Arturo jauretche el medio pelo



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OLIGARQUÍA = DEPENDENCIA

O comprendiéndolo. Y aquí dejo la palabra a un economista que nos explicará la alianza de las fuerzas económicas internas correspondientes a ese progreso limitado, con las fuerzas extranjeras que dirigieron y aun dirigen los resortes esenciales de nuestra economía, que quedó en sus manos por la incapacidad de esas mismas fuerzas internas.

Dice Aldo Ferrer ("La economía argentina", Ed. Fondo de Cultura Económica —1963—) : ... Finalmente, dado el papel clave que el sector agropecuario jugó en el desarrollo económico del país durante la etapa de economía primaria exportadora, la concentración de la propiedad territorial en pocas manos aglutinó la fuerza representativa del sector rural en un grupo social que ejerció, consecuentemente, una poderosa influencia en la vida nacional. Este grupo se orientó, en respuesta a sus intereses inmediatos y los de los círculos extranjeros (particularmente británicos) a los cuales se hallaban vinculados, hacia una política de libre comercio opuesta a la integración de la estructura económica del país mediante el desarrollo de los sectores industriales básicos, naturalmente opuesta también a cualquier reforma del régimen de tenencia de la tierra. La gravitación de este grupo no llegó a impedir el desarrollo del país en la etapa de la economía primaria exportadora, dada la decisiva influencia de la expansión de la demanda, externa y la posibilidad de seguir incorporando tierras de la zona pampeana a la producción. Sin embargo, después de 1930, cuando las nuevas condiciones del país exigían una transformación radical de su estructura económica, la permanente gravitación del pensamiento económico y la acción política de ese grupo constituyó uno de los obstáculos básicos al desarrollo nacional.
Con lo dicho queda señalada la miopía de los hombres que desde 1853 han pasado en nuestra historia como los grandes visionarios del destino racional y también el proceso por el cual los continuadores de aquellos "chicatos" ilustres se empeñan en ponerle al país las anteojeras que le impiden encontrar su verdadero camino, pues lo que en aquellos fue miopía en éstos es un estado de conciencia que resulta de la fusión de la estructura de sus intereses actuales con el mantenimiento de nuestra tradicional estructura económica.


GRAN BRETAÑA JUEGA SUS CARTAS

Ahora, dejando a los miopes conviene señalar a quién los condujo con su vista larga, porque siempre junto al ciego hay un lazarillo que lo guía, como el de Tormes, contra el guardacantón.

El progreso agropecuario argentino se iba realizando a medida que el país encajaba como la pieza de un puzzle en la organización económica buscada por el Imperio Británico con su avanzada ideológica: la doctrina manchesteriana.

Si en un principio el Río de la Plata fue considerado por la política de Gran Bretaña como una de las tantas plazas comerciales ultramarinas interesantes al comercio de Su Majestad, el pensamiento se completó después en la fórmula de Cobden (Inglaterra será el taller del mundo y la América del Sur su granja) precisada luego en la conformación exclusivamente agrícola-ganadera que hizo de nuestro país lo que Raúl Scalabrini Ortiz ha llamado "base y arma del abastecimiento británico".

Bastará para señalar lo acertado de esta afirmación leer las instrucciones que da Churchill —ya en nuestros días— a Lord Halifax al encargarle las negociaciones para la intervención norteamericana en la última guerra ("Memorias de Winston Churchill", Tomo VIII Ed. Boston): "Por otra parte nosotros seguimos la línea de EE.UU., en Sud América, tanto como es posible, en cuanto no sea cuestión de carne de vaca o carnero". La expresión de Cobden, América del Sud, se concreta de manera precisa: Río de la Plata. Si aquí Scalabrini Ortiz acuñaba su frase, allá Churchill la ratificaba.

El gran ministro británico lo hacía en el momento más dramático de la historia inglesa, cuando ya no el Imperio sino la misma metrópoli estaba al borde del derrumbe del que sólo podía sacarla el éxito de la misión encomendada; en ese momento toda la América del Sur podía ser objeto de negociación con la metrópoli del Norte, toda, menos el Río de la Plata.




LA DÉCADA INFAME CONFIESA SU JUEGO

Esto nos permite fijar, y para más adelante, el alcance y los límites de ese progreso. Cuando en 1934 el vicepresidente de la República, Dr. Julio Roca, como embajador argentino (negociación del tratado Roca-Runciman) dice en Londres que: "La Argentina forma parte virtual del Imperio Británico", no hace más que confirmar la naturaleza dependiente de nuestra economía como pieza en el puzzle imperial. Si la frase es lesiva para nuestra soberanía y honor nacional y provocó las consiguientes reacciones patrióticas en quienes las sentimos profundamente, esto no ocurrió porque estuviéramos ajenos al conocimiento de esa realidad que, precisamente, estábamos denunciando. Lo indignante era la aceptación como destino definitivo y como finalidad por los gobernantes argentinos cuando ya la miopía de los fundadores no era posible. Porque el Dr. Julio Roca no lo expresaba como la comprobación de un hecho destinado a superarse, sino como ratificación de la conformidad de ese gobierno y los sectores que representaba con la condición de dependencia que allí se reconocía. El Tratado Roca-Runciman lo confirmó, porque fue un compromiso para que al precio de algunas ventajas a un sector dirigente del país se cristalizase definitivamente esa virtual incorporación al Imperio.

Así, las leyes votadas en 1935, y que constituyeron el estatuto legal del coloniaje, tuvieron por finalidad detener cualquier progreso argentino en otra dimensión que pudiera modificar su situación en el puzzle. La política del "progreso" devenía ya la del antiprogreso, y la fuerza que nos había impulsado a andar, era ahora la que nos detenía.

Sintetizando: se aceleró nuestro desarrollo para integrarnos eficazmente en el Imperio. Ahora éste había llegado a los límites técnicamente exigidos y cualquier progreso de otro orden implicaría una alteración de la finalidad propuesta.



PRIMER FRACASO: LA GENERACIÓN CONSTITUYENTE. LIBERALISMO INTERNACIONAL O LIBERALISMO NACIONAL
Es que en toda colonización hay ese momento próspero mientras se avanza hacia el límite óptimo de sus necesidades. Y el frenazo después. He ahí las dos fases de una misma política.

¿La adscripción de la Argentina al sistema de la división internacional del trabajo era inevitable para los vencedores de Caseros? ¿La única perspectiva de progreso que se tenía por delante era la impuesta por la ortodoxia liberal y el libre juego de las fuerzas económicas nacionales e internacionales con que se adoctrinaban?

Ni teórica ni prácticamente era así. Lo que sí puede ser cierto es que las condiciones históricas determinaban la organización capitalista de la producción. Es cierto que era la hora del capitalismo en marcha, pero no la del internacionalismo liberal. Los constituyentes del 53 buscaron su inspiración en las instituciones de los Estados Unidos, y hay aquí que preguntarse por qué se quedaron en las apariencias jurídicas y eludieron la imitación práctica. ¿No entendieron la naturaleza profunda del debate entre Hamilton y Jefferson o la entendieron y vendieron después a las generaciones argentinas desde la Universidad, desde el libro y desde la prensa una interpretación superficial y formulista?

En ese debate está sintetizado el enfrentamiento entre el liberalismo ortodoxo, que implicaba aferrarse a la división internacional del trabajo, y el liberalismo nacional, que construyó los Estados Unidos, que fue el instrumento de su grandeza y le sirvió para delimitar la esfera propia del desarrollo norteamericano por oposición a la subordinación económica a la metrópoli, que hubiera convertido la independencia en una ficción. ¿Entre tanto libro que leyeron "al divino botón" no encontraron una línea de las que habían escrito Carey e Ingersoll, y no tropezaron con un volumen del "Sistema de Economía Nacional" de List, que fueron los teóricos del desarrollo da una economía capitalista nacional, es decir, de un capitalismo y un liberalismo para los norteamericanos o, los alemanes, y no para los ingleses? ¿No sabían que esa heterodoxia que le cortó las alas al águila de la división internacional del trabajo nutrió la gallina prolífica que ponía los huevos para los hijos de su tierra, defendiendo con la protección aduanera el fruto del trabajo nacional y promoviendo el desarrollo interno, con el Estado como propulsor de la grandeza? ¿Por qué se atrevieron a la doctrina liberal como mercadería de exportación para vender a zonzos y no a la doctrina liberal, reelaborada en los Estados Unidos para la construcción de una economía liberal pero integrada?

Y contemporáneamente también, y más adelante, ¿por qué prescindieron del ejemplo de Alemania, que realizó su propia política liberal, pero nacional, empezando por el “zollverein” hasta llegar a la construcción de la gran Alemania cuando el pensamiento político de Bismarck integró el pensamiento económico del mismo List, perseguido por los príncipes como liberal y por los liberales como nacional?

Alemania, hasta ese momento, no había sido más que el mísero país del que habla Voltaire; el campo de batalla de franceses, suecos, austriacos y españoles, en el que nunca había pesado el interés de sus nacionales. Los factores materiales de la grandeza alemana habían estado siempre allí: sus puertos y sus ríos, el genio y la capacidad de trabajo de sus hombres, los bosques en las faldas de las montañas, los granos y las carnes en los valles y las llanuras, el hierro y el carbón en las entrañas de la tierra; todas las condiciones materiales de la grandeza que sólo se manifestaron cuando el pensamiento y la voluntad nacional se articularon para ponerlos a su servicio.

(Conviene recordarlo a los que creen que sólo los factores materiales determinan la historia y subestiman el pensamiento y la voluntad que puede hacer una mísera dependencia de un país rico, y una metrópoli de un país pobre en recursos materiales.)




Arturo jauretche
El marco económico de lo social y los tres fracasos de la burguesía
El "ausentismo" de la alta clase
Nota - pág. 25.



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