaccionar…
Habla usted en serio? - Pregunté con gran sorpresa.

- Claro hombre! - Dijo mientras sonreía!

- G-Gracias… De verdad muchas gracias… Muchas Gracias… Muchísimas Gracias!

- De nada hombre, de nada…- Me dijo al tiempo de sonreír.



Mónica miraba incrédula la escena, para los niños es muy importante cuando un adulto los toma en cuenta… y yo no simplemente había sido tomado en cuenta, sino hasta recibido un regalo.
Tal vez ese hombre vio en mí el deseo de conocer la vida de una era que a él le había tocado vivir, en las palabras de una nena de más o menos mi edad en la década de los 40’s. Tal vez deseaba propagar la semilla del gusto por la lectura con alguien que apenas empezaba la vida…
Por lo que fuera, mil gracias “Señor Anna Frank”, porque tocó usted a un niño de una forma muy especial. Gracias a ese libro averigüé lo que era un diario íntimo, el desahogo de escribir y el tesoro que es recordar lo vivido en detalle para poder crecer a partir de ello.
Hasta ahora las páginas de este libro que leés habían sido la recopilación de mis recuerdos, pero si te fijaste, el último párrafo del capítulo anterior lo feché. Eso significa que a partir de ahora este libro se convierte en un diario… Leerás palabras de ira, de tristeza, de dolor, esperanza y hasta de injusticia, producto de haber sido escritas a apenas horas de haber ocurrido los sucesos descritos.
Pero no te preocupés, no soy tan maricón como para iniciar cada entrada con un “Querido Diario” ó poniéndole el nombre de “Miss Kitty” que Anna Frank le dio al suyo… tampoco espero ser tan famoso con estas líneas como ella lo fue, especialmente porque no pretendo ser un mártir de la homosexualidad!
Me costó tanto aprender que a alguien puede servirle mi experiencia. Te doy mi palabra que lo que estás leyendo es totalmente la verdad, los pequeños enmiendos que hice en este relato no los hice en los hechos, sino en los personajes de este libro a fin de proteger su identidad, fuera de eso el resto es verdad, mi verdad.
Sin embargo quisiera establecer los eventos que pasaron entre el 29 de Mayo de 1987 en que feché las últimas líneas y mi primera entrada del capítulo siguiente, especialmente porque a partir de ese siguiente capítulo esto se convierte en un diario de verdad.
Cuando regresé de México las cosas se tornaron bastante bien entre Cassandra y yo, repetimos nuestra experiencia sexual esta vez sin Edgar y fue totalmente un éxito, lo repetimos varias veces… Era como vivir en un sueño, era el vivir lo prohibido de lo prohibido, que al final de cuentas era realmente lo correcto! Estaba tan enamorado de Cassandra y ella me necesitaba tanto… me hacía sentir tan necesario…
Las cosas con Arturo iban exactamente en dirección contraria. Una tarde de miércoles Larrondel me citó en su departamento y charlamos, su comportamiento se hizo más romántico y yo aproveché la ocasión para insinuarme sexualmente con él, por las discusiones nuestra vida íntima se había ido deteriorando a pasos agigantados.
Comenzamos el juego… nos besamos y poco a poco nos desvestimos… Ese tipo de situaciones las disfrutaba al máximo porque yo tenía que trabajar muchísimo para poder construir el momento. Al desvestirnos poco a poco sus caricias se tornaron demasiado agresivas al grado de que me molestó su forma de tratarme y me negué a continuar…
- Ya… ya… no puedo más… Dejemos esto Arturo. No sé que te pasa!

- No que querías verga? Pues ahora te aguantas!

Mi sorpresa por sus palabras me llenaron de tristeza y no opuse más resistencia, sus caricias me herían menos que su proceder… pensé que mis lágrimas y mi abandono de alguna manera le habrían hecho reaccionar, pero no era así… de golpe se levantó de la cama y se fue a terminar encerrado en el baño, una vez que se percató que yo estaba sangrando de mi trasero.
Esa tarde me sentí violado física y emocionalmente. Estaba tan confundido… y tan descompuesto. Mientras Arturo estaba en el baño masturbándose yo me limpié la sangre y me vestí. Me alcanzó al llegar a la puerta de salida y me dijo…
- No sé lo que me pasó…

Sin responderle me salí de ahí. Estaba tan triste y tan enojado conmigo mismo… el dejarle que me penetrara no era algo que yo disfrutara, se lo había hecho saber en varias ocasiones, pero también le dije que me parecía justo que lo hiciéramos al 50%, una vez él y una vez yo… desafortunadamente esa vez me tocaba… y me tocó la de perder.


Al día siguiente, jueves, se portó conmigo como una seda… era como si realmente quisiera arreglar la situación. Para alguien que está realmente enamorado el rencor no es posible, y bajo esas circunstancias cualquier explicación es suficientemente válida. Me vi en la opción de dejarlo o continuar… Mi vida simplemente no podía andar sin él. El se había convertido en el centro de mi vida, no podía dejarlo ahora… no podría continuar.
Las energías de Larrondel se habían centrado ese día en una intempestiva fiesta que daría la noche siguiente de viernes en su departamento, Cassandra tenía ya una semana de que se había retirado a vivir finalmente con Diana en su departamento.
La noche del Jueves nos despedimos, quedamos de comer al día siguiente en mi casa como de costumbre, y él se quedó con el auto porque haría varias compras para esa fiesta, pero antes me había dejado en casa, nos despedimos como siempre y mientras él arrancaba el auto, yo le miraba partir en mitad de la calle hasta que doblaba la esquina, vi perderse las luces rojas del auto blanco y entré a la casa.
Me preparé para dormir, después de todo el día había sido bastante productivo y había que reponer fuerzas para el día siguiente, que sin saberlo cambiaría mi vida emocional para siempre…
Así estaban las cosas para esa noche de 4 de Junio de 1987 y con esto se acaba este capítulo para pasar a la primera entrada de mi diario.

CAPITULO VII

Dios Mío!

Cómo desearía arrancar el día de ayer de mi vida, simplemente no haber despertado y que mi existencia jamás hubiera tenido que vivir el día 5 de Junio de 1987. Cómo ha cambiado mi vida en las últimas 24 horas, apenas puedo creer lo que me ha pasado.


Ayer por la mañana me levanté temprano como siempre y me fui a la escuela tarde, no tenía clase sino después del mediodía, pero me pareció demasiado holgazán de mi parte el quedarme como ostra en mi casa hasta las 2 de la tarde.
Al llegar a la Facultad, a eso de las 11 de la mañana, estaba ahí La Güereja y como de costumbre las cosas se tornaron graciosas y amigables. Cuando charlaba y reía con ella, llegó la hora de que Alejandra se fuera laboratorio, así que se fue de inmediato a clase; iba tarde la Srita. Del Moral como de costumbre y me dejó solo.
Iba yo por el pasillo, frente a la ventanilla del 10º. Semestre, cuando por primera vez en siglos uno de los maricones de la facultad, que muy esporádicamente se juntaban en el grupo de Arturo, me tomó del brazo y me dijo…

- Lito, podemos hablar?? - Me dijo en tono de cotilleo.

- Claro Marco. - Respondí sorprendido.
“Lito???” me dije… “Este se trae algo”. Nunca fuimos nada cercanos y siempre me trató con cierta distancia, además ni siquiera nos saludábamos en los pasillos… Pero ayer por la mañana me trató como si fuéramos los mejores amigos, me tomó del brazo y me llevó a uno de los corredores de afuera, uno de los que conducen a la cafetería
- Ya te enteraste?

- De qué? - Respondí más por entablar conversación que por curiosidad.

- Así que todavía no te enteras del desmadre eh?
Me miraba con mucha insistencia a los ojos, como si buscara algo..
- Ahí tenés que ayer (4 de Junio) Carlos Robles, “La Gina” y su marido Filiberto “Barbarita” tuvieron una pelea. - Me dijo.

- Una pelea? - Pregunté sorprendido.

- El pleito se dio porque Arturo se acostó con Carlos y todos lo sabíamos menos Filiberto…

- Arturo? Qué Arturo?? - Pregunté interrumpiendo.

- Pues cuál ha de ser? El tuyo! Arturo… Arturo Redondel! Perdón, Larrondel.

- Ah… Pues que mala pata… Yo ya lo sabía… - Mentí de inmediato ocultando mi estado de conmoción.

- Puesss… Pues sí. Todo mundo sabíamos que Arturo se había acostado con Vladimir Rodríguez, pero… - Finalizó en tono de sarcasmo - … como siempre el último en enterarse es el afectado.

- Pero te digo que yo ya lo sabía. - Le respondí tranquilo.


Se hizo un pequeño momento de silencio, él desesperadamente buscaba alguna lágrima en mis ojos, algún resquicio de mi devastación interna, pero eso no sucedió… Realmente no sé de donde saqué entereza para no quebrarme en llanto en ese minuto.

- Ah! Bueno…. Mmmmmmmmmmmh… P-Pues te dejo que tengo que irme… Me voy a… a… - Titubeó - a… a la… Secretaría a arreglar una papelería y luego te veo.


Se dio la media vuelta y lo vi partir. Había terminado de destilar su asqueroso veneno.
Sentí que todo era mentira… tenía que serlo! Ciertamente que Larrondel me trataba mal ocasionalmente, es más últimamente las cosas se habían agudizado mucho… pero de eso a que él fuera capaz de… Imposible!
Ese golpe me hizo darme cuenta de lo mucho que amo a Arturo Larrondel… “Mi vida sin él no puede seguir… no podré resistir si todo esto fuera cierto!” me decía a cada pensamiento que me asaltaba en la cabeza.
De Carlos E. Robles qué puedo decir?? Una vez que el círculo de “amigos” de Arturo me volvieron la espalda tras mi inmediato ingreso a ellos, a excepción de las abuelas y de Adrián en ocasiones, solo Carlos me trató siempre bien, con una sonrisa… él y Arturo en una cama… juntos… haciendo… Ni siquiera podía imaginármelo!
Estaba totalmente perdido, no sabía qué hacer… era como si la vida de pronto me hubiera sacado de mi propia vida… “Qué hago ahora?” Estaba dando vueltas por la Facultad, subiendo escaleras sin rumbo, mientras mis sueños se iban quedando abajo… sueños que no regresarían a mi vida jamás… y entonces lo sabía…
Pero cabía la esperanza de que esto fuera una mentira… Luego de caminar un poco me encontré providencialmente a una compañera que vivía por el rumbo de Diana y Cassandra, así que le pedí un aventón, yo no tenía nuestro auto (de Arturo y mío), porque él lo necesitaba para hacer las compras de una fiesta que había improvisado en su departamento esa noche de viernes.
Cuando subía las escaleras para ver a Cassandra, me di cuenta que Diana estaba en casa. Necesitaba estar con gente que me quisiera y Diana y Cassandra significan mucho en mi vida… esta era una verdad demasiado grande como para callármela o actuar solo en mis pasos a seguir. Llegué y les conté lo ocurrido. Diana me dijo algo en lo que no me había percatado…
- Rordás que desde aquella noche en que se quedó Carlos a dormir con Arturo, hará cosa de diez o quince días, no ha vuelto a aparecerse? No visita a nadie y ni siquiera sale en las conversaciones frente a Arturo como antes…

- Vos sabés que jamás me gustó Arturo para vos… Se ha portado como un verdadero patán con vos… - Exclamó Cassandra.

- Cassandra! Este no es el momento de echar más leña al fuego! - La interrumpió Diana Puerto.

- Es que esto ya es el colmo! - Concluyó molesta Cassandra de Monteblanc.


La noche a la que se refería Diana, en que Carlos E. Robles había pasado la noche con Arturo Larrondel, correspondía a la del 23 de Abril de 1987. Esa tarde la pasamos juntos los cuatro, y por la noche invitamos a Carlos a cenar con nosotros, para terminar todos en el “Scorpio”. Nos la pasamos muy bien.


Al terminar nuestra reunión en la discoteca de ambiente, todos fuimos a dejar a Arturo a su departamento, y en mis narices lo invitó a quedarse. Carlos vivía muy lejos del Hospital Civil y entonces estaba haciendo sus prácticas como pasante ahí, por lo que la invitación no sonó anormal.
- De acuerdo Arturo, gracias por el ofrecimiento. Son ya las 2 de la mañana y tengo que estar en la guardia a las 7:45. Me regalas una hora de sueño. - Respondió entonces Carlos.

- Nos vemos Carlos… Dame un beso Arturo… - Agregué.

- Te quiero mucho Lito. - Me dijo mientras me besaba en el auto de Diana.
Habría ocurrido de verdad algo entre ellos?? Al día siguiente y en los subsecuentes no noté nada raro en el carácter de Arturo, en su comportamiento… bueno, fuera de la práctica violación que había hecho de mí.
- Bueno Lito… Y qué vas a hacer? - Preguntó molesta Cassandra, sacándome de mis pensamientos.

- P-Pues aclarar todo este lío! Voy a ir a casa de Carlos a comentar todo esto con él.

- Me parece bien. No está bien que te quedes solo ahora Lito. Cassandra y vos me llevan al trabajo y después usen el auto para sus vueltas. Supongo que Arturo tiene la Caribe de ustedes verdad? - Dijo Diana Puerto.

- Sí. - Respondí con sequedad.

- De cualquier manera no estás en posibilidad de andar manejando Lito. - Puntualizó Cassandra.

En el fondo abrigaba que todo esto fuera un malentendido, una intriga burda de alguien que solo deseaba acabar con mi relación con Arturo. Luego de dejar a Diana en su trabajo, Cassandra y yo nos enfilamos al Hospital Universitario, pero al llegar nos informaron que ”el Dr. Carlos E. Robles había salido de su turno ya.”


Nos dirigimos a su casa, que está en Guadalupe, pero tuvimos que insistir en un par de ocasiones, los camiones de transporte público tardan mucho. A la tercera vez que toqué a la puerta su mamá me hizo pasar, diciéndome que Carlos no tardaría en llegar…
- Vos te regresás Cassandra y me dejás aquí. - Le dije decidido.

- Y en qué te vas a regresar hasta la casa?

- Caminando o en lo que sea, pero yo me quedo aquí y solo.

- C-Como quieras Lito. No dejes de llegar al departamento de Diana y mío de acuerdo?

- S-Sí, sí, pero ya andate. - Le insistí.
Mientras esperaba a Carlos la desesperación me consumía… Esperaba, de alguna manera, que me despertara en mi cama en ese momento y que todo esto fuera una pesadilla…
Lito! - Exclamó Carlos al entrar, palideciendo al instante.
Se llevó la mano al rostro y se volvió a mirarme de lado.
- No me esperabas verdad? - Le dije en tono serio.

- Vamos a mi recámara. - Me dijo mientras se daba la media vuelta.


Una vez encerrados en su cuarto abordé el tema sin rodeos…
- Supe que Filiberto y vos discutieron ayer. - Le dije mientras él me daba la espalda.

- S-Sí… así es… - Me dijo en voz baja.

- Y cuál fue el motivo?? - Pregunté con cierta desesperación.
Tras un momento de silencio respondió, todavía de espaldas…
- S-Si estás aquí es porque ya lo sabés.

- Nó! Quiero que me lo digás vos. Frente a frente y mirándome a los ojos como lo hago yo al preguntártelo.

- No puedo… Siento vergüenza… - Me respondió con la voz asomando el llanto.

- Por favor! Decime cuál fue el motivo de la discusión con Filiberto. - Le pregunté de nueva cuenta.

- Ya te lo informaron no es así?

- Es demasiado grotesco lo que me dijeron, por eso he venido a obtener la verdad de tus labios.

- No puede ser peor que lo que en realidad sucedió. - Me dijo casi sin voz.

- Basta ya de rodeos y contemplaciones! Decimelo ya. - Le dije alzando la voz y en tono desesperado.


Finalmente se volvió a mirarme a la cara y sus ojos estaban llenos de lágrimas, su mejilla derecha estaba ligeramente amoratada y enrojecida. Me miró a los ojos y me dijo…
- Filiberto y yo… Filiberto y yo… - suspiró profundamente y continuó - Di-Discutimos porque se enteró… se enteró de… de algunas intimidades que tuvimos Arturo y yo.
En ese instante mi reloj se detuvo, mi corazón dejó de latir y mis emociones se encontraban confundidas como las horas en la eternidad… Mi reloj emocional había dejado de funcionar porque le habían despedazado su maquinaria.
Guardé un instante de silencio, mientras me sentí caer en un barranco interminable, de una caída de la cual supe instintivamente me costaría mucho reponerme. Escuché el eco de mis sueños rotos estrellarse contra mis inertes ilusiones… me ensordecía mi propio silencio, el cual tímidamente se hacía cómplice de la monstruosa e inevitable verdad.
Cierto es que Larrondel había hecho hasta lo imposible por darme razones para que dejara de amarlo, pero inconscientemente había salvado ese amor de todas esas mareas amargas, ese hermoso y fresco sentimiento del primer amor estaba a salvo aún de él mismo.
Carlos me sacó de mis cavilaciones, tras suspirar me dijo con voz cansada…
- Arturo me hizo un güaguis - sexo oral - P-Pero… Quién te lo dijo?? - Preguntó con sorpresa.

- Eso ya no importa… Confórmate con saber que fue una de esas “buenas amigas” que nunca falla, que se divierte envenenando de crueldad a la verdad misma, a fin de gozarse con el dolor ajeno.

- Vas a terminar con Arturo Larrondel? - Preguntó titubeante.

- N-No lo sé todavía. - Respondí vacilante y sintiéndome totalmente perdido.

- Yo te puedo dar algunos detalles… Pero necesito saber con certeza si vas a terminar con él… No deseo influir en una determinación que vayás a tomar con respecto a tu relación.

- Suéltame lo que sepas para poder tomar mejor esa determinación de la que hablas. - Le insistí.

- Si te enteraste no fue por mi boca… Larrondel se lo comentó a todo el mundo… Me destrozó la vida. Al final Filiberto me perdonó… - Me dijo con la voz abatida.

- Yo lo hago también, de todo corazón. - Lo abracé.

- Se dice que Arturo se acostó con Vladimir, con Angel su hermano y hasta con Armando González (un amigo de Diana Puerto que vive en Reynosa, Tamps.).
Se limpió las lágrimas y prosiguió…
- Lo que sí es cierto, porque yo lo vi, es que Arturo se acostó con Jorge Toledo…

- C-Cómo?? - Le interrumpí.

- Te acuerdas de cuando Jorge tuvo problemas y se quedó a vivir en casa de Adrián y Arturo??

- S-Sí… Sí me acuerdo…

- Yo los escuché amarse a través de la puerta, les escuché reírse… reírse de ti. Luego vi salir a Jorge de la pieza de Arturo con sendos chupetes en el cuello… Cómo fue posible que no te dieras cuenta??

- Basta! Basta ya! No aguanto más… Cállate! - Le grité mientras me levantaba de la cama donde hablábamos y le volvía la espalda.


Sentí que me abrazaba por detrás y me repetía una y otra vez…
- Perdoname Lito… Perdoname… No quise…

- Nó, perdoname vos a mí… No debí de actuar de ese modo…Pero… qué te pasó en la mejilla?

- Filiberto me pegó en la cara un par de veces. - Me respondió mientras bajaba el rostro.

- Y vos qué hiciste mientras te pegaba? - Le pregunté molesto.

- Nada… me aguanté en silencio en el suelo mientras me pegaba.
Suspiré profundamente…
- Decime Carlos… Qué harías si yo me levanto de la cama donde estamos hablando y, bajo el derecho que me asiste ahora, te diera una sarta de cachetadas?

- M-Me aguantaría también… Lo pensás hacer? - Me preguntó en tono de resignación.

- Por supuesto que nó! Y te voy a regañar por haber permitido que te golpearan así. Nadie tiene el derecho de ofenderte así. Quien golpea a un semejante es porque ya le perdió totalmente el respeto, incluso como ser humano. - Le dije mientras lo abrazaba.

- Te voy a prestar algo…


Se levantó y buscó en los cajones de la cómoda algo. De pronto se detuvo y miró fijamente un papel doblado por la mitad que tenía entre las manos… suspiró y me dijo al tiempo de dármelo…
- Esto lo escribí la mañana siguiente de que pasó… aquello. Leélo y después me lo devolvés.

- De acuerdo. - Le dije.


Lo abracé y nos despedimos como amigos. Le besé la mejilla y me retiré.
A dónde ir? Qué hacer? Tenía el corazón hecho pedazos, mis pasos estaban tan desorientados como el rumbo de mi vida entera en ese momento. Una terrible tristeza me invadía… jamás me había sentido así.
Enfilé mi andar a casa de Diana Puerto… caminé por un par de horas antes de llegar… Durante el camino recordé todas esas situaciones difíciles que tuve que pasar por culpa de Jorge Toledo… “Es un mal sueño… tiene que ser un mal sueño” me repetía una y otra vez.
Recordé una conversación ocurrida un año y medio atrás, cuando iniciábamos Arturo y yo nuestra relación, y le rogué que si llegaba a pasar una acostada con alguien que él mismo me lo dijera… Le supliqué que me evitara la humillación y la tribulación que estoy pasando.
Cuánto daño sufrí por parte de Jorge Toledo! Cuántas veces había corrido frente a mí a Jorge Toledo, sin imaginarme que una vez que yo me retiraba ellos se amaban. Yo pude haber perdonando, como de hecho lo hice, lo ocurrido entre Arturo y Carlos… pero jamás podría haber olvidado la terrible traición que me hizo con Jorge Toledo.
Reviví mentalmente la última conversación que tuve con Jorge Toledo apenas un par de días antes, cuando nos encontramos en el “Twist”… El se había “cruzado” con pastillas y alcohol como era usual y se estaba despidiendo porque haría su Servicio Social en Nueva Rosita, Coahuila…
- Pues tenés un tajo menos! - Me dijo en su habitual tono de sarcasmo.

- Ah si? Y por qué lo decís? - Fingí no saber a qué se refería.

- Me voy de la ciudad por un buen tiempo…

- Pero decís “tajo”? No sueñes! Ni siquiera eso representaste para mí! - Le dije en tono cínico.


No me dijo nada, me miró de un modo que no entendí entonces y me sonrió con un gesto de triunfo dibujado en su rostro, mismo que tampoco entendí, mientras se retiraba… Lo que debió reírse de mí! Qué estúpido he sido!
Recordé el comentario de Adrián una de esas tardes en la que esperaba a Arturo en su casa mientras llegaba del trabajo…
- Sabés Lito? Arturo sí que es afortunado…

- A qué te refieres Adrián?

- Haberse encontrado un chico como vos, bueno, guapo, con dinero… Le consientes en todo!
En ese momento dudaba de todo… Sentí ese comentario de antaño, que tan bien me había hecho sentir en su momento, como un sarcasmo y un reproche mientras caminaba. Finalmente llegué al departamento de Diana y Cassandra y les pedí que me llevaran a mi casa. Acordamos no ir juntos a la fiesta que esa noche daba Larrondel en su casa, sino de vernos ahí…
- Si ven a Arturo… por favor no le digan ni por error que me han visto. - Les pedí.

- Descuida. - Respondió Cassandra.

Al llegar a casa tenía ya cinco recados de Arturo. Me bañé y traté de ponerme lo más guapo que pude a fin de que se diera cuenta de lo que había perdido por haberse acostado con Jorge Toledo. Caminé rumbo a casa de Arturo Larrondel.
Cuando llegué ni él ni las chicas estaban en la dichosa fiesta. En la entrada me encontré a una compañera de la facultad, de esas que son cordiales pero que no son realmente consideradas amistades… Tal vez porque sentí la necesidad de contarle a alguien lo que iba a hacer, le comenté que estaba por concluir mi “amistad” con Arturo…
- Muy bien, como quieras. Pero pensá muy bien las cosas antes de decirlas. Luego de que ocurra todo me llevás a casa, vivo acá cerca. Con ese pretexto tendrás oportunidad de tranquilizarte un poco y salirte de la fiesta.
En eso llegó Arturo manejando nuestro auto. Se bajó con una caja de gaseosas y me saludó con naturalidad… Le dije que cuando dejara su carga adentro que regresara porque necesitaba hablar con él. Así sucedió, y al volver la chica con la que estaba nos dejó solos so pretexto de ir por su bolso.

- Dónde te metiste todo el día? Fui a comer a tu casa como habíamos quedado, pero no estabas, te llamé varias veces y vos no aparecías por ningún lado. - Exclamó molesto.

- Ah! Es que estuve haciendo cosas importantes… Me permites las llaves del auto porque voy a llevar a esta chica a su casa?

Sí claro… tómalas. - Me extendió la mano con ellas, luego de buscarlas en su bolsillo.

- Vení, vamos a la luz que te quiero leer unos versitos… - Le dije en tono cínico.
Nos acercamos a la esquina, donde interrumpimos la tranquilidad del solitario farol de luz mercurial, que tímidamente iluminaba la calle. La escena se encontraba humedecida por las lágrimas que el cielo había llorado por mí esa noche, el fresco del viento con sus manos de movimientos erráticos trataba de distraerme de la tristeza que me provocaba dar ese paso. Así comencé a leerle las palabras escritas de puño y letra de Carlos…

ACCION AL ARREPENTIMIENTO

24-Abr-’87

Esa noche sí que me divertí,

esa noche de verdad gocé,

más no llegué a advertir

lo que iría a pasar No lo sé.

Bailé, canté sonreí

y de felicidad me llené,

con amigos me divertí

sin imaginar lo que comentaré

Tras horas de tomar,

cuando la mente se embota,

llega así la hora de gozar

sin mirar a quien se toca.

Así me ocurrió aquella noche,

una gran amiga conmigo

Noche llena de reproche!

Pues ella es novia de mi amigo.

No sé cómo llegó a suceder,

Ni ella ni yo lo esperamos,

la manzana llegamos a morder

dulce/amarga cuando la probamos.

Ahora muy arrepentidos estamos

de lo que por desgracia cometimos,

porque enlazados engañamos

a quienes fidelidad prometimos
Ya no hay nada más qué hacer

Guardar nuestro secreto debemos.

No podemos ya con nada rehacer

lo que ahora callar tenemos.


Solo queda que nos arrepintamos

rogando un perdón a Dios,

perdón a quienes amamos

y perdón para nosotros dos.

Carlos E. Robles.

No había ninguna “ella” ni era “novia” de nadie, se trataba de Arturo Larrondel y era mi amante. Arturo exclamó con cara de inocencia al tiempo de cruzarse de brazos…


- P-Pero de qué me estás hablando??

- Que te hayas acostado con Carlos te lo perdono, con Vladimir y hasta con Angel también… Pero lo que sí no te perdono es que te hubieras revolcado en la cama con ese infeliz de Jorge Toledo.


Bajó la cabeza y clavó su rostro en el suelo, languideciendo mientras palidecía. Ante su acusante silencio continué…
- Filiberto tuvo una discusión con Carlos porque se enteró de lo que todos ya sabían… Y para que veas que soy derecho te lo digo esta noche para que te acuestes con Santiago Villarreal, si eso te place.
Santiago Villarreal era un tipo medio soso que Arturo me había comentado que le gustaba, Larrondel hizo todo lo posible por conocerlo en la Facultad hasta que lo consiguió. Su carácter serio no me decía que fuera de ambiente, pero lo mismo pasó con Edgar… y cayó. Santiago estaba esa noche en la fiestecita.
Sentí que mi labio inferior me temblaba y que las lágrimas se asomaban a mis ojos, mi cuerpo comenzaba a traicionarme y mi entereza me abandonaba, y dándole una palmada en el hombro me despedí…
- Luego hablamos…
No se merecía ni una sola lágrima mía… No se merece verme doblegado. Aún a hora, a 24 horas de haber pasado esto, no he derramado una sola lágrima, estoy tan destruido por dentro que no me queda ni siquiera el consuelo de llorar.
Jalé a la chica a la que daría un aventón a su casa, ya era cerca de medianoche. En el camino me insistía que no era bueno que me pusiera así por un mal amigo… Si tan sólo ella hubiera sabido lo que Larrondel significaba para mí. Llegamos a su casa, me besó la mejilla y me dijo que dejara de pensar en tonterías.
Decidí regresar a la fiesta. Al llegar al departamento de Arturo, tras una cortina de humo de cigarrillo, lo vi bailando muy quitado de la pena con una tipa… se reía y se divertía sin importarle que mi mundo se había desmoronado. Se deshacía en saludos y abrazos con sus invitados… sus sonrisas eran humillaciones a mis sentimientos.
Me dirigí a una de las piezas de su departamento y ahí estaban Diana y Cassandra…
- Cómo estás Lito?? - Preguntó Cassandra tras besarme la cara.

- Ya vieron al tal Larrondel?? Feliz de contento! Y por ese di yo las nalgas?? - Exclamé con lágrimas en los ojos y la decepción cerrándome la garganta.


Al salir de ese sitio que me asfixiaba me dije “Me acostaría con mi madre esta noche si fuera buga”. Estaba tan aturdido todavía por lo mucho que me había pasado en tan poco tiempo. Iván Acosta estaba en la fiesta y nos encontramos en la puerta.
Iván era aquel chico que conocí en casa de Vladimir y Angel, y frente al cual Arturo me había besado en el balcón sin palabras para hacerme notar como de “su” propiedad. Iván estaba por despedirse de Arturo para agradecerle la fiesta, cosa que yo no hice. Cuando él encontró a Arturo Larrondel estaba en su recámara, Iván y Arturo intercambiaron saludos y despedidas.
Cuando eso sucedía me di cuenta que había un par de postales que recientemente le había mandado desde la Capital, en las cuales le decía que lo extrañaba y que le amaba. Las tomé de su escritorio y las rompí tirándolas al basurero, la oveja se había convertido no en león, sino en hiena.
Salimos de ahí al filo de las 2:30 de la mañana. Y al dejar a Iván Acosta a su casa, junto con unos amigos suyos que se quedarían con él… Le dije…
- Sabés? Me voy de inmediato al “Scorpio” y me acuesto con el primero que me haga jalón… con el primero que siquiera me cierre un ojo. - Dije con ahogado de rabia y desesperación.
Me abrazó y me murmuró al oído mientras me abrazaba…
- Haz lo que quieras… Pero te aconsejo que te quieras un poquito, tan solo un poquito. Cuídate mucho eh?
Esas palabras me hicieron desistir de mis propósitos… era como si Dios mismo me hubiera hablado a través de Iván. Quizás hasta me salvó la vida, con lo desorientado que estaba anoche es casi seguro que no me hubiera cuidado sexualmente y esta mañana hubiera amanecido en brazos de la muerte.
Regresé a mi casa y vi pasar las horas de la noche tan lentamente… Nadie sabe lo larga que es hasta que la pasa uno sin dormirla… 3:30… 4:45… 7:00… 8:10 AM. Papá se ha ido y yo empiezo mi día aterrado de lo que me espera por vivir hoy.

Monterrey, N. L. a 6 de Junio de 1987.-

Ahora que escribo esta segunda entrada te confieso que me siento raro de expresarte mis cosas por escrito, ya que siempre he sido bueno con la expresión oral… Pero algo es cierto, me siento bien de escribir… es como si le estuviera contando las cosas a alguien… y ese alguien sos vos. Gracias por enterarte de las cosas que me pasan y leer mis palabras, sin saberlo me ayudas mucho haciéndolo.
Desde anoche Mónica mi hermana sabía que iba a terminar mi “amistad” con Arturo, lo que no pensé por la falta de experiencia y por la magnitud de la devastación emocional a la que me enfrento por primera vez en mi vida, es que debía tener una buena excusa para tomar ese paso y disculparlo ante sus ojos de hermana. Cuando se lo comenté fue justo antes de ir a la fiesta de ayer.
Ser gente de ambiente te hace intuitivamente mentiroso y muy reactivo. Mónica, lo mismo que mi madre, sabían que tenía una amante mujer aunque no había ahondado en nombres ni detalles, y ellas respetaban mi privacía. La respuesta de Mónica al saber de mi ruptura con Larrondel fue inmediata…
- Pero por qué Lito?? - Preguntó asombrada Mónica anoche.

- Porque Arturo… Arturo me hizo algo terrible! - Le respondí.

- Pero qué es eso tan terrible?? - Insistió.

- Es que él… él… - Vacilé.

- El qué…? Acaba de una vez. - Me gritó Mónica.

- El se acostó con mi amante! - Le respondí no sé de dónde.

- Lito! Lo siento mucho… Pero no acabes con una buena amistad como la de Arturo por una desgraciada tía ofrecida! Ella es la culpable, no él… - Expresó defensivamente.

- Se requiere de dos para hacer una marranada de este tipo, así que sus dos cabezas van a rodar! - Improvisé.

Pobre Mónica! Si supiera que mi amante y mi amigo son la misma persona… Ellos habían hecho buena amistad y en nombre de esta cordial relación Mónica trataba de salvar la mía con Arturo… pero ya es muy tarde para eso.
Ayer, luego de escribir durante la madrugada la entrada anterior, me levanté y me bañé y afeité. Como a las 9:30 de la mañana estábamos Mónica y yo en el departamento de Larrondel so pretexto de recuperar unos papeles que estaban en el auto y que sin duda Arturo había sacado de ahí para que no se maltrataran… La verdad es que fui a verificar si Santiago y Arturo se habían acostado. Arturo estaba visiblemente dormido cuando tocamos a la puerta…
- Buenos días. - Le dije al abrir la puerta.

- Buenos días Noel… Buenos días Mónica.. pasen.


El departamento estaba hecho un desastre, ceniceros por todas partes, botellas de gaseosas y latas de cerveza… pero nadie más en el departamento.
- Disculpa la molestia y la hora, pero vengo por unos papeles de papá que estaban en el auto.. - Le dije secamente.

- Ah! Sí… ahora te los traigo.


Salió un momento del living y se dirigió a su recámara, regresó con los famosos papeles…
- Aquí los tenés… tomá. Oí, quiero saber a qué hora del día puedo usar el auto. - Me dijo casualmente.

- Ah!… Puessss…. Hablamos en estos días. - Le respondí vagamente.

- No! No me has entendido lo necesito hoy. - Agregó con firmeza.

- Te espero afuera Lito. Gusto de verte Arturo… - Se despidió Mónica mi hermana tras besar a Arturo en la mejilla.

- Arturo, no vas a usar el auto. En el transcurso de esta semana te pago la parte que pusiste de él y punto. - Respondí

- No me salgas con esto ahora! - Me dijo molesto.

- Arturo en eso habíamos quedado… - Puntualicé.

- No es verdad! No es cierto! No quedamos en eso! - Dijo al borde del llanto.


Sin decir más me retiré.
Claro que habíamos quedado en eso! De haber sabido que pasaría todo esto le habría hecho firmar un papel entonces. Lo bueno es que la factura del auto estaba a mi nombre y no habría problema en ese punto. Es más, si quisiera me quedo con el auto y no le doy nada… pero no soy así. Me quedaba con el auto para hacerle sentir un poco de ese inmenso dolor que ahora siento.
Ya de regreso a casa, Mónica me decía que lo pensara bien y que ella me apoyaba en mis decisiones… realmente estaba preocupada por mi estado de ánimo. El día me lo pasé llamando a casa de Arturo y colgando tan pronto contestaba, así me enteré que no salió en todo el día.
Y parecé mentira, pero mientras más descompuesto me siento, todos esos pequeños grandes detalles que pasaron hace tiempo, comienzan a resurgir y a tomar sentido. Como cuando le salió esa extraña marca en la ingle a Arturo y él lo atribuyó a una alergia a la tela del calzoncillo… “En una sola ingle”?? Me repetía ahora. “Probablemente se trataba de un chupete”.
Por la tarde Diana Puerto y Cassandra de Monteblanc pasaron por mí para distraerme y me ofrecieron pasar la noche en su casa, lo cual me pareció excelente ya que después de 69 fines de semana “durmiendo en casa de mi madre” pues se iba a ver muy raro que me peleara con Larrondel y de golpe regresara a dormir a casa.
Vi a Armando en casa de Diana, Armando González era uno de los chicos con los que aparentemente se había acostado Arturo, según los rumores que había escuchado Carlos. Armando me juró que no se había acostado con Larrondel… yo le creí, tal vez por seguir siendo un estúpido.
Fuimos a dejar a Armando al departamento de su hermana en los Condominios Constitución y, estando ahí, me encontré una Biblia… Algo me hizo tomarla y al abrirla apareció una cita que correspondía perfectamente a una respuesta al poema de Carlos…

Mas sólo le mentían con sus labios,



con su lengua solo le engañaban…”
Salmo 78, versículo 36

Transcribí esas palabras al pié del escrito, solo me faltaba devolvérselo a Carlos.


Por la noche de ayer Sábado nos fuimos a una discoteca buga (heterosexual) y literalmente nos corrieron a las 6:30 de la mañana en que cerraron el sitio. Luego de hartarme de dar de vueltas en la cama en casa de las chicas, salí a las 9:30 de la mañana de hoy a mi casa.
Pasando el último semáforo vi a Arturo Larrondel como a 2 cuadras de mi casa, iba en rumbo a verme sin lugar a dudas. Pasé a su lado y fingí no mirarlo, pero por el espejo retrovisor alcancé a verlo correr hacia mi casa, yo no di vuelta en mi calle… no deseaba verlo.
Me seguí derecho y decidí ir a Misa, fui a la iglesia Purísima, como de costumbre cuando me siento solo. De ahí vine a un restaurante a terminar estas líneas. Necesito comer, llevo cerca de 48 horas de no hacerlo y de no dormir tampoco. Debo comenzar por no enfermarme para poder afrontar lo que se me viene encima.
Habrá alguna salida a esta soledad? Eso espero…

Monterrey, N. L. a Junio 7, 1987.-


Esa tarde regresé a casa después de escribir las líneas anteriores, estaba completamente agotado. Desistí de irme a mi casa por no tener que lidiar con Arturo, por eso me volví al departamento de las chicas, Diana y Cassandra. Sin embargo la vida me tenía deparada otra sorpresita.


Cuando Arturo se dio cuenta de que no llegaría a mi casa ayer por la mañana que nos topamos mientras yo manejaba, se dirigió a ver a las chicas, y terminó por convencer a Diana para que me disuadiera a verle…

- Realmente es necesaria esa entrevista Lito… - Me dijo Diana.

- Vos qué opinas Cassandra? - Esperaba que contradijera a Diana.

- Ya está bueno de pavadas… si ha de tronar esto… pues que truene de una vez! - Afirmó molesta.

Diana había accedido en que Arturo regresara al departamento al filo de las 5 de la tarde, pero no le prometió que yo estaría ahí. Al escuchar a Arturo sonar a la puerta sentí mi respiración agitarse, y una energía de molestia y rabia que salieron de los pedazos de mi roto corazón me llegó a la cabeza.
Cassandra abrió la puerta y Arturo se demoró en entrar, dio la última bocanada a un cigarrillo y lo lanzó a la calle. Diana ofreció café y ambos lo rechazamos. Diana y Cassandra se fueron a su recámara para dejarnos solos. El estaba sentado con la mirada en el suelo y yo estaba caminando de un lado a otro…
- Vengo a decirte la verdad. Tuve que ver con Jorgín y con un chico llamado Alberto… - Me dijo en tono solemne pero sin arrepentimiento.

- Y con Carlos…? - Le pregunté interrumpiendo.


Por respuesta solo movió la cabeza de un lado a otro. La energía de la rabia estalló dentro de mí y finalmente encontró su escape en mi boca…
- Estos son los versos que Carlos escribió a la mañana siguiente de haberse acostado con vos! Te los leí la noche del viernes! Cómo es posible que vengas a “decirme la verdad” y las mentiras empiezan a apilarse una detrás de la otra?

A partir de ese momento puse a Larrondel como lazo de marrano, escupiéndole en la cara todo el fango y el veneno que me había yo tragado por culpa suya, toda la soledad que me asfixiaba, los pensamientos y desesperación que no me dejaban dormir ni comer… ni vivir ni soñar otra vez. Le arrojé a la cara, entre reproches y frases crueles, el cadáver de mi esperanza muerta.


- Pero por qué lo hiciste? Porque supongo que debés tener un motivo, no es así? Y más te vale que lo tengás, porque si nó significa que sos peor de lo que me imaginé. - Le grité en un momento.

- P-Porque estaba inseguro de ti… - Me contestó con la voz queda y sin despegar los ojos del suelo.

- AH! Entonces significa que yo debía acostarme con todo el mundo para poner a prueba tu honestidad para conmigo? Por Favor! Es que no podés inventarte una disculpa mejor?
Ante su estúpido silencio e inmutable actitud le dije…
- Y supongo que te preguntarás si te fui fiel o no en todo este tiempo… y no te lo voy a decir! No lo haré porque si ahora te confieso que te engañé, el 50% de tu culpabilidad desaparecerá de tus hombros, si te afirmo mi fidelidad tendrás la certeza de que esa culpabilidad es justa ante tus propios ojos. No sabrás si tu pena es innecesaria… de mis labios no sabrás la verdad que te exculparía de la incertidumbre.

Arturo no hacía nada… era como si se abstrajera de la situación… Estaba ahí sin participar de la conversación que él mismo había sugerido… yo era el único que hablaba… era un monólogo lo que ocurría. Cuando me di cuenta decidí concluir la situación…


- Y si terminé con nuestra relación no es porque me hayas engañado, sino precisamente porque no supiste hacerlo. Si lo hubieras sabido hacer no estaríamos en esta situación. Tiendo a darme cuenta de las cosas con cierta con lentitud, pero créeme que me aferro fielmente a lo que aprendo.
Me despedí en voz alta desde el comedor del departamento y me salí de ahí.
Di una vuelta en el auto, puse la música más pesada de Rock (que detesto) a todo volumen… necesitaba aturdirme. Mientras eso ocurría me puse a gritar hasta quedar exhausto… hasta que la garganta se negaba a darme más sonidos, inconmovible por mi dolor.
Regresé al departamento de las chicas una hora después. Diana me abrió la puerta y me dijo que Cassandra se había puesto a llorar en sus brazos por las cosas que le dije a Arturo. En eso llegó Cassandra y llanamente me dijo…
- Lito… El amor verdadero todo lo perdona…

- El amor Cassandra, es como un pajarito que tenés en la mano, si lo aprietas mucho se sofoca y muere, si abres la mano de más se va… Debés ser inteligente para no perderlo…

Ese Domingo finalmente concluyó y por fin tuve tres horas de sueño. El lunes nos topamos Arturo y yo varias veces en los pasillos y nos tratamos como extraños… Esa situación me dolía tanto, estaba yo tan consciente hasta del viento que su cuerpo producía cuando pasaba a mi lado en silencio.
Por la noche las cosas comenzaron a mejorar en mi cama, conseguí 4 horas y media de sueño. Sin embargo para el Martes la situación entre nosotros cambiaba… Lo vi en una de las clínicas, vestía de blanco y me miró fijamente… Su mirada me hablaba de amor, yo necesitaba tanto de esa mirada…

No pude resistirme más y a través de esa ventana me sonrió, y con esa mirada me derritió… Estaba vencido, la bandera blanca de mi sonrisa se enarboló en mi rostro… Si él se hubiera acercado a mí en ese momento todo le hubiera perdonado, pero no lo hizo. Le di un minuto para que se acercara, pero se volvió y continuó haciendo sus cosas… La vida había decidido por ambos el destino de nuestra relación.


Esa noche fui a verlo para afinar lo de la plata del auto, pero en la conversación él se sintió rechazado emocionalmente cuando le aseguré que no estaba ahí para regresar a lo nuestro, sino para establecer finanzas.
Se puso frenético, me dijo que las cosas no debían ser así, que yo tenía que regresar con él y que no quería venderme su parte del auto… Me di cuenta de que era una forma de retenerme a hablar con él, pero yo le respondí que lo que él quisiera hacer y lo que iba a suceder eran dos cosas diferentes.
Mantuve mi calma lo más posible, y ante esto su descontento iba en aumento. Le expliqué que la factura del auto estaba a mi nombre y que le devolvería su dinero y en dólares para que no pensara que intentaba tomar ventaja alguna de esa transacción. Eso lo puso furioso, al grado de ponerse a gritarme, me corrió de su casa y en la puerta me dio en empellón arrebatándorme las llaves del auto…

- Arturo apréndete que a mí solo me corre de los sitios una sola vez. En lo que respecta a las llaves que me quitaste más te vale que me las devuelvas, porque de no hacerlo simplemente llamo a la policía y te acuso de robo… Recuerda que la factura del auto está a mi nombre y legalmente es mío.


Se acercó desafiante y yo esperaba que me diera un golpe, pero no di un solo paso atrás… le demostré que no le tenía miedo…
- No pienso devolvértelas… - Me dijo con la voz temblando de rabia.

- Está bien… Juguemos este juego a tu manera! - Le dije mientras me daba la media vuelta.


Me regresé andando a casa y en el camino me percaté de lo lejos que esta situación había llegado… Pero yo sentía en mi corazón que estaba actuando correctamente y que de haber querido ser injusto simplemente me habría quedado con el auto. Además, lo más preciado para mí ya se la había dado y a él no le importó destruirlo. Como diría la abuela Fernando “Ojalá todo fuera como las cosas materiales para ser reparadas o repuestas!”
Al doblar la esquina de mi calle vi que Arturo estaba estacionado con nuestro auto frente a mi casa. Estaba arrepentido de lo que había pasado… Otro de sus súbitos cambios de carácter.

Me miró y continuamos un poco de la discusión, hasta que de pronto me dijo…


- Te parecé justo lo del auto Lito?

- Y lo que vos me hiciste te parecé justo?? Yo estoy en medio de una situación que ni creé, ni ideé, ni creo merecer…

- T-Tenés razón… - Respondió mientras levantaba la mirada del suelo.
A partir de ese momento el tono de la conversación cambió entre nosotros. Nos sentamos en el borde de la banqueta y poco a poco nuestros orgullos heridos bajaron las espadas y los escudos… Comenzamos a hablar exactamente como yo lo deseaba, en un tono tranquilo y sin pasiones de alzar la voz o de ofender.
- Te confieso que aún necesito verte… Te extraño mucho. - Le dije mientras mi voz temblaba.

- Lito… - Me dijo al tiempo de ponerse a llorar como un niño.

- Estoy tan aturdido que lo único que comprendo es que los caminos que se me abren frente a mí son inciertos y sinuosos.

- No sé que decirte… Mereces la felicidad y alguien que te la dé sinceramente… - Me dijo mientras se limpiaba la cara de sus lágrimas.


Se acercó a mí mientras yo estaba sumido en ese momento… Al sentir su mano tocar mi cabeza yo instintivamente retrocedí y la alejé de inmediato…
- N-No vuelvas a hacerlo Arturo… - Reaccioné de inmediato.

Estoy seguro que sintió en la palma de su mano el estremecimiento que me había provocado esa primera caricia, era la primera vez que nos tocábamos después de haber dejado de ser amantes,. Concluimos la conversación en tono amigable a eso de la una y media de la madrugada, y lo llevé a su casa.


Al despedirse le supliqué que cuando nos viéramos nos habláramos como en esa ocasión, sin el dejo de soberbia y afán de hacer daño que estaban implícitos en sus palabras hacia conmigo. Esa noche fue la primera noche que alcancé 6 horas de sueño ininterrumpidas en los últimos 5 días.
Al día siguiente nos miramos como amigos y por la tarde me encontré con Carlos E. Robles, nos fuimos a un restaurante de Lincoln y Gonzalitos y me llevé este libro manuscrito para que lo leyera y se enterara de mi sentir. Luego de leer lo correspondiente a este capítulo, pasó a contarme en detalle lo ocurrido la noche en que él y Arturo estuvieron juntos…
- Esa noche se despidieron Arturo y vos, te fuiste con Diana y Cassandra, entramos Larrondel y yo a su recámara y le pedí que me prestara unos shorts para dormir, y él me dijo que no tenía limpios. Esto me hizo olérmelas mal, pero pensé que se trataba solo de una idea mía.
Dio un sorbo a su café y continuó…
- Estábamos en calzoncillos en su cama y al poco rato, so pretexto de tener frío acercó hacia mí sus pies helados, después el resto de su cuerpo… Me dijo que siempre le había gustado. Me quitó la ropa interior y yo intenté zafarme de la situación… pero ya era tarde Lito. No tengo disculpa… - Me dijo en tono triste.

- Continúa… - Le insistí.

- Se puso sobre mí y empezó a acariciarme y a besarme y yo estaba estático… terminé en su boca y aunque intentó invertir posiciones, desistió en hacerlo porque yo porque yo…comencé a llorar. - Concluyó su relato mientras se llevaba las manos al rostro.

- Cálmate Carlos. Todo está bien… - Le aseguré.

- A la mañana siguiente me fui mientras él dormía… Revisando mis libros me percaté de que me había dejado una nota entre las páginas de uno de ellos. En esas líneas me decía que por favor lo perdonara mil veces, que no volvería a ocurrir, y que tratara de olvidarme del incidente como él lo haría.
Comentamos algunas otras cosas y detalles, le di ánimos y le regresé su verso, le expliqué que me había atrevido a escribir un par de líneas, una cita bíblica, en su poema… Tras leerlas me dijo…
- Lito… tengo que confesarte algo más y no sé cómo hacerlo.

- No des más rodeos y continúa.. derecho al punto. - Le repliqué.

- Verás… cuando fuiste a buscarme… yo te estaba esperando…

- Esperando? - Interrumpí.

- …y supe desde un principio quién había sido tu informante por una sencilla razón… yo lo envié a decirte todo este asunto.

- Carlos! P-Pero por qué lo hiciste?? - Pregunté perplejo.

- Porque quería que te enteraras de la clase de… asco que es tu amante. - Me respondió molesto.

- Carlos… Pero por qué no lo hiciste vos mismo?

- Porque tenía vergüenza y temía…- Me dijo mientras su cara lucía una mirada sombría.

- Temías de mi reacción? Te aseguro que el haberlo sabido por tu boca, especialmente si me hubieras regalado esa mirada humillada y llena de arrepentimiento al decírmelo, me hubiera dolido mucho menos… La herida que recibí de ese imbécil que me lo dijo con la malsana curiosidad de haber derramado el veneno de la intriga, revistiendo de altanería y superficialidad su mirada, fue mil veces peor que si la hubiera recibido de ti.

- Me perdonás eso también…? Por favor Lito.

- Solo si pagas la cuenta! - Le dije al momento de abrazarlo.


Terminamos nuestra entrevista y lo llevé a su casa… Por supuesto que pagó la cuenta de nuestros cafés con una sonrisa en los labios.
Esa noche Diana Puerto salió de la ciudad y las cosas entre Cassandra y yo volvieron a concluir en un encuentro físico… fue formidable.
Luego de Arturo ella es el ser humano a quien más he amado hasta ahora. Sin embargo no estoy ciego, sé que esos encuentros tal vez sean producto de intentar unir nuestras soledades y hastío… y estoy aprendiendo que dos soledades no hacen una compañía.
Sin embargo sé que lo que siento por Cassandra hoy es lo más grande que haya podido experimentar por alguien del sexo opuesto, y por esto le estoy agradecido.

Monterrey, N. L. a 17 de Junio, 1987. -





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