Borrador de la comision especial para el estudio de la problemática de las personas desaparecidas sin causa aparente, celebrada el lunes 10 de junio de 2013



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BORRADOR DE LA COMISION ESPECIAL PARA EL ESTUDIO DE LA PROBLEMÁTICA DE LAS PERSONAS DESAPARECIDAS SIN CAUSA APARENTE, CELEBRADA EL LUNES 10 DE JUNIO DE 2013

Se abre la sesión a las doce horas y treinta minutos.
La señora PRESIDENTA: Buenos días, señorías.

Iniciamos la Comisión Especial para el estudio de la problemática de las personas desaparecidas sin causa aparente. Como punto único del orden del día tenemos la comparecencia de la psicóloga y presidenta de la Asociación de familiares de personas desaparecidas sin causa aparente Inter-SOS.

Tiene la palabra, en nombre de esta asociación, doña Flor Bellver Fernández, para informar en relación con la materia objeto de estudio de la comisión. Sea bienvenida.
La señora PRESIDENTA DE LA ASOCIACIÓN DE FAMILIARES DE PERSONAS DESAPARECIDAS SIN CAUSA APARENTE INTER-SOS (Bellver Fernández): Muchas gracias, presidenta.

Buenos días a todos. Bon dia. Egun on. Señora presidenta, senadoras, senadores, muchísimas gracias por estar hoy aquí y por darnos la oportunidad de contribuir a que entre todos podamos introducir mejoras en lo que tiene que ver con el problema de las personas desaparecidas.

Senador Bruguera, gracias por su iniciativa. Gracias al resto de senadoras y senadores por asumir este problema como algo importante, como algo que desde este lugar se puede mejorar. Tengo muchas cosas que contarles aunque seguramente no me dará tiempo a explicarles todo. He traído material que dejaré a su disposición para que ustedes puedan estudiarlo, material que tiene que ver con la asociación y con protocolos que hemos preparado para así contribuir entre todos a la mejora de esta cuestión. (La señora compareciente apoya su intervención con la proyección de diapositivas.)

Como pueden ver hay demasiados puntos, pero intentaré ceñirme al guión y no ir demasiado deprisa.

Inter-SOS nace en Barcelona en el año 1998, cuando familias de personas desaparecidas se encuentran en los pasillos de la policía de la vía Laietana intentando encontrar respuestas y ayuda, pero no hay nada. Ni siquiera en aquel entonces la propia policía sabía qué tenía que hacer. Decidieron agruparse con los pocos medios que tenían y partiendo únicamente de su dolor y de la incertidumbre. Este año, por tanto, se cumple el 15º aniversario de la Asociación Inter-SOS. En el año 2005 el Ministerio del Interior nos declara de utilidad pública, lo que nos da ventajas en el sentido de que la gente que paga las cuotas tiene algunos descuentos. Luego les explicaré cómo nos financiamos. En este momento la asociación acoge a más de sesenta y cinco familias, aunque este dato no está actualizado y probablemente ahora serán más de setenta, pero desde su inicio han pasado unas doscientas familias.

Inter-SOS tiene tres grandes líneas de trabajo diferenciadas: la primera es la difusión. Tenemos los medios que tenemos, que son pocos, como después les contaré. Sabemos que hay muchas familias en esta situación que no nos conocen. Intentamos llegar a más familias con esta problemática. Nuestros estatutos recogen que no solo familiares de desaparecidos pueden formar parte de la asociación, sino personas que estén interesadas y que sean sensibles a este problema. Intentamos captar más socios, aunque comercialmente no somos muy buenos; vamos más a la ayuda a las familias y hacemos búsquedas proactivas para intentar ayudarlas. Editamos cada año carteles −les he traído una muestra− en los que se nos va la mayoría del presupuesto, y hay que actualizarlos todos los años. Hay tres mil trípticos, que están editados en catalán y en castellano. Este año, por ejemplo, se han distribuido trescientos a Mossos d’Esquadra, de los que también les he traído una muestra, y dos mil quinientos a la Guardia Civil. La Guardia Civil este año nos ha facilitado el no tener que pagar el franqueo. Los hemos llevado a la comandancia de la Travesía de Gràcia de Barcelona y ellos, por valija interna, lo han distribuido a todas las comandancias del Estado español. Hemos contactado con la Policía Foral de Navarra y hemos enviado cien carteles y trípticos, que se han distribuido entre Policía foral, policías locales y bomberos, y cada año intentamos enviarlos a diferentes estamentos; este año ha sido a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado; otras veces ha sido a los ayuntamientos; otras, a los ambulatorios de Cataluña. En la medida de lo posible, intentamos editarlo y tenerlo actualizado.

Seguramente pensarán que esta manera de hacer difusión es anacrónica, pero ahora que hablamos de difusión, también quería hablarles de las nuevas tecnologías. No tenemos cultura en las nuevas tecnologías, tenemos todos que aprender y tenemos dificultades de seriedad y de ética en cuanto a la difusión, porque hemos sufrido, las familias especialmente, bromas muy pesadas y falsos positivos. Se han colgado bromas muy nefastas. Tenemos que tener mucho cuidado con qué tipo de difusión hacemos. Además, para muchas familias tener y tocar los carteles es muy importante, saber que esto se hace, aunque sea muy caro, que ellos lo tienen y que está en muchísimos puntos de la geografía española es muy importante. Además, editamos trípticos.

Otro aspecto importante en cuanto a la difusión es que intentamos encontrar la complicidad de los medios de comunicación. Podríamos hablar luego del tratamiento mediático del dolor, del fenómeno de los desaparecidos. Vendrá un compareciente que es un experto en medios de comunicación y él les hablará más en profundidad. A veces apelamos a la función social de los medios de comunicación y no siempre la encontramos. Los titulares de personas desaparecidas son muy efímeros, que obedecen casi siempre a situaciones muy puntuales. La semana pasada fue el aniversario de la desaparición de Madeleine McCann. Nos llamaron. Surgió la noticia de tres chiquitas que habían estado muchos años desaparecidas porque habían sido secuestradas en Cleveland. Nos llaman cuando hay un suceso, pero no tenemos un lugar en los medios públicos para, desde la ética y el respeto, hacer difusión.

Muchas televisiones nos dicen que esto crea alarma social. Señores, esto crea responsabilidad social, no crea alarma social. No va a haber más desaparecidos porque alguien sepa que hay desaparecidos en el Estado español. Apelamos a eso, a la función social de los medios, a un tratamiento ético y decoroso. A veces el tratamiento que se hace es absolutamente indecoroso −permítanme decirlo−. Es decir, intentamos proteger a las familias de determinados medios porque salen más dañadas de lo que entran. ¿Cuál es la trampa? Que un minuto de televisión es un minuto de oro y aparecer en una televisión con la foto de su hijo les parece que les va a ayudar, pero salen muy dañados y es nuestra responsabilidad protegerlos.

Otra gran línea de trabajo es la atención a las familias. Ofrecemos atención psicológica individual y grupal. El Ayuntamiento de Cornellà nos deja un despacho, una sala en una biblioteca y una vez al mes se reúnen las familias y hablan. El objetivo es crear un grupo de ayuda mutua, con un terapeuta que ponga en común qué recursos ponen en marcha, en qué momento están, que compartan un poco las estrategias para salir adelante. A la vez, hay atención psicológica individual para quien quiere. Es decir, esto se ofrece y es absolutamente voluntario y a demanda de las familias.

Como ustedes comprenderán, es un problema muy complejo el de las desapariciones y tiene toda una parte jurídica, patrimonial, legal, administrativa muy complicada. Además, para los ciudadanos de a pie es un lenguaje muy críptico, no estamos acostumbrados. No saben qué tienen que hacer, no saben a lo que se enfrentan. Intentamos asesorarles en ese sentido.

Como les decía antes, y es algo que tiene que ver con los medios de comunicación, todo no vale, señores. Tenemos que proteger a las familias porque están en una situación de vulnerabilidad, no están en las mejores condiciones para ir a un estudio de televisión en directo a que les hagan llorar, a que les hagan preguntas que no vienen al caso. Reclamamos eso, un espacio en los medios públicos, o no públicos, pero con buenas intenciones, es decir, que se pongan a su disposición y no al revés. A veces son las familias las que están a disposición de los medios, cuando debería ser al contrario.

La otra gran línea de trabajo tiene que ver con los protocolos. ¿Qué intentamos? Dos cosas importantes: promover mejoras en los que ya existen e intentar proponer otros que todavía no existen y que deberían estar. Parecen tres líneas muy sencillas, pero cada una de esas líneas tiene detrás muchas horas de trabajo, muchas horas de pensar, de atender, de cuidar, y en eso estamos.

¿Con qué tipo de desapariciones trabajamos? Sería más fácil empezar con cuáles no lo hacemos. En el Estado español no es un delito, uno tiene el derecho al olvido. Les hablarán de ello cuando traten los aspectos legales. Si uno no deja cargas familiares pendientes, uno tiene derecho a aparecer en cualquier otro punto del globo y no querer saber nada de su vida anterior. Como no queremos conculcar ningún derecho, porque además no es nuestro trabajo, no trabajamos con ese tipo de desapariciones voluntarias; tampoco lo hacemos con personas que están en fuga de la justicia, porque no es nuestro trabajo, es un trabajo policial. Cuando nos llega una familia, pedimos la denuncia, porque hay que ser muy serio en esto; es decir, para hacer difusión de casos de personas desaparecidas y no conculcar la Ley de protección de datos, lo primero que tenemos que tener es la autorización de la familia; contrastamos con las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado que llevan el caso en qué situación está, porque a lo mejor llegan con demora, o a lo mejor ese caso está ya resuelto o es otro tipo de desaparición. Contrastamos con ellos si realmente la información de la que nosotros disponemos es la actualizada y la colgamos en la web o en la página de Facebook que tenemos. En los carteles y en la web solo están los socios y ese es un problema, porque no tenemos ayudas de casi nadie. Nosotros nos vemos obligados a cobrar una cuota de 50 euros al año, que para muchas familias es mucho dinero; pero también nos parece injusto que el que no nos pague la cuota no tenga derecho a ser difundido en las redes. Hemos habilitado una página en Facebook en la que no hace falta que sean socios y se hace difusión de manera automática, una vez superados los pasos previos para poder ver si realmente corresponden al tipo de desapariciones con las que trabajamos.

¿Con qué desapariciones trabajamos? La Policía tiene unas definiciones y adaptándonos a ellas, y de acuerdo con la Instrucción 1/2009 de la Secretaría de Estado de Seguridad, podríamos decir que trabajamos, como dije en nuestra presentación, las desapariciones forzadas en el sentido de que pueden haber sido víctimas de algún delito: violencia de género, extorsión, homicidio, menores secuestrados; es decir, casos en que haya detrás un delito. Desapariciones involuntarias quiere decir, personas con enfermedad mental, personas con discapacidades cognitivas, personas con ideación autolítica, con ideación de suicidio, o personas no diagnosticadas de enfermedad mental que hayan tenido dificultades emocionales o conductuales antes de la desaparición. Luego hablaremos de la definición de alto riesgo y les pediré que, si podemos, lo redefinamos entre todos. Está claro que en menores hay que salir corriendo, pero ¿qué pasa con un enfermo mental, incapacitado por un juez? ¿Qué pasa con un señor con Alzhéimer en grado cinco? ¿Se ha ido porque ha querido? ¿Está en una situación de riesgo? Todo tiene muchas miradas, pero quizá este sea el mejor foro para poder hablar de ellas.

Hay otro gran grupo de desapariciones que tiene que ver con los accidentes, es decir, gente que sale al campo a hacer montañismo, que sale a hacer submarinismo, que se va de excursión, que sufre una desorientación, sufre un accidente o se pierde. Trabajamos con esos tres grandes grupos de desapariciones. Nosotros decimos que son gente que no ha decidido desaparecer, es decir, un enfermo mental, gente en situación de riesgo y de vulnerabilidad, gente que ha sido víctima de un delito, un abuelito con un alzhéimer de grado cinco o un alzhéimer incipiente que todavía no estaba diagnosticado −luego hablaremos de la prevención−. Trabajamos con esos grupos de población. Quedan excluidas personas en fuga y desapariciones voluntarias e intencionadas. En ese caso, trabajamos con las familias, asesoramos, intentamos contener, pero no es nuestro trabajo, no podemos hacer nada, porque es competencia policial o son otras competencias que no tienen nada que ver con nosotros.

¿Qué intentamos hacer cuando llega un caso? Ofrecemos información y ayuda a las familias que buscan a una persona desaparecida. Como después de quince años hemos tenido muchos casos, mucha experiencia, tenemos interlocutores en casi todas las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y en los institutos de medicina legal. Es muy difícil llegar hasta nosotros y no conmoverse, pero, más allá de la conmoción o de la emoción, lo que hemos intentado hasta ahora es buscar compromisos, y lo hemos conseguido; tenemos, aunque sea a nivel personal, interlocutores en cada cuerpo de seguridad del Estado, que esperamos que en breve se protocolicen, como luego les explicaré. ¿Qué intentamos hacer? Si una denuncia la lleva la Guardia Civil, hablamos con la Guardia Civil. ¿Qué más se puede hacer? ¿Qué podemos hacer? ¿Qué cosas hay hechas en este caso? Hablamos con Mossos d’Esquadra, con la Policía Foral o con el Cuerpo Nacional de Policía. ¿Qué más se puede hacer? ¿Qué cosas no se han hecho y qué cosas se deberían hacer?

Como les digo, casi todo son relaciones personales. Nosotros no pedimos compasión; intentamos venir llorados de casa; queremos dignificar esta situación, no queremos ir dando pena a nadie, porque no es un problema de sentimientos, es un problema de compromiso y de responsabilidad entre todos. Intentamos canalizar en cada momento y en cada cuerpo y en cada estamento qué más cosas se pueden hacer. Fomentamos la solidaridad ciudadana, pero, insisto, en este sentido tenemos que ser muy cautos; hay que ser muy cautos con la difusión, tenemos que aprender entre todos a usar las nuevas tecnologías, que no se engañe a las familias, que no haya llamadas que no tienen sentido y que solo producen dolor. Entre todos, podremos organizar, pensar, cómo se puede hacer, y yo traigo una propuesta en ese sentido. Como les decía, promovemos iniciativas institucionales y, vuelvo a repetir, ofrecemos asistencia psicológica individual y grupal. Estamos en Barcelona, pero cuando nos llama alguien de cualquier otro punto del Estado lo aceptamos, qué menos. ¿Qué intentamos hacer cuando no podemos dar una atención presencial? Se hace una atención psicológica telefónica o se hace una derivación, cuando se puede, porque no siempre se puede, a los recursos del municipio o de las redes públicas de atención sanitaria, de servicios sociales, porque a todo no llegamos.

De la Instrucción 1/2009 creo que ya les hablaron el señor Cosidó y el señor Anseán. El señor Anseán es nuestro interlocutor en el Cuerpo Nacional de Policía. Solo tenemos buenas palabras para las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Es verdad que hay mucho que mejorar, pero siempre están al teléfono, siempre están disponibles; lo que no saben, nos lo inventamos juntos. Además, el conocimiento es empírico, es decir, aprendemos a partir de la experiencia, aprendemos juntos, no se trata de que una asociación vaya por un lado, que las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado vayan por otro, sino que es algo que tiene que ver con todos. Vamos aprendiendo de la experiencia.

En cuanto a los aspectos legales, vendrá mi compañera y colaboradora de Inter−SOS, Mercè Claramunt, que es la abogada que nos asesora, y les explicará este tema.

Quiero hablarles de los aspectos psicológicos. Yo soy psicóloga de profesión y me parece que es importante que hablemos de esto y que ustedes me escuchen. Yo provengo del mundo del duelo, del trauma y de las emergencias y yo no digo que este sea el tema más difícil, pero sí el más complicado. Ante la muerte, uno sabe lo que tiene que hacer; pasan unos días, uno sabe lo que ha pasado, se adapta y sigue adelante, elabora su duelo, aprende a vivir con eso, o no, pero sabe a lo que se enfrenta. En el caso de las desapariciones, no hay cuerpo, no hay cadáver, no hay información; no hay nada. Yo hablo de la ausencia más presente, es decir, de una ausencia física y una presencia permanente psicológica, que se convierte en el tema central, en el asunto troncal, de esa familia. Se trata de una de las situaciones más difíciles con las que una persona tiene que enfrentarse, porque uno no tiene a qué agarrarse; es decir, ni puede organizar un acto de despedida ni puede pensar que está vivo, ni puede pensar que está muerto; los desaparecidos ni pertenecen al mundo de los vivos ni al mundo de los muertos; es decir, no están en ningún sitio, y eso afecta a todos los aspectos de la vida de los familiares, a cada uno a su manera. El papá lo vivirá de una manera, el abuelo de otra, el hermano de otra, pero podemos ponernos en sus zapatos por un minuto: ¿cómo se duerme o cómo se aprende a vivir o a sobrevivir teniendo un hijo desaparecido o un abuelo que estaba enfermo o un padre que no andaba muy bien o un abuelita que un día no volvió? ¿Cómo hace uno para no morirse o para no dejarse morir?

No quiero ser trágica, ya venimos llorados de casa, pero deberíamos hacer este ejercicio de pensar cómo es la vida para esa gente. Porque, además, la vida es muy poderosa y la vida hace que uno tenga que volver a trabajar, que se tenga que ocupar de otros hijos, que tenga que ir a comprar para comer, que tenga que volver a hacer comidas. Pasados los primeros días, en los que hay más activación y hay más gente pendiente, después se establece la cotidianidad y la normalidad. ¿Cómo hacen? Podemos pensar en cómo se duerme. Yo recuerdo a la madre de un chico desaparecido en Sant Boi que era un enfermo mental, y al cabo de siete meses aparecieron unos restos humanos; este chico desapareció una noche de noviembre, una noche lluviosa. La madre, cuando llega el mes de noviembre no puede taparse por la noche. ¿Me llamaría mi hijo? ¿Le hice falta? ¿Sufrió? ¿Pasó frío? ¿Se murió la primera noche? Seguramente se murió de hipotermia; se encontraron muy pocos restos, porque apareció en una montaña, y seguramente le destrozarían las alimañas. De eso también hablaremos luego. Pero hagamos el ejercicio pequeño, breve, de pensar cómo se sobrevive a eso, al drama de no saber qué ha pasado. Como les decía, no deja ningún aspecto al margen, ni lo familiar ni lo laboral ni lo espiritual, absolutamente nada; se forma un aspecto absolutamente troncal que determina el resto de las áreas de la vida.

Me voy a referir ahora a los desparecidos en tiempos de violencia o de conflicto político. ¿Qué supone la desaparición? Con los medios que hay en la España del siglo XXI, de las comunicaciones, ¿qué supone que alguien desaparezca como si se le hubiera tragado la tierra, cuando además no hay ninguna causa que lo justifique? Por ejemplo, a las desapariciones en Centroamérica y en el cono sur, uno les puede poner nombre y causa: desapareció porque era un refugiado o porque era contrario a la política, uno puede poner nombre al causante de esa desaparición, y esas emociones y esa rabia que surge lo puede poner en algún sitio. Pero cuando no hay una explicación, ¿dónde se pone? ¿Dónde se sitúa ese por qué, y por qué a mí? ¿Qué ha pasado? ¿Qué no hemos hecho bien?

Como les decía, es una pérdida ambigua en la que hay una ausencia física pero una permanente presencia psicológica. Es decir, a lo mejor hay más presencia que si realmente estuviera: los hijos van, vienen, todo tiene su ritmo, pero la presencia se hace carne de un día para otro. Además, es una pérdida que no puede llorarse. En nuestro mundo occidental, en nuestro mundo judeocristiano honrar a los muertos es algo importantísimo; disponemos de ritos para despedirnos, para hacer los homenajes, pero en una desaparición uno no puede despedirse de nada, porque los familiares están condenados a no saber. Imagínense, yo siempre pongo esta imagen: es como ir dando bandazos por un pasillo de pared a pared; hay días en los que uno piensa: si han estado tres chicas desaparecidas durante diez años, ¿por qué mi hijo no va a aparecer? Y, de repente, hay otros días en los que la negritud es absoluta, porque no se ve la esperanza de nada; es decir, no hay nada a lo que asirse, y uno piensa: ¿Estará muerto? Nunca más volveré a saber de él, me moriré sin saber qué ha pasado. Están condenados a ese zigzag.

¿Y cuál es la labor de Inter-SOS? Desculpabilizar; el día que usted esté bien no se sienta culpable. Porque, además, parece que están obligados a estar permanentemente pensando en esa persona, y se sienten muy mal si no lo hacen. ¿Cuál es nuestra tarea desde la psicología, como responsables, como profesionales? Agárrese a esa esperanza, porque a lo mejor le hace falta al día siguiente, cuando todo vaya a ser negro y cuando nada tenga sentido; y como la vida es tan poderosa, intente distraerse, porque eso no quiere decir que se olvide, sino que está guardando energías para continuar adelante.

Muchas o casi todas las familias dicen: es mucho más difícil no saber que tener a mi hijo muerto, saber que mi hijo está en algún sitio y tener un lugar donde ponerle flores. Muchas veces dicen: estoy preparado para cualquier cosa, para cualquier información, pero luego es también muy complicado pasar a ese momento de duelo. Y les quiero leer esta frase literal: Necesito saber qué ha pasado con mi hija, aunque sea la peor noticia, que me digan que está muerta, pero será la única manera de quitarme este peso de encima que me acompaña desde hace diez años.

Otra frase literal: No he dejado de buscarla ni un solo día. Es lo único que hace que me levante cada mañana. Miren de lo que hablamos. Teníamos en la asociación a la mamá de una chiquita desaparecida que era muy mayor y siempre decía: yo no me quiero morir sin saber qué le ha pasado a mi hija. Murió el año pasado, y la última palabra que dijo fue el nombre de su hija.

Yo no quiero dramatizar, ya digo que venimos llorados de casa, pero a lo mejor tenemos que hacer el ejercicio de pensar que hay un dolor que es absolutamente evitable y que quizás es nuestra responsabilidad. Ellos tienen que adaptarse a vivir con esta ausencia, tienen que aprender a intentar seguir viviendo o sobreviviendo, a atender a los otros hijos, a volver al trabajo, a saber o a poder distraerse; del resto nos tenemos que ocupar los demás, los que tenemos algún tipo de responsabilidad en todo esto. En el fondo, se trata de reducir el dolor que es evitable, el dolor que no sirve para nada.

Los psicólogos dicen que sabemos algunas técnicas, que sabemos acompañar, pero del dolor, de la dificultad, saben ellos. Por eso el mejor homenaje a todas las familias de personas desaparecidas es ver cómo construyen desde la dificultad. Porque sería fácil hacer la croqueta; es decir, rebozarse en el dolor, en la rabia, en la destrucción, pero a pesar de todas dificultades que tienen, intentan construir, intentan ayudar a otros que vienen después. A lo mejor saben que en su caso ya no se puede hacer mucho, porque son casos antiguos −los reclamamos igual−, pero sí han favorecido que el camino para los que llegan después sea más fácil.

Además, las familias están solas, cada vez tienen menos ayudas, tienen poco apoyo social, al margen del que se puedan buscar ellas. Y además tienen que afrontar situaciones muy complicadas, porque este no es solo un problema policial, como ustedes ya saben. Este es un problema que tiene que ver con lo policial, por supuesto, con la justicia, con los servicios de salud, con servicios de bienestar social. Tiene que ver con muchas cosas, no es solamente −repito− un problema policial. Y ese estrés crónico, que no se puede solventar en el tiempo, ¿qué hace? Que muchos familiares enfermen. Luego veremos cuáles son las consecuencias en lo psicológico y en lo físico que conlleva mantener un estrés cronificado. Se acaba teniendo enfermedades físicas importantes, dolores crónicos, fibromialgia… Hay todo un conjunto de síntomas que seguramente serían menores si los familiares estuvieran más acompañados.

¿Qué hacemos desde Inter-SOS cuando nos llega un caso? Tenemos protocolos de intervención desde lo psicológico. Cuando nos llega una familia en una situación en la que la desaparición es reciente, la llamamos fase de emergencia. Es decir, los dispositivos de emergencia se ponen en marcha cuando entran en contacto con nosotros. Pero no siempre sucede en el momento de la desaparición, por desgracia, aunque intentaremos que cada vez más eso sea así.

¿Qué hacemos? Los primeros auxilios psicológicos consisten en informar sobre a lo que se enfrentan, sobre lo compleja que es la situación, en dar pautas de autocuidado y hacer buenas derivaciones a los servicios públicos de asistencia. Hacemos intervención en crisis. Y asesoramos a los familiares in situ, es decir, podemos hacer intervención en domicilio o en una sala del ayuntamiento; es decir, cuando nos llama un concejal que anda medio perdido, que no sabe lo que ha pasado y nunca ha visto una situación como esa, vamos, e intentamos explicar a lo que se enfrentan.


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