Bienvenido al mundo de los hombres



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BIENVENIDO AL MUNDO DE LOS HOMBRES

Revista Nro.77 Por Lya Cáceres


Las actividades que realiza el padre con sus hijos varones constituyen una importante base sobre la que se desarrollan los valores de la masculinidad. Ese esforzado paseo en bicicleta, la mañana en que se lava el auto o comprar juntos en la ferretería son instancias en que se pueden traspasar modos de ser y de actuar propios de “hombres”.



Hacerse HOMBRE es para muchos tener barba, cambiar la voz, fumar y empezar a salir con mujeres. Pero la entrada de los hijos varones al mundo de los “hombres grandes” comienza mucho antes de la pubertad, de la mano del papá. Se prepara con la diaria interacción padre hijo y sus hitos más serios no son en modo alguno el alcohol o las salidas nocturnas, sino el juego, el deporte, los temas comunes, las compras...

Lo que afirmamos es fruto de los estudios de investigadores de la National Fatherhood Initiative, que señalan la necesidad de que los padres se involucren en el proceso de educación de sus hijos varones, por la necesidad que éstos tienen de un referente masculino. Aseguran, además, que el papá es el primer modelo de adulto que el niño reconoce y admira.

Una escena de común ocurrencia: el papá juega con el hijo, los dos están en el suelo, parece una lucha libre. Hay muecas de dolor, golpes controlados, volteretas... Pareciera un simple juego, como el de un perro y su cachorro. Pero es una verdadera clase de control de impulsos: el niño, al ver en su padre muestras de dolor, aprenderá que debe calmarse; cuando se atajan sus golpes porque se le está pasando la mano, el hijo comprende la importancia del autocontrol. Así, a través de este juego, el niño conoce un esquema de relación  entre hombres, que le dará una gran confianza para tratar luego con otros niños, sin caer en la agresividad o la timidez.

¿Papá, amigo o compañero?
Parece ser la pregunta del millón. Respondemos: se puede ser papá, amigo y compañero... pero en ese orden. Es decir, hay que establecer una gran amistad con el hijo -algo que facilitará enormemente la tarea educativa en la adolescencia-, pero debe ir de la mano con la relación de respeto filial hacia su padre. Ambos también pueden ser excelentes compañeros en los panoramas y aficiones, pero dejando al hijo sus propios espacios para crecer en amistad y compañerismo con sus pares.


Los panoramas de fin de semana son una buena oportunidad  para  que el papá salga con su hijo, se entregue a sus juegos, atienda sus conversaciones por triviales que parezcan y conteste sus preguntas. Mientras ambos gozan de la mutua compañía, el papá va conociendo al hijo en cada etapa de su vida y el niño va absorbiendo claves, modos de ser y de hablar tan propios del ser masculino. No son necesarios sofisticados paseos: algo tan sencillo como ver juntos un partido de fútbol, lavar el auto, andar en bicicleta o arreglar desperfectos de la casa, permiten establecer esa relación de alianza masculina y confianza.

QUÉ ENSEÑA EL PAPÁ
Durante  el siglo pasado, la figura del padre fue relegada a un segundo  plano  a la hora de educar a los hijos, señala el Dr. Wade Horn, presidente de la National Fatherhood Initiative, en el libro “Extending the Family”. Éste recoge las cinco conferencias del Decimocuarto Congreso Internacional de la Familia. A su juicio, es necesario cambiar esta concepción, dada la necesidad que tienen los hijos varones de un referente masculino. Este destacado psicólogo infantil demuestra cómo la interacción positiva del padre con su hijo fomenta en éste su desarrollo en áreas como el bienestar físico, la autoestima y la capacidad de relacionarse con las personas, incluso desde temprana edad.


El autor explica que no se trata de negar la importancia de la mamá en estos aspectos, sino que los niños diferencian los papeles de la madre y del padre. A ellas las ven más educadoras y consoladoras, mientras que a ellos, más controladores. Un control que no puede limitarse a dar permisos o a castigar cuando sea necesario; el papá también es el que enseña a sus hijos a frenar los impulsos agresivos y a saber calmarse cuando la situación lo amerita. Y lo hace principalmente no a través de palabras, sino del juego y de las actividades que realizan juntos.

El papá es tan clave en la transición  de la niñez al mundo adulto, que si está ausente en esta etapa, el hijo, aunque sea  un hombre mayor, seguirá siendo psicológicamente un niño e invertirá  sus años de hombre buscando lo que ha  perdido. Además, buscará otros medios para sentirse bien hombre, como meterse en peleas, andar con muchas mujeres o tener mucho poder.

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