Arturo jauretche



Descargar 0.59 Mb.
Página4/29
Fecha de conversión06.11.2018
Tamaño0.59 Mb.
Vistas96
Descargas0
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   29
Catálogo: sites -> default -> files -> private -> publicacion
publicacion -> Ama y No Sufras Walter Riso Contenido
publicacion -> Cuando un bebé nace, sabe en lo más profundo de su ser que la razón por la que se ha encarnado es la de ser él mismo al vivir diversas experiencias
publicacion -> Alberto Vázquez Figueroa
publicacion -> Lazos de Amor
publicacion -> 1 Nena, no soy ninja pero te parto en ocho igual!
publicacion -> California 83 (Narrativa Espasa) (Spanish Edition)
publicacion -> Vaya a la puerta
publicacion -> Los niños y la muerte
publicacion -> Once Minutos

DE LAS HIJAS MAYORES DE "CIVILIZACIÓN Y BARBARIE"

A) Zonceras sobre el espacio.

B) Zonceras sobre la población.
A) ZONCERAS SOBRE EL ESPACIO
Zoncera N° 2

"EL MAL QUE AQUEJA A LA ARGENTINA ES LA EXTENSIÓN"

Fue también Sarmiento quien enunció esta zoncera que está en el primer capítulo de Facundo. Veremos, al conside­rarla, que ella estaba vigente, como la de Civilización y bar­barie, antes que Sarmiento le diera forma literaria, pues ya regía el pensamiento de directoriales y unitarios. Es que Sar­miento tenía más talento que los otros y supo sintetizar en "principios" el sistema mental de los anteriores unitarios de los que lo separaban sólo estilos y modales, cosa que él mismo destacó talentosamente en su descripción del unitario clásico. Difería de ellos, más que en el fondo, en eso de ser a "la que te criaste", a pesar de doña Paula, que lo quiso sacar modosito, y de él mismo, en cuanto se propuso —ya lo veremos— co­mo niño modelo.

Recordemos en obsequio de esta zoncera que un rey de Francia se deshizo del Canadá considerándolo un simple mon­tón de nieve, y que los norteamericanos, que ahora se afanan por asegurar su dominio en el Ártico, rechazaron humorísticamente por boca del Presidente Taft el Polo Norte que les ofre­cía su descubridor, Peary.

No es un hecho excepcional que un país haya renunciado o negociado un territorio, pero esa política ha estado siempre dictada por motivos circunstanciales. En ningún país ha regi­do como principio que la extensión en sí se considere un mal: por el contrario, el principio ha sido el inverso, pues el mal consiste en la falta de extensión.

Desde Alejandro hasta Hitler con su "anchluss", pasando por el Imperio Británico, la España donde no se ponía el sol y el destino manifiesto de los norteamericanos, todos los países han tendido a ampliar su espacio. Y no sólo los Imperios, pues los débiles siempre afirmaron su irredentismo de lo perdido; así Italia con su Trento y Trieste, ahora los árabes con lo su­yo y con lo suyo los israelíes, los griegos en Chipre. Y volvien­do a los Imperios los rusos comunistas —como los rusos zaris­tas— con la Mongolia y la Manchuria, en su marcha hacia los estrechos y las fronteras de la India, y los chinos con el Tibet..., y Andorra y San Marino con algunas casas de la vecindad.

Sólo nosotros, los argentinos, hemos incorporado la idea del achicamiento como un bien necesario en nuestra política territorial. Relacionad esto de que "el mal que aqueja a la Ar­gentina es la extensión" con lo de "la victoria no da derechos" o lo de "la libre navegación de los ríos" que vendrá más ade­lante, y percibiréis toda una política cultural de indefensión, de incapacidad intelectual para concebir la grandeza sobre la base de pueblo y territorio y sobre un concepto tradicional de soberanía.1

¡Oh, sí! Gastad en aviones, en tanques, en cohetes, en formaciones militares y navales, pero al mismo tiempo sem­brad estas zonceras y habréis comprobado la indefensión que se nos crea, la incongruencia de toda política nacional cuando ésta reposa en la previa derrota sembrada en el espíritu de los defensores, por la escuela, la universidad, el libro, las cátedras, la radio, la televisión y los propios institutos militares, navales y aeronáuticos, que comienzan por subestimar el propio te­rritorio.

Entonces comprenderéis que un Vicepresidente de la Re­pública, Julio A. Roca, haya dicho que "la Argentina forma parte virtualmente del Imperio Británico", y que otro Presiden­te, el General Aramburu, haya sostenido que el imperialismo no existe en la Argentina, en un mundo conmocionado por las fricciones recíprocas entre los imperios o de los imperios con los países dependientes. ¿Cómo puede comprender las formas sutiles de la política moderna de derogación de la soberanía quien profesa la grosera y elemental aceptación de la disminución de territorio y pueblos por la aplicación sistemática y reiterada de esta zoncera?2

De esta zoncera en adelante se le enseña al argentino a concebir la grandeza sólo como expresión económica, cultural e institucional, pero se le sustraen las bases objetivas, el pun­to de apoyo necesario que es la tierra y el pueblo argentino. Inútilmente buscaréis en el mundo un país que profese tal principio. Tal vez en Babia. ¿Somos babiecas los argentinos?

Alguien ha pretendido que Sarmiento sólo se proponía en esta zoncera señalar las dificultades materiales que la exten­sión implicaba, tal vez olvidando que expresamente él inicia­ba el achicamiento excluyendo la Patagonia de nuestro es­pacio.

Pero el sanjuanino tenía por delante el ejemplo de los Estados Unidos, modelo al que se remitía constantemente. ¿Y qué era la extensión de los territorios del Río de la Plata por comparación del que buscaron como suyo los del modelo? A principios del siglo XIX aquéllos eran pobladores de apenas una estrecha faja sobre el Atlántico y el Golfo de México, y fue cuando en el "Destino Manifiesto" afirmaron su voluntad de expresión; las dificultades eran mucho mayores porque se trataba de territorios que habían descubierto y colonizado franceses o españoles y muchos de los cuales formaban parte de México. Así, mientras el modelo iniciaba la "marcha hacia el Oeste", conquistando lo ajeno, los imitadores practicaban el repliegue —recordad el término por lo que viene después— en todos los rumbos para achicar el espacio heredado por los argentinos.

Tal contrasentido no puede explicarse simplemente por el soborno, por la debilidad o por falta de patriotismo. Sólo en el dilema de Civilización o barbarie encontraremos una expli­cación congruente de este achicamiento querido y buscado.3

Lo importante no era constituir un país según las leyes de la naturaleza y la historia, sino realizar la civilización.4

Realizar la civilización era hacer Europa en América, em­presa tanto más fácil cuanto más Europa y menos América fuera el espacio. Así, disminuir la extensión resultaba desame­ricanizarse, fin perseguido, para reducirse al espacio apto pa­ra una rápida civilización europea. Estorbaban el desierto, las montañas gigantescas, las selvas impenetrables, los ríos indominables, mientras una parcial extensión del territorio, la de la "pampa húmeda", ofrecía la fácil perspectiva de una rápida creación de Europa en América, o mejor dicho, de una prolongación de Europa sobre ella.

Achicar era reducir los obstáculos geográficos. Y era al mismo tiempo reducir los obstáculos humanos.

La pampa húmeda, escasamente poblada, no ofrecía tam­poco obstáculos de población a la rápida europeización que había de hacerse a través del aporte inmigratorio. En cambio los pueblos preexistentes en el interior americano, españoles, criollos, indígenas, mestizos, se resistían al cambio urgente que la creación europea en América les imponía como una senten­cia condenatoria de su destino y echaban el peso de su resis­tencia y de su inercia en la balanza del poder. Así, a los obstáculos geográficos y culturales del trasplante europeo, se agre­gaban factores políticos, económicos y sociales, que exigían romper el poder de éstos —apoyados en la gran geografía americana— en el momento histórico en que la revolución indus­trial y el desarrollo de los medios de transporte abrían un ho­rizonte ultramarino a los intereses litoraleños que miraban ha­cia Europa.

Veremos ahora, en sucesivas zonceras, cómo la desinte­gración del territorio original fue acompañada de zonceras com­plementarias con que aún continúa justificándose la pedago­gía colonialista, y sirven para mantener la desestimación del espacio como factor básico de la Nación.

Pasemos así a las zonceras que sirvieron y sirven para ex­plicar cada una de las desintegraciones territoriales, por aplica­ción del principio de que la extensión es un mal.5-6


ZONCERAS COMPLEMENTARIAS DE LA ZONCERA

"EL MAL QUE AQUEJA A LA ARGENTINA ES LA EXTENSIÓN"
Zoncera N° 3
I) "Lo que conviene a Buenos Aires es replegarse sobre sí misma"
Ya advertimos que Sarmiento no había acuñado sus zon­ceras cuando ya se las ejecutaba. Esta zoncera del repliegue (para achicar la extensión) la dijo Rivadavia en la Sala de Representantes, como Ministro de Buenos Aires, fundamen­tando la negativa a proporcionar la ayuda que San Martín re­clamaba para terminar su campaña libertadora. (Mabragaña, Los Mensajes, 1° de mayo de 1822). Lo dijo en los térmi­nos que van como título.

Precisamente, replegarse significaba achicar el espacio, y achicarlo para facilitar la civilización, como se ha dicho.

En cuanto comenzaron las dificultades revolucionarias —unas veces de orden estratégico pero muchas más de orden político-social— los civilizadores se plantean el conflicto entre la civilización —Europa— y la realidad —América—, a la que llamaron barbarie.

Reiteramos lo dicho anteriormente: achicar el país a las medidas de la pampa húmeda implicaba crear las condiciones óptimas para una rápida europeización. Mantenerlo en las condiciones preexistentes de extensión, implicaba asumir una ta­rea de mayores dimensiones y que se oponían a esa urgencia civilizadora.

Había además que terminar la guerra rápidamente, por la guerra misma, y también porque la guerra ponía en presen­cia activa a las masas americanas que, con su barbarie, obs­taculizaban el proceso civilizador. Achicar la geografía era achicar su presencia.

En un principio la concepción de Mayo fue americana, pero cambió en muchos dirigentes después de la separación del Paraguay y las derrotas del Alto Perú. Estos grupos bus­caron entonces diferentes soluciones: desde el perdón espa­ñol al establecimiento de tronos extranjeros, o directamente el protectorado británico, porque para ellos la independencia de­jó de ser el objetivo, reemplazado por el civilizador. Esto ge­nera una crisis en la revolución entre los que persiguen objetivos americanos y los que persiguen objetivos europeizantes. Los primeros tenderán a la integridad del espacio, los segundos a su reducción.

Esta diferencia de apreciación sobre los fines revolucio­narios es la que provoca la crisis de la Logia Lautaro. Ya en Chile, en Rancagua, el ejército libertador se ha independizado de quienes pretenden detenerlo, ratificando la "desobediencia" de San Martín.

Como ya se ha dicho, dejemos, pues, de pensar en el so­borno o la flojedad de unos, en la entereza o el valor de otros, factores concurrentes y humanos completamente comprensibles pero no decisivos.

El conflicto de Civilización y barbarie, está ya planteado y aquí se trata de su aplicación al espacio.

San Martín expresa en ese momento la vocación ameri­cana.

En Tucumán trazó una nueva estrategia que se opone a la pasiva de la defensa del Norte, que definitivamente aban­donaba el Alto Perú. Primero Chile, después Lima, y una vez cortadas las comunicaciones ultramarinas de los ejércitos re­alistas, el movimiento de pinzas hacia el Alto Perú en combi­nación con las fuerzas del Norte argentino a cuyo cargo ha quedado Güemes, como el brazo meridional de la pinza.

Para el cumplimiento de esta segunda parte de la ope­ración, ya cumplida la primera, San Martín reclama de Buenos Aires la ofensiva que parta del actual Norte argentino. Es cuando desde Lima lo envía a Gutiérrez de la Fuente en de­manda de esa ayuda. Es también cuando Rivadavia acuña la zoncera para negar el apoyo de Buenos Aires.



"Lo que conviene a Buenos Aires es replegarse sobre sí misma", dice el partido anti-americano. Es decir, impedir que la operación planteada por San Martín se lleve hasta sus últi­mas consecuencias. Buenos Aires se repliega sobre sí misma y pierde el Alto Perú. Lo pierde consciente y deliberadamente, conforme a aquello de que "el mal que aqueja a la Argentina es la extensión". Veremos después cómo se ejecuta esta política que se disimula a través de otras zonceras, que son las que siguen.

Más explícito aún el siniestro Manuel José García dice en la Cámara de Representantes que "al país le era útil que permaneciesen los españoles en el Perú" (Busaniche, Historia Argentina, pág. 436, ed. Hachette). Este García será el mismo agente de Rivadavia que pacta la entrega de la Banda Orien­tal al Emperador del Brasil.



Zoncera N° 4
II) El misterio de Guayaquil
Ahora pensad en San Martín en Lima teniendo que ulti­mar la guerra de la Independencia e impedido de completar su estrategia de pinzas por la política de Rivadavia definida en la zoncera anterior: "Lo que conviene a Buenos Aires es re­plegarse sobre sí misma".

No olvidéis tampoco cómo entre rivadavianos y perua­nos desafectos le han anarquizado el ejército, mientras el Al­mirante Cochrane le subleva la escuadra1.

La política americana de San Martín entra en conflicto con la política de achicamiento que paralelamente a la inglesa, tien­de a disgregar el continente y aún el Virreynato del Río de la Plata. Ya no está en condiciones de cumplir su objetivo inte­gralmente americano y busca la ayuda de Bolívar que está en el mismo plano.

Así se produce la entrevista de Guayaquil en que los dos libertadores hablan sin testigos.

¿Cuál es la consecuencia lógica de la entrevista?

Que el más fuerte en ese momento asuma el mando y que el más débil —debilitado por la traición a sus fines ame­ricanos— lo ceda, precisamente para no traicionar esos fines.

La grandeza de San Martín lo hace adoptar la actitud que correspondía a ella, haciendo lo inverso de los rivadavianos: no comprometer la suerte de América ni siquiera por su propia gloria.

Eso es todo.

¿Dónde está, pues, "el misterio de Guayaquil", la zoncera constantemente reiterada?

El único misterio es éste que se haya hecho un misterio de un hecho evidente, enturbiando la cuestión con una pequeña e interminable polémica de dimes y diretes cuyo propósito úl­timo es ahondar las diferencias entre americanos, justamente lo que San Martín quiso impedir con su austero silencio. He ahí como hay otra traición a San Martín, es decir a su causa americana, en esto de repicar con el "misterio".

La zoncera del misterio de Guayaquil persigue, aún ahora la misma finalidad disgregadora que obligó a la entrevista de Guayaquil, porque sobre la base de supuestas pequeñas desinteligencias entre los dos libertadores se intenta olvidar su coin­cidencia básica que es la de la unidad americana. Y por otro lado, distraer la atención del conocimiento de las traiciones antiamericanas de Rivadavia y los suyos que son las que obli­garon a San Martín a retirarse.

Pero la entrevista de Guayaquil significó la pérdida defi­nitiva del Alto Perú.

¿Porque lo quiso Bolívar? ¡No!; porque lo quisieron los rivadavianos en su política de achicamiento civilizador.

Vamos a verlo 2-3.



APLICACIÓN PRÁCTICA DE LA ZONCERA DE QUE

"EL MAL QUE AQUEJA A LA ARGENTINA

ES LA EXTENSIÓN"
Había venido a visitarme René Orsi, que vive en La Plata y me comentó:

—"¿No le parece un poco fuerte afirmar que el achicamien­to del país fue deliberadamente buscado por tantos supuestos próceres?".

—"¿Usted duda de ello?" —le pregunté.

Y entonces me dijo:

—"Yo no; estoy más seguro que usted. Pero hablo del lec­tor desprevenido a quien de pronto usted le arroja estas ver­dades a la cara, que contrarían todo lo que le enseñaron, todo lo que han leído, todo lo que le recitan. Váyase por casa el sábado y verá usted documentación".

Es así como escribo esto después de matear largo en una casa de tres patios en un apacible barrio platense. Y de andar con mate y libros de la biblioteca a la sombra de las enredade­ras, y de la sombra de las enredaderas a la biblioteca. Y en­treverando los temas con Estudiantes de La Plata (¿Cómo evi­tarlo en pleno Campeonato Mundial?).

Orsi está terminando su Historia de la Disgregación Rioplatense y me arrimó estos datos como quien arrima leña al fuego. Yo estaba caliente cuando empecé a verlos y terminé hirviendo. Puede ser que el lector, que apenas estará tibio, termine por calentarse, porque todo esto parece increíble. Más increíble cuando, como en mi caso, no se cree ni en el sobor­no ni en la corrupción, sino en esa deformación mental que es la base implícita de Civilización y barbarie o de París en Amé­rica, según se la quiera llamar. Es decir, en la zoncera.

Vamos por orden:


I.— La separación del Alto Perú.

a) Rivadavia, como Ministro de Las Heras, comisiona al General Arenales para que entreviste a Olañeta, el último je­fe español, y le proponga la secesión de las cuatro provincias del Alto Perú. (Correspondencia diplomática de los EE. UU. recopilada por Williams R. Manning, tomo I, parte segunda, pág. 756, donde corre el oficio de John Forbes, encargado de negocios de los EE. UU. en Buenos Aires, al Secretario de Es­tado míster Henry Clay).

b) Cuando el General Sucre convoca a una Asamblea pa­ra decidir sobre el destino de las provincias altoperuanas, Bo­lívar se le opone y le dice así:

"Ni Ud., ni yo, ni el Congreso mismo del Perú ni de Co­lombia, podemos violar las bases del Derecho Público que te­nemos reconocido en América. Esta base es que los gobiernos republicanos se fundan entre los límites de los antiguos virreynatos, capitanías generales o presidencias, como la de Chile. El Alto Perú es una dependencia del Virreynato del Río de la Plata...". "Llamando Ud. a estas provincias a ejercer su so­beranía, las separa de hecho de las demás provincias del Río de la Plata". (Simón Bolívar, Obras Completas, T. II, págs. 83 y 84, oficio del 21-2-1825). Dos días después Bolívar oficia a Santander y dice: "El Alto Perú pertenece de derecho al Río de la Plata", (ib., Id., T. II, pág. 98, oficio del 23-2-1825). An­te esta actitud, Sucre, que se apoya en el visto bueno de Bue­nos Aires, deja sin efecto la convocatoria y dos días más tarde oficia al Gobernador de Buenos Aires informándole que pien­sa retirarse con sus fuerzas del Alto Perú. (Asambleas Consti­tuyentes Argentinas, recop. Emilio Ravignani, T. I, pág. 1304).

Como se ve, son los rivadavianos los que han resuelto "perder" el Alto Perú, confirmando la decisión con que se ne­gó apoyo a San Martín en la campaña sobre el mismo. (Lo que conviene a Buenos Aires es replegarse sobre sí misma, Mabragaña, Los Mensajes).

La voluntad de achicar el país ha fracasado frente a Olañeta y frente a Sucre. La tercera será la vencida.



c) Con el pretexto de buscar el apoyo de Bolívar (guarde usted lector, memoria de esto para cuando se trate de la Banda Oriental) en la guerra contra el Brasil, en 1825, son comisionados por Buenos Aires el General Alvear y el Dr. Mi­guel Díaz Vélez para ofrecer los territorios del Alto Perú para la nueva República de Bolivia.

Ya se ha visto cuál es el pensamiento de Bolívar clara­mente expresado; ha hecho todas las oposiciones posibles. Bo­lívar ahora no tiene más remedio que aceptar, pero aún en ese momento, quiere salvar con una ironía sus escrúpulos.

Ofrece una recepción a los delegados de Buenos Aires y allí dice que brinda "por el Congreso de las Provincias Unidas del Río de la Plata cuya liberalidad de principios (¿el mal que aqueja a Argentina es la extensión?), es superior a toda alabanza, y cuyo desprendimiento con respecto a las provin­cias del Alto Perú es inaudito".

¡Inaudito!, he allí la justa calificación. V. Ernesto Restelli. "La Misión Alvear-Díaz Vélez". Publicación del M. de R. Ext. J. S. Busaniche, "Bolívar visto por sus contemporáneos".


II.— La separación de la Banda Oriental y las Misiones Orien­tales.

Veamos cómo también fue deliberada y reiteradamente buscada la pérdida de la otra banda.

Artigas definió desde el primer día su voluntad rioplatense ("Proclamas del 11 de abril de 1811 en Mercedes y del 5 de abril de 1813 frente a Montevideo". Archivo Gen. de la Nación. Div. Nac. Gob. 181111813. S.I.A. 5o, 5), y explíci­tamente lo reitera en lo firmado en el Paso de Belén, donde dice que "la autonomía provincial no debe entenderse como independencia nacional". Art. 4o del Plan (A.G.N. "Tratados con Artigas y las Autoridades artiguistas del Litoral"). Lo es­tablece también después de la liberación de Montevideo y rendido Vigodet. (A.G.N., "Documentos firmados en el Fuer­te de Montevideo el 9 de julio de 1814, que Artigas ratifica en su Cuartel General el 18 de julio de 1814).

A pesar de esto el General Alvear ofreció a Artigas, por intermedio de Nicolás de Herrera, la segregación de la pro­vincia Oriental y el reconocimiento como entidad definitiva­mente emancipada, que Artigas rechazó terminantemente. Este ofrecimiento se reitera poco tiempo después por intermedio del Coronel Elías Galván. Insiste aún más Buenos Aires, y reunido el Congreso de Oriente, instalado por Artigas en el Arroyo de la China, hoy Concepción del Uruguay, llegaron a Paysandú el Coronel Blas Pico y el Dr. Bruno Rivarola, quie­nes le ofrecen, en nombre del Director Álvarez Thomas, lo que sigue:

"Buenos Aires reconoce la independencia de la Banda Oriental del Uruguay renunciando a los derechos que por el antiguo régimen le pertenecían". (A.G.N., Documentos fir­mados en el Cuartel General de Paysandú el 18 de julio de 1815).

Esta es la respuesta de Artigas a la proposición que lleva la misma fecha y que dice:

"La Banda Oriental del Uruguay entra en el rol para for­mar el Estado denominado Provincias Unidas del Río de la Plata... La Banda Oriental del Uruguay está en el pleno goce de su libertad y derechos; pero queda sujeta desde ahora a la Constitución que organice el Congreso General del Estado legalmente reunido, teniendo como base la libertad". (A.G.N., Documentos suscriptos por Artigas).

Artigas, ni consideró la contrapropuesta: "Llenándose de sorpresa, se lo comunica al Director Álvarez Thomas al ver lo que le ofrecieron en contestación". (A.G.N., Oficios del 18 de julio de 1815).



Sorpresa, dice Artigas, como diez años después Bolívar dirá inaudito. Así sigue siendo: sorpresa, al enterarse; inaudito, al juzgarlo. Es que "el mal que aqueja a la Argentina es la extensión" y hay que achicar.

Entre tanto, los portugueses han invadido la Banda Orien­tal, donde permanecerán diez años con el tácito acuerdo de Buenos Aires.

Luego, al producirse la independencia del Brasil, coyun­tura excepcional pues las fuerzas ocupantes están divididas entre portugueses y brasileños, los portugueses de Montevideo gestionan ante Estanislao López que este caudillo pase a la Banda Oriental con sus fuerzas. ¿Qué supone usted que hace Rivadavia? ¡Lo envía al General Soler como mediador entre portugueses y brasileños!

Pero, enseguida la victoria de Ayacucho obliga a Buenos Aires a apoyar a Lavalleja y sus 33 Orientales, cuya campaña ha sido preparada y financiada por Rosas y sus amigos.

Ya en guerra con el Brasil, ha llegado el momento de que Bolívar cumpla la promesa en función de la cual se pre­textó la pérdida del Alto Perú1. En la zoncera siguiente vere­mos cómo se cumplió. Pero no por culpa de Bolívar sino a la inversa: por los que habían producido el "inaudito" hecho con el pretexto de la posible guerra con el Brasil.

Zoncera N° 5



Compartir con tus amigos:
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   29


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2017
enviar mensaje

enter | registro
    Página principal


subir archivos