Arqueología 2ª parte



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1. ESCULTURA CIVIL PÚBLICA Y PRIVADA: EL RETRATO


El retrato es una de las manifestaciones artísticas más ricas y peculiares de la cultura romana. El retrato romano recoge el legado de la tradición helenística de crear una imagen plástica capaz de expresar la naturaleza individual del retratado basándose en sus rasgos específicos y concretos. Pero el retrato romano unirá a las influencias tomadas del helenismo unos rasgos propiamente locales e itálicos.

Uno es la tendencia a reducir y a acentuar en la expresión del rostro todas las características esenciales del personaje retratado. Por el contrario, el arte griego había concebido el retrato como una manifestación global e indivisible del hombre. El arte romano olvida las mas de las veces el resto del cuerpo: al principio representa sólo la cabeza sobre el cuello (época republicana y s.I) y sólo en el s.II (a partir del Emperador Adriano) se extenderá el retrato a la mitad superior del cuerpo y al arranque de los brazos. El pragmatismo romano le lleva a veces a elaborar por separado el cuerpo o el busto de un personaje de su cabeza, pudiéndose intercambiar esta, de acuerdo con los cambios políticos acaecidos. Esta tendencia que busca acentuar los rasgos individuales del rostro parece tener raíces itálicas, especialmente etruscas, y se ha puesto en relación con una segunda fuente autóctona para el retrato romano: las imágenes maiorum o representaciones de los antepasados. Modeladas en cera, tal vez en un principio imitando los rasgos de una mascarilla en yeso tomada directamente sobre el rostro del difunto, son colocadas piadosamente en pequeños armarios con puertecillas a la entrada del atrium doméstico por los parientes y sucesores del difunto.

El retrato en Roma es sobre todo un medio de exaltar, en época republicana, el poderío político de los patricios y, posteriormente, la persona del Emperador y el influjo de las clases mas altas y adineradas de la sociedad.

El retrato provincial: originalidad y dependencia

El Imperio utilizó la imagen plástica como un medio más de propaganda política unificadora. Uno de los primeros actos del princeps al asumir el poder era el de enviar retratos a las provincias con su propia efigie. No poseemos una información precisa sobre los centros de escultores en España ni tampoco sobre el sistema de distribución y exportación a las provincias de estos retratos oficiales. Se nos escapa, pues, el grado de dependencia o libertad de los artistas locales respecto a sus modelos, aunque es de suponer que el artista provinciano poseía cierta autonomía con relación a las directrices marcadas por la urbe.

El retrato oficial, cuya función fue la de adornar los edificios y presentar la imagen de los gobernantes antes los súbditos del Imperio, tenia su marco en los más diferentes lugares públicos.

Tipología

Al margen del retrato privado, heredero en gran parte del sentido familiar o doméstico de las primitivas imágenes maiorum, el tipo oficial puede adornar toda clase de edificios públicos como los campamentos, foros, teatros, termas, etc.

Imágenes en bronce del Emperador o de personajes pertenecientes a la familia imperial, a veces thorocatas e incluso ecuestres, se erigían por ejemplo en el centro de los campamentos para la contemplación y estímulo de los soldados. Hispania ha sido parca en este tipo de hallazgos. Hoy sólo conocemos los fragmentos de una estatua colosal de Emperador procedente de un campamento en Zamora, así como los de Poza de la Sal, en Burgos.

En otras ocasiones la escultura honorífica tiene su marco monumental en el teatro. Tal es el caso de las espléndidas estatuas thorocatas, en mármol, que adornaron los teatros de Mérida o Tarragona. Las ruinas del teatro de Segóbriga nos permiten reconstruir en gran medida una ambientación semejante: dos cabezas allí encontradas pertenecen seguramente a Augusto y su esposa Livia. Otras estatuas del teatro de Segóbriga representan a magistrados locales: son esculturas togadas con el símbolo de la autoridad junto a sus pies, los volumina o cajas para contener rollos escritos. En cuanto a las dos estatuas gemelas de Tarragona suponemos que se tratan de los bustos idealizados de dos emperadores. Son estatuas thorocatas (con coraza) vistiendo por encima una túnica corta que cae en pliegues sesgados sobre el pecho. Los pies desnudos sugieren una heroización del Emperador representando, su exaltación a la esfera divina. Enlazan, pues, estas representaciones con la iconografía griega de Alejandro y la tradición de la apoteosis de los monarcas helenísticos.

En muchas ocasiones las mismas ciudades manifiestan una vinculación específica con la figura de un emperador determinado. En Itálica, patria de Trajano y Adriano, se erigieron sendas esculturas idealizadas en honor a estos emperadores. Ambas representan la efigie desnuda y heroizada del emperador.

Paralelamente con estas imágenes oficiales de emperadores, los magistrados locales, los ricos terratenientes y los nobles provincianos encargan a artistas locales retratos suyos y de sus familiares con los que adornar lugares públicos o bien sus villae privadas. Un acentuado realismo local, que imita con un sello personal las corrientes artísticas emanadas de la urbe, se refleja en muchos de estos bustos.

Mucho más raros son en España los hallazgos de retratos de filósofos, poetas u oradores griegos tan imitados y copiados en Roma, sobre todo en época republicana. Un ejemplo puede ser un posible Zenón, filósofo estoico, esculpido en la Bética, obra de comienzos del s.II y copia de un modelo helenístico.

Bosquejo histórico del retrato romano en Hispania

El número de retratos hallados en España es muy alto. La mayoría de ellos proceden de la Bética, lo cual se corresponde con el mayor grado de romanización que desde fecha muy temprana alcanza esta provincia. Le sigue la Tarraconense y en tercer lugar la Lusitania (las efigies aquí halladas se concentran casi todas en su capital, Mérida).

El s.II es el más fecundo en retratos de emperadores aparecidos, lo cual es lógico ya que es la época de los emperadores españoles Trajano y Adriano, nacidos en Itálica, y Marco Aurelio tuvo asimismo ascendencia española. Por su parte los retratos de personajes locales abundan indistintamente lo largo de los dos primeros siglos.


  • EPOCA REPUBLICANA

Junto con las imágenes maiorum elaboradas en cera, existen en plena época republicana toscos retratos funerarios de carácter simbólico. Son retratos que no tratan de representar los rasgos fisionómicos concretos del individuo sino de servir tan sólo como símbolo funerario suyo. En la necrópolis hispana de Baelo (Cádiz) ha sido hallado gran número de estas esquemáticas imágenes símbolo, realizadas en piedra y fechables en el s.I a.C.

El realismo de la última época republicana es perceptible en algunos retratos hallados en la Península.



  • ÉPOCA DE AUGUSTO (31 a.C. - 14 d.C.)

Con Augusto se funde en el retrato ese naturalismo objetivo y verista de época republicana con una nueva idealización plena de sobriedad que confiere a las esculturas de estos años un peculiar carácter clásico.

De Augusto adolescente poseemos un bello retrato procedente de Itálica. Muestra su rostro un aire ligeramente patético muy característico de ese helenismo propio de Augusto. Pero el retrato del emperador más sugestivo procede de Mérida, donde se representa a Augusto como Pontifex Maximus, cubierta su cabeza con el velo sacerdotal. El retrato de una muchacha de rasgos juveniles idealizados procedente de Tarragona se atribuye a su esposa Livia.



  • ÉPOCA DE LOS JULIO-CLAUDIOS (14-68 d.C.)

En esta época el retrato continúa la trayectoria idealizada iniciada por Augusto. Señalamos el retrato de un Tiberio joven hallado en Menorca, o la de Druso el joven, hijo único de Tiberio, fácilmente identificable por las monedas. En general, son escasos los retratos de Emperadores Julio-Claudios en España. Por el contrario, el retrato de personajes locales, desconocidos, adquiere un gran auge en este s.I: Mérida, Tarragona y Sevilla han ofrecido espléndidos ejemplos de ésta época.

  • ÉPOCA DE LOS FLAVIOS (68 - 98 d.C.)

Con los Flavios se libera el arte romano del clasicismo. Coexisten el retrato naturalista y hasta vulgar, de expresiones francas y asequibles, con el retrato alejado y heroico. De Vespasiano poseemos un retrato togado hallado en Écija (Sevilla).

  • EL RETRATO EN EL s.II

Con Trajano (98-117) irrumpe un nuevo espíritu en el arte romano. Sus retratos reflejan la energía y decisión propia del hombre habituado a mandar. El retrato se amplia a gran parte del torso y no sólo hasta los hombros como era lo habitual. A este emperador pertenece la estatua idealizada de Itálica.

Con Adriano (117-138) se acentúa aún más el elemento de introspección psicológica y de nuevo la vuelta idealizada hacia el helenismo. A partir de ahora se hace habitual la señalización en los ojos del iris y de la pupila. Este procedimiento se continuará en época antoniniana. El mejor retrato que poseemos de Adriano procede de Itálica. A partir de ahora y a imitación de estas efigies barbadas de Adriano va a ponerse de moda la barba en los retratos de emperadores y de personajes privados. De Itálica procede también un bello retrato de Sabina, la mujer de Adriano.

A los últimos años de Antonino Pío (138-161), pertenece un retrato procedente de Puente Genil, en el que se aprecia el uso, ya habitual, del trépano, con el que se realizan los juegos de luz y sombra en el tratamiento del cabello.

El emperador Marco Aurelio y su esposa Faustina están bien representados en España el: citemos la cabeza de Marco Aurelio del Museo de Sevilla o la figura de Faustina en la casa de Pilatos de Sevilla: aparece como Fortuna, con el velo sacerdotal sobre la cabeza y la cornucopia en su derecha. Otros retratos proceden de Mérida y Córdoba.

Entre los retratos de personajes desconocidos de esta época destaca por su calidad excepcional un ejemplar que puede contarse entre las más bellas esculturas halladas en España. Se trata de un busto de varón, en el que resaltan los rizos individualmente tratados de su pelo y de su barba mediante un juego rico de luces y sombras. Pero lo más destacable de la efigie es su profunda expresión de melancolía.


  • LOS s.III y IV

Decae notablemente el número de retratos de emperadores en España. Existen muestras aisladas de la dinastía de los Severos (192 - 235) como el retrato de Septimio Severo, en la casa de Pilatos en Sevilla o su busto de Mérida.

El retrato imperial adquiere una extraordinaria fijeza formal, hieratismo y sacralidad, lo que abocará posteriormente a su desaparición definitiva como tal. Aislado cronológicamente, pero de una importancia arqueológica y artística importante es el impresionante missorium o disco plano de plata procedente de Almendralejo, en el que se representa al Emperador Teodosio junto con su hijo Arcadio y Valentiniano II (338); se aprecian influencias de la parte oriental del Imperio.




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