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CAPITULO V La Caja de Pandora



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CAPITULO V

La Caja de Pandora

En Enero de 1986, un par de semanas antes de conocer a Arturo Larrondel, en una fiesta de sociedad conocí a Alan Summerlander, uno de los estudiantes del Instituto Tecnológico que estaban por regresar a la escuela. Alan era un chico que además de un raro apellido, tenía una sonrisa hermosa y unos ojos color miel que irradiaban malicia.


Alan, al final de la fiesta, no tenía forma de regresar al edificio de departamentos donde se hospedaba por el semestre, él era originario de Monclova y, como su apellido lo indica, su ascendencia era alemana, rubio de sonrisa mediana y torcida. En el camino de llevarlo a su casa, el cual obviamente hizo en mi auto una vez que yo amablemente me ofrecí a hacerlo, charlamos de muchas cosas...
- Nunca he estado en Monclova...

- No te pierdes de mucho... - Respondió casi sin gana.

- Cansado?

- Algo... Sigue por la derecha... es ahí... en el segundo edificio.


Le ayudé a bajar del auto y luego a subir las escaleras... estaba medio tomado y somnoliento. En la entrada de su departamento le tuve que tomar las llaves de la mano, abrí la puerta y lo senté en el sofá del living. Cerró los ojos y balbuceó algo. Lo llevé a la recámara, como no sabía a cual lo metí en la primera que encontré.
En ese departamento eran tres piezas, pero sus compañeros de casa no llegarían de Puebla y Querétaro respectivamente, por lo que sabía que esa noche estaría solo... Lo senté en la cama, le quité los zapatos y desabroché los pantalones... al tratar de quitárselos gruñó un poco, pero su resistencia fue poca.
Cuando lo desvestí y lo dejé solo en ropa interior me percaté de su vello rubio cubriéndole abundantemente las piernas... Me acerqué a su cara y lo besé. Me di cuenta de mi atrevimiento y me salí de ahí de inmediato, pero noté que Alan no dijo nada ni entonces ni después...
El día 15 de Enero, apenas dos semanas antes de conocer a Arturo y una después de haber conocido a Alan, me llamó por teléfono y esa tarde nos encontramos. Charlamos mucho y esa noche nos volvimos a besar y terminamos en la cama... Entonces yo no sabía de lo que era una relación afectiva con otro hombre, por lo que solo busqué algo físico con Alan, situación que pareció no disgustarle para nada.
Sin embargo mi vida había cambiado a partir del 31 de Enero en que pasé aquél inolvidable fin de semana con Arturo en su casa... para el 4 de Febrero en que Arturo y yo formalizamos nuestras entrevistas hube de tomar una decisión... Alan me llamó el día 7 por teléfono...

- Lito... Hace tiempo que no nos vemos...

- Alan? Uhmmmm... Sí, tenemos que hablar....

- Hablar?? Para lo que yo te quiero ver es no precisamente para sostener una conversación...

- Sí... tenemos que hablar... vernos... Te parecé a las 8 de la noche??

- De acuerdo... Vienes a casa o nos vemos en algún lado...?

- Qué te parecé en el Bar del VIP’s de la Colonia del Valle??

- Bueno, pero luego nos vamos a mi casa...

- Nos vemos en el Bar... hasta pronto Alan...

Colgué el teléfono y seguí con el tren de actividades del día. Al llegar las 7:45 estaba ya ordenando un Tom Collins... No sabía cómo pero sabía que debía terminar con Alan... estaba seguro de mis sentimientos por Arturo y el encontrarme físicamente con Alan no era precisamente lo que yo había soñado.


- Lito!

- Hola Alan...

- Levántate hombre... siquiera dame un abrazo! Son ya más de 15 días que no nos vemos.

Lo abracé y comenzamos a charlar de sus compañeros de casa, su escuela, algunas de mis cosas...


- Qué es lo que te molesta Noel? Algo tenés que no me has querido decir... Te siento raro...

- Alan. Tengo que decirte algo. Conocí hace unos días a alguien y estoy enamorado... Tan profundamente enamorado que necesito terminar con este tipo de encuentros entre nosotros... Sos muy guapo, de verdad atractivo...

- Enamorado?? - Interrumpió sonriendo con cierto cinismo.

- Completamente sometido por el amor... - Respondí.


Me miró con detenimiento y no pronunció palabra por unos segundos...
- Sabés?? No creo en la fidelidad...
Le miré en silencio, sabía que se sentía rechazado de alguna manera. Continuó...
- Así que cuando la soledad te asfixie ahí estaré esperando por ti... El tiempo me dará la razón y me devolverá tu compañía, entonces me darás ese beso que hoy me niegas. - Sonrió.
Levantó su cerveza, dio un sorbo y sin decir palabra sacó un billete que dejó en la mesa, se levantó me miró y con una sonrisa me repitió...
- Cuando la soledad te asfixie ahí estaré esperando por ti...

Ocho meses después, especialmente tras lo de la enfermedad genital de Arturo, la promesa de Alan se había convertido en una profecía. No podía apartar de mi cabeza esa mirada de triunfo que Jorge me dio cuando me escupió en la cara la traición de Arturo. Me sentía terriblemente solo, frustrado, enojado, triste... triste... muy triste...


Esa noche la soledad me enfermaba... no podía dejar de recordar a Alan y en sus palabras la última noche en que nos vimos, había pasado tanto en esos 8 meses en mi vida. Enfilé mis pasos al departamento de Alan y ahí me informaron que estaría hasta tarde en la biblioteca del Instituto Tecnológico, por lo que me apresuré a encontrarlo.
Cuando me iba acercando a la biblioteca mi adrenalina iba subiendo y mis sueños se iban perdiendo como las gotas de lluvia en un lago... como el frío en el mes de Marzo, como mi razón cuando lo vi leyendo y me acerqué a saludarlo...
Alan?

Si...? - dijo mientras dejaban sus ojos ese libro - Hola!

Estás ocupado?? - Pregunté.

Pero qué milagro... Que gustazo me da verte... Dame un abrazo...


Se levantó y me dio ese abrazo que sabe a derrota, a tristeza, a soledad y... a ese deseo que es la puerta de escape, de venganza de dejar de ser el santo y la víctima... de dejar de escoger estar en el lado de los perdedores, de aquellos que sufren en silencio... Una lágrima se asomó a mis ojos...
- Pero qué te pasa?

- Nada... Querés dar una vuelta conmigo...

- Seguro! - Dijo sin titubear.
Nos fuimos en mi auto donde ahora es la avenida Puerta del Sol, en su extremo poniente, se veía una de las más impresionantes perspectivas de la ciudad... Era como si cada una de mis lágrimas se hubiera convertido en luz y ahora atestiguaran desde lejos lo que estaba yo por hacer. La conversación se hizo trivial hasta que nos callamos y apagué la marcha de mi vehículo.
- Ves cómo al final la soledad terminó por ahogarte? Te dije que la fidelidad no existe...
Se acercó y me besó...
- Demonios! Quién te enseñó a besar así?? De veras que extrañaba tus besos Noel...

- Callá y continuemos...


Tras de conseguir alcanzar el clímax juntos, encendí la marcha y nos retiramos de ahí... Alan hacía planes para vernos de nueva cuenta y pronto... yo me sentía sucio... me sentía decepcionado de Arturo, de mí, de ambos... de dolerme mi amor por él...
No sabía como enfrentar a Arturo al día siguiente, pero de alguna forma el mismo cinismo que había aprendido de todos ellos, sus amigos, me hizo actuar ofendido por su falta, sin saber que por dentro ya no era el mismo... Mis ilusiones comenzaban a sufrir el otoño...
En la confusión de mis remordimientos hablé con la abuela Fernando... me escuchó con detenimiento y al final me preguntó...
- Pero cómo te sentís Lito?

- N-No sé abuela... me siento raro...

- Mirá, lo que ya hiciste en nada se puede remediar... si le decís a Arturo lo que pasó tu relación no mejorará en nada... Si lo callás solo quedará entre nosotros.

- Y si lo vuelvo a hacer??

- Digna nieta de mi sangre! Lulú, finalmente has aprendido a mover el abanico. - Me dijo satisfecho Fernando.

Así se llegó el 7 de Septiembre, cumpleaños de Larrondel... Le preparé la mejor de las fiestas sorpresas. Para eso me ayudaron las abuelas, me contactaron con su cocinera, la Sra. Inés, para que hiciera varios platillos, le llevé las cosas, le pagué y corrí la voz para que todo ese grupo de gente que pocas veces me hicieron sentir aceptado, acudieran a la fiesta sorpresa de Arturo. Le regalé una loción, una corbata y un cinto.


Pasaron los días y las cosas no mejoraban entre Arturo y yo... Poco después de haber dejado el incidente de su enfermedad genital atrás, una tarde, mientras se cambiaba de ropa me dijo...
- Sabés Lito? No sé si te quiero o no...
Me quedé helado! De buenas a primeras me decía eso en mitad de la nada? Mi sangre se fue a los pies...
- Ah! Bueno, Pénsalo y cuando lo sepas vas y me buscás a ver si a mí me da la gana de estar con vos.
Tomé mis llaves que estaban sobre su cama y él llorando me alcanzó en la reja de su casa...
- Perdoname Lito... Sí te quiero... no sé lo que me pasa...

- Sabés que es la segunda vez que me decís ese tipo de cosas sin razón? Arturo estás acabando con mi amor por ti...

Esa tarde me retiré a mi casa... en el bolsillo llevaba un verso que le escribí a Arturo, uno más de los tantos que le daba, pero en esa ocasión lo guardé para mí, como pago por el enojo del momento que gratuitamente me había regalado Larrondel. Ese verso lo reproduzco a continuación...
DESEANDOTE

Entre las sombras de este cuarto,

estando a solas con mi hastío,

inquietas recuerdan mis manos

cuando en su febril desvarío

hurgaban así, sin enfado,

bárbaramente tu erecto falo.
Huyen las horas asustadas

porque en mi derroche de deseo

mi boca requiere el paladeo

de las génitas delicadas

que hay en tu encendido contorneo.
Y mientras tanto mi fastidio

realiza su máximo recreo

cuando yo me excito a mí mismo

y en ello ve mi gran presidio.


Cuando el devaneo es desafío,

que comienza con un galanteo,

a punto voy del extravío.
Entre las sombras de este cuarto

inquietas recuerdan mis manos...


Monterrey, N.L. Octubre 7, 1986.


Sin embargo yo trataba de guardar la calma y, si bien la edad y la experiencia estaban de su parte, era yo quien ponía la madurez necesaria para poder continuar en una relación, en esa relación que yo había jurado sacar adelante y ser feliz. Me inventaba excusas y disculpas para encajar con él.
Pero Arturo se empeñaba en intentar discutir 5 días de la semana y estar en paz dos, en cambio yo esperaba que hiciéramos el amor 5 días de la semana y no discutir ninguna. Mientras el 90% de mis cartas eran de amor, el mismo número de sus líneas para mí eran usualmente de disculpa por sus exabruptos.
El problema era que yo me cegaba en ver la realidad, Arturo era un ser muy inmaduro, que actuaba a veces por impulso más que por consciencia y que su condición de paciente de Psiquiatría, le ayudaba solo a aceptarse como homosexual, pero en esos dos años de tratamiento, nunca buscó ayuda para que ambos pudiéramos salir adelante como pareja.
Tuve que improvisar con mi falta de experiencia para lidiar con los grandes problemas que estaban sobreviniéndose en nuestra relación. Una ocasión en la que Arturo estaba desempeñándose en su mejor expresión para sacarme de quicio...
- Sabés Noel? Estoy harto de que no quieras discutir conmigo, enfrentarte conmigo. Es saludable para cualquier pareja que haya peleas... Por qué evitarlas??

- Estoy de acuerdo en que es natural que fricciones se den en cualquier relación, pero creo que es estúpido buscarlas o fomentarlas. Si llegan buscaremos resolverlas, pero por qué sos tan problemático y conflictivo como para suponer que la tranquilidad de nuestra relación, por lo menos por mi parte, es patológica???


Durante el verano de 1986 Arturo había conocido en la Facultad a un compañero, también homosexual, de nombre Eduardo Garza. Alto, de aspecto distinguido, ojos obscuros y profundos. De inmediato nos caímos mal, pero con el trato comenzamos a ser menos hostiles el uno con el otro, hasta que concluímos en una buena amistad, que con el tiempo se volvió tan sólida como el refugio seguro de los vendavales que se avecinaban.
Con el paso de los meses Eduardo me invitó a Sabinas, poblado en el noroeste del Estado, en el que sus abuelos que lo habían criado tenían una propiedad. Ellos saldrían del sitio, a excepción de una prima; le dije a Arturo que estaría yo de regreso ese sábado por la noche, pero una vez que Eduardo me invitó a su alberca y que lo vi en traje de baño... cambié de opinión!
Le llamé por teléfono a Arturo y le dije que como ya estaba obscuro pues que pasaría la noche en la casa de los abuelitos de Eduardo. Una vez a solas, mientras charlábamos en las camas gemelas, él hizo el primer movimiento y ambos compartimos algo más que un estrechón de manos en esa ocasión.
Eduardo se convirtió en una forma de poder estar con alguien cuando Arturo se negaba a estar conmigo. Sin embargo con ninguno de los chicos con los que estuve, pasaron de caricias y besos... lo cual obviamente ni me hizo ser menos culpable ni menos traidor.

Eduardo Garza, con el tiempo se convirtió en “Mi comadre”, como mi hermana Mónica nos bautizó. Nos puso así porque nos hablábamos por teléfono cuando no podíamos vernos, y nos la pasábamos sintonizados en los telediarios para hablar de los tipos que estaban al aire en ese minuto, obviamente los despistábamos cuando estaban su hermana Mirthala o la mía, hablando de las “chicas” que aparecían en pantalla, pero de verdad que mi comadre y yo nos entendíamos muy bien.


En una ocasión mi comadre me dijo...
- Lito... No te sientas mal. No sé cómo decírtelo... Mirá, esto de que la gente se acueste con la gente andando en una relación es más común de lo que te imaginás... Tengo que decirte algo...

- Se trata de Arturo??

- S-Sí... - Me dijo con pena.

- T-Tuviste algo que ver con él??

- No! P-Pero...

- Pero? - Pregunté visiblemente intranquilo.

- Mirá Lito, como tu comadre tengo que decirte que él se me insinuó casi cuando nos conocimos... Me entendés? Además de que te aprecio mucho él no es mi tipo, por eso no acepté sus intentos...

Me quedé helado! Pero al mismo tiempo una parte de mí se tranquilizó, después de todo no era yo el único al que la desesperación le obligaba a dar pasos que no eran los ideales... me daba cuenta que tampoco en esto de los amores hay un mundo ideal como el que yo pretendía.... Sin embargo, me decía, “Dos mitades equivocadas no hacen un entero correcto en ningún lado...”


Las cosas entre Arturo y yo iban con sus altas y bajas, como en toda relación. Por meses había yo ahorrado y finalmente estaba casi por comprar mi primer auto, Arturo tenía un pequeño ahorro y yo decidí sumar los capitales para comprar algo mejorcito, nada elegante ni mucho menos.
Las abuelas nos prestaban alguno de sus autos (obviamente del año, porque las infelices están podridas en dinero) para ver los vehículos que se vendían en los avisos de ocasión o lotes de autos. Finalmente compramos una Caribe de color verde seco, tenía un golpecito, pero era lo que podíamos comprar y nos acomodaba muy bien. Estábamos tan contentos de haber comprado un auto, Arturo radiaba alegría.
Recuerdo que Fernando, luego de felicitarnos por nuestra adquisición automovilística, me dijo en privado mientras Mario hablaba con Arturo…
- Oí Lito, y ya decidieron quien se quedará con el auto en caso de que lleguen a terminar?

- De qué hablas abuela?

- Pues de eso mensa! Si llegan a terminar alguien se tiene que quedar con el auto.

- La factura del auto está a mi nombre por la sencilla razón de que yo puse las 2 terceras partes del total, además él insistió en que así ocurriera.

- Pero ya lo hablaron?

- Abuela no pienso terminar con él, punto. - Concluí tajante.

- Lito, tengo más experiencia que vos, haceme caso. Luego las cosas se hacen más difíciles… por lo menos pensalo. Ya nos vamos mi maridito y yo guapa, felicidades por tu auto.

Eso pasó en la tarde del sábado, y las palabras de la abuela Fernando no me dejaban en paz, sobre todo porque con las cosas no yendo siempre tan bien entre nosotros pues…


- Buenos días mi amor… Tengo que decirte algo Arturo…

- De que se trata…


Pasé a comentarle lo que la abuela Fernando me había comentado, sin decirle que era su idea…
- Mirá Noel, si ese caso llegara a darse te quedas vos con el auto porque además de que vos pusiste la mayor parte de la plata, yo no podría mantenerlo. Descuida, yo veo que nuestra relación es muy sólida y no creo que terminemos… Tenemos nuestros problemitas, pero vos sabés que te quiero!

A mediados de ese Octubre de 1986 ocurrió algo muy desagradable... algo que no hubiera esperado jamás. La vida me arrancaba dos grandes personas de mi lado, las abuelas Fernando y Mario tenían que regresar a la Ciudad de México. La economía no andaba bien y ellos debían atender los negocios personalmente en La Capital.


Recuerdo que en su partida lloré. Fueron en el auto nuevo de Mario a despedirse, ya habían mandado sus cosas por mudanza y manejarían porque deseaban hacerlo así. Era una tarde de Domingo... Estábamos todos en casa de Arturo y Adrián, como de costumbre los fines de semana, y llegaron brevemente antes de tomar la carretera...

- Portate bien nena... Te quiero mucho Lulú... - Suspiró Fernando.

- Nos vemos pronto “imbéxila”. - Me dijo cariñosamente Mario.

Para los inicios de Noviembre Arturo me sabía triste por la ausencia de las abuelas, así que buscaba distraerme y hasta disminuyó en su ánimo por buscar peleas entre ambos. El siguiente fin de semana salimos al bar como de costumbre, el Sábado estaba abarrotado de gente. Fuimos al “Twist” y Arturo se puso muy tomado...


Cuando bebe le da por decirle a todo el mundo que lo quiere, esa noche no fue la excepción. Sin embargo el centro de su atención fui yo en esa ocasión, me besaba y acariciaba en una forma que no era apropiada públicamente, su exceso de alcohol lo llevaba a un exceso de conducta. Eran precisamente esos extremos a los que yo temía más, porque sabía que súbitamente podría tornarse agresivo.
Como no le seguí el juego, se molestó y se fue a bailar con otro amigo esporádico del grupo, Vladimir Rodríguez. Yo estaba en una de las esquinas y noté que un tipo me andaba mirando insistentemente. Luego de unos minutos de estar en esa situación, el chico se acercó conmigo...
- Hola... Por qué tan solito??

- No, si no vengo solo. - Le contesté fríamente.

- Sí... lo sé... Vienes con aquél de camisa clara verdad? Lo vi cómo se comportaba hace un rato. Pero hace buen tiempo que está con ese amigo y ya no te toma en cuenta para nada.

- Eso no es algo que sea de tu incumbencia. - Respondí sin mirarlo.

- Mirá, te propongo algo. Qué te parecé si nos vamos al privadito de atrás un rato, después de todo... Una preciosidad como vos no merece estar tan solito...

- N-No Gracias. - Me retiré halagado y nervioso.

Luego de media hora en que Arturo acabó con mi dinero en bebidas, ya no podía tenerse más en pié... entre Vladimir y yo lo llevamos a la salida... cuando nos desplazamos en esa dirección sentí la mirada de alguien y volteé, era el chico que me había hablado esa noche, moviendo su cabeza de un lado a otro me alzó su copa y después me sonrió con cierta tristeza. Yo me sentí molesto, impotente y frustrado por esa situación.
El final de esa noche, el broche de oro, fue el que Arturo llegara a su casa y en su recámara vomitara, siendo yo el encargado de limpiar su grotesca escena. En ese minuto recordé lo mucho que mis padres se habían preocupado para darme una buena educación, como para que yo hubiera terminado en algo como eso. Arturo ciertamente no era lo que yo esperaba cuando lo conocí.

En Noviembre 23 celebramos mi cumpleaños, la ocasión fue excelente. TODOS se fueron y nos dejaron solos en casa de Arturo y Adrián, había una vela en la mesa, cena para dos, y de regalo me obsequió un traje de muy buena marca. Hicimos el amor y pasé la noche en su casa...


Mis 21 años fueron inolvidables… esa cena romántica con flores, velas, y su compañía me hicieron sentir como que estaba viviendo una escena de alguna obra teatral… Escena por la que mi corazón esperaba desde hacía mucho tiempo, escena que el destino finalmente me había dado como pago a tantos sobresaltos y tristezas por parte de Arturo.
Si hubiera podido escoger una fecha para haber muerto sin duda hubiera seleccionado esa noche de mi cumpleaños, mientras estaba en sus brazos… mientras sentía su calor en mi cuerpo. Como cosa curiosa yo sentía que mi vida había tomado realmente un sentido al haberme enamorado de esa manera tan profunda y sin medida de Arturo… Arturo Larrondel.
Por esas feches recibí los resultados de un trabajo de investigación y concurso en un proyecto relacionado con mi carrera, el trabajo lo había submitido en Noviembre último y había obtenido yo el primer lugar.
Se hizo un buen escándalo con eso y en la ceremonia asistirían medios de comunicación, especialmente de diario. Recuerdo que las abuelas me llevaron a cenar por tal evento, y Arturo estaba realmente orgulloso. Esa noche, mientras estábamos en aquel elegante restaurante, les di a las abuelas Mario y Fernando su invitación al evento.
Mario la vio y comentó que eran muy bonitas… Fernando la leyó y puso cara de pánico…
- Y ya mandaron estas invitaciones Lulú??

- Claro abuela… qué… Hay algo malo en ellas?? - Pregunté preocupado.

- Claro que hay una equivocación! Leéla bien….
Leí la dichosa invitación… la releí. Arturo, que estaba a mi lado, se acercó a leerla conmigo…
- Abuela… No encuentro el error… De qué se trata???

- Aquí dice, entre otras cosas, que serás aceptado en la Sociedad local de…

- Claro abuela, es una de las cuestiones del premio.

- Pues ahí está el error…! Dicen que te aceptarán como “Miembro Activo” y vos sos más “pasiva” que nada guapita!


Como ya te expliqué estos términos se aplican a la conducta sexual de un individuo, lo que la abuela me quería decir, bromeando, era que yo prácticamente era la aberración de la femineidad como para se me dijera “activo” en algo… Todos nos reímos de buena gana.
Durante el evento, en el que estuvieron los miembros de mi adorada familia, estaban mi padre, Mónica mi hermana y mi madre en primer término… todos estaban tan orgullosos de mí, y yo estaba tan satisfecho de darles esa alegría… tan satisfecho. Las abuelas se sentaron, junto con Arturo, al fondo del enorme salón que estaba abarrotado de gente.
Cuando me tocó hablar en el podium para agradecer mi premiación, inicié diciendo…

- Este trabajo está inspirado…

Hice una pausa y miré fijamente a Arturo….
- … por el amor de mi vida…. (suspiré)… La investigación!

Al avanzar en mi pequeño discurso, volví a ver a Arturo quien estaba reanimándose de la dedicatoria pública de mi premiación a él, la abuela Fernando estaba ahogándose de la risa y Mario, como toda buena Avila de Alba, estaba guardando la compostura… eso o simplemente se le acabó la batería en su aparatito de sordera y no había oído nada!


Pasaron los días… y con la tranquilidad del amor, especialmente por la final y completa aceptación de mi homosexualidad, y con el antecedente de haberle dicho ya a la Güereja que yo era gay, decidí hablar con Edgar Garza acerca de mi… digamos “status” sexual.
Edgar era ese chico que me había llamado tanto la atención desde la Preparatoria, con quien desde entonces me reunía, junto con Rubén López, para cenar alguna noche de los fines de semana. Sin embargo esa noche no sería igual que todas. Aún a pesar de tener auto, algunas veces decidíamos caminar como en los viejos tiempos.
Edgar pasaba por mí a mi casa, ambos vivíamos a una calle de distancia, y de ahí caminábamos como unas 25 cuadras para pasar por Rubén, de ahí caminábamos otras 8 ó 10 al restaurante, regresábamos a dejar a Rubén y de ahí concluíamos Edgar y yo nuestro paseo (y laaaaarga caminata!) en la esquina de mi calle y de ahí cada quien a su casa.
Durante esos largos trayectos de andar, Edgar y yo hablábamos mucho y eso nos ayudó a estrechar nuestra amistad en grado sumo, al poco de conocernos en Preparatoria se convirtió en uno de los seres más cercanos a mí, aún a pesar de que no siempre coincidimos en todo… Por esa época estaban construyendo el puente de Gonzalitos y Paseo de los Leones.
Antes estaba ahí una rotonda o glorieta, la cual estaba a medio demoler, le pedí a Edgar que se sentara conmigo… la cálida noche de otoño era clara y estrellada, pasaba ya de medianoche…
- Edgar… Vos sabés que tengo una amante desde hace tiempo, y que he sido bastante discreto con su nombre y con su persona. - Inicié en tono serio.

- Sí… Pero yo te he respetado ese silencio porque sé que cuando el momento llegue vos me compartirás esa parte de tu vida, como lo hemos compartido todo.

- Bien, pues ese momento ha llegado.

- De verdad??? - Me dijo excitado.

- Puessss… Verás… no sé por dónde empezar…

- Andale… suéltala! - Insistió cariñosamente.

- Mi amante no es una mujer… - Dije quedamente.

- Acaso se trata de un… hombre? - Preguntó dubitativo.

- Sí Edgar… Soy homosexual. - Puntualicé en tono serio.

- O me estás jugando una broma… - Se detuvo.

- O es verdad… pues es verdad. - Concluí su frase.

- N-No estarás confundido… - Suspiró mientras me miraba con cierta curiosidad.

- No hombre! Me encanta la “verdolaga” - Le dije en tono de broma.
Ambos reímos de buena gana con mi comentario y la solemnidad del momento de confesiones se perdió en medio de los materiales de construcción que estaban por todas partes…
- Le conozco?

- No creo… Se llama Arturo Larrondel…

- Larrondel??… Larrondel! - Exclamó con sorpresa.

- Lo conocés??? - Pregunté con intriga.

- Claro que lo conozco! Que pequeño es el mundo Noel.

Edgar había dado unas clases en la Facultad de Psicología por un semestre año y medio atrás, como parte de unas actividades extraescolares de un programa que siempre no se implementó. Arturo había sido su alumno por esos tres meses.


Durante la conversación Edgar intentó disuadirme, diciéndome que los pasos que estaba llevando no eran del todo los mejores, pero lo hizo de un modo en que me enfrentara con mi realidad…
- Valió la pena el sacrificio de conocer ese mundo de la homosexualidad? Valdría la pena, aún renunciando ese tan “brillante” mundo de la homosexualidad, el que te llenaras de SIDA por haberte enamorado de un hombre? Vale la pena tu sufrimiento, en más de una situación, por el mundo que estás llevando?

- Sí Edgar… sin duda alguna… Siento que mi vida está cumpliendo su cometido. De verdad.


Sin embargo Edgar hizo algo que no esperaba esa noche… preguntó con demasiado interés y detalle lo que Larrondel y yo hacíamos en la cama, a lo cual yo respondí con toda honestidad… Pero esa situación de desmedida curiosidad, que Alejandra no mostró, me hizo sospechar que Edgar podría ser una “maricona traumada”, es decir alguien que no se ha aceptado todavía.
Me insinué muy pero muy levemente en esa posibilidad, pero mis palabras no prosperaron… sin embargo recordé aquello de que “El que espera y no desespera termina llevándose la mejor pera!” Y yo estaba dispuesto a esperar. Edgar me había aceptado como homosexual esa noche y así quedaron las cosas.
Diciembre de 1986 fue un mes tranquilo para mi relación, no hubo mayores problemas, era como si las cosas estuvieran entrando en una etapa de descanso para ambos, yo rogaba porque durara así mucho tiempo. El 24 lo pasamos juntos, Arturo cenó temprano primero en casa de su abuelita Aurelia y más tarde nos fuimos juntos a casa de mi madre, donde lo pasamos con mi familia.
Año Nuevo de 1987 lo pasé en la esquina de casa de Arturo y Adrián, por la calle de Pachuca, en el departamento que rentaba Filiberto (Barbarita) para estar con Carlos (La Gina). No había más que botana y eso sí, mucha bebida! Tenían una buena pachanga… música, risas y hasta un concurso! Por votación daban prioridades y nombramientos a la asistencia selecta, con bandas pectorales escritas a mano a remedo de las usadas por las “Miss Universo”.
El título principal era la de “Miss Gay ‘87” y el segundo era el de “Señorita Simpatía”. El primero se dio por los merecidos talentos de ser “bonita y muy maricona” a decir de las votantes, entre quien estaba yo obviamente. El título se lo llevó Rogelio Villarreal, uno de los esporádicos que por esa época había sido corrido de su casa porque le “averiguaron el numerito”, es decir descubrieron su homosexualidad. Adrián le había dado hospedaje en su casa. Rogelio era muy afeminado, pero muy guapo… encajó a la perfección.
La sorpresa corrió cuando gané por votación casi unánime el título de “Señorita Simpatía” - yo había votado por Arturo y Jorge Toledo por él mismo!- por lo que me sentí feliz de haber conseguido cortar la primera flor del jardín de ese grupo, el cual me era tan ajeno, especialmente una vez que Las Abuelas se habían ido a la Ciudad de México.
Lo mejor de ese título, aunque me quede mal en decir, fue que de alguna manera había triunfado sobre Jorge Toledo, su rostro era de una ira disfrazada de arrogancia y displicencia… pero esa expresión en su cara y la sonrisa forzada que dio cuando me vio ostentar esa banda no tuvieron precio para mí.
Dieron las doce campanadas y ese 1987 me vio ser recibido en brazos de Arturo, en un largo abrazo que tuvo como matiz su cabeza en mi pecho y la mía en su hombro. Hice una pequeña oración para que 1987 fuera tan bueno en emociones como 1986, pero sin las tristezas ni la peleas que habían caracterizado mi relación con Arturo, especialmente durante los últimos meses. Oré también por mi familia y por las Abuelas.
El resto de la noche Jorgito Toledo se lució como solo él sabía hacer. Tuvimos que esconderle un frasco con pastillas, ya que estaba “cruzándose” con bebidas, barbitúricos y otras cosas. Era su forma de llamar la atención, siendo la primera vez que mi archienemigo y rival me mostraba cuan problemáticamente frágil su estado emocional era, y lo que el pobre de Arturo debió vivir al estar atado sentimentalmente a un ser así.
Al día siguiente recibí en casa llamada de las condenadas abuelas Mario y Fernando, quienes me deseaban lo mejor desde la Ciudad de México. Obviamente no perdí el tiempo en contarle la reseña de la despedida de 1986 y de cómo “Lulú” - oséase yo - había ganado el título de “Señorita Simpatía”, ofendiendo con esto a su real majestad Georginita Primera”. Fernando no dejaba de reírse por la bocina, mientras Mario me felicitaba, pero me advertía de lo que Jorge Toledo podría hacer como enemigo… yo le dije que la situación no podía ser peor entre él y yo y Fernando coincidió conmigo.
Las cosas iban de maravilla para ellos, finalmente habían comprado un departamento en la colonia Santa Cruz Atoyac, por Plaza Universidad, ya que en Polanco y las Lomas de Chapultepec había demasiada familia y amigos como para que pudieran estar tranquilos, además de que el rumbo hacía que Mario pudiera estar cerca de su familia, su madre acababa de ser diagnosticada con cáncer.
A mediados de mes Arturo y Adrián tuvieron la primera discusión seria desde que yo llegué a ese grupo exactamente un año, menos dos semanas, atrás. Rogelio Villarreal ya tenía tres semanas de estar con ellos y Arturo deseaba que los gastos se repartieran entre tres y no a mitades, lo cual hasta cierto punto era justo.
Sin embargo Rogelio no tenía trabajo, pero no hacía el menor esfuerzo por conseguirlo, Adrián le dijo a Arturo que le diera a Rogelio un poco más de plazo para que pudiera ponerse en pié, que estaba deprimido por lo de su casa y que no era fácil para alguien que no había terminado la Preparatoria (a sus entonces 23!) obtener empleo. Arturo, en uno de sus característicos arranques, le dijo a Adrián que se iría de ahí tan pronto como consiguiera un lugar para cambiarse.
Debido a este distanciamiento entre Adrián y Arturo, el mal carácter de Larrondel regresó y con ésto sus malos tratos hacia mí. Le toleré absolutamente todos sus desplantes, arranques y groserías, con el silencio que el mejor de los amantes enamorados podía expresar. Solo el reproche de mi mirada salía al encuentro de la suya, pero sus ojos se empeñaban en desoírla. Necesitaba yo un desahogo…
Vladimir se había acercado más a nosotros con aquello de mi atracción meses atrás por Cassandra, aquella chica lesbiana que había visto una sola vez en el “Twist”. Resultó que su hermano también era de ambiente (marica) y estaba en conmoción por haberlo descubierto. El y Arturo se fueron haciendo de alguna manera buenos amigos, por lo que Angel - hermano menor de Vladimir - y yo usualmente terminábamos a solas en la recámara de Angel.
Pasó el tiempo y Angel y yo nos fuimos haciendo más familiares en más de un sentido. En una ocasión, mientras Arturo y Vladimir estaban en la salita del departamento de Angel y Vladimir, “Las Rodríguez” como les llamaban, finalmente Angel me besó y yo correspondí a su beso. En alguna ocasión basamos de nueva cuenta, y hasta nos acariciamos, pero jamás nos desvestimos… para mí Angel se convirtió en una distracción a los problemas que yo tenía con Arturo.
Al pasar de las semanas Arturo seguía en lo dicho, deseaba cambiarse de domicilio, Rogelio se había instalado y no tenía para cuando salirse de ahí…
- No pienso mantener vagos Lito. Me mudo a la primera oportunidad.

- Sabés que cuentas conmigo para lo que te pueda ayudar.

- Lo sé. Gracias.

Por esos días, para variar, terminamos en el departamento de “Las Rodríguez” y noté que Vladimir estaba muy contento y cuando me vio me dijo que me tenía una noticia que me alegraría mucho…


- Adivina quién se viene a estudiar a Monterrey??

- Ni idea.

- Cassandra de Monteblanc! - Me dijo con una amplia sonrisa.

- De verdad?? Cuándo? Cómo?

- Sabía que te ibas a alegrar… Déjame contarte…

Así me dijo que finalmente la mala relación que sostenía con su padrastro había llegado a un punto en el cual, por bien de su matrimonio con la mamá de Cassandra, decidió mandarla de nueva cuenta a estudiar lejos, ella escogió Monterrey para estar cerca de Diana Puerto, su amante.


Esa noche llegué a casa y tenía recado de que las abuelas habían llamado desde México, me pidieron que le llamara a Fernando a su oficina al día siguiente. Así lo hice…
- Qué tal Dr. Noel… - Me dijo la abuela en tono solemne.

- Abuela soy yo… Lito… Qué pasa?

- Sí Dr. Noel, mire en este momento estoy ocupado con unas personas, pero olvidé decirle a la secretaria que no me pasara llamadas… - Repitió en el mismo tono serio.

- No me digás que no me podés hablar bien abuelita Fernando. - Le dije jugando.

- Lamentablemente no me es posible… - Insistió.

- De veras??? - Le dije ya en franca broma.

- Le llamo en unos minutos, estará usted en su casa?

- Dónde más querés que esté estúpida loca retorcida…?? Si supieran esas personas lo vieja, decrépita e idióticamente maricona que sos…. - Le dije entrecortadamente por la risa.

- Ya le contestaré esa información como usted se merece Dr. Noel. Ahora, si me lo permite…

- Pero cómo no! Pero antes quiero decirte que el modelito que traes está ho-rri-ble queridita… Ay rica! Ese color de uñas hay que cambiarlo… sinceramente no te va! ­- Me reí a carcajadas y colgué la bocina.


Me quedé riendo en la mesa del teléfono del recibidor de mi casa… Me encantaba hacerle ese tipo de bromas a la abuela Fernando… y yo sé que él las disfrutaba de igual manera. Sonó el teléfono….
- Perra maldita… Te voy a matar… Ahora sí guapita… que me decías? Estoy “puextíximo” a contestarte como te mereces “extúpida infelix”! Ay Lulú, de veras que me hiciste reír! Ya no hallaba cómo hacer para ponerme serio con esos inversionistas y clientes. De veras que sos tremendo!

- Mi tiempo es muy limitado, ahora sí decime para que demonios me llamaste desgraciada, que soy yo quien ahora tiene una junta de accionistas… - Le dije bromeando.

- Antes que nada felicidades por tu primer aniversario… Qué te parecé si nos vamos a celebrarlo juntos vos, Arturo, Mario y yo a algún lado?

- Me encanta la idea, especialmente por verte, hace ya tiempo que no nos vemos… más de tres meses!

- Mario y yo hemos pensado irnos a Acapulco a fin de mes, te parece que lo comentes con Arturo?

- De una vez te digo que ya es un hecho! - Puntualizó.

Le dije a Arturo de la idea y le pareció excelente, especialmente porque ese sería mi regalo de aniversario para él. Yo me iría tres días antes para pasarla con las abuelas, él sabía lo importantes que se habían convertido para mí ese par sin par, además de que él por su trabajo y por la escuela no podía irse esos tres días.
Dos días antes de mi ida a la Capital Fernando me llamó desde la oficina para hacerme saber que él tenía que salir para Suecia y Mario para San Francisco al día siguiente, que estaban por cerrar algunos negocios y que pues nadie podría recibirme, pero que era más que bienvenido para quedarme en su casa y usar uno de los autos… Le agradecí el ofrecimiento, pero decidí irme al departamento de Gustavo y Gabriela, donde me había quedado la vez anterior.
Las abuelas me aseguraron que regresarían a tiempo para nuestro viaje a Acapulco. Le comenté a Arturo del cambio de planes y me dio su aprobación… los boletos ya estaban comprados de cualquier manera. Partí a la Capital en tren, como era costumbre y al llegar tomé un taxi al departamento de Gustavo y Gabriela. Ellos hicieron gran alharaca de verme.
Gabriela y su amante Linda cumplían 2 años de relación por lo que su departamento estaría abarrotado de locas esa noche… bueno, de locas y tortilleras! La comida se fue comprando, la bebida y demás… Gabriela buscaba la música que sería tocada esa noche.
Casualmente la dirección de su departamento era en la misma calle que mis padres tuvieron su primer departamento cuando se casaron 900 años atrás… bueno, no tanto. El sitio era el área del Estadio del IMSS, por Viaducto y Baja California.
Por la tarde salí y regresé ya noche de hacer mis vueltas en el centro, visitar algunos amigos y, especialmente, a mi primo Guillermo. A eso de las 9 de la noche regresé al departamento de Gustavo y Gabriela y la dichosa reunión iba viento en popa. Todos se divertían y pronto me integré al grupo.
Al poco rato, una vez que me había cansado de bailotear, me fui a una de las esquinas de la abarrotada salita, y me puse a charlar con Manuel, tipo que hablaba con acento español, de mediana edad y que se trataba verdaderamente de un pozo de erudición. Hablamos de la historia española y mexicana, repasamos a artistas y literatos, discutimos amigablemente algunos puntos y finalmente comenzamos a criticar a los invitados, lo cual es típico de cualquier fiesta por buga (heterosexual) o de ambiente (homosexual) que sea…

- Ya viste a esa loca que no cesa de hacer reír a todos los demás?? - Le dije criticando.

- Y me tiene harto con sus superficialidades Noel.

- Siempre me he puesto a pensar qué clase de vida llevan ese tipo de gente que buscan la carcajada barata en sí mismos y en los demás… Es bastante guapo, pero su manera de comportarse como que le quita atractivo.

- Concuerdo definitivamente con vos Noel. Creo que se llama Francisco, me lo presentaron antes de que vos llegaras y me salvaras de esta reunioncita.

- Que te salvara? De qué hablas??

- Sabés Noel, no me gusta bailar y fue una sorpresa conocerte porque no es fácil charlar de estas cosas con la gente en una fiesta gay, usualmente se pasan el tiempo hablando de sus conquistas, de la ropa que traen y esas pavadas.

- Con quién viniste?

- Con mi pareja, tenemos tres años de estar juntos.

Manuel me había llamado la atención solo en el aspecto cultural. Con el pasar de las horas se dio la cena y finalmente la conclusión de la reunioncita esa, en la cual me la había pasado muy muy muy bien. Se retiraron los invitados, incluyendo a Manuel y a su pareja.


Todos se fueron a excepción de Francisco, esa loca retorcida que estaba haciendo reír a todos con sus tonterías y su inmaduro carácter. Se quedó porque estaba demasiado tomado para manejar, así que él y yo compartimos la salita para dormir. Lo primero que me dijo una vez solos fue un reproche…
- Estoy enfadado con vos… Noel… Noel? Verdad?

- Sí Francisco así me llamo, Noel. Por qué estas molesto conmigo? Ni siquiera hemos hablado, vos estabas muy ocupado con todos en la fiesta. De qué manera te pude haber alterado tu estado de ánimo??

- Dijiste que luego de la Inquisición, quienes vinieron a rematar con la dominación ideológica fueron los Jesuitas… Y yo me sentí aludido por haber cursado siempre en escuelas de instrucción jesuítica.
Comenzamos entonces una conversación más profunda, sus puntos de vista eran tan contundentes que me sorprendió que ese ser tan maduro hubiera pasado la noche en medio de payasadas. Tenía mucha cultura y finas maneras, se ganó mi confianza al grado que le comenté mi sorpresa…
- No puedo creer que seas vos esa misma persona irreal que hace poco estaba mariconeando tanto.

- Las personas no son como aparentan a veces. Tenía muchas ganas de divertirme y así lo hice y punto. Ya tengo sueño… las copas y mis 29 años me están cerrando los ojos. Si camino dormido en la noche no te sorprendas eh? - Terminó su comentario en tono de broma.

Sin embargo sus palabras no eran tan de broma como yo las había tomado. Y esa noche Francisco, mientras yo dormía profundamente, se metió en mis cobijas y me abrazó tímidamente, yo instintivamente me llevé su mano a mi pecho y me pegué a su cuerpo… Después de todo era lo usual entre Arturo y yo hacerlo, y por el adormecimiento, me olvidé de que ni siquiera estaba yo en Monterrey. Recuerdo la escena vagamente… como parte de un sueño.
Pero Francisco no se conformó solo con ese abrazo y comenzó a besarme la cara y los labios. Me abrazó tiernamente y me besó el pecho y el ombligo, hasta llegar a mi masculinidad. Lo que me hizo despertarme fueron mis propias convulsiones provocadas por el orgasmo que su boca me había brindado. Me sentí descompuesto, me sentí de alguna manera traicionado por mí mismo.
A la mañana siguiente Francisco se había marchado muy temprano, pero le dejó dicho a Gabriela que pasaría por mí a eso de las 3 de la tarde para ir a comer juntos. Dudé por algunos momentos, pero finalmente Francisco y yo nos encontramos para pasarnos la tarde juntos.
Me llevó a un restaurante Chino por Insurgentes Sur y luego a comer nieve a la plaza de Coyoacán. Hablamos de lo sucedido y antes que nada me pidió perdón, me dijo que él se dio cuenta de que yo le había confundido con alguien más, porque al momento de llevarme su mano al pecho se la besé con mucha ternura y ahí se percató de la confusión.
Yo le dije que no había forma de devolver el tiempo y que mucho me hubiera gustado que las cosas no sucedieran del modo en que pasaron, pero que ya no había remedio…
- Sé que mañana lega tu amante… Arturo se llama verdad?

- Así es.

- Por favor espero que esto que pasó no interfiera con la posibilidad de que seamos amigos.

- No te preocupés por eso Francisco, creo que las cosas han mejorado mucho entre vos y yo.


A la mañana siguiente me presenté en la Central de Autobuses del Norte, cerca de la estatua de la Virgen de Guadalupe, con una flor en la mano. Cuando vi de lejos la figura de Arturo Larrondel, todo ese torrente de haberlo extrañado por tres días, se volcó en un enorme y profundo abrazo que, creo, ha sido el más sincero que jamás le di.
Esa sensación de amor por alguien, me di cuenta, era como estar más cerca de Dios… era agradecer a la vida por ese sentimiento de infinita generosidad, entrega y compañía interna que solo se vive una vez. Precisamente por eso debía luchar por rescatar mi relación de los problemas que se presentaban en el diario de lo cotidiano.
Ese día Jueves lo pasamos Arturo y yo juntos paseando en las antiguas calles del centro de la Ciudad de México, hablando y disfrutando de nuestra compañía mutua. Por la noche llegaron las ancianas decrépitas (Mario y Fernando) de sus viajes respectivos y nos reunimos para cenar juntos y celebrar que nos reencontrábamos.
La noche de Jueves llovía a cántaros, pero no menguó el abrazo que les di a Fernando y a Mario, iba lleno de nostalgia de cariño y de sinceridad. Arturo y las abuelas se llevaban bien, pero ellos significaron lo más importante para mí después de Arturo, y el no tenerlos en Monterrey representó una de las ausencias más difíciles de tolerar.
Al día siguiente nos enfilamos en su auto a Acapulco y, como cosa rara, caí dormido todo el camino. Obviamente la abuela Fernando se la pasó perreándome todo el camino y las carcajadas de todos no las oí en mi profundo sueño. Cuando desperté estábamos ya buscando el hotel donde nos hospedaríamos. Compartiríamos un cuarto doble, lo cual era magnífico para pasar el mayor tiempo posible con las ancianas abuelas.
Ese viaje fue inolvidable. Nos divertimos mucho, convivimos mucho, comimos mucho y nos perreamos cariñosamente mucho también. Por ser fin de Enero las playas estaban carentes de esas familias que usualmente invaden ese bello puerto. El último día que pasamos juntos, ya por caer la noche, las abuelas se fueron a dormir una siesta…
- Cosas de la tercera edad mi cielo… - Le dije en tono de broma a Fernando.

- Boluda Lulú! Yo por lo menos ya llegué a los 875 años guapita, pero a como vas dudo que llegues siquiera a los 22, querida! - Me dijo sonriendo.



- Perra maldita! Vámonos Arturo, deja que éstas se vayan a sus sarcófagos a momificarse! Que descansen… en Paz!- Dije bromeando mientras nos íbamos Arturo y yo del cuarto a pasear por última vez en Acapulco.
Salimos a caminar… Arturo y yo estábamos muy cerca el uno del otro… ese viaje nos sirvió para reunirnos emocionalmente. Nos enamoramos mucho, especialmente estando a solas y sin las abuelas. Nos detuvimos de pronto en una de esas playas, el sol moría ensangrentado en los verdes brazos del mar a lo lejos. Arturo tomó mi cara entre sus manos, me musitó…
- Te amo Lito….
Y sin siquiera medir las consecuencias de estar en una playa pública, me besó en los labios con pasión, en un beso que entonces supe, era completamente correspondido por el mismo sentimiento que yo tenía por él. Resultó una de esas raras ocasiones en las que ambos vibrábamos en el mismo nivel emocional. Fue increíble.
Luego de besarnos, nos abrazamos al eco de las olas y del rumoreo de la gente a nuestro alrededor… Solo Dios sabe lo que hablaban, pero sin duda se trataba del espectáculo que acababan de presenciar, pero a mí eso no podía importarme menos. Aunque nadie se escandalizó violentamente.
Regresamos a la “Sultana del Norte”, Monterrey, y pronto la rutina nos envolvió de nuevo… rutina que traía de regreso el mal carácter de Arturo, sus desplantes y sus gritos, tanto en privado como en público.
Lo más positivo que recuerdo de ese mes de Febrero de 1987 fue que decidí a escribir un libro, mismo que recogiera brevemente el cómo cada uno de ese grupo de homosexuales, amigos de Arturo, había vivido sus vidas y se habían reconocido como homosexuales, compartiendo en esas páginas sus experiencias. Sin embargo, como era usual en ese grupo ante cualquiera de mis ideas, la negativa fue total.
No obstante decidí no dejar morir la idea de ese libro, así que una tarde de la primera semana de Febrero de 1987, compré uno de esos enormes libros de contabilidad y balances, y comencé a escribir a mano sobre mí, mis experiencias y mis sueños. Deseaba dejar huella de lo que había vivido y del gran esfuerzo que me había costado llegar hasta donde estaba.
Ese libro se convertiría en el epitafio de mi infancia abatida por la condenación de los demás por ser amanerado, de mi adolescencia que significó el renacimiento de mis valores y amistades sinceras, y de la edad adulta que me permitió conocerme realmente a mí mismo, mirarme por vez primera en el espejo de la homosexualidad, donde se han visto llorar tantos antes que yo, por la profunda vanalidad de ese amor que no se atreve a pronunciar su nombre, que está bordado por lágrimas y usualmente deambula en la avenida de los sueños rotos.
Una vez que las palabras de ese libro terminaron la blancura de los renglones, y las páginas se iniciaban como las tímidas formas de un capítulo, le permití a Arturo leer el original y él se mostró sorprendido de la candidez y agilidad que Noel E. D. tenía. Esas notas, que todavía conservo, me sirvieron de base para la versión mecanografiada, y ésta última para el escrito que ahora tenés en tus manos.
Por esos mismos días “Las Rodríguez”, Vladimir y Angel, daban una reunión para algunos pocos amigos, entre los que no figuraban “las brujas” como las abuelas les llamaban al grupo de amistades de Arturo, apodo que le iba de maravilla al tal Jorge Toledo, Barbarita y al resto de ellos que muy pocas veces me trataron bien. Acepté de inmediato la invitación.
En la reunión Vladimir nos presentó al chico en turno con el que salía, Iván. Durante los primeros 45 minutos Arturo se pulió y contuvo, pero a la primera oportunidad simplemente se volcó en su árido carácter para conmigo. Yo, como de costumbre, detestaba esas miradas compasivas hacia mí de quienes nos rodeaban. Vi salir a Iván al balcón, y me fui detrás… cualquier cosa era mejor que estar tolerando esa situación.
Al salir las luces de la ciudad parecían mínimas luciérnagas e impasibles observaban el hermoso atardecer rojizo, como el cobre recién martillado… Iván me daba la espalda y estaba con sus brazos recargado en el balcón observando la quietud de la escena…
- Buenas noches. Puedo hacerte compañía? - Pregunté.

- Por supuesto! Muy cargado el ambiente allá adentro verdad?

- Pues sí. - Le respondí resignado.

- Me llamo Iván, Iván Acosta y soy de Hermosillo, perdoná, pero olvidé tu nombre.

- Me llamo Noel, y soy de aquí de Monterrey, soy Regiomontano.
En eso interrumpió Arturo y con un tono despótico dijo…
- Con permiso.
Se abalanzó sobre mí y sin decir más nada me besó en la boca con pasión y se retiró. Sin palabras me etiquetaba groseramente como “de su propiedad”. Esta era otra de sus ridículas actitudes y uno más de los usuales desplantes de su poder sobre mí…
- Perdón Iván… no sé cómo pudo… - Dije avergonzado.

- No te preocupés Noel, es algo que no tiene ninguna importancia. Sabés…

Iván comenzó a hablarme de no sé cuanta cosa… yo seguía sumido en mi vergüenza, especialmente conmigo mismo por haber permitido que ese comportamiento de Larrondel hubiera escalado hasta esos niveles, permitiéndole que me maltratara tanto en público como a puertas cerradas.
“La ropa sucia se lava en casa” me decía… y no era tanto por la opinión que los demás se hicieran de mí, sino por la que yo comenzaba a tener de mí mismo, de la aterradora imagen que esa relación comenzaba a mostrarme… “Pero qué hacer con este intenso y profundo sentimiento??” Me preguntaba continuamente al murmullo de las palabras de Iván, que pronto se tornaron en monólogo.
“Soy yo” terminaba por disculparlo en mi cabeza. De alguna manera esa era la última respuesta a la que llegaba… tenía que ser así… “Mi inexperiencia”, me repetía… Algo debía estar haciendo yo para provocar en Arturo Larrondel ese tipo de reacciones tan humillantes, mordaces y ásperas.
En ese momento me olvidé que más vale querer poco y bien que mucho y mal, pero la cantidad de ese sentimiento me cegaba en grado sumo, por ese amor que yo sentía, estaba dispuesto a renunciar a todo… hasta a mi dignidad si era necesario. “Esto va a cambiar pronto” me repetía hasta el cansancio.
Mi situación era verdaderamente de dar lástima. Por una parte tenía que soportar el rechazo de los amigos de Arturo, azuzados sin duda por el despecho que Jorge Toledo sentía de verse reemplazado por mí, pero sobre todo porque además de esto, tenía que lidiar con los desplantes de Arturo Larrondel…
- Qué te parece Noel? - Iván me sacó de mis pensamientos.

- P-Perdón Iván, no te escuchaba…

- Lo noté desde hacía rato… - Sonrió.

- Te seré franco…el proceder de Arturo, hace un momento, me abrió los ojos de muchas cosas.

- Descuida por lo que pasó. Pero decime… Acostumbra hacer este tipo de acciones tu inseguro amante con frecuencia?

Asentí con la cabeza y nuestra conversación se fue tornando poco a poco más en el plano de una franca amistad. Iván se perfiló como el amigo que necesitaba en ese momento, una vez que las abuelas se habían ido a radicar a la Ciudad de México.


Con todos los problemas que tenía realmente la experiencia de Mario y de Fernando me hubiera sido muy útil, pero ellos estaban tan lejos y yo me sentía tan confundido. Nos interrumpió Angel, el hermano de Vladimir…
- Lito… Tengo que darte una noticia importante.

- De qué se trata?

- Lito… Mañana llega Cassandra, iremos a recibirla al aeropuerto.

- C-Cassandra? A-Aquí?? Esa sí que es una buena noticia!

- Bueno, los dejo charlar a gusto. - Dijo Angel al despedirse.

- Y quién es Cassandra si puede saberse… - Me preguntó Iván Acosta.


Le conté el incidente de cómo me sentí atraído por ella en la discoteca de homosexuales donde la vi tan solo una vez. Le comenté de lo mucho que su presencia femenina me inquietaba y el saberla cerca me llenaba de alegría…
- Pero sos bisexual?

- No creo que lo sea… pero realmente la química que recibí de la presencia de Cassandra de Monteblanc es sorprendente hasta para mí mismo.


Al regresar a la reunión mi estado de ánimo había cambiado, entre la noticia de la llegada de Cassandra y la amistad que Iván me brindaba hacía apenas 25 minutos, mi panorama lucía ciertamente mucho mejor que cuando salía al balcón. Arturo seguía en su ya usual mal carácter, pero yo tenía energía suficiente para lidiar con esto.
Esa noche de Viernes tardé en conciliar el sueño, de alguna manera adivinaba que con el arribo de Cassandra se iniciaría una nueva etapa en mi vida, y si no ocurría inminentemente por lo menos yo estaría abierto a esa posibilidad. No fui al aeropuerto porque no era oportuno, pero esa noche habría una pequeña reunión donde finalmente sería presentado con ella.
Arturo estaba con curiosidad por ver cómo se daban las cosas entre ella y yo, lo mismo que Diana Puerto, la amante de Cassandra. Diana era también de León, Gto. Y ahí se habían conocido 3 años 8 meses atrás, su relación era difícil porque vivían en ciudades diferentes. Tanto Diana como Arturo no se mostraron molestos en ninguna forma por mi obvio interés por Cassandra.
Esa tarde las cosas fueron mejor que normales, Arturo no cesaba de bromear conmigo sobre la llegada de Cassandra, y eso de alguna manera le hizo olvidar sus razones de costumbre para estar discutiendo conmigo. Aunque bien consciente estoy de que para una discusión se requiere por lo menos de dos!
Por la noche me arreglé y partimos a casa de “Las Rodríguez”. Subimos las escaleras de su departamento, que estaba cerca del de Arturo, por el rumbo de la Cigarrera, y mi adrenalina ascendía en mí como el aroma del tabaco en el área perfumaba penetrantemente el ambiente. Vladimir nos recibió en shorts y Angel, Diana y Cassandra estaban en la mesa del comedorcito.
Cassandra se portó exactamente como no esperaba que se portara conmigo… distante, con educación, pero ligeramente fría y, sobre todo, con mucha clase. Me imaginé desde entonces que ella había sido puesta en antecedentes de lo que ocurría conmigo cuando estaba cerca de ella. Estaría enamorándome de ella??
Le reunión pasó con cierta tensión por un encuentro forzado. Al paso de las horas ambos nos sentimos con más confianza, especialmente al momento de retirarnos, cuando sabíamos que lo forzado de esa situación concluía. Bromeamos en nuestra conversación, en la que se mostraba reservada conmigo, pero muy abierta con Diana, Vladimir y especialmente con Angel.
Tras retirarnos, Arturo mencionó varias veces el incidente y, aunque me hizo un par de bromas medio pesadas al respecto… imaginé lo que debía estar pasando Cassandra con tres personas encima que le estuvieran haciendo víctima de su humor pesado.
Ese fin de mes Arturo consiguió un departamento para vivir, pero por los gastos requería de un compañero de casa, como Cassandra necesitaba de un sitio por lo menos por un mes, pues la salida era obvia. Mis dos amores terminaron juntos en el mismo departamento. La vida de veras que a veces tiene un extraño sentido del humor.
En el transcurso de las primeras dos semanas, Cassandra y yo nos conectáramos en más de una manera. Lo que yo sentía por ella finalmente se definió en algo más sincero, algo completamente emocional. Amaba a Arturo como hombre y a Cassandra como mujer, hacíamos de todo juntos, pero eso del sexo estaba fuera de discusión.
Arturo comenzó a recrudecer todavía más su carácter contra mí… Cassandra comenzó a convertirse en mi escape emocional de los malos ratos de Arturo. Sin embargo jamás comparé los dos cariños, si lo hubiera hecho Cassandra hubiera perdido. El representaba mi amor, la razón de mi diario andar, ella mi cómplice y confidente.
Sin embargo no todo fueron miel sobre hojuelas con Cassandra. Ella se enteró de los besos y caricias que nos cruzábamos de vez en cuando Angel y yo, lo cual la puso furiosa, especialmente porque sintió que la confianza entre los tres no era tanta. Angel y ella eran buenos amigos, pero yo en poco tiempo le estaba quitando ese puesto en el corazón de Cassandra.
Por entonces Arturo comenzó a darse cuenta que yo de alguna manera no reaccionaba igual a sus groseros cambios de carácter, y poco a poco se intuía que era por causa de Cassandra, y lo irritaban aún más porque ambos tenían problemas por parte de su trato diario como compañeros de casa. Inventando una forma de atraerse atención comenzó a decir que si se había salido de la casa de Adrián porque me trataban mal.
El comentario verdaderamente me molestó, especialmente por ser mentira. Con esto sí que consiguió mi atención…
- Eso no es verdad Arturo! - Le respondí molesto.

- Claro que sí! Estaba harto de que te trataran mal y…

- Si saliste de casa de Adrián fue porque no deseabas mantener a Rogelio, el amante de turno de Adrián. Si lo que decís fuera verdad… entonces… Por qué te cambiaste hasta el año y dos semanas de verme sufrir sus desplantes??

Su respuesta fue un claro silencio, que fue más contundente que cualquier otra mentira. Si realmente hubiera deseado hacerse el héroe de esta situación me trataría mejor, en lugar de andar cacareando cosas que no son ciertas. No sé por qué demonios mi amor por él no aminoraba con estas cosas… aunque ya no era expresado con la misma frescura.


Por aquellos días Cassandra me había comentado que tuvo un novio y que sostuvo relaciones con él. Yo le respondí su confianza con mi sinceridad de mis fallidos intentos con la prostituta “Mary” y con mi casi triunfo sexual sobre Imelda. Me daba cuenta

de que nuestra amistad estaba escalando a pasos agigantados.


Por mi excitación sobre el haberle dicho a la Güereja y a Edgar de mi situación sexual, se me ocurrió la idea de presentarlos mutuamente, tras haberle dicho a Edgar que Cassandra era tortillera y que me encantaba y a ella que él me había gustado desde que lo vi por vez primera en la Preparatoria, justos 5 años atrás.
Edgar estudiaba Medicina en los últimos semestres, Cassandra tenía un pequeño soplo en el corazón, así que el pretexto de que ambos estuvieran solos en una recámara para una auscultación de pecho descubierto era cuestión de apenas días, especialmente cuando Cassandra me comentó que Edgar realmente era bien parecido. Cuando esto del examen sucedió, Diana la amante de Cassandra, se puso histérica. Pero nada de lo que no pudiera reponerse pronto.
De inmediato me inicié en las labores de ver si Edgar finalmente aceptaba la posibilidad de una homosexualidad… y si esto sucedía pues… quien mejor que yo para estar cerca…! Cassandra prometió ayudarme para que las cosas entre Edgar y yo se dieran, lo cual sonó como música para mis oídos. Aunque no fuera cierto que esto sucediera, la complicidad y sincera honestidad implícita en sus palabras me hicieron sentir muy bien.
El 21 de Marzo de 1987, la conducta de Arturo simplemente llegó al filo de la patanería conmigo, y como de costumbre me tragué todo el desplante, Cassandra, ahora como compañera de casa de Arturo, se percataba de estas cosas de primera mano y me conminaba a que le pusiera un límite a sus humillaciones, o que de plano lo dejara… si eso hubiera sido fácil, lo habría hecho desde hacía mucho tiempo.
Por la noche Arturo me pidió que lo dejara solo, así que salí con Cassandra…
- Vamos por Edgar, Lito. - Me dijo con una sonrisa.

- Estás loca? - Le respondí sorprendido.

- Andale no seas cobardón… Y si lo invitamos a que se tome una copa a algún lugar de ambiente? - Me preguntó mientras sonreía maliciosamente.

- Cassandra… sos una hija de… Hablas en serio?

- Seré hija de lo que quieras, pero hablo bien en serio… vamos??

- Vamos!


Llegamos a casa de Edgar y él estaba ahí. Convencerlo no fue tan difícil como yo supuse, tal vez por la presencia de Cassandra, tal vez porque simplemente Edgar estaba de humor para aceptar ir a un sitio de ambiente (homosexual). Por entonces había un lugar que se llamaba “los Vitrales”, sitio donde se pasaba a tomar una copa a media luz, producto de las velas y la deliberada poca iluminación… el lugar era del corte clásico que Monterrey necesitaba, fuera del estruendo de las discotecas.
Nos tomamos una copa y con eso poco a poco Edgar dejó de sentirse nervioso. La conversación se fue haciendo más fluida y la música de fondo se iba haciendo menos y menos frecuente en nuestra mesa, señal de que nuestros silencios se iban haciendo más escasos. Poco a poco las risas de nuestra mesa se iban sumando a las de los demás. Cuando menos lo pensé…
- Pues yo sí me aviento. - Dijo Cassandra.

- Pues por mí no hay inconveniente. - Agregué nervioso.

- Pues por mí tampoco…! - Puntualizó Edgar.

No sé exactamente cómo llegamos a este punto en la conversación, tal vez Cassandra manipuló los temas hasta que finalmente habíamos acordado en que los tres tendríamos una experiencia sexual esa noche. Esa noche nos unía la completa ausencia de virtudes.


Cassandra manejaba el auto de Diana Puerto, quien convenientemente estaba fuera de la ciudad pasando el fin de semana en León, su padre era muy rico y le había regalado un hermoso auto. Pero como su autoritarismo familiar era muy rígido, hacía regresar a León a su hija cada quince días para que pasara el fin de semana con la familia, Diana sin duda era la adoración de ese hombre.
Había deseado a Cassandra desde que la vi casi un año atrás en esa discoteca de homosexuales. De Edgar qué decir, lo deseé desde que estábamos en Preparatoria, unos cinco años antes y sabía que su personalidad me brindaría tarde o temprano la oportunidad de que nos encontráramos sexualmente. Cassandra se convirtió en el catalizador necesario para que se obrara la milagrosa catarsis y que esa espera llegara a su fin.
Llegamos al departamento de Diana, Edgar y ella se quedaron a solas momentáneamente porque yo había olvidado cerrar la puerta del auto de Diana. Con ese pretexto me retiré de ahí y mientras bajaba las escaleras tomé el tiempo de que ellos dos entrara a desvestir los momentos que nos esperaban juntos. Pero cuando llegué de regreso ambos estaban sin decir palabra en lugares opuestos de la cama de Diana.
Sabía que yo era quien debía romper esa apatía, así que sin palabras me acerqué a Cassandra y comencé a besarla. Ya antes nos habíamos besado en los labios pero jamás como en esa ocasión. Edgar reaccionó de inmediato y le desabotonó la blusa mientras yo le besaba el cuello. Su respiración se aceleraba al paso de mis besos y las caricias de Edgar.
Cuando ella estaba mostrando la blancura de su piel de la cintura para arriba, musitó entrecortadamente por lo desesperado de su respirar…
- Des…Desvístanse… us.. ustedes también…

Ante mis ojos comenzó a aparecer el blanco cuerpo de Edgar, bien marcado por el ejercicio, me parecía estar viviendo un sueño… su última prenda en desaparecer fue su ropa interior, dejando al descubierto una poderosa erección. Yo hice lo mismo.

Pero aún a pesar de estar Edgar presente, de alguna manera mi cuerpo sabía que Cassandra no dejaba de ser mujer, por muy enamorado que estuviera de ella, así que conmigo simplemente no ocurría nada. Cassandra se percató de esto y le dijo a Edgar…
- Edgar… be… besa a Li..to…

Cassandra dio en el clavo! Por lo menos trataba, hasta en ese trance, de brindarme mi sueño… Edgar y yo nos besamos, brevemente primero, y luego con pasión. Sabía que a él no le agradaba mucho esa situación, pero pronto se dejó llevar.


Edgar terminó en mi boca, y así gusté de sus secretos… tras mucho batallar yo terminé en Cassandra y ella terminó con ambos varias veces…Sin embargo Edgar penetró a Cassandra desde el principio y en varias ocasiones durante el incidente, situación que no repetimos jamás. Por la falta de experiencia en estos menesteres, además de lo precipitado del encuentro, ninguno usó protección de ninguna especie.
Al paso de dos semanas Edgar y yo continuamos en nuestro trato, y me di cuenta de que él intentaba olvidar el incidente; Cassandra ideó un plan que entonces me sonó descabellado, pero que ahora veo claro. Ella no quería que Edgar se convirtiera en su rival por mis deseos, por mi cariño, sobre todo ahora que las cosas estaban tan mal entre Arturo y yo.
El plan de Cassandra consistía en hacerle creer a Edgar que estaba embarazada, para ver cómo reaccionaba. Como yo no le vi importancia al asunto convine con su descabellada idea. La razón de Cassandra era el demostrarme que los heterosexuales buscan el placer sin consecuencias, y que cuando las complicaciones se presentan son los primeros en correr.
Así le hicimos partícipe a Edgar de las “noticias” del supuesto retraso de Cassandra, yo disuadí a Cassandra de que me permitiera hacerlo a solas. Una vez que lo vi y que le dije que ella podía estar embarazada, de inmediato Edgar se molestó muchísimo y me dijo que él había sugerido la idea de condones… comentario que ciertamente surgió de sus labios una sola ocasión y que ninguno realmente insistimos en usar.
Con el paso de los minutos la conversación se tornó acalorada y él incluso sugirió la idea de que Cassandra abortara, apuntándose de inmediato para soltar buenos centavos en la fácil salida. Me pidió que diplomáticamente le hiciera saber a Cassandra de esto y que regresara lo más pronto posible con su resolución. Me sentí Michael Strogoff, personaje de Julio Verne.
Obviamente Cassandra se puso histérica con el mensaje de Edgar y prácticamente me obligó a verle en ese instante, llegamos a su casa y en la cochera nos entrevistamos todos. Cassandra le escupió estas palabras en la cara…
- Y eras vos el que me decía que dejara el ambiente? Y para qué? Para que el primero que llegue me coja y luego se porte como un cobarde como vos? Noel con todo lo marica que quieras que es se supo portar como el caballero que jamás podrás ser! Sos un poco hombre!

Cassandra estaba fuera de sí. Si yo no hubiera sabido que todo eso era un plan para exhibir a Edgar, jamás hubiera dudado de ella… su tono de voz, su enojo, su… actuación! Todo era maquiavélicamente perfecto en ella. Tenía una forma tan encantadora de ser, incluso en este trance.


Cuando nos retiramos de casa de Edgar, Cassandra y yo nos miramos y comenzamos a reírnos a carcajada limpia…
- Sos un demonio Cassandra.

- Y vos sos una mierda Lito…

- Somos tan iguales… - Le dije en una sonrisa.

- Tan iguales!!! - Concluyó respondiéndome la sonrisa con otra.


A partir de entonces Edgar y yo no volvimos a hablar del tema y él y Cassandra jamás volvieron a verse. Había yo aprendido mucho sobre el comportamiento de un hombre heterosexual ante una situación típicamente establecida, y en una atmósfera controlada por Cassandra.
Con el ir y venir de tantas cosas se llegó una oportunidad para que saliera de la ciudad. En la Capital de la República se llevaría a cabo un congreso y yo asistiría gracias a mis padres. Las cosas iban de mal en peor con Arturo y ese viaje me daría el respiro necesario para regresar y pelear por mi felicidad. Primero muerto que dejar de tener esperanza en nuestra relación.
Como de costumbre me quedé en casa de las ancianas de lo peor, es decir las queridas abuelitas Mario y Fernando. También como era usual Fernando pasó por mí a la terminal de Ferrocarriles, todavía recuerdo su cara sonriente al salir del andén y entrar a la sala de espera. Jamás llegó tarde, jamás dejó de sonreírme y de darme un abrazo cálido, y en alguna ocasión hasta un beso en la mejilla, a lo cual yo le respondía algo así como “Ya, ya, te estás poniendo más vieja y sentimental”.
Una vez en su auto enfilamos a que me invitara a desayunar (o comer, dependiendo del retraso del tren) como siempre…
- Ese congreso te viene bien Lito.

- “Me” viene bien?

- Hay un tipo que se fajó un amigo mío y me dice que está…. Mmmmmmh!

- Pues me lo tenés que presentar! Ya sabés lo decente que me he vuelto.

- Así has sido desde que te conocí guapita!

- Perra maldita. - Le respondí cariñosamente.

A los cuatro días se terminaba mi Congreso y el fin de semana lo tendría libre. La noche del viernes lo pasamos jugando “Marathón” (Trivia), habían llegado un par de amigos más y al final del juego llegó el chico en cuestión, se llamaba Javier Buitrón. Javier reunía los requisitos que siempre me atrajeron de los hombres, piel clara y figura masculina, usaba bigote y tenía barba cerrada y bien afeitada.
Nos coqueteamos toda la noche y cuando se despidió me dijo al oído…
- Nos podríamos ver mañana?

- Por supuesto! Dónde y a qué hora?

- Qué te parece en el cine “Latino” a eso de las 2 de la tarde??

- Suena bien… Sé puntual porque yo acostumbro serlo.

- Hecho!

Me abrazó y me besó el cuello. Se despidieron los demás amigos y la abuela Fernando me tomó del brazo…


- Noel… tenemos que hablar. - Me dijo agitado.

- Qué pasa? Te veo nervioso…

- Me acaban de decir que Eloy tiene SIDA… Eloy ha sido seropositivo desde hace años y hasta hoy me acabo de enterar.

- No sabés lo que me preocupa eso guapa… No voy a dormir de la pena! Pero no sé quién demonios es Eloy queridita.

- Eloy es nada menos que el ex-amante de Javier Buitrón, el tipo con el que te vas a ver el día de mañana. Terminaron apenas hace 4 meses.

- Eso sí que es grave. - Respondí con seriedad.

- Y por muy mi nieta que seas te podés contagiar, especialmente con lo “imbéxila” que dice mi marido que sos.
Con esa información me fue más fácil llegar puntual a la cita con un plan de ataque. Mientras iba de camino a verlo recordé la primera vez que tuve en mis manos un folleto de prevención del SIDA. Corría el año de 1981 y mi tía Laura, hermana de mi papá y que vive en un pueblito de Escocia (Gran Bretaña), me lo mandó por correo, el título de ese panfleto me estrujó entonces: “AIDS, don’t die of IGNORANCE” (“SIDA, no mueras por IGNORANCIA”)…
- Hola, veo que sos puntual Lito. - Me dijo.

- Claro Javier, te lo advertí ayer. Entramos al cine?

- No preferirías ir mejor a un sitio donde podríamos estar solos?

- Claro! - Respondí con una sonrisa.


Mientras abordábamos el taxi, Javier me explicó que era nieto de una conocida actriz de antaño que hoy peina canas, situación que realmente no me importó mucho, pero que al llegar a ese departamento por la calle de Xochicalco de la colonia Narvarte, fue avalada por las decenas de fotografías de esa actriz, lo mismo que de sus compañeros actores, conocidas figuras, quienes habían dedicado esas fotos a la abuela de Javier.
Una vez que entramos, en el living, me besó con pasión… era la primera vez que alguien con bigote me besaba, y el primero del que sospechaba tuviera en su cuerpo el virus del SIDA. Estaría besando a la muerte en ese momento?? En un instante nos desnudamos y comenzamos a acariciarnos.
Durante nuestro encuentro deliberadamente insinué verbalmente que practicáramos algunas cosas de enorme riesgo, solo para ver qué hacía. Su instantánea negativa me hizo darme cuenta no solo de que él mismo sospechaba que estaba contagiado, sino que no deseaba contagiarme.
Todo esto pasó el 17 de mayo de 1987 entre las 2:30 y las 4 de la tarde… Esa noche nos fuimos a divertir a los bares gay y por la noche los remordimientos por haberme expuesto a ese virus me llenaron de insomnio. El domingo me regresé por la tarde a Monterrey y las abuelas me despidieron en la terminal de ferrocarriles.
De alguna manera sabía yo que con todas estas cosas estaba jugando con fuego, era como si este lado obscuro de mi vida se hubiera convertido en la caja de Pandora, un recipiente donde según la Mitología Griega, se encontraban encerradas todos los males del mundo, y la curiosidad de Pandora hizo que salieran de esa caja. Pero esperaba yo que como en la leyenda, tras haber salido cada una de ellas, la esperanza brillara al final.
A mi regreso Arturo se mostró realmente cariñoso conmigo, me daba cuenta que a nuestra relación le faltaba de vez en cuando un respiro de esa índole, pero el problema radicaba en que su alegría de verme le duraba muy muy poco… Su mal carácter le regresaba y con ello nuestros tajos.
Cuántas veces me he preguntado si su falta de cordialidad conmigo era producida por alguna falla mía, pero jamás ni sus propios amigos ni mi consciencia me dieron el nombre de esa falla personal. Poco a poco se extinguía esa lucecita de la esperanza que brillaba al final de la legendaria Caja de Pandora.

Monterrey, N. L. Mayo 29, 1987. -






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