Breslavia, Imperio Alemán, 12 de octubre


Detención y muerte durante el Holocausto



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Detención y muerte durante el Holocausto



El 10 de mayo de 1940, las tropas de Hitler iniciaron la ocupación de los Países Bajos, cuyo gobierno capituló el 14 del mismo mes. Fue entonces cuando se estudió la posibilidad de trasladar a Edith Stein y a su hermana Rosa al carmelo de Le Pâquier en Suiza. Edith escribió:

Una scientia crucis (ciencia de la cruz) solo se puede adquirir si se llega a experimentar a fondo la cruz.



El 13 de enero de 1941, los obispos holandeses publicaron una carta pastoral en la que se mostraron contrarios a que los católicos pertenecieran al partido nazi. El 1 de septiembre entró en vigor un nuevo decreto nacionalsocialista con carácter policial por el cual todos los judíos de seis años o más, localizados en territorio alemán o bajo su dominio, debían aparecer en público llevando una insignia amarilla con la apariencia de una estrella de David y la palabra Jude («judío» en idioma alemán) en su centro, cosida firmememnte en la parte delantera izquierda de sus prendas. Edith y su hermana supieron de la medida en Maastricht y debieron adoptar esa insignia. Edith se abocó a escribir, y en el mes de noviembre redactó una de sus obras más famosas, Ciencia de la cruz.

Dado el aumento del antisemitismo en los Países Bajos, los obispos holandeses decidieron, en contra del consejo los mandatarios del país, condenar los actos antisemitas mediante la lectura durante la homilía de una carta pastoral en las iglesias el día 26 de julio de 1942. A raíz de esta carta, se publicó un decreto el día 30 de julio de 1942 que mandaba arrestar a «los judíos de religión católica».
En abril de 1942, Edith y Rosa fueron «fichadas» por la Gestapo. Como represalia de los nazis, debida a la misión pastoral de los obispos holandeses que luchaban en contra de la deportación de judíos, Edith Stein y su hermana fueron arrestadas el día 2 de agosto de 1942 por la Gestapo y llevada con otros religiosos y religiosas al campo de concentración de Amersfoort, y dos días más tarde al de Westerbork (Holanda). Sus últimas palabras son, según un testigo, para su hermana, «Ven, vamos por nuestro pueblo».
Allí encontró a dos amigas e «hijas» espirituales, dos jóvenes judías que se habían convertido al catolicismo, Ruth Kantorowicz y Alice Reis. En el campo de Westerbork se encontró con otra gran mística judía del siglo XX, Etty Hillesum, que acababa de ser reclutada por Consejo Judío del campamento para ayudar a confeccionar un registro. Esta última registró en su Diario la presencia de una monja carmelita con una estrella amarilla y de todo un grupo de hombres y mujeres religiosos que se reunían para rezar con el siniestro decorado de los barracones.
Posteriormente fue enviada al campo de exterminio nazi de Auschwitz, la ubicaron en el barracón 36 y fue marcada con el N.º 44 074.

Murió allí como judía y mártir de la fe católica a los 51 años de edad. Llevaron a un grupo entre los que se encontraba Edith a un barracón «para ducharse» pero en realidad fueron gaseados con ácido cianhídrico. Su cuerpo lo quemaron en una pira de leña en agosto de 1942. Los restos de la incineración de Edith Stein lo arrojaron en el campo cercano, pero no se sabe donde fue enterrada. Actualmente este campo tiene hincadas gran cantidad de cruces que llevaban los peregrinos a ese lugar. Edith Stein fue una mujer culta y de gran inteligencia y ha dejado numerosos escritos doctrinales de gran relieve y profunda espiritualidad.

Posteridad


Reconocimiento póstumo. Beatificación y canonización



En 1962 se inició su proceso de beatificación. Fue beatificada por Juan Pablo II en Colonia, el 1 de mayo de 1987. Teresa Benedicta de la Cruz, era considerada por el catolicismo mujer hija de Israel, mártir por la fe en Cristo y víctima del exterminio judío, asesinada «ex odio fidei» —por odio a su fe católica—... Con su beatificación en la Catedral de Colonia la Iglesia honraba, como dijo el papa Juan Pablo II, «Una hija de Israel, que durante las persecuciones de los nazis permaneció unida en la fe y el amor al Señor Crucificado, Jesucristo, como católica, y con su pueblo como una judía.» En su homilía, Juan Pablo II mostró el importante reconocimiento del pueblo judío y de la tradición hebráica en la vida de Edith Stein. Fue canonizada posteriormente por Juan Pablo II el día 11 de octubre de 1998 y proclamada co-patrona de Europa el día 1 de octubre de 1999.
El día 11 octubre de 2006, el papa Benedicto XVI bendijo una gran estatua de sor Teresa Benedicta de la Cruz situada en la parte exterior del ábside de la Basílica de San Pedro en El Vaticano en un nicho situado entre los patrones de Europa. Benedicto XVI también citó el ejemplo de Edith Stein en su discurso durante su visita a Auschwitz el 28 de mayo de 2006 indicando que «aparece ante nosotros la cara de Edith Stein, Teresa Benedicta de la Cruz, judía y alemana, que desapareció con su hermana, en el horror de la noche del campo de concentración nazi de Alemania; como cristiana y judía, aceptó la muerte con su pueblo y para el pueblo (...) pero hoy reconocemos con gratitud como testigos de la verdad y la bondad que incluso en nuestro pueblo no había desaparecido. Gracias a estas personas, que no estaban sujetas al poder del mal, y que ahora aparecen ante nosotros como luces en una noche oscura».
Dos motivos han sido propuestos para explicar la beatificación de Edith Stein: el primero es el reconocimiento de su vida virtuosa, el segundo es el martirio. Con la canonización de Edith Stein en 1998 surgió una controversia ya que algunos criticaban al Papa Juan Pablo II por querer «recuperar» el Holocausto a través de su canonización. Por ello, los líderes judíos criticaron al Papa pidiéndole que cancelase la canonización, viendo en ella un intento de lograr la «cristianización del Holocausto»., Esta controversia parece que se debían, en parte, a una mala interpretación del discurso del Papa Juan Pablo II que declaró: «Con la celebración en adelante de la memoria de la nueva santa, no podemos, año tras año, no recordar el Holocausto, este plan feroz de eliminación de un pueblo que costó la vida de millones de hermanos y hermanas judíos». Algunos creyeron ver el establecimiento de un día conmemorativo del Holocausto y, sin embargo, resulta que nunca se ha establecido este día y que las observaciones pueden haber sido debidas a sobre-interpretaciones.


El papa
Juan Pablo II canonizó a la judía, filósofa, monja, mártir y beata, Teresa Benedicta de la Cruz de la Orden del Carmelo Descalzo, el 11 de octubre de 1998 en la Basílica de San Pedro en Roma. El mismo papa la declaró co-patrona de Europa el 1 de octubre de 1999 con una carta apostólica en forma de motu proprio, en el marco de la apertura del sínodo de los obispos denominado Segunda Asamblea especial para Europa (1-23 de octubre de 1999).
La festividad de Edith Stein se fijó para el nueve de agosto. La festividad tiene rango de «memoria» en la Orden del Carmelo, excepto en Europa en tanto que, como co-patrona, para toda la Iglesia tiene el rango de «festividad». La fiesta de Edith Stein no se encuentra en los calendarios litúrgicos de referencia ya que estos estaban editados antes de que fuera declarada co-patrona de Europa.

Otros reconocimientos



En 2008 Edith Stein entró en el Walhalla, memorial de las personalidades destacadas de la civilización alemana. La cadena de televisión pública alemana ZDF dedicó una emisión entera a Edith Stein en el programa Unsere Besten dedicado a los alemanes más importantes de todos los tiempos. En 1995 se hizo una película: La Septième demeure, en la que Maia Morgenstern hizo el papel de Edith Stein.
Edith Stein, desde muy pronto, estuvo muy marcada por su condición femenina. Primera mujer Doctor en Filosofía en Alemania, se comprometió a defender personalmente la posibilidad de que las mujeres vayan a la universidad y enseñan, a pesar de muchos recelos principios del siglo XX.
Con su conversión emprendió un camino diferente. Pensaba que las reclamaciones feministas no eran suficientes: es necesario desarrollar una teología católica de las mujeres, que es lo que ella hizo a través de numerosas conferencias en toda Alemania.111 Esta teología específica para las mujeres, que era prácticamente inexistente en la educación católica, la desarrolló Juan Pablo II en la carta apostólica Mulieris Dignitatem en la que, al parece, pudo haber sido influenciado por el análisis de Edith Stein.
Una serie de conferencias de Edith Stein en francés fueron agrupadas en un primer tomo de la colección La Femme et sa destinée, seguido por un libro, también en francés, titulado La femme.Estos libros abordan numerosos temas como la educación, su vocación y su estatus particular.
A partir de un análisis filosófico, Edith Stein afirmaba la unidad de la humanidad ya que una diferenciación de géneros la llevan a afirmar que la mujer tiene tres objetivos fundamentales: «el desarrollo de su humanidad, de su feminidad y de su individualidad». Se fundaba en la historia del Génesis y del Evangelio, enfoque que adoptó Juan Pablo II en su enseñanza, que toma a Virgen María como modelar y afirma su papel esencial en la educación.
Sin embargo, ella niega a la posición de la época en la que se dice que las mujeres deben limitarse solamente a la esfera familiar y dice que la vocación de la mujer puede tener una vida profesional: «El objetivo que consiste en el desarrollo de habilidades profesionales, objetivo al que es bueno aspirar con el interés de un saludable desarrollo de la personalidad individual, que también se corresponden con las demandas sociales que requieren la integración de las fuerzas femeninas en la vida del pueblo y del Estado». Esta afirmación es tanto más fuerte que considera una perversión de la vocación femenina la vida de las «jóvenes de buena familia y de las mujeres ociosas de las clases pudientes».
Stein afirmaba, apoyándose en santo Tomás de Aquino que existen profesiones naturales de la mujer, basándose en las predisposiciones femeninas, predisposiciones que no impiden una singularidad y disposiciones particulares, como en los hombres. Afirmaba más adelante que «una auténtica profesión femenina es una profesión que permite que el alma femenina florezca plenamente». La mujer debe realizarse en su profesión mediante la búsqueda de lo que lo máximo en su vocación. Debe asegurarse conservar una «ética femenina»en su profesión tomando a la Virgen María como modelo de la Mujer y de su destino.
Esta realización debe también comprender una misión espiritual de la mujer que se lleva a cabo mediante la vida en Dios, la oración y los sacramentos. Dentro de esta lógica, Stein critica la falta de formación dada a las mujeres y la falta de enseñanza del catecismo a ellas mismas ya que la educación se focalizaba más enfatizando sobre la piedad. También afirmaba que «la fe no es una cuestión de imaginación, ni un sentido de piedad, sino una aprehensión intelectual». Advertió a las instituciones religiosas que en la educación religiosa, a menudo se utilizan medios coercitivos para desarrollar la piedad. La fe solo puede obtenerse a través de la Gracia, que afirma la no necesidad tanto del control como del ejemplo en la educación de las jóvenes.

Visión del judaísmo



La visión del judaísmo de Edith Stein fue evolucionando a lo largo de toda su vida. Nacida en el seno de una familia judía, abandonó su fe y pasó a ser atea y, en todo caso, no practicante y agnóstica desde la adolescencia. Este ateísmo fue abandonado debido a su encuentro con Cristo. Esta conversión condujo a Edith Stein a una profundización de su fe realimentándose de sus raíces judías gradualmente y expresar su fe cristiana de una manera original.
Edith Stein no renegó nunca de su origen judío, teniéndose en cuenta siempre a sí misma como perteneciente al pueblo judío. Consideraba que Cristo fue un judío practicante, como sus discípulos de los primeros tiempos.El es la misma Iglesia con el grupo de sus discípulos. La Iglesia debe ser plenamente consciente de este enraizamiento y del deber de ser solidaria con el pueblo judío perseguido. Esta reflexión y esta filiación fueron las que condujeron a Edith Stein a escribir al papa Pío XI acerca del antisemitismo y a actuar contra el antisemitismo a lo largo de toda su vida. También reivindicaba su herencia judía, por ejemplo, en 1932. Durante una estancia en París, decía «con nosotros» o «nosotros» cuando hablaba de sus amigos filósofos judíos y lo hará de forma continua a lo largo de su vida.

En su obra «Vie d’une famille juive» que se presenta como autobiográfica, Edith Stein quiere, según el prólogo, conseguir una refutación del antisemitismo nazi a través de la presentación de la vida de su familia y sus amigos judíos, donde ella es totalmente solidaria, buscando la manera de hacer desaparecer los prejuicios antisemitas. Esta herencia es experimentado por Edith Stein de una forma muy personal; Edith escribió en 1932: «Yo había oído hablar de severas medidas adoptadas contra los judíos, pero en ese momento me vino de repente la idea de que Dios había puesto de nuevo su mano fuertemente mi pueblo y el destino de las personas también era el mío». Escribió «La oración de la Iglesia» donde reafirma el profundo vínculo, vital, entre el catolicismo y los judíos y afirmaba que «Cristo rezaba a la manera de un Judío piadoso, fiel a la Ley».Edith dice, con la misma lógica, que hay un rico pasado y presente de la liturgia judía, riqueza que prefigura la riqueza de la liturgia católica.
Finalmente en su muerte, que ella quiso vivir como un holocausto por «su pueblo», mostraba su profundo apego a la relación entre el cristianismo y el judaísmo.129 Sin embargo nunca renegó de su fe católica y se identificaba con Cristo, que murió por sus discípulos. Por eso, Edith Stein hizo lo mismo, entrando en los campos como judía. El Papa Juan Pablo II en la homilía de la beatificación afirmó que no hay contradicción en la fe de Edith Stein: «Para Edith Stein, el bautismo cristiano no era una forma de romper con su legado judía. Por el contrario, dijo: Yo había renunciado a la práctica de la religión judía desde la edad de catorce años. Mi regreso a Dios me permitió sentirme judía de nuevo. Ella siempre fue consciente de que estaba obligada a Cristo no solo por la espiritualidad, sino también por la propia sangre. En los campos de exterminio murió como hija de Israel» para la gloria del Santísimo Nombre y a la vez, como la hermana Teresa Benedicta de la Cruz, que es, diciendo: «Bendecida por la Cruz».

Teología de la Cruz


Edith Stein desarrolló una espiritualidad particular en torno a la Pasión de Cristo. Desde el principio de su conversión fue golpeada por el misterio del sufrimiento a través de la muerte de su amigo Adolf Reinach. Descubrió cómo su joven viuda asumió la prueba mediante la esperanza cristiana. Una vez ingresada en el Carmelo, tomó el nombre de Sor Teresa Benedicta de la Cruz lo que demostraba la importancia en ella de la teología de la cruz. La redacción de La ciencia de la Cruz sobre la espiritualidad de san Juan de la Cruz, permitió a Edith Stein a desarrollar una teología de la Cruz. La Cruz es, según Edith Stein, «... la verdad enterrada en el alma como un grano de trigo que empuja a sus raíces y crece. Marca el alma con una impronta especial que determina su conducta, hasta tal punto que tanto que el alma irradia a su alrededor y da a conocer mediante su comportamiento». Para Edith Stein la ciencia de la Cruz consiste en la imitación de Cristo, Varón de dolores.
El sufrimiento descrito por san Juan de la Cruz en La noche oscura del alma es una participación en la Pasión de Cristo y tiene «el más profundo sufrimiento, el del abandono de Dios». Juan de la Cruz dice que para entrar en «la riqueza de la sabiduría de Dios, es necesario entrar por la puerta: esta puerta es la cruz, y está es estrecha».

Para Edith Stein, la ciencia de la Cruz es la posibilidad de unirse a Dios; el alma solo unirse a ella si «si fue purificada previamente por un fuego de sufrimientos internos y externos y de acuerdo con los planes de la sabiduría divina. Nadie puede en esta vida entrar en este conocimiento, siempre limitado, de estos misterios, sin haber sufrido mucho» Estos sufrimientos eran considerados por Edith como «el fuego de la expiación». Jesús vino a la tierra a cargar con el fardo de los pecados del hombre. Los sufrimientos de Cristo a lo largo de su vida y acentuados en el Huerto de los olivos son el signo del dolor que siente en este abandono de Dios. La muerte de Cristo, la cima del sufrimiento, marcó también el final de su sufrimiento y la posibilidad de unión con el Amor eterno, la unión con la Santísima Trinidad.
Según Edith Stein, después de la noche oscura que es la purificación del corazón, el ser humano accede a la unión con Dios.. Afirma también que «solo se puede adquirir la ciencia de la cruz si se empieza a sufrir verdaderamente el peso de la cruz. En un primer instante, tenía la convicción íntima y dije desde el fondo de mi corazón: Ave Crux, spes unica». Esta ciencia de la cruz condujo a Edith Stein a desear ofrecerse y sufrir en unión con Cristo. En 1930 escribió: «Siento cómo es débil la influencia directa, que agudiza en mi el sentimiento d´holocaustum personal.»

Filosofía de Edith Stein


Empatía



La Empatía, o Einfühlung, es un término prestado por Husserl a Theodor Lipps para designar la experiencia intersubjetiva138 y adoptó un punto de vista diferente al del filósofo Theodor Lipps.139

La tesis de Édith Stein analiza la empatía como el don de la intuición y del rigor que permite captar lo que el otro vive en sí mismo. La empatía puede permitir a la persona humana, considerada como un universo en si misma, enriquecerse y aprender a conocerse mediante el contacto con los demás. Por eso afirma:

... por la empatía puedo vivir los valores y descubrir los estratos correspondientes a mi persona, que no han tenido todavía la ocasión de ser desvelados por lo que he experimentado forma original. Quien no haya visto el peligro encerrarse en si mismo, puede mediante la situación del otro por la empatía, darse cuenta que él mismo es cobarde o valiente. Sin embargo, esto que contradice mi propia estructura de las experiencias, no lo puedo «llenar», pero puedo representármelo de forma vacía, abstracta
Es la apertura a los demás, que permite de esta forma conocer mejor la realidad. Esto no se puede fundar únicamente sobre mi misma para alcanzar el conocimiento pero es necesario aceptar las cosas exteriores como son, abriendo así la puerta a un mayor conocimiento de las cosas, porque sino, «nos encerramos en la prisión de nuestras particularidades».


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