Asumir el riesgo del cambio: vivir el "impasse"



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ASUMIR EL RIESGO DEL CAMBIO: VIVIR EL "IMPASSE"
Alejandro Unikel Spector
"El acróbata que se lanza desde un trapecio a otro sabe el momento preciso en que debe soltarse. Calibra su peso con exquisita precisión y por

un instante no tiene otro apoyo que su propio impulso, Seguimos la curva de su salto mortal con el corazón en vilo, y lo amamos porque se

arriesga a afrontar ese instante de total desamparo". (Polster y Polster, 1991)
Las adaptaciones inevitables para la sobrevivencia.
El comienzo estuvo en el seno de nuestra madre. Dentro del agua todo debió ser felicidad; pero una vez afuera las cosas cambiaron. Durante la

infancia, si tenemos suerte, nuestros padres nos aman, nos cuidan, nos protegen, nos inspiran confianza y seguridad; alientan nuestros

esfuerzos y nos impulsan; es decir, nos preparan para la vida. En estas condiciones, supuestamente, tengo confianza en mí mismo y en los

otros, y el mundo es un lugar seguro y confiable donde vivir. En el otro extremo de esta fantasía idílica, pero dentro del mismo concepto, está lo

que todos sabemos que se produce cuando el niño recibe desamor, descuido de sus necesidades básicas, falta de apoyo y demás situaciones

diversas con su secuela de inseguridad, vulnerabilidad y angustia. Desde luego que esta visión es polar, y que hay un espectro entre esos

extremos donde se ubica cada persona, según "le haya ido en la feria".
Las personas más cargadas hacia la primera situación no estarían "dañadas" -o su daño sería menor- y tendrían menores necesidades de

"adaptación para la sobrevivencia". A mayor afectación, mayores necesidades de adaptación a la inseguridad, a la vulnerabilidad, a la

confusión, y a la ansiedad que todo aquello acarrea. ¿Cómo sobrevive el niño frente a esto? Aparentemente inventando todo lo que esté a su

alcance para neutralizar esos terribles sentimientos: ser muy cuidadoso, no sentir, no quejarse, esconderse física o emocionalmente, mantener

los ojos bien abiertos cada instante, fingir, mentir, hacerse el fuerte, contraer los músculos, manipular... El niño tiene que crear las mejores

respuestas de adaptación a su alcance. Esta teoría hace depender las necesidades de adaptación para la sobrevivencia de lo que el niño recibió

del ambiente familiar; sin embargo, existen otras que ponen el acento en aspectos diferentes.
Para Ernest Becker el temor a la muerte es la "angustia básica" inevitable que el ser humano necesita reprimir para sobrevivir.
El temor a la muerte -dice- es algo... que se presenta en todos... es el temor básico que influye sobre todos los demás, un temor al que nadie es

inmune, por mucho que se le disimule. -Y agrega- Este temor es en realidad una expresión del instinto de conservación que funciona como

impulso constante para mantener la vida y vencer los peligros que la amenazan... en otras palabras, el temor a la muerte debe estar presente

detrás de todas las funciones normales, para que el organismo se arme para su conservación... si tuviéramos una conciencia constante de

este temor seríamos incapaces de funcionar normalmente. Esto debe estar adecuadamente reprimido para que podamos vivir con cierta

comodidad" (Becker, 1979, pág.37,39,40)


Cabe aclarar que la muerte no es temida necesariamente en su expresión directa y concreta; muchas veces es más bien un símbolo confuso y

terrible frente al cual hacemos multitud de esfuerzos para mantenerlo apartado. En el niño ésta es más evidente, porque el niño


... es demasiado débil para hacerse responsable de todos sus sentimientos destructivos, y no puede dominar la mágica ejecución de sus

deseos; (porque) no tiene una capacidad firme para organizar sus percepciones y sus relaciones con el mundo (y porque) no tiene un

control real del proceso de causa y efecto mágico que él siente dentro de sí, en la naturaleza y en los demás: sus deseos destructivos pueden

estallar, como los deseos de sus padres. Las fuerzas de la naturaleza son confusas, externa e internamente, y para un ego débil este hecho...

se añade al terror" (Ibid. pág. 42).
Frente a estos hechos es inevitable la creación de formas de adaptación para la sobrevivencia, que Becker llama "carácter":
"La mentira del carácter -dice- se construye debido a que el niño necesita adaptarse al mundo, a los padres y a sus propios dilemas

existenciales. Se construye antes de que el niño tenga oportunidad de saber algo de sí mismo de manera abierta y libre, y por consiguiente

las defensas del carácter son automáticas e inconscientes. El problema es que el niño se vuelve dependiente de ellas y se encierra en su

armadura... y no es capaz de ver libremente más allá de su propia prisión o de sí mismo, de las defensas que él usa, de las cosas que

determinan su falta de libertad. Lo mejor que un niño puede esperar es que su actitud... no sea de un tipo 'equivocado', que haga que su

carácter esté demasiado temeroso del mundo para poder aceptar las posibilidades de la experiencia". (Ibid., pág. 119)


Mientras el niño pequeño no advierte la separación entre él y su medio, vive tranquilo; pero en cuanto desarrolla la consciencia de sí mismo, la

capacidad de elección entra en acción y genera inevitablemente conflicto y ansiedad, frente a los cuales tiene que defenderse para sobrevivir.


"El niño se da cuenta de que sus objetivos y sus deseos pueden... entrar en pugna con sus padres y desafiarlos. La individuación se gana

ahora sólo al precio de hacer frente a la ansiedad implícita en la adopción de una posición tanto en 'contra' como 'con' el propio medio.

(Como puede verse) la conciencia de sí mismo es la base de la responsabilidad, (del) conflicto interno y (del) sentimiento de culpa

(inevitables) en el individuo (que se encuentra en) desarrollo" (May, 1990, pág.146)


En conclusión, sea por una razón o por otra, aparentemente, el hombre no puede evitar la edificación de formas que le permitan sobrevivir frente

al hecho mismo de enfrentar la vida y la muerte; y si bien éste es un proceso que la persona inicia en la infancia, invierte toda su vida en tratar

de ajustar los finos y sofisticados mecanismos con que cuenta, para mantener esa sobrevivencia a la altura de sus necesidades.
Cuando las adaptaciones para la sobrevivencia empiezan a fallar; surge la disfuncionalidad (1)
Muchos de los mecanismos anteriormente citados sirven eficientemente durante la infancia y después; pero otros, tan anclados en nuestras

necesidades vitales infantiles, se oponen posteriormente a las necesidades de otras épocas de la vida. En estos casos las respuestas "óptimas"

en la infancia se vuelven inoperantes en la adolescencia y en la edad adulta. Así, muchas veces, de manera automática e inconsciente, nos

enfrentamos a las exigencias de nuestra vida adulta con los medios que utilizamos para resolver nuestros problemas infantiles; y con frecuencia

no funcionan.
Se me ocurren algunos ejemplos simples:
· si de niño, para evitar ser criticado por mis padres o hermanos tuve que aprender a callarme, de adulto tendré problemas para expresarme en

general, o para hablar frente a un grupo.


· si de niño, aprendí a ocultar mis sentimientos para no ser dañado por los demás, de adulto podré tener limitaciones para vincularme

afectivamente con mi pareja.


· si de niño sólo pude mantener el cariño de mis padres esforzándome sobremanera, dando una imagen de perfección, de adulto esta

sobreexigencia hará muy difícil cualquier actividad que emprenda.


Evidentemente en la realidad los hechos no son tan transparentes y las causas de nuestras deficiencias se pierden en una confusa maraña de

recuerdos, sensaciones y sentimientos. Sin embargo parece cierto que la persona puede vivir al amparo de sus formas de adaptación habituales,

hasta que las necesidades propias de la edad y el crecimiento las hacen inoperantes, arrastrándola a la confusión y a la angustia. Creo que es

entonces el momento terrible en donde la disfuncionalidad hace su aparición. Mi propia experiencia es la siguiente:


De repente en un instante, hacia los 15 años, todo dejó de tener sentido, mi cabeza se pobló de una gran cantidad de preguntas sin

respuesta y mi cuerpo de sensaciones de terror.


Empecé a sentirme muy infeliz sin saber qué es lo que me sucedía.
Solamente me percataba de que no podía reaccionar ni luchar.
Estaba posesionado por una parte de mí mismo que me hacía sufrir enormemente;
y percibía con gran angustia mi incapacidad para hacer algo al respecto.
No contaba conmigo mismo. Estaba muy solo, a pesar de tener a todos alrededor mío.
Este fue el estallido de una conmoción interna que no ha parado hasta la fecha, y -si bien he podido vivir, crecer y conocer cada vez más la

plenitud- creo que no cesará hasta que deje de existir.


La vivencia de la disfuncionalidad
Algunas expresiones de la disfuncionalidad que pude constatar son las siguientes.
Disociación interna. En la disfuncionalidad existe una experiencia de división, de disociación, de desgarramiento interno, por la cual una parte

de mí -de la que soy consciente- ve y siente la vida de una manera; y otra -que percibo que es mía solamente en la medida que sale de mi, pero

que me es desconocida y hostil- se opone fírmente a ello.
Carencia de libertad. Coincido con Rollo May cuando dice que la persona neurótica que asiste a la terapia... se describe como 'impulsada',

incapaz de saber o elegir lo que quiere, y siente varios grados de insatisfacción, infelicidad, conflicto y desesperación. (...) a menudo dicen 'no

sé lo que siento; no sé quién soy' (y) los resultados sintomáticos son la amplia gama de conflictos de ansiedad, pánico y depresión" (pág. 146)
Autoestima devaluada. Según Branden, la autoestima tiene dos componentes: "un sentimiento de capacidad personal y un sentimiento de valor

personal". Tener autoestima "..es desarrollar la convicción de que uno es competente para vivir y digno de ser feliz" (Branden, 1991, pág. 12 y

14) Por oposición, creo que el neurótico vive ese sentimiento de falta de valor personal y de incapacidad para vivir la vida; además una íntima

percepción de no ser digno de ser feliz.


Angustia . La angustia es el "aceite" de la disfuncionalidad, ésta se expresa siempre por su aparición, y por los esfuerzos desesperados e

inútiles para combatirla. En todos los casos, dice Karen Horney: "...nos enfrentamos con un factor... común: la angustia y las defensas

levantadas contra ésta (...) esa angustia es el factor que desencadena el proceso neurótico y lo mantiene en actividad". La angustia tiene

significado oculto y es subjetiva, a diferencia del miedo que es objetivo y evidente; en virtud de ésta


"...(es inútil) todo intento por librar a un neurótico de su angustia mediante la argumentación persuasiva, pues esa angustia no se refiere a

la situación, tal como objetivamente existe en la realidad, sino (a) como el neurótico la ve" (Horney, 1993, pág. 24 y 42)


No contar consigo mismo. La persona disfuncional está sola en la mayor de las soledades, pues no cuenta consigo misma. Para Kierkegaard la

neurosis es un "encerramiento" en donde "la persona (...) está encerrada, (pero) fuera ' de sí, así como de los demás (...) y se (vive con) rigidez,

carencia de libertad, vacuidad y tedio" (Kierkegaard, citado por May, 1990, pág.71). Estar encerrado fuera de mi, es estar esclavizado por algo

que no sé qué es. Este aislamiento de sí mismo representa la dificultad de contactar con su propia fuerza; por ello al neurótico se le dificulta

actuar, porque no cuenta con su propia energía.
El sin-sentido de la vida. Cuestionarse por el sentido de la vida -dice Frankl- es una cuestión totalmente humana que afirma la sanidad de la

persona. Pero ser rebasado por la duda para entrar en la angustia y la desesperación, conducen a vivir la existencia como una carga

interminable, sin sentido. A esto le llama la neurosis noógena porque se origina en el des-encuentro con nuestro espíritu -el noós; y es

únicamente desde esta dimensión espiritual desde donde podemos re-descubrir el sentido de nuestra vida (Frankl, 1987, pág. 59,60)


La disfuncionalidad como oportunidad.
Pero la disfuncionalidad es una oportunidad, porque el disfuncional se da cuenta de su miseria, sufre, quiere cambiar su vida y busca ayuda.
Según Jung:
Un brote de neurosis tiene un fin determinado, es una oportunidad para darnos cuenta de quiénes somos en oposición a quiénes creemos

ser. Al trabajar los síntomas que invariablemente acompañan a una neurosis: -angustia, miedo, depresión, culpa y especialmente conflicto-

nos percatamos de nuestras limitaciones y descubrimos nuestras verdaderas fortalezas. (...) la neurosis es realmente un intento de

autosanación... del sistema psíquico autorregulador para restablecer el equilibrio (Jung, citado por Sharp, 1994, pág. 130,131)


En cambio muchos no acceden a esa oportunidad y viven en la pobreza humana; Becker los llama "hombres no auténticos" porque:
"... evitan desarrollar su singularidad, siguen los estilos de vida automáticos y sin sentido crítico en los que fueron condicionados desde

niños (...) porque no se pertenecen a sí mismos, ni son ellos 'mismos', ni actúan apoyándose en su centro, ni advierten la realidad en sus

propios términos. Se desarrollan en una sola dimensión, totalmente inmersos en los juegos ficticios a los que juega su sociedad, incapaces

de trascender su condición social" (Becker, 1979, pág. 120)


La dificultad para cambiar
El neurótico es una persona que vive -en mayor o menor grado- una vida infeliz. Se percata de ello, busca ayuda y se embarca en una terapia

difícil, esforzada, costosa y prolongada; sin embargo con bastante frecuencia siente que no puede cambiar, o que los cambios son muy lentos.

Se enfrenta a esas resistencias internas que no comprende, y que se oponen cerradamente a sus intentos, en una batalla desgastante y

decepcionante; ésta es una de las condiciones más dolorosas de la disfuncionalidad.


Cómo entender la paradoja: si estoy tan infeliz, ¿por qué me es tan difícil cambiar? ¿Por qué prefiero -aunque no lo perciba conscientemente-

quedarme en donde estoy con esa vida de miseria, en vez de actuar de otra forma? ¿Cómo se explica que, desde mi ser profundo al que no tengo

acceso, elija permanecer en la infelicidad?
Recuerdo que la primera vez que le escuché a Myriam Muñoz la frase: "estás cómodamente instalada en tu infelicidad", fue como encontrar la

pieza del rompecabezas para entender lo que les pasaba a varios de mis clientes. Se me ocurrió, en aquel entonces, para ordenar mis ideas

escribir lo siguiente, que sigo creyendo vigente:
la infelicidad puede ser la posición más cómoda
puedo estar cómoda y satisfechamente infeliz
mi infelicidad puede ser la base de mi deseo de no moverme, de no cambiar
mi felicidad puede ser mucho más incómoda, amenazante e indeseable que mi infelicidad
puede ser mucho más fácil, más deseable y más provechoso ser infeliz que feliz.
Una explicación posible puede verse en la disociación; en el hecho de que el disfuncional está dividido, por un lado en la parte que sostiene
-automática e inconscientemente- las formas arcaicas de adaptación, y por el otro aquella que requiere desesperadamente abandonar esas

formas para adaptarse a un nuevo mundo de exigencias; este conflicto lo produce la disociación. Creo además que para defenderse, esa parte

inconsciente que sostiene lo arcaico crea los "síntomas", que funcionan para mantener el cumplimiento de "mandatos" infantiles.
Un ejemplo simplificado de ese mecanismo es el siguiente:
Aprendizaje:

Recibí de niño el mensaje: "eres un inútil, no puedo tener confianza en ti, cada vez que hablas dices tonterías".

Aprendo que no puedo confiar en mí, pues mis padres, hermanos y maestros me dicen que todo lo hago mal.

Mandato


Decido no exponerme, no hablar demasiado para no dañarme porque cuando lo hago recibo desaprobación, y eso me

angustia mucho; me digo: ¡no te expongas, no salgas de ti mismo, enciérrate en ti mismo! Aprendo a actuar

automática e inconscientemente de esta manera.

Síntomas

A medida que crezco tengo necesidades "de salir de mí mismo" y de comunicarme con los demás; pero hacerlo me

amenaza mucho por mi aprendizaje infantil. Creo entonces un "síntoma" que me protege de caer en lo que me

amenaza. Frente a la necesidad de hablar en público, por ejemplo, porque mi trabajo así me lo exige, creo la fantasía

de que se me nublará la mente, no recordaré nada, y me quedaré en ridículo frente al auditorio. La fantasía -el

síntoma- busca que yo no me exponga a la situación amenazante; el síntoma "me protege" precisamente a través de lo

que más me hace sufrir: la angustia.

Acción contra el

síntoma.

Estudio mucho más que todos, preparo mis conferencias compulsivamente hasta que me las conozco al derecho y al

revés. Invento modos ingeniosos de exponer, etc. Pero todo eso no me quita la ansiedad. ¿Por qué?

Instalado en mi

infelicidad.

Conscientemente quisiera salir de la angustia, acabar con el síntoma, ¡es tan absurdo! ¿Por qué es tan difícil, casi

imposible? Precisamente porque el síntoma, que me hace tan infeliz ahora de adulto, es lo que me mantuvo seguro de

niño; lo mantengo automática e inconscientemente como una forma de conjurar la amenaza de mi seguridad.

De esta manera, esta infelicidad es la consecuencia de conservar inconsciente e involuntariamente mis formas arcaicas de adaptación, que me

fueron indispensables en la infancia, pero que ya no me sirven en la actualidad; esto continuará hasta en tanto no pueda contactar con esa

experiencia y trabajar en ella para transformarla en otra distinta y salvadora.


El mundo de "la sombra" donde habitan "mis personajes internos"
Desde este modelo, el individuo está integrado por "partes", por fuerzas diversas, muchas veces encontradas, que se mueven en direcciones

distintas o francamente opuestas, animadas por necesidades diferentes. Jung dice que " La sombra (son los) aspectos ocultos o inconscientes

de uno mismo, tanto positivos como negativos, que el ego ha reprimido o nunca ha reconocido". (Jung citado por Sharp, 1994, pág. 187)
Aparentemente, estos aspectos desconocidos por el yo-consciente se mueven en función de sus propios propósitos, y ejercen una influencia

determinante en la vida del individuo, pues


... cada uno de nosotros proyecta una sombra más obscura y compacta cuanto menos encarnada se halle en nuestra vida consciente, (y)

constituye, a todos los efectos, un impedimento inconsciente que malogra nuestras mejores intenciones." (Jung, citado por Zweig y recop.

1993, pág. 32)
Mi percepción personal es que fuera del área de mi consciencia se expande el mundo de mis "selfs", de mis "personajes", de los "habitantes

que viven en mí" y que conozco muy poco o en absoluto. Son muchos y muy diversos; cada uno tiene su propia fecha de nacimiento, sus

intereses vitales, sus reglas de juego, y su forma de interpretar al mundo; de hecho yo veo el mundo a través del personaje que esté al frente en

ese momento en mí. Algunos de esos "personajes" son más poderosos que otros, y unos -muchos todavía- son más fuertes que mi

yo-consciente.
¿Cómo se comunican esos personajes del mundo inconsciente; cómo me doy cuenta de su existencia? En primer lugar, mi cuerpo me lo dice

constantemente a través de mis sensaciones, y aunque la mayoría del tiempo no capto los mensajes, sí sé de donde vienen. Otros medios,

seguramente no los únicos pero igualmente confusos, son mis fantasías irracionales, es decir mis síntomas, mis sueños y los mensajes

psicosomáticos que recibo. Mi intento de comunicación es intenso y constante, pero aún no aprendo bien el lenguaje para descifrar lo que me

quieren decir.
Aunque muchos de los "personajes" hacen mi vida difícil, estoy convencido de que no puedo expulsar definitivamente a ninguno; y, por si eso

fuera poco, parece que tampoco sería justo. ¿Qué significa esto?. Yo identifico, en alguna medida este concepto de "personajes" o de

"habitantes" internos con el de la "resistencia" de Polster, que dice que es "cualquier obstáculo intrapersonal que estorbe el movimiento en las

direcciones (que la persona persigue), oponiéndole una barrera pertinaz y ajena a la conducta natural del sujeto." La primera reacción es vivir a

la resistencia como un enemigo, como "... un saboteador, y se la considera, no como un agente del yo, sino del anti-yo... poseída por demonios

o espíritus malignos. (Sin embargo) la resistencia merece un trato más equitativo (pues es)... una fuerza (que el individuo ha tenido que crear)

para manejar un mundo difícil." Y agrega Polster:
"En vez de procurar eliminar la resistencia, conviene observarla atentamente suponiendo, en el mejor de los casos, que una persona crece a

fuerza de resistir, y en el peor, que la resistencia de todos modos es parte de la identidad, (y que suprimirla) a fin de volver a la pureza

pre-existente es un sueño vano, porque la persona, después de haber resistido, es una persona nueva y no hay posibilidad de volver atrás"

(Polster, 1991, pág. 63)


El "impasse" como la puerta de entrada a la integración
La experiencia dolorosa del desgarramiento es todavía más dolorosa si vivimos nuestras "resistencias" o los "personajes" que nos habitan

como "enemigos animados por el demonio". Por difícil que sea aceptarlo, esas fuerzas que se oponen ahora a nuestros deseos conscientes,

son, como dice Polster, recursos que la persona creó para sobrevivir, para manejar ese mundo difícil, sobre todo en la infancia, pero que ya no

funcionan para satisfacer las necesidades adultas.


El trabajo a realizar no es de eliminación sino de integración, y ésta es algo así como la búsqueda de un equilibrio de fuerzas entre lo conocido y

lo desconocido. Creo que esa integración es un trabajo difícil que requiere de buena fe y valor, y una de cuyas "puerta de entrada" posibles es

la llamada experiencia del "impasse".
Pero ¿qué es el impasse? En algún momento del proceso de la terapia la persona se da cuenta de que para avanzar tiene que arriesgarse a dejar

la seguridad de sus pautas habituales de sobrevivencia, para encontrar sus nuevos recursos. Dejar la seguridad de lo conocido por lo

desconocido; "lanzarse al vacío", para encontrar algo que aún no se ve, es muy angustiante, porque sentimos que "vamos a caer en la nada".

Esta es la experiencia del impasse. Es la del trapecista (que está al principio del trabajo). Tener la posibilidad y el valor para vivirla, es una labor

heroica.
Quiero describir cómo conciben el impasse algunos pensadores importantes para mí.
Perls. El "impasse": punto crucial del crecimiento
Perls era un tipo rudo que trataba rudamente a sus pacientes; le molestaba mucho la manipulación y confrontaba fuertemente para situar al

cliente frente a su verdad cruda. "Muy pocas personas entran en la terapia para ser curadas; lo hacen más bien para cultivar su neurosis" decía

(Perls, 1990, pág. 50). Tal vez por eso la experiencia del impasse fue tan importante para él, porque a través de ella, la persona se veía forzada a

hacerse cargo de sí misma con sus propios recursos.


Por favor, tomen nota de la palabra -decía Perls- el impasse es el punto crucial de la terapia, el punto crucial del crecimiento -y agregaba- ...

es la situación en que el apoyo ambiental o el soporte interno obsoleto ya no llega más y el auto-soporte auténtico no se ha logrado aún (y

desde ahí forzosamente la persona) moviliza .. su potencial, (sus) recursos internos..... (por ello el impasse) es la transformación desde el

apoyo ambiental al auto-soporte (pues) el objetivo de la terapia es lograr que el paciente no 'dependa' de otros, sino que descubra...que

puede hacer muchas cosas, muchísimas más que las que él mismo se imaginaba. (Ibid. pág. 41)
Para lograr esto -que es uno de los propósitos básicos de la psicoterapia gestalt- la persona tiene que abandonar los anclajes viejos que le dan

simultáneamente seguridad e infelicidad y lanzarse al vacío en busca de nuevos anclajes enraizados en sus propias fuerzas.


Otra forma de entenderlo es que -como también dice Perls- el impasse es el momento en donde la persona decide utilizar su energía para crecer,

en vez de emplearla en tratar de manipular, de controlar el mundo. Esto se logra a través de la frustración, de quitar los apoyos falsos u

obsoletos y someter a la persona al " vacío fértil" desde el cual moviliza todo de lo que es capaz para sobrevivir, pero ahora, apoyado en él

mismo. Me hace mucho sentido lo que dice Perls de que utilizamos la angustia para evitar entrar en el impasse:


Una persona únicamente 'cree' que no tiene recursos a su disposición. Evita usar sus propios recursos fabricando una serie de

expectaciones catastróficas. (Mediante estas fantasías) nos impedimos de vivir, de ser, (de) correr los riesgos razonables que son parte del

crecer y vivir" (Ibid., pág. 50)
Frankl. La oposición del espíritu frente a la posición de los "destinos"
Victor Frankl, el creador de la logoterapia es, a mi juicio, uno de los mayores impulsores del esfuerzo y del ejercicio de la voluntad; es el

abogado de la dignidad y de la honestidad, por encima de cualquier circunstancia. Nos dice


... incluso cuando la vida queda reducida a la mínima expresión y todo parece carente de significado, permanece aún la libertad

fundamental... de escoger la propia actitud frente al destino. Esta elección quizá no cambie el destino, pero ciertamente cambia a la

persona. . (Frankl, 1987, pág. 134, 146)
Frankl dignifica el esfuerzo al margen de los resultados que obtenga la persona, pues sabe que éstos muchas veces no dependen de ella, en

cambio el esfuerzo sí. Para Frankl, esta capacidad de elegir la propia actitud frente a cualquier circunstancia, se genera en el espíritu. El espíritu

tiene la capacidad de "o-ponerse" a lo que él llama "la posición de los destinos": el biológico, el psicológico y el social, que conforman la

realidad ineludible de cada persona; y, aunque muchas veces no la pueda cambiar, sí transforma la calidad de la persona. Creo que llegar al

punto donde puedo elegir desde mi espíritu, aunque esto me signifique fuertes riesgos, es otra forma de vivir el impasse.
Jung. La función trascendente o la tensión de los opuestos
La "función trascendente" se crea cuando, como producto de un proceso personal, lo que quiere una parte mía (el cambio) tiene la misma fuerza

que la parte que se le opone (el no cambio); y llegado ese momento, si soy capaz de mantener "la tensión entre los opuestos", de no inclinar la

balanza para ninguna de las dos posiciones, algo "milagroso" -totalmente irracional- sucede, que resuelve el conflicto a favor del crecimiento de

la persona.


Jung lo dice así:
Cuando hay una completa paridad entre los opuestos, confirmada por la absoluta participación del ego en ambos, (se produce) una

suspensión de la voluntad, pues ésta ya no puede funcionar (porque) cada motivación tiene una contramotivación igualmente fuerte. Puesto

que la vida no puede tolerar una detención... la tensión entre los opuestos (crea) una nueva función unificadora que los trasciende. (Jung,

citado por Sharp, 1992).


A esto le llama Jung "la función trascendente" porque "trasciende" a las tendencias de "la conciencia y del inconsciente" que son las partes en

conflicto. Sharp agrega a esta reflexión: "este proceso requiere de un ego que pueda mantener su punto de vista frente a la contraposición del

inconsciente. (...) La confrontación entre ellos genera una tensión cargada de energía (que) crea una tercera esencia viva" (pág. 85) y agrega

"Este "tercero", la función trascendente ... siempre representa la intervención creativa y guía del Sí Mismo, el arquetipo de la totalidad, el cual

en el modelo junguiano de siquis, funciona como el centro regulador de la personalidad. El cambio es posible, requiere de tiempo y esfuerzo, y

también de sacrificios, pero ocurre" (Sharp, 1992, pág.122)


Kierkegaard. La angustia como la gran maestra del crecimiento
Para Kierkegaard, la posibilidad de lograr la libertad se da a través de la ampliación de la consciencia de uno mismo y de la capacidad de

responder como persona a las exigencias de la vida. Esto sólo es posible si la persona logra aventurarse en nuevas áreas de acción. Por ello dice

que "la libertad implica siempre una ansiedad potencial " -y califica a la ansiedad como "el vértigo de la libertad" porque existe siempre en

cualquier intento de crecimiento personal. Cabe aclarar que para Kierkegaard esta es una ansiedad "normal" que se opone a la "angustia

neurótica", que surge cuando la persona ha sido incapaz de hacerle frente a la primera como parte natural de su crecimiento, y se queda

"encerrada" en la neurosis.


"Nada se puede lograr a menos que el individuo tenga el coraje de hacer frente y atravesar las experiencias amenazantes del aislamiento y

la ansiedad (inevitables para cumplir) las posibilidades ...de la personalidad" (Kierkegaard, citado por May, 1990, pág. 70)


Por ello para Kierkegaard la angustia es "la verdadera maestra" del crecimiento, más que la realidad, pues mientras a ésta se la puede evitar

temporalmente, la otra es omnipresente.


Pearson. La travesía del héroe
"Todo aquél que emprende la travesía ya es un héroe" dice Carol Pearson. Creo que cualquier persona que se embarca en un proceso de cambio

personal está en el camino del héroe.


"La travesía del héroe -dice Pearson-... es, en primer lugar un viaje para encontrar el tesoro de nuestro verdadero Self o Sí Mismo, y luego

retornar a casa a entregar nuestro don para.. transformar el reino y, nuestra propia vida. La misión está llena de peligros y obstáculos, pero

ofrece grandes recompensas..." (Pearson, 1992, pág. 15)
La travesía incluye tres etapas: la preparación, el periplo y el regreso.
"Durante la... preparación, enfrentamos el desafío de probar que somos competentes, valientes, y poseemos humanidad y fidelidad... Durante

la travesía, abandonamos la seguridad de la familia, o la tribu y nos embarcamos en una misión en la que hallaremos muerte, sufrimiento y

amor. Pero... nuestro Self... se transforma. (y) cuando se produce nuestro retorno...nos convertimos en Gobernantes de nuestros reinos" (

Ibid., pág. 23)


Despertar al héroe interior que hay en cada uno de nosotros, nos habilita para hacer la travesía. Tener la fortaleza para pasar la puerta de "lo

familiar-seguro" para ingresar en el mundo de "lo no familiar-incierto-inseguro" es, a mi juicio, llegar al impasse y trascenderlo; es despertar el

héroe interior. "El modo de librarnos de la posesión de la Sombra es poner en marcha nuestro potencial heroico... El héroe está... dormido.

Nuestra tarea es despertarlo". (pág. 35)


El camino hacia el reencuentro personal a través del impasse
El camino hacia mí mismo empieza, creo, en el momento en que me puedo aceptar como este ser confuso, diverso, cambiante todo el tiempo,

habitado por esa multitud de "personajes" cada uno con necesidades propias, muchas veces contradictorias, que ven e interpretan el mundo a

su manera. Esto ocurrirá una vez que acepte que todos los "personajes", por absurdos y caprichosos que parezcan, merecen ser escuchados

sin prejuicios, una vez que me dé cuenta de que mi trabajo es hacer lo mejor posible para armonizar esos impulsos caóticos.


Llegar al impasse es vivir el momento afortunado de soltarse, de sentir la fortaleza para lanzarse al aire, para abandonarse al "misterio" que

supone la fe en sí mismo y en esas fuerzas bienhechoras incomprensibles, pero presentes.


Ciertamente llegar al impasse no es una cuestión de "voluntad"; de ser así sería muy sencillo. Es algo mucho más difícil que requiere un cierto

nivel de integración de las energías internas que permitan a la persona vivir el "terror" del vacío", del "morir para renacer". Por eso siento -lo

digo de nuevo- que emprender el camino hacia el impasse es un trabajo muy difícil y heroico.
¿Quién sufre, quién registra la experiencia?
Pero ¿qué parte de mí tiene a su cargo el trabajo de "dejarse morir" de "dejarse caer al vacío"?; ¿quién sufre, quién siente el dolor, quién es el

que le tiene miedo a la muerte, quién crea y resiente la fantasía catastrófica? No son mis "personajes", no son mis "selfs", no es mi "sombra". Es

éste, "el de la voz", "el que habla", este "yo-consciente". Desde esta consciencia registro toda la experiencia de mi persona.
Freud dice algo que me aclara:
El yo tiende al placer y quiere eludir el displacer. Responde con la 'señal de angustia' a un aumento esperado y previsto de displacer,

calificándose de 'peligro' el motivo de ese aumento, ya amenace desde fuera o desde dentro.


Y agrega en otra parte:
El yo gobierna los movimientos voluntarios. Su área es la autoafirmación y la realiza... frente al mundo exterior; aprende a conocer los

estímulos, acumula (en la memoria) experiencias sobre los mismos, evita... los que son demasiado intensos, enfrenta... los moderados, y..

aprende a modificar el mundo exterior adecuándolo a su propia conveniencia" (Freud, 1992, pág. 13)
Yo creo que ninguna parte de la persona registra el placer-displacer, más que la que está consciente de sí misma y que se puede percibir. Este

"yo-consciente" capta, sufre, goza, llora, se alegra, se angustia. Es esta parte la que sabe de la muerte y le teme; la que siente el miedo; la que

percibe la seguridad y la fuerza; la que capta al espíritu o se siente desolada porque no lo encuentra. El "yo-consciente" es el centro en el que

converge toda la experiencia, de donde venga: del mundo exterior o de dentro de la persona.


Otra descripción posible de esa entidad que "registra la experiencia", es el concepto de la "frontera de contacto". Perls dice que:
El estudio de la manera en la cual una persona funciona en su medio es el estudio de lo que pasa en la frontera-contacto entre el individuo

y su medio. Es en esta frontera-contacto, donde se producen los eventos psicológicos, nuestros pensamientos, nuestras acciones, nuestro

comportamiento, nuestras emociones, son nuestro modo de experiencia y de encuentro de estos acontecimientos fronterizos" (Ginger, 1993,

pág. 147)


Yo comprendo que a través de mi frontera de contacto registro mis experiencias, y percibo mis sensaciones, sentimientos y necesidades.

Aquello -llámese como se llame- que está o que opera "dentro" de esas fronteras, es mi "yo-consciente"; en la medida que me aventuro cerca de

mi frontera, en el borde mismo, o más allá de ella, más cerca estoy de ese mundo extraño donde habitan mis "personajes".
La percepción de mi "yo-consciente-libre"
Hoy por hoy me cuesta mucho trabajo llegar, pero sobre todo mantenerme en el impasse; cuando puedo hacerlo, experimento mucha angustia y

me regreso a la orilla de donde partí. Mi "cuartel general" sigue estando "de este lado". Sin embargo sigo tratando.


Hace unos días tuve una vivencia extraordinaria. Podía dejarme sentir cualquier cosa que llegara a mi consciencia y observarla con serenidad,

sin oponerme a ella y sin hacer juicios de ningún tipo. Durante ese tiempo me dejé vivir mis odios, mis resentimientos, las actitudes que detesto

de mí; y también las alegrías intensas, las actitudes personales que me gustan, los momentos de tranquilidad, y los de poca o nula sensibilidad.

Todo -lo bueno, lo malo, lo detestable y lo que me enorgullece- era mío, y por ese simple hecho, se convertía en respetable. Podía observar

"aquello" y decir, por ejemplo, "esto no me agrada de mí pero es mío; lo respeto y me queda claro que yo -Alejandro- no quiero ser así y estoy

por encima de eso". Podía así reconocerme mucho mejor, hacerme cargo de todo lo mío y asumir mejor los riesgos que suponía un cambio de

actitud.
Había una sensación de libertad para la aceptación y para el cambio, y al mismo tiempo, una claridad sobre mis limitaciones como ser humano; la

seguridad de mi muerte, por ejemplo, no era obstáculo para vivir, antes lo contrario. Había sensación de fuerza y plenitud que se daba por igual

en los momentos de placer como en los de sufrimiento; nada quedaba afuera. De esta manera, durante varios días estuve mucho más en

contacto con las expresiones de varios de mis "personajes". Ellos y mi "yo-consciente" se sintieron mucho más cómodos (y Yo también, sea lo

que sea éste llamado Yo).
Sé que no estoy diciendo nada nuevo; que en los libros esto se dice mucho. Fue precisamente como vivir una parte esencial de la teoría que

habla de la transformación y del renacimiento. Nunca me sentí mas convencido del camino que he tomado para crecer.


Quiero renacer, pero en un ser diferente a lo que soy ahora; quiero cambiar muchos aspectos de mí mismo y, aunque sé que es muy difícil

lograrlo, sí he podido encontrar una imagen "ideal" de ese tipo de persona. La leí en el libro "El Eclipse de la Muerte" de Becker, cuando hace

referencia a lo que para Kierkegaard significaba ser hombre, plasmada en su libro "Temor y Temblor", donde describe al que llama el "caballero

de la fe". Se la ofrezco como reflexión final:


Esta figura es el hombre que tiene fe... y que vive concentrado en las energías de su Creador. Acepta sin quejarse cualquier cosa que sucede

en la dimensión visible, vive su vida como un deber, se enfrenta sin remordimientos a la muerte. No hay mezquindad tan mezquina que pueda

poner en peligro sus designios; ninguna tarea es tan terrible que esté más allá de su valor. Acepta el mundo en sus términos y está

totalmente más allá del mundo por su confianza en la dimensión invisible. ... Este ideal (le) permite ser abierto, generoso, valiente, influir en

las vidas de los demás, enriquecerlas y estar abierto a ellas.... como no siente temor a la vida ni a la muerte, no se aferra a sus semejantes, ni

los rebaja, ni los coacciona ni los manipula. (el caballero de la fe es) la continua apertura a la vida sin la angustia de la muerte (y por ello

constituye ) seguramente el más bello y desafiante (ideal) que ha tenido el hombre" (Kierkegaard, citado por Becker, 1979, pag 380)
Bibliografía
BECKER, Ernest. (1979). EL ECLIPSE DE LA MUERTE. Editorial Fondo de Cultura Económica, Colección Popular. México.
BRANDEN, Nathaniel. (1991). CÓMO MEJORAR SU AUTOESTIMA. Editorial Paidós. México.
FRANKL, Víctor E. (1987). PSICOANÁLISIS Y EXISTENCIALISMO. Editorial Fondo de Cultura Económica. México.
FREUD, Sigmund. (1992) ESQUEMA DEL PSICOANÁLISIS. Editorial Paidós. México.
GINGER, Serge y GINGER, Anne. (1993) LA GESTALT, UNA TERAPIA DE CONTACTO. Editorial Manual Moderno. México.
HORNEY, Karen. (1993). LA PERSONALIDAD NEURÓTICA DE NUESTRO TIEMPO. Editorial Paidós. México.
MAY, Rollo. (1990). EL DILEMA DEL HOMBRE. Editorial Gedisa. México.
PERLS, Fritz. (1990). SUEÑOS Y EXISTENCIA. Editorial Cuatro Vientos. Santiago de Chile.
POLSTER, Erving y POLSTER, Miriam. (1991). TERAPIA GESTÁLTICA. Editorial Amorrortu. Buenos Aires.
SHARP, Daryl. (1992). QUERIDA GLADYS. Análisis junguiano de una crisis de la edad mediana. Editorial Cuatro Vientos. Santiago de Chile.
SHARP, Daryl. (1994). LEXICÓN JUNGUIANO. Editorial Cuatro Vientos. Santiago de Chile.
ZWEIG, C. y ABRAMS, J. (recopiladores) (1993) ENCUENTRO CON LA SOMBRA. Editorial Kairós. Barcelona.
Notas
1 A lo largo de este texto, en vez de utilizar el término "neurosis" emplearemos el de la "disfuncionalidad", acorde con el concepto de Maslow

de que la neurosis, más que una enfermedad, es una "disminución" de los recursos de la persona. Sin embargo, en algunas partes del texto,



cuando es necesario o inevitable, se emplean equivalentemente.
Alejandro Unikel Spector es terapeuta del Instituto Humanista de Psicoterapia Gestalt, donde cursó también la especialización en sueños. Es

logoterapeuta de la Sociedad Mexicana de Análisis Existencial y Logoterapia; y tiene una especialización en Programación Neurolinguística.


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