Análisis de texto septiembre, 2002



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ANÁLISIS DE TEXTO - SEPTIEMBRE, 2002

Tómbola es una idea original de la televisión autonómica valenciana. Canal 9 lo estrenó en marzo de 1997 y poco después fue exportado a las también públicas Telemadrid y Canal Sur. Desde entonces ha sido el estandarte de la telebasura y objeto de múltiples debates sobre la función de las televisiones públicas. A la vista del cada vez más escandaloso tono que alcanzaba el programa, Canal Sur lo suprimió a los pocos meses. Telemadrid siguió adelante, impermeable a las críticas y justificando su permanencia por la rentabilidad económica y las buenas marcas de audiencia.
La retirada de este espacio en Telemadrid ha abierto un debate en profundidad sobre la función social de la televisión y los límites que han de respetar las cadenas públicas. Directivos de televisión y profesionales analizan el fenómeno de la telebasura y las secuelas de Tómbola, que siguen inundando las cadenas públicas y privadas.
Mikel Lejarza, ex director de Tele 5, opina que los límites de toda televisión son los de la sociedad civil: los que marcan las leyes. Pero añade: "Las públicas tienen exigencias superiores. No se puede pedir lo mismo a una televisión pública que a una privada, ya que tienen distintos sistemas de financiación. No creo en el concepto de telebasura, está lanzado por los enemigos de la televisión, pero sí creo en los espacios criticables, y en la televisión pública hay casos más graves que el de Tómbola, como la manipulación de los informativos, que se emitan más de 700 películas americanas al año o que se gaste más dinero en fútbol que en producir contenidos".
El filósofo Gustavo Bueno reflexiona sobre el término basura y asegura que "tan basura como Tómbola son los concursos en los que se pueden ganar 12 millones de pesetas sólo por saber la capital de Alemania. Estos programas ejercen efectos tóxicos letales sobre el público. Lo importante es deteminar los criterios a la hora de establecer los límites". Según Bueno, "los límites de la televisión pública deben estar subordinados al bien público".
El País, 28-2-01, pág.69

ANÁLISIS DE TEXTO - JUNIO, 2002

Al terminar el curso examinamos a nuestros alumnos y comprobamos los resultados. Pero ¿qué pasa con lo que conseguimos de hecho sin que nadie lo haya pretendido? Cuando tratamos del proceso de enseñanza-aprendizaje, normalmente nos fijamos en los aspectos formales: tenemos unos objetivos o unos resultados pretendidos, pensamos en métodos, ejercicios, etc., y al final comprobamos los resuItados. Pero si nos fijamos sólo en lo formal y dejarnos fuera del campo de nuestra atención lo informal, podemos dejar fuera la vida misma.


Una sencilla anécdota personal puede servir de ilustración a lo que deseo comentar ahora. Salía un día de mi casa en Asunción, Paraguay. Enfrente hay un colegio de segunda enseñanza. Era el último día de clase y los alumnos salían a la calle rompiendo papeles y cuadernos con una alegría desbordante, y arrojando al aire todos aquellos trozos de papel.
Ignoro si se trataba de un rito habitual de final de curso o una ocurencia de aquellos alumnos en particular. Recogí algunos papeles y los examiné Los alumnos habían desmenuzado cuadernos con apuntes y problernas de matemáticas.
Esta anécdota nos brinda esta pregunta que yo me hice entonces: ¿Qué habían aprendido realmente aquellos alumnos? ¿Habían aprendido rnatemáticas? ¿O habían aprendido a odiar las matemáticas? Porque los odios y los amores, lo mismo que los conocimientos, son aprendidos. Lo que sí podemos afirmar es que, en cualquier caso, el profesor de matemáticas quiso enseñar matemáticas, no a odiar las matemáticas.
La reflexión y la pregunta siguen en pie: podemos estar enseñando lo que queremos.. .y también lo que no queremos. Podemos enseñar unas cosas con nuestras explicaciones, y otras distintas con lo que somos, con nuestra manera de relacionarnos con los alumnos.
MORALES, P. (1998): La relación profesor-alumno en el aula. Madrid, PPC, págs.9-10

ANÁLISIS DE TEXTO - 2001

El cambio climático no es una amenaza; ya está ocurriendo. No es cosa del futuro, aunque sus efectos se agravarán con el tiempo si no se toman medidas de inmediato. Ésta es la dramática conclusión del segundo informe sobre el clima que acaba de hacer público en Ginebra el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climatico de las Naciones Unidas. Por eso, los 900 expertos que firman el documento se han dirigido expresamente a los dirigentes mundiales para que tomen muy en serio su dictamen y no sigan posponiendo decisiones que no pueden esperar.


Las primeras modificaciones constatables del cambio climático son los glaciares y los hielos polares, que se derriten a un ritmo más rápido que antes. No sólo las nieves perpetuas del mítico Kilimanjaro - la montaña más alta de África- y de otras cumbres de Europa y América del Sur corren el riesgo de dejar de serlo a lo largo de este siglo. La fusión de los casquetes polares comienza a adqurir una magnitud preocupante; el hielo del Polo Norte se ha reducido entre un 10%y un 15% desde 1950. Pero lo peor está por llegar si no se producen cambios drásticos en las tendencias sobre el uso de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas natural), fuente principal del más significativo de los gases de efecto invernadero, el dióxido de carbono.
Si la temperatura media del globo aumentó en 0'6 grados centígrados durante el siglo XX, ese aumento puede ser de 1'4 a 5'8 grados en el siglo XXI. Las consecuencias sociales de semejante cambio de temperatura pueden ser dramáticas en términos de alimentación, salud y frecuencia e intensidad de los desastres naturales. Y las sufrirán sobre todo, como siempre, las regiones más pobres - África, Asia y América del Sur -, víctimas de un fenómeno generado por los más ricos. Pero, al mismo tiempo, estos países pueden verse enfrentados a una oleada de refugiados medioambientales que huyan de zonas convertidas en desiertos.
Los expertos ya han hablado lo suficiente, y con claridad meridiana. Toca ahora a los Gobiernos, especialmente a los de los países más desarrollados y contaminantes, dejar de lado sus intereses egoístas en un asunto que afecta a la especie humana y comenzar a actuar en consecuencia.
Editorial de El País, 22-2-01.
ANÁLISIS DE TEXTO - 2001

Sólo los desesperados muy lúcidos se permiten esta clase de fuga que es más parecida a la cobardía: ante cualquier ignominia cierran los ojos y en la oscuridad levantan una fortaleza. En realidad, ésta es una de las dos salidas que Shakespeare propone en el célebre monólogo de Hamlet. Ser o no ser: afrontar con gran ánimo los golpes de la fortuna o dormir, tal vez soñar, y con este sueño dar fin a las miserias de la vida. Creerán muchos que es más noble combatir las injusticias, levantar la voz contra la opresión, devolver los agravios o vengar las afrentas. Así sería, tal vez, en los tiempos en que se sabía qué era el rnal, quién era el enemigo y dónde estaba la gloria. Pero hoy se vive bajo una tiranía difusa y la maldad es inaprensible porque se confunde en el aire con el resto de la basura humana. La lees en los periódicos, la oyes en la radio, aparece en la pantalla del televisor, la contagian como una peste esos tipos mediocres y condecorados que se abrazan en cualquier fiesta y sin darte cuenta, sólo por haber descuidado las defensas, descubres que ya eres incapaz de rebelarte, que te has impregnado de la mugre general y a eso atribuyes el desprecio que también sientes de ti mismo. No creo que haya existido ura época en que los cretinos hayan sido tan apabullantes, ni los tontos hayan mandado más, ni la idiotez haya tratado de meterse como la humedad por todas las ventanas de las casas y los poros del cuerpo. Se habla mucho de la carne contaminada de los animales, pero aún es peor epidemia la degradación moral de las personas, que está en todas y en ninguna parte. Ser o no ser. Hay que rendir homenaje a los desesperados más lúcidos que resuelven esta duda de Hamlet huyendo de la basura a través de los sueños. Se trata de esos cobardes imbatibles que robustecen su vida soñando ríos incontaminados, aromas de pan antiguo, risas de viejos amigos que se mezclan en el jardín con los ladridos del perro y páginas bellísimas leídas en soledad. Así resisten cuando un imbécil intenta devolverlos a la realidad con una bajeza. Esos desertores nunca serán derrotados.


VICENT, Manuel: El País 28-1-01

ANÁLISIS DE TEXTO - 2000

Aunque es difícil hablar de toros sin enzarzarse en polémica, les voy a contar lo que pienso del asunto, por si a alguien le ayudase a verlo con ojos diferentes. Vaya por delante que comprendo que el espectáculo hiera la sensibilidad de mucha gente, pero les recuerdo que a nadie le obligan a asistir, mientras que a otras formas de violencia cotidiana es casi imposible sustraerse. Entiendo que se quiera proteger a los niños prohibiendo la entrada a los menores de catorce años, pero me sorprende que pueden asistir a películas como Tiburón, causa de innumerables terrores de niños y adolescentes. También entiendo que se quiera proteger a los toros de lidia, pero se trata de animales que sin corridas dejarían de existir porque no pueden andar sueltos y su mantenimiento es muy caro. Y dicho esto, les cuento:


Yo llegué a los toros, como a casi todo, por la literatura. Quería entender qué había allí que atraía a escritores que dejaron constancia escrita de su estima por aquel espectáculo. Y no hablo sólo de Alberti. Me llamaba la atención que alguien como Nicolás Fernández de Moratín, tan dieciochesco, tan ilustrado, cantase en odas pindáricas aquella "temeraria y asombrosa hazaña, / que por nativo brío / solamente no es bárbara España".
Para entenderlo hay que partir de que en España el toro no es sólo un animal, es un símbolo. La media luna de sus cuernos simbolizaba en las religiones precristianas de la Península Ibérica las fuerzas del amor y de la muerte; el cuerno era un símbolo fálico, pero también era una representación de la luna, deidad vinculada al mundo dc los muertos. Unas veces aparece como acompañante de éstos a su nueva morada y otras veces como encarnación ella misma de la muerte [...]
En una corrida confluyen todos esos elementos simbólicos. La plaza ha ido evolucionando hasta llegar a ser el círculo que es hoy, con su mitad de sol y su mitad de sombra: un símbolo más. Y en ese círculo, perfecto y eterno, se enfrenta el hombre con el animal que representa a Eros y Zánatos, al Amor y a la Muerte. ¿Y qué es la vida humana sino un combate contra el Amor y la Muerte?
Marina Mayoral
ANÁLISIS DE TEXTO - 2000

Movilitis telefónica

El teléfono móvil es muy útil, la verdad. Pero está sometiendo a muchos ciudadanos a una tiranía crispante. Hay gente que ya no podría vivir sin él.


El aparatito de marras se infiltra de forma imparable en la vía pública, en los bares, en las plazas de toros, en los estadios y hasta en los tuétanos del alma.
Es un artilugio diabólico que ya ha comenzado a provocar en algunos usuarios estados de ansiedad y desatino, como hacía antaño la voz de la conciencia.
Pero la conciencia sólo incordia de forma personalizada. El teléfono móvil, en cambio, saca de quicio a quien ni lo tiene ni lo quiere. Aunque parezca mentira, hay personas que lo llevan a misa.
De hecho, en algunas iglesias de Madrid los sacerdotes se han visto en la obligación de poner en la puerta este cartel: "Se ruega a los feligreses que desconecten el teléfono en el templo, sobre todo durante las celebraciones litúrgicas".
Avisos similares se van a implantar en otros muchos recintos, por ejemplo en los teatros. Los actores que interpretan La vida es sueño en el teatro de la Comedia están negros.
Hay dias en que el pitido montaraz de un móvil suena tres o cuatro veces durante la representación, incluso en los momentos de más intensidad dramática.
El móvil ya no es sólo inoportuno: es osado, cimarrón, escandalero, ignorante y metepatas. Otro tanto se puede decir de quien lo lleve conectado a perpetuidad.
El cartel de las iglesias debería ser colgado también en los restaurantes. El móvil hace que se nos atragante la comida. Si la hostelería no toma cartas en el asunto, muchos ciudadanos dejarán de acudir a esos locales.
Y si los bares se quedan vacíos, España dejará de ser España y Madrid dejará de ser Madrid.
Un dato inquietante a tener en cuenta: lo primero que se hace para descubrir a un criminal es buscar el móvil de su crimen.
Ricardo Cantalapiedra
ANÁLISIS DE TEXTO - SEPTIEMBRE, 1999

Cuánto se habla de medios de comunicación. Apenas se habla de otra cosa. Y, si se hace, se hace en función de ellos. No sólo son su mensaje mismo, sino que se han convertido en su único fin. Y eso desequilibra la conjunción imprescindible quizá no para el progreso de la técnica, pero sí para el del hombre, que es el único verdadero. Porque si el hombre se rezaga, si no le es dable hacer la digestión de sus inventos, no le quedará más salida que enloquecer, subvertidos y desjerarquizados los valores que lo regían. Cierto que la tecnología ha producido un mundo cada vez más interconectado, cuyos conflictos son globales y cuyas soluciones también deberán serlo; pero el mundo mejor que se nos promete no puede consistir en una concentración de las riquezas en manos de unos cuantos, ni en oprimir a unas generaciones y sacrificarlas, ni arriesgar el misterioso equilibrio de la Tierra. Es preciso entender que, si se da por concluida la guerra fría y, en consecuencia, los dos mundos que ella enfrentaba, pierda hasta la razón de su nombre el Tercero, y además que la solución no residirá en ayudarlo, sino en que jamás vuelva a haber Terceros Mundos. Como la solución no estará en tolerar la ecología sino en ponerla muy por encima de los egoísmos nacionales. O sea, en andar al mismo paso y hacia la misma meta todos juntos.


Sin embargo, eso es algo que la comunicación y sus medios no se plantean todavía de ninguna manera. Gozamos de tanta información que han perdido su razón de ser y su intimidad las antiguas visitas, el recado de boca en boca, las confidencias, la amabilidad de relacionarse personalmente los unos con los otros, es decir, la comunicación real. Sabemos más cosas que nunca, pero mal. Hay una masificación de noticias que no cumplen su cometido si es que alguno tuvieron. No estamos más formados ni mejor informados. De ahí que la gente se evada hacia su intimidad, y que las intimidades se comporten cada vez de manera más hostil; de ahí que las conversaciones se reduzcan a unos cuantos chismes del entorno o a una repetición de lo que vemos u oímos a través de los medios: unos medios que explotan la pasividad de quienes los atienden tranformándolos en meros consumistas. [...].
Ya no se busca la verdad, sino noticias consumibles; no el parecer de los otros, sino condicionar su parecer. El barco va nómada de unos medios de transmisión en otros, sin puerto de arribada, entre confusas nieblas a manos de pilotos interesados sólo en su propio beneficio. Y todo por la susencia de fe en el destino individual y en el común de la humanidad. Porque el destino es una ruta que se recorre -o ha de recorrerse- paso a paso, una meta que se adivina y se persigue, el tao de los orientales. Y hoy carecemos de esa dirección: no hay proyecto sustancial que guíe a cada uno, ni proyecto que enlace las voluntades de todos. Tal es el origen de nuestra soledad y de nuestros enfrentamientos. Tal es el origen de nuestro miedo y el de toda violencia.
A. Gala
ANÁLISIS DE TEXTO - SEPTIEMBRE, 1998

Mucha gente me pregunta por qué no escribo sobre las mujeres maltratadas. Se sorprenden y se horrorizan de las estadísticas. [...]


Pues verán, a mí esas noticias me horrorizan también, pero no me sorprenden. Me parecen la consecuencia lógica de la situación en la que se encuentran las mujeres en su inmensa mayoría. Y me refiero tanto a los crímenes pasionales como a la violencia doméstica. [...]
Hay que partir de un hecho bastante elemental: la violencia se ejerce contra quien se puede ejercer y los que maltratan a sus mujeres lo hacen porque supone menos riesgos y goza de mayor impunidad que pelearse con su compañero de trabajo o romperle las narices a su jefe. Un segundo hecho también bastante elemental es que resulta más fácil maltratar de palabra u obra a la mujer que depende económicamente de uno que hacerlo con alguien que goza de autonomía y que además puede tomar represalias legales, porque sabe hacerlo y porque tiene los medios. [...]
A medida que descendemos en la escala económica, cultural y social las diferencias hombre-mujer se acentuan con un saldo negativo para la mujer. La mujer es objeto de violencia porque no goza de respeto, y no lo tiene porque no es un ser autónomo. Dejando aparte los asuntos pasionales, la mujer que es maltratada en casa, la que no se atreve a denunciar por temor a las represalias, la que finalmente se decide a hacerlo, ha sufrido todo ese calvario por una triste y simple razón: porque no tiene un trabajo propio que le permita abandonar a su verdugo. Las cosas son así de claras: una mujer que puede vivir de su trabajo no aguanta a un energúmeno bajo su techo.
Sean bienvenidas las medidas legales para prevenir y condenar la violencia contra las mujeres, pero el verdadero remedio hay que buscarlo más atrás: en una educación y una formación que no convierta a las mujeres en víctimas ni en parásitos sociales. En muchas familias todavía se le da más importancia a la formación laboral de los hijos varones. Al fondo subyace la idea de que a fin de cuentas la chica se va a casar y va a colgar los estudios, así que para qué gastar tiempo y dinero. Y desgraciadamente es así. Un porcentaje grande de mujeres abandona su trabajo para ocuparse del hogar. Muchas veces lo hace con la esperanza de retornar más tarde al mercado laboral, pero eso es, en la mayoría de los casos, una utopía. Quizá en otros países sea así, pero aquí el trabajo es escaso y sólo acceden a él los muy capacitados, muy enchufados o muy constantes. Las mujeres maltratadas no se encuentran encuadradas en ninguna de esas categorías.
Así que ya ven ustedes por qué no quería yo hablar de ese tema: porque esto mismo lo he dicho ya veinte veces de veinte formas distintas. Recuerden: el que paga, manda, y a poco que se tuerzan las cosas, pega.
Marina Mayoral

ANÁLISIS DE TEXTO - JUNIO, 1998

Cuantas cosas se escriben sobre tantos y tantos temas. Noticias que nos llegan, informaciones, mensajes. Pero para la conducta humana hay una que es primordial: conocerse uno a sí mismo, observando aptitudes por un lado, limitaciones por otro y errores pequeños a corregir. La realidad de cada uno tiene un bastión clave en la propia forma de ser. Cuerpo y personalidad forman un binomio inseparable y decisivo. Y son muchos los elementos que van a ayudar a conformarlo: estar en la realidad, es decir, vivir con los pies en la tierra, bien asentados en la instalación que uno ha ido alcanzando. Otro ingrediente, tener un proyecto de vida, con esas tres notas que se integran a través del amor, trabajo y cultura. Además, tener asumido y digerido el pasado con todo lo que eso significa. [...] Y la alegría. El gozo y la satisfacción de seguir en la brecha, luchando por sacar lo mejor de uno mismo. A brazo partido con las dificultades que asoman en derredor y pretenden sacarnos del sentido y de la dirección que nos habíamos propuesto. Hay que atreverse a tener una visión global de uno mismo. No en parcelas o a trozos. Sino buscar la unidad intrínseca que se hospeda dentro de ella.


Pero lo más importante de la personalidad es la integración de los diferentes aspectos que la recorren. Partida de ajedrez entre los dos grandes a gobernarla: razón frente a sentimiento; negro sobre blanco; transparencia y opacidad; libro abierto y texto críptico que hay que descifrar. La claridad de un día mediterráneo que se contrapone a la confusa niebla imprecisa, desdibujada y etérea de un paisaje del mar del Norte.
Si la vida es un arte, me parece que el protagonista es un artesano de la combinación mejor posible, llamando a los tres principales intérpretes: cabeza, corazón y espiritualidad. Inteligencia, afectividad y trascendencia. Con ellos uno se puede jugar la vida y arriesgarse. Arte y medida. Ensamblados de forma particular. Los tres le dan a la personalidad solidez, firmeza, consistencia. coherencia interior. De cada uno de ellos se derivan vertientes, facetas, aspectos parciales y ópticas determinadas.
Enrique Rojas
ANÁLISIS DE TEXTO - SEPTIEMBRE, 1997

Hace unos días asistí a la presentación de Emociones, el último libro de Vicente Verdú. Al final del coloquio salió un tema que, expresado de diversas formas, vengo escuchando con asiduidad en los últimos años: la añoranza de las ideologías.


Volveremos a aspirar a lo máximo, decía una mujer del público con elocuente verbo; no tenemos por qué resignarnos a la vida personal y pequeña; volverán, en fin, las "grandes ideas". Y los espectadores que llenaban la sala cabeceaban su conformidad con hondo sentimiento [. .].
Creo que entendí lo que aquella persona quería expresar; y sin embargo, y al mismo tiempo, sentí allá por lo hondo un claro desasosiego; pero cómo, ¿acaso es deseable que regresen de verdad las malditas ideas? Por las "grandes ideas" se ha matado, se ha torturado, se ha tiranizado [...].
Sé que no era a esto a lo que se refería aquella mujer: ella abogaba por algo obvio, a saber, que no debemos encerrarnos en el egoísmo de nuestras pequeñas vidas, que hay que seguir siendo solidarios, combativos y etcétera, o sea, la retahíla habitual (que por otra parte suscribo de pe a pa: y cómo no, siendo algo tan evidente). Pero, ¿de qué oscuro rincón del subconsciente viene la referencia a las "grandes ideas"? La solidaridad no tiene por qué estar apoyada en una ideología, antes al contrario: porque la solidaridad nace de la compasión, que es la capacidad de "sentir con", de ponerte en la cabeza y el corazón del otro. Mientras que las ideologías deshumanizan, niegan la mirada del otro, convierten al diferente en enemigo.
Para mí aspirar a lo máximo es tener la audacia de soñar con una humanidad más tolerante, más culta, más capaz de controlar sus propias vidas, más feliz; todas ellas aspiraciones personales. Porque es desde lo personal, desde la cordura de lo pequeño, desde donde se construyen los grandes proyectos colectivos. las oenegés, las campañas del 0,7%, los cooperantes, las nuevas formas de participación social, en fin, demuestran que la ausencia de un marco ideológico cerrado no impide tener valores y luchar por ellos.
Es difícil, lo sé, vivir al desamparo y sin creencias. Porque una ideología es como un amazacotado edificio intelectual en el que uno se instala, disfrutando de los servicios centrales tan ricamente: te dicen qué pensar, qué sentir y qué hacer en cada circunstancia de la vida, y además siempre te sientes acompañado por los vecinos. Depender de tu criterio, por el contrario, es como ser un homeless, como andar sin hogar ni techo fijo. Pero durmiendo al raso pueden contarse las estrellas.
Rosa Montero
ANÁLISIS DE TEXTO - JUNIO, 1997

En el mundo actual existe, como siempre se ha dado, la realidad de la agresividad, con su forma patológica, que es la violencia. Como se podía prever, esa realidad se ha transmitido también a los medios de comunicación. Es entonces cuando se plantea el problema: ¿La violencia presentada en los medios de comunicación social es un aprendizaje, una incitación a la violencia? Por el contrario, ¿la violencia presentada en los medios de comunicación social no tendrá una función de reducir la posibilidad de violencia, de foma que la violencia real quede eliminada por la visión de la violencia en ficción?


Si fuera cierta la primera hipótesis, el uso frecuente de los medios de comunicación social plantearía un grave problema ético, tanto por parte de los que controlan y dirigen los medios, como por parte de los lectores y espectadores. En efecto, ¿es lícito utilizar habitualmente unos medios que llevan al aprendizaje y a la incitación hacia comportamientos violentos, que suponen una injusticia en relación a los demás? Por otro lado, si fuera cierto que la violencia presentada en los medios de comunicación social tiene una función sustitutiva de la violencia real, se daría la paradoja de que sería ético, bueno, asistir a programas de televisión, cine, etc., en los que se exaltase la violencia y la crueldad. Al ver cosas violentas y crueles, no lo seríamos en la realidad.
Todos los estudios realizados hasta la fecha no han podido demostrar que exista una relación directa y exclusiva entre el comportamiento violento de los menores y adolescentes y su asistencia a espectáculos violentos. Pero en modo alguno se puede excluir esa influencia de lo fingido sobre lo real. Probablemente la realidad sea ésta: la asistencia a espectáculos violentos es un factor más, y de los más graves, entre otros muchos que influyen en la personalidad del menor: medio familiar, amigos, modalidad de la educación escolar. Teniendo en cuenta que siempre se da un número amplio de variables, no será posible nunca aislar la de "asistencia a espectáculos violentos".
Sin embargo, que no sea la única variable no quiere decir que no tenga importancia. Para demostrar esto están los numerosos casos concretos en los que el menor se ha comportado de forma violenta porque "quería hacer lo que había visto en el cine o en la televisión".
Rafael Gómez Pérez


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