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Obras Completas de Sandor Ferenczi

VI. INTERPRETACIÓN CIENTÍFICA DE LOS SUEÑOS1


Es frecuente, en la evolución de las ciencias, ver que los sa­bios utilizan todos los medios de que disponen, el arsenal completo de su saber y de su inteligencia. para combatir un dicho popular que la gente mantiene con obstinación, y comprobar que la ciencia debe al fin reconocer que, en último termino, quien tenía razón era la voz popular y no ella. Habría que investigar por qué la ciencia, en lugar de progresar de modo regular, sigue caminos tan tortuosos, abandonando primero y aceptando después la con­cepción popular simple del universo. Aludo a este curioso fenó­meno a propósito de las recientes investigaciones psicológicas so­bre una extraña y singular manifestación de la vida psíquica, el sueño, investigaciones que descubren hechos que nos obligan a abandonar nuestros anteriores puntos de vista sobre la naturaleza del sueño y en cierta medida nos hacen retornar a la idea popular.

El pueblo ha creído siempre que los sueños tienen una signifi­cación. Los documentos escritos más antiguos, grabados en pie­dra para ensalzar a los reyes de Babilonia, los monumentos de la mitología y de la historia hindúes, chinos, aztecas, griegos, lati­nos, hebreos y cristianos, igual que la gente sencilla de ahora, atestiguan que los sueños tienen un sentido y que pueden ser interpretados. Durante milenios, la explicación de los sueños fue una ciencia aparte, un culto extraño cuyos sacerdotes y sacerdoti­sas decidían a menudo, con sus interpretaciones, la suerte de las naciones e incluso provocaban un giro completo en la historia universal. En efecto, los adeptos de esta antigua ciencia, como el hombre sencillo de hoy tenían la firme convicción de que el sueño, a pesar de sus artificios y de sus oscuras alusiones, era descifrable para el iniciado y predecía el porvenir, y de que las potencias superiores revelaban a los mortales los acontecimientos importantes del futuro bajo forma de visiones nocturnas. El culto al sueño y la ciencia de la interpretación del mismo, han mante­nido hasta hoy la creencia, muy extendida entre la gente, en una clave de los sueños, extraña reliquia de la astrología babilónica que ciertamente difiere en muchos puntos de un país a otro, pero que por lo demás se parece tanto de un continente a otro incluso, que puede ser considerada como una expresión universal del alma popular.

Hasta ahora, sin embargo, la mayoría de los investigadores en psicología y en biología atribuyen muy poco valor a la significa­ción psicológica del sueño. Hay quienes ven en el sueño un ama­sijo de alucinaciones desprovisto de sentido, que surgen fortuita­mente en un cerebro adormecido. Según otros, se trata de una simple reacción a las excitaciones externas (objetivas) o internas (subjetivas) que actúan sobre las terminaciones nerviosas sensiti­vas del cuerpo; son escasos los que admiten la hipótesis de que el psiquismo adormecido es capaz de una actividad compleja y va­lida, y de que el sueño tiene un sentido, una significación posi­blemente simbólica: y hasta incluso han tratado en vano de intro­ducir los sueños en el lecho de Procusto de cualquier sistema alegórico artificial, especie de edición actualizada de una clave de sueños moderna.

De esta forma, desde hace muchos siglos se hallaban enfrenta­dos los creyentes supersticiosos y los escépticos inveterados; pero, hace unos diez años, el neurólogo vienés Freud descubrió nuevos datos que permiten una mediación entre ambas concep­ciones; han proporcionado el medio de extraer el núcleo verda­dero de las supersticiones milenarias y al mismo tiempo respon­den a las exigencias de la causalidad científica.

He de precisar que la teoría e interpretación de los sueños propuestos por Freud sólo coinciden con la concepción popular en que atribuyen a los sueños sentido y significación; Freud cree en un determinismo del sueño por procesos exclusivamente en­dopsíquicos y no apoya en absoluto la creencia de quienes ven en los sueños la intervención de potencias superiores o un anticipo del porvenir.

Con ayuda del psicoanálisis, este nuevo medio de comprender y tratar las psiconeurosis, Freud ha conseguido alcanzar la verda­dera significación de los sueños. Este método parte de la hipótesis de que los síntomas neuróticos son manifestaciones simbólicas de complejos de representaciones afectivamente cargadas, olvidadas pero presentes en el inconsciente, manifestaciones que cesan espontáneamente si se consigue, por asociación de ideas, recuperar y devolver a la conciencia este complejo de representaciones re­chazado.

Durante el análisis, los pacientes contaban a menudo sus sueños, Freud intentó someter el contenido de los mismos al análisis psicológico, con gran sorpresa, no sólo encontró una eficaz ayuda para el tratamiento de las neurosis, sino también -subproducto inesperado- una teoría nueva y válida del sueño.

Durante el proceso de fabricación de los cuerpos químicos ocurre a veces que algunos subproductos, desestimados hasta en­tonces, aparecen de pronto como sustancias preciosas cuyo valor supera el del producto principal. Así ha ocurrido con la teoría de los sueños, que, descubierta fortuitamente por Freud, abre a la psicología normal y patológica perspectivas inesperadas, rele­gando a segundo término el propio punto de partida, el trata­miento de las neurosis.

En el escaso tiempo de que dispongo apenas es posible discutir metódicamente y al detalle la teoría de los sueños de Freud. Aquí sólo puedo citar las tesis fundamentales ilustradas con ejemplos que facilitan su comprensión inmediata. Sin embargo, no me hago ilusiones sobre la fuerza persuasiva de mi conferencia; la experiencia me ha demostrado que en el psicoanálisis apenas es posible convencer, sólo convencerse. No me detendré, pues, en desmentir los diversos argumentos opuestos a la teoría de los sueños, y me contentaré con exponer los puntos esenciales.

Para empezar, unas palabras sobre metodología. El análisis de un sueño sigue la misma trayectoria que la exploración de la signi­ficación de las ideas. y pensamientos aparentemente absurdos de los enfermos psiconeuróticos. Es preciso saber que, igual que las ideas obsesivas, aparentemente desprovistas de lógica pero que encubren pensamientos inconscientes dotados de significa­ción, las imágenes y los sucesos del sueño son por lo general símbolos deformados de complejos ideológicos rechazados. El contenido onírico consciente oculta, pues, un material onírico latente del que puede deducirse la existencia de pensamientos oníricos perfectamente lógicos y dotados de significación. La interpretación de un sueño consiste en adicionar las imágenes oníricas conscientes al material onírico latente y después a los pensamientos oníricos dotados de significación.

El método utilizado es el de la asociación libre. Invitamos al paciente a contar su sueño; después, dividiendo el relato en frag­mentos más pequeños, le pedimos que diga todo lo que se le ocurre cuando, apartando su atención del conjunto del sueño, la centra sobre pequeños fragmentos, por ejemplo, una palabra o un hecho aislado. Es importante que esta asociación de ideas sea totalmente libre, sin otra limitación que esta completa libertad de pensar por sí mismo, es decir, con exclusión total de la crítica. Puede enseñarse a toda persona medianamente dotada a referir sin apuros los pensamientos que le sugiere tal o cual detalle de un fragmento del sueño, sean inteligentes o estúpidos, lógicos o ab­surdos, agradables o desagradables.

Procedamos de igual forma con los demás fragmentos del sueño y obtendremos así el “material onírico latente”, es decir, el conjunto de pensamientos y recuerdos cuyo producto deformado y condensado constituye la representación onírica consciente. Pues es un error creer que la fantasía, liberada al nivel de las asociaciones, no obedece a ley alguna. En cuanto la dirección consciente abandona las riendas, entran en juego las fuerzas di­rectrices de la actividad psíquica: estas mismas fuerzas y esque­mas psíquicos son los que dominan, como nos advierte Freud, la producción de los sueños, igual que la de las formaciones propia­mente psícopatológicas. Nos es familiar la idea de que los proce­sos físicos desconocen el azar: pues bien, las observaciones psicoanalíticas indican un determinismo igual de riguroso a nivel de las actividades mentales, incluso de las que parecen autónomas. No hay que temer, por tanto, que la asociación libre durante el tratamiento nos lleve a datos sin significación; ocurre todo lo contrario. Al comienzo, el propio analizado acumula, con un es­cepticismo lleno de ironía, un párrafo de términos heteróclitos; pero enseguida advierte con sorpresa que la asociación, libre del dominio de la voluntad, se orienta hacia la evocación de ideas y recursos olvidados desde hace tiempo y rechazados por desagradables, pero que, una vez recuperados por la conciencia, permiten comprender y explicar el fragmento del sueño. Si hacemos lo mismo con otros fragmentos, constataremos que los complejos de ideas que nacen de los diversos fragmentos convergen hacia una idea determinada, por lo general concreta y significativa, el pen­samiento onírico propiamente dicho, que, una vez reconocido, permite no sólo comprender y explicar los diferentes fragmentos del sueño, sino también el sueño en conjunto. Y por último, si comparamos el pensamiento onírico que se halla en el origen del sueño con el simple relato del propio sueño, constataremos que el sueño es sólo el cumplimiento de un deseo rechazado. Esta frase resume una de las tesis fundamentales de la teoría de los sueños de Freud.

El sueño satisface los deseos que ha dejado insatisfechos la dura realidad: esta concepción esta apoyada por los proverbios de todos los pueblos, por las metáforas y metonimias que son ya lugares comunes de la expresión verbal. El húngaro, cuando de­sea ardientemente una cosa imposible, dice que ni siquiera se atreve a soñar en ella; y ese refrán divertido, aunque hable del mundo animal, hace clara alusión al hombre: el cerdo sueña con bellotas, el ganso con maíz. En efecto, parte de los sueños, la mayor en los niños pequeños que no han podido aún asimilar la autocensura inhibidora impuesta por la civilización, consiste sim­plemente en la satisfacción de los deseos. El niño sueña con un plato de cerezas, con un juguete ardientemente apetecido, con la ternura de su madre, o incluso con un combate victorioso frente a su vecinito; también sueña que las vacaciones reemplazan a un período escolar y que la libertad substituye a una estricta disci­plina; es posible que sueñe con frecuencia en que ya es «mayor» y que posee todo el poder de sus padres, del que, en realidad, sólo sufre los efectos.

Como acabo de decir, algunos sueños de adultos son también la representación directa de la satisfacción de un deseo. Soñamos que triunfa un proyecto a menudo contrariado, que superamos con éxito un examen difícil, que nuestros padres difuntos viven de nuevo, que somos ricos, geniales, poderosos, prestigiosos oradores, que nos pertenece la mujer vanamente apetecida, etc.; en general, justo lo que la realidad nos obliga a renunciar, o lo que hemos deseado en vano. El cumplimiento de deseos también ocurre en las ensoñaciones diurnas que se apoderan de nosotros cuando vamos por la calle o cuando desempeñamos una ocupa­ción monótona y poco absorbente. Freud (pues fue el primero en elaborar esta antigua cuestión) señala acertadamente que las ensoñaciones diurnas de la mujer tratan ante todo de éxitos femeninos y de conquistas, y los de los hombres de ambiciones satisfe­chas y de victorias sexuales: son también muy frecuentes las ensoñaciones diurnas en las que escapamos de un peligro o nos vengamos de un enemigo.

Estas fantasías oníricas diurnas o nocturnas que representan directamente la satisfacción de un deseo tienen un carácter tan evidente que no precisan explicación suplementaria.

Sin embargo, lo nuevo y sorprendente en la teoría de los sueños de Freud, y hasta increíble, es que todos los sueños, incluso los indiferentes o desagradables, puedan reducirse a este tipo fundamental y, tras el análisis, aparecer como la satisfacción camuflada de un deseo.

Todo induce a creer que el análisis de un sueño mediante la libre asociación supone el mismo trabajo, realizado en sentido inverso, que el trabajo psíquico nocturno que transforma un pensamiento onírico en representación onírica, o incluso las representaciones desagradables y las sensaciones de insatisfacción susceptibles de turbar el sueño, en deseos satisfechos. Freud denomina a esta actividad del psiquismo elaboración onírica y estima que probablemente se desarrolla cada noche en todos los individuos, incluso en quienes a la mañana siguiente no recuerdan haber sonado. En efecto, las recientes observaciones, contradiciendo la opinión general, parecen indicar que la elaboración onírica no sólo no turba el sueño sino que incluso lo protege impidiendo a los pensamientos penosos arribar tal cual son a nuestra conciencia y perturbar nuestro sueño; este trabajo psíquico específico modifica en un sentido favorable todo lo angustioso y presenta todos los deseos que surgen corno ya realizados.

Llamamos deformación onírica a la parte de la elaboración onírica cuya función consiste en disfrazar la satisfacción de los deseos. y censura al factor psíquico que impide al deseo satisfecho llegar a nuestra conciencia en las representaciones oníricas bajo una forma carente de disfraz. Se trata de la misma censura moral que en las psiconeurosis, rechaza los complejos de representaciones inadmisibles, permitiéndoles manifestarse tan sólo en forma de acciones sintomáticas o de pensamientos simbólicos exactamente lo mismo que los periódicos que, en períodos de dictadura, sólo pueden expresar sus opiniones políticas mediante alegorías y alusiones subrepticias.

Durante el día, esta censura se halla en plena vigilancia y rechaza inmediatamente todo pensamiento incompatible con las buenas costumbres o con el ideal que nos hemos forjado de nosotros mismos. A la inversa de los funcionarios del servicio de censura, perfectamente dispuestos -recuérdelo cada cual- a servirse del lápiz rojo tanto de día como de noche, la censura que actúa en el psiquismo humano es mucho menos severa durante la noche; permite franquear el umbral de la conciencia a gran número de representaciones, que serían rechazadas con indignación en estado de vigilia, al confiar en el estado de parálisis de la motricidad voluntaria durante el sueño. Pues nuestro yo inconsciente está repleto de deseos rechazados desde la infancia que aprovechan el relax nocturno del mecanismo de control para manifestarse. No es fruto del azar que las tendencias sexuales. -las mas rigurosamente censuradas- y en particular las formas más menospreciadas de esas tendencias, desempeñen un papel tan importante.

No hay que pensar que los psicoanalistas se interesan tanto por los problemas sexuales debido a un gusto particular; no es culpa nuestra el que la sexualidad aparezca por cualquier lado que se aborden los fenómenos de la vida mental. Si el psicoanálisis es pornografía. la vida mental inconsciente del hombre es un pornograma. No vamos a sobrestimar la sexualidad tanto cono ciertos pueblos antiguos que acostumbraban, al prestar juramento y en prueba de su buena fe, a colocar la mano sobre los órganos que consideraban mas preciosos, es decir, los testículos (la palabra “testi” significa a la vez testimonio y testículo). Pero coincidimos con Havelock Ellis cuando se opone a que se tache a la sexualidad, origen de la vida del más perfecto de los hombres, de baja y despreciable, o simplemente de vergonzosa.

Durante el sueño, la censura opuesta a la sexualidad se relaja considerablemente. y de este modo nuestros sueños contienen a menudo hechos de índole sexual que en estado de vigilia no reconoceríamos fácilmente como la satisfacción de un deseo. Pondré como ejemplo un sueño referido durante el análisis por una de mis jóvenes pacientes. extremadamente púdica en la vida real: se veía envuelta en un peplo antiguo, cerrado delante por un alfiler de seguridad; bruscamente se cae el alfiler, se abre el velo y ella se ofrece, en toda su desnudez, a la admiración de los hombres agrupados en torno2 Otra enferma, también muy reservada, había vivido este sueño de exhibición de forma diferente. Se veía atada a una columna, envuelta en un velo de arriba abajo, de forma que sólo aparecían sus ojos; alrededor de ella, hombres de apariencia exótica, turcos o árabes, discutían su precio. La escena -dejando de lado el velo- se asemeja a lo que debe pasar en Oriente al comprar una sirviente de harén o una esclava. El análisis descubrió efectivamente que la dama, tan púdica en la actualidad, era muy aficionada en su juventud a soñar en el erotismo tornasolado de Oriente leyendo los cuentos de Las mil y una noches. Su sueño cumplía este deseo con cierto retraso, y no de modo íntegro, pues a veces soñaba la escena del mercado de esclavas sin intervención del velo. Hoy es tan severa la censura opuesta a desnudismo que, incluso en sueños, no autoriza este deseo más que a través de un procedimiento frecuente de la deformación onírica, la inversión del verdadero deseo. Una tercera dama sólo se permitía en sueños pasear con los pies desnudos o con calcetines entre la gente, y su análisis reveló que en su infancia le gustaba tanto pasearse desnuda que la habían apodado «Nackte Panczi» (Panczi desnuda). Estos sueños de exhibición son tan frecuentes, que Freud los clasifica entre los sueños-tipo. De hecho, significan simplemente el deseo inconsciente de recuperar el estado paradisíaco de la primera infancia.

Otro medio que emplea frecuentemente la deformación onírica para desbaratar la censura consiste en impedir al deseo manifestarse como tal, autorizándole tan sólo a aparecer en forma de alusión. Por ejemplo, sería imposible comprender por qué una enferma soñaba tan a menudo que se encontraba en brazos de un joven llamado Frater que le era por completo indiferente, si no hubiéramos averiguado que en su infancia había tomado a su propio hermano como ideal y que en la época de la audacia inocente que no conoce barreras entre personas de la misma sangre, mas de una vez se había manifestado la curiosidad mutua de los dos hermanos en una forma que hoy les horrorizaba a ambos, al menos conscientemente.

Este horror se expresa a veces en el sueño; en tal caso las representaciones oníricas van acompañadas de sentimientos de ansiedad y de angustia que pueden alcanzar tal intensidad que despiertan al soñador. Aunque parezca paradójico, es cierto que incluso esos sueños torturantes y atroces representan la satisfacción de los deseos; deseos que no reconoceremos como nuestros, pero que están presentes constantemente en nuestro inconsciente. Las mujeres sexualmente insatisfechas. pero virtuosas, suenan continuamente con ladrones, con agresores y con fieros salvajes que les pisotean los pies; pero un detalle mínimo del sueño -si se le somete al análisis- permite a menudo descubrir que esta agresión o la violación de que son víctimas simboliza el asalto sexual del que la agresividad es un constitutivo característico y necesario. Una de mis pacientes, histérica, soñaba reiteradamente que era pisoteada por un toro, porque llevaba un vestido rojo; mediante este sueño satisfacía no sólo su deseo de poseer este vestido, sino también los deseos sexuales cuyo rechazo estaba directamente relacionado con su neurosis. La terrorífica bestia macho que aparecía en el sueño que en la conciencia común simboliza la fuerza, era la alusión a un hombre cuyo aspecto exterior le recordaba el del toro.

Habida cuenta del importante papel que el elemento infantil desempeña en la formación de los sueños, si aceptamos la tesis de Freud de que la primera infancia no sólo no está desprovista de pulsiones libidinosas. sino incluso que tales impulsos infantiles no están limitados por la educación. y si admitimos el carácter “perverso polimorfo” de los deseos infantiles., la significación infantil de las zonas anal, oral, uretral y las eréctiles, la curiosidad y el exhibicionismo infantiles, los caracteres sádico y masoquista del niño, no tacharemos de absurda la tesis de Freud que pretende que los sueños, incluso los más horribles, los más crueles, los más vergonzosos y los más repugnantes, representan la significación de los deseos: deseos del niño salvaje que vive en nosotros, arrumbado en el inconsciente.

Hay sueños de contenido muy penoso que, curiosamente, no turban en absoluto nuestro reposo nocturno. aunque a la mañana siguiente nos quedamos extrañados de ver cómo hemos podido vivir tamaño acontecimiento con tanta indiferencia. Cierto día, un paciente de Freud le contó, con aire culpable, que la noche anterior había soñado el entierro de su hermano menor a quien quería mucho, sin experimentar el menor disgusto. Un detalle aparentemente insignificante del sueño, una entrada de concierto, dio la clave del problema. El paciente proyectaba ir al día siguiente a un concierto en el que esperaba encontrar a una joven que había sido su prometida, a la que amaba mucho, y a la que había visto por última vez en el entierro de uno de sus hermanos menores. El sueño, para adelantar el encuentro, sacrificaba también al otro hermano; pero la censura sabía que el deseo no se refería a la muerte de un hermano sino a otro objetivo más inocente y por ello la idea del entierro no estaba acompañada del sentimiento doloroso correspondiente. Ocurre con todos los sueños que, en aparente contradicción con el principio fundamental de la teoría del sueño de Freud, no satisfacen los deseos sino que, por el contrario, nos privan de un objeto querido. Si buscamos los pensamientos oníricos latentes bajo el contenido onírico manifiesto, parece que «la insatisfacción de un deseo significa siempre la satisfacción de otro».

Considerando que el material. onírico está libremente asociado al contenido onírico consciente es sorprendente constatar que se nutre fundamentalmente de los acontecimientos diarios y de los recuerdos infantiles lejanos. El sueño, según el análisis, aparece generalmente como superdeterrninado, es decir, como el cumplimiento de muchos deseos, unos actuales, otros infantiles.

Citaré, como ejemplo, el sueño de una paciente que sufría necesidades de micción neuróticas. «Un brillante parquet mojado; agua de mar estancada; dos sillas apoyadas en el muro; mirando en esta dirección veo que faltan los pies delanteros de las sillas como cuando se embroma a alguien incitándole a sentarse en una silla rota para que se caiga. Una de mis amigas está también allí, con su prometido.» El parquet brillante y mojado le recordaba que su hermano mayor, encolerizado, había estrellado un cántaro el día anterior. Pero evocaba también un memorable recuerdo infantil: el mismo hermano le había hecho reír tanto un día que no había podido retener la orina. Prosiguiendo el análisis del sueño, la paciente me confesó que se había masturbado durante mucho tiempo y, como suele ocurrir en las jovencitas, el momento culminante del orgasmo era acompañado de un deseo de orinar. Esta porción de material onírico, precioso desde el punto de vista de la neurosis de micción, simboliza la satisfacción del deseo infantil que, sin embargo -debido a una censura rigurosa-, sólo podía manifestarse mediante la alusión. Las dos sillas de patas rotas apoyadas en la pared representaban. como reveló el análisis, la escenificación de la expresión: «sentarse entre dos sillas». La paciente había sido solicitada en matrimonio dos veces, pero el apego a su familia fue un obstáculo inconsciente a su consentimiento. Y aunque su yo consciente se había resignado, si le creemos a ella, a la idea del celibato, parece que en su fuero interno envidiaba a su amiga y a su novio, que le habían visitado la víspera del sueño. Entre las numerosas ideas suscitadas por el sueño elegí las más fecundas evidentemente, las cuales confirman al mismo tiempo que el sueño es con toda seguridad un cumplimiento de los deseos.

He aquí cómo podríamos concebir la estructura de este sueño aplicando las tesis de Freud: la elaboración onírica ha asociado los dos sucesos de la víspera -el cántaro roto y la visita de los novios- a los complejos de representaciones con carga afectiva, rechazados desde la infancia pero susceptibles siempre de prestar su fuerza afectiva a una reacción psíquica actual. Según Freud, el sueño se parece a una sociedad en la que los complejos rechazados proporcionan el capital, es decir, la energía afectiva, mientras que las reminiscencias y los deseos actuales, conscientes desempeñan el papel del asociado que actúa.

Los estímulos nerviosos sensitivos y sensoriales que afectan al organismo durante el sueño son la tercera fuente de sueños. Puede tratarse de excitaciones cutáneas: presión de la cubierta o de un pliegue de la sábana. enfriamiento de la piel; estímulos acústicos u ópticos. durante el sueño; sensaciones orgánicas: hambre, sed, saciedad, pesadez de estómago. etc. Muchos psicólogos y fisiólogos atribuyen una importancia excesiva a tales estímulos; se dan por satisfechos con la explicación de que el sueño es un simple ensamblaje de reacciones psico-fisiológicas provocadas por impresiones sensoriales. Freud les objeta con mucha razón que el sueño no integra estímulos sensoriales simples, sino sólo tras. una deformación específica; en cuanto a los motivos, a los medios y a la energía necesaria para la deformación, no es la estimulación externa quien los proporciona sino las fuentes de energía endopsíquicas. Las estimulaciones sensitivas que se producen durante el sueño sólo proporcionan la ocasión de manifestarse a las tendencias endopsíquicas. Incluso los sueños provocados por excitaciones físicas, una vez analizados, aparecen como la satisfacción de deseos, manifiestos o latentes. Una persona muy alterada sueña que bebe grandes cantidades de agua; el hambriento se sacia; el enfermo que tiene una bolsa helada sobre la frente la tira porque cree que se ha curado; el pinchazo doloroso de un forúnculo perineal se convierte durante el sueño, por eufemismo, en un delicioso paseo ecuestre; y este proceso permite al paciente no ser despertado por la sed, el hambre, la pesada bolsa de agua helada o el doloroso forúnculo, al transformar el psiquismo, por su propia energía, la excitación en satisfacción de deseos. Los sueños cumplen así una de sus principales funciones: asegurar la tranquilidad del reposo. Los sueños horribles, llamados pesadillas, que pueden originarse por una indigestión, una perturbación de la respiración o de la circulación, o una auto-intoxicación, se explican del mismo modo: las sensaciones físicas penosas son utilizadas para la satisfacción de deseos profundamente rechazados, que difícilmente podrían afrontar la censura cultural y ética y sólo pueden presentarse acompañados de sentimientos de temor y disgusto.

El análisis de un sueño, como ya he dicho, exige aproximadamente el mismo trabajo, aunque en orden inverso, que el proceso de elaboración del sueño por el psiquismo. Si comparamos el sueño claro, a menudo muy breve con el enorme material que aparece durante su análisis, y si añadimos que a pesar de esta diferencia todos los detalles del contenido onírico latente están representados en el sueño claro de una u otra forma, debemos coincidir con Freud cuando estima que la tarea más pesada de elaboración onírica es la condensación de las representaciones.

Quiero ilustrar esto con un ejemplo. Un colega afectado de impotencia psico-sexual me comunicó el siguiente sueño estructurado en dos partes La primera se limitaba a que en lugar de recibir el Pesti Hirlap3 al que estaba abonado, recibía el Neue Frerie Presse4, diario al que estaba suscrito uno de sus amigos. En la segunda parte aparecía una mujer morena que pretendía casarse con él a toda costa. Se descubrió que lo que en realidad le proporcionaba el sueño no era un periódico ajeno, sino, encubierta por esta alusión, una mujer desconocida que efectivamente frecuentaba la casa de uno de sus amigos y que le atraía desde hacía tiempo porque pensaba que ella podría despertar su sexualidad fuertemente inhibida. Durante las siguientes asociaciones se descubrió que su anterior amante, en quien había depositado las mismas esperanzas y que en el sueño estaba representada por el Pesti Hirlap -porque era húngara-. le había decepcionado; que pensaba seriamente en reemplazar esta relación estable por relaciones sexuales más libres, que no le comprometieran a nada. Conociendo la extraordinaria riqueza del simbolismo sexual, no nos sorprenderemos de que el paciente emplee en su sueño la expresión “Prensa” (prensa de imprenta) en sentido sexual. La segunda parte del sueño, como para confirmar nuestra interpretación, indica que el paciente ha pensado a menudo con inquietud que una relación permanente como aquella en la que se halla implicado, podría fácilmente llevarle a un matrimonio por debajo de su categoría. Cuando se sabe -como Freud ha demostrado en una monografía- que los temas y procedimientos del chiste son casi idénticos a los del sueño, puede admirarse, sin que ello sea un fácil juego de palabras, que en la representación Neue Freie Presse (Nueva prensa libre) el paciente ha tratado de condensar todos los pensamientos y deseos relativos a la curación, y también los presuntos medios para conseguirla, el aliciente de lo nuevo5 es una mayor libertad.

El proceso de condensación del sueño recurre a menudo a la mezcla de personas, cosas y palabras. Estas monstruosidades de la fantasía onírica han contribuido en gran medida a que el sueño se haya considerado hasta ahora como un producto del espíritu totalmente absurdo y desprovisto de significación. Sin embargo, el psicoanálisis nos enseña que la unión de dos formas o representaciones en el sueño corresponde a un producto menos perfecto de la misma actividad de condensación que ha desarrollado las demás partes, posiblemente menos espectaculares, del contenido onírico consciente. Cuando se trata de estas formaciones compuestas, la regla para la interpretación de los sueños consiste primero en investigar el material onírico separadamente para cada una de las partes constituyentes. y después en descubrir la comunidad, identidad o analogía que ha podido servir de base al compuesto.

Un ejemplo instructivo de formación compuesta nos lo proporciona el sueño de una de mis pacientes en el que figuraba un ser extraño, mitad un médico conocido y mitad caballo vestido totalmente con un pijama. Las ideas libremente asociadas al concepto «caballo» nos remitieron a la infancia de la enferma; había experimentado durante mucho tiempo una gran fobia hacia los caballos; su horror provenía en particular de la vergüenza que sentía ante las evidentes manifestaciones de su sexualidad y de sus necesidades corporales; más tarde recordó que cuando era muy pequeña, su niñera la llevaba a menudo a un potrero militar donde podía observar todo esto a placer, libre aún de cualquier prejuicio. El pijama le recordaba a su padre, a quien había visto frecuentemente -porque se dormía en la habitación de sus padres- no sólo con esa ropa sino también realizando actos que generalmente no están al alcance del niño. (Si todavía ocurre esto con relativa frecuencia -como demuestran nuestros análisis-, es porque los padres subestiman la inteligencia de los niños de tres o cuatro años y su capacidad de observación.) El tercer elemento de la mezcla, el médico, me hizo sospechar acertadamente que la enferma mantenía respecto a esta persona una curiosidad del mismo tipo, es decir, que desplazaba inconscientemente su curiosidad sobre él.

Los dos personajes de la combinación no figuran en la misma proporción; tan sólo tenemos un gesto o un movimiento característico de uno confundido con el otro. En uno de mis sueños, por ejemplo, me veía a mí mismo, acariciando mi frente con la mano derecha, de la misma forma que mi maestro el Profesor Freud cuando medita un serio problema. Enseguida comprendí que esta mezcla de maestro y discípulo en pleno trabajo me la sugería la emulación y la ambición, aprovechando la censura intelectual. En estado de vigilia no pude sino sonreír ante la temeridad de tal identificación, que recuerda mucho esta conocida frase: «Wie er sich räuspert und wie er spuckt, das habt Ihr ihm weidlich abgeguckt6».

Como ejemplo de la mezcla de palabras, citaré el sueño de un enfermo cuya lengua materna era el alemán. en el que figuraba un personaje llamado Metzier o Wetzler7. El enfermo no conocía a nadie llamado así. Por el contrario, se había preocupado mucho el día anterior de un individuo llamado Messer, que le hacía rabiar a menudo8. Messer significa9 cuchillo, y el cuchillo le recordó que durante su infancia pasó mucho miedo cuando su abuelo afilaba el cuchillo (Messer wetzen) y le amenazaba con castrarle, amenaza que afectó a su desarrollo psico-sexual. El nombre de Metzler-Wetzler no era más que la condensación de las palabras Messer, hetzen y wetzen.

Existe una estrecha relación entre el proceso de condensación del sueño y otra tendencia de la actividad onírica que Freud llama desplazamiento (Traumverschiebung). Esta parte del trabajo onírico consiste en desplazar la intensidad psíquica de los pensamientos oníricos lógicos que oculta el sueño, del pensamiento verdaderamente importante, hacia un detalle insignificante; de este modo no aparece la representación significativa más que de forma vaga y alusiva en el contenido onírico consciente, mientras que en el sueño el interés máximo queda retenido por los detalles más insignificantes. El trabajo de desplazamiento y el de condensación están en estrecha relación: el sueño, para restar intensidad a un pensamiento que podría turbar el reposo o chocar con las leyes de la censura ética, se esfuerza en cierto modo en cubrir las apariencias, y acumula multitud de recuerdos sobre un detalle insignificante para desviar la atención del pensamiento importante, mediante la condensación de la intensidad psíquica de aquéllos.

He aquí un breve sueño que he podido analizar: la soñadora estrangulaba un perrito que ladraba. Estaba muy extrañada de haber realizado en sueños un acto tan cruel, porque era incapaz de matar una mosca, y no recordaba haberlo hecho nunca. Admitía por el contrario que, siendo una experta cocinera, más de una vez había cortado el cuello a gallinas, pichones y otras aves; ello le recordó que el cuello del perrito del sueño había sido cortado igual que el de los pichones, tratando de no hacerle sufrir. Las asociaciones siguientes versaron sobre historias e imágenes de ahorcamiento humano, en particular sobre el hecho de que el verdugo, cuando aprieta el nudo en el cuello del condenado, le tuerce al mismo tiempo el cuello para acelerar la muerte. Respondiendo a mi pregunta sobre a quién odiaba más actualmente, nombró a una de sus parientes, y no cesaba de hablar de los defectos de ella y de todo lo que había hecho para destruir la paz del hogar, hasta entonces perfecto, tras haberse introducido en la familia simulando una dulzura exquisita. Últimamente habían mantenido una violenta discusión; por último, la señora había arrojado a la persona en cuestión con estas palabras: «Váyase, no puedo tolerar en mi casa a un perro rabioso.»

Ahora ya sabemos quién era el perrito blanco al que estrangulaba en el sueño, y tanto más cuanto que se trataba de una persona de baja estatura y de blanco cutis. Pero, además, este breve análisis nos permite considerar el sueño en su labor de desplazamiento y de deformación. La comparación tan poco lisonjera hecha durante la tempestuosa escena ha servido en el sueño para reemplazar en la ejecución al odiado adversario que no figuraba en ella, por un perrito blanco, como sucede en la Biblia cuando el ángel presenta un cordero a Abraham que se disponía a sacrificar a su hijo. Las imágenes de ejecución de animales depositadas en la memoria de la soñadora se habían agolpado hasta cubrir con su intensidad psíquica condensada la representación onírica consciente al mundo animal. La unión necesaria para el desplazamiento la proporcionaban probablemente las representaciones oníricas y las fantasías concernientes al ahorcamiento humano.

Este ejemplo me permite enunciar una vez más la tesis fundamental de la teoría de los sueños de Freud: el contenido onírico consciente que subsiste al despertar, dejando aparte las excepciones citadas, no reproduce exactamente los pensamientos oníricos, sino que da una imagen de ellos deformada, desplazada y condensada; tales pensamientos sólo pueden reconstruirse con ayuda del análisis.

El trabajo onírico resulta en extremo complicado por la imposibilidad de recurrir a los conceptos que constituyen los elementos estructurales del pensamiento abstracto; el sueño no puede expresar las ideas sino mediante alucinaciones visuales, auditivas y sensoriales en general, de dramatización de puesta en escena. Freud caracteriza con acierto el trabajo de concreción, de dramatización del sueño, cuando señala que en el sueño se expresaría en imágenes incluso un editorial político. Y ello con ayuda de analogías tan superficiales y de una simbología tan exhaustiva, que superaría con creces lo que los poetas simbolistas han elaborado en este terreno. El sueño explota con habilidad y predilección el doble sentido de las palabras, la significación directa o figurada de las expresiones para hacer «onirizables», valga la expresión, las ideas y las nociones abstractas, dramatizándolas. Expresiones curiosas, citas, proverbios y parábolas, fragmentos de poemas de los que está repleta la memoria de cada cual, proporcionan siempre al sueño excelentes materiales para la escenificación de un pensamiento. En lugar de recurrir a largas explicaciones, prefiero citar algunos ejemplos.

Uno de mis pacientes tuvo el siguiente sueño: “Me paseaba por un gran parque, sobre un largo camino cuyo fin no divisaba, a pesar de lo cual me dije.- caminaré lo que haga falta hasta llegar al final.” El parque del sueño se parecía -salvo en las dimensiones- al jardín de una tía suya en el que había pasado a menudo estupendas vacaciones durante su infancia. Respecto a la tía, recordaba que se acostaba en general en la misma habitación que ella salvo cuando estaba el tío; entonces se trasladaba a la habitación contigua. El niño, que entonces sólo poseía un conocimiento rudimentario de la sexualidad, había intentado muchas veces saber lo que pasaba en la habitación de al lado mirando por el ojo de la cerradura y escuchando tras la puerta, pero en vano.

Caminar por un camino sin final simbolizaba aquí ir hasta el término de alguna cosa, deseo que además se había actualizado por un acontecimiento del día anterior.

Una de mis enfermas soñó con un pasillo de internado en un colegio femenino. Veía su armario de muchacha; quiso abrirlo pero no halló la llave de manera que tuvo que romperlo; cuando consiguió abrirlo observó que no había nada dentro. En el análisis, el sueño apareció como la reproducción de una fantasía de masturbación, recuerdo del internado en el que, como sucede a menudo, el órgano genital femenino estaba representado por un armario; respecto a la última secuencia del sueño, el armario vacío sólo sirve de excusa para tranquilizarle. como si se dijera: no hay nada dentro (sobreentendido: de culpable).

Una enferma, cuya neurosis se desencadenó a raíz de la muerte de su primo. casado prematuramente y, según la paciente, mal, soñaba continuamente con el difunto; le veía en su tumba, pero su cabeza estaba extrañamente vuelta, o bien adherida a una rama; también se hallaba él sobre un alto, vestido de niño, y debía saltar de allí. Todo ello no era más que un alegato simbólico contra la esposa del difunto y sobre todo contra su abuelo: ellos le habían vuelto la cabeza, le habían obligado, demasiado joven, a precipitarse en el matrimonio, y tampoco le respetaban, porque un día, aludiendo a su pobreza, le llamaron desgraciado caído de una rama10.

Muy a menudo, caer de lo alto significa la degeneración moral o material; en las mujeres, la posición sentada da a entender que se han quedado solteras; en los hombres, un enorme cesto11 puede ser el símbolo onírico del rechazo tan temido; frecuentemente el sueño representa el cuerpo humano mediante una casa o una habitación, en la que la entrada, las puertas y ventanas desempeñan el papel de los orificios naturales. Algunos de mis enfermos que padecen impotencia y que designan el coito con un término vulgar muy extendido, sueñan a menudo con fusiles, pistolas encasquilladas, oxidadas, etc.

Es seductora la idea de reunir las interpretaciones simbólicas y de establecer una clave de los sueños moderna, en la que podíamos hallar inmediatamente la explicación de cada sueño en todos sus detalles. Pero esto resulta casi imposible. Pues aunque existan sueños típicos que en muchos casos tienen un sentido determinado, el sentido de los símbolos oníricos varía según las personas e incluso según los días. La única solución -si queremos conocer el sentido completo del sueño con todos sus determinantes- es el concienzudo análisis de los sueños; para ello no bastan la perspicacia y la imaginación: es indispensable la colaboración absoluta del soñador.

Posiblemente en el sueño, es más difícil representar las relaciones entre los pensamientos oníricos que expresar las ideas abstractas. Freud sólo ha descubierto las particularidades de la estructura formal del sueño que permiten explicar, o al menos presentir, las correlaciones lógicas al cabo de una larga y penosa búsqueda. La manera más sencilla de traducir las relaciones entre las ideas es la simultaneidad de las representaciones oníricas que las simbolizan, su localización en un mismo lugar c incluso su condensación en una sola formación. Por el contrario, para expresar las relaciones de causa a efecto, las alternativas, las hipótesis, el único medio de que dispone el sueño consiste en colocar las partes correspondientes unas al lado de las otras. Cuando una imagen se transforma, hay que suponer que los pensamientos oníricos correspondientes tratan de una causa y su efecto; pero esta misma relación puede expresarse con dos imágenes oníricas absolutamente aisladas. una de las cuales representa la causa y la otra el efecto. Incluso la expresión de la simple negación halla importantes obstáculos que el pensamiento en cuestión debe asumir en sentido positivo o negativo; habida cuenta de ]a complejidad de nuestra organización psíquica, no es sorprendente que la afirmación y la negación se hallen a menudo juntas, o mejor aún superpuestas, en los pensamientos oníricos. Para expresar el desagrado o la ironía, el sueño ofrece una representación inversa, o manifiestamente contraria. a la realidad. El sentimiento de inhibición, tan frecuente en el sueño, expresa un conflicto al nivel de la voluntad: el enfrentamiento de dos tendencias.

A pesar de la desaparición de las relaciones lógicas, el sueño ofrece a menudo una apariencia perfectamente inteligible y coherente: ello se explica tanto por la introducción en el sueño nocturnos de fantasías diurnas, de sueños recordados, de pasajes leídos de fragmentos de conversación recuperados sin variación, como por la tendencia racionalizadora del psiquismo cuya acción prosigue incluso en el sueño y que intenta transformar una sucesión discontinua de imágenes y escenas en un todo coherente. Esta tarea del sueño denominada por Freud elaboración secundaria, consiste en la introducción de conjunciones y otras adiciones menores que transforman el contenido onírico, inicialmente fragmentario, en un conjunto de apariencia coherente.

Una vez que el sueño ha condensado, desplazado, dramatizado y privado cuidadosamente de sus relaciones lógicas al contenido onírico. es posible imaginar la penosa labor que representa el análisis de un sueño. El contenido onírico consciente se presenta entonces como una sucesión de jeroglíficos o un acertijo difícil de descifrar; también es cierto que el análisis. de los sueños complicados supone. no sólo conocer las leyes de la interpretación de los sueños, sino también una capacidad innata para los enigmas

Resulta curioso que este edificio penosamente construido se desploma por lo general en el sueño como un castillo de arena. Durante el descanso, el psiquismo es como una habitación herméticamente cerrada donde no penetran la luz ni el sonido, pero donde, por lo mismo, se oye el menor ruido, el aleteo de una mosca. Por el contrario, el despertar es como la abertura de las ventanas al amanecer. Desde que los ruidos y el ajetreo cotidiano penetran en nuestro psiquismo por los órganos de los sentidos, la censura sacude también su sopor y su primer afán consiste en tachar al sueño de tontería y absurdo, colocándolo bajo custodia, por decirlo así12

Además de la desvalorización, la censura dispone de otra medida disciplinaria para anular el contenido onírico revolucionario (pues todo sueño disimula pensamientos que conculcan algún párrafo de las leyes estatales o sociales); se trata de la confiscación, tan completa como sea posible, de la representación onírica. La confiscación psíquica se denomina comúnmente olvido y se oye decir: «He tenido un sueño esta noche pero lo he olvidado, y que me condene si puedo ahora recordar una sola palabra, aunque por la mañana, al despertarme, lo recordaba todo.» Otras veces se acuerda uno solamente de que el sueño era bello, agradable, penoso, desagradable, confuso, interesante o absurdo. En la formulación de tales juicios se filtra frecuentemente algún detalle del contenido onírico con el que el análisis vuelve a la memoria un fragmento olvidado o más exactamente rechazado; en la mayoría de los casos, estos detalles tardíos conducen al núcleo del pensamiento onírico.

Los estudios de Freud sobre el sueño concluyen en la interesante hipótesis de que el hombre sueña siempre durante su descanso, incluso cuando no se acuerda de nada al despertar. Resulta curioso que los individuos en tratamiento psicoanalítico, empeñados en prestar la máxima atención a sus sueños para anotarlos al despertar. cada día cuentan un sueño, aunque hasta entonces apenas habían soñado, según afirman. Por el contrario, cuando el análisis alcanza un estrato especialmente sensible del psiquismo, de difícil acceso, los sueños parecen desaparecer totalmente o incluso son olvidados al despertar.

Una objeción evidente es que estas observaciones y análisis de sueños se han realizado fundamentalmente sobre individuos neuróticos, o sea, anormales, no pudiendo por ello ampliarse las conclusiones a los sujetos sanos; pero esta objeción puede atajarse: efectivamente, la diferencia entre la salud mental y la neurosis es sólo cuantitativa, y. además, los análisis de mis propios sueños o de los sueños de otros sujetos normales han conducido a resultados rigurosamente idénticos. Sin embargo, he descartado mis propios sueños, que analizo sistemáticamente, para no descubrir una porción excesiva de mi universo intelectual y emocional. Freud, en su obra. ha realizado este sacrificio; sin embargo, sus comunicaciones quedan limitadas por la discreción de rigor. Por esta razón he sacado los ejemplos de mis pacientes. cuidando de mantener su anonimato. Pero he de advertir que para dedicarse a la interpretación de los sueros, es preferible el autoanálisis a la disección de los sueños ajenos.

Aunque he tratado, en lo que precede, de esbozar la psicogénesis y la significación de los sueños del individuo llamado normal, basándome en las teorías de Freud, la elección de los ejemplos que ilustran mi exposición me ha obligado muchas veces a tratar también la significación patológica del sueño. Hemos podido ver, según antes indiqué. cómo el análisis de los sueños facilita el tratamiento psicoanalítico de las neurosis. La censura, adormecida durante el sueño. permite el tránsito de los complejos y alusiones a los complejos del inconsciente hacia el contenido onírico, que la intensidad de la resistencia hubiera apartado de la libre asociación en estado de vigilia. De este modo. partiendo de las imágenes oníricas, llegaremos más rápida y directamente a los complejos de representaciones ocultas que desempeñan un papel patógeno en la neurosis. pudiendo representar la toma de conciencia un paso hacia la curación. Además, los sueños tienen también un valor diagnóstico indiscutible. o al menos lo tendrán cuando se llegue a un conocimiento sistemático de la psicología. y también de la patología del sueño. A partir de ahora. son numerosos los datos que confirman que la neurosis de angustia, la histeria angustiosa y la neurosis obsesiva van acompañadas de representaciones oníricas características: el universo onírico que caracteriza la demencia precoz y la paranoia es cada vez mejor conocido desde que un creciente número de investigadores se interesa por la psicología de estos estados. Los sueños de los alcohólicos y de los epilépticos, poblados de animales, de combates contra el agua y el fuego, son en la actualidad objeto de un estudio sistemático; el análisis de tales sueños permitirá conocer mejor las implicaciones psíquicas de estos estados patológicos.

El intento de hallar una solución a estos problemas parciales y prácticos está superado por el extraordinario éxito de Freud, que ha observado en pleno trabajo, a lo vivo, una formación psíquica en el límite de los mecanismos mentales fisiológico y patológico permitiendo así el sueño una mejor comprensión de los mecanismos de las demás formaciones psiquiátricas que se manifiestan en estado de vigilia.

Ciertamente han sido las investigaciones sobre las psiconeurosis las que han permitido a Freud estudiar el sueño; pero los resultados de este estudio constituyen un beneficio sustancial para la patología.

No podía ser de otra manera. Pues el estado de vigilia normal el sueño, la neurosis y la psicosis son sólo diferentes aspectos del mismo material psíquico, y cualquier progreso en uno de estos campos favorece a los demás.

Quien espere hallar en esta nueva teoría del sueño un medio de prever el porvenir, quedará posiblemente decepcionado. Pero quienes se contentan con un beneficio secundario práctico como la aclaración de misterios que creían insolubles o la ampliación inesperada del campo de los conocimientos psicológicos, y aquellos cuya capacidad de juicio no ha sido obnubilada por las convicciones adquiridas, es posible que sean incitados por esta conferencia a emprender un estudio serio y profundo de la importante obra de Freud sobre la interpretación de los sueños 13.



1 Conferencia pronunciada el 15 de octubre de 1909 en la Sociedad Real de Medicina de Budapest.

2 Sólo citaré los fragmentos con interés didáctico de los sueños que pongo como ejemplo. El análisis detallado de un solo sueño -si lo refiero completo- llenaría muchas páginas. Quien tenga interés por los detalles deberá leer el Traumdeutung (Ciencia de los sueños) de Freud. En otra obra de Freud (“Fragmento del análisis de un caso de histeria”) se puede hallar el análisis de un sueño completo.

3 Título de un diario húngaro, que significa: Correo de Budapest.

4 Título de un diario alemán, que significa: Nueva prensa libre.

5 La palabra noticia” significa también “diario” en húngaro.

6 En alemán en el texto: “Su manera de toser, de escupir, la ha copiado usted sin ninguna vergüenza”.

7 Metzeln = degollar; Metzger = carnicero; Wetzen = afilar.

8 Hacer rabiar = hetzen, en alemán.

9 En el original se da la traducción húngara, naturalmente.

10 Expresión húngara que significa que el sujeto no tiene mas bienes que si hubiera estado cosechando fruta en un árbol.

11 En húngaro “recibir un cesto” significa el rechazo a una propuesta matrimonial.

12 Este esfuerzo de la censura es responsable sin duda de la tendencia humana a considerar generalmente los sueños como absurdos y tonterías. El proverbio húngaro condena de entrada toda teoría de interpretación de los sueños en estos términos: “Loco el que cuenta sus sueños, y mas loco aún el que los escucha”.

13 Freud: Traumdeutung, 2~ de. Viena, Deuticke, 1909.

Interpretación científica de los sueños Obras Completas de S. Ferenczi

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