Bhagwan shree rajneesh osho psicología de lo esotérico índice



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BHAGWAN SHREE RAJNEESH

OSHO



PSICOLOGÍA DE LO ESOTÉRICO



ÍNDICE

Introducción


Capítulo 1

Revolución Interna


Capítulo 2

Entrando en la Brecha: El Misterio de la Meditación

Capítulo 3

Sexo, Amor y Oración


Capítulo 4

El Yoga Kundalini: Regresando a las Raíces


Capítulo 5

Juegos Esotéricos: Un obstáculo para el Crecimiento


Capítulo 6

Sicología de los Sueños

Capítulo 7

Trascendiendo los Siete Cuerpos


Capítulo 8

Exigencia y Aceptación

Capitulo 9

La Falacia del Conocimiento


Capítulo 10

Ventanas a lo Divino


Capítulo 11

Cómo Preguntar


Capítulo 12

Equilibrando lo Racional y lo Irracional


Biografía


Sicología de lo Esotérico: La nueva evolución del hombre

INTRODUCCION

El proceso evolutivo es el proceso de desarrollo, de la conciencia. Los árboles son más conscientes que las rocas; los animales son más conscientes que los árboles; el hombre es más consciente que los animales; los Budas son más conscientes que el hombre. La cualidad del Buda, la conciencia del Cristo y la iluminación apuntan a lo mismo; el florecimiento de la conciencia total. La materia es totalmente inconsciente; un Buda “es totalmente ­consciente”. El hombre se encuentra en algún punto intermedio: ni en un extremo ni en el otro. Vive en un estado de limbo. Ya no es un animal, pero aún no es un dios. Ya no lo que fue y no aún aquello en lo cual se puede transformar.


"La evolución inconsciente finaliza al aparecer el hombre", nos dice Bhagwan, “y la evolución consciente comienza. Pero la evolución consciente no comienza necesariamente con cada hombre en particular. Comienza sólo si eliges que así sea”. La vida significa movimiento. Es imposible permanecer donde estamos.
O evolucionamos hacia un nivel de conciencia más elevado o bien retrocedemos. Nosotros elegimos. No po­demos no elegir. Aun el no elegir representa una sutil elección. La mayoría de las personas busca el olvido: un regreso a la inconsciencia. Con ese objetivo, se valen del alcohol y las drogas, del trabajo, del sexo, de la estimulación sensorial. Sólo unos pocos deciden emprender el camino hacia un nivel el de conciencia más elevado. Es a estos pocos que Bhagwan dirige los discursos contenidos en "Sicología de lo esotérico”.
Bhagwan toma, el relevo allí donde la sicología occidental se detiene. Va más allá de Freud, más allá de Jung, más allá de las nuevas comprensiones del movimiento del potencial humano. Si la sicología de Freud es una sicología de la patología Y la sicología de Maslow es una sicología del hombre sano, la sicología de Bhagwan es una sicología de la iluminación, de la cualidad del Buda. Bhagwan no es sólo un maestro iluminado; es también un maestro de sicología. Él remueve los estratos de nuestro ser, revelando las profundidades que permanecen escondidas en nuestro interior. Comienza desde lo físico y avanza paso a paso hacia lo trascendental. Comienza desde lo conocido Y avanza hacia lo inconocible. Comienza desde donde nos encontra­mos ahora, y nos lleva a donde podemos llegar. "En el Oriente", nos dice, "no es cuestión de sicología; es cuestión de ser.
No es cuestión de salud mental. Más bien es cuestión de crecimiento espiritual. No es cuestión de lo que haces, sino de lo que eres".
De lo que Bhagwan habla en estos discursos es, nada menos, de la creación de un hombre nuevo. Todo su esfuerzo se centra en crear un clima en el cual la cualidad del buda pueda comenzar a florecer. Para que eso ocurra, nos dice, debemos aceptar al hombre en su totalidad. No debemos negar, ni lo racional, ni lo irracional; ni el intelecto ni las emociones; ni lo científico ni lo religioso. El hombre debe seguir fluyendo, debe ser capaz de movilizarse de un polo al otro. "La mente debe ser entrenada de un modo lógico Y racional", nos dice, "pero, simultáneamente debe también ser entrenada en la meditación irracional, no­-racional. La razón debe ser entrenada al mismo tiempo que las emociones. La duda debe estar ahí, pero también la fe... No evoluciona ni el que ha negado lo irracional ni el que ha negado lo racional." No puedes crecer, a menos que crezcas en forma total"
Bhagwan no es un filósofo. Sus palabras no son un intento de llenar nuestras mentes con más conocimiento. Son un intento de empujarnos hacia la experiencia directa de aquello-que-se­-encuentra-más-allá-de-las-palabras. Son un intento de empujamos hacia nuestra propia evolución interna. Hacia la realización última de nuestro potencial. El potencial de nuestra semilla.

Ma Satya Bharti



CAPITULO 1

Revolución Interna


En el proceso de evolución del hombre, ¿ es posible que la humanidad como un todo logre la iluminación en algún momento futuro? ¿En qué punto de la evolución se encuentra el hombre en este momento?
Con el hombre, finaliza el proceso de evolución natural, automático. El hombre es y el último producto de la evolución inconsciente. Con el hombre se inicia la evolución consciente.
Debemos tomar en cuenta muchas cosas. Primero: la evolución inconsciente es mecánica y natural, Ocurre por sí sola. A través de este tipo de evolución, la conciencia se desarrolla. Pero en el momento en que la conciencia comienza a manifes­tarse, la evolución inconsciente se detiene, porque ha alcanzado su objetivo. La evolución inconsciente es necesaria sólo hasta el momento en que lo consciente nace. El hombre ha llegado a ser consciente. En cierto modo, ha trascendido a la naturaleza. Ahora la naturaleza nada puede hacer: la evolución natural ha entregado su producto final. Ahora el hombre tiene la libertad de decidir si evoluciona o si no evoluciona.
En segundo lugar, la evolución inconsciente es colectiva; pero en el momento en que la evolución llega a ser consciente, se transforma en algo individual. Ninguna evolución colectiva, automática, avanza más allá del género humano. De aquí en adelante la evolución se transforma en un proceso individual. La conciencia crea la individualidad. Antes de que la conciencia evolucionara, no había individualidad. Sólo la especie existía, no la individualidad.
Cuando la evolución es aún inconsciente, el proceso es automático; en ella no hay incertidumbre. Las cosas ocurren según la ley de causa y efecto. La existencia es mecánica y fija. Pero con el hombre, con la conciencia, aparece la incertidumbre. Ahora nada es seguro. La evolución puede ocurrir o no puede no ocurrir. El potencial está ahí, pero la elección será algo totalmente individual.
Este es el motivo por el cual la ansiedad es un fenómeno humano. En los peldaños inferiores de la evolución no existe la ansiedad, porque no hay elección. Todo ocurre como debe ocurrir. No hay elección, así es que no hay quién elija; y, en ausencia de alguien que elija, la ansiedad no es posible. ¿Quién va a sufrir ansiedad? ¿Quién va a estar tenso?
La ansiedad surge junto con la posibilidad de elección, como una sombra. Ahora todo debe elegirse; todo representa un esfuerzo consciente. Sólo tú eres responsable. Si fracasas, fracasas. Es tu responsabilidad. Si tienes éxito, tienes éxito. Nuevamente, es tu responsabilidad.
Y toda elección es, en cierto sentido, definitiva. No puedes deshacerla, no puedes olvidarla, no puedes volverte atrás. Tu elección se transforma en tu destino. Permanecerá contigo y será parte de ti; no puedes negarla. Pero tu elección es siempre una jugada. Toda elección se realiza en la oscuridad, porque nada es seguro. Por esto el hombre sufre de ansiedad. Es intrínsecamente ansioso. Para empezar, lo que lo atormenta es: ¿ser o no ser? , ¿Hacer o no hacer? ¿Hacer esto o aquello?
"No elegir" es imposible. Si no eliges, estás, eligiendo no elegir: es una elección. Así, estás obligado, a elegir; no eres libre de no elegir. El no elegir tendrá tanto efecto corno cualquier otra elección.
La dignidad, la belleza y la gloria del hombre es esta conciencia. Pero es también un peso. La gloria y el peso vienen, simultáneamente, en el momento en que llegas a ser consciente. Cada paso representa un movimiento entre los dos. Junto con el hombre, surgen la elección y la individualidad consciente. Puedes evolucionar, pero tu evolución será un esfuerzo individual. Puedes evolucionar hasta llegar a ser un Buda o puedes no hacerlo. La elección es tuya.
Así, hay dos tipos de evolución: la evolución colectiva y la evolución consciente, individual. "Evolución" implica progreso inconsciente, colectivo, razón por la cual prefiero utilizar la palabra «revolución" al referirme al hombre. Con el hombre, la revolución resulta posible. La revolución, en el sentido en que aquí utilizo la palabra, significa un esfuerzo consciente, indi­vidual, hacia la evolución. Significa llevar la responsabilidad individual a la cúspide. Sólo tú eres responsable de tu propia evolución.
Generalmente, el hombre intenta rehuir su responsabilidad por su propia evolución, rehuir la responsabilidad de la libertad de elección. Existe mucho miedo frente a la libertad. Cuando eres un esclavo, la responsabilidad por tu vida nunca es tuya; es otro el responsable. Así que, en cierto modo, la esclavitud es algo muy cómodo. No tienes una carga encima. Visto de esta forma, la esclavitud es una libertad: te liberas de la responsabilidad de tener que elegir conscientemente.

Cuando llegas a Ser completamente libre, debes hacer tus propias elecciones. Nadie te fuerza a hacer nada; todas las alternativas están abiertas para ti. Es ahí donde comienza la lucha contra la mente. Así, entonces, comenzamos a temerle a la libertad.


Parte del atractivo que tienen las ideologías como el comunismo y el fascismo reside en que representan una puerta de escape de la libertad individual, representan la posibilidad de desentenderse de la responsabilidad individual el individuo queda liberado de la carga de la responsabilidad: La sociedad es la responsable. Cuando algo falla, siempre puedes apuntar con el dedo al Estado, a la organización. El hombre se convierte en sólo una parte de la estructura colectiva. Pero al eliminar la libertad individual, el fascismo y el comunismo también niegan la posibilidad de la evolución humana. Es un repliegue frente a la gran posibilidad que la revolución ofrece: la transformación total de los seres humanos. Cuando te repliegas, destruyes la posibi­lidad de llegar a la cima. Retrocedes, regresas nuevamente al estado animal.
Para mí, un avance evolutivo sólo es posible a través de la responsabilidad individual. ¡Sólo tú eres responsable! Esta responsabilidad es una gran bendición disfrazada. Con esta responsabilidad individual, surge la lucha que finalmente nos lleva al estado de conciencia en donde la elección. No es necesaria.
El viejo patrón de evolución inconsciente terminado para nosotros. Puedes volver hacia él, pero no podrás permanecer allí. Tu ser se rebelará. El hombre ha llegado a ser consciente debe permanecer consciente. No hay otro camino.
Los filósofos como Aurobindo ejercen gran atracción sobre los escapistas. Afirman que. La evolución colectiva es posible. La divinidad bajará desde lo alto y todos se iluminarán. Pero para mí, eso no es posible. Y, aun si fuera posible no resulta valioso. Si llegas a iluminarte sin tu propio esfuerzo individual, no serás digno de esa iluminación. No tendrás el éxtasis que corona al esfuerzo. Sólo será algo que des por sentado: Como tus ojos, tus manos, tu sistema respiratorio. Estas son grandes bendiciones, pero nadie las valora realmente, nadie las aprecia.
Un día puedes hacer ya iluminado, tal como lo promete Aurobindo. Eso no tendrá valor. Tendrás algo grandioso, pero puesto que lo has logrado sin esfuerzo, sin sudar, no tendrá sentido para ti; su sentido, su significado, se habrá perdido. El esfuerzo consciente es necesario. El logro no es tan significativo como el esfuerzo en sí. El esfuerzo le entrega su significado; la lucha le da su significado.
Tal como yo lo veo, la iluminación que llegue en forma colectiva, inconsciente, como un regalo de la divinidad, no sólo es imposible, sino también, carente de significación. Debes luchar por la iluminación. A través de tu lucha, creas la capacidad de ver, sentir y permanecer con el éxtasis que obtienes.
La evolución inconsciente finaliza al aparecer el hombre, y la evolución consciente (revolución) se inicia. Pero la evolución consciente no se produce necesariamente en cada individuo particular. Comienza sólo si eliges que comience. Pero si eliges que no comiences, como la mayoría de las personas lo hace, te encontrarás lleno de tensión. Y la humanidad actual es así: no tiene dónde ir, no tiene nada por qué luchar. Nada puede obtenerse ahora sin un esfuerzo consciente. No puedes regresar a un estado de inconsciencia. La puerta se ha cerrado; el puente ha sido cortado.
La elección consciente de evolucionar constituye una gran aventura, la única aventura que hay para el ser humano. El camino es arduo; está destinado a serlo. Los errores y los fracasos se producirán necesariamente, porque nada es seguro. Esta situación crea tensión en la mente. No sabes dónde estás, no sabes adónde vas. Has perdido tu identidad.
La situación puede incluso llegar al punto en que te transformes en un suicida. El suicidio es un fenómeno humano; surge junto con la posibilidad humana de elección. Los animales no pueden suicidarse; porque les resulta imposible elegir la muerte en forma consciente. El nacimiento es inconsciente, la muerte es inconsciente. Pero con el hombre -el hombre ignorante, el hombre que no ha evolucionado- hay algo que llega a ser posible: la capacidad -de escoger la muerte.
Tu nacimiento no es algo que hayas elegido. Al menos en cuanto a tu nacimiento, te encuentras en manos de la evolución inconsciente. En realidad, tu nacimiento no es en absoluto un suceso humano. Es animal en su naturaleza, porque no lo has elegido. Sólo con la elección comienza lo humano. Pero puedes elegir tu muerte: un acto terminante. Así, el suicidio resulta ser un acto claramente humano.
Y si no eliges la evolución consciente, hay grandes posibili­dades de que elijas el suicidio. Es posible que no tengas el valor de suicidarte directamente; pero atravesarás un proceso suicida lento y prolongado: te irás consumiendo, anhelando la llegada de la muerte.
A nadie puedes hacer responsable de tu propia evolución. El aceptar esta situación te hace fuerte. Has emprendido el camino del crecimiento, de la evolución.
Creamos dioses, o bien nos refugiamos con algún gurú, de modo de no tener que responsabilizamos de nuestras propias vidas, de nuestra propia evolución. Intentamos alejar la responsa­bilidad de nosotros mismos, estableciéndola en alguna otra parte. Si no somos capaces de aceptar a algún dios o a algún gurú, intentamos rehuir la responsabilidad por medio de los tóxicos o las drogas, por medio de cualquier cosa que nos suma en la inconsciencia. Pero estos esfuerzos por negar la responsabilidad son absurdos, inmaduros, infantiles. Sólo postergan el problema: no son una solución. Puedes postergarlo hasta que sobrevenga la muerte, pero el problema aún permanece; y al nacer de nuevo, te enfrentarás a la misma situación.
Una vez que te das cuenta que la responsabilidad es enteramente tuya, no hay escape alguno a través de ningún tipo de inconsciencia. Y eres un loco si intentas escapar, porque la responsabilidad es una gran oportunidad de evolucionar. A partir de la lucha que se crea, algo nuevo puede desarrollarse.
Tomar conciencia significa saber que todo depende de ti. Aun tu dios depende de ti, porque es creado por tu imaginación. Todo es, en último término, parte de ti, y tú eres responsable por ese todo. No hay nadie que escuche tus excusas y disculpas; no hay cortes de apelaciones. Toda la responsabilidad es tuya.
Y estás solo, totalmente solo. Esto debe ser comprendido con total claridad. En el momento en que una persona llega a ser consciente, comienza a estar sola. Mientras más elevado sea el nivel de conciencia, más obvio es que estás solo. Por lo tanto, no huyas de este hecho valiéndote de la sociedad, de los amigos, de las agrupaciones, de las multitudes. ¡No escapes de él! Es un fenómeno grandioso: todo el proceso evolutivo ha trabajado hacia esto. La conciencia ha llegado ahora al punto en que sabes que estás solo. Y solamente podrás iluminarte si estás solo.
No estoy hablando del aislamiento. La sensación de aisla­miento es la que aparece cuando uno huye de la soledad, cuando uno no está listo para aceptarla. Si no aceptas la realidad de la soledad, te sentirás aislado. Entonces encontrarás alguna muche­dumbre o algún medio de intoxicarte, para poder olvidarte de ti mismo. El aislamiento creará su propia magia de olvido.
Si puedes estar solo, aun por un instante, totalmente solo, el ego morirá; el "yo" morirá. Explotarás; ya no serás. El ego no puede permanecer solo. Solamente puede existir con relación a otros. Cada vez que estás solo, ocurre un milagro. El ego se debilita. Ahora no podrá seguir existiendo por mucho tiempo. Así que si tienes el valor suficiente para estar solo, tu ego irá desapareciendo gradualmente.
El estar solo es un acto muy consciente y deliberado. Es más deliberado que el suicidio, porque el ego no puede existir estando solo, pero sí puede existir en el suicidio. Las personas con un ego fuerte son más proclives al suicidio. El suicidio siempre se da con relación a otros, nunca es un acto solitario. En el suicidio, el ego no sufre. Más bien, se expresa con mayor plenitud. Tendrá un nuevo nacimiento, con más fuerza.
En la soledad, el ego se hace pedazos. No tiene nada con qué relacionarse; por tanto, no puede existir. Así que si estás listo para estar solo, resueltamente solo -ni escapando ni retroce­diendo, sólo aceptando la realidad de la soledad, tal como es surge una gran oportunidad. Entonces eres como una semilla, que contiene un gran potencial. Pero recuerden, la semilla debe destruirse para que la planta crezca. El ego es una semilla, una potencialidad. Si el ego estalla, lo divino nace. Lo divino no es ni "Yo" ni "tú", es uno. A través de la soledad, alcanzas esta unidad.
Puedes crear falsos sustitutos para esta unidad. Los hindúes son uno solo, los cristianos son uno solo, los mahometanos son uno solo; India es una sola, China es una sola. Estos son solamente sustitutos de la unidad. La unidad sólo surge de la completa soledad.
Una muchedumbre puede autodenominarse "una sola", pero la unidad siempre está en oposición a alguna otra cosa, Estás satisfecho sólo si la muchedumbre está contigo. Ahora ya no eres responsable. No quemarías una mezquita estando solo, no destruirías un templo estando solo; pero como parte de una multitud puedes hacerla, porque ya no eres responsable como individuo. Todos son responsables, así que nadie en especial lo es. No existe conciencia individual, sólo conciencia grupal. En una muchedumbre, experimentas una regresión: te transformas en un animal.
La muchedumbre es un falso sustituto para el sentimiento de unidad. Aquel que está consciente de la situación, consciente de su responsabilidad como ser humano, consciente de la ardua y difícil tarea que representa el ser un ser humano, no elige sustitutos falsos. Vive con los hechos tal como son, no crea ficciones. Las religiones y las ideologías políticas son sólo ficciones que crean un sentimiento ilusorio de unidad.
La unidad surge solamente cuando abandonas a tu ego, y el ego sólo puede morir cuando estás totalmente solo. Cuando estás completamente solo, no eres. Ese preciso instante es el momento de la explosión. Explotas en el infinito. Esto, y sólo esto, es evolución. Yo la llamo revolución, porque no es algo incons­ciente. Puedes dejar tu ego o puedes no dejarlo. Depende de ti. Estar solo es la única verdadera revolución. Se necesita mucho valor. Sólo un Buda está solo, solamente un Jesús o un Mahavir está solo. No es que dejaran a sus familias, o abandona­ran al mundo. Eso es lo que aparenta ser; pero no es así. No estaban abandonando algo, en un sentido negativo. El acto era positivo; era un movimiento hacia la soledad. No se iban. Buscaban la completa soledad.
Toda nuestra búsqueda se dirige hacia ese momento de explosión en el que uno está solo. En la soledad hay éxtasis. Y solamente entonces se logra la iluminación.
No podemos estar solos, los demás tampoco pueden estarlo; de modo que creamos grupos, familias, sociedades, naciones. Todas las naciones, todas las familias, todos los grupos están formados por cobardes, por aquellos que no tienen el valor suficiente para estar solos.
La verdadera valentía es la de estar solos. Implica una aceptación consciente del hecho de que estás solo y que no puedes estar de otra forma. Tienes dos posibilidades: engañarte a ti mismo o vivir con esta realidad. Puedes seguir engañándote en una vida, y en otra, y en otra, pero sólo será un círculo vicioso. Sólo puedes romper el círculo y llegar al centro si logras vivir con la realidad de la soledad. Este centro es el centro de la divinidad, del todo, es lo sagrado.
No puedo concebir un momento en el tiempo en que todo ser humano sea capaz de lograr esto en forma automática, por el solo hecho de nacer. Es imposible. La conciencia es individual Sólo la inconsciencia es colectiva. Los seres humanos han alcanzado el nivel de conciencia en el cual se han transformado en individuos. No existe la humanidad como tal; sólo hay seres humanos individuales. Cada ser humano debe descubrir su propia individualidad y su responsabilidad por ella.
Lo primero que debemos hacer es aceptar la soledad como una realidad básica, y aprender a vivir con ella. No debemos crear ficciones. Si te pones a crear ficciones, nunca serás capaz de conocer la verdad. Las ficciones son verdades proyectadas, creadas y cultivadas que te impiden conocer lo que es. Vive con la realidad de tu soledad. Si puedes vivir con esta realidad, si no alejas esta realidad de ti mediante una ficción, la verdad te será revelada. Si observamos la profundidad de cualquier hecho o realidad, descubriremos la verdad.

Así, entonces, vive con la realidad de la responsabilidad, con la realidad de que estás solo. Si puedes vivir con esta realidad, la explosión ocurrirá. Es un camino arduo, pero es el único. Alcanzas el punto de explosión a través de la dificultad, a través de la aceptación de esta verdad. Sólo entonces hay éxtasis. Si se te entrega listo, como un paquete, pierde su valor, porque no te lo has ganado. No tienes "la capacidad de sentir el éxtasis”. Esta capacidad surge sólo con la disciplina.


Si puedes vivir con la realidad de tu responsabilidad por ti mismo, la disciplina te llegará en forma automática. Al ser totalmente responsable por ti mismo, no puedes hacer otra cosa que ser disciplinado. Pero esta disciplina no es algo impuesto desde fuera. Viene desde adentro. La completa responsabilidad que asumes por ti mismo le otorga disciplina a cada uno de tus actos. No puedes articular ni siquiera una palabra en forma irresponsable.
Si estás consciente de tu propia soledad, también te darás cuenta de la angustia de los demás. Entonces, no podrás cometer ni un solo acto irresponsable, porque té. Sientes responsable no sólo por ti, sino también por los demás. Si puedes vivir con la realidad de tu soledad, sabrás que todos están solos. Entonces, el hijo sabe que el padre está solo; la esposa sabe que el marido está solo; el marido sabe que la esposa está sola. Cuando llegas a estar consciente de esto; es imposible no ser compasivo.
Vivir con los hechos es el único yoga, la única disciplina. Cuando adquieres total conciencia de la situación humana, te vuelves religioso. Te transformas en el dueño de ti mismo. Pero la austeridad que surge no es la austeridad de un asceta. No es forzada; no es desagradable. La austeridad es estética. Sientes que es la única posibilidad, que no puedes hacer otra cosa. Entonces, renuncias a las cosas; dejas de ser posesivo.
El apremio por poseer es el apremio por no estar solo. El que no puede estar solo, busca compañía. Pero la compañía de otras personas no es confiable; por tanto, busca acompañarse con objetos. Vivir con una esposa es difícil; Vivir con un automóvil no es tan difícil. Así entonces, en último término, la posesividad se centra en los objetos.
Puedes incluso tratar de transformar a las personas en objetos. Tratas de amoldarlos de tal manera que pierdan su personalidad, su individualidad. Una esposa es una cosa, no una persona; un esposo es una cosa, no una persona.
Si tomas conciencia de tu soledad, te das también cuenta de la soledad de los demás. Llegas entonces a saber que intentar poseer a otro rebasa los limites. Nunca renuncias de un modo positivo. La renunciase transforma en la sombra negativa de tu soledad. En cambio, te puedes volver no-posesivo. Entonces podrás ser un amante, pero, no un marido, no una esposa.
Con esta no-posesividad surgen la compasión y la austeridad. La inocencia llega a ti. Cuando niegas las realidades, de la vida, no puedes ser inocente; Te vuelves mañoso. Te engañas a ti mismo y a los demás. Pero si tienes el valor suficiente para vivir con la realidad tal como es, llegas a la inocencia. Esta inocencia no es algo cultivado. Lo eres: inocente.
Para mí, el ser inocente es lo único que debemos lograr. Sé inocente, Y la divinidad está siempre fluyendo dichosamente hacia ti. La inocencia es la capacidad de recibir, de Ser parte de lo divino. Sé inocente, y el invitado está ahí. Transfórmate en el anfitrión.
Esta inocencia no puede cultivarse, porque el cultivarse, siempre una maquinación. Es algo calculado. Pero la inocencia nunca puede ser algo calculado; Es imposible que lo sea. Inocencia es religiosidad. Ser inocente es el cenit de la verdadera realización. Pero la verdadera inocencia surge sólo a través de una revolución consciente; no es posible que surja de ninguna evolución colectiva, inconsciente. El hombre está solo. Se encuentra libre de escoger entre el cielo y el infierno, la vida o la muerte, el éxtasis de la realización o el infortunado padeci­miento de nuestra -así llamada- vida.
Sartre dijo alguna vez: "El hombre está condenado a ser libre". Puedes elegir el cielo o el infierno. Libertad significa la posibilidad de elegir cualquiera de los dos. Si sólo puedes elegir el cielo, no hay posibilidad de elección; no hay libertad. El cielo, sin la posibilidad de elegir el infierno, sería el infierno mismo. Elegir siempre significa esto o lo otro. No significa que seas libre de elegir sólo lo bueno. En ese caso no habría libertad.
Si eliges en forma incorrecta, la libertad se transforma en condenación; pero si eliges bien, se transforma en éxtasis. Depende de ti si tu elección transforma tu libertad en condenación o en éxtasis. La elección es de tu total responsabilidad.
Si estás listo, desde tus profundidades podrá surgir una nueva dimensión: la dimensión de la revolución. La evolución ha finalizado. Ahora necesitas una revolución para abrirte a lo que se encuentra más allá. Es una revolución individual. Una revolución interna.

CAPITULO 2

Entrando por la Brecha:

El Misterio de la Meditación

¿ Qué es la meditación?


"La meditación no es un método hindú; no es tan sólo una técnica. No puedes aprenderla. Es un producto: un producto de tu vivir total, que surge de tu vivir total. La meditación no es algo que puedas agregar a lo que tú eres. Es algo que puede llegar a ti sólo a través de una transformación básica, una mutación. Es un florecimiento, un producto. Un producto siempre surge del total; no es un agregado. Debes evolucionar hacia la meditación.
Este florecimiento total de la personalidad es algo que debe ser correctamente comprendido. De otro modo, nos engañamos a nosotros mismos, nos entretenemos con trucos mentales. ¡Y hay tantos trucos! No sólo puedes engañarte con ellos, no sólo no ganarás nada, sino que te harán daño, en realidad. La sola idea de que existe alguna treta para llegar a la meditación -concebirla como un método está básicamente equivocada. Y cuando uno comienza a jugar con artimañas mentales, la cualidad esencial de la mente comienza a deteriorarse.
La mente, tal como existe, no es meditativa. La mente debe cambiar completamente antes de que la meditación tenga lugar. Entonces, ¿qué es la mente en su estado, actual? ¿Cómo funciona? .
La mente siempre está verbalizando. Puedes conocer pala­bras, puedes conocer el lenguaje, puedes conocer la estructura conceptual del pensamiento, pero eso no es pensar. Al contrario: es una forma de huir del pensar. Ves una flor y la verbalizas; ves un hombre cruzando la calle y lo verbalizas. La mente puede transformar en palabras cualquier cosa existencial. Entonces, las palabras se transforman en una barrera, una prisión. Esta constante transformación de cosas en palabras, de la existencia en palabras, es el obstáculo que se presenta en el camino hacia una mente meditativa.
Así es que el primer requisito para alcanzar una mente meditativa es estar consciente de tu constante verbalización, y ser capaz de detenerla. Tan sólo vean las cosas; no verbalicen. Tomen conciencia de su presencia, pero no las transformen en palabras. Dejen que las cosas sean, sin lenguaje; dejen que las personas sean, sin lenguaje; dejen que las situaciones sean, sin lenguaje. No es algo imposible; es algo natural. Es la situación presente la que es artificial; sin embargo, nos hemos acostumbrado tanto a ella, se ha transformado en algo tan automático, que ni siquiera nos damos cuenta de que estamos constantemente transformando la experiencia en palabras.
La alborada está ahí. Nunca te das cuenta de la distancia que hay entre verla y verbalizar acerca de ella. Ves el sol, lo sientes, e inmediatamente lo verbalizas. La brecha entre ver y verbalizar ha desaparecido. Debemos tomar conciencia del hecho de que la alborada no es una palabra. Es un hecho, una presencia. La mente transforma automáticamente las experiencias en palabras. Estas palabras llegan, así, a entorpecer tu vivencia de la experiencia.
Meditar significa vivir sin palabras, vivir en forma no-lingüís­tica. A veces, esto ocurre espontáneamente. Cuando estás enamorado, sientes la presencia, no el lenguaje. Cada vez que dos amantes se encuentran en forma íntima, dejan de hablar. No es que no haya nada que expresar. Al contrario, hay una enorme cantidad de cosas que expresar. Pero las palabras nunca aparecen; no podrían. Las palabras llegan sólo cuando el amor se ha ido.
Si dos amantes nunca callan, significa que el amor ha muerto. Ahora están llenando la brecha con palabras. Cuando el amor está vivo, las palabras están ausentes, porque la sola existencia del amor es algo tan abrumador, tan penetrante, que se supera la barrera del lenguaje y las palabras. Y, en general, esta barrera sólo se supera a través del amor.
La meditación es la culminación del amor; no el amor referido a una sola persona, sino que a toda la existencia. Para mí, la meditación es una relación viva con el total de la existencia que te rodea. Si puedes amar cualquier situación, estás en un estado de meditación.
Y esto no es una treta mental. No es un método para aquietar la mente. Más bien, necesita de una comprensión profunda del mecanismo de la mente. Apenas comprendes tu hábito mecánico de verbalizar, de transformar la existencia en palabras, creas una brecha. Surge en forma espontánea. La brecha sigue a la comprensión, como una sombra.
El verdadero problema no consiste en cómo alcanzar el estado de meditación, sino en saber por qué no estás en ese estado. El proceso mismo de la meditación es negativo. No consiste en agregarte algo, sino que en anular algo que ya te fue agregado.
La sociedad no puede existir sin el lenguaje; lo necesita. Pero la existencia no lo necesita. No estoy diciendo que debas eliminar el lenguaje de tu vida. Tendrás que utilizarlo. Pero debes tener la capacidad de conectar y desconectar el mecanismo de la verbalización. Cuando existes como ser social, necesitas el mecanismo del lenguaje; sin embargo, cuando te encuentras solo con la existencia, debes ser capaz de desconectarlo. Si no puedes desconectarlo -sigue y sigue, y eres incapaz de detenerlo- te has transformado en su esclavo. La mente debe ser un instrumento, y no el amo. Cuando la mente es el amo, tenemos un estado en que la meditación está ausente. Cuando tú eres el amo, tu conciencia te lleva de la mano y te encuentras en estado de meditación. Así, entonces, la meditación significa transformarse en el amo del mecanismo de la mente.
La mente y su funcionamiento lingüístico no es lo esencial. Tú la trasciendes; la existencia la trasciende. La conciencia trasciende la lingüística; la existencia trasciende la lingüística. Cuando conciencia y existencia se unen, comparten una comunión. Esta comunión es la meditación.
Debemos dejar de lado el lenguaje. No quiero decir que deban suprimido o eliminarlo. Sólo quiero decir que no debe ser un hábito que les ocupe durante las veinticuatro horas del día. Cuando caminas, debes mover las piernas. Sin embargo, si siguen moviéndose cuando estás sentado, significa que estás loco. Debes poder inmovilizarlas. Del mismo modo, no debieras utilizar el lenguaje si no estás hablando con alguien. Es una técnica para comunicarse. Cuando no te estás comunicando, el lenguaje no debiera estar presente.
Si eres capaz de hacer esto, puedes cultivar la meditación. La meditación es un proceso creciente, no una técnica. Una técnica está siempre muerta y, por lo tanto, puede serle agregada a una persona; pero un proceso es siempre algo vivo. Un proceso crece, se expande.
Necesitamos el lenguaje, pero no debemos estar siempre con él. Debe haber momentos en que no haya verbalización, en que sólo existes. No es que estés vegetando. La conciencia está ahí. Y se encuentra más penetrante, más viva, porque el lenguaje la embota. El lenguaje se halla condenado a ser repetitivo; y, por tanto, produce aburrimiento. Mientras más importante sea el lenguaje para ti, más aburrido estarás.
La existencia nunca se repite. Toda rosa es una rosa nueva, enteramente nueva. Nunca ha sido antes, ni tampoco será nuevamente. Pero cuando la llamamos "rosa", la palabra "rosa" es una repetición. Siempre ha estado ahí, y siempre lo estará. Has matado lo nuevo con una palabra vieja.
La existencia siempre es joven, Y el lenguaje siempre es viejo. Por medio del lenguaje, huyes de la existencia, huyes de la vida, porque el lenguaje está muerto. Mientras más te comprome­tas con el lenguaje, más muerto estarás. Un pundit ( cierto tipo de sabio indio) está totalmente muerto, porque sólo es lenguaje, palabras.
Sartre tituló “Palabras" a. su autobiografía. Vivimos en las palabras. Esto es, no vivimos. Al final, sólo hay una cantidad de palabras acumuladas, Y nada más. Las palabras son como fotografías. Ves algo que está vivo y le tomas una foto. La fotografía está muerta. Entonces haces un álbum de fotografías muertas. Una persona que no ha vivido en estado de meditación es como un álbum muerto Sólo tiene fotografías verbales, sólo recuerdos. Nada ha sido vivido, todo ha sido solamente verbalizado.
Meditar significa vivir totalmente; pero sólo puedes vivir en forma total cuando permaneces en silencio. Con "estar en silencio" no me refiero a estar inconsciente. Puedes estar en silencio e inconsciente, pero no es un silencio viviente. Te has equivocado nuevamente.
Te puedes autohipnotizar por medio de los mantras. Puedes producir tal aburrimiento en tu mente con sólo repetir una palabra, que la mente se irá a dormir. Caes en el sueño, en la inconciencia. Si cantas "Ram, Ram, Ram", la mente se dormirá. Entonces, la barrera del lenguaje habrá desaparecido, pero estarás inconsciente.
Meditar significa que el lenguaje no está, ahí, pero en un estado consciente. De otro modo, no hay comunión con la existencia, con todo lo que existe. Ningún mantra puede ser de ayuda, ningún cántico puede serio. La autohipnosis no es meditación. Al contrario, estar en estado de autohipnosis es una regresión. Con ello, no estás trascendiendo el lenguaje; caes a un estado aún más bajo.
Por tanto, abandonen todos los mantras, abandonen todas esas técnicas. Permitan que existan momentos en que no haya palabras. No puedes deshacerte de las palabras con un mantra, porque este proceso utiliza palabras. No puedes eliminar el lenguaje con palabras; es imposible.
¿Qué debemos hacer entonces? En realidad, no puedes hacer absolutamente nada, salvo comprender. Cualquier cosa que puedas hacer, surgirá únicamente de tu situación actual. Te encuentras confundido, no vives en estado de meditación, tu mente no está silente, de modo que cualquier cosa que provenga de ti sólo creará más confusión. Todo lo que puedes hacer en este momento es comenzar a darte cuenta del modo como funciona la mente. Eso es todo: sólo darte cuenta. Tomar conciencia no guarda ninguna relación con palabras. Es un acto existencial, no un acto mental.
Así es que lo primero es estar consciente. Estar consciente de tus procesos mentales, del modo como funciona tu mente. Apenas tomas conciencia del funcionamiento de tu mente, dejas de ser la mente. La sola conciencia significa que te encuentras más allá: lejano, un testigo. Y, mientras más consciente estás, mayor será tu capacidad para ver. Las brechas entre la experiencia y las palabras. Las brechas están ahí, pero estás tan poco consciente que nunca las ves.
Entre dos palabras siempre hay una brecha, aun cuando imperceptible, aun cuando pequeña. De otro modo, las dos palabras no estarían separadas; serían una sola. Entre dos notas musicales siempre hay una brecha, un silencio. Dos palabras o dos notas no pueden ser dos, a menos que exista un intervalo entre ambas. Siempre hay un silencio ahí; pero, para sentido, uno debe estar realmente consciente, realmente atento.
Mientras más alerta estás, más se lentifica la mente. Es siempre algo relativo. Mientras menos consciente estés, más rápida es la mente; mientras más consciente estás, más lento es el proceso mental. Cuando estás más consciente de la mente, ésta se lentifica y se amplían las brechas existentes entre los pensamien­tos. Entonces puedes verlas: Es igual que una película. Cuando el proyector se hace funcionar en cámara lenta, ves los espacios entremedio. Una película de mi acto de levantada mano tendrá mil fragmentos. Cada fragmento será una fotografía separada. Si estas miles de fotografías corren frente a tus ojos tan rápidamen­te que no puedas ver los espacios, ves la mano que se levanta como un proceso. Pero en cámara lenta, puedes ver los espacios.
La mente es igual que una película. Los espacios están ahí. Mientras más atento estés a tu mente, más los verás. Es como una imagen guestáltica: una imagen que contiene dos imágenes diferentes al mismo tiempo. Puedes ver una imagen o la otra, pero no las dos al mismo tiempo. Puede ser el retrato de una anciana y, al mismo tiempo, el de una joven. Pero si te centras en una, no verás a la otra; y, cuando te centras en la otra, pierdes de vista a la primera. Aun sabiendo perfectamente bien que has visto ambas imágenes, no puedes verlas simultáneamente.
Lo mismo ocurre con la mente. Si ves las palabras, no puedes ver los espacios; y si ves los espacios, no puedes ver las palabras. A cada palabra sucede un espacio, y a cada brecha sigue una palabra; pero no puedes verlas a las dos a la vez. Si te centras en los espacios, perderás de vista las palabras, serás impelido hacia la meditación.
Una conciencia focalizada sólo en palabras, es no-meditativa, y una conciencia centrada sólo en los espacios es meditativa. Cuando sea que tomes conciencia de los espacios, perderás las palabras. Si observas cuidadosamente, no encontrarás palabras: sólo encontrarás un espacio vacío.
Puedes ver la diferencia entre dos palabras, pero no la diferencia entre dos espacios. Las palabras están siempre en plural y el espacio es siempre singular: “el” espacio. Se fusionan y convierten en uno solo. Meditar es concentrarse en el espacio, en la brecha. Entonces toda la guestalt cambia.
Debemos comprender otra cosa. Si miras la imagen guestáltica y te concentras en la anciana, no puedes ver el otro retrato. Pero si sigues concentrándote en la anciana -si sigues concentra­do en ella, si le prestas toda tu atención- llegará el momento en que el foco cambie, y repentinamente la anciana habrá desapare­cido, y ahí tenemos al otro retrato.
¿Por qué ocurre esto? Ocurre porque la mente no puede permanecer focalizada durante mucho rato. Debe variar de lo contrario se duerme. Estas son las únicas dos posibilidades. Si te concentras, en una sola cosa, la mente se dormirá. No puede permanecer estable: es un proceso viviente. Si dejas que se aburra, se irá a dormir, huyendo de la paralización de tu foco. Entonces puede seguir viviendo en los sueños.
Esta es la meditación del tipo Mahesh yogi. Es pacífica, refrescante, puede ser útil para tu salud física y tu equilibrio mental, pero no es meditación. Lo mismo puede lograrse con autohipnosis. La palabra hindú mantra significa sugestión, nada más. Confundir esto con meditación es un grave error. No lo es. Y si la consideras como tal, nunca buscarás la verdadera meditación. Ese es el verdadero daño que producen tales prácticas y los que las promulgan. Es tan sólo una droga sicológica.
Así, entonces, no utilices ningún mantra para ahuyentar las palabras. Sólo toma conciencia de ellas, y la atención de tu mente se desplazará automáticamente hacia los espacios entre una y otra.
Si te identificas con las palabras, saltarás de una palabra a otra, y pasarás por alto los espacios. Otra palabra es algo nuevo en lo cual focalizar la atención. La mente varía a cada instante; el foco varía. Pero si no te identificas con las palabras, si eres sólo un testigo -lejano, sólo observando como las palabras se suceden unas a otras- toda tu atención cambiará, y tomarás conciencia de la brecha. Es igual que si miras pasar a la gente en la calle. Una persona ya pasó y la siguiente aún no. Hay un intervalo; la calle está vacía. Si estás mirando, conocerás este intervalo vacío.
Y una vez que conoces el espacio vacío, estás en él; has saltado a su interior. Es un abismo -da tanta paz, crea tanta conciencia- Permanecer en esta brecha es meditación, es transformación. Ahora ya no necesitas el lenguaje: te deshaces de él. Lo abandonas conscientemente. Estás consciente del silencio, del infinito silencio. Eres parte de él, eres uno con él. No tomas conciencia del abismo como algo separado de ti; lo percibes como parte de ti. Sabes, pero ahora eres el saber. Observas la brecha, pero ahora el observador es el observado.
En cuanto a las palabras y pensamientos, eres un testigo aparte; las palabras son algo separado de ti. Pero cuando no hay palabras, tú eres la brecha entre ellas: consciente, sin embargo, de que lo eres. Desaparece la barrera entre tú y la brecha, entre la conciencia y la existencia. Son sólo las palabras las que constituyen la barrera. Ahora te encuentras en una situación existencial. Esto es meditación: ser uno con la existencia, estar totalmente inmerso en ella, permaneciendo consciente. Esta es la contradicción, la paradoja. Ahora has conocido una situación en la que, eres consciente, estando además inmerso en ella.
Generalmente, cuando estamos conscientes de algo, ese algo se transforma en lo otro. Si estamos identificados con algo, nos unimos con eso, pero no estamos conscientes (como en la ira o en el sexo) Nos unificamos solamente cuando estamos inconscientes.
El sexo es tan atractivo porque en él nos unificamos por un instante. Sin embargo, en ese momento estás inconsciente. Buscas la inconsciencia, porque buscas la unidad. Pero mientras más buscas la inconsciencia, más consciente te pones. Entonces, no sentirás el éxtasis del sexo, porque el éxtasis surgía de la inconsciencia.
Podías ser inconsciente en un momento de pasión. Tu conciencia declina. Por un instante, estabas en el abismo, pero inconsciente. Pero mientras más lo buscas más se te escabulle. Finalmente, llega un momento en que tienes sexo y el momento de inconciencia ya no se presenta. El abismo se ha perdido, el éxtasis se ha perdido. Entonces, el acto resulta estúpido Es sólo una descarga mecánica; ya no le queda nada espiritual.
Sólo hemos conocido la unidad inconsciente; nunca hemos conocido la unidad consciente. La meditación es unidad cons­ciente. Es el otro polo de la sexualidad. El sexo es uno de los polos (unidad inconsciente) Y la meditación es el otro (unidad consciente) El sexo es el punto más, bajo de la unidad, y la meditaci6n es el cenit, el punto más alto de ella. El grado de conciencia marca la diferencia entre ambas.
La mente occidental piensa ahora en la meditación porque el sexo ha perdido su atractivo. Cuando quiera que una sociedad deja de reprimir al sexo, surge la meditación, porque la desinhibición del sexo mata su encanto y su romanticismo: matará su lado espiritual. En un medio tal, el sexo se practica intensamente; pero ya no es posible hacerla en forma incons­ciente.
Una sociedad sexualmente reprimida puede mantener su interés en el sexo; pero una sociedad no-represiva, desinhibida, no puede mantenerlo para siempre. Es algo que deberán trascender. Así es que si una sociedad es sexualmente libre, pronto surge la meditación. Una sociedad libre en el sexo es, para mí, el primer paso hacia la búsqueda.
Pero, por supuesto, la búsqueda puede ser explotada. Se le está explotando en el Oriente. Pueden suministrar gurús; pueden exportarlos. Y se les está exportando. Pero sólo se pueden aprender trucos con estos gurús. La comprensión surge al vivir la vida. No puede ser entregada, transferida.
No puedo entregarles mi comprensión. Puedo hablarles de ella, pero no puedo entregársela. Ustedes tendrán que encontrar­la. Deberán ir al encuentro de la vida. Deberán equivocarse; deberán fracasar; deberán soportar muchas frustraciones. Pero sólo a través de los fracasos, los errores y las frustraciones, sólo encontrando la verdadera vida, llegarán a la meditación. Este es el motivo por el cual digo que la meditación es un fruto, un producto.
Hay algo que debemos comprender, pero la comprensión que obtenemos de otro nunca podrá superar el nivel intelectual. Por esto Krishnamurti pide lo imposible. Él dice, "No me comprendan intelectualmente" pero de otra persona sólo podemos obtener comprensión intelectual. Ese es el motivo por el cual el esfuerzo de Krishnamurti ha sido absurdo. Lo que él dice es auténtico; pero cuando requiere más que comprensión intelectual del que lo escucha, pide lo imposible. Otra persona no puede entregamos nada más.
Sin embargo, la comprensión intelectual puede bastar. Si pueden comprender intelectualmente lo que digo, también pueden comprender lo que no he dicho. Pueden también comprender los espacios silenciosos: lo que no estoy diciendo, lo que no puedo decir. La primera comprensi6n será inevitablemen­te intelectual, porque el intelecto es la puerta. No podrá nunca ser espiritual. La espiritualidad es el santuario interno.
Sólo puedo comunicarme con ustedes en forma intelectual. Si realmente pueden comprenderlo, podrán también sentir lo que no he dicho. No puedo comunicarme sin palabras; pero cuando utilizo palabras, estoy también utilizando los silencios. Tendrán que estar atentos a ambos. Si sólo comprenden las palabras, tendremos una comunicación; pero si también pueden tomar conciencia de los espacios entre ellas, tendremos una comunión.
Debemos comenzar de alguna forma. Todo comienzo está destinado a ser un paso en falso, pero debemos comenzar. Al equivocarnos, al explorar a tientas, encontramos la puerta. El que piense comenzar sólo cuando tenga la, forma correcta de hacerla, nunca dará el paso inicial. Aún un paso en falso es un paso en la dirección correcta, porque es un paso, un comienzo. Comienzas a tentar en la oscuridad y buscando a tientas encuentras la puerta.
Es por eso que les digo que estén atentos al proceso lingüístico -el proceso de las palabras- y que busquen tomar conciencia de las brechas, de los intervalos. Habrá momentos en que, sin hacer un esfuerzo consciente, tomarán conciencia de los intervalos. Ese es el encuentro con lo divino, el encuentro con lo existencial.
Cuando quiera que tengas un encuentro, no huyas, Permane­ce allí. Tendrás miedo al principio; eso es inevitable. Cada vez que te encuentras con lo desconocido, surge el miedo, porque para nosotros, lo desconocido es la muerte. Así es que cada vez que encuentres un intervalo vacío, sentirás que la muerte se te acerca. Entonces ¡muérete! Permanece en eso, y muere por completo en esa brecha. Y tendrás un renacer. Muriendo tu muerte en silencio, la vida resucita. Estarás vivo por primera vez, realmente vivo.
Así es que para mí, la meditación no es un método, sino un proceso; la meditación no es una técnica, sino que una comprensión. No puede enseñada; sólo se puede indicar en su dirección. No puedes informarte acerca de ella, porque ninguna información es realmente información. Viene del exterior y la meditación surge de tus propias profundidades internas.
­ Así, entonces, busca, sé un buscador y no un discípulo. Así, no serás el discípulo de algún gurú, sino que un discípulo de la vida entera. Entonces, no estarás solamente aprendiendo palabras. El aprendizaje espiritual no puede provenir de las palabras, sino que de las brechas, de los silencios que siempre te rodean. Están ahí, incluso en medio de la muchedumbre, en el mercado, en el bazar. Busca los silencios, busca los espacios vacíos, dentro y afuera, y un día te encontrarás meditando.
La meditación viene hacia ti. Es siempre ella la que se acerca; no puedes traerla Pero uno debe estarla buscando, porque sólo cuando la estás buscando estarás abierta ella, vulnerable a ella. Eres su anfitrión. La meditación es un invitado. Puedes invitarla y esperarla. Va al encuentro del Buda, va al encuentro de Jesús, se acerca a todos los que están listos, receptivos, buscando.
Pero no intentes aprenderla de alguien; serás engañado si lo haces. La mente siempre busca lo más fácil. Este es el origen de la explotación. Entonces vienen los gurús y toda su cosa, y la vida espiritual se envenena.
La persona más peligrosa es la que explota la premura espiritual. Si alguien te roba tu dinero no es tan grave, si alguien te falla no es tan grave; Sin embargo, si en tu camino hacia la meditación, hacia lo divino, hacia el éxtasis, alguien te engaña o te desvía de tu senda de una u otra forma, el pecado es grande e imperdonable.
Pero eso se está haciendo. Así es que estén alertas y no le pregunten a cualquiera, "¿Qué es la meditación? ¿Cómo debo meditar?" En lugar de eso, pregunta cuáles son las cortapisas, cuáles son los obstáculos. Pregunta por qué no estamos siempre en estado meditativo, dónde se detuvo el crecimiento, dónde fuimos mutilados. Y no busques gurús, porque los gurús son mutiladores. Cualquiera que te dé fórmulas hechas no es un amigo, sino un enemigo.
Busca a tientas en la oscuridad. Nada más puedes hacer. La búsqueda misma se transformará en la comprensión que te liberará de la oscuridad. Jesús dijo: "La verdad es libertad". Comprende esta libertad. La verdad siempre viene a través de comprensión. No es algo con lo que te encuentras; es algo en lo cual evolucionas. Así es que busca la comprensión, porque mientras, más comprendas, más te acercarás a la verdad. Y en algún momento desconocido, inesperado, impredecible, cuando la comprensión llegue a su clímax, te encontrarás en el abismo. Ya no eres: sólo la meditación es.
Cuando ya no eres, estás meditando. La meditación no es algo agregado a ti; está siempre más allá de ti. Cuando estás en el abismo, la meditación está allí. Entonces el ego no es; ya no eres. Sólo el ser es. A eso se refieren las religiones cuando mencionan a Dios: el ser supremo. Es la esencia de todas las religiones, de todas las búsquedas, pero nunca la encontrarás empaquetada y lista. Así es que tengan cuidado de cualquiera que presuma acerca de ella.
Sigue buscando a tientas, y no le temas al fracaso. Admite los fracasos, pero no cometas los mismos de nuevo. Una vez basta; eso es suficiente. El que se extravía una y otra vez en la búsqueda de la verdad es siempre perdonado. Esta es una promesa que proviene de las profundidades mismas de la existencia.




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