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(Noel, de verdad... pero de verdad, te amo. Art)



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(Noel, de verdad... pero de verdad, te amo. Art)

La cara siempre blanca de Alejandra del Moral se puso roja… su mirada de pronto se perdió en ese papel… Suspiró profundo y me dijo alterada…


- N-Noel… no puede ser! Es que… es que… No se te nota!

- Rordás que hace un momento me dijiste que Arturo y yo parecíamos “medio algo” cuando estábamos juntos?

- S-Sí… pero…- Me dijo sin fuerzas.

- Pues ahora ya sabés que no somos medio algo sino algo y medio! Somos amantes desde hace algún tiempo…

Sus hermosos ojos aceitunados se enrojecieron y sus manos tomaron las mías, me miró a los ojos y me dijo…
- Lito… Por qué no me lo habías dicho antes??
Cuando iba yo a responder, el maestro de su clase llegó y por nombre llamó a la Güereja, por lo que no le quedó más remedio que retirarse al salón…
- Hablaremos pronto Alejandra…

- S-Sí… Sí Lito…


Dejé a la Güereja en su clase y me retiré solo al estacionamiento, en el trayecto me puse a pensar lo mucho que Alejandra del Moral representaba para mí… no sé por qué, pero me sentía muy enojado, pero mucho! Y lo peor del caso era que no tenía razón de estarlo, ni tampoco tenía un culpable de esta situación. Sentí que por primera vez nuestra amistad de ya casi 3 años estaba siendo probada.
Me subí al auto y me fui directo a casa de Arturo, le comenté lo sucedido y trató de confortarme… El no sabía que Alejandra era la primera persona heterosexual a quien yo confesaba este perfil de mi vida. Era realmente un paso que nunca había yo dado antes y la obligación de la espera me daba un sabor de desesperación…
- Y si la Güereja ya no quisiera mi amistad??

- No pienses en eso… Si ya no quisiera nada con vos te lo hubiera dicho en ese momento - Dijo Arturo.

- Y si me da a escoger entre vos y ella?

- Eso es algo que solo ella puede expresar, no pienses por ella.

- Es que… la quiero tanto…

- Yo lo sé…

Esa tarde no pude mejorar mi carácter y por la noche llegué a casa, una vez en la presencia de Dios en mis oraciones nocturnas, tras agradecerle a El por la presencia de Arturo en mi vida, le pedí que se resolviera para bien mi situación con La Güereja…
A la mañana siguiente llegué a la Facultad como siempre, iba demasiado metido en mis pensamientos para poner atención en las personas a mi alrededor…
- Lito!
Escuché al fondo del pasillo, yo estaba por subir a las escaleras… como no vi a nadie conocido me seguí de frente…
- Lito! Lito… No te vayás!

- Ale-Alejandra!


Ambos corrimos a encontrarnos y nos dimos un abrazo enorme, la sentí temblar en mis brazos y yo trataba de retener a mi amiga conmigo aunque fuera en forma física. Los rumores ya corrían de que Alejandra y yo éramos algo más que amigos, después de ese abrazo las cosas se pusieron peor en ese aspecto, especialmente para ella que tenía su flamante novio sonorense…
Sin soltarme los brazos me miró a la cara y me dijo…
- Necesitaba hablar con vos Lito…

- Y yo necesitaba verte Alejandra… Sabés lo mucho que te quiero… y lo que no quiero perderte.


Alejandra me dijo algo que realmente no me esperaba… algo en lo que ni siquiera había pensado que podría hacer… Sin dejar de mirarme fijamente a los ojos me dijo…
- Lito… Si dejás esas ideas estúpidas te juro que me caso con vos!

- C-Cómo?

- Te juro que hablo en serio…

- Sabés? Con esto me demuestras dos cosas. La primera es que no has dejado de quererme y la segunda es que incluso harías cualquier cosa por sacarme del sitio que vos creés incorrecto, aún a costa de tu propia felicidad y sacrificio personal.

- Entonces aceptas? - Preguntó esperanzada

- Alejandra… Güereja… te doy mi palabra de que soy muy feliz… tan feliz como no soñé serlo nunca… Si tuviera alguna duda te lo diría en este momento.


Ella me abrazó y la sentí sollozar muy quedamente, me susurró apenas sin fuerzas…
- Te quiero tanto Lito…

- Y yo a ti.


Nos fuimos a nuestras respectivas clases y quedamos de vernos a las 11:45 para comer juntos. Con esas horas para tranquilizarnos y pensar mutuamente en lo que nos habíamos dicho, nos encontramos en el estacionamiento y salimos a comer no recuerdo a donde…

Charlamos de muchas cosas de este nuevo mundo al que había entrado, le dije de las palabras de la “Gente de Ambiente” y ella me preguntó de quién era de ambiente en la Facultad. Yo inicialmente me negué a decirle esa información, especialmente por considerarla de carácter privado… Pero ya de que Alejandra comenzaba otra vez con eso de “Secretos entre nosotros” y “Esta bien, ya nos llevamos así”, pues volví a caer en su chantaje y con ello me sacó la sopa de nueva cuenta.


Finalmente le dije la información que deseaba y con eso quedó bien satisfecha. Regresamos a la Facultad y esa noche fui a casa de Arturo a verlo. Le comenté de lo inusitado del encuentro con Alejandra, especialmente de su descabellada proposición y advertí un breve dejo de miedo en su mirada…
- Y qué le respondiste?

- Le hice saber que era muy feliz con vos… Tan feliz como jamás había imaginado serlo… tan feliz como solo había leído al respecto en uno de esos teleteatros viejos y pasados de moda.

- Sabés Lito… Te amo….- Me dijo antes de besarme.
También le comenté a Larrondel de la entrevista que tuvimos la Güereja y yo, y él se mostró demasiado interesado en los nombres que yo le había dado a Alejandra. Le dije exactamente como había sido esa lista y le pedí discreción. El me dijo que sería una tumba.
Lo que Larrondel no me aclaró es que sería una tumba en tiempos del Juicio Final, así que al día siguiente a eso del mediodía llegó primero Alejandro Rentería, aquél con quien me quedé encerrado en uno de los edificios de la Facultad, una de las más obvias de la escuela, y me dijo…
- Lito… Cómo estás? Oí... ya me enteré que le dijiste a Alejandra que sos marica… También me enteré que le andas diciendo quién es y quién no es… No le vayás a decir de mí, de acuerdo??

Yo estaba furioso. Arturo me había traicionado… Sólo él sabía de lo que había pasado entre La Güereja y yo… nadie más lo sabía. El imbécil de Adrián Rentería no tenía de qué preocuparse pues su femineidad era tan tácita como su obvio amaneramiento… el que yo le hubiera dicho a Alejandra de él no era nada que la hubiera sorprendido. Adrián es tan maricón que las trenzas se le enredan en el fleco del rebozo! (Esta es una típica “perreada” entre maricones).


Esa tarde fui a enfrentar a Arturo, sin embargo lo hice con mucha diplomacia… no quería poner en peligro nuestra relación en un altercado del que ya nada podía resolverse. Ante los ojos de la población homosexual yo quedaba como soplón y Alejandra como metiche… lo cual a final de cuentas a ella y a mí nos importó muy poco.
Lo cierto es que ya comenzaba a darme cuenta de alguna manera que ese semidios que había visto yo en Arturo, no lo era. Tal vez mi error fue idealizarlo tanto desde un principio y esperar demasiado de él… Comprendí que ya no le confiaría todo… comenzaba a cuidarme de decirle ciertas cosas “y eso no es bueno para la relación”… me dije.

Con el paso de los días presenté oficialmente a La Güereja y a Arturo, y me consta que Larrondel intentó desesperadamente de ganarse el afecto de del Moral, pero fue infructuoso. A Arturo le ocurría lo mismo que a mí con sus amigos.


Yo entendí que Alejandra del Moral tenía miedo de que mi relación con ella se enfriara por estar de amante con Arturo, pero el tiempo le hizo saber que sus miedos eran infundados. Nadie ocuparía el lugar de La Güereja en mi corazón… y nadie lo ha hecho hasta ahora.
Una de esas tardes La Güereja Desabrida me citó en uno de los cafecitos frente a la Facultad y me dijo…
- Lito… vos serás el único… el único… - Se detuvo por el nudo en la garganta que sin duda la palabra le causaba.

- No temas decirlo… “el único maricón”…

- Sí… el único al que aceptaré… Me entendés? Estoy seguro de que esto se te pasará pronto y quiero estar ahí para cuando suceda.

- Alejandra, Güerejita, eso no va a ocurrir. Soy bien marica… me entendés? Entre más pronto te des cuenta de ello más fácil será para ambos el continuar juntos…

- Como sea! Pero no me pidas relacionarme con más maricones… de acuerdo??

- Estás segura? - Le pregunté mirándola a los ojos.

- Sí… - Respondió seria y sincera.

- Ay! Pues que bueno rica… Así mis vestidos de lentejuelas y peinetas de brillantitos no tendrán com-pe-ten-cia… - Le puntualicé audaz.

Ambos soltamos la carcajada y la solemnidad del momento se había roto, como de costumbre, por una de nuestras bromas.

El mundo que Arturo trajo a mi vida era de verdad deslumbrante, era el poderse expresar libremente y ser feliz con lo que se tiene. Materialmente las cosas no eran de lo mejor, pero emocionalmente iban viento en popa, con algunas sorpresas no tan agradables, pero que me hicieron conocerme como persona…


En una de esas tardes en su casa, la noche nos sorprendió como era usual. Todas las locas estaban metidas en casa de Arturo y Adrián como era costumbre… pero en esa ocasión me percaté de que poco a poco el grupo se iba haciendo más y más pequeño… Primero se levantaron dos… luego otros dos… y luego…
- Arturo… A dónde se están yendo todos??

- A la recámara de Adrián Adame…

- Ah… Y a hacer qué si se puede saber?

- Pues a fumarse un churro…

- Un “churro”?

- Marihuana Noel… Marihuana… Querés ir?? Vamos hombre! Como no lo has hecho, solo le das tres toques… Ya verás que duro te va a pegar… Te vas a sentir muy bien…

- Arturo… No fumo ni tabaco y vos querés que fume esa porquería…

- Mirá Lito, inténtalo una vez, si no te gusta pues lo dejás y ya.

- Vamos a poner en claro algo Arturo. Yo no te obligo a que no fumes porque yo no fumo, no me obligués a fumar porque vos lo hacés… de acuerdo??

- Pues cómo quieras! - Respondió molesto.

Se levantó Arturo y se dirigió al cuarto de Adrián, yo me quedé solo y al abrir la puerta vi como todos estaban acomodados en rueda, pasándose el diminuto cigarrillo de una mano a otra. Vi que ese “churro” como le llamó Arturo, estaba húmedo. En eso salió Adrián y me hizo compañía…
- Por qué no entras Lito?

- La verdad porque no me interesa… Oí... por qué ese “churro” está húmedo?

- Ah! Pues para que no se consuma tan pronto le ponemos un poquito de miel.
Arturo salió de ahí al poco tiempo, tenía un penetrante aroma a carrizo quemado, sus ojos estaban enrojecidos y se reía como si hubiera tomado… prácticamente la misma imagen que de Adrián había tenido unos momentos antes. Vi hacer esto a ese grupo en varias ocasiones, y había quien, como Jorge Toledo, hacían esto en combinación de pastillas, alcohol y otro tipo de estupefaciente inhalado (poppers). Sin embargo solo vi o supe que Arturo fumaba marihuana sin combinarlo con algo más.
Las lesbianas y los homosexuales nos reunimos por varios motivos, primero porque la amistad puede florecer en todas partes, luego para despistar ante la sociedad de nuestras inclinaciones sexuales… Hay quien incluso se llega a asociar con una de estas lesbianas y hacer un matrimonio arreglado. Qué valor! O debo decir Qué cinismo??
Mi opinión al respecto es que, si la situación se diera en mi caso, yo me casaría de inmediato con cualquiera por lo civil, porque puedo jugarle el dedo en la boca a cualquier persona… pero eso de casarme por la iglesia está fuera de toda expectación… Ir ante el Altar de Dios y pretender una mentira para salir del paso no es correcto en mis parámetros. El día que me case por la iglesia es porque he renunciado a este mundo de la homosexualidad, eso sucederá cuando los puercos vuelen!
Con ese tipo de vivencias mi vida se iba llenando del color que necesitaba, cada uno de los seres y situaciones que me rodeaban o que Dios me permitía formar parte, me daban esa experiencia que necesitaba para templar mi personalidad. El ambiente homosexual me iba sorprendiendo más y más con su novedad…
- Lito… esta noche nos vamos a la disco.

- A qué te refieres?

- Van a ir todos al “Twist”.

- El sitio del que me hablaste?

- Sí. Como te dije es una discoteca común y corriente. Se pasan videos, se bebe la copa y se baila, pero en vez de hacerlo hombres con mujeres lo hacen personas del mismo sexo. Querés ir??
Accedí más por compromiso que por gana o curiosidad.

Yo la verdad estaba muy lleno de miedo de ir a ese tipo de lugares. En el diario había leído unos 6 meses antes de que conociera a Arturo, de la redada y cierre de un sitio similar llamado “Tower”, el cual era exclusivo de homosexuales. Ese sitio era, aparentemente, muy escandaloso y los vecinos se habían quejado al grado de que la policía había tenido que intervenir.


Esto me sirvió para reafirmar que la subcultura de la homosexualidad tiene los tentáculos más largos de lo que yo imaginaba incluso entonces. Los medios de comunicación habían mostrado la cara de tipos con maquillaje que contribuían a distorsionar más aún la imagen que yo tenía de la homosexualidad.
Esa noche regresé a casa, me arreglé lo mejor que pude, y hasta recibí un halago por parte de Arturo. Sin embargo estaba más nervioso que nunca. Le pedí a Arturo que me llevara a cenar algo y me comí dos hamburguesas con papas, luego nos paramos a comer empanadas y me comí 12, luego nos detuvimos a que me comiera una papa asada con manteca…
- Flaco! Si sigues así te vas a poner como yo!

- E-Es que estoy nervioso.

- No tenés por qué estarlo… todo va a salir bien y te vas a divertir mucho, ya verás.

Enfilamos nuestros pasos con el rumbo del Instituto Tecnológico de Monterrey, vestía yo de negro y la impaciencia y el nerviosismo se acrecentaron cuando el auto se detuvo. Arturo pagó mi entrada y nos recibió una cortina de humo de cigarrillo y música estridente. El video de Madonna “Dares you upa” estaba en la pantalla, las paredes y el suelo estaban pintados de negro, la luz era escasa y los chicos se fueron de inmediato a la concurrida barra.


Mientras eso ocurría yo me entretuve en mirar a la concurrencia. Los afeminados estaban en la pista, pero eran pocos, la mayoría era gente como nosotros. Las lesbianas eran muy obvias casi en su mayoría… gordas, sin pintura, cabelleras largas hasta los hombros, pero casi rapadas en los lados, y demasiado masculinas. Arturo no se separó de mí en toda la noche, aún a pesar de que no quise bailar con él por prejuicios de mi parte. Había sobrevivido mi primera noche de juerga homosexual.
Al día siguiente las abuelas y yo compartimos mis experiencias y ellas, bueno ellos, me dieron la confianza que Arturo me había hecho sentir sobre la seguridad de ese tipo de sitios. Las abuelas Fernando y Mario eran realmente un apoyo indispensable para mí en ese grupo de “amigos” que buscaban la primera oportunidad para morderse entre ellos.
El fin de semana siguiente fuimos al “Scorpio” , otra discoteca de ambiente que estaba ubicada por el barrio de la catedral, la cual era mucho más discreta que el “Twist”, ya que fuera del cuidador que estaba siempre sentado en un banquito en el portón del lugar, el sitio parecía simplemente una casona más del vetusto vecindario.
Al entrar ese portón exterior, había una puerta interior recubierta con esponja para evitar el ruido. Había más luz que en el “Twist” y la música me pareció menos estridente y abstracta. El patio central estaba techado y ahí se encontraba la pista de baile, con espejos en una de las paredes. La barra estaba en el fondo del edificio y había tres cuartitos comunicados entre sí, con mesas y banquillos, que servían para que la gente se reuniera.
A mí me pareció mejor este lugar que el “Twist”, pero la mayoría de la gente de ambiente tenía una idea contraria, ya que consideraba al “Twist” de mejor categoría, especialmente por la clientela que hacía la concurrencia. Debido a la inaccesibilidad del “Twist”, el área del Instituto Tecnológico, limitaba solo a quien tuviera la posición de tener auto para que llegara a ese sitio tan alejado, mientras al “Scorpio” se podía llegar hasta en colectivo.
Como a la tercera o cuarta vez de pisar uno de esos lugares, finalmente me animé a bailar. Recuerdo que fue en el “Scorpio”, y mientras bailaba con Arturo de pronto encendieron las luces, pararon la música y entraron policías uniformados vestidos de azul. El dueño del lugar intentaba calmar a la clientela y en eso apareció el Director de la Policía Judicial, de apellido Torres Espejo, le reconocí por sus fotos del diario…

- Señores, no se preocupen… Esto es solo un operativo de rutina. No se preocupen y por favor váyanse todos a un lado del lugar. - Dijo cordial y educadamente.

Así lo hicimos. Yo no entendía a qué se refería ese hombre con aquello de “operativo de rutina”… Una vez que todos nos fuimos al fondo del sitio me percaté que por filas unos 5 agentes estaban registrando a los que ahí estábamos….
- Qué buscan Arturo?

- Droga Lito.

- Ah! Y si la encuentran?

- Nos vamos todos al bote!

- C-Cómo???

- Usualmente quien trae la droga la tira en la pista, justo donde hay un grupo de gente, con esto se sale del problema…



En ese momento todo se hizo claro. El Director de la Judicial estaba realizando una acción del Operativo “Convoy”, del que tanta alharaca se estaba haciendo en los diarios desde unas semanas atrás. Ese operativo se había implementado para disminuir el grado de incidencia de drogas y crimen en los antros de vicio, prostíbulos y bares de la localidad.
“Yo no puedo ir a la cárcel… Mis padres no se merecen esto”… me dije a mí mismo. Durante los minutos en que todos fuimos cateados pensé en los peligros que mi padre siempre me pedía que evitara y en el juicio que mi madre me decía que hiciera en mis decisiones. Aún a pesar de saber que yo cuento con ellos en cualquier situación, esa era una de las experiencias que deseaba evitar.
Ahí también me percaté de la fragilidad de mi secreto de ser homosexual. En una de esas situaciones podría no solo ir a dar a la cárcel por un delito que no cometí, pero lo más importante es que podría ser descubierto en este delito de ser homosexual. Esas circunstancias no eran precisamente las ideales para que mis padres lo supieran. Ellos definitivamente no se merecen una decepción de ese tipo.
A Dios Gracias, no encontraron nada, con mucha amabilidad se despidieron y nos conminaron a que no consumiéramos mucho alcohol si íbamos a manejar. Al pasar de diez minutos Arturo y yo nos retiramos y la mayoría de las locas se quedaron en la disco como si nada hubiera pasado… tal vez estaban más acostumbrados que yo a ese tipo de experiencias.
A la mañana siguiente les comenté a las abuelas Fernando y Mario, de lo que ocurrió y ellos me hicieron ver que, aún a pesar de la posibilidad que existía de ser descubierto por ir a la cárcel, era necesario que yo viviera la vida que yo creyera conveniente y que por el simple miedo de poder ser descubierto no me iba a limitar en vivir lo que yo deseaba. Ellos estaban haciendo conmigo lo que yo hice con la Güereja.
Por cierto que al paso del tiempo Alejandra había escuchado hablar tanto de la abuela Fernando que me comentó uno de esos días que no le molestaría conocerlo. Por lo que una noche que la abuela me invitó a cenar, lo cual era casi siempre porque yo como estudiante usualmente nunca traía mucho dinero para gastar, lo llevé al restaurante que recientemente la compañía donde trabajaba la Güereja había adquirido. Ella estaba de turno ahí y simplemente nos presentamos sin avisar.
No le había dicho a la abuela Fernando de qué se trataba para que fuera una sorpresa doble y justa para ambos. Quería que lo que fuera a suceder ocurriera sin predisposición. Así los presenté y ambos se cayeron muy bien, cosa rara en ambos porque son muy engreídos en la clase de amigos que les son presentados. Las veces que se vieron siempre lo hicieron con una sonrisa y un beso. Esa situación me tranquilizó mucho, ya que en esas dos personas se centraban muchos de mis afectos y emociones.
Aún a pesar del incidente que tuvimos con la policía en el “Scorpio”, continuamos yendo a las discos. Al terminar la primavera de 1986 e iniciar el verano, me ocurrió la sorpresa más grande que había yo sufrido en mi vida, solo opacada por haber conocido a Arturo.
Mientras Arturo me abrazaba una de esas noches, cuando estábamos ubicados en una de las paredes del “Twist”, yo estaba recargado sobre su cuerpo. En eso, algo me llamó la atención, entre las figuras pesadas y masculinas de machorronas clásicas que las lesbianas presentan, apareció en la discoteca “Twist” una mujer bajita, de cabellera rizada y clara, piel blanca y facciones muy finas, su cuerpo era bien proporcionado.
Ni siquiera me miraba, ella pasaba con alguien, creo que unos amigos, y su aspecto distinguido sobresalía contrastantemente con el de las machorras. No quiero generalizar ante la imagen de las lesbianas, ya que esto es injusto para ellas, pero la mayoría tiende a beber de más y con esto deforman sus cuerpos, por lo que el ser obesas no es anormal.... y si a esto se le aúna la falta de maquillaje y buenas maneras… pues ya te has de imaginar.
Mi sorpresa por esa mujer era tal que me fue imposible ocultarla...
- Te gustó esa chica de blanco, verdad??

- S-Sí… te molesta?? - Pregunté al verme descubierto.

- Molestarme?? Para nada! - Dijo displicente.

- D-De veras no te importa? - Pregunté sorprendido.

- Se trata de una mujer Lito… Por favor!

- Te confieso que si la situación fuera diferente yo estaría muerto de celos! - Le dije seriamente.

- No te preocupés, pero si la miras hazlo con más discreción, porque la estás poniendo nerviosa!

- S-Se dio cuenta?? - Pregunté avergonzado.

- La mitad de la disco se dio cuenta de que te gustó!

- Lo siento! Tengo que conocerla! - Murmuré.

- Cómo decís Lito? No te escuché por lo alto de la música.

- N-Nada… no dije nada. - Respondí evasivo.


Por la noche vi a esa mujer bailar con Vladimir Rodríguez, uno de esos amigos esporádicos que es de Culiacán, pero vive en Monterrey. Cuando nos despedimos le dije que necesitaba verlo al día siguiente… Vladimir me dijo que nos veríamos en casa de Arturo y Adrián por la noche.
Yo contaba esas horas impaciente, no sabía lo que me pasaba con esa mujer, pero realmente no me preocupaba demasiado en pensar. Providencialmente Arturo tuvo que ver a su abuelita Aurelia, quien no se sentía bien. Esperé a Vladimir hasta que llegó a las 7 de la noche…
- Hola Lito… Ya medio me imagino para qué me querés ver… Su nombre es Cassandra.

- C-Cómo supiste? - Pregunté sorprendido.

- Mirá vos, una que es bruja! - Añadió sonriendo.
Cassandra de Monteblanc, hija de franceses, había pasado la mayor parte de su vida en Toluca, encerrada en internados porque sus padres no podían atenderla… Finalmente su padre perdió todo en el juego en Las Vegas y terminó suicidándose.
La vida que ella había conocido se acabó de pronto y pasó a vivir al lado de su madre en León, quien se había casado tres años atrás con un viudo con dos hijos pequeños… Como en las películas! Ella se había dado cuenta de mi interés, por lo que preguntó que si yo era buga (heterosexual), pero el saber que yo era de ambiente (gay) la sorprendió. Lo cierto era que había despertado su curiosidad, pero no la vería pronto otra vez porque partía a León esa misma noche…
- Vladimir… pero qué hacía esa preciosidad de mujer en un sitio como ese??

- Mmmmm… Pues no sé. - Sonrió.

- Desgraciado! Claro que lo sabés! Decime!

- De acuerdo… sí es de ambiente, es más iba con su pareja anoche que la viste… No te diste cuenta?

- Iba con algunos amigos… pero la verdad…

- Cómo es que no te diste cuenta que estaba de la mano con la misma muchacha todo el tiempo??

Y… y su amante se dio cuenta… de mi… interés? - Le pregunté nervioso.

- Que si se dio cuenta? Claro que sí!

- Y… que le pareció la situación… Se molestó??

- Le pareció gracioso! No, no se molestó. Diana es muy buena persona. Es más, Diana está por graduarse de la facultad… de la misma facultad donde vos estudiás!


Me quedé sorprendido.
Al poco tiempo Jorge Toledo les pidió a Arturo y a Adrián la oportunidad de quedarse en la casa de ambos porque estaba teniendo tajos en conseguir dónde quedarse. Arturo me pidió mi parecer y yo le respondí que lo que ellos, él y Adrián, decidieran hacer en su casa no era de mi incumbencia, pero que le agradecía su cortesía de preguntarme.
Yo soy del pensar de que quien te quiere engañar lo va a hacer lo mismo a las 2 de la tarde que a las 2 de la mañana. La confianza es una sola, tan fuerte como una columna de mármol, pero que solo se rompe una sola vez, y como en un espejo, se podrán acomodar los pedazos para que no se vean los espacios vacíos, pero siempre se verá el pegote y el daño.
Adrián Adame y Arturo Larrondel accedieron a la petición de Toledo, mi archienemigo y rival, de que se quedara con ellos por un tiempo no definido. Obviamente las abuelas se pusieron histéricas, especialmente la abuela Mario, pero Fernando dijo que era necesario que se probara Arturo a sí mismo que era lo que quería de la vida… Sin embargo recuerdo que la abuela Fernando me dijo…
- Ten cuidado de no haber ayudado a meter al Diablo en casa.

Pasó el tiempo y en una ocasión fui a visitar a Arturo a su casa, Adrián me abrió la puerta y me dijo…


- Arturo no está, se fue a visitar a su abuelita Aurelia. Pero vení, sentate y vamos a charlar.

- De qué se trata Adrián?

Pues de que Arturo te quiere pero en serio…

- A qué te refieres…?

- Ayer que te fuiste llegó Jorge Toledo y se le insinuó a Arturo. Incluso se metió en su cuarto y todo y Arturo lo corrió tronándole los dedos.

- De veras? - Sonreí triunfante.

- Sí… Te acuerdas de “La Venada”?
La “Venada” se llamaba Alberto no sé qué, y tan lejos como sabía se trataba de un muchachito que no hizo figura en la vida de Arturo y al que, mi ahora amante, había tratado un par de meses durante una de las veces que él y Jorge Toledo habían roto su compromiso en esa inestable situación.
- Qué hay con él?

- Sabés por qué le pusimos “La Venada”?

- No.

- Por los cuernos que Arturo le puso con la Georgina, con Jorge Toledo. Es la primera vez que Jorge no consigue lo que quiere con Arturo.



“Arbol que crece torcido jamás endereza su rama” pensé para mí, pero ese mal pensamiento se desvaneció casi de inmediato, se escuchaba la reja sonar… era Arturo que llegaba y yo, con la emoción del relato de Adrián, solo deseaba abrazarlo y besarlo.
Esa noche pude dormir tranquilo sabiendo que Jorge Toledo ya no viviría más en casa de Adrián y Arturo, literalmente había empacado sus maletas y se había regresado a la esquina, al departamento que rentaban Carlos (“La Gina”) y Filiberto (“Barbarita”).
Sin embargo no todo fueron miel sobre hojuelas en mi relación con Arturo… como en todos lados hubo sus bajas, siendo la peor de esas expresiones el que Arturo me gritara en público… usualmente sin razón alguna.
Otra de las características de estas “bajas” era su falta de confianza en mí, lo cual no estaba justificado por alguna mala conducta mía ni mucho menos. Recuerdo una vez que Arturo iría a una fiesta en la esquina, a la cual yo obviamente no estaba invitado… creo que era el Cumpleaños de Jorge Toledo.
Le dije a Arturo que no se preocupara, que yo me iría derecho a casa y que se divirtiera. Realmente mi confianza con él era tan ciega como mi amor por Larrondel… era mi primer amor y yo realmente estaba orgulloso de como me había desenvuelto en nuestra relación. Lo besé y me fui en mi auto a casa.
Al entrar, casi de inmediato, recibí una llamada telefónica, la contesté y resultó ser Sergio Mendoza, estaban en casa de Abel Bravo y con ellos andaba el revoltoso de Francisco de la Vara, mis amigos bugas de antes de conocer a Arturo. Precisamente en casa de Sergio había yo conocido a Alejandra en una de sus reuniones…
- Andale Lito… No seas cortado… vamos a reunirnos como en los viejos tiempos… Qué demonios vas a hacer? Mirá, de que te quedes como monja en tu casa a que te diviertas con nosotros por lo menos hasta las 11 de la noche…

- Bueno, pero solo un rato porque es ya un poco tarde de acuerdo?

- Francisco está poniendo las cervezas en la heladera y Abel anda asando la carne, Mirá vos lo bueno que es con eso. Entonces qué… vienes o te vamos a buscar?

- No, yo voy para allá.


Decidí hacerlo de ese modo porque así sería más fácil el que me pudiera regresar a casa cuando me diera la gana, sin tener que depender en sus autos y buena voluntad… especialmente ya tomados.
Así enfilé mis pasos hacia casa de Abel, era un Departamento por el rumbo de casa de Arturo. Tenía mucho de no frecuentarlos... como unos 4 meses! Esto de ser gente de ambiente es muy absorbente, especialmente cuando se está tan profundamente enamorado como yo lo estaba entonces de Larrondel.
Llegué y subí las escaleras... Como si fuera yo una estrella de cine los tres brincaron de sus asientos y corrieron a abrazarme, realmente hicieron lo posible por hacerme sentir querido y extrañado. Sin embargo algo ya no era igual que la última vez que nos habíamos visto, yo me sentía diferente... de alguna manera me sentí más seguro de mí mismo.
Era como a quien le salen las muelas del juicio, y siente uno que puede comer con un pedacito más de boca que usualmente estaba inactiva. Así me sentía yo entonces, con una especie de satisfacción completa, secreta y real.
Pero Francisco tenía, y tiene aún, debilidad por tomar como si el alcohol fuera agua... Así que las cervezas en la heladera de golpe desaparecieron a eso de los 20 minutos de estar ahí... yo seguía con la misma botella sin terminar! Así que decidimos (de acuerdo, Francisco decidió) que fuéramos a comprar más cervezas... cuando íbamos escaleras abajo noté que la luz mercurial se reflejaba muy bonito en la calle mojada por la llovizna, pensé en él una vez más... suspiré quedamente para mí.
De camino al auto de Francisco, donde todos cabíamos mejor por ser más grande, me percaté de que había una página blanca doblada bajo uno de los limpiadores del parabrisas, lo tomé y decía: “Gracias. 9:30 ” la letra era la de Arturo...
Instintivamente miré el reloj y eran las 9:33 PM, me excusé y en medio de las protestas de mis amigos bugas - heterosexuales - me subí en mi auto y no detuve mi andar hasta llegar a la esquina de la calle de Pachuca, donde se llevaba la dichosa fiestecita a la que no había sido yo invitado.
Afuera del estaba Arturo, con una copa en la mano. Estaba solo y con la mirada perdida... estaba evasivo. Sin mirarme siquiera y con una frialdad que hasta entonces desconocía en él...
- Escúchame Noel... y hazlo con mucha atención. No quiero volver a tener los tajos que tuve con Jorge... No quiero andarte buscando en sabrá Dios qué lugares cuando me decís que estarás en tu casa y descubra que no es verdad. Así es mejor que terminemos de una vez.
En ese minuto mi mundo dejó de girar y la burbuja de ilusión en la que vivía se me empezó a resquebrajar. Era posible que por culpas ajenas y el primer aparente error que yo había cometido me costaran el mejor sentimiento que había expresado en mi vida?
La adrenalina comenzó a fluir por mis venas y mi respiración se agitaba... el calor se me escapaba de las manos junto con la seguridad en Arturo. Pero su frialdad me había hecho prometerme a mí mismo jamás quebrarme en llanto frente a él, así que le dije serenamente...
- Te amo y no quiero que me dejes... Es posible que haya cometido un error, pero no creo merecer de tu parte medidas tan drásticas....
Le di la explicación de lo que había ocurrido. Sonreímos y nos besamos. Esa noche pasamos un momento hermoso en su recámara... ahí averigüé que las reconciliaciones son más dulces que el desencanto que provocó el momentáneo desencuentro.
Al día siguiente ya toda esta situación era la comidilla de las locas, les comenté a las abuelas lo que había ocurrido y ellos me hicieron ver que realmente no había sido justo que Arturo me hubiera incriminado de esa manera, aunque con lo que ellos habían atestiguado de la conducta de Jorge no era para menos.
Esa mañana me propuse tratar de evitar crearle dudas y tratar de resanar la fe que Arturo había perdido en el amor y la confianza en la gente por culpa de Jorge. La abuela Fernando me aconsejó que no lo quisiera tanto... que tuviera cuidado.
Durante las siguientes semanas no dejé escapar ocasión para hacerle sentir amado. Era tiempo de reparación y de hacerle sentir especial, y al hacerlo me hacía sentir especial a mí mismo.... esa es la magia de dar, que cuando se hace de corazón se siente uno mejor que quien recibe esa muestra de aprecio.
Las cosas pronto volvieron a la normalidad. Sus notas escondidas en mi gaveta, la cual ya compartíamos también, me hacían sentir siempre que mi día empezaba perfecto. Recuerdo que me la pasaba silbando en las escaleras de la facultad, a veces me concentraba poco en los estudios por andar en las nubes cada vez que pensaba en él.
Los fines de semana era de rigor que saldríamos a algún lado, a bailar a los lugares de ambiente (homosexuales), a alguna fiesta de las esporádicas ó de esas de “correr la voz”, y los domingos ocasionalmente, pero con cierta regularidad, nos íbamos a la carretera que une a Monterrey con el pueblecito de Villa de Santiago, cerca de la Presa “La Boca”, donde las comidas, las artesanías, el agua de caña y los dulces nos alegraban los kilómetros de caminata.
Generalmente yo buscaba la compañía de las abuelas Fernando y Mario, ya que ellos me hacían sentir de maravilla siempre. Cómo nos reíamos y disfrutábamos de la compañía mutua, de los cotilleos que salían de ocasión y simplemente de la pequeña e importante rutina que empezábamos a hacer como buenos amigos.
Recuerdo que en una ocasión, y sin causa alguna, de la nada Arturo me miró enojado en su recámara y me dijo…
- Ya me tenés harto! No me quieras tanto… ya no tolero que me ames de esa manera! A diario me das algo, lociones, tarjetas, dulces, flores… Me estás asfixiando! No me dejás extrañarte!
Con un sentimiento de impotencia, desesperación y profunda tristeza le contesté…
- Muy bien Arturo, yo te amaré como vos quieras que te ame.
Salí de la habitación, encendí el auto y me fui. Al llegar a casa ya tenía dos mensajes de Larrondel. Al cabo de un par de horas de tranquilizarme, regresé a casa de Arturo.
Aunque me duela reconocerlo ahora, Arturo tenía razón. En mi falta de experiencia tal vez lo ahogaba con demasiados mimos y atenciones… recordé aquello de que el amor es como un pajarito que se tiene entre las manos, se debe ser lo suficientemente inteligente como para no cerrarlas mucho porque se ahoga, ni abrirlas de más porque se va.
Intenté moderarme un poco, darle ese espacio que necesitaba… pero de ningún modo renunciar a él… Estaba adquiriendo la experiencia que necesitaba. A este respecto Arturo me confesó en una ocasión que el que yo fuera completamente novicio en estas cosas del ambiente era bueno hasta cierto punto, pero que él hubiera preferido que por lo menos yo hubiera vivido ya un poco y que supiera actuar un poco más de acuerdo a las circunstancias.
Ahora, con el pasar de los años, reconozco también que tenía razón. La juventud de tener 20 otoños en mi vida y la exagerada necesidad que yo tenía de amar y ser amado, quizás me hicieron ser demasiado generoso en mi persona y en las cosas materiales. Pero entonces esos comentarios me hicieron mucho daño… el sentimiento me cegaba la razón en algunas ocasiones, pero su falta de diplomacia para abordar estas cosas contribuyeron para que mis sueños poco a poco se fueran rompiendo.
Traté de aminorar mi desmedido afán de amar a Arturo, pero realmente no podía conseguirlo, no era una obsesión en mi vida ni mucho menos, pero el simple hecho de pensar en él me provocaba una sonrisa y un suspiro… Cuando no lo veía escribía versos, él era mi musa en la intimidad de mi solitud… y cada palabra que escribía iba dirigida a Arturo Larrondel.
Se llegó el mes de Junio y con ello las vacaciones de verano. Ambos habíamos ahorrado un dinerito y con eso nos fuimos a visitar a unos amigos de Arturo y Adrián, él se llamaba Gustavo y ella se llamaba Gabriela. Ambos eran de ambiente, Gustavo tenía a su amante y Gabriela a la suya, él era oriundo de Guadalajara y ella de Mérida, pero ambos habían estudiado en Monterrey y se habían hecho inseparables amigos.
Así nos fuimos a la Capital. Yo tenía mi familia por allá y, como era de esperarse, mi primo Guillermo de inmediato se enceló de la situación… por lo que esa ocasión nos distanciamos porque él me acusaba llanamente de abandono, lo cual era cierto. Nada era comparado a estar con Arturo.
En el viaje nos acompañó Carlos, “La Gina”, y nos la pasamos macanudamente bien en un principio. Nuestros anfitriones se portaron de maravilla y tuve la oportunidad de mostrarles la ciudad a ambos. Recuerdo que en Chapultepec, en el Castillo, se nos juntó un grupo de gente mientras les explicaba a Carlos y a Arturo, los objetos, la historia y el arte contenido en ese sitio.
Arturo estaba tan orgulloso de ver que al final del recorrido, esa gente deseaba pagarme y hubo quien incluso preguntó que a qué hora daría yo nuevamente el recorrido guiado. Pensaron que yo trabajaba ahí! No acepté un centavo, la expresión en la mirada de Larrondel era mi mejor pago.
Recuerdo que comíamos pollo con frecuencia a un costado del Palacio Nacional, en un lugarcito pequeño en la calle de Moneda, y tomábamos aguas frescas por la calle de Madero. Cuántas veces desayunamos en la Casa de los azulejos y, por las noches, nos salíamos a los lugares de ambiente que hay por allá.
Sin embargo, ya para regresarnos, ocurrió algo que me dio mucha vergüenza. Arturo se resbaló y cuando cayó al suelo yo corrí a auxiliarlo en levantarse, con uno de sus ya típicos y cada vez más frecuentes desplantes, me quitó el brazo y me dijo que lo dejara en paz.
Gustavo, nuestro anfitrión, había atestiguado todo y se acercó y me dijo…
- Noel, te acabo de conocer y tal vez no sea yo quien deba decirte esto, pero no debés dejar que La Redondel te trate de ese modo. Yo nunca permitiría que alguien me tratara así, ni en público ni en privado, por muy mi amante que fuera. Mirá esa cara de malhumoración que ha traído desde hace ya un par de días…
Guardé silencio y, sin querer, recordé la de veces que Arturo me había gritado en público por una u otra ocasión… todas ellas en forma injusta y haciendo uso del poder inminente que tenía sobre mí… Me sentí muy mal y me llené de rabia… pero sobre todo de tristeza.
Pensé que tal vez si sentía una sola vez lo que era estar en mi lugar sufriendo la injusticia, en vez de darla como él estaba acostumbrado, tal vez cambiaría un poco su actitud hacia conmigo… Arturo Larrondel estaba jugándose calladamente el dedo en la boca, su entrecejo estaba naturalmente fruncido y su cara de malhumoración, tal como Gustavo lo había advertido, estaba en toda la expresión de que era capaz Arturo de hacer facialmente.
Decidí al calor del momento y de sentirme cansado de haberme puesto a mí mismo en esa situación… Irritado más por mi propia decepción, que por lo que me había hecho, le grité…
- Con un demonio! Vas a terminar de morderte esa uña o no?
Todos se callaron y no daban crédito a lo que escuchaban… la oveja se había convertido en lobo por vez primera. La única persona que sonrió discretamente fue Gustavo. Tan sorprendido como el resto, Larrondel se quitó la mano de la cara y sin decir nada se sentó bien en el respaldo de la silla. Ciertamente su entrecejo se había compuesto.
Ese dichoso día era Sábado, y su malhumorada cara apareció a los 15 o 20 minutos, la mía estaba desde que Gustavo me había hecho ver el triste papel al que me había reducido. Por la noche salimos a un bar llamado el Le Barón, sobre la Avenida de los Insurgentes…
- Lito quiero decirte algo… - Me dijo en tono molesto.

- Curiosamente soy yo quien tiene que decirte algo Arturo.

- D-De qué se trata?? - Preguntó sorprendido.

- Esta misma noche me regreso a Monterrey en lo que sea, casi no he gastado mi dinero y puedo regresarme sin pensarlo dos veces. La verdad ya tuve bastante de ti por ahora.

- Lito… Esta tarde… cuando me gritaste frente a todos me di cuenta de lo que sentís cada vez que te grito… sabés…

- Eso no importa ya… me regreso esta misma noche y simplemente quería que lo escucharas de mí.

- Lito… por favor no te vayás… te suplico que no te vayás… Por favor no me dejes…
Comenzó a llorar sollozantemente y debo admitir que toda la situación me parecía fuera de lugar… Sin embargo me sentía satisfecho por dos motivos, el primero de ellos era que había demostrado, tanto para él como para mí mismo, que era cierto el refrancito aquel que dice “El valiente vive hasta que el cobarde quiere”. En segundo lugar porque por una de esas raras ocasiones en nuestra relación, era yo quien tenía la sartén por el mango.

- No hagás el drama… que me voy de la ciudad no de tu vida, así que mejora esa cara. - Le dije sonriendo sinceramente.

- P-Por favor no te vayás… te lo ruego… te lo suplico..
Olvidé lo que se dice de las mujeres… que el último recurso son las lágrimas… y vaya si Larrondel andaba lacrimoso esa noche. Qué decir de mí… me convenció y me quedé. Esa noche intentó tener intimidad conmigo y yo simplemente me negué… Lloró esa noche como si se tratara del Juicio Final, pero yo sabía ya de sus cambios súbitos de carácter.
De regreso a Monterrey las cosas continuaron con su inigualable rutina…. Arturo continuaba gritándome en público. Las abuelas me dijeron que nadie debía meterse entre nosotros, que si a mí no me molestaba que él me gritara en público pues que todo estaba bien… Pero realmente me hería muchísimo que lo hiciera… y el problema es que sucedía cada vez con más frecuencia.
La relación entre Arturo y yo se fue haciendo cada vez menos feliz para ambos, aunque tratábamos de que los momentos felices, que todavía los teníamos y muy profundos, fueran cada vez más frecuentes que las bajas de nuestra relación.
Por allá de Agosto de 1986 recuerdo que las cosas se me complicaron mucho un día. Estuve ocupadísimo y de una cosa brincaba a otra, traté de llamarle a Arturo a su casa en un par de ocasiones, pero no había nadie por ahí para contestar el teléfono y no tenían contestadora automática.
Me aparecí en casa de Adrián y Arturo a eso de las 9:30 PM… No había cenado y estaba por invitar a Larrondel a algún sitio, o por lo menos unas empanadas. Cuando se escuchó el motor de mi auto enfrente de la puerta de la casa de ellos, Adrián salió a mi encuentro…
- Ché… por qué no hablaste??

- Lo intenté, pero… Qué pasó??

- Ya te imaginarás lo que pensó Arturo… que andabas por ahí…

- Dónde está? - Le dije mientras salía del auto.

- En su recámara… Ya lleva tomada media botella de vino blanco.

- Malo el asunto… Dejame llegar…



- Te llamó ya tres veces…
Entré a su recámara y él estaba recostado de espaldas… tomando vino. Su cara cambió de golpe al mirarme llegar, comenzó a llorar y a rogarme que no lo dejara… se abrazó a mi cintura y en ese abrazo sentí su desesperación y su inseguridad…
Ahí fue precisamente cuando me di cuenta que el resquebrajamiento de nuestra relación era más grave de lo que imaginaba… Cuando no me vio por primera vez en un día, tratándome usualmente tan mal como lo venía haciendo, era de suponer de alguna manera que él me estaba perdiendo… “Pero…” pensé para mí… “no sería más fácil para él tratarme mejor y tenerme más confianza??”
Sin embargo mi vida sin Arturo Larrondel estaba fuera de toda cuestión. Cuando le conocí le dije que no sería tan fácil el deshacerse de mí en tanto que no traicionara ni mi confianza ni mi amor por él. Sus desplantes, en privado o en público, seguían siendo la norma entre nosotros, en ocasiones más que frecuentes, pero la verdad era que yo lo veía simplemente como una etapa… pero algo no permanente.
De cualquier manera él no perdía ocasión en disculparse cuando las cosas se ponían graves y se reconocía a sí mismo como el causante de ellas, lo cual me hablaba de la esperanza que nuestra relación tenía de cambiar… “Un poco más de tiempo y de más amor” me decía…
Por esa época se vivía en todo México el sabor del Mundial de Fútbol Soccer, Monterrey había sido determinada como sede de los británicos. Una noche de miércoles Arturo y los chicos insistieron en que nos reuniéramos en casa de Arturo y Adrián para salir a la disco.
Decidieron que fuéramos al “Twist”, que estaba por el área del Instituto Tecnológico, por la avenida Eugenio Garza Sada, y al llegar había una fila enorme de autos, como era costumbre cada Miércoles. Entramos y al hacerlo me percaté de que había como unas 8 ó 10 banderas británicas colgando del techo. El sitio estaba atestado de británicos de todas las edades.
Casi al llegar uno de ellos que estaba absolutamente tomado, unos 7 u 8 años mayor que yo, me tomó del brazo y me dijo...
- C-Can you get me some Marihuana???
Mi inglés era muy limitado entonces, pero entendí perfectamente la palabreja esa “Marihuana”. Le hice saber que no y me fui a la pista con Arturo... Bailamos un poco y Arturo se fue a la barra a tomar un Ruso Negro.
Yo me fui al baño y al salir ahí estaba de nuevo el mismo británico borracho, me abordó con la misma pregunta, ya estaba yo molesto con él... Le volví a decir que no y se fue con sus amigos. Yo me molesté porque pensé que de alguna manera yo estaba anunciando al mundo que era vendedor del estupefaciente.
Sin embargo lo vi esa noche molestar a varias personas, incluyendo a los propios británicos. En esa ocasión vi sus cuerpos blancos bailar sin camisas, otros en shorts, los más tomados… pero todos pasándosela bien.
Dieron las 12 de la noche y ya todos estábamos por retirarnos, así que formamos una fila para alcanzar la puerta de salida. Yo iba en la mitad de esa fila, pero por el tumulto fue partida en dos, quedando yo como cabeza del segundo segmento... Me volví para mirar si Arturo estaba todavía detrás de mí, y cuando volteé para fijarme donde pisaba frente a mí... vi todo blanco... sentí mis rodillas en la frente y un dolor me llevaba lejos...
- Lito! Estás bien... Lito! - Me decía Adrián.
La voz de Arturo en inglés se mezclaba con la gritería general. Pronto vidrios se quebraban dentro y fuera del sitio...
- Lito! No te desmayés ché... Lito... - Continuaba Adrián

- Lito! Dios Mío... Por qué a ti... por qué a ti?? - Decía Arturo.


Aparentemente el británico que me había estado preguntando por marihuana, lo mismo que a todo el mundo, había sufrido una crisis... y la primera alucinación de la que se deshizo fui yo! De pronto y sin avisar me dio un derechazo que me puso el ojo morocho. Me desmayé por unos minutos y cuando finalmente volví en mí el sitio era un tremendo caos.
Los británicos que habían sido expulsados aventaron botellas y vasos a los autos que estaban estacionados en las inmediaciones... Me quedé pensando que era el colmo que me pasara ese incidente que me dejara el ojo izquierdo morado y dejara dañado el auto de mi madre, lo cual a Dios Gracias no ocurrió. Arturo manejó hasta mi casa, los demás lo seguían en el auto de Mauricio Flores.
Llegaríamos a mi casa a eso de las 2 de la mañana y Arturo me llevó hasta mi cama. Mauricio Flores se encargó de llevarlo a casa de Adrián, donde la compartía. Todo el camino se portó conmigo de lo mejor... me hizo sentir muy muy querido. Los siguientes días pasaron rápido y el moretón del ojo desapareció pronto.

En casa dije que una de “las chicas” estaba hablando de uno de los telediarios y que yo pasaba por casualidad cuando ella lanzaba un puñetazo al aire... Nadie objetó mi historieta y yo me sentí contento de que gracias al pretexto del golpe, pues había conseguido que Arturo se mostrara más cariñoso conmigo.


Al cabo de los días siguientes, una tarde llegué a casa de Arturo y Adrián, y noté las cosas ciertamente algo diferentes… El ambiente estaba medio tenso. Adrián me salió al encuentro casi en el momento de cerrar la puerta del auto….
- L-Lito! Ah… eh… Buscás a Arturo?

- Claro Adrián… Qué pasa?

- N-Nada… Lo que pasa es que está en su recámara hablando con Carlos… “La Gina”.

- Ah! Bueno… esperaré en la salita…


Adrián solo sonrió… y se fue a la cocina.
Las cosas se pusieron aún más raras para mí cuando Filiberto (Barbarita) se metió al cuarto de Arturo sin hablarme, pasando frente a mí sin siquiera saludar, como era costumbre… A los tres minutos vi entrar a Jorge Toledo a esa recámara… entonces fue cuando me empecé a poner realmente nervioso.
Los minutos pasaban y yo comencé a cavilar que ese cónclave del cual yo estaba excluido, se trataba simplemente de un pleito entre Jorge y Arturo, como era normal o tal vez de un pleito de locas. No reparé en un detalle importante… todos los ahí encerrados, a excepción de Larrondel, eran Médicos o pasantes de medicina…
Luego de 30 o 40 minutos de que Jorge había entrado, a casi una hora de estar esperando en la salita, se abrió brevemente la puerta… Salió Jorge Toledo y murmuró algo que no entendí…
- Perdón?? - Pregunté molesto.

- Más claro... Arturo tiene sífilis o herpes… está enfermo. Muy probablemente vos tenés lo mismo… - Su mirada era triunfal.

- C-cómo?? - Exclamé con sorpresa.

- Ah! No lo sabías? Qué pena… Tal vez dije algo que no debía… Chao cariño. - Me dijo retirándose mientras reía.


Estaba en una conmoción por esas palabras de Toledo, especialmente por su sarcasmo… por sus palabras…especialmente por sus palabras. Salieron Carlos y Filiberto (Gina y Barbarita) me miraron sin decir palabra y se retiraron de ahí… Me llené de valor y entré a la recámara de Arturo…
Ahí estaba mi “flamante” amante con una amplia sonrisa, como si hubiera sido una gracia lo que sucedía… Cerré la puerta tras de mí, dejando afuera llorando a mis sentimientos. El silencio en ese lugar era algo de lo que ninguno nos podíamos dar el lujo de disponer...
- No te engañé Noel… Te juro que no te engañé… Tengo una infección en el pito… me sale algo de pus…

- Por qué Arturo? Por qué no me lo dijiste a mí primero…


Bajó los ojos al suelo… mientras yo continuaba…
- … Por qué les enseñaste a todos el pito antes que a mí que soy tu amante… Yo he estado a tu lado y ellos no… Por qué mantenerme al margen??

- Deseaba confirmarlo… N-No estaba seguro…

- Y se puede saber de dónde adquiriste esa infección si yo estoy totalmente sano??

- P-Pues… N-No sé…

Esa noche sentí que se había roto algo dentro de mí…. Algo que no volvería a mí jamás… y aún sin saber lo que era, mi ser entero lo extrañaba de inmediato como algo esencial para andar, para respirar, para percibir la vida de la misma manera que siempre lo hice.
Mi cerebro me decía de inmediato que no era lógica la situación, que ninguna enfermedad de ese tipo aparece de la nada… pero, lamentablemente, el corazón no sabe de razones, no entiende de lógicas solo comprende de medias palabras dichas en forma burlona por alguien que se divierte con el dolor ajeno… y de una mirada de culpabilidad que, pesadamente, caía en el suelo de esa recámara arrastrando mis sueños y mi sonrisa en su trayectoria.
Mi amor por él y mi compromiso por ese sentimiento me cegaban hasta ese punto. Yo no estaba jugando cuando en Febrero le dije que, por lo menos para mí, la palabra “amante” no significaba algo fugaz que se tirara a las primeras de cambio. Había que hacer esto funcionar, y si en mí estaba el remedio pues lo intentaría.
El problema radicaba en que usualmente los remedios llegaban por parte mía, y provenían de una parte de mí que de alguna manera sobrevivía todos estos embates, lugar donde la comprensión y la buena cabeza se niegan a morir... Por parte de Arturo cada vez se iban haciendo más escasas las soluciones y más abundantes los problemas.




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