Arqueología 2ª parte



Descargar 0.72 Mb.
Página7/12
Fecha de conversión06.11.2018
Tamaño0.72 Mb.
Vistas41
Descargas0
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   12
Catálogo:

2. ESCULTURA DE CARÁCTER RELIGIOSO


Deidades del panteón romano y representaciones de tradición helénica.

De la escuela neoática proceden la mayor parte de las plástica religiosa del panteón romano. En Hispania es Itálica la ciudad que ha ofrecido una mayor abundancia de esculturas de divinidades. Le siguen en importancia Mérida y Tarragona. Entre las divinidades masculinas destacan, por su frecuencia, Hermes y Dionisos y entre las femeninas Minerva, Venus y Diana.

Del teatro de Itálica procede el espléndido desnudo de Venus, naciendo de la espuma del mar, elemento simbolizado plásticamente por un delfín. De las numerosas esculturas de Diana también la más espléndida procede del teatro de Itálica. Es sin duda una de las más bellas esculturas romanas halladas en España.

Entre los héroes tuvo Hércules una enorme aceptación en todo el Imperio. En España se han hallado un sinnúmero de bronces de pequeño tamaño de este héroe. Entre las divinidades menores destacan las representaciones de los séquitos de Ménades y de Silenos. También muy populares fueron las representaciones de Eros dormido. Otras divinidades poseyeron un culto privado, como los lares, de las que se han encontrado esculturas en bronces de pequeño tamaño.



Representaciones relacionadas con religiones orientales.

Estas representaciones llegaron a Hispania a través de los movimientos de tropas o gracias al comercio o penetran con los esclavos procedentes del Oriente.

El culto de Mithra estuvo particularmente vinculado a la región de Mérida, donde existió un Mithraeum o santuario dedicado a Mithra. De allí procede la escultura de un Chronos mitriaco, rodeado su cuerpo desnudo por una serpiente de la inmortalidad, o el Chronos mitriaco leontocéfalo sobre cuya espalda se distingue el comienzo de las alas.

La religión de Attis y de la Magna Mater (Cibeles) ha dejado numerosos testimonios escultóricos en la Península. El mito de Attis y Cibeles se basa en un ritual de la vegetación oriental. Como consecuencia de la pasión de Cibeles por Attis, el muchacho muere. Pero con la ayuda de Cibeles, Attis resucita brotando de nuevo de la tierra. Por este caracter ritual de muerte-resurrección la representación de Attis revistió un sentido claramente funerario. Sus imágenes provienen de necrópolis, como Carmona, o adornan edificios funerarios o estelas, como en Mérida. El tipo más corriente documentado en Hispania lo representa de pie, vestido a la moda oriental con largo pantalón y gorro frigio. Su actitud es pensativa: lleva la mano derecha a la barbilla y apoya el brazo izquierdo en el abdomen, cruzando ligeramente ambas piernas.

El culto a Isis fue el mas extendido en Hispania. Uno de los testimonios más significativos es el monumento de Acci (Guadix). Está dedicado a Isis puellarum o Isis protectora de las niñas. Muy popular en Hispania serán las representaciones de la Isis kourotropos amamantando al niño Horus. Este tipo dará origen, a través del arte copto, a la figuración de María con Jesús sobre sus rodillas.

3. ESCULTURA DE CARACTER FUNERARIO: SARCÓFAGOS Y ESTELAS


Los sarcófagos ocupan un lugar muy importante en el marco de la plástica antigua. La utilización del sarcófago responde a un rito de inhumación relativamente tardío en el mundo romano y que se puso de moda a partir de la época Adrianea. Dos son los grupos principales de estas producciones: los talleres occidentales con su centro principal en Roma y el grupo oriental con las fábricas de Atenas y Asia Menor.

Los sarcófagos del grupo occidental muestran una técnica narrativa continua: los distintos episodios de una escena aparecen yuxtapuestos a lo largo del sarcófago sin mediar entre ellos una interrupción o separación formal aparente. Los sarcófagos del grupo oriental introducen en los frisos elementos ornamentales y arquitectónicos que enmarcan en muchas ocasiones a las figuras, las cuales quedan incluso totalmente separadas.

Las provincias imitan estas producciones en una medida mecho menor que el retrato. Sus creaciones son por lo general muestras de un arte bárbaro y de escasa calidad. La mayoría de las piezas halladas en Hispania son obras importadas generalmente de Roma. La Tarraconense es la provincia que ha ofrecido un número mayor de producciones y sobre todo su zona litoral. Sigue a la Tarraconense la Lusitania y por último la Bética. La distribución cronológica de estas producciones es interesante. En el s.II son escasos mientras que el s.III marca el auge de los sarcófagos paganos, decayendo en el s.IV como consecuencia de la propagación oficial del cristianismo tras el edicto de Milán.

La temática de los sarcófagos paganos es a veces difícil de distinguir de la iconografía de las primeras producciones cristianas. Pero en general la temática pagana es evidente. Decoran los sarcófagos temas báquicos o temas de ultratumba, como el frecuentemente representado por Proserpina, muchacha raptada por Plutón a los infiernos donde encontrará su nueva morada. El carácter escatológico se manifiesta también en los sarcófagos de las Musas y de Apolo, estrechamente asociados con una cierta noción de inmortalidad terrena; o en los sarcófagos con la figura del pedagogo quien sostiene en sus manos el volumen desenrollado de la sabiduría, esto es, de la salvación. En estos últimos casos, el tránsito entre el arte pagano y la figuración cristiana es apenas perceptible.

De cuño totalmente pagano son dos de los mas bellos sarcófagos hallados en España: el sarcófago de Husillos, con la leyenda de Orestes (Museo Arqueológico Nacional), obra de época adrianea, y el ejemplar de Tarragona, hallado en el mar, en el que se narra la leyenda de Hipólito. El de Husillos es un ejemplo de la técnica narrativa característica utilizada por los talleres del grupo occidental.

Al margen de los sarcófagos, existieron paralelamente otros monumentos funerarios de carácter más local y temática menos mitológica y más concreta. Cabe citar los llamados cipos funerarios y las estelas. Los cipos funerarios son en realidad estelas con el busto del, o de los, personajes retratados bajo una hornacina o nicho flanqueado de columnas. Mérida ha ofrecido una serie muy rica de ejemplares de este tipo. Otro tipo de estelas funerarias presenta al difunto de frente o de cuerpo entero, casi todas con inscripción latina con el nombre del personaje. Citemos la estela conocida como del niño minero, procedente de Baños (Jaén).

El Centro y el Noroeste de la Península conservan en plena época romana un tipo de estela de caracter indígena muy acentuado. Son éstas las zonas de la Península menos penetradas por la romanización. Posiblemente por ello pervivieron aquí con más fuerza los ritos autóctonos frente a la concepción funeraria, más propia de Roma, arraigada sobre todo en la Bética. Se trata de unas estelas alargadas y rematadas en su parte superior con medio círculo o bien con un círculo casi completo. En su temática es muy frecuente el banquete fúnebre. En otras ocasiones es la guerra protagonista, como la del jinete de Clunia. Escenas de oficio como la estela del pastor con sus bueyes, o escenas cinegéticas parecen poseer en este arte local un sentido escatológico semejante al de las estelas romanas con cuadros de género. Lara de los Infantes ha ofrecido un riquísimo conjunto de estas producciones. La personalidad de lo indígena y lo céltico predominan aquí sobre lo puramente romano.

TEMA 28

PINTURA Y MOSAICO ROMANOS

La pintura y el mosaico encuentran por lo general cabida simultáneamente dentro del mismo marco arquitectónico: el interior de un edificio. Ambas manifestaciones muestran con frecuencia una temática común, unos motivos decorativos similares y sobre todo unas maneras de tratar las figuras.

La pintura y el mosaico debieron tener una importancia excepcional en la decoración del interior de las casas romanas. Construidas éstas con materiales pobres, la pared recubierta de estuco blanco requería casi espontáneamente una decoración pictórica que la animase. A ello debe unirse el hecho de que en las viviendas de la antigüedad apenas existieran muebles. La tendencia al lujo que se va apoderando del ciudadano romano origina una demanda extraordinaria de pintores para decorar las paredes.

LA PINTURA ROMANA

La pintura ha sufrido en conjunto peor suerte que el mosaico, ya que rara vez se han conservado íntegras las paredes de un edificio. Sobre todo se han conservado restos de pinturas ornamentales de casas y villae y, con carácter funerario, de tumbas. Pero la pintura decoró también edificios de carácter público, como termas, anfiteatros o ninfeos, aunque sus restos conservados (en Hispania) sean esporádicos. Su contenido es de carácter ornamental, decorativa más que narrativa, en la que apenas aparecen escenas y sí predominan elementos geométricos, vegetales y animales.



Técnicas

Existen dos fases en la realización de una pintura romana: la preparación de la pared que se va a pintar y, en segundo lugar, la ejecución de la pintura propiamente dicha.

. Cualquiera que fuese el material empleado en la construcción del muro, éste recibía con posterioridad un revestimiento de mortero, formado por arena y cal principalmente, que podía constar de hasta siete capas, aunque para las pinturas murales halladas en España, encontraremos tan sólo dos. Sobre esta preparación bien pulida, se realizaban los bocetos y trabajos preparatorios que el pintor u otro operario trazaban sobre el enlucido todavía húmedo para marcar el esquema básico de la composición concertadas previamente entre el dueño de la casa y el director de los trabajos; los procedimientos usados son básicamente tres: la incisión con un punzón de metal o hueso, el compás de punta seca para los elementos curvos y en ocasiones también se emplea un cordel, a veces empapado en ocre.

. Seguidamente se aplicaban la capa o capas de pintura.

Las técnicas empleadas en la aplicación de la pintura son fundamentalmente tres:

. El fresco consiste en aplicar sobre el enlucido húmedo los colores disueltos en agua y así se produce un proceso químico ya que el anhídrido carbónico del aire en contacto con la cal del enlucido reacciona formando una película de carbonato cálcico que es la que garantiza la conservación de los colores y la adherencia al soporte. Pueden existir dos variantes: aplicar una mano de cal sobre el enlucido seco y luego pintar y aplicar los colores disueltos en agua de cal cuando el enlucido esta ya seco, lo que suele utilizarse para retoques finales.

. El temple consiste en aplicar los colores ligados en un aglutinante como huevo, cola animal o vegetal.

. En la encaústica los colores están mezclados con cera que los consolida y fija al soporte. Esta técnica se emplea en pequeñas superficies ya que los colores deben aplicarse calientes.

Los artistas debieron ser un grupo muy numeroso ya que la pintura no se concibe como un artículo de lujo, sino que es el revoque final de cualquier obra arquitectónica y los restos encontrados no deben entenderse en ningún caso como obras de arte, salvo casos excepcionales. La pintura es, en el mundo romano, una actividad anónima generalmente en manos de esclavos y libertos, que se debieron agrupar en talleres, sobre cuyo funcionamiento apenas conocemos nada.

En las pinturas procedentes de Hispania encontramos sobre todo la técnica del fresco y al temple, y en muchos casos la mezcla de ambos. La capa del fondo está realizada al fresco, aplicándose por encima los detalles o retoques de última hora al temple, esto es, en seco.



Evolución estilística de la pintura romana en Hispania.

Los restos pictóricos hallados en Hispania cubren un amplio lapso temporal que va desde el s.II a.C. hasta el final del Imperio, siendo Hispania Citerior la provincia con las pinturas más antiguas. Aparecen los cuatro estilos denominados pompeyanos, lo cual confirma la presencia de talleres itálicos, cuya producción se constata en distintos yacimientos de una misma zona, lo cual permite establecer sus posibles rutas.

. I Estilo o estilo de incrustación.

No es un estilo propiamente pictórico. Se trata de la representación de la estructura muraria mediante estuco en relieve y pintado. El zócalo, la zona media formada por ortostratos lisos o imitando mármoles, generalmente granito o alabastro y una zona superior con hileras de sillares a soga y tizón que también imitan mármoles de distintas variedades. Su período de mayor esplendor oscila entre el s.II y comienzos del s.I a.C.

Los restos conservados en Hispania, asociados generalmente a pavimentos de opus signinum, son los más antiguos de la zona occidental del Imperio y denotan la pronta romanización de este territorio. Belmonte de Calatayud (Zaragoza) aporta los elementos más antiguos hasta el momento, que manifiestan claros influjos helenísticos. En Botorrita (Zaragoza) hallamos imitaciones marmóreas, junto a imitaciones de sillares incisos. En Azaila (Teruel) se constatan diferentes tipos de imitaciones marmóreas, cubos en perspectiva y figuraciones paisajísticas, hoy perdidas.

. II Estilo o estilo arquitectónico.

El II Estilo, que aparece hacia el año 100 a.C. en la Casa de los Grifos de Roma, se diferencia claramente de la época anterior y de la siguiente. Sus principales características son la representación de complejas arquitecturas reales, con introducción de la perspectiva y de las megalografías.

Los restos de este estilo en Hispania no son muy abundantes y llegan a mediados del s.I a.C. Hacia los años 40-30 a.C. se realizan las decoraciones de la colonia Lepida-Celsa con un amplio repertorio decorativo, enlazado cronológicamente con las pinturas de la Casa de Ampurias. Estas decoraciones siguen la moda establecida en Italia, con representación de arquitecturas que amplían ilusoriamente el espacio. Además las pinturas de Celsa permiten confirmar la presencia de figuraciones humanas, concretamente varios episodios de los trabajos de Hércules.

. III Estilo o estilo ornamental.

Su testimonio más antiguo es la pirámide de Cayo Cestius de Roma entre el año 18 y el 12 a.C. Las formas arquitectónicas se reducen a elementos lineales que dividen la pared y que están decorados con un rico repertorio ornamental de carácter miniaturista. Los elementos sustentantes, como columnas y pilastras se estilizan o se sustituyen por candelabros y elementos vegetales. En Hispania se introduce hacia el último decenio del s.I a.C.

El esquema decorativo es el siguiente:

. Arquitecturas con edículo central que corresponden a las paredes más ricas, generalmente con escenas mitológicas o viñetas en el centro de los paneles. Los ejemplos más representativos proceden de Cartagena y Ampurias.

. Sucesión de paneles anchos lisos de color rojo y estrechos, negros, decorados con candelabros que pueden imitar modelos metálicos o estar vegetalizados y recibir diversos ornamentos. Este sistema compositivo está presente en las pinturas de Bilbilis, Calahorra, colonia Lepida-Celsa, Pinos Puente, Vic.

. La articulación más sencilla la forman un grupo de decoraciones pintadas consistentes en una sucesión de paneles decorados con filetes triples y separados por medio de bandas (Bilbilis, Zaragoza, Ampurias, Carmona).

El zócalo es generalmente liso o con imitaciones de mármoles y solamente en algunos lugares aparecen decorados, en Mérida y Vic con motivos geométricos y en Pinos Puente con motivos figurados.

En los techos aparecen sistemas en relación continua derivados de casetones de estuco que en la Casa de los Delfines de Celsa se completan con escenas figuradas: en la central Venus cabalgando sobre tritones y en las secundarias Nereidas. Los techos de diversas tumbas de la necrópolis de Carmona también se integran en este estilo.

. IV Estilo o estilo fantástico.

En Hispania la aparición del denominado IV Estilo representa el nacimiento de las primeras producciones locales y regionales. En líneas generales podemos afirmar que se mantienen los esquemas compositivos de la primera mitad del siglo, con paredes planas compartimentadas en paneles anchos y estrechos. El cambio se manifiesta esencialmente en el repertorio ornamental, sobre todo en la aparición de cenefas caladas que son el motivo característico de este momento. Las pinturas más antiguas del IV estilo proceden de las termas de Bilbilis que pueden fecharse entre los años 50-70 d.C. y fueron realizadas por un taller de procedencia itálica que también trabajó en Monreal de Ariza y Tiermes. Aunque los conjuntos hallados en la Península son todavía muy escasos, se pueden establecer una serie de características relacionadas con los sistemas compositivos y el repertorio ornamental.

. La decoración de los zócalos consiste en imitaciones de mármoles en las pinturas más simples o bien aparecen motivos de carácter geométrico alternando con zancudas o pájaros entre macizos vegetales y representadas en friso corrido (Tiermes).

. En la zona media se constata una ausencia total de arquitecturas y lo más común es la división en compartimentos anchos, lisos o decorados con cenefas caladas (Bilbilis, Arcobriga) y estrechos con candelabros de diversa tipología: imitando modelos metálicos (Bilbilis), compuestos por elementos vegetales sencillos (Arcobriga, Tiermes) o profusas decoraciones vegetales en las que se integran otros motivos (Mérida y Toledo); también son comunes las pirámides vegetales (Bilbilis y Mérida) y los candelabros torsos (Bilbilis, Arcobriga y Tiermes).

. La zona superior de la pared presenta una red de casetones (Bilbilis) o un friso con roleos animados con pájaros que se posan en los zarcillos (Tiermes).

. Por lo que se refiere a los techos, únicamente se conservan en Bilbilis y Carmona y, en ambos casos, se trata de un sistema de relación continua que parece imitar modelos en estuco.

. Mención especial merecen las pinturas flavias del anfiteatro de Mérida con representación de venationes que guardan muchas semejanzas con las del anfiteatro de Pompeya.

El siglo II

En las pinturas hispanas del s.II se constatan tendencias muy similares a las del resto de las provincias imperiales, si bien están ausentes las arquitecturas. La primera nota destacable es la continuidad de los sistemas compositivos y así hallamos paredes planas con una sucesión de paneles monocolores y con un repertorio ornamental de épocas pasadas, generalmente con un considerable aumento de tamaño.

Las imitaciones de mármoles ascienden tímidamente a la zona media de la pared y ya en la segunda mitad del siglo, los mármoles decoran la totalidad de la pared, como se ve en Mérida.

Epoca Bajoimperial

La pintura de estos siglos está mal representada debido a la ausencia de restos que permitan siquiera esbozar una línea de evolución. En los ejemplos conservados se observa un continuismo en el empleo de las imitaciones marmóreas que ascienden con mayor profusión a la zona media de la pared.

El s.IV se caracteriza por el gusto por las figuraciones humanas. Hay que destacar los restos de la calle Suárez Soomonte de Mérida con diversas escenas de circo y de caza y de la Casa del Teatro de Mérida, que conserva parte del cuerpo de cuatro personajes sobre pedestales vestidos con túnica que permiten una datación entre los años 325-350. Completa el elenco de pinturas el ninfeo de Santa Eulalia de Bóveda en Lugo, cuya bóveda estaba decorada con una retícula formada por motivos vegetales que encierran aves de diversas especies.

EL MOSAICO ROMANO

El término mosaico sirve para designar la ornamentación de una superficie arquitectónica (suelo, pared o techo) a base de pequeñas piezas, denominadas teselas, ya sean de mármol, terracota o de pasta vítrea, colocadas fijamente sobre un fondo de cemento, formando una superficie lisa y decorada con representaciones geométricas, vegetales o figuradas.

Su origen tuvo lugar en Oriente en torno al 2.500 a.C. y fue empleado por los caldeos y mesopotámicos, así como por los egipcios para decorar sus templos y palacios. Desde Egipto este arte se extendió en dos direcciones: una hacia Oriente, Siria y Asia Menor, en los s.VIII y s.VII a.C. y otra a Grecia. En Grecia fue utilizado desde el s.V a.C.

En el s.II a.C. la técnica del mosaico pasa a Roma, cuyas obras más importantes las encontramos en las ciudades de Pompeya y Herculano. Desde Italia el arte musivario se extendió al resto del Imperio, siendo Hispania, junto con el norte de Africa y Próximo Oriente, la provincia occidental que mayor número de mosaicos ha conservado.



Técnicas y tipos de trabajo

El mosaico, antes de ser una decoración, es un revestimiento utilitario, cuya función consiste en hacer lisa, confortable, robusta e impermeable una superficie, de ahí que fuera adoptado pavimento en los edificios privados y su rápida difusión a los monumentos públicos. Su extensión sobre paredes y techos se debe al carácter utilitario de su función. Al mosaico de suelo o pavimento se le denomina opus tesellatum y al mosaico de paredes y techos opus musivum.

En la realización de un mosaico existen, al igual que en la pintura, dos fases: la preparación del soporte y la realización propiamente del pavimento.

Entre el mosaico y el suelo natural, que se encuentra a una profundidad variable, aparecen varias capas:

. La capa más inferior se denomina statumen, está realizada con un mortero compacto de tierra, cal, mampostería o cantos rodados; su espesor es variable, así como su textura que puede ser más o menos compacta y resistente.

. La segunda capa, rudus, es de mortero duro, compuesta de cal, arena y fragmentos de otros elementos, polvo de ladrillo o teja y carbones. Su espesor es también variable, teniendo, en algunos casos, dos estratos.

. La capa superior en donde están colocadas las teselas se denomina nucleus. Es la más homogénea de las tres y de su confección depende la calidad del mosaico; está compuesta de un mortero de cal, arena y polvo de ladrillo o teja muy triturada. Finalmente, en algunos ejemplares existe una capa de mortero muy fina que constituye el lecho de colocación, denominada supranucleus.

Una vez preparado el suelo por los albañiles y la capa superior del mortero ya lisa y fraguada, se realizaba la parte artística del mosaico. En una primera fase el pintor pasaba al suelo la pintura o el boceto que se iba a realizar; primero con carboncillo para poder rectificar si se equivocaba y luego con pintura para evitar que se borrase; utilizando plantillas, tal vez de cerámica o plomo para algunas zonas. Con el dibujo ya terminado, el musivario se encargaba de perforar el mortero, dejando vacío y limpio el dibujo para que el tesselario colocase las teselas. Para ello se humedecía la parte perforada y se rellenaba de mezcla, sobre la cual se colocaban las teselas, previamente cortadas para que encajasen.

En la colocación de las teselas se requieren tres procedimientos:

. La disposición paralela, yuxtaposición de teselas rectas.

. la colocación diagonal o en oblicuo, se obtiene por alineaciones de teselas opuestas por el vértice o por los lados.

. Finalmente, para realizar líneas curvas el mosaista o yuxtapone elementos cuadrados dejando que aparezcan entre ellos triángulos de lecho; o elementos cortados en forma de dovelas y yuxtapuestos; o elementos triangulares o poligonales; o teselas cortadas en formas complementarias y colocadas siguiendo un cierto orden.



Talleres

Aunque los mosaicos se realizaron en equipo, la documentación que poseemos, tanto literaria como arqueológica, sobre su funcionamiento es aún muy escasa. Salvo los emblemata, que debían de ser confeccionados aparte para después transportarlos e insertarlos en otros pavimentos que se realizaban in situ, todo hace pensar que los talleres estaban formados por equipos itinerantes que se desplazaban según la demanda, empleando una mano de obra local para las diferentes operaciones del suelo. Los talleres no debieron tener una gran infraestructura y las teselas se hacían a mano en la misma obra, utilizando materia prima local, hecho que se ha podido comprobar en los materiales utilizados en los mosaicos hispanos que provienen de canteras cercanas, aunque también existen mármoles y vidrios importados.



Tipología

Los romanos distinguían diferentes tipos de mosaicos dependiendo del material que estaban realizados:



  1. Uno de los más sencillos es el mosaico de piedra o de cantos rodados, el cual tuvo su gran apogeo durante los s.VIII-I a.C. en Frigia y Grecia.

  2. El opus signinum. Su nombre proviene de la ciudad de Signia (Italia). Esta realizado con mortero y cal, mezclado con fragmentos de cerámica, lo que le da un color rojizo. Es un pavimento en el que se insertan teselas blancas o rojas que al principio no están alineadas y que más tarde se alinean para dibujar diversos motivos.

  3. El opus tessellatum. Está realizado a base de teselas cuadradas, ya sean de piedra, terracota, pasta vítrea, etc. y que se adaptan fácilmente unas con otras. Esta técnica revolucionó el arte del pavimento, ya que se podía utilizar cualquier tipo de material y permitía ampliar la gama cromática, con lo que el mosaico se acercaba a la pintura. Este tipo de mosaico puede ser bícromo (blanco y negro) o policromo. Cronológicamente se sitúa desde el s.III a.C. al s.V. Dentro de este tipo existen dos variantes:

. El tesselatum propiamente dicho, que cubre grandes superficies con teselas de más de 1 cm3.

. El vermiculatum, cuyas teselas son más pequeñas y se emplea para la confección de pequeños cuadros que se realizaban en el taller y luego se introducían en un mosaico tesselatum. Estos pequeños cuadros de forma generalmente cuadrada y a veces circular se denominan emblemata. Por su carácter de producto en serie poseyeron una característica tradicional (casi siempre son los mismos temas) así como imitativo de la gran pintura. La temática en ellos es reducida, con temas mitológicos, bodegones, peces o máscaras de la tragedia y de la comedia.

Es muy frecuente que aparezcan los dos tipos combinados, usándose el opus vermiculatum para los contornos y el opus tessellatum para su relleno.

4. El opus sectile está realizado con fragmentos de mármol de diferentes colores y cortados en formas geométricas que forman figuraciones geométricas, vegetales y, en época bajo imperial, humanas.

5. Además en Hispania aparece un tipo de mosaico formado con teselas de cerámica y piedra (opus figlinum) y un tipo de mosaico realizado con mortero de cerámica o de cal con incrustaciones de mármol o piedras de diferentes colores, distribuidas irregularmente denominado opus scutulatum.

Evolución de los mosaicos en Hispania

  • Existen pavimentos de cantos rodados que se desarrollan entre los s.VII-IV a.C. en contextos indígenas (Cástulo, Jaén) con un diseño de ajedrezado y triángulos, únicos hasta ahora en Occidente.

  • Los primeros mosaicos propiamente romanos son los de opus signinum. Los encontramos hasta el s.I a.C. en la zona oriental de la Península, entre Ampurias y Cartagena, con un núcleo importante en el valle del Ebro, en Lepida-Celsa y en menor número en Itálica y Mérida. Sus motivos decorativos son muy similares a los de Italia; presentan motivos geométricos (círculos, semicírculos, rombos, meandros), vegetales, animales, particularmente delfines, e inscripciones en griego, latín e ibérico.

En menor medida encontramos por las mismas fechas otros tipos pavimentos, los denominados de “mortero blanco” (Lepida-Celsa), el opus scutulatum (Cartagena y Lepida-Celsa) y los de teselas blancas (Cartagena y Ampurias).

  • El opus sectile, aunque menos numeroso que el opus tesselatum convive con éste ya desde finales del s.I d.C. Son escasos en Hispania. Los hay en Córdoba y abundan en Itálica, siendo de destacar el de la Casa de la Exedra, fechados en el s.III d.C.; la Casa de la Alcazaba de Mérida; la Casa del Opus Sectile en Uxama (Burgos) hecho con mármoles de diferentes colores y jaspe verde formando rombos, cuadrados y triángulos.

  • El opus tesselatum aparece en Hispania en el s.I. Los ejemplares de Lepida-Celsa son los más antiguos.

. Dentro de la evolución general del opus tesselatum se utiliza primero el polícromo helenístico, del que se conocen en Hispania 5 cuadros (emblemata) de opus vermiculatum, procedentes de Ampurias: un bodegón, una máscara cómica, una perdiz, la lucha de un calamar y una langosta y, por último, el célebre Sacrificio de Ifigenia.

. Durante los s.I-II se desarrolla, por influencia itálica, el mosaico blanco y negro. Su técnica de ejecución es más barata y simple, difundiéndose ampliamente por Ampurias, Barcelona, Elche, Carmona, Itálica y Mérida. Al principio se utilizan motivos geométricos y florales, posteriormente, hacia la mitad del s.II, se introducen las primeras composiciones figuradas, siendo el ejemplar más representativo el de una estancia termal que sirvió de pavimento a la Iglesia de San Miguel de Barcelona, con tritones afrontados. Entre la segunda mitad del s.II y principios del s.III d.C. se incorporan temas más complicados mediante yuxtaposiciones de figuras geométricas y composiciones figuradas en las que se introduce el color (Mosaico de Neptuno en Itálica). Otros pavimentos reflejan una composición geométrica y vegetal en teselas blancas y negras, incluyendo un pequeño cuadro, a modo de emblema, con figuración policroma, como son las representaciones del Rapto de Europa hallado en Mérida o el de las Tres Gracias conservado en el Museo Arqueológico de Barcelona. Esta tendencia a incluir temas policromos en mosaicos bícromos es una característica provincial típica de Hispania.

. Hacia mediados del s.II d.C. y a pesar de la pervivencia de bicromía, en algunas zonas como Mérida, Barcelona, Murcia y Navarra, el gusto por la policromía tiende a imponerse. Su uso se generaliza en el s.III, siendo en los talleres de la Bética donde mayor número de mosaicos se han localizado, con una predilección por los temas mitológicos que se insertan en diversos registros geométricos.

. Durante el s.III d.C. adquiere en Hispania una gran preponderancia un tipo de mosaicos en los que se representa a las estaciones personificadas en sendas cabezas femeninas, cada una de ellas con su atributo específico (Mosaico policromo de Tellus en Itálica). La gran aceptación que en los siglos subsiguientes alcanzará este tema en las villaes tardoimperiales se explica por su relación estrecha con el carácter fundamentalmente agrario de la época y por la fácil adaptación de este motivo a las cuatro esquinas del pavimento.

. Paralelamente y durante el s.IV d.C., en algunos mosaicos existe una influencia del Oriente como se aprecia en determinados motivos geométricos (teselas dispuestas en abanico o en las orlas de acanto) y en distintas escenas mitológicas, cuyos exponentes más significativos son el mosaico Cosmogónico de Mérida, de profundo simbolismo filosófico y el pavimento del Nacimiento de Venus en Itálica. Dentro de la misma corriente corresponden algunos mosaicos de tema cinegético estrechamente relacionados con la musivaria de Antioquía. Ejemplos: Escena de la orla del mosaico de Meleagro y Atalanta de Cardeñajimeno (Burgos) y la Gran Caza de la Villa de La Olmeda en Pedrosa de la Vega (Palencia).

Junto a esta influencia oriental, se detectan otros pavimentos relacionados con la producción musiva africana, que ofrecen una variedad de temas iconográficos. Mitológicos con predominio de las escenas báquicas como el mosaico de Fuente Alamo (Córdoba), dividido en dos registros superpuestos con la representación del Triunfo de Dionisos y la Lucha del dios con los indios; Nilóticos, destacando el mosaico de una villa de Fuente Alamo; Cinegéticos, cuyo mejor exponente es el mosaico de Centcelles.

. En el s.IV d.C. (Bajo Imperio) el mosaico alcanza su gran desarrollo y originalidad, sirva de ejemplo el magnífico pavimento de Los Siete Sabios de Mérida; sin embargo, las grandes producciones del momento se concentran en las villas. Lo más destacable de esta época son el aumento de tamaño de figuras y escenas que, a veces, ocupan todo el espacio; las grandes composiciones figuradas, en las que priman el expresionismo y el estudio anatómico como se aprecia en el pavimento de Aquiles de Pedrosa de la Vega; las representaciones alegóricas de las Estaciones, bien en busto, de cuerpo entero o simplemente con sus símbolos; los Retratos posiblemente de los dueños de las villas; la generalización de los recuadros, las grecas de entrelazos y sogueados.

. Los mosaicos ya tardíos, de los s.V-VI d.C., participan de la desintegración de las formas artísticas y del horror vacui, que caracterizan al arte del período, predominando la frontalidad, la yuxtaposición de los personajes y la falta de volumen en los cuerpos, lo que da al mosaico un aspecto hierático (Pavimentos de Baños de Valdearados, el de Santisteban del Puerto (Jaén) y el de Estada (Zaragoza) con la alegoría de la Victoria.


TEMA 29. CERÁMICA Y VIDRIO ROMANOS. JOYERÍA Y TOREÚTICA

INTRODUCCION

La cerámica romana es el fósil-director de mayor importancia en las excavaciones y gracias a ella, conoceremos aspectos de las relaciones comerciales y del panorama económico del mundo romano. Junto a estos materiales, calificados de lujo, las lucernas y las cerámicas comunes de cocina o mesa, tan abundantes en nuestras excavaciones, nos permiten acercarnos a las necesidades de la mesa o la cocina romana. Las ánforas, destinadas al transporte de mercancías son el elemento más útil para conocer el intercambio de determinados alimentos.

Las distintas familias cerámicas son características de épocas muy concretas, de forma que las campanienses, la cerámica italo-greca y la pre-sigillata son características de la época republicana, mientras que la terra sigillata gálica y la hispánica, así como los vasos de paredes finas son propias de los siglos altoimperiales. Las producciones africanas y la terra sigillata hispánica tardía marcan los momentos más avanzados del Imperio.

CERAMICAS CAMPANIENSES

La cerámica campaniense consiste en una vajilla pigmentada de negro que se fabrica a torno, inicialmente en el mundo itálico con fuertes raíces en el mundo helenístico. Epoca republicana. Abarca desde finales del s.V a.C. hasta mediados del s.I a.C. Su dispersión geográfica coincide con la zona más pronto e intensamente romanizada. Esta cerámica debe su nombre a su región de origen, la Campania, pero no todas las especies proceden de este territorio. Según su origen cabe distinguir:

. La Campaniense A. Golfo de Nápoles e isla de Ischia. Se caracteriza por la pasta de color castaño y el “barniz” negro de calidad muy desigual, con reflejos metalicos rojizos. Su exportación se inicia a partir del s.III a.C. Su decoración típica consiste en palmetas y rosetas obtenidas por estampado, y en ocasiones, bandas sobrepintadas de blanco alrededor del fondo interno o junto al borde.

. La Campaniense B se caracteriza por la pasta de arcilla clara y el “barniz” negro azulado. Se produce a partir del primer cuarto del s.II a.C. Típica de esta producción es el motivo losange.

. La Campaniense C es gris y el barniz muy negro, fácilmente escamable, cubriendo en el exterior sólo la parte inferior.

De los talleres hispánicos destacan Ampurias e Ibiza. Ampurias con producciones de Tipo B que se fabrican entre los años 80/70 – 40/30 a.C. Emplea arcillas de tierra beiges-rosados, bien cocidas y duras, y barnices azulados, granates u oliváceos, y se caracteriza por el motivo de tres palmetas radiales. En Ibiza, el pigmento que recubre el vaso no es negro, sino gris. Su decoración es de rosetas y palmetas tomadas del Campaniense A.

La difusión en Hispania de la cerámica Campaniense A y B está ligada a la franja mediterránea, con especial abundancia en el área levantina y catalana y una particular penetración por el valle del Ebro. El Campaniense C es escaso en Hispania.


CERÁMICAS DE PAREDES FINAS

Son vasitos de forma troncocónica o globular, llamados así por la extremada delgadez de sus paredes, conseguida gracias al empleo del molde y usados preferentemente para beber en la mesa. La pasta, aunque presenta variantes es normalmente de color grisáceo. Su origen es itálico y desde época muy temprana tienen una amplia difusión por el Mediterráneo occidental. Aparecen en España desde la segunda mitad del s.II a.C. hasta época augustea (Ampurias, Pollentia y Numancia). Las formas más antiguas son los cubiletes troncocónicos invertidos de boca ancha y altos, con decoración puntillada, “a la barbotina”, en “espina” o “cordada” y a molde. En época posterior, los cubiletes evolucionan a vasitos troncocónicos y cilindros decorados con ruedecilla. Aparecen también formas globulares en ovoide que continúan a lo largo del s.I, ampliándose su dispersión por toda la Bética y en Levante.

Hay un tipo muy característico denominado de cáscara de huevo por la delgadez de sus paredes, semiesférica, troncocónica y carenada en su parte baja y color gris blancuzco; su cronología va desde la época de Claudio-Nerón hasta la de Vespasiano.

En la Península Ibérica las producciones se inician a partir de la primera mitad del s.I, imitando las formas itálicas. Los lugares de fabricación más importantes en Hispania de este tipo de cerámica son Rubielos de Mora (Teruel) con vasos de pasta depurada fina de tono gris; Melgar de Tera (Zamora), caracterizada por la pasta anaranjada con variantes de tonos grisáceos y las decoraciones buriladas y de hojas de agua a la barbotina y Andújar en la Bética.



CERÁMICAS PINTADAS

  • Epoca Altoimperial. Cerámica no barnizada, de tradición indígena, hecha con pasta fina de color rosado sobre la que se pinta en rojo o siena. Las formas son abiertas: vasos globulares o carenados, y cerradas: botellas y jarras. En la decoración hay motivos derivados de Azaila como las grandes aves, sudgálicos como la Cruz de San Andrés o las guirnaldas e hispánicos: las metopas, el tema de las liebres y los perros, vegetales y adornos geométricos. Los talleres de época altoimperial más importantes son: Meseta Norte (Clunia, Segobriga y Villaverde) con formas de ollas y cuencos. En la Meseta sur (Alicante-Elche-Santa Pola). En el área lusitana destaca Oporto y Coimbra (predominan las jarras de cuerpo globular, cuello estilizado y asa).

  • Epoca Bajoimperial. Esta cerámica tiene una tonalidad de color pajizo más clara que la del Alto Imperio y las decoraciones son de color marrón. Las formas son menos suntuarias, evidenciando una mayor proximidad a las necesidades de uso cotidiano: botellas, jarras, cántaros, morteros, fuentes carenadas y cantimploras. Los motivos evolucionan hacia la simplicidad y el geometrismo: líneas horizontales e inclinadas, ondulaciones entre las líneas horizontales, círculos, etc. Los talleres de época bajoimperial más importantes se encuentran en la cuenca del Duero. Otros centros son Complutum y Segobriga en la Meseta Sur, el área mediterránea y la zona galaico-lusitana.

ANFORAS

Se utilizaban para la conservación y el transporte del vino, el aceite y las salazones de pescado, y sus formas dependían del uso a que estaban destinadas y a la época. Se fabricaron abundantemente en la Bética y en la Tarraconense.

Las ánforas tienen dos formas principales: una de cuerpo cilíndrico u ovoide, de cuello largo y estrecho y boca con labio marcado, con dos asas que van desde la boca a la panza, y de la parte inferior sobresale un pico más o menos agudo que sirve para fijar la vasija en la arena; y otra esférica llamada dolia. Los dolia son grandes recipientes de paredes gruesas, de arcilla mezclada con muchos desgrasantes arenosos. Sus dimensiones oscilan, pero lo normal es que tengan más de 50 cm. de altura. Son de panza ovoide, base plana, con el labio hacia el interior, y más tarde hacia el exterior. Servían normalmente como contenedores de vino o aceite, y esporádicamente como depósitos de grano.

Las ánforas llevan normalmente inscripciones sobre sus cuerpos, unas estampadas sobre el barro fresco y que parecen ser marcas de alfarero, y otras presentan también marcas realizadas después de la cocción, muchas veces pintadas, que proporcionan valiosa información sobre fechas, distribución de los productos, negociantes y descripción del contenido.



CERAMICA COMUN

Son recipientes de utilidad doméstica, no de lujo, fabricados con pasta granulosa, poco depurada y sin barnizar. En época republicana y altoimperial sus producciones debieron de estar muy centralizadas, pero a partir de mediados del s.I su producción es totalmente provincial o local. Sus formas son muy variadas y pueden agruparse de acuerdo a sus funciones.

. Para la cocina: ollas (recipientes de tipos muy variados, de paredes no muy gruesas destinados a cocer los alimentos al fuego), cuencos, morteros (recipientes de paredes gruesas en forma de cuenco grande con un labio horizontal o colgante y un pico vertedor, en cuyas proximidades se ponía la marca del fabricante. Fueron usados para descortezar grano, fabricar pan, preparar salsas, platos de carne y un largo número de usos).

. Como vajilla: platos y fuentes (fondo plano), vasos y jarras. Llevan una imitación de barniz rojo-pompeyano, aunque a veces no están pintados.

. Cerámica de tocador y funeraria: ungüentarios y lacrimarios. Asumen dos formas principales, ambas muy frecuentes en la etapa augustea, la más antigua de pie elevado, cuerpo ovoide y cuello desarrollado, y la más moderna de forma piriforme y cuello muy diferenciado. Los ungüentarios cerámicos y los lacrimarios, desaparecen a lo largo del s. I ante la competencia del vidrio.




CERÁMICAS SIGILLATAS: ITALICA, SUDGALICA, HISPANICA, CLARA.

A partir de Augusto se produce un cambio importante en la cerámica romana. En los talleres itálicos aparece una cerámica de mesa caracterizada por unas superficies brillantes rojas obtenidas en hornos mediante una cocción oxidante. Estas cerámicas significan el final de las producciones campanienses y el inicio de una cerámica que evolucionará a lo largo de todo el Imperio romano. El nombre de cerámica sigillata se debe fundamentalmente al empleo de punzones de madera o arcilla cocida para estampar las decoraciones.

a) Terra sigillata itálica. Hacia los años 30-40 a.C. en Arezzo, en el centro de Italia, comienza a fabricarse la primera cerámica sigillata, denominada aretina por su lugar de fabricación. Se caracteriza por su color rojo o rosado. La producción es doble, con formas lisas, más abundantes, hechas a torno (copas, platos y fuentes) y formas decoradas (copas) logradas a molde, con estilo y temas típicos del arte oficial augusteo. Toda la producción se encuentra sellada con las marcas de los talleres, alfareros y decoradores. Se encuentra en toda Hispania de forma abundante, especialmente en el Levante, valle del Ebro y Andalucía.

b) Terra sigillata sudgálica. Desde principios del s.I d.C. los talleres itálicos se trasladan al sur de la Galia, iniciándose la producción sudgálica. La pasta es de tono intenso, de factura rectilínea y con un barniz de color rojo. Amplio repertorio de formas y de motivos vegetales estilizados y animales con antecedentes en las formas itálicas y otras de nueva creación. Las producciones siguen siendo lisas y decoradas, aumentando proporcionalmente las decoradas. La Península Ibérica recibe en gran escala estos productos, más baratos que los itálicos por su menor coste de transporte. Su difusión en Hispania es desigual, teniendo una mayor presencia en las áreas más romanizadas y desarrolladas de Levante, valle del Ebro y Andalucía, y en las grandes ciudades como Mérida.



  1. Terra sigillata clara o africana. Se caracteriza por una pasta de color naranja, un barniz rojo claro, por carecer de marca de alfarero y por la diversidad de formas. Nace en Africa proconsular durante el s.I y desde el s.II entra en colisión con la sigillata hispánica en los mercados peninsulares con un nuevo tipo de cerámica caracterizado por platos muy grandes de fondo plano. Será durante el Bajo Imperio, a partir del s.IV, cuando esta cerámica tendrá gran aceptación en Hispania, influyendo sus formas en la propia producción de la sigillata hispánica tardía. En general, se trata de una cerámica lisa, aunque algunas formas presentan una decoración estampillada (motivos florales, geométricos, paleocristianos) o decoración aplicada (animal, humana), sobre todo en botellas de dos asas, y en cuencos y fuentes.

  2. Terra sigillata hispánica. Surge en torno a la mitad del s.I. Parece que en su origen están presentes artesanos procedentes del sur de las Galias que montaron sus talleres en Hispania para abastecer la demanda del ejército imperial. Son cerámicas de barniz rojo o anaranjado; lisas o decoradas a molde, ruedecilla o barbotina; en algunas ocasiones, presentan la marca de la oficina.

La técnica utilizada en la fabricación de este tipo cerámico combina el molde y el torno: lo primero que se hacía era fabricar el molde con la forma del recipiente. Este molde se realizaba en arcilla refractaria, de un tono brillante y sin barniz. Presenta, además, la superficie porosa; de este modo, facilitaba la absorción de agua. En el molde, y con la arcilla todavía tierna, mediante punzones se estampaban decoraciones muy variadas que quedaban impresas en negativo, de forma que al aplicar la arcilla en su interior, se reproducían en positivo las decoraciones realizadas. La arcilla se introducía dentro del molde y después se hacía girar todo el conjunto sobre el torno para trazar la pared interior, levantando el labio en la forma deseada. Hechas estas operaciones, y mediante un barniz, se imprimía, solamente en ciertos casos, la estampilla del fabricante. El recubrimiento de la sigillata es una capa muy fina de barro colorante muy rica en hierro, potasio y magnesio, de base muy líquida para distribuirla de forma homogénea por toda la vasija. En este pigmento, interviene el caolín que requiere una temperatura de cocción de 920º, de modo que, la actuación del fuego oxidante en el horno consolidaba el pigmento exterior, al igual que la pasta, enrojeciendo la vajilla, de forma definitiva, y este color rojo es el característico de la sigillata.

En cuanto a su producción se contemplan dos momentos:



. Etapa Altoimperial durante los s.I-II. Los talleres hispánicos imitan formas itálicas y sudgálicas, pero también crearon un repertorio formal original. Son muy numerosas las producciones lisas pero también son frecuentes las decoradas aunque su producción es menor puesto que el proceso es más lento, lo cual encarece ligeramente el producto. Las formas decoradas se realizan a molde a base de guirnaldas, arquerías, gallones y medallones; las del estilo de metopas en las que ya se advierte la introducción de elementos del repertorio hispánico con escenas de lucha y venationes, y las series de círculos, características de Hispania, que es la decoración dominante durante el s.II. Las producciones altoimperiales presentan una pasta y un barniz de color rojo muy intenso, con una superficie compacta y brillante.

Durante esta etapa destacan dos centros productores:



  • Taller de Tricio (La Rioja), cuya pasta se caracteriza por su aspecto más tierno que la sigillata gálica y de color muy anaranjado y el barniz presenta un tono rojo-naranja, con una superficie granulosa. Produce formas lisas y decoradas. Los motivos decorativos: metopas y círculos, ya sean simples o concéntricos. El inicio de la producción se sitúa en época de Claudio y parece desaparecer a finales del s.II.

  • Taller de Andújar, con una pasta poco cocida de color pardo rojizo y barniz rojo-marrón, muy espeso y mate. Los talleres de Andujar fabrican formas lisas y también decoradas, con clara influencia de motivos gálicos, como los vegetales, y otros propios de estos talleres como las metopas separadas por líneas onduladas o por puntos de flecha. Además de los motivos descritos, aparece un tipo exclusivo de decoración: el burilado, también conocido como ruedecilla, cubriendo toda la superficie a decorar. Su inicio se sitúa en época de Tiberio o Claudio y su producción finaliza a mediados del s.II, quizás por la competencia de las sigillatas africanas. La expansión de esta producción es muy limitada, se reduce al norte de Africa y al sur de la Lusitania.

  • Abella-Solsona y Bronchales fueron otros talleres más pequeños que tuvieron actividad notable.

. Etapa BajoImperial, durante los s.IV-V y perdura hasta los visigodos. Su producción recibe el nombre de Terra sigillata hispánica tardía.

  • También la sigillata bajoimperial es una imitación de productos importados, especialmente, por las sigillatas africanas y por las cerámicas paleocristianas, pero nunca adquiere ni la calidad técnica ni la calidad decorativa de las producciones altoimperiales.

  • Tanto la pasta como el barniz son más anaranjados y éste, de mala calidad, solamente cubre la superficie, siendo a veces un simple engobe.

  • Por lo que se refiere a la técnica decorativa, persiste la decoración a molde aunque aumentan las decoraciones estampilladas.

  • La decoración cambia, predominan los motivos geométricos de grandes círculos o semicírculos concéntricos en forma de grandes ruedas rellenas de series concéntricas de ángulos, baquetones, etc. en ocasiones con figuras humanas y motivos vegetales y animales reducidos a formas geométricas.

  • Entre los centros productores hay que destacar Corella (Navarra) donde la decoración conserva restos naturalistas y Nájera y Clunia, donde son frecuentes las ruedas.

  • En la cerámica hispánica tardía lisa destaca la terra sigillata clara D, caracterizada por una pasta de color naranja, con barniz anaranjado o rojo claro, por un pie bajo, por un borde en almendra hacia fuera y por no tener la marca de alfarero. Formas: platos anchos y bajos, cuencos. Algunas tienen decoración estampillada o decoración aplicada (animal, humana).






LUCERNAS

Son pequeños recipientes de forma circular u oblonga empleados en la iluminación. El material predominante es la cerámica y el bronce.

Los métodos empleados fueron fundamentalmente tres: a mano (muy escasamente empleado); a torno (método más antiguo) y a partir del s.III a.C.- el método predominante es a molde, empleando uno para la parte superior y otro para la inferior. Las estampillas o marcas de fábrica no aparecen siempre, consistiendo en tipos incisos, incusos, estampillados o en relieve. Las iniciales son abundantes sobre todo en los primeros tipos. Existen, además, contramarcas especiales y distintos símbolos. Su variada tipología contribuye a una mejor localización en el tiempo. A pesar de la pluralidad conservan una serie de elementos característicos: el depósito para el aceite en forma de rueda; el disco, parte superior de la lucerna donde va la decoración. En un extremo surge la “piquera”, pico de la lucerna abierto en un extremo, donde se colocaba la mecha, fabricada en material fibroso (estopa, papiro, lino, lana, etc. que absorbe el aceite permitiendo que se queme y alimente la llama) y el asa situada en el extremo contrario. Por su forma pueden clasificarse en:

. Delfiniformes: Se fabrican entre el segundo tercio del s.I a.C. y época de Augusto. Son hallazgos característicos en todos los yacimientos tardorrepublicanos; su denominación se debe a que si trazamos una línea horizontal que atraviese su centro, guarda gran parecido a la cabeza de un delfín.

. Lucernas con volutas en el pico: Son las primeras lucernas imperiales y se difunden a partir de época augustea por todo el mundo romano. En Hispania predominan en todos los yacimientos altoimperiales. El disco es cóncavo y decorado con motivos de diverso tipo y calidad; el pico termina en forma apuntada o redondeada, flanqueado por dos elementos ornamentales en forma de voluta simple o doble.

. Lucerna de disco: Cuerpo circular con amplia orla, disco de pequeñas dimensiones y piquera redondeada. El asa es anular, perforada o maciza y en ocasiones se incorporan aletas laterales con carácter funcional o ornamental. Su aparición se fecha entre el reinado de Claudio y de Nerón y su esplendor se centra en el s.II, si bien su producción se mantiene hasta el s.III. Son muy comunes en el litoral mediterráneo y en la región meridional y en cantidades menores en la Meseta Norte y valle del Ebro.

. Lucernas paleocristianas. Se fabrican en el norte de Africa desde mediados del s.III hasta el s.VII. Su forma es oblonga con una pequeña asa maciza, presentan amplia margo y canal. El calificativo paleocristiano se debe a que algunas de ellas se decoran con motivos cristianos: crismón, peces, cruces, el cordero divino, etc.

. Estos tipos se encuentran repartidos por toda Hispania, aunque también se hicieron aquí lucernas diferentes como las lucernas mineras y las del alfar de Andújar, de la época de Claudio, que están hechas con pasta de color carne.



EL VIDRIO ROMANO

Piezas de “núcleo de arena”. Etapa helenística.

Las piezas de “núcleo de arena” son de pequeño tamaño y boca estrecha debido a su propia técnica de fabricación: un núcleo de arena humedecida colocado en el extremo de una barra y envuelto en el vidrio fundido en un crisol, luego alisado rodándolo sobre una superficie lisa.

Desde el s.VI a.C. en el occidente mediterráneo se conocían las pequeñas piezas de este tipo que continúan con pequeñas variaciones en época helenística: alabastrones, anforillas, jarritas y lacrimatorios, todos ellos policromos, siempre de color oscuro de fondo y líneas de colores claros. En su última etapa de producción, desde el s.III a.C., aparecen en Hispania normalmente en la costa, pero también en el interior, en relación con asentamientos militares romanos, como dos fragmentos de alabastros hallados en Castra Cecilia (Cáceres), y otro fragmento en Soria, así como dos jarritas y un unguentario de Burgo de Osma (Soria) y otros fragmentos de la propia Numancia. Quizá fabricados en Ibiza o en Ampurias sean unos ungüentarios de cuello largo y cuerpo troncocónico invertido con pequeñas asas.

El vidrio soplado de época imperial. Nueva técnica

Ya desde mediados del s.I d.C. está documentada la existencia de talleres de vidrios en la Península Ibérica, pero anteriormente debieron llegar piezas procedentes de Italia y del oriente del Mediterráneo. Se piensa que vidrieros sirios, directamente o bien a través de los talleres itálicos, se instalasen en el valle del Guadalquivir en esa época.

En Sevilla se encontró el asa de un skiphos o taza de asa de vidrio azul con una inscripción que testimonia la fabricación siria, zona donde se inició la técnica del vidrio soplado, consistente en inflar una ampolla de vidrio fundido en el extremo de una barra hueca insuflando aire en ella.

La zona del Valle del Guadalquivir presenta las formas más variadas que testimonian también relaciones con el norte de Italia y el sur de Francia. Aparte de magníficas piezas talladas, existen piezas moldeadas con escenas de juegos de anfiteatro de fabricación local y ánforas de base anular, tazas en forma de skynhoi y diversidad de jarros.

Otras dos zonas importantes donde aparece vidrio en Hispania son Cataluña y la costa levantina y las provincias de Palencia y sur de Santander. De Cataluña y Levante son conocidas las piezas del yacimiento de Ampurias, al parecer relacionadas con los talleres del Valle del Ródano. Entre las piezas principales aparecen ollas globulares con asa en omega y tapa, ungüentarios y jarros, apareciendo también aquí las piezas moldeadas con escenas de anfiteatro.

En la segunda mitad del s.I las formas y la producción de vidrio adquieren un gran auge y diversificación.

. El vidrio mosaico se hace a molde con partes de varios colores que le dan la apariencia de un mosaico; sus formas son de cuencos semiesféricos como las bellas piezas de decoración cruciforme de Carmona.

. Otra técnica es la del vidrio tallado. El mejor ejemplo conocido en Hispania es una pieza de Baelo (Cádiz) que conjuga la técnica del vidrio soplado para su forma, apliques para el asa y el pie, y finalmente el tallado y pulimentado de la pieza. Otra pieza excepcional de esta técnica procede de Itálica, en forma de taza con ruedo anular y decoración tallada dibujando roleos geométricos y vegetales.

. Los vasos de vidrio moldeado, cilíndricos u ovoides, decorados con escenas de circo y anfiteatro, soplados con un vidrio ligeramente verdoso son relativamente abundantes en España. También a molde se realizaban los cuencos de costilla, semiesféricos con costillas externas en relieve. Finalmente, a molde se realizaron tarros prismáticos y botellas aprovechando el molde para marcar los fondos planos con variados dibujos que se suponen marcas de talleres.

. El vidrio soplado al aire adapta en la segunda mitad del s.I multitud de formas que continúan fabricándose a lo largo del s.II. Son corrientes los ungüentarios, básicamente piriformes y de cuello estrecho y alto, con tipologías amplias; otros de forma globular o tazas troncocónicas y carenadas sin asas, ollas globulares con tapa que pasaron a servir como vaso para contener las cenizas en las incineraciones y que perduran hasta el s.II, tarros prismáticos y botellas, cántaros, ánforas, askos, con la función de biberones o aceiteras, cazos y embudos.

Con el s.III la fabricación del vidrio continúa ofreciendo en líneas generales las formas precedentes, aunque se abandonan algunas y se añaden técnicas nuevas, que alcanzan su máximo desarrollo en los s.IV-V. Entre las técnicas nuevas citamos los vasos diatreta, tallados dejando una red decorativa al aire unido sólo al objeto por algunos puntos (Vaso de Termes). Es corriente también la decoración tallada a la rueda en platos, botellas esféricas y cuencos semiesféricos. Finalmente, se hace muy corriente la decoración de apliques de vidrio de colores.



Compartir con tus amigos:
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   12


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2017
enviar mensaje

enter | registro
    Página principal


subir archivos