Apuntes para una Psicoterapia con Pacientes Gays y Lesbianas



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Psicologia%20salud%20y%20gltb -> Salud de las mujeres lesbianas y los hombres homosexuales

Apuntes para una Psicoterapia con Pacientes Gays y Lesbianas

Pablo Gagliesi

médico psiquiatra pablogagliesi@velocom.com.ar


"Después de un estudio tan meticuloso, puedo asegurar sin duda alguna, que el cielo de este lugar es el mismo que ahora se encuentra sobre ti. Tenemos las mismas nubes y la misma luminosidad, las mismas tormentas y la misma quietud, los mismos vientos que lo arrastran todo consigo. Si la impresión que tenemos del cielo es algo distinta es por lo que sucede debajo".

El país de las últimas cosas, Paul Auster.


Algunas notas preliminares sobre definiciones:
Encontrar una palabra adecuada para nombrar el grupo poblacional al cual se refiere este artículo no ha sido tarea fácil. De todos modos es importante enumerar algunas posibilidades tales como "preferencia sexual" (Bell et al., 1981), "orientación sexual", u "homosexualidad", que será solamente una descripción de la preferencia sexual por el mismo sexo fenotípico (aunque yo creo que dicho término conlleva una carga patologizante y pertenece a un discurso médico perimido). Por otra parte las palabras "gay" y "lesbiana", serán utilizadas respecto a homosexuales que hayan desarrollado una identidad positiva homosexual. Debo disculparme así también por la tendencia a generalizar utilizando la palabra gay como englobadora de los dos géneros.[1]
Los contemporáneos estamos sujetos a avatares que provocan distintos dolores o padecimientos. Muchos de ellos son el resultado de sistemas de creencias equívocos, y de una particular dialéctica de la cual se desprende una síntesis o avance (en sentido positivo), o, en el peor de los casos, una perpetuación.
Los asuntos relacionados al amor, la sexualidad y la identidad, al menos para los occidentales, siguen siendo el asunto más presente en los espacios de psicoterapia. El marco conceptual desde el que estos asuntos son atendidos están atados a la subjetividad del profesional y su formación teórica, y a un sinnúmero de variables que hacen del encuentro terapéutico un instante irreproducible en términos emocionales. El universo demográfico en el que estamos insertos posee sistemas de creencias más o menos compartidos por un grupo de personas, y genera un autoconcepto de normalidad, que no necesariamente es resultado de un buen procesamiento de la información, congruente y generalizado. Algunas de estas moralidades provocan leyes instituidas, conceptualizaciones teóricas, modos de ver y definir la realidad, teorías educacionales y políticas sociales.
Los ejemplos prototípicos en términos sexuales y de identidad son algunas creencias complejas, como las que siguen:
En términos de funciones específicas relacionadas con el género ("Las mujeres deben tener hijos" ; "El instinto maternal"; "Los hombres son los que tienen que traer la comida y proteger", entre otras); en términos de sexualidad ("Las relaciones sexuales tienen un fin reproductivo", "Las mujeres son pasivas, los hombres activos", "La mujer es penetrada, los hombres penetran" , "El orgasmo masculino es fácil e importa, la mujer puede posponer su deseo de orgasmo", "Los hombres son más sexuales que las mujeres, a las que les importa otra cosa", etc.); en términos de preferencias sexuales ( "La homosexualidad es la inversión de la heterosexualidad", "Al ser estadísticamente menos frecuente está excluida de la normalidad", "Es un degeneración o perversión", "Es antinatural", "Es preferible ser heterosexual que homosexual", "Es contagioso", "Los homosexuales son abusadores de niños", "los bisexuales son homosexuales que no se animan", entre otras); y como una combinatoria de las anteriores ("Los homosexuales varones son mujeres en el cuerpo de un hombre u hombres feminizados", "Las lesbianas son mujeres masculinizadas", etc.).

Dichas creencias tienen una fuerte raigambre cultural ya que existen evidencias de que hubo y hay comunidades humanas con otra perspectiva sobre el tema (Falcon, 1951; Sergent Bernard, 1986; Cardín Alberto, 1984; Williams, 1997; Mondimore, 1998).


La tarea de aislar los sistemas de creencias en función de la sexualidad y deslindarlos de una supuesta universalidad es una tarea a desarrollar, por lo pronto provocan enormes confusiones y padecimiento humano. Algunos ejemplos de las distorsiones son: las mujeres tienen índices de desocupación más bajos que los hombres en América Latina según la Organización Internacional del Trabajo (OIT,1998), o que la incidencia de heterosexuales en los abusadores de niños es del 95 % (Rochlin, 1992), y así sucesivamente.
Algunas creencias sobre la homosexualidad son erróneas y, la función del terapeuta es facilitar la modificación de esa red de atribuciones y cogniciones. Otras creencias tienen un valor diferente y en la confrontación son creencias negativas tangibles y reales, que no deben ser desacreditadas ni conceptualizadas como debilidades. Por ejemplo: Es cierto que las mujeres lesbianas están tan capacitadas para ser madres como las mujeres heterosexuales, sin embargo existen impedimentos para resolver esa maternidad, de tipo social - en el proceso de coming out -, de la pareja - quién será la madre gestante - , legales, entre otros.
En la práctica clínica y en las investigaciones bibliográficas he usado una alquimia de elementos, como síntesis personal, superpuestos al programa básico de tratamiento propuesto por el motivo de consulta. Es decir que cuando un paciente con preferencia homosexual realiza una consulta, sobre el programa (definición del problema, síntomas y signos, y propuesta de tratamiento) incluyo y superpongo una serie de ítems que, a lo largo del proceso propongo trabajar, en un orden formal al comienzo, pero luego menos sistemático. La idea es agregar un parámetro tangencial al tratamiento, o un recurso supradimensional (en el sentido espacial), al plan establecido a partir del motivo de consulta.
No es la intención del presente trabajo repasar - ni formular - las diferentes teorías psicodinámicas o biológicas del devenir homosexual. Una revisión de dicha bibliografía sorprende por su dudosa confiabilidad científica, sokaliana - si se me permite el epíteto -. Las teorías psicológicas y las investigaciones biológicas estan fuertemente cuestionadas en la actualidad, pero sería sensato suponer, como Bersani, que esto demuestra que no existe psicología políticamente neutral (Bersani, 1998). Y con ello, cada teoría debería ir acompañada de una "declaración de principios".
De todos modos las evidencias de algunos trabajos sugieren que la población homosexual no tiene índices más altos de trastornos mentales que la población general, pero si diferencias particulares cuando estos ocurren (Isay; 1991, Hanley-Hackenbruck; 1992, Hoocker, Evelyn; 1957). En el camino del desarrollo de la identidad en la cual las personas llegan a identificarse como gays o lesbianas, y, aunque este proceso es único en cada individuo, existen experiencias e hitos compartidos o generalizables en las lesbianas y los gays - de los cuales hablaremos más adelante-. Con esto quisiera aclarar que si bien los motivos de consulta son similares habría algunas diferencias específicas relacionadas a esas experiencias. Existen incluso algunos investigadores sobre esta temática que sugieren que para ello sería útil que los psicoterapeutas sean gays o lesbianas (Bernardez, 1983;Gartrell,1984; Duranti,1998) y algunos sondeos en la comunidad gay-lésbica refieren que un alto porcentaje desearía, en algún momento, hacer una consulta con un terapeuta de la misma preferencia sexual (Brooks,1981). De todos modos la información sobre estas ideas es algo imprecisa y debería ser retesteada.
Categorizaré cuatro elementos que he considerado claves:

I-.. Sobre la homofobia social - y la del terapeuta -.

II- .Sobre la homofobia de los/as pacientes u homofobia internalizada.

III- El coming out.



IV- La construcción de una identidad/ la co-construcción de una identidad.


I- Sobre la Homofobia Social - y la del terapeuta - :
Se llama homofobia a los sentimientos negativos, actitudes y conductas dirigidos en contra de las personas homosexuales (Weinberg, 1972; DeCecco, 1984).
Es ampliamente conocido el hecho de que la homosexualidad ha sido retirada como diagnóstico del Diagnostic and Stadistical Manual of Mental Disorders (DSM). En 1952 figuraba como conducta patológica (DSM I), en DSM II 1968 como sexualidad desviada. En 1980, en la versión III, sólo figuraba la homosexualidad egodistónica como categoría. Hoy no es considerada por el DSM IV o el ICD-10 como un trastorno.
A pesar de ello no todos los profesionales de la Salud Mental han desarrollado actitudes positivas y la homofobia (atada a la homofobia social imperante y al paradigma personal del profesional) sigue siendo un tema ríspido y con numerosas aristas.
Algunos proponen que justamente la homofobia debería ser considerada como un trastorno en sí misma (Stein, 1993). Es curioso pero algunos intelectuales atribuyen a la homofobia una forma de pensar distorsionada "{Los homofóbicos} Creen que los homosexuales son como una secta esotérica, una sociedad secreta dentro de la sociedad un "lobby peligroso", y desarrollan un teoría conspirativa" (Sebreli, 1997); o a un sistema "alienante de creencias" (Blumenfeld, 1992). Esta lectura, se complementa con la información siguiente: el 92% de los/as homosexuales han sido objeto de ataque anti-gay, verbal o amenaza y el 24% fueron alguna vez atacados físicamente por su preferencia sexual (Cotton, 1992).
El constructo se sostiene también por estudios conductuales. Los mismos han medido respuestas somáticas equivalentes de las fobias (respuesta cardíaca, por ejemplo) en personas intolerantes con los homosexuales. En ellos se verifica que el homonegativismo tiene una respuesta biológica similar a las fobias (Shields y Harrimand, 1984).
Quisiera señalar que la homofobia provoca en sí misma estragos sociales en la comunidad (Blumenfeld,1992) ya que: Encierra a las personas en roles de género rígidos y estáticos disminuyendo así la creatividad y la capacidad de expresión. El condicionamiento homofóbico impide desarrollar vínculos de mayor intimidad entre las personas del mismo sexo.
Limita la comunicación y los vínculos familiares. Puede empujar a tener sexualidades desajustadas por demostrar "lo contrario"(Adolescentes en desarrollo).
Entorpece los programas preventivos de SIDA, Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS) y los programas de Control de la Natalidad. Inhibe la capacidad de apreciación de la riqueza de la diversidad.
Desvía recursos y energía que podría ser utilizada para otra cosa. Desacredita los logros de los grupos marginados.
Somete y oprime a otros seres humanos. En las encuestas que intentan demostrar las actitudes de los profesionales de la salud mental frente a los pacientes homosexuales se ha constatado algunas formas de homofobia. Dichas encuestas están sesgadas (ya que estaban conformadas por preguntas abiertas y directas relacionadas con la actitud del terapeuta) y sólo previenen al entrevistado a no mostrarse discriminador, palabra que en la actualidad tiene mucha valoración negativa ("Ser políticamente correcto" Moreno M., 1997).
Posterior a estos trabajos de investigación aparecieron otros que proponían evaluaciones de actitudes de un modo más científico. Uno de los más interesantes es el realizado por Gidi Rubinstein en Israel (1995). El trabajo investiga la influencia de la preferencia sexual de un/a paciente en la percepción de 417 terapeutas sobre el estado mental de él/ella. A los participantes se les asignó un caso clínico de un/a paciente hipotético/a. Se dividió a las/os terapeutas en cuatro grupos asignándoseles el mismo caso con la sola variación de varón heterosexual, varón homosexual, mujer heterosexual, mujer homosexual, posteriormente se distribuyó un cuestionario para medir percepciones de gravedad o severidad. Lo cierto es que las atribuciones de severidad diferían según las preferencias sexuales de los pacientes y que las terapeutas mujeres se mostraban mas tolerantes.
Otros trabajos señalan o admiten la homofobia en profesionales de la salud e investigadores, especialmente ante los errores conceptuales de las investigaciones sobre la etiología, o causa, de la homosexualidad (Duranti R., 1999; Schüklenk et al, 1996; DeCecco J., 1995; Parr McWhiter, 1993).
Exiten revisiones bibliográficas extensas respecto al sesgo negativo con que caracteriza la homosexualidad en algunas líneas teóricas, que, sin duda fundan una suerte de epistemología de la homofobia. Las creencias más frecuentes son diagnósticos tales como : narcisimo, desviación, perversión, inversión, detención del desarrollo psicosexual, desafiantes del género, hostilidad fóbica al sexo opuesto, incapacidad de amor maduro, interpersonalidad disfuncional, entre otras.
Algunos aspectos negativos del terapeuta y problemas en la alianza terapeuta-paciente (contratransferenciales) :Los terapeutas que adoptan una superficie de neutralidad con sus pacientes homosexuales (Fromer M.,1993).
Aspectos sexuales no resueltos del propio paradigma del/de la profesional, dando por supuestas algunas creencias erróneas respecto a la sexualidad.
Parentalismo: maternalización o paternalización del vínculo creyéndolo un acto de cuidado.
Negación referida a la realidad social: Algunos terapeutas liberales descreen de la posibilidad de daño ocasionado por las normas y moralidad vigentes, adscribiendo a una posición tibia políticamente correcta.
Expectativas encubiertas de curación al no identificar - por el simple acto de "mirarlo/la" - al paciente como gay o lesbiana (Negación referida al paciente).
Se ha desarrollado líneas de trabajo entre las terapias feministas y los psicoanalistas de las escuelas mas contemporáneas que describen con rigurosidad otras características contratranferenciales, tales como: la identificación proyectiva (proyección de la homofobia irresuelta del/de la pte.), las dificultades y beneficios contratranferenciales de las/os terapeutas gays y lesbianas, y el duelo del analista (referido a las fantasías de cura) (Crepi, 1996).
Actualmente existen algunos programas de Workshops sobre Homofobia, diseñados específicamente, que han demostrado su eficacia en términos de cambios de valoración y de prejuicio (Blumenfeld W., 1992).

 

II- Sobre la homofobia del/ la paciente o la homofobia internalizada


Revisemos algunos datos:
Un estudio de una socióloga argentina demostró que un número importante de homosexuales hubieran deseado no serlo (comunicación personal). Otros estudios demuestran que de aparecer una "vacuna" o "píldora" algunas personas con preferencia sexual homosexual se la administrarían (Journal of Homosexuality : Bell, 1978).
En la clínica con ptes. homosexuales existe una leve prevalencia de Trastornos Relacionados con la Cultura (Keinman A.,1988; Vadereycken y Hoel, 1991). Con ello nos referimos a un término acuñado por algunos revisores de la nosología psiquiátrica que arguyen que algunos síndromes o trastornos se encuentran firmemente atados a fenómenos culturales (etiológicamente hablando), y, especialmente a los trastornos alimentarios (más aún la bulimia) y algunas formas de trastornos por uso de sustancias (Cabaj R.P., 1992). Esto coincide con los datos sobre grupos sociales victimizados o discriminados. En grandes estudios poblacionales la incidencia de estos trastornos, de ser posible aislarlos, se presentan con una frecuencia algo más elevada en ptes. homosexuales. Otros trabajos sustentan que en los ptes. adolescentes con ideas de suicidio - o tentativas de -, la confusión sobre la orientación sexual aparece como un argumento frecuente (Gibson P., 1989).
La "compulsión sexual", "hipersexualidad" o "adicción sexual" es un síndrome que se describe como frecuente en homosexuales y sobre el cual no existen datos estadísticos ni sociológicos que lo sustenten como algo patogmogónico. Sin embargo no es infrecuente que algunos ptes. homosexuales varones describan de manera angustiosa este fenómeno, que a mi entender, tiene una multivocidad de interpretaciones. Pero arriesguemos una: Esta compulsión, que a veces puede poner en riesgo la vida del pte., que genera angustia, podría ser interpretada como resultante final de la homofobia internalizada.
En un caso clínico en el cual una pte. rechazaba este concepto que se le propuso como estadio del tratamiento (working-out homofobia), algo más complejo por cierto, hasta que refiere una anécdota esclarecedora. En medio de una pelea familiar la pte. le comunicó a su madre su homosexualidad. Se expuso frente a la pte. el hecho que ella utilizó como arma su condición homosexual, como algo con poder de perpetrar daño. Ella, finalmente, acepta esta evidencia, y luego logra adentrarse en su problemática depresiva, que era el motivo de consulta inicial, con una mayor aceptación de si misma, ya que algunos instrumentos que se proveyeron para mejorar su autoestima no habían resultado de utilidad hasta ese momento.
Estos cuatro elemento podrían hacernos suponer:

  • Que la homofobia externa es, de algún modo estructurante o modeladora del psiquismo (en el sentido de las teorías constructivistas). Dicha homofobia se instala en la subjetividad, parasitándola (Orozco, Y., 1999).

  • Que por ello los síntomas que motivan una consulta en las/os ptes. homosexuales deberían ser abordados teniendo en cuenta la posibilidad que se encuentren reforzados negativamente en los aspectos homofóbicos internalizados.

  • Que la autoestima puede estar afectada como resultado de ésto, sin tener un correlato con el motivo de consulta.

  • Que de haber conductas autodestructivas se debería evaluar lo mismo.

  • Que el uso desafiante de la preferencia a veces es malinterpretada como narcisista (en gays) como masculinización agresiva (en lesbianas).

Por lo anteriormente expuesto es útil recordar que los pacientes gays y lesbianas han tenido, a lo largo de su vida que gestionar el estigma (Mondimore, 1998). Es decir que tuvieron y tienen que desconstruir y construir, desmantelar en proceso, la homofobia social y la internalizada. Algo similar debe proponerse el y la terapeuta para asistir a estas y estos pacientes.


III- El coming out
El coming out (of the closet) - salirse del ropero - es una expresión para referirse al proceso por el cual una persona con preferencia sexual homosexual se hace visible. Es, por lo tanto, un acto público de una instancia íntima.
Este complejo sistema de reatribuciones podría sistematizarse de la siguiente manera (modificado de McDonald G.J.,1982):


  • Conciencia (despertar) de la atracción hacia personas del mismo sexo (Etapa del "Ajá" según Isay, 1991).

  • Participación en el acto sexual con personas del mismo sexo.

  • Identificarse como homosexual.

  • Involucrarse en relaciones homosexuales.

  • Compartir o revelar esto a otras personas.

  • Participar de la sub-cultura gay-lésbica.

  • Auto-percepción de una Identidad Positiva Gay-Lésbica.

Las personas pueden consultar en diversos estadios de este coming out. Son tareas esenciales del tratamiento las de facilitar un atravesamiento exitoso y aliviar el dolor psíquico que producen. El proceso por el cual algunas personas llegan a identificarse como homosexuales concuerda sorprendentemente entre diferentes sujetos (Mondimore, 1998).Comprender algunas experiencias e hitos en ese camino ofrece varias alternativas para facilitar la psicoterapia.


Recordemos con ello que el proceso de "Ajá" no es tan sencillo (Isay,1991). La persona reconoce algo que la hace diferente y que esa diferencia no es socialmente aceptada. Esto genera una intensa disonancia cognitiva que, en general provoca sufrimiento subjetivo. Las descripciones de estos procesos van desde la más temprana edad hasta el comienzo de la edad adulta y van acompañados de intensa disforia.
Me permito aquí traer a colación una anécdota. Hace unos meses en un congreso de la American Psychiatric Association se conmemoraban 25 años de la despatologización de la homosexualidad en los Manuales Estadísticos de Diagnóstico (DSM IV). Jack Drescher, un eminente psiquiatra y psicoterapeuta americano, estaba dando una conferencia sobre las contiendas políticas de esos años. Alguien del público le preguntó sobre la exitencia de una psicoterapia gay diferente a una psicoterapia straight (recta o heterosexual). El Dr. Drescher bajó sus bifocales, y respondió: "Estimado colega, hace un tiempo que me pregunto que diferencia hay... La verdad es que me acordé, mientras Ud. hablaba de una película argentina llamada "La Historia Oficial". Si hay algo que diferencia cualitativamente estas "dos" terapias (gay & straight, en el original) es que en términos narrativos hay diferencias..., las y los pacientes gays y lesbianas tienen una Historia Oficial y La Otra Historia".
Muchas personas suelen presentar alguno de los siguientes cuadros:

  • Que se hayan establecido circuitos periféricos de información que devengan en una doble vida - o doble cara - donde el mundo queda dicotomizado entre los que "ya sabe/ no sabe" o "lo hablé/ no lo hablé". Esto provoca circunferencias de intimidad y fragmentaciones de la red social.




  • Que las personas se vean compelidas artificiosamente a la necesidad de engaño (Establecer relaciones heterosexuales imaginarias o reales para encubrirse o "mandarse a guardar"). - Recuerdo aquí a un paciente que después de cierto tiempo de tratamiento decía "... a veces uno descubre que taparse es sepultarse ...".-




  • Ante el temor de ser identificado como homosexual, el individuo proyecta una imagen asexuada, estrategia que algunos denominan "capitulación".




  • Cuadros de Evitación con el repliegue a grupos reducidos de personas (pérdida de la vida social, alejamiento de la familia de origen, pérdida de amistades anteriores al coming out), con el consiguiente perjuicio que esto significa, los duelos de esas pérdidas y la disminución de los recursos que aportan los vínculos.

En general se puede observar:



  • Síntomas somáticos y psicológicos de ansiedad fóbica y paranoide (la sensación del riesgo de ser "descubierto", sensaciones de catástrofe inminente).

  • Síntomas preferentemente distímicos de tristeza, falta de deseos, sentimientos de vacío y soledad, necesidad imperiosa de pareja (como etapa final del estrés crónico, o como síndrome en sí mismo, o como un Trastorno Adaptativo).

  • Multiplicidad de distorsiones cognitivas como: lectura de pensamiento ("tal o cual ya sabe", "tal o cual entiende"), profecías ("si mi jefe se entera..."), generalizaciones ("mis amigos heterosexuales ...", "nadie me comprenderá", "los homosexuales son todos iguales"), maximizaciones ( "si se enteran, me muero"), pensamiento emocional ("si siento que es así, debe ser cierto"), entre otros.

En el trabajo clínico es de fundamental importancia el respeto por la idiosincracia de las y los pacientes y la confidencialidad. Una vez explicitado al modo de una socialización (psicoeducación) de los items mencionados, se pueden poner en práctica técnicas de reatribución, de modificación de las distorsiones cognitivas (Beck, 1972; Mahoney M., 1991), el diseño de sociogramas, la revisión con técnicas de imaginería de situaciones de ansiedad (Goldfried M. y Davidson,1981) y ejercicios gestálticos, y el aporte de bibliografía sobre coming outs de otras personas (biografías, literatura y cine) que facilitan el trabajo narrativo.



"La transición desde la homosexualidad (secreta) a la Gay-Lesbianidad (pública) significa la transformación y [traslación] de las temáticas sociales y culturales gays a una arena más grande y global" (Herdt, 1992).
El mismo autor refiere tres presupuestos que un/a adolescente gay o lesbiana debe campear:

  • Presunción de heterosexualidad ("una/o es diferente por no ser heterosexual").

  • El reconocimiento de un estigma (Favoreciendo la idea de estar o ser alguien fallado o dañado). Aquí podríamos decir que el sujeto es invitado por la sociedad a asesinar su percepción de sentirse diferente.

  • El presupuesto de la homogeneidad ("todos los homosexuales son iguales").

A la luz de lo anterior deberíamos suponer que la homosexualidad egodistónica no es más que un proceso de enfrentamiento con la homofobia social (y la devenida interna). La necesidad de cambios sociales que favorezcan el desarrollo de un Identidad Positiva Homosexual se torna imperiosa al avistar las enormes dificultades con las que los homosexuales deben lidiar en su cotideaneidad y en su desarrollo. La incidencia de consultas por motivos emocionales aumenta y se destaca la importancia del riesgo de suicidio y depresión causada por la homofobia internalizada y/o el rechazo social (Miller, 1992; Gibson, 1989).


Por otro lado algunos investigadores clínicos de diversas líneas defienden la teorización de que deberíamos hablar de Homosexualidades más que de La Homosexualidad, ya que existen diversidades, tantas como Heterosexualidades (Stubrin, 1993; Stoller,1997).
El coming out es un proceso de desarrollo en etapas de una conciencia o identidad gay (Coleman, 1982; Troiden, 1989).
En relación a todo esto, creo que cabe una pequeña disgresión: Me contaron que una lesbiana le estaba contándole a su abuela sobre lo que significaba para ella ser homosexual y lo dificultoso y doloroso de ese proceso. Su abuela replicó: Y si es tan duro, porqué entonces hacerlo?.

 

IV- La construcción de una identidad/ La co-construcción de una identidad

Veamos primeramente algunos puntos:


A) En una supervisión hospitalaria se presentó un caso de la siguiente manera: "María, 38 años, homosexual...." Esta viñeta clínica es curiosa pero harto frecuente, ya que rara vez se diría "María, 38 años heterosexual". El señalamiento de la diferencia me hizo pensar.
1- El terapeuta que presentaba el caso nos avisaba de su fracción homofóbica.

2- El creía que esta aclaración sería significativa para el pronóstico, el tratamiento o la evolución.



3- Daba cuenta de algo que para él constituía un grupo delimitado (señalaba sólo la pertenencia a una minoría).
En un estudio realizado sobre creencias de los asociados a la American Psyquiatric Association se demostró que los terapeutas tienden a creer que la preferencia sexual es más flexible de lo que en la práctica resulta (especialmente si el consultante es gay o lesbiana). En la misma supervisión citada la mayoría de los presentes sugerían que el "estadio" homosexual era éso: un estadio y que había que esperar, otros suponían que no había que etiquetar, lo que es igual a borrar las diferencias.
Es curioso también escuchar que aún se utilicen términos tan anacrónicos como pseudohomosexualidad, aún cuando dicho concepto carece de sostén teórico (Gadpaille, 1995). La verdad es que la mayoría de las/os homosexuales refieren una gran estabilidad respecto de su preferencia sexual. Es decir que una vez que alguien se reconoce como homosexual rara vez se "reconvierte". Suponer que la sexualidad está montada en un continuo es un error de lectura Kinseyiana de corto vuelo y mucha simplificación (Kinsey, 1948,1953). Lo cierto es que se establece un patrón sexual definido y arraigado que incluye otros patrones propios - y por qué no prototípicos - de interacción con el medio.
B) Por otra parte casi todos los antropólogos sociales y sociólogos coinciden en que existe una sub-cultura gay-lésbica ("tribu", en algunos antropólogos contemporáneos) en las diversas comunidades. La globalización ha internetizado dichas comunidades y sus sub-culturas. La sub-cultura gay-lésbica comparte signos característicos de las sub-culturas de las minorías étnicas y religiosas (o nacionales). Pero por otro lado presenta características particulares que las diferencia.
Definimos como sub-cultura a un grupo de una comunidad con la que comparte gran parte de sus creencias y que tiene características particulares tales como un lenguaje propio, música propia, estilos en el vestir, y, desarrollos intelectuales propios (Perlongher Néstor, 1993), pero, que básicamente se nuclea entorno a la opresión (Levi, 1992).
La curiosidad de esta sub-comunidad, a diferencia de otros grupos comunitarios oprimidos por la religión o la etnia es que no hay traspaso de bienes culturales de generación en generación (heredabilidad), al menos como en los sistemas consanguíneos anteriores. Si no que son grupos sociales de una enorme vitalidad al tener que "re-inventar algunos bienes comunes".
C) Es habitual que una mujer en proceso de tratamiento se pregunte qué es ser una mujer. Rara vez un hombre arriba a preguntarse qué es ser un hombre. Siempre y cuando estemos hablando de la población autodefinida heterosexual. La heterosexualidad parte de ciertas convicciones apriorísticas (en especial los hombres). Lo cierto es que si bien pueden aparecer dudas referentes a la identidad es muy raro que un heterosexual se pregunte qué es ser un buen hombre o una buena mujer.
Las identificaciones de roles genéricos y de objeto son claros, o al menos más brutalmente expuestos en la vida cotidiana. Las lesbianas y los gays no tienen objetos identificatorios de cierta obviedad en su nicho ecológico y es frecuente que una pregunta recurrente sea Qué-es-ser-un/a-buen/a-homosexual.
En esta línea las discriminaciones dentro de esta sub-cultura están a la orden del día y responden a una defensa algo desesperada de construcción de una Identidad Positiva Homosexual.
¿Es bueno que salga todas las noches a bailar? ¿Cuál es la frecuencia de compañeros sexuales que se debe tener para no ser promiscuo? ¿Los homosexuales no deberían ser afeminados? ¿Concurrir a un lugar de ghetto ( "región moral" como concibe l a sociología de Robert Park,1973) está bien? ¿Es correcto hablar en femenino? - O significaciones atadas al rol en el acto homosexual referente a homosexual activo u homosexual pasivo. Los temores gays de volverse "una loca", pasiva y femenina acorralan al individuo que no puede distinguir la diferencia entre preferencia sexual y género, quedando atrapados en el pensamiento dicotómico de la sexualidad. Y en otros la fijación a ciertos roles de género otorga tranquilidad y sosiego a aspectos de ansiedad turbulentos.
Probablemente las narrativas históricas e individuales son las que permiten las descripciones de coming out, visibilización, homofobia y otras. Por ello es que el futuro podría prometernos modificaciones de ellas y con eso, modificaciones de lo que llamamos genéricamente Identidad.
D) Algunos pensadores opinan que "Ser gay [...] no es identificarse con los rasgos psicológicos y con las máscaras visibles del homosexual, sino tratar de definir y de desarrollar un modo de vida" (Foucault M., 1983 en una nota de Didier Eribon). Pero para remontar algunas ideas de Foucault quisiera recordar la frase en la que él refiere: "El sodomita era un relapso, el homosexual es ahora una especie"(subrrayado por el autor, pág. 57 . Foucault M., 1976). El homosexual es, en realidad una construcción temprana del siglo pasado, en donde una acción (la del sodomita) se constituye como identidad.
Otros pensadores se oponen al constructo teórico de la identidad homosexual: "La homosexualidad no es un sustantivo sino un adjetivo" (Gore Vidal).Y "el homosexual no debe, por lo tanto, ser respetado como el otro, la "otredad" como pretende el relativismo cultural de las teorías postmodernas, sino como el igual; como representante de una especie, como un tipo aparte, sino como individuo. El problema deja el ámbito ontológico en que lo quieren situar los foucaultianos, los postestructuralistas, los postmodernos, para bajar al plano más prosaico de la juridicidad; se trata de una reindivicación esencial de las libertades individuales, la de ser dueño del propio cuerpo, y el derecho a la privacidad, a la intimidad, un punto aún no cumplido de los derechos humanos" (Sebreli, 1997).
Del espacio discursivo entre las primer posición, más constructivista, y la segunda, más escencialista, surgen nuevas posiciones rescatadas de ese binomio, casi al modo de un sincretismo (como la teoría queer)[2].
Por lo anteriormente enumerado y, a pesar de que existe una discusión a cerca de la Identidad Gay-lésbica y sus validaciones, creo que este constructo tiene algunas evidencias que lo sostienen y una utilidad clínica (Cass, 1984). Para la práctica clínica diaria probablemente sería útil recordar que la posición sería de construcción-deconstrucción de significados (White, M.,1994).
Lo cierto es que la construcción de una Identidad Positiva Gay-lésbica (como un patrón más o menos inestable de construcciones según, Bersani, sin convertirlo en una "clausura retórica") podría tornarse como el fin amplio de la psicoterapia. Las identificaciones facilitadoras son escasas y dicha construcción está sesgada por la falta de algunas con carácter positivo. En parte los patrones organizantes de esta estructura están afuera, por ello hay que encontrarlo dentro de la subjetividad y de-construirlo.
Cada vez que alguien me pregunta sobre la función de la terapia, es frecuente que me quede entrelazando los hilos alrededor de mis creencias personales sobre el paradigma de cambio (mío, el público, el del paciente, el de sus otros significativos). Hace poco hojeaba una biografía de Focault y decía "... un hombre que intentó dar cumplimiento al brevísimo mandato de Nitsche: llegar a ser lo que uno es" (Miller J.,1993).
La (co-)construcción debe tener en cuenta una lista de fortalezas y debilidades. Sobre las debilidades, entre los pastizales de los mitos y estereotipos, existen algunos puntos importantes que señalaré más adelante.
Recordemos que las lesbianas sufren una doble discriminación: la sexista (misógina) y la homofóbica, por ello es interesante destacar la importancia de un doble enfoque. Los trabajos de investigación y las propuestas de tratamiento acercan las teorizaciones de una doble perspectiva: lo lésbico y lo feminista (Davis D. y Padesky C.,1989).

Es decir que hay cosas que los sujetos, en orden de adquirir una identidad homosexual positiva deben perder o arriesgarse a perder o testear o luchar para no perder. En la actualidad los cambios en términos del avance científico (fecundación in vitro, fertilización asistida, donación de gametos, por ejemplo), y el avance lento y desigual de los cambios sociales (leyes que avalen el contrato de parejas, favorezcan la adopción, la igualdad de derechos, leyes contra la discriminación, entre otras), provocan dudas sobre el destino de algunas creencias negativas y las cuestionan. De todos modos hay algunas nuevas dificultades fundadas en los cambios, sumadas a las viejas, relacionadas intrínsecamente con la preferencia homosexual.


Algunos autores utilizan el término duelo para referirse a la pérdida de alguna de estas situaciones, otros prefieren el término aceptación. Pasemos entonces a enumerar:


  • "Duelo" por la seguridad de la vida heterosexual, física y socialmente: El/la homosexual debe tramitar este duelo. La seguridad otorgada por la presencia de un hombre en la casa es un relato habitual de algunas pacientes lesbianas, el temor al ataque discriminatorio es otra de las exposiciones fortuitas. Las mudanzas a zonas más urbanizadas y de mayor tolerancia demuestra lo anterior como método compensatorio (proceso de invisibilización). Esto en parte está relacionado con que "la heterosexualidad está en todas las categorías mentales, de algún modo es el contrato social... , y un régimen político"(Wittig, The Strait Mind, op.cit. Bersani, L:1998)

  • Posibilidad de pérdida del sostén del núcleo familiar primario: Algunos pacientes, en un incierto proceso de coming out pueden tener dificultades en la relación con su familia de origen.

  • Correr riesgos sociales debido a la preferencia sexual. En el ámbito de lo laboral, encubiertamente ( o no tan encubiertamente) se puede poner en riesgo el trabajo o, las posibilidades de crecimiento profesional. Aquí podríamos recordar los desarrollos sobre el techo de cristal de las feministas, sobre las mujeres que encuentran un tope en sus carreras por su condición de mujeres. Se suele denominar esto como techo púrpura (o rosa) entre las y los homosexuales.

  • Disminución de las posibilidades de "mostrar" su pareja. Lo que nos acerca a otro conflicto: el coming out de las relaciones afectivas estables. Las parejas son fuente de autoestima y reconocimiento, la gente, en general espera enorgullecerse de su pareja, la "muestra" socialmente, la incluye en sus charlas en el lugar de trabajo, entre otras cosas. Las parejas homosexuales deben guardar mayor margen de intimidad respecto a ello (condicionando a veces la elección de profesión), y además respetar el proceso de hacerse visible de su compañero/a.

  • Tendencia a ser tenido en cuenta como sujeto solo o soltero. Volviendo a un punto anterior: invitaciones familiares, encuentros sociales relacionados con lo laboral o educacional, ser responsable y valioso por los propios méritos y no poder tener un valor social por la pareja como ocurre en los matrimonios heterosexuales.

  • Ausencia de los beneficios otorgados a las parejas heterosexuales, y en especial, a la institución del matrimonio Tales como reducción en la cobertura médica, los beneficios de la herencia, los seguros, los días para acompañamiento de familiar enfermo, las reservas hoteleras, los bonos laborales y descuentos en las empresas de servicios, entre otros beneficios ofertados.

  • Replanteo de la paternidad y maternidad en las parejas. Algunas/os gays y lesbianas por la homofobia internalizada, y por desconocer que la mayoría de los informes referido a la aptitud para la crianza de niños por padres homosexuales no revelan diferencias en términos de capacidad de cuidado o desarrollo de patología psíquica o problemas de identificación sexual (Kirkpatrick M.,1982; Dunne E.J., 1987). Sin embargo la mayoría de la población e incluso las y los pacientes creen que es mejor criar hijos en modelos de familias tradicionales, cuando la práctica clínica cotidiana nos muestras las deficiencias de este modelo. De todos modos, según datos estadísticos, sólo un 40 por ciento de la población de la ciudad de Buenos Aires forma parte de una familia "tradicional". - Es curioso observar a los políticos y las empresas publicitarias dirigir su mensaje de márketing a las familias, a veces uno se pregunta cual será el efecto en el 60% de la población a la que se le impone el modelo ideal que ni siquiera es el mayoritario - . Las parejas homosexuales deben reconocer que su atipicidad no es tal, en el reflejo de la realidad, yo prefiero describir estos nuevos procesos como Neo-familias.

Llamo Neo-familias a estos nuevos sistemas sociales (redes) instaurados, tales como las parejas homosexuales, las amistades casi fraternas y solidarias no consanguíneas, los padres solteros, y la red de personas que asisten a los nuevos modelos.

Estas Neofamilias ya han pasado la prueba de fuego al atravesar la crisis social provocada por la epidemia del SIDA [3].

Releyendo estos últimos párrafos pienso sobre el peso de estos duelos en la subjetividad de los individuos. Recuerdo una metáfora literaria, que me ha sido de una gran utilidad "... las esquirlas son buenas acupunturistas..." (Moreno M.,1993)

Las parejas heterosexuales tienen como fuente de modelaje de sus roles sociales a sus padres, que buenos o no, entregan gratuitamente modelos de identificación para el rol de género. Si bien esto se está modificando vertiginosamente, es de destacar que las parejas homosexuales deben, en cierto modo re-inventar estos roles (Reinventing the wheel) (Rochelle L. Klinger, Cabaj P., 1993).

De allí que quisiera profundizar esto con el siguiente apartado, ya no sólo sobre roles sino sobre la tabla de comando que es el género:
Género y homosexualidad :

Desde hace tiempo asistimos en el ámbito científico a un vasto desarrollo de las teorías del género (Burin M., DioBleichmar E., Meler I.,1996; Millonschik C., 1996 y Stoller, 1968). El carácter multidiciplinario o diversificador ha dado un empuje creativo a estas ideas, hoy en día perimidas debido a su insistencia en el binomio masculino-femenino.


En cuanto a "la cosa del género", así, execrada de "la cosa del objeto de deseo", las teorías se vuelven más difíciles de discutir. Esa dicotomía pedagógica, útil políticamente, lo es poco en la fisiología. Sostener esa dicotomía respecto a la sexualidad de las personas es casi un absurdo. La mayoría de los desarrollos continúan en una pasión clasificatoria, y parten del supuesto que el género es una línea o continum montada sobre dos extremos Masculino/Femenino. De allí que, cuando hablan de hombres que desean ser mujeres utilizan la curiosa palabra de trans(cross)-género (o trans-sexual), llevando al ámbito circense la creencia, por lo más infortunada, de que estos "hombres" quieren cruzarse "al otro lado". Dicha teorización provoca una creencia disfuncional condenatoria: Por más que quieran, nunca van a ser "mujeres", pueden intentarlo, pero hasta ahí, no abriendo la posibilidad de la invención de nuevas identidades (Moreno María, 1997).
Como esto termina siendo una abstracción teórica que se despega artificiosamente de la biología por momentos - y por momentos la busca para apoyar los codos - , no hay otra posibilidad que esa línea geométricamente perfecta. Desde dónde y a dónde "se cruzan" los trans-sexuales? (Gagliesi, P., 1994).
Por otra parte, creo que la relación con el objeto es tan definitoria sobre la identidad como el género. Cuando la histología comenzó a hacer sus aportes sobre la estructura de los tejidos era necesario disecar y preparar la muestra que se miraría por el microscopio. Se observaba y se tomaban notas descriptivas como en una foto. Poco después la función, que condiciona ontológicamente esa parte disecada sobre el vidrio, resultaba ser tan fundamental que la observación quedaba empequeñecida por los avances de la fisiología, cuyas notas, llenas de acción, son como un film. La histología debió esperar al microscopio electrónico, y a otros cambios epistemológicos.
Igualmente "la cosa del género" se momifica al ser extraída y al perder su función, a pesar de que ese acto de disección haya sido útil. Los desarrollos de género terminan teniendo olor a formaldehído.

Es de sospechar, en esta secuencia, que la homosexualidad es la base del cuestionamiento de las teorías de género. Las derriba más allá de la frontera poco realista de que "los gays son hombres que desean a otros hombres" y "las lesbianas son mujeres que prefieren a otras mujeres", ya que dichos constructos son débiles e inexactos.


Un hombre con preferencia sexual homosexual es, lejos, algo diferente - en términos de identidad - que un hombre heterosexual. Aunque histológicamente sean iguales. Y aunque el gay juegue al fútbol y el heterosexual sea peluquero.
Debemos volver a la anatomía y fisiología de la sexualidad - sobre la que se ha dicho lamentablemente poco, sino nada (Master y Jonhson,1979) - a visitar los sites de los roles genitales, las definiciones de activo-pasivo, penetrado-penetrante que yacen aún en el oscurantismo al que lo someten las modernas teorías del género y la identidad.
Así mismo los roles sociales, señalados por la cultura y la cama, en los que se termina poniendo en duda absoluta lo que se da por cierto: un hombre menos masculino no es necesariamente más femenino, una mujer menos femenina no es necesariamente más masculina, etc. Porque el juego técnico de los investigadores de género, que se viste de dialéctica, termina casi describiendo una parodia a la que le pone cara seria "por que esto es ciencia".
De todos modos, y confiando que las ulteriores investigaciones sobre homosexualidad arrojen más información sobre las teorías de la subjetividad - como los desarrollos de la teoría queer - ; el sexo, el género y lo erótico,- como se mapea cruzando del cuerpo político al físico -, éstas se irán modificando y se modificarán, y las leyes - o el caos - lo harán impredecible.
Consolidar una Identidad Homosexual Positiva en la psicoterapia con pacientes con preferencia sexual homosexual es una tarea compleja, sin embargo hoy por hoy necesaria. Creo que tiene un valor preventivo en términos de salud. Asistir a la transformación de la homosexualidad desde una Way of life a un verdadero Dasein.
Un paciente me recordó, al final de su tratamiento, los dos primeros versos de Hojas de Hierba de Walt Whitman (Song of Myself,1855) [4]:

"I celebrate myself,

And I what I assume you shall assume,...".

 

Notas:

[1]- Es interesante destacar que la palabra homosexual fue acuñada por Karoly Maria Benkert en 1868 y utilizada por Krafft-Ebing en su Psychopatia Sexualis (1889), y utilizada por el New York Times por primera vez en 1900. Mientras que la palabra heterosexual fue creada más tardíamente y socialmente incorporada por la prensa escrita en 1930 (Katz, J.,1990).

[2]- Teoría Queer . Estas nuevas líneas de pensamiento desarrollaron otras perspectivas sobre los conceptos de género, identidad y orientación sexual cuestionando la "compulsión a la definición"(Jagose A.,1998). Jagose describe a la teoría queer como: ".. los gestos o modelos analíticos que dramatizan las incoherencias en las relaciones estables y histórico-culturalmente sostenibles entre sexo cromosómico, género y deseo sexual. Resistiendo ese modelo de estabilidad - que reclama como origen a la heterosexualidad, siendo mejor dicho su efecto - Localizado entre esos términos explota, y saltan las incoherencias desestabilizando la heterosexualidad, cuestionándolo todo a su paso, incluso lo que referimos como hombre o mujer y haciendo imposible cualquier demostración de que existe una sexualidad "natural"." En este sentido es que pierden valor las teorías que intentan consolidar la idea que se podría estabilizar el self al modo de los principios psicológicos que definen una Identidad.

Leo Bersani crítico de la teoría queer, - un crítico y enamorado del objeto que critica a lo Octavio Paz -, hace foco en que no sólo lo psicológico está politizado: "aunque es indiscutiblemente cierto que la sexualidad estuvo siempre politizada las formas en que politiza tener relaciones sexuales pueden ser extremadamente problemáticas." Y en este sentido sospecha que toda agenda que deconstruya los principios de la identidad gay ("desgayzantes"), borra la gaydad, y que ese es el peligro de estas nuevas líneas de pensamiento.

[3]- El Factor HIV: Sería necesario escribir otro artículo para poder imbricar el fenómeno del HIV y su impacto en la comunidad Gay-Lésbica. Un nuevo elemento en la geografía de la clínica son las parejas discordantes (sic), parejas donde solo uno de sus miembros es HIV+. La poco feliz palabra acuñada no respeta las "concordancias" observadas en la consulta, pero creo que será interesante este tema para ulteriores investigaciones.

[4]- Es interesante destacar que la traducción de la palabra assume tiene tres vocidades: la de suponer, la de asumir, la de adoptar.

 

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