Breslavia, Imperio Alemán, 12 de octubre



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Biografía


Infancia y primeros estudios



Su padre, Siegfried Stein (1844-1893), era comerciante de maderas en un aserradero. Se casó el 2 de agosto de 1871 con Augusta Stein (1849-1936) y se instaló en Gliwice, en la Alta Silesia donde nacieron sus seis primeros hermanos: Paul (1872-1943, muerto en el campo de concentración de Theresienstadt), Selma (1873-1874), Else (1876-1954), Hedwig (1877-1880), Arno (1879-1948) y Ernst (1880-1882).3

En 1882 la familia se instaló en Lublinitz donde Siegfried fundó su primera empresa con la ayuda de su gran familia. Fue un periodo difícil durante el cual la ayuda familiar le permitió no sumirse en la miseria. Fue en esos momentos cuando vinieron al mundo los últimos hijos del matrimonio Stein: Elfriede (1881-1942, muerto en un campo de concentración), Rosa (1883-1942 muerta con Édith en Auschwitz), Richard (1884, nacido muerto) y Erna (1890-1978). A la muerte del padre, se ocupó su viuda del negocio.





Edith Stein (ca. 1913-1914) durante su período como estudiante en Breslavia.

Casa de la familia de Edith Stein, ubicada en la calle Nowowiejska 38 (Michaelisstraße),

Breslavia, Polonia.
Edith Stein nació en la ciudad alemana de Breslavia (hoy Wrocław, Polonia e históricamente, en alemán, Breslau) en el seno de una familia judía, el día 12 de octubre de 1891 día del Yom Kipur lo cual hizo que fuera especialmente querida por su madre, judía practicante. Era la última de un total de once hijos. Su padre murió de una insolación cuando Edith no tenía aún tres años.
Su madre, mujer muy religiosa, debió hacerse entonces cargo de las necesidades de la familia y dirigir la empresa familiar. Esta difícil tarea requiere una gran disciplina y trabajo, disciplina que Augusta Stein intentó transmitir a sus hijos, así como su fe judía. Edith Stein dijo que, ya que era la más pequeña de su familia, era la que, según la tradición judía liberal, era la que podía hacer preguntas litúrgico durante las fiestas judías, preguntas que daban lugar a una explicación más completa por parte del celebrante.

Edith Stein comenzó sus estudios en la escuela Victoria en 1896, año en que, por primera vez en Prusia, las niñas se les permite estudiar el bachillerato. Ella se acomodó de forma rápida a la clase superior. Una compañera de clase dijo de ella: «Su precocidad es sorprendente, fue agobiada por sus mayores, pero el orgullo irresistible que desarrolló y cuya tensión podría llevar a las lágrimas y la cólera cuando no conseguía lo que quería o no era la primera, la mejor, era menos positiva ... fue un excelente alumna». A partir de los trece años comenzó siguiendo el Yom Kipur a ayunar hasta la tarde siguiendo la tradición judía. Conservó esta práctica, incluso cuando se fue de su familia y no rezó más.

A partir de 1904 el liceo empezó a admitir a chicas. Sin embargo, con la llegada a la adolescencia, Edith Stein negó a ir en la escuela secundaria y pidió dejar sus estudios en 1906 a la edad de 15 años. Marchó a Hamburgo durante diez meses para ayudar a su hermana Elsa que iba a tener un hijo. En esta época dejó de rezar.8 «Con plena consciencia y en una libre elección, dejé de rezar».
En septiembre de 1907 volvió a Breslau. Volvió a tener un gran deseo por el conocimiento y, como se fue de la escuela de forma voluntaria, volvió con brillantez a los estudios. Recuperó rápidamente su retraso y terminó la escuela secundaria en 1908. Durante este periodo Edith leyó y estudió mucho. Ella misma decía más tarde que «estas lecturas literarias de la época me sirvieron para mi vida entera». En esta época es cuando comenzó a descubrir la filosofía, especialmente con la lectura de Friedrich Schiller, discípulo de Immanuel Kant.

Edith Stein se compromete políticamente, convirtiéndose en un miembro de la sección local de «Asociación prusiana por el voto de las mujeres». Apoyó, con su hermana Erna y sus amigas, el ala más radical del movimiento feminista en torno a Anita Augspurg, Helene Stöcker y Linda Gustava Heymann, el ala más radical en el sentido de que exige la igualdad total entre hombres y mujeres.

Edith Stein obtuvo su título de bachillerato con éxito en 1911 y decidió seguir los estudios universitarios de filosofía.

La filósofa Universidad de Breslau


Edith Stein estaba persuadida de que «estamos en la tierra para estar al servicio de la humanidad (...) Para hacerlo de la mejor manera posible, debemos hacer aquello por lo que nos inclinamos». A continuación comenzó unos estudios brillantemente en la Universidad de Breslau ayudada por el dinero —varios miles de marcos— heredado de su abuela Johanna Stein.14 Edith decidió estudiar muchas asignaturas: los lenguajes indo-europeos, alemán antiguo, la historia del teatro alemán, historia de Prusia y de Federico el Grande, historia de la Constitución inglesa, filosofía de la naturaleza, introducción a la Psicología y, finalmente, iniciación al griego. Edith Stein estudió con profundidad la historia y se consideraba «apasionada por los acontecimientos políticos del presente considerados como la historia del futuro».
De este período de su vida derivaron los muchos ejemplos históricos que utilizó más adelante en sus conferencias. También estudió Psicología con William Stern y la Filosofía que enseñaba Richard Hönigswald.
Durante la época de sus estudios de Psicología es cuando Edith se declaró atea.17 Su amigo de estudios Georg Moskiewicz, que estudiaba psicología con ella le hablo en 1918 de la orientación filosófica nueva que representaba la fenomenología de Edmund Husserl. Decidió estudiarla y se sintió seducida por el procedimiento de reducción fenomenológica. Este descubrimiento es el que la decidió a marchar a Gotinga.
Aquí participó en dos asociaciones: la primera era la «Asociación Humboldt», de educación popular que impartía cursos gratuitos de tutoría a los trabajadores y empleados. También daba cursos de ortografía.
La segunda era una asociación de mujeres sobre la igualdad de sexos donde organizaba pequeños debates. Edith conoció en Breslau a Kaethe Scholz, una profesora que impartía cursos en la filosofía a las mujeres. Su ejemplo inspiró a Edith Stein en la fundación de su «Academia» en 1920.


Estudios en Gotinga


En 1913 ingresó en la Universidad de Gotinga, donde estudió "Germanistik und Geschichte" (Germanística e Historia). Atraída por la fenomenología, se convirtió en discípula del célebre filósofo Edmund Husserl. En Friburgo, en 1917, aprueban con la calificación Summa Cum Laude su tesis doctoral «Sobre el problema de la Empatía», tema que le sugirió Max Scheler, lo que inició sus obras filosóficas. Posterior a su tesis, vienieron los escritos «Causalidad Sentiente» e «Individuo y Comunidad», en donde busca justificar filosóficamente la nueva psicología naciente. La última obra correspondiente a su primer período es «Una investigación sobre el estado», culmen de su proyecto para elaborar una antropología fenomenológica que vaya del hombre singular a la persona como comunidad.

En la universidad siguió los cursos de Filosofía de Leonard Nelson, del historiador Max Lehmann, alumno del historiador Leopold von Ranke, del que Edith se llama «la pequeña hija espiritual».
Dentro de esta primera etapa en su pensamiento filosófico, conviene resaltar su obra «Introducción a la Filosofía». Si bien no pertenece propiamente al ciclo de obras anterior y es de difícil catalogación, es una obra sumamente original. En ella se descubren los principales problemas de la filosofía de la naturaleza: el movimiento, las nociones de tiempo y espacio o qué es un objeto material y físico. En diálogo con Immanuel Kant y con Husserl, y demostrando profundos conocimientos de las ciencias duras de su época (física, biología, filosofía de la ciencia) Edith Stein establece una diferencia fundamental entre los problemas de la naturaleza y los problemas de la subjetividad.
A partir de la segunda parte (encargada de estudiar la subjetividad), formulará una antropología propiamente dicha y resaltará las características del hombre como la libertad, la conciencia, y la capacidad reflexiva. En esta obra hablará de las estructuras de la personalidad y empleará el escrito como preámbulo a una obra de su etapa posterior: «La estructura de la persona humana», que es un curso que ella impartió en el Instituto de Pedagogía Científica en Münster, Westfalia (1932/33).

Gracias a su amigo Georg Moskiewicz Edith Stein fue aceptada en «Sociedad de Filosofía de Gotinga» que reunía a los principales miembros de la Fenomenología naciente: Edmund Husserl, Adolf Reinach y Max Scheler principalmente.
De estos encuentros Edith guarda una correspondencia personal y profunda con Roman Ingarden, Hans Lipps y Alexandre Koyré entre los más importantes.

Esto hará que más tarde conozca a Dietrich von Hildebrandt y, sobre todo, a Hedwig Conrad-Martius y Theodor Conrad, que se convirtieron en amigos muy cercanos.

Edith decidió entonces prepararse para el «Examen de Estado», paso previo antes de la tesis. Siguió las conferencias de Max Scheler que organiza sus discursos a partir de su nuevo ensayo titulado «El formalismo en la ética y la ética material de los valores», entre 1913 y 1916, de cuya lectura encuentra Edith numerosas inspiraciones para sus trabajos sobre la empatía. A pesar de las grandes dificultades que tuvo, Edith siguió sus estudios con la ayuda de Reinach. Su examen estaba previsto para 1914.


Primera guerra mundial


Durante la Primera Guerra Mundial Edith decidió regresar a Breslau. De inmediato se puso a servir y ayudar de la mejor manera que pudiera. Hizo frecuentes cursos de auxiliar de enfermería y trabajó en un hospital austríaco; para ella fueron tiempos muy difíciles. El hospital donde servía fue cerrado en 1916 y Edith reanudó sus estudios filosóficos con Husserl y obtuvo el doctorado en la Universidad de Friburgo (Alemania).

Edith escribió: «Cuando la guerra se acabe, si aún vivo, podré pensar de nuevo en mis ocupaciones personales». Volvió a Gotinga para hacer su «Examen de Estado», aprobó el examen a principios de enero y obtuvo el diploma con la calificación de «Muy bien».
Tras su examen, se enroló de nuevo en la Cruz Roja y la envían al hospital militar Mährish-Weisskirchen, Austria. Se ocupó por los enfermos de enfermedades infecciosas, trabajó en la sala de operaciones, vio a los hombres que mueren en la flor de la vida, de todas partes de Europa del Este. Esta experiencia la marcó profundamente. Es un tipo de experiencia práctica de la empatía: ¿cómo comunicarse con los hombres cuyo lenguaje le era poco conocido?. Obtuvo la Medalla al Valor por su dedicación. Agotada, le aconsejaron que se fuera a su casa y no la llamaron más.
Tesis de filosofía
A continuación, Edith decidió dedicarse seriamente a su tesis. Ahora forma parte del círculo íntimo de sus maestros. Su amigo Reinach se convirtió al Protestantismo durante la guerra. Se bautizó el 9 de abril 1916. Edith Stein se junto cada vez más con cristianos en el círculo de los filósofos.

Edith continuó con su tesis mientras era profesora sustituta en Breslau. Decidió seguir con Edmund Husserl a Fribourg-en-Brisgau donde fue una de las primeras mujeres que obtuvieron la calificación de summa cum laude en su tesis en 1917 con el apoyo de Edmund Husserl.

La tesis se titulaba «Sobre el problema de la empatía» que definía como «una experiencia sui generis, la experiencia de otros estado de consciencia de otros, en general,(...) La experiencia que un yo en general tiene de otro yo semejante a este».

Edith se veía con frecuencia con el estudiante polaco Roman Ingarden con el que tuvo devaneos amorosos. Sus trabajos entusiasmaron a Husserl que tuvo la impresión de que ella anticipaba una parte de sus Ideas.


Colaboración con Husserl


Edith se convirtió enseguida en la asistente de Edmund Husserl y le ofreció sus servicios después de aprobar su tesis en 1916. Aprendió estenografía para poder leer las notas de Husserl.
Dio cursos de iniciación al pensamiento filosófico y sistetizó los tomos 2 y 3 de «Ideas directrices de una fenomenología y una filosofía fenomenológica pura».
Su investigación filosófica se centró en la persona humana, las relaciones interpersonales, las comunidades de pertenencia, como Estado, pueblo, grupo étnico, religioso, etc. Hizo hincapié en el sentido de los valores, la libertad, el rechazo del totalitarismo.
A lo largo de estos años de investigación Edith intentó sintetizar con sus propios apuntes el conjunto del pensamiento de Husserl. Revisó este libro durante toda su vida. Se publicó en 1991 bajo el título «Introducción a la Filosofía». Edmund Husserl escribió sobre Edith Stein: «El gran estilo que preside la elaboración de estas aportaciones, el carácter científico riguroso y la finura que ha mostrado en ellos merece el máximo reconocimiento.»
Sin embargo Husserl se niega a someter a Edith Stein a la habilitación universitaria, lo que le impidió ser titular de una cátedra. Su oposición parece estar basada en el temor de que este proceso puede fallar en la medida en que aún no hay mujeres que sean titulares de la cátedra de filosofía en Alemania. Además, como muchos de los muchos profesores judíos, Husserl se encuentra a si mismo en una posición difícil.

Edith Stein estaba muy afectada por la muerte en el frente de su amigo Reinach. «Heredó» sus notas filosóficas donde Reinach trataba de comprender su propia evolución religiosa. Ella misma puso orden en sus notas y las dio a conocer.

La propia Edith redacta a partir de estas notas de Husserl la obra « Leçons pour une phénoménologie de la conscience intime du temps», obra que editó Martin Heidegger en 1928. Este último no mencionó correctamente la contribución de Edith Stein.


Conversión y compromisos


Edith Stein se interesó mucho por las cuestiones concernientes a las mujeres. Trabajó por el derecho al voto de la mujer, cosa que se obtuvo en 1919 en Alemania. Militó en la organización «Asociación prusiana por el derecho de las mujeres al voto». En 1919 se afilió al «DDP», partido demócrata alemán, un partido de centro-izquierda que acoge a las feministas así como a los líderes judíos. Aunque en su juventud decía ser sensible al ideal prusiano, se vuelve cada vez más crítica con el militarismo de Prusia y el antisemitismo ambiente.

Edith escribió en 1919: «De todos modos, nosotros (los judíos) no podemos esperar ninguna simpatía de la derecha». Comentó a su amigo polaco Roman Ingarden «el terrible antisemitismo que reina aquí». La gran idealista se decantó progresivamente por la realidad de la política.36 Más tarde escribió: «Joven estudiante, yo era una feminista radical. Después esta pregunta perdió interés en mí. Ahora estoy buscando soluciones puramente objetivas».
Siguió siendo europea y negó el triunfalismo de prusiano sobre el Sedán y escribió acerca de la carnicería de la Primera Guerra Mundial: «Solo dos cosas me mantienen despierta la curiosidad: la curiosidad para ver lo que va a salir de Europa, y la esperanza de aportar mi contribución en la filosofía». En sus cartas de los años 1930 escribe sobre los autores polacos, del francés Romain Rolland al que apreciaba, y se niega a ver que comunidad humana se desgarre debido nacionalismo exacerbado. Esto es sin duda el origen común de su feminismo así como de su pacifismo. Comentó asimismo que tuvo discusiones acaloradas acerca de estos temas en el seno de su partido.

Edith Stein fue la primera mujer que llegó a ser doctora en Filosofía en Alemania y la primera que pidió oficialmente que las mujeres pudieran obtener la categoría de profesorado. Durante los años 1918 y 1919 publicó «El individuo y la comunidad» bajo el título de «Contribuciones a un fundamento filosófico de la psicología y de las ciencias humanas», se alejo de las ideas de Husserl y recordó la religión. Frente a las discriminaciones sufridas acerca de su habilitación, escribió al Ministro de Cultura alemán, que le dio la razón, afirmando la posibilidad de que una mujer pueda ser profesor de universidad. Sin embargo, a pesar de todos sus esfuerzos se refugia en Kiel, Hamburgo y Gotinga.

Frente a esta oposición fundó una academia privada que llegó a tener treinta alumnos entre llos el futuro sociólogo Norbert Elias. Ella continuó con sus reflexiones mediante la publicación de «Estudio sobre el Estado», en el que se describen los conceptos de persona, comunidad, pueblo y estado. Se opuso a la ideología del nacional socialismo alemán, así como a las ideologías marxistas.
Edith observó al final de su vida los progresos realizados en relación con los derechos de la mujer así como los cambios de mentalidad y escribió un nuevo libro: «Formación de la mujer y profesión de la mujer» donde explica que «las jóvenes aprueban ahora el bachillerato y se inscriben en la universidad pero ignoran de lo que se tardó en reuniones, resoluciones, peticiones escritas al Reichstag o Staatsregierungen para que se abriesen a las mujeres en 1901 las puertas de la universidad alemana».

La conversión de Edith Stein estuvo precedida de una larga búsqueda intelectual y espiritual que se extendió desde 1916 a 1921. A lo largo de aquel periodo leyó y estudió los Ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola, la «Escuela del cristianismo» de Kierkegaard y las Confesiones de san Agustín de Hipona. La primera etapa de su conversión fue una experiencia de cambio durante una visita a una catedral de Francfort-sur-le-Main donde conoció a una mujer que venía del mercado, para hacer una corta oración, como una visita y que luego se fue. Stein lo explicaba así: «Para mí fue algo bastante nuevo. En las sinagogas y templos que yo conocía, íbamos allí para la celebración de un oficio. Aquí, en medio de los asuntos diarios, alguien entró en una iglesia como para un intercambio confidencial. Esto no lo podré olvidar jamás.»


Rencuentro con Cristo




Catedral de Francfort en 1866.
En esta época Edith quedó profundamente impresionada por la muerte en el frente de su amigo Adolf Reinach, pero fue la actitud de su viuda Pauline la que constituyó, según afirmó Edith Stein, el elemento más importante y crucial. Pauline Reinach, que fue después benedictina, creía en la vida eterna, y encontró un consuelo y un ánimo fortalecido en su fe en Jesús. A través de esta experiencia descubrió la existencia de un amor sobrenatural. La propia Edith afirmaba más adelante que «la causa decisiva de su conversión al cristianismo fue la manera en que su amiga aceptó por la fuerza del misterio de la cruz el sacrificio que se le impuso por la muerte de su marido.»

En el cículo de los fenomenólogos fueron muchas las conversiones al cristianismo como sus amigos Anne et Pauline Reinach, F. Hamburger y H. Conrad principalmente46 y en agosto de 1921 Edith Stein se decidió definitivamente por la fe católica. Entre el 27 de mayo y el 3 de agosto, durante una estancia en Bad Bergzabern en casa de sus amigos Theodor et Hedwig Conrad-Martius lee o relee un libro de despedida que encontró en la biblioteca de los Reinach: la autobiografía de Santa Teresa de Jesús. Más allá de la comprensión y del análisis de los conceptos expuestos, Edith hizo una lectura «sapiencial», es decir, que leyó La Vida como una revelación de una persona dirigida a otra persona.
Este episodio es la culminación de su larga búsqueda de la verdad, pero no cesó de considerarse como una especie de fracaso personal, como fundamentalmente irreligioso. Según la propia Edith (que lo confesaría después), esta obra fue determinante para su conversión definitiva al catolicismo. Edith recibió el bautismo en el seno de la Iglesia católica el uno de enero de 1922 y tomó los nombres de Edith, Teresa —el mismo que Santa Teresa y Hedwig, nombre de su madrina Hedwig Conrad-Martius. El dos de febrero del mismo año, recibió la primera comunión confirmación de manos de Mons. Ludwig Sebastian, obispo de la diócesis de Spira.. Edith dirá más tarde que: «se puede tener consciencia de la verdad, sin aceptarla, rehusando meterse en su terreno».

A partir de ese momento ella quería ser carmelita. Anunciar su conversión a su madre le resultaba muy difícil y ella misma dirá: «En cuanto a mi madre, mi conversión fue la pena más pesada que tuve que soportar».

Conferencias



Después de su bautismo Edith quería entrar en la Orden del Carmelo pero su director espiritual, el vicario general de Spire, se lo desaconsejó y le pidió que enseñara alemán e historia en el instituto y en la escuela normal femenina del convento de las Dominicas de la Madeleine de Spire lo cual hizo desde 1922 hasta 1933.
Era un gran centro de formación de profesores católicos, religiosos y laicos, de Alemania del Sur. Edith Stein se sumergió en la enseñanza, mientras que trataba de vivir sus días como los religiosos, orando con regularidad y tratando de ser religiosa según el corazón. Quiere ser según sus palabras: «religiosa según el corazón, incluso si no llevo el velo y no estoy obligado por la clausura ni por los votos y actualmente se puede pensar en vincularme de esta manera».
Decidió Traducir al alemán, en su tiempo libre, las obras de John Henry Newman, anglicano convertido al catolicismo. Continuó con su traducción para una editorial interesado en el trabajo de Newman. Edith comentó al respecto que «ponerse en contacto cercano como el que da la traducción con un espíritu como el de Newman es maravilloso para mí. Toda su vida ha sido una constante búsqueda de la verdad en la religión».
Edith siguió su trabajo de traducción animada por su director espiritual P. Erich Przywara, traducir por primera vez los escritos de Santo Tomás del latín al alemán, incluidas las «''Quaestiones disputatae de veritate». La Iglesia Católica tenía, en 1879 incluida en la encíclica Aeterni Patris, publicada por el Papa León XIII el 4 de agosto de 1879, la filosofía se Santo Tomás de Aquino como doctrina oficial de su teología y Edith Stein intuyó de la idea de una «discusión entre la filosofía tradicional católica y la filosofía moderna».
Este trabajo tuvo una duración de más de ocho años y la condujo a los escritos: Las cuestiones de Santo Tomás de Aquino sobre la verdad, La fenomenología de Husserl y la filosofía de Santo Tomás de Aquino, Ensayo de estudios comparados, Potencia y Acto y Ser finito y Ser eterno. El padre Erich Przywara la alentó a confrontar a Santo Tomás de Aquino y la filosofía moderna. La propia Edith dijo a propósito de estos estudios: «Se me ocurrió después de leer a Santo Tomás que era posible poner el conocimiento al servicio de Dios y es entonces, y solamente entonces, cuando me atreví a reanudar mi trabajo en serio. Parecía que de hecho, cuanto más una persona se siente atraída hacia Dios, más se tiene que salir de sí misma para ir al mundo llevando el amor divino».
A partir de 1926 la solicitan para dar conferencias. Este es el comienzo de una serie de conferencias que la llevó a dar más de treinta conferencias en toda Alemania. El abad Raphael Walzer de la abadía de Beuron, su director espiritual a partir de 1928 y el P Erich Przywara la alientan a responder positivamente a estas invitaciones.

Comenzó entonces a dar conferencias haciendo largos viajes por Alemania y otros países. Muchas de sus enseñanzas versaban sobre el lugar de la mujer en la sociedad y en la Iglesia, en la formación de los jóvenes y la antropología. Definitivamente toma una posición contra el nazismo e hizo una llamada acerca de la dignidad de cada ser humano.
Durante estas conferencias dice que en la educación no puede lograr todo por la fuerza, sino que debe pasar por el respeto de cada individuo y a la gracia. Por lo tanto, advierte contra el seguimiento a los alumnos y demuestra el papel ejemplar del maestro en la educación, más que los medios coercitivos.
Su director espiritual la animó a seguir con sus trabajos, precisamente por su estatuto de laica, hecho raro en aquella época… Edith tomó parte por el diálogo entre católicos y protestantes en el seno de la educación.
Edith Stein obtuvo una reputación considerable durante una conferencia en 1930 sobre «La ética de las profesiones femeninas». Solo una mujer ha tomado la palabra en el Congreso, se habla de puestos de trabajo de las mujeres y rechaza la misoginia del tiempo diciendo que «ninguna mujer es solamente una mujer, cada una tiene rasgos individuales y disposiciones específicas, como el hombre, por la capacidad de ejercer tal o cual profesión en el mundo artístico, científico o técnico».
Las actas de la conferencia se incluyeron en muchos periódicos de la época. Durante una de estas conferencias discutió con Gertrud von le Fort, su amiga poeta. En su propuesta, Gertrud von le Fort incluso llegó a afirmar (pero de memoria cuarenta años más tarde) que estuvo en contacto con Edith Stein durante los años 1925 y 1926 por medio de P. Przywara. De este encuentro nació la inspiración de la obra «La dernière à l'échafaud», en la que Georges Bernanos se inspiró para escribir la Diálogos de carmelitas. En 1932 continuó sus conferencias solicitando una educación precoz sobre la sexualidad.

Edith Stein continuó paralelamente sus estudios de filosofía y fue alentada por Martin Heidegger y Honecker a seguir en la búsqueda del diálogo entre la filosofía tomista y la filosofía fenomenológica. En 1931 terminó sus trabajos en Spire e intentó de nuevo obtener la habilitación para enseñar libremente en Wroclaw y Friburgo pero no lo consigue. Edith encontró un puesto en el instituto de ciencias pedagógicas de Münster. instituto dirigido a la enseñanza católica, que será cerrado por el régimen nazi algunos años más tarde. Participó en septiembre de 1932 en una conferencia en Juvisy-sur-Orge, en Francia organizada por la Sociedad Tomista donde intervino, principalmente, hablando sobre la fenomenología.
Edith continuó su diálogo con sus amigos filósofos como Hans Lipps que le propuso el matrimonio en 1932, petición que Edith rehusó porque ya había encontrado «otro camino».
Edith Stein fue desvinculándose progresivamente de Edmund Husserl ya que estaba en desacuerdo con el en cuanto al rol de la Teología y de la Filosofía. Edith consideraba que la filosofía tenía por objetivo «profundizar en las necesidades y posibilidades del ser» debido a su función de conocimiento.

La filosofía de Husserl le parecía un callejón sin salida ya que no proporcionaba acceso a las cuestiones de ética y filosofía de la religión, no permitiendo un «lugar para Dios».
La teología y la filosofía «no deben competir sino complementarse y enriquecerse mutuamente». La teología puede, efectivamente, según Edith, servir de hipótesis permanente al logos. También criticó el hecho de que la filosofía de Husserl omitía siglos de búsqueda cristiana de la verdad teniendo en cuenta solo los filósofos recientes.
Esta crítica la continuó con el análisis de la obra de Martin Heidegger. Se aduce su ignorancia de la filosofía medieval en su análisis y ella le reprocha el «retroceder ante el infinito sin que nada de lo finito o lo finito como tal sea palpable».
Poco después de la toma del poder por los nazis, las leyes alemanas prohibieron que las mujeres enseñasen en las universidades, así como judíos. Sin embargo, incluso cuando a ella misma le prohibieron la enseñanza en 1933, la Asociación de Maestros Católicos siguió pagándole una beca.
Edith Stein se opuso activamente el nazismo y percibió el peligro muy pronto. Cuando le prohibieron dar clases debido a la llegada de Adolf Hitler al poder, decidió escribir al papa Pío XI para solicitarle una clara postura de la Iglesia en contra de lo que ella llama «la idolatría de raza». Esto no se llevó a cabo a causa de la muerte de Pío XI, muerte que deja de escribir la encíclica que condenaba el antisemitismo, Humani generis Unitas que comenzó en mayo de 1938. Algunos creen que la carta de Edith Stein pudo haber tenido alguna influencia en el origen de esta encíclica.
La condena del nazismo por la Iglesia Católica tuvo lugar a través de la encíclica Mit brennender Sorge del papa Pío XI sobre la situación de la Iglesia en la Alemania nazi, publicada el 14 de marzo de 1937. Dado que ella no podía hablar en público debido a las leyes antisemitas, pidió al abad Walzer de Beuron entrar en el Carmelo.

Después de una conversación con un religioso, Edith decidió escribir un libro sobre la humanidad judía para ordenar sus pensamientos y lo escribió bajo el título «La vida de una familia judía», que cuenta la historia de su familia en un intento de destruir el prejuicio antisemita y que describe la humanidad judía. Este relato autobiográfico se detiene en 1916, poco antes de su conversión. En la fiesta de Santa Teresa de Ávila, el 15 de octubre de 1933, finalmente vio cumplido su sueño: entró en el convento carmelitano


Vida religiosa



La elección del Carmelo puede tener varias explicaciones. La primera razón es la lectura de los místicos del Carmelo, a raíz de los movimientos de los fenomenólogos de 1917. Es el testimonio de una conversación que tuvo lugar hacia 1918.74 : en un periodo de dudas y dificultades, Philomène Steiger (1896-1985), una amiga suya católica, le habló de la misión del profeta Elías, definiéndolo como el verdadero fundador del Carmelo, que busca en la soledad la unión con Dios. En esta época, Edith Stein ya conocía los escritos del Carmelo.

La segunda razón, la más importante, es su admiración por Teresa de Ávila y sus obras que la llevaron al conocimiento de Cristo. Después de leer su biografía, había tomado la decisión de ser católica y para ir un día a Carmelo con la finalidad de «renunciar a todas las cosas de la tierra y viven solo en el pensamiento de lo divino».75 Pero como ella misma dijo, descubrir que la vocación carmelitana, lejos de ser un escape de lo «terrestre» es, al contrario, una forma concreta de encarnar un «gran amor».





Estatua conmemorativa del paso

de Edith Stein por Colonia.


Entrada en el Carmelo de Colonia



En 1933, privada como judía del derecho a hablar públicamente, ella pidió ingresar en el Carmelo, a pesar de sus 41 años y fue admitida en el Carmelo de Colonia. Tomó los hábitos el día 15 de abril de 1934, y recibió el nombre de «Teresa Benedicta de la Cruz». Sus superiores la animaron a reanudará sus trabajos filosóficas. En la Pascua del 21 de abril de 1935, Edith Stein hizo sus votos temporales. Edith tenía permiso para continuar sus estudios sobre «Potencia y Acto», un proyecto de estudio filosófico que continuó hasta 1939.
Su trabajo condujo Edith Stein de revisar exhaustivamente el proyecto, cambió el nombre a «Ser finito y ser eterno». Estos escritos pueden considerarse como su obra maestra. Estableció un camino de la búsqueda de Dios, que pasa por una búsqueda de auto-conocimiento. Todo este trabajo no pudo publicarse a causa de las leyes anti-judías de Tercer Reich.
Renovó sus votos temporales el 14 de septiembre de 1936. Durante la ceremonia, Edith afirmó que «Cuando llegó mi turno para renovar mis votos, sentí que mi madre estaba cerca de mí, he experimentado claramente que estaba cerca de mí». Edith se enteró unos días más tarde que su madre murió en aquél mismo momento. Para Edith Stein fue un profundo consuelo
El 21 de abril de 1938 Edith prometió los votos definitivos como carmelita. Ante el peligro de las leyes nazis, Sor Teresa Benedicta de la Cruz pidió autorización para dejar el Carmelo de Echt en Holanda el 31 de diciembre de 1938. Pero el 9 de junio de 1939, Edith Stein escribió su testamento que —según Eduardo de la Hera— podría interpretarse como un presentimiento de su muerte. El 1 de julio de ese año, su hermana Rosa —también convertida al catolicismo— llegó al mismo carmelo de Echt y profesó como terciaria carmelita. No había conseguido antes alojamiento en otro convento en Austria, y acompañó luego a Edith en la muerte.

Carmelo de Echt




El 31 de diciembre de 1938 fue enviada al carmelo de Echt en Holanda. Las carmelitas de Colonia supusieron que, siendo Holanda neutral y país de refugiados políticos, Edith podría vivir allí segura. Edith Stein llegó al Carmelo de Echt, en Holanda, pero se había registrado en las oficinas de las autoridades de inmigración holandesas como judía. Estaba cada vez más preocupada por la suerte de sus amigos y su familia judía.
Continuó con su trabajo, pero le pidió a su superiora a «ofrecerse en sacrificio al Corazón de Jesús por la verdadera paz». El 9 de junio de 1939 redactó su testamento en el cual «imploraba al Señor que le quitara la vida» por la paz del mundo y la salvación de los judíos. La anexión de Holanda por la Alemania nazi condujo a Edith a una situación cada vez más difícil ya que estaba sujeta a un estatuto especial a causa de su origen judío. La anexión de los Países Bajos por la Alemania nazi llevó a una situación cada vez más difícil a Edith Stein, sujeta a un estatuto especial a causa de su origen judío. Sin embargo Sor Teresa Benedicta de la Cruz siguió escribiendo, de acuerdo con los deseos de sus superiores.
Por ello fue descargada de sus trabajos manuales por parte de su superiora a principios de 1941. Para celebrar el cuarto centenario del nacimiento de San Juan de la Cruz, la hermana Teresa Benedicta de la Cruz a la emprende el estudio de su teología mística.
Stein había preparado la redacción de esta gran obra con un breve ensayo sobre la teología simbólica del Pseudo Dionisio Areopagita, una de las fuentes del pensamiento de San Juan de la Cruz. Ella trató de comprender en retrospectiva cómo algunos se las arreglanban para descubrir mejor a Dios a través de la creación, la Biblia y las experiencias de la vida, mientras que para otros, estos mismos elementos permanecían completamente ocultos. Tituló su trabajo acerca de San Juan de la Cruz «Scientia Crucis» —La ciencia de la Cruz —.
Hizo una síntesis del pensamiento del carmelo español con su propio estudio sobre la persona humana, la libertad y la interioridad. Contrariamente a lo que se dijo, los últimos estudios grafológicos y literarios muestraban que el trabajo se había terminado en el momento de la detención de Edith Stein. Es una síntesis de su trayectoria intelectual y espiritual. A través de la experiencia de San Juan de la Cruz, trata de encontrar las «leyes» generales del camino que puede hacer la interioridad humana para alcanzar el reino de la libertad: cómo lograr en sí mismo el punto central donde cada uno puede decidir con plena libertad.

Sin embargo Edith Stein intentó salir de Holanda para ir a un Carmelo en Suiza y vivir su fe sin la amenaza de los nazis. Pero sus esfuerzos no tuvieron éxito debido a que se le negó el derecho a emigrar. Ella misma escribió en junio de 1942: Durante meses, pongo mi corazón en un pedazo de papel con las palabras de Cristo: «Cuando os persigan en una ciudad, huid a otra».




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