Arturo jauretche



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"POLÍTICA CRIOLLA - POLÍTICA CIENTÍFICA"

El inventor de la zoncera "Política Criolla" fue Juan B. Justo.

En Prosa de hacha y tiza, bajo el título "Los novios asép­ticos de la revolución", cito una frase del profesor Silvio Frondizi que dice: "Hasta la aparición del Partido Comunista, el Socialista fue el único partido político argentino de base cien­tífica". Y comento: "Dado el éxito del Partido Socialista habrá que convenir que en la Argentina la ciencia sirve para todo menos para hacer política o que éste es un país anticientífico".

Lo último es lo que quiso expresar el maestro Justo cali­ficando como política criolla todo lo que no era científico según su parecer — y entre ello los partidos que le ganaban—; científica era la de los países cuyos partidos quería imitar don Juan B. Justo precisamente porque no tenían política crio­lla. No se le ocurrió pensar que los ingleses tenían política inglesa, los franceses francesa y los turcos turca. Lógicamente no podían tenerla criolla.

Para Juan B. Justo todo lo que venía de afuera era cien­tífico y lo que nacía adentro anticientífico, es decir criollo, que es una manera más científica de decir "aluvión zoológico" y "libros y alpargatas", o sea civilización y barbarie.

Todavía usted, paisano, oirá a algún viejo orador hablar de la "blusa del obrero". Es una expresión nacida de lo de política criolla, porque la imagen del obrero, para el "maestro", estaba dada por un sujeto con "blusa" y aquí el obrero resultó "descamisado". Ergo, éste no podía ser obrero porque el obre­ro no es tanto el trabajador manual como el tipo que usa blusa. (Bueno, no tanto los obreros, como los artesanos y pequeños burgueses que formaban el cuadro proletario inmigrante, ini­cial del "viejo y glorioso Partido Socialista").

La "blusa" de marras no era desde luego la corralera de nuestros paisanos, ni siquiera la chaqueta azul de nuestros ferroviarios. La "blusa", científicamente, es ese blusón de gran­des bolsillos que usted habrá visto, por última vez, en el cine al marido de "La mujer del panadero", que nuestros trabaja­dores se empeñan en no usar, primero, porque no son cientí­ficos, y, segundo, porque después de ver la película han ter­minado por creer que es un uniforme de cornudo.

Como en la época de la fundación del P.S. no había otros trabajadores industriales que una pequeña minoría, en su ma­yoría extranjera y más bien artesanal que obrera, el "maestro" Justo se encontró ante esta alternativa: o facilitar las condi­ciones para el desarrollo industrial que generase un proleta­riado científico, o aceptar el proletariado rural que existía, como trabajador socialista, lo cual era anticientífico. Esto último hubiera implicado hacer política criolla porque había que poner el partido al nivel histórico del criollaje para ha­cérselo accesible. La única forma de no hacer política criolla, es decir anticientífica, era limitar el desarrollo del partido al pequeño grupo que permitía hacer política científica y luego propender a la creación de condiciones para un desarrollo in­dustrial que generase trabajadores a nivel científico.

Hizo lo primero pero no lo segundo, porque para la polí­tica científica del Partido Socialista era inadmisible la protec­ción aduanera y la intervención del Estado burgués en la promoción del desarrollo industrial, porque el socialismo cien­tífico del "maestro", partía del principio científico de que ha­bía que hacer lo mismo que el socialismo de los países cien­tíficos, para los cuales la división internacional del trabajo redundaba en beneficio de sus trabajadores. En consecuencia, el "maestro" Justo fue liberal en economía, oponiéndose a la protección para mantener el bajo costo de las importaciones e impedir el desarrollo de una burguesía nacional, condición inseparable de la existencia de trabajadores industriales. Esto complacía mucho al socialismo de los países científicos que tenían interés, como los capitalistas de los países científicos, en el bajo costo de nuestras materias primas y en la importa­ción de sus manufacturas. En las Zonceras económicas se verá esto con mayor extensión.

Así, no pudo hacer socialismo con los trabajadores exis­tentes porque eran anticientíficos y se opuso a la creación de una industria que pudiera generar trabajadores científicos, porque eso hubiera sido contrariar al socialismo científico de los países donde daban las pautas científicas de los países dependientes.

De este modo, la "derecha liberal" y la "izquierda socia­lista" hacían el juego de la economía colonial en beneficio de las burguesías y los obreros de las metrópolis bajo la mirada comprensiva y estimulante de los políticos europeos viendo a la civilización en sus términos más opuestos, trabajar en contra de la barbarie criolla.

Como consecuencia de todo esto, en aquellas provincias del interior donde el desarrollo de una gran industria, vitivi­nícola y azucarera, pudo dar origen a un movimiento socialista, que efectivamente tuvo un comienzo prometedor, el socialismo se vio en la imposibilidad de progresar porque el medio obli­gaba a darle a la política características criollas que contra­riaban la ciencia política del "maestro". De tal modo Cantoni en San Juan, Lencinas en Mendoza, Bascary y Vera en Tucumán, Mateo Córdoba y Tanco en Jujuy, desplazaron a su favor las posibilidades del socialismo, aglutinando a los trabajadores en su lucha de ascenso por la simple razón de que como no eran científicos podían hacer política criolla.

En la pampa húmeda tampoco los trabajadores rurales reunían condiciones científicas y entonces el Partido Socialista intentó ser el partido de los chacareros arrendatarios que eran más científicos, pero también más clase patronal que proleta­riado. En la Capital pasó algo parecido, sobre todo cuando los movimientos de masas movilizaron a los trabajadores no científicos. Así ocurrió con el yrigoyenismo primero y con el peronismo después.

Si bien la política criolla en su origen le sirvió al "maestro" para denigrar los métodos antipopulares de la política oli­gárquica, la expresión política criolla adquirió su más alta y enfervorizada carga imprecatoria cuando las características anti­científicas de la política criolla trajeron la presencia de las masas al Estado. Tan es así que el "maestro", y después sus discípulos, para combatir la política criolla coincidieron ple­namente con la vieja oligarquía, convirtiendo al Partido So­cialista en el brazo porteño de la lucha contra la política criolla popular, de Yrigoyen y Perón.

Así la industrialización, que contrariaba el planteo eco­nómico antiproteccionista y antiestatista del Partido Socia­lista, venía a contrariarlo mucho más electoralmente al generar masas de trabajadores anticientíficos, que no se oponían, sino apoyaban la evolución burguesa del país. La lucha socialista contra la política criolla dejó de tener por objetivo la lucha contra la política criolla del pueblo, y desde entonces, el Partido Socialista limitó su destino a servir la política anti­popular. Así enfrentó primero al radicalismo y después al pe­ronismo, en lo que el cientificismo del Partido Socialista vino a coincidir con el otro partido político señalado por Silvio Frondizi como científico: el Partido Comunista. (Aquí además por consigna exterior).

Pero lo que interesa es señalar la vinculación de los ab­surdos doctrinarios del Partido Socialista con el supuesto pre­vio de civilización y barbarie, que es el que impidió al "maes­tro" y sus discípulos adecuarse a la realidad social.

El "maestro", como casi toda la izquierda de esa generación, partió desde aquella zoncera, y la expresión política criolla, no es más que una nueva calificación peyorativa de la realidad nacional. Sin este previo punto de partida peyorativo, serían imposibles de comprender estas contradicciones. Y sobre todo que sea peyorativo decir política criolla. Pero es lógico cuando la política y los intereses que se benefician son "gringos".



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