Al otro lado de la laguna Estigia



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Tobías y Consuelo(la perra, para distinguirla de la persona)mantenían largas charlas sin sentido sobre la incapacidad de aceptar los fracasos que tienen los hombres. Nunca llegaban a ninguna conclusión, y Tobías acababa dándole a su can un mendrugo de pan. Ese padecimiento vital se volvía divertido cuando Tobías se encontraba con otros mendigos de la comunidad catalana, se saludaban efusivamente para luego compartir botellas de tinto barato comprado a granel en una bodega del barrio del Born.

En una de las reuniones surgió la idea de ocupar una casa, se trataba de un antiguo cine situado en Horta y que siempre había proyectado interesantes sesiones dobles a quinientas cincuenta pesetas. Muchos viejos asistían con la única finalidad de dormir cuatro horas seguidas en una de esas mugrientas, pero cómodas, butacas granates.



El Eulogio hablaba del mítico día que proyectaban Los cañones de Navarone y Dos mulas y una mujer. Fue una tarde que asistió con una mulatita que se trajo en uno de sus innumerables viajes a Cuba, la chica se llamaba Arausi; se trata del nombre de una princesa inca.

El Eulogio y la Arausi no se perdían ni una sola sesión. Por aquel entonces, él tenía una buena posición económica debido a un próspero comercio de embutidos importados de Gijón, su patria natal.

Le pasó lo típico que le puede ocurrir a cualquier hombre baboso. Enseguida metió a Arausi de dependienta de la tienda, y las clientas más antiguas se asustaban al ver a ese cacho de follable hembra negra y se marchaban a todo gas. Poco a poco fueron perdieron clientes, sólo se sustentaban de vender panceta a unos albañiles que trabajaban en la obra de al lado y que seguían el perfume de la hembra caribeña en celo. Un día, el Eulogio, se encontró a Arausi en el frigorífico fornicando con uno de los paletas hambrientos de carne.

La depresión pudo con él, y después de venderlo todo se quedó en la puta calle, siempre decía la misma frase: Cómo pille a la negra la mato.

El Eulogio se peinaba a lo Gregory Peck, y es más, le gustaban que le llamasen Greg.

Greg y Tobías se habían hecho uña y carne, y aunque nunca hablaban, parecían entenderse sin la necesidad de pronunciar un fonema. Su amistad eran tan grande que compartían las colillas que juntaban entre los dos para fumárselas en la Plaza del Pino. Mantenían un idilio perfecto, y es que dos hombres solos siempre comparten más que cualquier pareja heterosexual llena de conflictos e intereses.

Jamás tenían que fingir sus ilusiones ni objetivos en la vida, puesto que carecían de cualquier tipo de esperanza. Sabían que sólo la muerte podía proporcionarles un perfecto placer, aunque no se esforzaban por desaparecer. No sabían que hacer si sus vidas eran así, tampoco ocultaban ninguna clase de malévolo rencor. Para ellos era todo un olvido en el que mandaban ellos. No tenían distancias en sus distanciadas aproximaciones fraternales, sabían que no poseían nada y eso era su virtud más grande.

El cielo los miraba con envidia desde lo más alto, dos seres libres desinteresados por todo lo que les rodeaba. Sus vidas no valían nada aunque era lo único que tenían y eso les hacía valorar cada trozo de pan, cada calada de colilla, cada trago del peor tintorro del Priorato, y cada par de zapatos rotos que dejaban huellas amargas y ligeramente separadas.

Pancho, el hijo de Tobías, se acercaba de vez en cuando a la plaza donde descansaba su padre. Siempre le traía una bolsa con alimentos de todo tipo y alguna botellita de Rioja que era de agradecer. Nunca hablaban de nada, pero se miraban con profundidad y afecto. Pancho era uno de esos Universitarios prudentes comprometidos con infinidad de causas sociales. Había invitado a su padre a salir de la calle, pero Tobías nunca acepto su ayuda. De pequeño siempre le enseñó a su hijo el valor de la autosuficiencia, y de ningún modo podía incurrir en tan grave error.

Un día Pancho le regaló una foto, tamaño carné, posando para la orla de la promoción universitaria a la que pertenecía. Pero Tobías notó que su hijo era una persona privada de una sonrisa, una joven llama apagada por las trágicas circunstancias familiares. Se daba cuenta de la vergüenza que sentía su hijo al tener un padre vagabundeando por la ciudad.

Consuelo(la mujer, para distinguirla de la perra) y Estibaliz vivían en Pedralbes con la nueva pareja de la madre, un tal Fabio Morales, un prestigioso abogado especializado en auditorias de gestión medioambiental, algo muy de moda en época de calentamiento global.

Fabio mantenía a dos mujeres superficiales incapaces de decir te quiero, y cuyo único fin era consumir ropas caras y potingues faciales hechos con gran cantidad de fetos de bebés tercermundistas muertos y triturados. Hay seres humanos que sirven para muy poco, y esas dos arpías habían logrado sacarle la pasta a un desgraciado gordo canoso licenciado en una de esas pobladas Facultades peninsulares.

Existen millones de historias como estas que sirven, sobretodo, para poner de manifiesto el poder destructivo del dinero en cualquier familia. Realmente no puede haber un sentimiento puro en una sociedad tan dedicada, con exclusividad, a vivir para consumir productos que siempre se pueden reemplazar por otros mucho mejores. Puedes ser lo qué tu prefieras pero sin dejar de ser una máquina infeliz con clara dependencia hacia todo lo material. Somos víctimas del poder mediático que nos impulsa subliminalmente a comprar cualquier imbecilidad, me doy cuenta que soy tonto de nacimiento e idiota de crecimiento.

Tanto esfuerzo en vano, luego nos vamos sin hacer nada realmente valioso para nuestras almas. De todas formas, sé que si empezase de nuevo volvería a hacer lo mismo : malgastar una vida. ¿Qué es una vida entre tantas?, posiblemente os creáis mejor que el resto pero no dejéis de observar detenidamente vuestra existencia, y si es necesario corregidla para llegar a ser lo que prefiráis. Tobías y Greg estaban contentos porque se habían liberado, y porque por primera vez sabían lo que querían ser en la vida: simplemente mendigos.

Pancho se casó con su novia hasta que un día fueron a visitar a Tobías, al día siguiente ella le pidió el divorcio. Pancho acabó en Honduras por mediación de una ONG para colaborar con los niños amputados por las minas antipersona fabricadas en España.

Estibaliz terminó en una clínica para anoréxicas, y su madre Consuelo(la persona, esta vez tampoco es la perra) en un Centro de Rehabilitación para Alcohólicos y Toxicómanos.

Greg y Tobías caminaban felizmente por las calles, y algunas veces miraban hacia una estrella para agradecerle la libertad que les había otorgado. Si creéis que no sois libres, dejad todo lo que estéis haciendo y, sencillamente, sed libres y despojaos de toda carga.

El cine de Horta nunca fue ocupado, pero a veces paso con mi coche de segunda mano y miro todas las ventanas. Ayer noche vi dos sombras que bien podían ser las de Tobías y Greg , y eso hizo que me plantease la similitud de cualquier sombra; y es que verdaderamente somos tan iguales y a la vez tan distintos; y nuestras diferencias las marcan nuestras posesiones, pero y sí no poseemos nada, entonces no somos nadie.
Caprichos de mujer

Un bistec de ternera al roquefort, así de caprichosa es Eva, y siempre quiere la carne poco hecha y con mucha salsa. Me la presentó David en un campeonato nacional de ajedrez, desde entonces somos un modelo de pareja para nuestros amigos. Cinco meses de cariño y amor, la envidia del mundo. Estoy tan cansado de tanta perfección y autocontrol, me pasó las noches ansiando un poquito de desorden, una razón para sentirme vivo.

Trabajo en una de esas empresas informáticas que se dedican a vender todo tipo de productos por la red. Mi sueldo oscila entre las doscientas veinticinco y las doscientas ochenta, dependiendo de la odiosa comisión. Siempre fui un mal estudiante que se ocultó tras una perjudicial pantalla de

videojuegos que me sumió en una incomunicación total.

Mi personalidad avanzaba según la tecnología de moda en aquel momento. Nunca he pisado una discoteca, y mis conocidos lo son de montar a caballo o jugar al ajedrez.

David es mi único amigo, y lo conozco del Instituto donde éramos la burla de la clase. Llevo gafas desde los ocho años, y es una lástima porque tengo unos impresionantes ojos azules.

Eva es una rubia escorpión ,con ascendente desconocido, que trabaja como pedagoga en una Escuela privada de Sants. Se ocupa de las tutorías y de algún taller inútil para llenar horario, ya que su tía es la dueña del colegio. Por las tardes acude a una consulta de Psicología donde tiene arrendado un despachito para psicoanalizar a sus peculiares pacientes. Todos la llaman por su nombre, dejan los formalismos de lado en una terapia personalizada. Eva es una de las personas más prácticas y frías que he conocido, y carece por completo de valores familiares. Es fanática del mundo árabe y, además de aprender la danza del vientre, se pasa el día bebiendo infusiones raras y escuchando esa música estridente en su nuevo equipo de música.

Cada uno vive en su casa y solemos quedar los viernes noche para asistir a alguna sala de cine independiente.

A Eva le encanta ir por la vida de profunda, aunque luego no sepa ni freír un huevo. Está tan pendiente de que todo le cunda que se olvida de disfrutar de la vida. Nunca me ha dicho nada cariñoso, y tampoco se corre en la cama. La verdad es que no se porqué está conmigo. De puertas afuera, parece todo lo contrario y me sabe mal estar engañándome todo el santo día. Eva tiene un serio problema y es que trata a sus novios como si fueran pacientes. Los analiza de arriba abajo para luego destruirlos.

Por mucho que quiera negarlo, Eva está llena de imperfecciones y traumas infantiles. Tiene un enorme desapego por todo, inducido por el carácter dominante de su madre frente al de bobalicón independiente del padre.



Hay días que le huele la boca, nunca se depila, y lleva ropa de hombre. Ahora le ha dado por cortarse el pelo en forma de Elton John, y sólo se le ve nariz, barbilla, y cejas mal perfiladas. Es una enemiga del maquillaje, y una tragona enfermiza de todo tipo de comidas. Tiene una enorme espalda seguida por un culo recto y caído sobre una piernas torcidas que se apoyan en unos enormes pies del cuarenta y dos. Los michelines rodean su masculina cintura de danzarina barrigona , y un sendero de pelos serpentea por su abdomen hasta llegar a unos perfectos pechos construidos bajo un enorme pezón de cabra. Siento la necesidad de muñirla, pero no lo hago. Su cuello es enorme y parece que tenga nuez.

A menudo lleva minúsculos pendientes a juego con el color de su jersey de cuello alto.

No le gusta chupármela, y siempre intenta hacerme una paja. Tampoco sabe follar porque, al margen de carecer de orgasmos, se mueve como un pívot de la NBA en la línea de tiros libres. Se tumba sin inmutarse para que le bailes encima, no sabe jadear y ni siquiera lo intenta. Sus bragas son de la época excursionista, y siempre están más desteñidas que los sujetadores.

Cuando la penetro, le colocó estratégicamente el dedo en su enorme esfínter esperando resucitar cualquier mínimo deseo sexual. Un día me dijo que ella se acercaba más a su pareja hablando que fornicando. Lo peor de todo es que siempre hablo yo, ella escucha para tomar notas que luego transcribe en su maquiavélico diario personal. Me siento tan analizado a su lado que parezco un paralítico en una sala de espera. Me quedo sin movimientos, pero tampoco me quieren llevar, y presiento que esta historieta sentimental va a acabar como el Rosario de la Aurora.

Sus padres están tramitando el divorcio, y eso es un lastre para nuestra relación. Día tras día me dice lo mucho que odia a su padre y las ganas que tiene de verlo muerto. Yo siempre lo defiendo por solidaridad varonil, e intento justificar las poco agraciadas acciones de su canoso progenitor.

Sus hermanas son más listas y siempre se han mantenido al margen de la historia.

David no entiende qué hace un tío como yo con una impertinente con aspecto de lesbiana y que se pasa todo el día comiéndose la olla. Yo le explico que estoy enamorado y que eso es algo que jamás elegimos. Mi amigo me pronostica un final muy pronto.

A mi madre le da mucha lástima, la nota triste, cómo ensimismada en su perfecto mundo exterior. Cada martes le prepara una comida especial y la invita a nuestra casa. En sus visitas, Eva no deja de preguntarle a mi madre sobre mi niñez. Quiere enterarse a todo gas de mi perfil psicológico para diagnosticarme algo lo más breve posible, noto que cada vez está más aburrida conmigo; ahora incluso discutimos por elegir la película del viernes y la otra noche la dejé sola en el concierto del novio de su hermana.

Me dice que cada vez tenemos menos cosas para compartir, y que se está dando cuenta de lo distintos que somos.

Y cómo en un conocido anuncio, el día menos pensado me deja por incompatibilidad de caracteres. Me ha diagnosticado un millón de enfermedades distintas, y me aconseja que busque ayuda.



La escucho, aunque mis amigos me aconsejan todo lo contrario, y me voy velozmente al médico de cabecera que me receta un par de cajas de Alprazolam.

Paso dos meses de injusta depresión hasta que un inesperado día conozco a una mujer maravillosa(presuntamente)que me dice te quiero a las tres semanas. Todo el mundo se extraña de mi prematura recuperación. Vuelvo a estar enamorado, pero sigo preguntándome hasta cuándo lo estaré y porqué sufro cada vez que una mujer me impide amarla.

Las cosas las empiezo a ver cada vez más claras, y ahora sé para lo que estoy preparado en la vida : sólo para sufrir.

El amor es una enfermedad larga que te consume poco a poco, pero siempre necesitamos la aprobación de alguien muy cercano en nuestros quehaceres diarios. Creo en el pasado, y aspiro a un futuro mejor siendo incrédulo en el presente. Ahora miro las cosas de cerca, y si hace falta me cubro las manos con guantes aislantes. Me despierto feliz y tranquilo porque todo ha pasado como una mala estrella fugaz que chocó en mi planeta. He juntado sus trozos, y barrido fuertemente la parcela que se había ensuciado.

Cuando te hundes piensas que es para siempre, y no debes olvidar que es sólo un aviso para evitar que te relajes frente a ese temible monstruo llamado vida.

Ahora no juego al ajedrez ni monto a caballo pero sé amar la vida y ver cada una de las flores de mi propio jardín. Me he comprometido conmigo mismo para no pasarlo mal de nuevo y para no ser el capricho de nadie. Por muchos meses que lleves con una persona no te olvides que nada es para siempre, todo acaba y por supuesto lo hace mal y arrasa por completo nuestro espíritu ingenuo.
Tal vez sea el momento
Soy un testigo mudo de mi propio progreso, a veces me olvido de los obstáculos que he tenido que superar hasta llegar a ser como soy hoy en día.

Sigo sin hacer demasiadas cosas por miedo al jodido fracaso, y eso va conmigo a todas partes.



La otra noche asistí a una exposición de dibujos de un conocido diseñador gráfico muy amigo mío. Había una multitud de rarezas humanas, un perfecto mestizaje con cabida en una pequeña sala multicultural. Afuera, una drag calva realizaba una performance con un taladro intentando emular al freak de Laberinto de Pasiones.

Tropecé inconscientemente con mi antigua profesora de voz y el encontronazo acabó con la frase hipócrita de siempre: me alegro de verte y que te vaya todo tan bien.

Una negra no hacia más que mirarme, y cada vez me sentía más incómodo. Finalmente se acercó para invitarme a una copa de cava(ningún mérito por su parte, pues era barra libre)que engullí salvajemente debido al exceso de calor que me proporcionaba la chupa nueva de piel de Calvin Klein.

Se presentó sin ruborizarse lo más mínimo y con sus ojos clavados en los míos, y los míos en su enorme escote que cubría unos enormes melones que se escapaban de su vestido dos tallas menos


-Me llamo Camila y soy de Brasil-dijo en un tono meloso de zorrita resabiada.

-Yo soy Claudio y vengo de ver la performance-le dije despistadamente, porque a las mujeres les encantan los tipos tímidos y despistados.

-Soy amiga de Vicenzo Damián-me dijo petulantemente.

-Sí, también es un gran amigo-en un tono falsamente modesto, porque a las mujeres les va eso de la humildad; ya que carecen de cualquier signo de sencillez y humanidad.
Su cuerpo se iba pegando cada vez más al mío, y lo bueno es que no intentaba apartarme, y es que me encantaba su olor a maderas de oriente. Su pelo, aunque rizado, era de lo más bonito y brillante; y tenía una estupenda textura de cuidadosa hidratación.

Camila sacó su paquete de cigarrillos mentolados sin intención de ofrecerme.

Mi encendedor se deslizó rápidamente hacia su pitillo para otorgarle mi endiablada llama. Sus caladas eran largas y pausadas, me fijé que no dejaba restos de carmín en la boquilla, y supuse que gastaba una gran cantidad de dinero en buen maquillaje. Las mujeres que se cuidan tanto suelen ser fieles a la cartera que se les abre diariamente a cambio de una apertura de extremidades semanalmente.

Cami me propuso ir a su lujoso ático del Paralelo para intercambiar flujos. Entonces, me acerqué para susurrarle mi respuesta al oído, y en ese momento me enganché el flequillo con sus pendientes de argollas.

Todo el mundo nos miraba, y a mí me dio por reír a grandes carcajadas. Cami se puso de tan mala leche que se volvió morada de golpe. Los dos nos movíamos para el lado opuesto, y así duramos unos minutos hasta que el hippy de Vicenzo llegó para separarnos.
-Bueno, ya veo que os conocéis-dijo Vicenzo sarcásticamente.

-Estábamos en ello-contesté sin dejar de reír.


Camila nos miró, clavándonos una mortal y penetrante mirada, se dio media vuelta, y se marchó dejando de un golpe seco la copa de cava en la mesa de la entrada.

Los demás asistentes se me acercaron para felicitarme por la performance cómica que había hecho, los muy imbéciles se pensaban que había sido un laborioso montaje teatral. Vicenzo me explicó que en un contexto artístico cualquier tontería que hagas se considera arte. Esa noche firmé varios autógrafos, y rechacé propuestas serias para repetir la esperpéntica hazaña en otros escenarios de Cataluña. Me llegaron a ofrecer incluso doscientas mil pesetas por noche en un conocido castillo de varietés.

Un director teatral me pidió permiso para adaptar la pieza y titularla Argollas rebeldes. Dos meses más tarde me enteré que se había estrenado y que resultó ser el éxito teatral de la temporada. La interpretaban dos conocidos actores de culebrones, y la historia transcurría en un museo donde tropezaban dos personas que se quedaban enganchadas y se pasaban hora y media hablando y reflexionando sobre la vida. Me he enterado recientemente que Ventura Pons está preparando la película, y que ya le han ofrecido el papel a Rosa María Sardá.

El personaje masculino está por determinar, aunque muchos críticos apunta hacia Ramón Madaula como favorito. La verdad es que ese chico me encanta, lo encuentro un actor excelente pero creo que está injustamente desaprovechado.

Me siento como un testigo mudo de mi propia vida, tal vez sea el momento de ser yo mismo el protagonista de mi historia.

Granos

Un buen producto y se van sin dejar rastro. Los hay de todos los colores, tamaños, y formas, aunque en realidad sólo son granos. Algunos pican incluso, y entonces nos da por rascarnos hasta infectarse y aumentar de tamaño. Lo mejor es secarlos con alcohol, eso dicen. Yo no me lo creo, y voy a mi farmacia de siempre a comprar la crema más indicada para mi enemigo cutáneo íntimo.

La vida es como un gran grano de pus que va creciendo, y que hay que curarlo a tiempo, no vaya a ser que explote y te manches por completo; y es que hay manchas que nunca salen del todo. No hay productos para hacer desaparecer un enorme problema, en cambio cada grano tiene siempre un buen tratamiento que lo hará evaporarse en unos días; y puede que incluso sin dejar huella.

Tengo un grano al que he llamado Marta en honor a una antigua amiga con la que estuve involucrado sentimentalmente, o al menos eso creía yo; y es que para ella sólo fui el convidado de piedra que le acompañó durante unos meses, semanas, días, quizás horas.

-Seré lo que quieras, cambiaré por ti-le digo en forma de suplica.

-¡Otra vez haciéndote la víctima!-me dice hostilmente.


Caigo en un error imperdonable, ya no consigo ver el norte, y estoy cansado de pedir respuestas que no quiero entender. No estoy capacitado para razonar, sobretodo porqué sé que he perdido los papeles. Noto que ya no importan mis palabras, y sólo hay hechos que han marcado la relación con un triste final.

Ojalá todo fuese tan sencillo como entregar unas llaves de un piso que dejaste. Pero no, todo se complica y se oscurece hasta tal punto que no puedes mirar y si lo haces, no te atreves. Estás pagando facturas de cosas que no utilizas, y todo es un gasto continuo. Y tus latidos sufren el acelerado ritmo de un odioso mundo del que no puedes salir vivo, y ahora esperas el milagro de la muerte; pero te sabe mal porque siempre dejas cositas que han merecido la pena, la tristeza te invade.

Tengo granos, mis amigos no.

La puerta no tiene cerradura, y de ningún modo se puede abrir.

-Permanezcan a la espera, no se muevan de sus puestos asignados-escucho una y otra vez saliendo de un altavoz.

Ojalá hubiese naufragado para apartarme unos años de la humanidad. Aprendería a vivir conmigo mismo, y eso es algo que no sé.

Tengo granos, y tardarán en curarse.

La plaza de al lado de mi apartamento está masificada, un conocido director de cine la utiliza como único escenario para rodar su película. Casi toda la historia transcurre aquí, en esta plaza donde la he besado un centenar de veces.

Tengo granos, nadie me mira.

Voy buscando un poco de placer, y piso falsamente por miedo a dejar frondosas huellas que puedan despistar mi ansiada búsqueda. Alguien grita desde el fondo de la calle, y sigo corriendo para no detenerme y ver algo que me pueda dañar.

Mi pensamiento se reduce al silencio, pero es un silencio hablador que dice mucho más que cualquier palabra.

¿Cuántos días contiene toda una vida?.

Tengo granos, debo irme antes de que pasen los días y siga sin curármelos.
Mimitos

Una tierna caricia, una palabra bonita, un cálido abrazo, un beso salvaje; y es que cualquier cosa agradable basta en el lenguaje universal del amor.

Detrás de ella, un poco hacia la derecha, empiezas a recorrer su cuello con tu lengua hasta llegar a esas diminutas orejas de mujer; y dibujas toda su forma, hasta el tímpano si fuese necesario.

Tus manos se mueven como si acariciasen la preciosa piel negra de una pantera. Te frotas ligeramente tu zona genital con su culito respingón, los movimientos de pelvis acompañan la acción.



Un susurro para decirle te quiero, y con eso bastará para poseerla durante unas horas.

Ella se irá volviendo poco a poco hacia ti para presionar sus enormes pechos contra tu poco desarrollado pectoral de gimnasio de barrio. Te irá besando desaforadamente hasta el cuello, te levantará tu horrible camiseta ajustada que tan mal te queda, y te morderá tus peludos pezones de macarra discotequero.




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