Arturo jauretche el medio pelo


RELATIVIDAD DEL DATO "CIENTÍFICO"



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RELATIVIDAD DEL DATO "CIENTÍFICO"



A este respecto debo confesar mi prevención contra los datos de ese género que en muchas ocasiones, con su deficiencia perturban más que ayudan. Creo en la eficacia utilizar como correctivo del dato numérico la constatación personal para que no ocurra lo que al espectador de fútbol que con la radio a transistores pegada a la oreja, cree que dice el locutor con preferencia a lo que ven sus ojos.

Por vía de ejemplo van pruebas al canto:

"La Nación" del 6 de marzo de 1966, nos informa sobre el resultado de un relevamiento aerofotográfico realizado en la ciudad de Córdoba, para comprobar la validez del registro de propiedades urbanas de la Municipalidad de esa Capital. Dice el ingeniero Víctor Hansjurgen Haar, quien tuvo a su cargo el relevamiento, que la pesquisa ha indicado que sólo el 50 % de las propiedades se encuentran correctamente registradas, y de ese 50% si bien cumplen con sus obligaciones al fisco, no han declarado sus propietarios mejoras que se han hecho en sus viviendas.

Esto significa que el 50% de la ciudad de Córdoba no existe estadísticamente pues los datos sobre la construcción se recogen de los registros municipales. El sesudo investigador que sólo se guía por estos datos y no por las empíricas comprobaciones, se encontrará con que la oficina en que trabaja y el techo bajo el que duerme no tienen existencia efectiva, según los datos de la realidad científicamente documentada, si como es muy probable, ese techo y esa oficina pertenecen al 50% de construcción que para la estadística es inexistente. En cambio otras informaciones estadísticas le permitirán comprobar paralelamente que Córdoba ha crecido varias veces en estos últimos decenios, en población y en actividad, con lo que tendrá que concluir que Córdoba es un fenómeno urbano en el cual la mayoría de la población está indomiciliada y donde no existen las fábricas, los talleres, los escuelas, etc., que resultan de otras estadísticas que no son las de la construcción. ¿A cuáles se atendrá?

(Limitándome a la construcción, ya había hecho mi composición de lugar hace mucho tiempo mediante una somera investigación reducida a la manzana céntrica de Buenos Aires en que resido y que el lector puede hacer en la suya. Pude comprobar que las modificaciones interiores en las casas de la manzana hechas en los últimos años sin la correspondiente intervención municipal —presentación de planos, aprobación, permiso de construcción e inspecciones— importaban una inversión muy superior a la de los dos o tres edificios nuevos construidos en la misma manzana con el consiguiente registro municipal. Sáquele la punta el lector a este hecho y trasládelo a la crítica general de los datos estadísticos).

El caso de Córdoba se repite para el Gran Buenos Aires en dos épocas distintas.

Desde las últimas décadas del siglo pasado Buenos Aires y sus alrededores recibieron gran parte del contingente inmigratorio europeo cuando el Hotel de Inmigrantes y el conventillo fueron escalones hacia la casita propia. Es muy posible que el italiano, el español o el turco que las levantaron construyendo una pieza y una cocinita, sin sanitarios, haya registrado en la municipalidad suburbana esa primitiva construcción. Pero ese hombre ahorrativo que realizaba el sueño de la casa propia fue agregando habitaciones construidas con la ayuda de un media cuchara, a lo largo del lote que pagaba en mensualidades, pues la casa crecía a medida que crecía la familia. Y éstas no las registró.

El fenómeno volvió a repetirse cuando a la ola inmigratoria ultramarina sucedió la migración provinciana hacia los centros industriales. Cualquier inspector municipal del Gran Buenos Aires podrá decir cómo se suceden barriadas y barriadas enteras no inscriptas en los padrones municipales. (O tal vez no se lo diga porque allí hay un "rebusque": sorprender a los vecinos de esas barriadas en plena construcción sabatina y dominical con el aporte voluntario de vecinos y amigos, para paralizarle la obra por falta de planos y llegar, después del susto consiguiente al "arreglo" ¡Pero el "arreglo" tampoco figura en las estadísticas! Sin embargo, sería interesante registrar estadísticamente el monto de los mismos que explicarían por qué esos inspectores se resignan al mísero sueldo comunal, que no alcanza para mantener el automóvil que tienen a la puerta y es elemento imprescindible para el descubrimiento de las infracciones al Digesto, que dan origen al arreglo).

Si a la estadística de la construcción le falla la base, ¿qué puede informar la estadística sobre la mano de obra si el dueño de casa, sus amigos y parientes que colaboran no pertenecen al gremio de la construcción y están registrados en otras actividades? ¿Y qué datos sobre el consumo de materiales de construcción cuando se utilizan restos de demolición, elementos en desuso u objetos de otro destino habitual que no pasan ni siquiera por el control de producción de la fábrica? ¿Y qué valor tienen los datos sobre el producto bruto del país si los datos sobre la construcción de viviendas en la parte más extensa del Gran Buenos Aires en los últimos veinte años, en que se sumaron millones de habitantes, no figuran en los mismos ni por lo construido, ni por mano de obra, ni por materiales empleados?


La rectificación por la experiencia del dato aparentemente científico exige haberse graduado en la universidad de la vida: por lo menos tener algunas carreras corridas en esa cancha, sin perjuicio de la bastante Salamanca para ayudar a Natura. Porque si el ratón de biblioteca, de hábitos sedentarios y anteojos gruesos, no es el más indicado para corregir el dato con las observaciones, tampoco basta con mirar para ver.


EL ESTAÑO COMO MÉTODO DE CONOCIMIENTO



Tener estaño es una expresión sucedánea de otra tal vez más gráfica pero menos presentable, y se refiere al "estaño" de los mostradores. Recuerdo que Lucas Padilla o el "Colorado" Pearson, no estoy seguro cual de los dos, que actuaban en los movimientos iniciales del nacionalismo, dijo una vez que la condición de "pianta-votos", calificación atribuida a Perón, provenía de que los fundadores del movimiento eran "niños bien" de "familias bien" es decir, los juiciosos "hijos de mamá"; que otra cosa hubiera ocurrido si los primeros hubieran sido "niños mal" de "familias bien", esto es "tenido estaño".

Tal vez la deficiencia de nuestros datos científicos obedezca al tipo de nuestra economía y sociedad en transición, fluida en sus etapas cambiantes —como ocurrió en los Estados Unidos, cuyas técnicas son ahora modelo imprescindible, desde el final de la Guerra de Secesión hasta la primera de las guerras mundiales; que sus métodos sólo sean compatibles con la existencia de un capitalismo de concentración muy avanzado, o con el socialismo, que excluyen la presencia del pequeño empresario, del taller patronal que conserva una organización casi artesanal, de la abundancia de pequeños productores que entre nosotros representan el grueso de las actividades. (Si Ud. tiene alguna duda al respecto, averigüe qué dato estadístico proporciona el tallercito donde arregla su automóvil, el hojalatero que le arregla el balde, el colchonero, el marquero de sus cuadros, etc., etc., las múltiples actividades de empresarios que calculan los costos a ojo, no llevan contabilidad, no están inscriptos, no registran su producción, eluden impuestos, etc.).

En cambio el ajuste de los datos es condición de existencia en las grandes organizaciones económicas con sus contabilidades organizadas, su propia estadística, el registro de los costos, es decir, los elementos básicos para una estadística general.

Parecida cosa ocurre con los censos y encuestas, donde se suman factores personales propios del informante y del recolector de datos que además pueden ser típicos de nuestra modalidad, factor del que se prescinde cuando se aplican sistemas que pueden ser hábiles en su lugar de origen.

Así, frecuentemente, el interrogado está prevenido contra el interrogatorio y tiende a desfigurar los hechos; además, muchas veces es descomedido y grosero con el agente de la investigación. Es lo que pasa en las "investigaciones de mercado".

El "Hombre que está solo y espera" no es un tipo fácil. Pregúntele usted a un paisano su juicio sobre algo o alguien y oirá que le contesta: Regular. Pero regular quiere decir bueno; o muy bueno; también malo. Serán su oído y el conocimiento del hombre los que darán la interpretación, según el tono y tal vea algún detalle mímico. Pero esto no es para el "potrillo" que hace la encuesta y menos para la computadora electrónica. ¿Y el "gallego"? —el gallego de Galicia, se entiende—; hágale usted una pregunta cualquiera y verá que le contesta con otra: pruebe, y le juego cualquier cantidad a que acierto.

Hace pocos días llevé a un industrial, que creía en la eficacia de las "encuestas", a un café para mostrarle cómo actuaban los agentes de una investigación que había contratado. Los muchachos a quienes se les paga por el número de planillas que llenan estaban reunidos a lo largo de dos mesas y los formularios se alternaban con los pocillos de café. Mi amigo industrial puso los ojos como "dos de oro" cuando oyó que unos a otros se preguntaban. Y a este, ¿qué le ponemos?, y así las iban llenando, cansados de golpear puertas estérilmente, o de que los encuestados les hicieran un interrogatorio a ellos en actitud defensiva, o les contestaran a la "macana". Si todavía tiene alguna duda, lector, recuerde que le responde a esa vocecita femenina que le pregunta por teléfono: ¿Qué programa de televisión está usted viendo? Y por lo que usted le contesta considera la validez del rating que está haciendo la vocecita.

Pero, además de la muy relativa validez de los datos, existe el uso malicioso de la información, para fines políticos y económicos, como la creada por los órganos de publicidad y por las manifestaciones de los grupos económicos agroimportadores interesados en dar una imagen del país que les conviene y que en los últimos años es directamente depresiva.




Arturo jauretche
El marco económico de lo social y los tres fracasos de la burguesía
El "ausentismo" de la alta clase
Nota - pág. 25.



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