Artículo Journal: Sexología en Argentina



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Desafíos de la sexología en la Argentina contemporánea
Daniel JONES (CONICET-IIGG/UBA) (jonesdaniel@speedy.com.ar)

Mónica GOGNA (CONICET-CEDES)

Inés IBARLUCÍA (UBA)
Resumen

La presente ponencia indaga sobre los orígenes y dinámicas contemporáneas de la sexología en Argentina, con el objetivo de responder de qué manera los enfoques y posiciones que predominan en este campo condicionan sus posibilidades de incorporar una perspectiva de género y de reflexionar críticamente sobre la medicalización de la sexualidad. Se basa en una investigación empírica a partir de fuentes secundarias (programas de cursos y congresos sexológicos, reglamentos de afiliación y acreditación de asociaciones sexológicas, curriculum vitae de profesionales) y entrevistas a referentes del campo sexológico y a profesionales que abordan cuestiones de sexualidad e interactúan frecuentemente con sexólogos, pero que no se reconocen como tales.


Introducción

La sexología es un campo de conocimientos específicos y de prácticas (educativas y/o terapéuticas) centrado en la sexualidad. Su origen se sitúa en la segunda mitad del siglo XIX y desde entonces es ejercida por profesionales de diferentes disciplinas médicas y no médicas.1 En Argentina, los primeros antecedentes de la sexología contemporánea se remontan a mediados de la década de 1950.

En esta ponencia presentaremos una breve historia de la sexología en Argentina para luego trazar un contrapunto entre lo que el mainstream define como sus principales desafíos vis a vis los desafíos que perciben quienes se sitúan en los márgenes del campo y/o tienen una mirada crítica desde las ciencias sociales con perspectiva de género.

En la primera sección describimos la estrategia metodológica del estudio y en la segunda, el proceso de constitución del campo sexológico en Argentina. En la tercera sección analizamos de qué manera los enfoques y posiciones que predominan en este campo condicionan sus posibilidades de incorporar una perspectiva de género y de reflexionar críticamente sobre la medicalización de la sexualidad.


Materiales y métodos

Nuestras reflexiones surgen de los resultados de un estudio que realizamos en 2007/2008, en tres etapas. En la primera elaboramos un mapa de la sexología en Argentina, que identifica las principales asociaciones, las instituciones de formación y los cursos que ofrecen, los encuentros periódicos, las revistas y lxs profesionales. Esto se realizó mediante búsquedas en Internet (análisis de las páginas web de las instituciones y/o profesionales, cursos en las curriculas universitarias, etc.), análisis de fuentes secundarias (programas de cursos, reglamentos de afiliación y acreditación de asociaciones sexológicas, curriculum vitae de profesionales), consultas por correo electrónico con docentes universitarios y seis entrevistas exploratorias con algunxs pioneros del campo. En la segunda etapa, realizamos 12 entrevistas individuales semi-estructuradas con lxs principales referentes del campo (algunxs ya entrevistados en la primera etapa). La muestra quedó conformada por seis varones y seis mujeres; cuatro médicxs y ocho no médicos (entre ellxs, cuatro psicólogxs); cuatro eran sexólogxs educativos, cinco sexólogxs clínicos y tres especialistas en ambas áreas. En una tercera etapa, para ampliar nuestra mirada acerca del rol profesional de los especialistas en sexualidad, entrevistamos a cinco profesionales que abordan cuestiones de sexualidad e interactúan frecuentemente con sexólogos, pero que no se reconocen como tales, ni se consideran parte del campo sexológico: un médico psicoanalista, un médico urólogo, una médica ginecóloga, una psicóloga psicoanalista y una psicóloga especializada en terapias sexuales.2


La constitución del campo sexológico en Argentina3

Los primeros antecedentes de la sexología en Argentina se remontan a la década del ’50 y están vinculados a iniciativas de educación sexual. La “Escuela para Padres”, fundada por la psicóloga Eva Giberti en 1957,4 popularizó los conceptos psicoanalíticos al adaptar dicho discurso sobre la sexualidad a niveles menos “subversivos” para los amplios sectores medios de la sociedad argentina (Plotkin, 2003).

Lo que inicialmente fueron reuniones grupales con madres (luego también padres y docentes) que acudían a ella en busca de ayuda en la crianza de sus hijos, creció hasta convertirse en un movimiento de alcance nacional que se extendió hasta comienzos de los ’70. La experiencia tuvo una significativa presencia en los medios masivos de comunicación y a ella se incorporaron profesionales de distintas especialidades. Esto posibilitaba abarcar temas diversos que incluían desde problemas en el aprendizaje hasta odontopediatría, pasando por psicoanálisis con niños y relaciones vinculares entre los miembros de la familia.5

En la década del ’60 se desarrollaron cursos de sexología en hospitales públicos y cátedras en las facultades de Medicina, impulsados por ginecólogxs y obstetras que se dedicaban a la planificación familiar. En 1967, con auspicio de la International Planned Parenthood Federation (IPPF) un grupo de ginecólogxs y obstetras fundó la Asociación Argentina de Protección Familiar (AAPF).

Entre fines de la década del ‘60 y principios del ‘70, se crearon, en el campo de la medicina, las primeras asociaciones profesionales relacionadas con la sexología (la Sociedad Argentina de Sexología y Educación Sexual, organizada por el Dr. Armando Domenech, y la Escuela Argentina de Sexología, creada por el ginecólogo y psicoanalista Héctor Segú), las cuales formaron numerosos educadores y terapeutas sexuales (Flores Colombino, 1980; Fridman, 2007). Hacia 1976, un grupo de médicxs y psicólogxs jóvenes de Rosario, interesados en cuestiones relacionadas con la sexualidad, fundó la Asociación Rosarina de Educación Sexual (luego Asociación Rosarina de Educación Sexual y Sexología), probablemente la primera institución dedicada específicamente a la educación sexual en el país. Las acciones de organizaciones internacionales y las vinculaciones regionales fueron cruciales para el avance de las iniciativas en educación sexual en esta etapa. Tal es el caso de la Agencia Sueca para el Desarrollo Internacional que, a principios de los años ’70, brindó becas para la formación en educación sexual a numerosos profesionales latinoamericanos.6

Una peculiaridad a destacar del caso argentino es la enorme difusión social del psicoanálisis, corriente que, en sus diversas variantes, es aún hegemónica en las instituciones de enseñanza de la Psicología7. Durante largo tiempo el psicoanálisis fue visto como un conocimiento y una terapéutica apropiados para abordar la sexualidad, incluso por muchos de los sexólogxs pioneros, que tenían formación psicoanalítica.

Los enfoques cognitivo-conductuales sobre sexualidad, en cambio, se extendieron entre las y los psicólogos más tardíamente (en los años ‘80) cuando comienzan a registrarse actividades terapéuticas sexológicas tal como las conocemos hoy.8 Entre sus impulsores se encuentran las psicólogas Laura Caldiz, María Luisa Lerer y Mirta Granero, el psiquiatra León Gindín y el ginecólogo Segú.

La década del ‘80 fue también el momento de institucionalización del campo sexológico en el país y en la región. Fue entonces cuando se crearon numerosas sociedades profesionales e institutos de formación y se consolidaron los ya existentes.9 En Argentina este proceso se vio favorecido por el retorno a la democracia (1983) que extendió el debate de cuestiones relacionadas con la sexualidad a un público más amplio. Al mismo tiempo, en la ciudad de Buenos Aires, los nuevos especialistas en sexualidad establecieron consultorios privados y centros de atención.

El impulso que la sexología clínica tuvo en la década del ’80 se realimentó a fines de los ’90 con el descubrimiento del sildenafil (conocido por su nombre comercial, Viagra) para el tratamiento de la disfunción eréctil por parte del laboratorio Pfizer. Más allá del grado de aceptación que suscite entre los profesionales, todos reconocen que la aparición del sildenafil ha acentuado la “medicalización” de la sexualidad, así como el predominio de los médicxs (psiquiatras y urólogos) en detrimento de otros profesionales del campo (por ejemplo, los psicólogxs, no habilitados para recetar medicamentos).
Medicalización de la sexualidad y perspectiva de género

La idea de medicalización aparece en el discurso de los entrevistados con un sentido limitado: para dar cuenta del uso creciente de fármacos y procedimientos quirúrgicos y el consecuente predominio de los médicxs (en relación con los psicólogxs) en el área de la salud sexual. En boca de los sexólogxs el término “medicalización” se circunscribe a un proceso específico que podríamos denominar con mayor propiedad “farmacologización” de los tratamientos. En su discurso no se percibe una noción más compleja de “medicalización”, pensada como un proceso que excede a las prácticas médicas y los elementos farmacológicos, para operar también por fuera del ámbito de la medicina y los tratamientos en otros dominios de la vida social, en general, y sexual, en particular.10 Entender a la medicalización de esta forma implicaría cuestionar a la propia sexología clínica (en tanto disciplina y práctica orientada a resolver problemas sexuales mediante un saber experto), independientemente de que ésta sea más o menos afecta a incorporar los nuevos recursos farmacológicos.

En este contexto de creciente medicalización de la sexualidad, adquiere mayor visibilidad la medicina sexual como una rama médica dedicada a la investigación y al tratamiento de las disfunciones sexuales,11 y percibida como una especialidad externa al campo sexológico por lxs profesionales del mismo.

Recapitulando, el campo sexológico argentino es un espacio multidisciplinario donde coexisten especialistas de variadas trayectorias y formaciones, dedicados a dos grandes vertientes: la sexología clínica y la sexología educativa (o educación sexual). Estos profesionales dirigen sus intervenciones a diferentes públicos: mayoritariamente clases media y alta, en la sexología clínica; niños y jóvenes de clases bajas principalmente, en la sexología educativa. En ambas vertientes predomina un enfoque orientado a la “resolución o prevención de problemas” (sea una disfunción sexual, un embarazo no planeado o una infección de transmisión sexual) más que una perspectiva integral para la cual la sexualidad sea principalmente un componente central del desarrollo humano, desde un enfoque propositivo y afirmativo de la salud sexual como parte de la experiencia humana (CLAM, 2002).

El área clínica de la sexología es la que se ocupa del tratamiento de los “problemas sexuales” individuales o de pareja, tanto en su dimensión orgánica como psicológica. Las corrientes médicas tratan la problemática sexual concebida como de origen principal o exclusivamente orgánico, diagnosticando enfermedades y disfunciones, mientras que las psicológicas se abocan a aquellas “disfunciones sexuales” consideradas de origen psico-emocional y/o relacional (si bien al interior de esta área clínica no existe un acuerdo en cuanto a la existencia de una frontera clara entre ambos orígenes). En tanto ambas corrientes están orientadas a la “resolución de problemas, pueden considerarse intervenciones “reparadoras” sobre la sexualidad. Mientras que sólo médicxs y psicólogxs están habilitados para acceder a la formación y práctica de la sexología clínica, en la sexología educativa, en cambio, hay docentes, psicólogxs, cientistas sociales, psicólogxs sociales, enfermeras y obstetras. Pocos médicos se forman en educación sexual, más allá de que algunos realizan actividades educativas.

Permítasenos aquí una digresión. En Argentina, la educación sexual ha sido llevada adelante no sólo por quienes se forman e identifican como sexólogos, sino también por otros profesionales y organizaciones (de mujeres, feministas y/o LGTB), que desarrollan actividades de promoción de la salud y derechos a nivel social y/o comunitario. Así, la educación sexual se nutre de prácticas y saberes provenientes de muy diversas disciplinas y experiencias pedagógico-políticas.

Dentro del campo sexológico existen tensiones entre profesionales de diferentes disciplinas debido al desigual poder que revisten sus respectivos saberes. El poder tradicional de la biomedicina se ha visto potenciado por la creciente preponderancia de los fármacos en el tratamiento de disfunciones generando el consecuente desplazamiento de las psicoterapias. Esto se superpone con una significativa diferenciación disciplinaria según sexo/género: una amplia mayoría de los sexólogos varones son médicos, mientras que la mayoría de las sexólogas son psicólogas o tienen una formación de base no médica.12 Esta división de género del trabajo sexológico se articula con las mencionadas tensiones provenientes de la jerarquización de saberes y profesiones.

Por sobre esto, el análisis de documentos reveló una escasa presencia de la perspectiva de género en el discurso sexológico. Sólo cinco de las 13 organizaciones sexológicas identificadas expresan adherir a dicha perspectiva entre sus objetivos. Aunque la mayoría de los programas de formación sexológica a los que accedimos (18 de 22) incluyen temas relacionados al género, éste se presenta como un fenómeno más a considerar y en la gran mayoría de los mismos (14 de 18) se incluye sólo en una unidad del programa. En otras palabras, el género no es concebido como un enfoque transversal a los distintos objetos de intervención de la sexología. Asimismo, de los 22 encuentros sexológicos (jornadas y congresos) realizados en Argentina entre 2003 y 2007 a cuyos programas accedimos, sólo una mesa (“género y poder”) y cuatro ponencias (tres en mesas sobre educación sexual y una sobre terapias sexuales) incluían en su título la palabra género. En las entrevistas notamos como patrón común que las referencias a la perspectiva de género asumían el carácter de un discurso políticamente correcto y, simultáneamente, de indicador de actualización profesional.



Los movimientos feministas han tenido mucha influencia y algunas personas de esos movimientos han hecho mucha fuerza por la perspectiva de género. Tal es así que nos cuidamos, cuando hablamos, de decir “los y las” todo el tiempo. (Cientista social, educador sexual)
Este tipo de referencias puede atribuirse, por un lado, a la creciente aceptación social de la igualdad de género como horizonte deseable (y el rechazo a las expresiones discursivas de machismo más evidentes), en los sectores medios urbanos en Argentina, a los que pertenecen estos sexólogxs y sus pacientes. Por el otro, al mencionar la perspectiva de género demostrarían que están al tanto de los “enfoques de moda” y actualizarían valores como la libertad y el goce sexual femenino, promovidos por la sexología liberacionista de Havelock Ellis, Magnus Hirschfeld y su Liga para la Reforma Sexual de entreguerras (Weeks, 1998: 114; Rohden, 2008).

A nuestro entender, en la mayoría de los casos parece haber una invocación ritual de dicha expresión. Esto quedó de manifiesto cuando varios referentes varones del campo sexológico no supieron explicar en qué consistía o cómo incorporaban esta perspectiva en su práctica profesional o en sus cursos de formación, pese a haber asegurado utilizarla. La incorporación del concepto se reduce a cambios en el lenguaje (el uso de “las y los”) y no es infrecuente que la perspectiva de género sea confundida con el predominio numérico de mujeres en ciertos ámbitos laborales o académicos o se convierta en una declamación formal de igualdad de derechos y oportunidades. De los 12 entrevistadxs, sólo tres sexólogas (dos psicólogas y una psicóloga social) mostraron familiaridad con esta perspectiva y criticaron el hecho de que ella se reduzca, para la mayoría de sus colegas, a distinguir entre problemas de mujeres y problemas de varones. De las entrevistas se desprende que los profesionales del campo no visualizan a los estereotipos de género, las asimetrías de poder o los mandatos sexistas como factores que intervienen en los problemas que su disciplina intenta resolver.

No obstante, la cuestión del género atraviesa la sexología clínica al menos de dos formas.13 En primer lugar, la definición y el tratamiento de las disfunciones sexuales reflejan la permanencia de representaciones tradicionales de género en la manera en que la sexología concibe la sexualidad masculina y la femenina. La centralidad del sildenafil para tratar la disfunción eréctil supone una sexualidad masculina orgánica, bioquímica y desprovista de cualquier aspecto relacional, y refuerza la idea de que el desempeño masculino está ligado casi exclusivamente al funcionamiento del órgano sexual (Bozon, 2004; Rohden, 2008). Desde comienzos del siglo XX, la cuestión del rendimiento sexual masculino operó como un mandato bajo diversos discursos “científicos” (médicos, pero también psicológicos), al considerarlo la manifestación de un instinto natural intrínseco al varón (Laumann y Gagnon, 1995). En estos discursos subyacía la asociación de rendimiento sexual (expresada por la erección y/o la eyaculación en el momento adecuado) con virilidad y normalidad. Los recientes desarrollos de la medicina y la farmacología sobre la sexualidad masculina se enfocan en la función eréctil y la eyaculación, concibiéndola como desprovista de todo aspecto relacional y otorgando centralidad al funcionamiento orgánico y bioquímico del pene. Las dimensiones psíquicas, psicosociales y relacionales son reducidas a factores que pueden afectar la función sexual bajo la modalidad de estrés, depresión o ansiedad. En cambio, en el caso de la sexualidad de la mujer, las investigaciones actuales abordan principalmente el deseo y la excitación (o su debilidad) y otorgan un lugar central a las cuestiones psicológicas, emocionales y relacionales. La expectativa por la llegada de un “viagra femenino” (un parche de testosterona) orientado a aumentar el deseo refleja la persistencia de una visión de la sexualidad femenina como atravesada por la dimensión relacional (Russo, 2009).

Tanto los sexólogxs con formación médica como con formación psicológica expresaron su preocupación ante la creciente medicalización de la sexualidad que ha acompañado la difusión del sildenafil, medicamento que potencia un abordaje pre-existente en la sexología clínica al tiempo que desmotiva a quienes se habían formado en las distintas vertientes de la terapia sexual procurando un abordaje más comprehensivo.



Los médicos es como que no crecieron en terapia, y hoy lo arreglan mucho con…los médicos sexólogos, lo arreglan mucho con medicación. (…) Para mí la sexología no es eso. Que pueda ser ayudada por medicamentos me parece perfecto y a veces nosotros mandamos a medicar, pero que no sea eso. (Psicóloga, sexóloga clínica y educadora sexual)
Desde esta perspectiva, los principales argumentos contra la “corriente medicalizadora”, percibida como hegemónica al interior del campo sexológico, se basan en la noción de que en los problemas sexuales intervienen también factores emocionales y afectivos, cuya resolución no se obtiene por medio de fármacos. A diferencia de los tratamientos médicos que focalizan el problema en su manifestación orgánica, en las terapias sexuales se trabaja sobre la subjetividad del paciente, sus problemas vinculares, sus temores, etc.

Incluso entre los sexólogos médicxs se registró -aunque en menor medida que entre otros profesionales del campo- preocupación por el uso de fármacos como eje del tratamiento, al considerar que sólo deben indicarse en casos puntuales, como una entre múltiples opciones terapéuticas. Lejos de ser una auto-crítica a su propia práctica, lo que cuestionan es el “negocio” que existiría en torno de la salud sexual. Aún a costa de generar efectos iatrogénicos para los pacientes –sostienen algunos entrevistados- en los institutos privados de medicina sexual (percibidos como externos al campo sexológico) utilizan el mismo método indiscriminadamente para diferentes problemas (ausencia de deseo, disfunción eréctil, eyaculación precoz) y promueven el uso de ciertas drogas por largos períodos debido a un interés espurio.



Tratan con lo mismo la dificultad en la erección que los trastornos de control eyaculatorio, y a todos les inyectan un vaso-dilatador en el pene, pero esto es abrocharlos a una medicación que tienen que ir a comprar todos los meses. Por un lado está todo este negocio de la salud sexual que, bueno, pasa también en otras especialidades, obviamente, pero yo conozco más lo que me llega a mí. Hay un 30% aproximadamente de pacientes que veo, que me llegan con experiencias terapéuticas previas absolutamente desastrosas. (Médico, sexólogo clínico y educador sexual)
El proceso de medicalización se presenta como irreversible para la mayoría de los sexólogxs. La consulta sexológica ha cambiado radicalmente en tanto mayor parte de los varones que consultan por disfunción eréctil llegan al consultorio con conocimiento y/o experiencia en el uso del sildenafil. En ese caso, al terapeuta le resta poco más que indicar las mejores condiciones para aumentar la efectividad del medicamento.

Recapitulando, psicólogas y psicoanalistas destacan que los fármacos ocupan progresivamente el lugar de la palabra mientras que lxs sexólogos clínicos expresan su descontento al notar que el profesional formado en sexología es equiparado al urólogo, andrólogo o el/la ginecólogx. Unas y otrxs ven así menoscabados su expertise y sus ingresos. El apoyo que algunos profesionales obtienen de los laboratorios de especialidades medicinales (en la modalidad de becas para asistir a congresos, o de subisdios a la organización de eventos o a la edición de publicaciones periódicas, etc.) refuerza su mayor poder y visibilidad vis a vis otrxs integrantes del campo.


Conclusiones

Desde “los márgenes”, el principal desafío gira en torno del conflicto planteado en términos de “medicalización” versus “humanización” de la sexología. Este conflicto se desarrolla en dos frentes. Un primer enfrentamiento es el que se produce entre quienes proponen un abordaje integral (psico-físico) de los problemas sexuales y quienes se enrolan en la denominada “medicina sexual” (vista por quienes se autodefinen como sexólogxs como una especialidad externa a dicho campo), encarnada principalmente en la figura de los urólogos, que se dedica al tratamiento de las disfunciones sexuales en su dimensión exclusivamente orgánica. El otro frente del conflicto se desarrolla dentro del propio campo sexológico entre aquellos sexólogos médicxs más proclives a la adopción de tratamientos farmacológicos (y, en general, con vinculaciones más estrechas con los laboratorios) y los sexólogxs que defienden las terapias sexuales como garantía de una atención “humanizada” que considera al paciente en su condición de sujeto

Desde una mirada crítica, cabe señalar como problemático que la sexología como campo no haya incorporado, ni en términos teóricos ni prácticos, conceptos y herramientas de la perspectiva de género. Por el contrario, sus propuestas terapéuticas –ya sea médicas o “psi”- tienden a alimentar estereotipos de la sexualidad masculina y la femenina que refuerzan desigualdades de género y mandatos opresivos.

También en la vertiente educativa, en la que predomina un enfoque preventivo-terapéutico centrado en la interacción heterosexual, no se advierte mayor espacio para discutir cuestiones de género, derechos y diversidad sexual. En tal sentido, el campo de la educación sexual no necesariamente constituye una oportunidad de desarrollar vínculos profesionales y alianzas políticas entre sexólogxs (que reivindican para sí el “monopolio de la educación sexual” en base a sus credenciales profesionales) y otros colectivos interesados en el tema, siendo estos últimos los interlocutores privilegiados del Estado en el proceso socio-político que culminó con la sanción de la Ley de Educación Sexual Integral (2006).

Mirado en perspectiva histórica el campo sexológico parece haber perdido la cualidad innovadora, el dinamismo y la riqueza que tenía en sus orígenes. En tal sentido, no ha sido ajeno al deterioro que han sufrido en nuestro país las instituciones y el propio debate político intelectual –resultado de procesos político-económicos que llevan ya décadas y cuyo análisis excede este trabajo. Sin embargo, con sus tensiones y heterogeneidades, hay en ambas vertientes de la sexología (clínica y educativa) profesionales interesados en sumar su experiencia y saber profesional a la tarea de dar respuesta a algunos de los desafíos que enfrenta actualmente la sociedad argentina en cuestiones vinculadas a la sexualidad. A saber: implementar programas de educación sexual a nivel escolar y comunitario; trabajar integralmente en la prevención de la violencia sexual y de género y en la asistencia a las víctimas; discutir las consecuencias a mediano y largo plazo de la medicalización de las disfunciones sexuales; promover el respeto a la diversidad sexual, entre otros. Nuestro trabajo también puso de manifiesto la preocupación de algunos profesionales por revisar y ampliar los presupuestos teóricos y las metodologías de trabajo que imperan actualmente en el campo. Si unos y otros logran en alguna medida articular alianzas con otros actores sociales y convertirse en interlocutores válidos tanto del Estado como de la sociedad civil, habrán dado un paso en la dirección que imaginaron los pionerxs hace más de medio siglo.
Referencias bibliográficas

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GIBERTI, E., s.f. Historia de la Escuela para Padres. Disponible en:



http://www.evagiberti.com/escuela-para-padres/37-escuela-para-padres/119-historia-de-escuela-para-padres

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RUSSO, J., 2009. A sexologia na era dos direitos sexuais: aproximações possíveis. Manuscrito no publicado.

WEEKS, J., 1998. Sexualidad. México DF: Paidós y PUEG-UNAM.
Cuadro 1: Informantes clave entrevistados





Sexo

Profesión de origen

Especialidad en sexualidad

Pertenencia

institucional

Área de actuación

1

F

Profesora de biología

Especialista en educación sexual

ASEL

Provincia de Entre Ríos

2

M

Médico ginecólogo

Sexólogo clínico

CIPRESS -

ASEL


Provincia de Entre Ríos

3

F

Bióloga y profesora en cs. Biológicas. Docente

Educadora sexual

SOCOSEX

Provincia de Córdoba

4

M

Lic. en comunicación social

Educador sexual

AASES

Provincia de Buenos Aires

5

M

Médico ginecólogo

Psicoterapeuta de pareja y especialista en sexología clínica y educación sexual

SOCOSEX

Provincia de Córdoba

6

F

Psicóloga

Sexóloga clínica y educadora sexual

ARESS, Instituto Kinsey

Provincia de Santa Fe

7

F

Lic. en Eugenesia y Humanismo14

Terapeuta. Gerontóloga. Sexóloga clínica y sexóloga educativa

FESEA

Ciudad de Buenos Aires

8

M

Psicólogo

Sexólogo clínico

SASH

Provincia de Buenos Aires

9

M

Médico psiquiatra y Psicoanalista

Sexólogo clínico

CETIS

Ciudad de Buenos Aires

10

M

Médico Psiquiatra

Sexólogo clínico

SASH

Ciudad de Buenos Aires

11

F

Psicóloga Social

Sexóloga educativa

AASES

Provincia de Buenos Aires

12

F

Psicóloga

Sexóloga clínica

SASH y FLASSES

Provincia de Río Negro; Ciudad de Buenos Aires

13


M

Médico urólogo

Andrólogo

Hospital Italiano y

PROCREARTE



Ciudad de Buenos Aires

14


F

Médica ginecóloga y obstetra

Médica especialista en endocrinología ginecológica

SAEGRE

Ciudad de Buenos Aires

15


M

Médico psiquiatra

Psicoanalista con perspectiva de género. Sexualidad masculina.

Foro de Psicoanálisis y Género

Ciudad de Buenos Aires

16


F

Psicóloga

Psicoterapia heterodoxa. Temáticas sexuales.

Grupo de Estudio de Sexualidades (IGG/UBA)

Ciudad de Buenos Aires

17


F

Psicóloga

Psicoanalista con perspectiva de género. Mujeres.

World Federation for Mental Health

Foro de Psicoanálisis y Género



Ciudad de Buenos Aires

18


F

Psicóloga

Sexóloga Clínica

CEPAS

Provincia de Mendoza

19


F

Lic. en obstetricia

Educadora Sexual

IPESS

Ciudad de Buenos Aires

20


M

Médico especialista en Psiquiatría

Sexólogo

AISM y SASH

Ciudad de Buenos Aires

Glosario de siglas de las asociaciones e instituciones sexológicas


AASES: Asociación Argentina de Sexología y Educadores Sexuales

AISM: Academia Internacional de Sexología Médica

ARESS: Asociación Rosarina de Educación Sexual y Sexología

ASEL: Asociación Sexológica del Litoral

CEPAS: Centro de Educación, Pareja y Asistencia a la Sexualidad

CETIS: Centro de Terapia e Investigación en Sexualidad

CIPRESS: Centro Interdisciplinario de Prevención de Enfermedades de Transmisión Sexual y Sida

FESEA: Federación Sexológica Argentina

FLASSES: Federación Latinoamericana de Sociedades de Sexología y Educación Sexual

IIGG/UBA: Instituto de Investigaciones Gino Germani/ Universidad de Buenos Aires

IPESS: Instituto de Prevención y Educación en Salud y Sexualidad

SOCOSEX: Sociedad Cordobesa de Sexología

SAEGRE: Sociedad Argentina de Endocrinología Ginecológica y Reproductiva

SASH: Sociedad Argentina de Sexualidad Humana


Cuadro 2: Historia de la sexología y contexto sociopolítico en Argentina


Etapa

Historia de la sexología

Contexto sociopolítico


1957 - 1973
Los antecedentes y el surgimiento de las primeras instituciones sexológicas

  • Psicoanálisis: hegemonía dentro del campo “psi” y amplia difusión en clases medias urbanas

1957. Psicóloga Giberti funda la “Escuela para Padres” (hasta 1973) y populariza conceptos psicoanalíticos sobre sexualidad.




  • Primeros cursos, jornadas y asociaciones sexológicas

1963. 1eras Jornadas Latinoamericanas de Sexología (Mendoza).


1967. Médicos ginecólogos y obstetras fundan la Asociación Argentina de Protección Familiar (AAPF), federada a la IPPF, y dan cursos de planificación familiar para médicos y educadores, que incluyen educación sexual.


1969. Médico Doménech funda la Sociedad Argentina de Sexología y Educación Sexual.

1970: Médico Segú funda la Escuela Argentina de Sexología, donde forma a educadores y terapeutas sexuales, edita la Revista Argentina de Sexología y Educación Sexual y organiza el 1er Congreso Argentino de Sexología y Educación Sexual (tema oficial: la “impotencia sexual”).


1972. Giberti dicta la cátedra Sociología de la Vida Sexual (hasta 1984), en el Posgrado “Teoría y Práctica en Psicoanálisis” (en una universidad privada).


1955. Golpe militar derroca al presidente Perón.
1955-1973. Alternancia entre dictaduras militares y gobiernos electos con el peronismo proscrito.
1956-1966. Edad dorada de las universidades, surgimiento de vanguardias estéticas y explosión de la industria editorial: sensación de “modernización cultural”.

1958-1962. Presidencia de Arturo Frondizi, depuesto por golpe militar.

1963-1966. Presidencia de Arturo Illia, depuesto por golpe militar.

.

1966-67. Campañas moralizadoras e intervención a las universidades de parte del gobierno militar.


1967. Primer grupo político por la liberación homosexual (“Nuestro mundo”) y organizaciones feministas de la segunda ola (Unión Feminista Argentina y Movimiento de Liberación Femenina).
1969. Radicalización política extendida: sindicalismo combativo y movimiento estudiantil (“Cordobazo”), inicio de la guerrilla urbana contra la dictadura militar y por el regreso de Perón.
1973. Cámpora, candidato del peronismo, es electo presidente en comicios democráticos. Breve “Primavera camporista”: libertad de expresión, protagonismo de la juventud y radicalización política.



1973 – 1983
Entre el apoyo internacional y las experiencias en las sombras de la dictadura

  • Emerge la cuestión de la educación sexual, con apoyo de la cooperación internacional y relacionado con el contacto con otros países de la región

1975. Se crea el Comité Regional de Educación Sexual para América Latina y el Caribe (CRESALC), merced al apoyo de la Agencia Sueca para el Desarrollo Internacional.




  • Surgen nuevas asociaciones y centros de formación que serán hegemónicos en el campo sexológico hasta el presente

1976. Ginecóloga Zeno, junto a médicos y psicólogos jóvenes, fundan la Asociación Rosarina de Educación Sexual (ARES, que luego se llamará Asociación Rosarina de Educación Sexual y Sexología), primera institución en el país dedicada específicamente a la educación sexual (cursos de formación en sexualidad para médicos y psicólogos).


1980. Psicóloga Caldiz y psiquiatra Gindín fundan el Centro de Educación, Terapia e Investigación en Sexualidad (CETIS), iniciando la formación sistemática en sexología clínica (para graduados en psicología y medicina), en un curso bianual presencial (hasta 1999).
1980. Se funda la Federación Latinoamericana de Sociedades de Sexología y Educación Sexual (FLASSES), con sede en Buenos Aires.
1981. Psicóloga Lerer funda la Asociación Argentina de Sexualidad Humana (AASH).
1982. Gindín y Caldiz crean la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana (SASH), a modo de asociación profesional.
1983. Miembros de ARES crean el Instituto Kinsey de Rosario, primera institución del interior del país en ofrecer formación sexológica.
1983. Se crea la Sociedad Argentina de Urología, donde más tarde funcionará un sub-comité de disfunciones sexuales.


1973. Perón es electo presidente y muere en 1974, quedando a cargo la vicepresidenta, Isabel Martínez, su esposa.
1974. Decreto que restringe la comercialización de anticonceptivos y prohíbe desarrollar actividades de control de la natalidad.
1975. Comienza la represión parapolicial (Triple A) y continúa la lucha armada de organizaciones guerrilleras (ERP, Montoneros).
1976. Golpe militar derroca al gobierno constitucional.
1976-1983. Dictadura militar: censura, intervención de universidades, encarcelamiento o aniquilación de intelectuales y militantes (30 mil desaparecidos). Simultáneamente, surgimiento de grupos de estudio en la semi clandestinidad (“universidad de las catacumbas”)
1982. Guerra de Malvinas: derrota argentina y aceleración de la caída de la dictadura
1983. Alfonsín, candidato del radicalismo, es electo presidente en comicios democráticos.


1983-1989
El auge de la sexología en la Argentina democrática

  • Ampliación y consolidación del campo sexológico

Profesionales y grupos locales refuerzan conexiones con organizaciones de otros países para consolidar su formación.


Proliferación de consultorios privados y centros de atención
Visita al país de sexólogos/as internacionalmente reconocidos (Helen Kaplan, Herbert Lopíccolo, John Money).
1986. 1eras Primeras Jornadas de Sexología organizadas por la SASH
1988. Se realiza en Buenos Aires el IV Congreso Latinoamericano de Sexología y Educación Sexual, organizado por FLASSES.


  • Auge” de la sexología en Argentina

Finales de los ’80 y principios de los ’90: época de auge del campo, por la difusión de las terapias sexuales, el incremento de demanda en los consultorios, la publicación de libros de divulgación que tuvieron éxito entre un público masivo y la presencia de los sexólogos/as en los medios de comunicación.



  • Restauración democrática

1984. Ingreso irrestricto a las universidades públicas y modificación del cuerpo docente (con reincorporación de profesores que retornaron del exilio).


1985. Juicio y condena a las Juntas Militares por las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura 76’-83’.
1983-1987. “Primavera alfonsinista”: libertad de expresión y “destape sexual” en los medios, mayor pluralismo y apertura de canales de difusión de información y conocimientos en torno a la sexualidad para el público en general.


  • Leyes orientadas a mejorar la situación de las mujeres

1984. Argentina ratifica la Convención sobre la eliminación de toda forma de discriminación hacia la mujer (CEDAW)

1985. Ley de Patria Potestad Compartida.

1987. Ley de Matrimonio Civil y Divorcio Vincular.

1988. Ley sobre Actos Discriminatorios (incluye discriminación por sexo).


  • Decepciones de la democracia

1986-1987. Leyes de impunidad para militares implicados en la represión (“Obediencia debida” y “Punto final”).


1988-1989. Hiperinflación y fuerte presión de grupos económicos sobre el gobierno de Alfonsín, que finaliza anticipadamente su mandato.



1989-2008
Entre el esfuerzo de regulación de la actividad profesional y la creciente medicalización

  • Nuevos procesos de institucionalización

Intenso intercambio regional en congresos latinoamericanos organizados por FLASSES.


1992-2004. Las principales asociaciones sexológicas argentinas (SASH, Kinsey y FESEA) aprueban sus reglamentos de acreditación en sexología clínica y/o educativa, en búsqueda de legitimación social y regulación profesional.
1999. Se crea la Federación Sexológica Argentina (FESEA), con el propósito de aglutinar a las asociaciones sexológicas de todo el país (vocación federal).
2002-2003. Se crean asociaciones regionales en diferentes ciudades del país.


  • Re-medicalización de la sexología

1990. Se funda la Sociedad Latinoamericana de Impotencia (SLAI), como capítulo regional de la International Society for Impotence Research (ISIR).


1992. La SLAI realiza en Buenos Aires su 1er Congreso Latinoamericano.
1998. Impulso de la sexología clínica por el descubrimiento del sildenafil para el tratamiento de la disfunción eréctil: médicos ganan terreno en detrimento de psicólogos.

Surgimiento y consolidación de la medicina sexual, como nueva rama de la medicina dedicada a investigar y tratar las disfunciones sexuales.


2004. 11º Congreso Mundial de Medicina Sexual en Buenos Aires, organizado por la International Society for Sexual and Impotence Research (ISSIR).

  • Reforma, crisis y salida democrática

1989: Menem, candidato del peronismo, es electo presidente y reelecto en 1995 (hasta 1999).


1999. De la Rúa, candidato de una alianza opositora al peronismo, es electo presidente.
1989-2001. Reforma neoliberal del Estado e incremento de los niveles de pobreza.
2001. Renuncia el presidente De la Rúa, ante una grave crisis política e institucional y la creciente conflictividad social.
2003. Néstor Kirchner, uno de los candidatos del peronismo, es electo presidente hasta 2007.
2003-2007. Crecimiento económico y disminución del desempleo.


  • Leyes relativas a derechos sexuales y reproductivos

1990. Ley nacional de Sida


1994. Reforma de la Constitución Nacional: nuevos derechos que mejoran el estatus de las mujeres e inclusión de la CEDAW (entre otros pactos de Derechos Humanos) a la Constitución.
2002. Ley nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable.
2002. Ley de Unión Civil de la Ciudad de Buenos Aires, primera ley en América latina que reconoce a las parejas formadas por personas del mismo sexo.
2006. Ley nacional de Educación Sexual.
2007. Cristina Fernández de Kirchner, primera mujer en ser electa para la presidencia de la Nación.
2010. Ley de Matrimonio Igualitario (entre personas del mismo sexo).



1 Sobre los orígenes y desarrollo de la sexología ver, entre otros, Béjin (1987a y 1987b), Bullough (1994) e Irvine (2005).

2 Ver detalle de la muestra de informantes entrevistados en Cuadro 1.

3 En el cuadro 2 se presenta una síntesis cronológica de la historia de la sexología y el contexto sociopolítico en Argentina.

4 Eva Giberti es una educadora sexual cuyas obras y actividades tuvieron gran receptividad, sobre todo en la década de 1960, y ha sido vista por el público masivo como una de las principales divulgadoras del psicoanálisis, en particular sobre sexualidad. Es una figura difícil de clasificar en nuestro trabajo, pues no es reconocida por los sexólogos como una integrante del campo (no es mencionada por los informantes al preguntarles por los pioneros/as de la sexología) y, a su vez, ha sido desconocida o impugnada desde la ortodoxia psicoanalítica (principalmente, desde la Asociación Psicoanalítica Argentina), pese a haber jugado el rol de bisagra entre ambos campos de saberes y prácticas. Sobre el papel de Eva Giberti en la educación sexual y en la difusión del psicoanálisis en la Argentina, véanse Cosse (2006: 43-48) y Plotkin (2003: 169-175).

5 En 1962 se editó la colección de tres volúmenes de “Escuela para Padres” que recopilaba los artículos escritos durante esos años. Posteriormente, se editó “Adolescencia y Educación Sexual”, con los artículos referidos a dichos temas. Ambas publicaciones fueron re-editadas en Argentina y en otros países latinoamericanos en numerosas oportunidades (Giberti, s./f.).

6 En 1975, el primer grupo de becarios fundó el Comité Regional de Educación Sexual para América Latina y el Caribe (CRESALC) que tendría un rol fundamental en la formación de educadores sexuales en la región y en Argentina, en particular (Aller Atucha, Bianco Colmenares y Rada Cadenas, 1994).

7 Al respecto, véanse las investigaciones historiográficas de Balán (1991) y Plotkin (2003). Este último explica la amplia y rápida difusión del psicoanálisis en la década de 1960 en Argentina, caracterizada por profundos cambios sociales y culturales, como el crecimiento de una clase media rica y educada con nuevas expectativas y pautas de consumo y las modificaciones en la concepción tradicional de la familia y el rol de la mujer en el hogar y en la sociedad.

8 La presencia del psicoanálisis en la sexología hoy es absolutamente marginal. A pesar de que los pioneros del campo sexológico reconocen el pasaje por esta corriente en los inicios de su formación, todos dicen haber adoptado otros enfoques para el abordaje clínico de la sexualidad. El enfoque más difundido entre los sexólogos clínicos es el cognitivo-conductual -en el que se inscriben los clásicos modelos de Masters y Johnson y Helen Kaplan-, que propone una terapia focalizada en la resolución de un problema puntual, a partir de la modificación de comportamientos y pensamientos que se identifican como “disfuncionales”. La eficacia es un argumento que utilizan los sexólogos clínicos para rechazar los enfoques psicodinámicos (definidos por un entrevistado como un “psicoanálisis sexual”) que trabajan sobre las causas históricas -de larga data- de los problemas.

9 En 1980 se creó la Federación Latinoamericana de Sociedades de Sexología y Educación Sexual (FLASSES); en el mismo año, Caldiz y Gindín crearon el Centro de Educación Terapia e Investigación en Sexualidad (CETIS), institución privada dedicada durante 20 años a la formación de médicos y psicólogos como especialistas en sexología clínica, y en 1982 fundaron la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana (SASH), hoy la principal asociación sexológica del campo argentino; en 1983, se creó el Instituto Kinsey de Rosario.

10 Nos referimos a la “medicalización” que supone, por ejemplo, plantear desde la legislación y las instituciones educativas a la sexualidad exclusivamente en términos de “salud sexual” y, a su vez, asociar este concepto principalmente a la ausencia de enfermedad.

11 La ciudad de Buenos Aires fue sede del Iº Congreso de la Sociedad Latinoamericana de Impotencia (SLAI) en 1990 y del 11º Congreso Mundial de Medicina Sexual en 2004, organizado por la entonces International Society for Sexual and Impotence Research (ISSIR), lo que refleja el avance de la medicina (especialmente, la urología) en el campo sexológico y reactualiza la tradicional puja entre profesiones y especialidades por adjudicarse el monopolio en el estudio y el tratamiento de la sexualidad humana.

12 Estas proporciones refieren a una muestra de 81 profesionales del campo de la sexología en Argentina, que identificamos en nuestra búsqueda electrónica, en 2007-2008.

13 Cabe recordar que los actuales referentes de la sexología en Argentina pertenecen a una generación que se formó con anterioridad a la difusión de los estudios de género (que data de finales de los años 80) y también que en este país la enseñanza de la psicología está dominada por un enfoque psicoanalítico que muchas veces refuerza visiones tradicionales sobre la sexualidad femenina (Plotkin, 2003).Sin embargo, es importante tener en cuenta que un sector del campo “psi” ha sido muy permeable a la perspectiva de género al punto de haber creado hace 15 años el Foro de Psicoanálisis y Género, espacio de presentación de trabajos y discusión que se reúne mensualmente.

14 La licenciatura en Eugenesia y Humanismo era una carrera de grado ofrecida por la Universidad del Museo Social Argentino, cerrada en los años ’80.




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