Alfredo moffatt



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INSTRUMENTOS

Nosotros llamamos nivel instrumental a todo el conjunto de objetos con los cuales manipuleamos nuestro mundo, desde los objetos de uso personal y las herramientas, hasta un automóvil o un tren para transportarnos.

En los hospitales psiquiátricos existen dos instrumentos que por lo siniestros, y comunes, sobresalen en el campo psicológico del internado: el electro-shock y el chaleco. Son las imágenes a que se recurre para lograr una rápida adaptación a ese mundo empobrecido. La frase más común para imponer obediencia que usa el personal subalterno es ”no te hagas el loco que te damos un maquinazo” (un electro-shock). El profesional, por supuesto, no emplea esta frase, pero ”encuentra que el paciente está excitado y es conveniente administrarle una terapia intensiva”... (es decir ”un maquinazo”). Con la difusión de los psicofármacos, se han podido sustituir parcialmente estos métodos un tanto desagradables (por lo menos con una imagen demasiado represora), pero si son medicados en dosis masivas (dosis ”de impregnación”) vuelven a tener las mismas características. Tanto es así que se los llama ”chalecos químicos” cuando son administrados en grandes dosis. También se usa la expresión ’”planchar” al paciente porque queda, en estos casos, rígido, a veces con movimientos involuntarios (parkinsonismo) de las manos y babeándose. Esto produce una angustia equivalente al chaleco y tiene, para el personal, las mismas ventajas: el internado está tan atado como un matambre .

Aún no usando dosis masivas,”la pastilla” (Ampliactil, Stelazine, etc.) es el instrumento casi único de terapia y el médico, cada tanto, cambia un poco la dosis. Para el paciente la pastilla llega a tener valor de fetiche protector y termina actuando como placebo, después que se produce el acostumbramiento metabólico. Siempre que existe una imposición desde arriba se inventa una forma de evitarla y, en este sentido, hay internados que son directamente prestidigitadores en cuanto a la habilidad para esconder la pastilla en algún lugar de la boca y simular tragarla delante del enfermero encargado de hacerla tomar, para después escupirla. Estas tácticas de contra-cultura existen en toda institución que tenga carácter represivo y en los hospicios son a veces verdaderas reservas de salud mental. Lo decimos especialmente por los grupos informales de internados que logran formas de socialización con alta reintegración de los vínculos personales, a escondidas del personal, que las combate pues le crean áreas fuera de su control disciplinario En cuanto al ocio forzado, éste tiene excepciones y es cuando se necesita mano de obra gratuita para resolver problemas del hospital, donde se pasa del ocio-forzado a trabajos-forzados. las llamadas ”cuadrillas”, que a veces trabajan todo un mes por un kilo de yerba y un paquete de tabaco (y cuando reciben sueldo, llamado ”peculio”, es de nivel de dos mil pesos mensuales) son un conjunto de pacientes que están al mando de un capataz de la institución, y donde no se aprovecha el trabajo colectivo como un modo de reintegración de relaciones sociales, pues, en general, trabaja cada cual aisladamente, sin intervenir en lo más mínimo en las decisiones sobre horarios, formas de hacer la tarea y tampoco son los que se benefician de manera directa o indirecta con lo que hacen. Es lo que, con toda propiedad, se puede llamar ”trabajo alienado”, donde la persona no se vincula, no se realiza como ser social a través de su trabajo. Esto tiene características muy negativas para la reintegración de la personalidad cuando, a todo lo anterior, se suma el hecho de no recibir paga alguna el internado se siente burlado, humillado, su dignidad se resiente y, en la clase obrera sabemos que la dignidad es la identidad y perjudicado este sentimiento de respeto a sí mismo, ésta se debilita y se favorece la perturbación mental. La laborterapia tiene otras formas, especialmente en los hospicios de mujeres y es la tarea que generalmente está a cargo de las monjas y que es el bordado. Tarea de carácter obsesivo y que no sirve para relacionarse, pues es individual. Tiene, además, una característica negativa respecto a la posibilidad de permitir la rehabilitación laboral en el afuera, pues el oficio de ”bordadora” no existe actualmente en la industria textil. Antiguamente era un pseudo-oficio o una habilidad de salón para las niñas sobre-adaptadas.

Un análisis aparte merece el principal instrumento individual del paciente de hospital y que es su cama: constituye la única porción de espacio que es reconocida como suya. EI espacio interior de la cama, debajo de las cobijas, es donde encuentra una forma de privacidad. A veces, para poder sentirse solo, se tapa totalmente, quedando la cabeza también dentro. Meterse en cama durante el día, cuando esto es permitido, se parece a irse de la sala, del manicomio, por unas horas.

Debajo del colchón es su ropero, su armario; guarda revistas y, a veces, hasta comida. Cuando el aburrimiento, el tedio de no hacer nada se hace pesado, se recurre a ”pasarla meditando panza arriba en la catrera”.

En resumen, la cama es como una compañera, una amiga en el manicomio, o mejor, una especie de madre, siempre cómplice y solícita, que permanece en el mismo sitio. La carencia casi total de los más elementales objetos de uso personal (un peine, una pipa, una máquina de afeitar, anteojos, etc.) hace recurrir al ingenio popular y a técnicas que sólo he visto en áreas de sub-desarrollo extremo. Digamos, como ejemplo, la fabricación de pipas con los picos de las pavas de mate que, ya en el colmo de la longevidad, se han desarmado totalmente. A veces, estas pruebas de ingeniosidad popular son interpretadas por los psiquiatras como elementos de diagnóstico pues, por ejemplo, en el caso de la pipa hecha con el pico de la vieja pava, es vista como una ”deformación en la percepción del objeto” (de parte de pava en pipa) y no se percibe que si no fuma en un pico de pava, el paciente no tiene otra forma de hacerlo. Además recordemos, de paso, que esta forma de fumar permite la buena utilización de los puchos de cigarrillo que son, a veces, la principal fuente de obtención de tabaco. La situación de indigencia absoluta produce también la necesidad del rol de mendigo, el pedir monedas o un cigarrillo al visitante y el cigarrillo es absolutamente imprescindible en un mundo donde la principal tarea es hacer que ”el tiempo pase” es decir, ”fabricar tiempo”, un tiempo de duración indefinida y sin proyecto posible de vida.

Entraremos ahora en el análisis de una de las principales patologías a nivel del mundo de los objetos, de los instrumentos y que es la imposibilidad de ejercer, aún a nivel psicológico, el derecho de propiedad. Sólo estudiando situaciones tan críticas se puede comprobar hasta qué punto nuestra identidad está proyectada en los objetos que poseemos, hasta qué punto somos también lo que poseemos, cómo necesitamos proyectar partes del yo en los objetos que nos rodean y sobre los cuales ejercemos ese ancestral ”ejercicio de la propiedad”. Por supuesto, estamos hablando del derecho de propiedad de los objetos de uso personal, de lo que llamamos ”nuestras cosas” y no del ”derecho” a tener la propiedad de los bienes que deben ser de todos, es decir, de los bienes de producción. Acá vuelve a aparecer ese intento espontáneo de reintegración de funciones sociales amputadas, por parte del internado: al negársele cualquier posesión de objetos, tiende a reconstruir el sentimiento psicológico de propiedad, con lo que tiene a su alcance. Es común ver internados llevando a cuestas un montón de paquetes hechos con papel de diario, burdamente atados y de los cuales no se separa nunca (tal vez actúen esos bultos, además, como de objeto-acompañante fóbico). En general son objetos sin ningún valor, pero ayudan a no sentirse tan desposeído. Nuevamente esta costumbre es tomada por el personal médico como un síntoma delirante, pues ”son objetos sin ningún valor” y luego comienzan las académicas discusiones acerca de ”la necesidad del esquizofrénico de envolver a su perseguidor y proyectar su núcleo hipocondríaco”, etc....



Acá podemos señalar que el planteo inicial es que si la persona está internada en el hospicio está loca y, por lo tanto, todo lo que haga va a constituir parte de su delirio. Ocurre lo mismo que en la concepción del derecho penal en donde el reo es culpable hasta que demuestre que es inocente. Por suerte hay filosofías en derecho penal donde ocurre lo contrario: el reo es inocente hasta que se pruebe que es culpable. Hacemos notar que en la primera situación, lo que le importa a la institución manicomial es justificar y defender el hecho inicial, que es la internación de la persona y su conversión en ”loco oficial” a través de un estereotipado diagnóstico. En el manicomio, igual que en las prisiones (a las cuales se parece por muchos motivos), existen, para nuestro pueblo dos aparatos que son su gran consuelo, sus objetos más queridos: la pava y el mate. Existe y se respeta todo un ritual para prepararlo y para tomarlo en grupo: preparar el fuego, buscar agua, llenar el mate, no dejar hervir el agua y, finalmente, antes de comenzar la rueda, el cebador (que viene a ser el coordinador psicológico del grupo) toma y, a veces, escupe el primer mate. Lo que produce el sentimiento de estar juntos, esa íntima conciencia de formar un grupo, de comunión fraterna, es que todos toman de un mismo objeto y que la bombilla va tocando las bocas del grupo (se podría decir que produce casi el compromiso de un beso, pues todas las salivas se confunden y hasta sería posible hablar de un ”compromiso microbiano”). Es un ritual completamente distinto a tomar café, por ejemplo: los pocillos separados terminan separando a las personas. El mate criollo se parece más a una comida totémica, donde todos comen de un mismo objeto. También el mate se puede tomar en soledad: toda la complejidad de su preparación y, especialmente, la relación con algo que tiene mucho de vivo (que es el fuego) lo mantiene atento en una especie de diálogo con las ramitas que le va pidiendo el fogoncito para no apagarse. Los fondos de los hospicios están llenos de fogoncitos, donde la contra-cultura del internado encuentra en nuestro rico acervo del linyera-rural (los verdaderos últimos gauchos) las formas sociales que lo sustraen del control represivo y estúpido de la institución. Además, el que ceba el mate va organizando el grupo: ya que en el hecho de convidar o no va seleccionando a los componentes, con lo cual se pueden estructurar grupos de mateada estables, que llegan a ser verdaderos grupos de psicoterapia criolla espontánea. Ligado a la cultura de la mateada está el otro gran gigante del alma popular que es el tango, ese increíble folklore que sintetiza al último gaucho con el primer inmigrante, en el lugar geográfico del encuentro de estos dos componentes de nuestro pueblo, que son los suburbios, la zona orillera de Buenos Aires. Pero del tango vamos a hablar en extenso en el cuarto capítulo, cuando analicemos la cultura y el folklore popular. Sólo adelantaremos que cantarse para adentro unas estrofitas de algún tango querido es casi parte del ritual de tomar mate.
COMUNICACION
La principal característica de la red comunicacional de los hospitales psiquiátricos es que casi no existe. Sólo se emiten mensajes parciales, de los médicos a los pacientes preguntas para el diagnóstico e indicaciones ”desde la ciencia” y de los pacientes respuestas mecánicas tratando, al igual que en un interrogatorio policial, de no dar información que pueda servir para aumentar la pena, contestando – como se dice en la cultura carcelaria – ”lo más parecido a nada” para no comprometerse (curiosamente es la misma receta que emplean los políticos burgueses en sus discursos públicos electorales). Lo siniestro es que esta actitud naturalmente cautelosa del paciente ante un interrogatorio que, efectivamente, tiene características policiales (como el usual para elaborar el diagnóstico) es interpretada por el profesional como un síntoma de autismo y de rasgos paranoides y así lo consigna en la ficha clínica.

Muy distinta es la capacidad comunicacional del paciente dentro del propio grupo o con gente de confianza; aparece una capacidad de vincularse a nivel emotivo y verbal que no podría sospecharse desde la institución oficial, especialmente cuando se utilizan modalidades de nuestra cultura popular y se establece un verdadero compromiso afectivo.

Volviendo a lo anterior (lo de la paranoia inducida) nos acordamos de una frase muy conocida entre los enfermeros antiguos: ”Doctor... el paciente fulano se siente muy perseguido, hagámosle un electro-shock para calmarlo”... Si analizamos este ”procedimiento terapéutico” vemos que es casi psicótico, pues para demostrarle al paciente que nadie lo persigue se lo somete a un electro-shock (casi siempre teniéndolo entre varios y estando el internado conciente) que produce una tremenda angustia de muerte en el momento de la pérdida de conciencia. En los casos que ”desaparece” el delirio fantaseado es simplemente porque el internado termina teniéndole más terror al electro-shock (y al personal) que a sus antiguos perseguidores internos. Acepta, así, sumisamente, la ”realidad cuerda” que le ofrecen (de lo contrario ”hay más electro-shock”...).

Este estilo de psicoterapia por el terror es, simplemente, ”más tecnificado” que los antiguos métodos de sumergir en agua fría hasta casi la asfixia, pero no menos represivo. La silla eléctrica es siempre un espectáculo más ”limpio” que la decapitación o la horca, pero sigue siendo la misma ideología.

Volviendo al tema de la red comunicacional en los hospicios, podemos decir que tenemos que expresar lo mismo que con respecto a otros niveles: se empobrece la información que ingresa al sistema, los estímulos verbales son sólo órdenes, se desconecta la red interna del mundo de afuera. En los ”patios de día” de los hospicios de mujeres (Hospital Moyano, Estevez) – los corrales o perreras donde se tienen durante años tiradas a las internadas – no ingresa ningún canal de información de afuera. Es lo que técnicamente se llama ”un sistema cerrado de información”, donde la información acumulada en un principio sólo puede degradarse por falta de intercambio. Luego de algunos años ya nadie puede contarle nada a nadie, no entra ningún estímulo nuevo; como no existen ventanas, ni plantas (es todo cemento) tampoco es posible apreciar el ciclo anual. Sólo la lluvia (a veces) y el sol dando su vuelta les aseguran que todavía no están muertas.

Existe un comportamiento patológico que no nos explicábamos y consistía en que en estos patios, una paciente de pronto comienza a gritar y a insultar en voz alta y luego de un tiempo es otra la que lo hace. Ese carácter rotativo, nos hizo pensar en una hipótesis que explicaría este comportamiento desde el punto de vista del concepto de estimulación mínima en teoría de la comunicación y es lo siguiente: el sistema informacional, el nivel de estimulación, llega a ser tan desesperadamente bajo que, de pronto, es necesario producir un estímulo, una variación, cualquiera que ella sea, aunque provenga de la misma red interna y cerrada, y aunque sean gritos e insultos. Entraremos ahora en la principal modalidad comunicacional en los hospicios; nos referimos a la codificación contextual y a la corporal (o gestual). El concepto de mensaje contextual es bastante sutil y difícil de explicar, de comunicar verbalmente. Es un poco como explicar un gesto mímico con palabras, pero aclaramos que el mensaje contextual es aún más concreto y primario todavía que la química, que el gesto, él es mensaje contenido en el campo ambiental.

El contexto situacional sirve para trasmitir información porque modifica algo, califica, termina de definir en todos sus alcances a los otros dos niveles, el verbal y el gestual. Es decir, no tiene el mismo significado final una frase o un cierto gesto corporal cuando la situación, el contexto en que es dicha, es uno o es otro totalmente distinto. llustremos esto para que se comprenda bien : por ejemplo, las frases que se pueden decir en un contexto de intimidad sexual entre dos personas, son difíciles de trasladarlas a una mesa de cumpleaños familiar; el nuevo contexto las haría absurdas e incomprensibles. Así también, una madre que le diga a su hijito ”te quiero mucho” mientras lo aleja con la mano y le cierra la puerta, va a contradecir con lo contextual (lo que hace en ese momento) el mensaje verbal de acercamiento ”te quiero mucho”. Es el mensaje dado por lo que está pasando ”aquí y ahora”.

Existe toda una teoría sobre la génesis de la esquizofrenia basada en la no adecuación sistemática de lo que se dice con lo que se está haciendo o lo que en ese momento está pasando. En Palo Alto (California USA) Gregory Bateson estudió las consecuencias paralizantes cuando se codifica en dos niveles (verbal y contextual) en forma que uno niegue al otro. En el ambiente manicomial, la principal codificación es la contextual; se podría decir que ”se habla principalmente con los silencios” porque esos silencios se producen cuando está ”hablando” la situación: una puerta que se abre, alguien se agacha o mira por la ventana, sirve un mate, etc. En esto se parece al estilo de conversación en el campo entre criollos, donde cada tanto se dice alguna palabra o frase perdida, pero que está cargada de significación debido a lo que calla y cuando lo calla. Además de ”hablar” con lo que está pasando o, simplemente, moviendo ciertas cosas, también está el ”lenguaje mudo” del gesto corporal, del gesto facial (especialmente la mirada, que en estos casos de poca verbalización adquiere una capacidad expresiva extraordinaria). En un grupo de mateada, según como se sienta un componente, está ”hablando” si se ladea, si se recuesta; también si toma despacio, si hace ”sonar la bombilla”, etc. está opinando, está preguntando. Para el hombre de campo (recordemos que una gran proporción de los internados son de origen rural) el mundo circundante es silencioso, se debe guiar por imperceptibles sonidos, por pequeñas señales. Por esto es imposible o, por lo menos muy difícil, para el profesional de clase media, disimular, frente al paciente su verdadera actitud, aunque cuide su mensaje verbal y aclare que tal vez su deseo es ayudarlo y que está muy interesado en eso; va a dar, sin darse cuenta (con su cuerpo, con sus movimientos, etc.) un mensaje contradictorio (que, por otra parte, va a ser el que va a tener en cuenta el verdadero psicólogo, o sea el paciente). Pichón Riviere llama a estas dos partes del mensaje el ”qué se dice” (lo verbal) y el ”cómo y cuándo” se dice (lo gestual y contextual).

Para terminar este tema diremos que la modalidad comunicacional en el hospital psiquiátrico es expresada a nivel corporal y deI actuar.

Otro estilo de mensaje es el que utiliza la mediación de un grafito: las frases escritas en las paredes (a veces en los lugares más insólitos y con letra minúscula) para que alguien, en algún momento, las lea.

A veces, son mensajes dirigidos al mundo, con el tono de un título de periódico. Otras veces, estos desconocidos periodistas del delirio, llegan a inventar un idioma, con signos especiales que, siempre desde el punto de vista de la gráfica, son muy atrayentes: están dibujadas como si fueran objetos, cosas. Esto se debe a que las palabras, las letras, especialmente en la esquizofrenia, tienen vida en sí mismas, participan de la naturaleza de lo significado. Por ejemplo, la palabra ”cuchillo” tiene algo de peligrosa y la palabra ”sangre” algo de siniestro. Otra característica particular de esta red demencial de comunicación son los neologismos, las palabras inventadas que, en generaI, son síntesis de frases; una palabra ”se mete adentro” de otra, se superponen. Por ejemplo, la palabra ”cuchangre” podría ser la síntesis de ”cuchillo” y ”sangre”. Posiblemente ”cuchangre” sea la forma más siniestra de relatar un asesinato pues, como en los sueños, sólo queda lo esencial de todo el proceso.

A través de los años he ido recogiendo, con el respeto de un evangelista, el pensamiento escrito y dicho por estos maestros demenciales, los testimonios de esos mundos interiores, de esos creadores de universos enteros que, por ser inventos de difícil comprensión, son encerrados por los ”normales” para defender un mundo ”sensato” en el que la imaginación está castrada en nombre de cuatro o cinco recetas que organizan el mundo del miedo al cambio, del miedo a la creación. Naturalmente, no todo internado en hospicio es un creador de mundos posibles; hay también muchos que frente a la gran angustia de la existencia humana, frente al enorme paredón de la muerte donde se estrella todo, hasta los últimos y más íntimos pedacitos del yo, optan por el mecanismo de defensa más cómodo y seguro que es el estereotipo, el quedarse adherido a cuatro o cinco reglas e impedir todo cambio. Es decir, hay también delirios ”normales”, ”sensatos”, ”estúpidos” que castran toda creación y es así que, para evitar la angustia de la muerte, se declaran ya muertos impidiendo la vida y la imaginación. Son los ”locos aburridos” del hospicio.

El psiquiatra suizo Carl J. Jung, discípulo de Sigmund Freud, es tal vez el más importante de los estudiosos del inconsciente como un mundo autónomo, como una parte importante y valiosa de nuestra personalidad. Las otras actitudes respecto a ese gran territorio que queda ”más allá de la razón”, el inconsciente, están demasiado influidas por una mentalidad racionalista, de burguesa ”sensatez comercial”, donde el inconsciente está visto como las fuerzas incontrolables de oscuros instintos que deben ser controlados por el superyo. Incluso Freud está fuertemente influenciado por el planteo netamente adaptativo de la moral victoriana de su entorno cultural: un hogar pequeño-burgués, judío vienés, de principio de siglo, es decir el corazón del ”mundo de lo razonable”. Su honestidad y valentía científica fue muy grande en sus libros, pero recordemos que su vida sexual fue tremendamente pobre. Esta tradición freudiana ortodoxa fue recogida por la pequeño-burguesia culta argentina a través de la Asociación Psicoanalítica, que llegó a estructurar una sólida pirámide de poder en base a quitar el ”peso de la culpa” a cambio del ”peso moneda nacional”: ”represiones culposas” y ”billetes” (la fórmula básica del mundo del ejecutivo: ”sexo y dinero”).

Con los bruscos cambios ideológicos que produce un pueblo que comienza el camino de su liberación, este poder monopolizador sobre la utilización del psicoanálisis, se resquebrajó y, actualmente, se vislumbra la posibilidad de re-interpretar este instrumento terapéutico desde los problemas psicológicos de nuestro pueblo.

Para terminar este análisis y poder retomar el tema del mundo simbólico del hospicio, vamos a completar algunas ideas del psicoanálisis jungiano, que es el único que permite rescatar parte de ese terrible y seductor mundo de la demencia, es decir 36
que nuestro inconsciente, por el cual tenemos, cada noche, un pequeño viaje cuando soñamos. El concepto de salud en Jung está ligado el proceso de individuación, es decir de integración del yo (del self, del ”sí mismo”) y él sostiene que esa integración sólo es posible Iuego de un ”descenso al inconsciente” (que se parece a una inmersión en la demencia) y luego de asumir y ser concientes de todo el espectro de nuestra situación en el mundo, especialmente después de la experiencia de enfrentarse con la muerte, con la desintegración. Para Jung las áreas no concientes, en particular lo que él llama el inconsciente colectivo, que son modelos arcaicos de pensamiento (los llama arquetipos), son una parte importante del self y deben ser aceptados y elaborados. Con este planteo, el pensamiento demencial, las modalidades de pensamiento psicótico, no son tan ajenas ni están tan lejanas y, lo que es más importante, son partes de nuestro ser total, de nuestra circunstancia como hombres, y es muy empobrecedor para nuestra personalidad negarlas totalmente y, a veces, peligroso para nuestra salud mental.

Pasemos ahora a dar una idea sobre el folklore demencial, aunque va a ser muy difícil trasmitir el ”clima psicológico” tan específico en que son dichas, la modulación de la voz, los gestos posturales y, en particular, el contexto ambiental del manicomio. En todo este material que, en general, bordea la poesía y la metafísica, se plantean los problemas últimos de nuestra existencia, de nuestro destino, la muerte, el tiempo, la soledad, el sexo, la locura, etc. Vamos a intentar trasmitirlo en forma de un salpicado de informaciones breves (un estilo un tanto ”esquizofrénico”) : Explicaciones de un internado a un grupo de psicólogos que visitaba el hospital:

”Yo me llamaba Lopecito y una vez me morí; en cambio, a ustedes, todavía les falta morirse”... (y seguía)... ”No hay que hacer llorar los mares con fusiles de manteca”... Otro, un ex-relojero que nos explicaba correctamente la técnica del oficio: ”Y en este libro, están las piezas con que estoy trabajando para inventar un freno para los relojes, porque el tiempo pasa demasiado rápido”...

Un diálogo escuchado al pasar que indica que todavía hay reservas de humor:

-Che, )estás en la luna? . . .

-No, estoy en el manicomio..., pero no te asustés, no es nada ...


A veces el diálogo es interior y en un estilo onírico.

-")Qué pelo me voy a marcar?.. . )son guantes o tumbas?...no puedo averiguarlo, porque los dos son crucifijos ... línea 50 ignorada... lo que hacen los oídos, primero la palabra entera, de nueve letras es doble ... )Le gustan los bandoneones? ...


Las explicaciones de su internación.

-Sí, yo estoy aquí porque me caí de un avión…


Conversación entre tres internados, el último con música de tango y cantando bajito.

-Hoy no tenía pulsaciones ...

-A ese no la van a quedar más que los huesos ...

Y no tengas esperanzas este pobre corazón ...


A veces el delirio lleva a suposiciones alucinantes.

-¿Ves ese que está allí ? … Bueno, lo están preparando para ser un doble mío dentro de diez años, me observa todo el tiempo, estudia todos mis gestos, y dentro de diez años, cuando le terminan de hacer la cirugía estética , en un momento de confusión, me eliminan a mí y lo ponen a él .. .Mirá, fijate cómo al acercarme, disimula y se hace el distraído ...


Otro diálogo, de un rigor lógico impecable.

-"Che..., vos )alguna ves lo viste a Batman caminando por la calle? ...

-No, nunca ... Claro, lo difícil es reconocerlo sin uniforme ...
Terminamos este pantallazo con una poesía escrita en Vieytes por Jacobo Fijman, un poeta que pagó largos años allí adentro:
El Canto del Cisne

Demencia

el camino más alto y más desierto.
Oficios de las imágenes absurdas; pero tan humanas.

Roncan los extravíos; tosen las muecas

y descargan su golpes.

Afónicas lamentaciones.
Semblantes inflamados,

dilatación vidriosa de los ojos en el camino más alto y más desierto.

Se erizan los cabellos del espanto.

La mucha luz alaba su inocencia
El patio del hospicio es como un banco a lo largo del muro

Cuerdas de los silencios más eternos
Me hago la señal de la cruz a pesar de ser judío.
)A quién llamar?

)A quién llamar en el camino tan alto y tan desierto?
Se acerca Dios en pilchas de loquero,

y ahorca mi gañote

con sus enormes manos sarmentosas

y mi canto se enrosca en el desierto.
Además de la población realmente psicótica, que es una minoría en los hospitales psiquiátricos, la mayoría entre ellos, muchos alcoholistas), constituye la población “lúcida”, es decir, los que ocasionalmente, por muy breves períodos tienen alguna perturbación menor. Incluso, existe todavía un sector que está completamente restablecido, pero por la edad o por la desocupación laboral externa, no puede volver a insertarse en la comunidad.

Entre los lúcidos, las formas de expresión no adquieren características demenciales y pertenecen al folklore de los sectores más empobrecidos (explotados) de nuestro pueblo, que se lla­maría sociológicamente “el proletariado lumpen".

Este folklore es el tango en sus formas "rantes" y "caneras" que expresa toda esa enorme tristeza y desesperación fatalista que produce el despojo total a que son sometidos los sectores últimos de nuestro pueblo.

En el manicomio se recibe, respecto al tango, una sorpresa: el tango está vivo en sus formas originales. Las condiciones allá adentro tienen algo de conventillo paupérrimo, de piringundín, de estructura carcelaria, de tugurio, es decir, del ambiente donde nació el tango (que además se bailó en sus tiempos arcai­cos también entre hombres). Las letras de tango cantadas "para adentro" en voz baja, son el consuelo y la fórmula para elaborar tanta tristeza. Las letras de tango son la más formidable colec­ción de situaciones de pérdida: la mina, el barrio, la propia vida, el orgullo, la viejita, los amigos, etc. Dudo que en todo el mundo exista un folklore con más componentes melancólicos o que se proponga una interminable tarea de "rumiación- melancólica”, como el tango y que alcance su nivel poético y musical. Además contó con una voz excepcional, por su ternura y sus matices, como la de Carlos Gardel que, por otra parte, al mismo tiempo que consagró al tango, lo traicionó bastante respecto a sus raíces orilleras. Al pobre tango le pasó como a las milongueritas pebe­tas orilleras; para conocer otra vida, sin tanta miseria, tuvieron que vender el alma y prostituirse para los "niños bien", traicio­nando su origen de clase y negando finalmente a los suyos (todo esto lo analizaremos en detalle en el capítulo cuarto).

Volviendo al hospicio, diremos que las letras de tango ad­quieren de pronto una dimensión concreta, real, siendo que afue­ra del manicomio hace muchos años que tiene sólo sentido poéti­co y simbólico. Cuando, por ejemplo, en el tango “Yira, Yira" de Discépolo, se canta allá adentro,”… cuando no tengas ni fe, ni yerba de ayer, secándose al sol…" , de pronto se descubre, cerca, y sobre un pedazo de papel de diario, un poco de yerba que está, concretamente, secándose al sol. Allí, la yerba es usada una y otra vez, hasta que ya no tiene gusto. Por todo esto deci­mos que este riquísimo folklore popular contiene la explicita­ción de todas las situaciones posibles; es, (utilizando una figura), como un enorme e invisible psicoanalista criollo que tiene, si se busca, una interpretación para cada situación traumática (por otra parte, con una situación transferencial analista-analizado a toda prueba “…Tango que me hiciste mal y sin embargo te quiero ...” )

La capacidad elaborativa espontánea de esta poesía colectiva fue, por nosotros, tan repetidamente observada en los hospitales psiquiátricos (especialmente en Buenos Aires) que terminamos creando el término "tangoterapia" para explicarlo. Enrique Pichon Riviere, con su enorme sensibilidad por lo cotidiano y lo popular, ya nos había comentado de una identificación muy común en ciertos delirios(él lo llamó el "síndrome de Car­los Gardel”) y consistía en una identificación masiva con el cantor, que llegaba a uso de ropas y gestos característicos de Gardel. Incluso existe una película argentina que toca este tema (aunque no a nivel de delirio psicótico) y es "Alias Gardelito".

Con esto creo que hemos completado, más o menos, el análisis del nivel simbólico, de las modalidades comunicacionales en la cultura manicomial. Pasamos al último punto que es el estudio de la percepción de los procesos temporales.

EL PROCESO TEMPORAL
En el hospicio, como en las cárceles, el tiempo está como de­tenido: se tiene la sensación de un enorme y vacío presente.

Nuestra hipótesis explicativa es ésta: como las pérdidas sufri­das por el internado son tan masivas, le es casi imposible elabo­rar semejante duelo, y,por lo tanto, ese pasado queda "congelado" y no puede usarse como trampolín para proyectar un futuro, una visión prospectiva. A la inversa, también ocurre que, como la institución no ofrece ninguna posibilidad de organizar un proyecto vital, un futuro, queda de rebote paralizada la posibi­lidad de elaborar las pérdidas de ese pasado (trabajo, pareja, hijos, dignidad, etc.) y el tiempo adquiere una sola dimensión, un indefinido presente continuo.

Además, el día del alta, del término de la internación es indefinido, no se establecen términos terapéuticos. En principio, se puede permanecer internado 3 semanas, 6 meses o 10 años; depende de factores azarosos. Cuando interviene el juez (que dicta o revo­ca la insania) se entra en la maquinaria burocrática y arbitraria de los Tribunales: un alta judicial puede venir uno o dos años después del alta médica (mientras tanto el declarado médica­mente sano debe permanecer en el hospicio, lo cual es como para que el más confiado elabore un delirio de persecusión). Todo esto conspira contra la elaboración de un proyecto de vida, o por lo menos, una fecha de salida (como en las cárce­les) que permita organizar una forma de percibir, de contar, el tiempo y, por lo tanto, quitarle algo de esa sensación de tiempo­-muerto, de tiempo-infinito.

Ya habíamos visto algo acerca de cómo la falta de trabajo impedía la percepción del ciclo diurno y semanal, cómo los horarios de las tareas no permiten organizar nuestro tiempo interno. La posibilidad de percibir el domingo como día de descanso, está condicionada por la semana de actividad; "todos los días domingo es ningún domingo". Por otra parte, en los manicomios no hay relojes ni almanaques, sólo la salida de los tachos de comida (con horarios absurdos pues, por ejemplo, se cena a las 4 ó 5 de la tarde) marca el ciclo del día.

Respecto a la percepción del ciclo anual verano-invierno, sabe­mos que el proceso de elaboración psicológica de duelos está relacionado en general con el invierno, que existen procesos

ciciotímicos (alternativa de euforia y melancolía) que se organizan sobre el ciclo anual, de modo que, por ejemplo, la existencia de áreas verdes con vegetación (aun­que sean baldíos) ayudan a organizar desde el punto de vista de la dinámica psicológica interna. En este sentido los manicomios con patios cerrados de cemento, aumentan las condiciones adver­sas para la dinámica psicológica del paciente.

En el hospicio existe un pasado, que no constituye un pasado elaborado, sino un pasado idealizado, un pasado mítico; es el tiempo en que "se estaba sano y se estaba afuera", que ocurre también en un espacio mítico inalcanzable, "el afuera". A veces, algunas tardes, tomando mate en grupo surgen las anécdotas en tono nostálgico, "sí ... yo tenía seis trajes y todas las minas que quería" ... "eran los tiempos de Perón y estaba de moda el rock-and-roll" ... Entre ese pasado perdido y el otro tiempo, "éste" de aquí adentro, se produce el momento histórico más importante para la vida del paciente que es el momento traumáti­co de la internación.

En algunos casos hemos comprobado una adherencia a la épo­ca inmediatamente anterior a ese momento histórico que divide realmente en dos a la vida de todo internado. En cierto modo, como la sociedad asigna al estado de loco algo de la categoría de muerto, el momento o la vida después de la internación se parece un poco a sobrevivir después de su funeral. Nuestra cultura, con su terror a la desviación de lo que llama la "normalidad", realmente "entierra" psicológicamente a los enfermos mentales. Pichon Riviere ha comprobado la inmediata reorganización de la familia una vez que el depositario de la locura fami­liar (que él llama "el chivo expiatorio") es segregado en un hospicio; cómo venden su cama, alquilan su pieza, cómo Io borran", como se hace con un muerto. Todo esto colabora en darle una cualidad psicológica especial al tiempo dentro de los manicomios para la población de internados, algo así como un tiempo fuera de la historia, fuera de la vida. Se parece en algo a la percepción del tiempo en las cárceles, pero difiere fundamen­talmente pues en la cárcel el fin de la condena es un hito orga­nizador (me faltan tantos años, o meses para salir ... ) y, como vimos, en el manicomio es absolutamente azaroso e incierto el día del alta, e incluso, la indefinición ni siquiera aclara si se va salir algún día o no.



Por esto, en la tarea de rescate del paciente, de reconstrucción de su sistema de realidad, de su reorganización del mundo, lo más difícil y lo más importante es rehacer una visión prospec­tiva del tiempo, construir un proyecto de futuro. En el capítulo séptimo, que constituye la síntesis de todo el libro, vamos a ex­plicar dentro de la concepción de las Comunidades Populares, cómo y a través de qué técnicas se logra movilizar hacia la vida a esta parte segregada y degradada de nuestro pueblo. Adelanta­mos que sólo dentro de un replanteo de toda esta estructura social injusta y junto a un pueblo que asume su identidad y su destino es posible una solución verdadera.


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