Agenzia fides – Dossier 2008



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AMERICA/PERÙ - “Aparecida es una voz de esperanza y una llamada a reforzar la identidad católica, la espiritualidad sacramental y la caridad”: Entrevista al Arzobispo de Lima, Card. Juan Luis Cirpriani

Roma (Agencia Fides) - El Card. Juan Luis Cipriani Thorne, Arzobispo de Lima, ilustra en una entrevista concedida a la Agencia Fides durante su estancia en Roma con motivo de la celebración del 50º aniversario de la Pontifica Comisión para América Latina, el sentido y el desarrollo de la Gran Misión de Lima, que él mismo ha convocado.


Eminencia, ¿podría explicarnos, a un año de distancia qué ha supuesto la V Conferencia General de Aparecida para el continente americano?

Aparecida es una voz de esperanza de aliento y de puesta en funcionamiento. Es decir, Aparecida nos dice: ‘despierten que el Señor los está llamando’. Pienso que Aparecida tuvo un aspecto muy particular y por ello podemos llamarlo como la experiencia de Aparecida. Una experiencia motivada en parte por el lugar, por la adoración al Santísimo, por la Eucaristía diaria. Todo ello generó un clima de fervor que se plasmó en el documento final. Aparecida ha sido una invitación a salir al encuentro de Cristo. Se empieza a ser cristiano por una experiencia del encuentro con Cristo y esto fue precisamente lo que se experimento en Aparecida.

Los principales aspectos que yo destacaría pues de la experiencia de Aparecida son tres. En primer lugar una seria llamada a la formación, a la identidad del católico a todos los niveles. En segundo lugar una fuerte llamada a la espiritualidad de la comunión, a la espiritualidad sacramental, eucarística con una fuerte carga espiritual. Y en tercer lugar una clara propuesta de amor al prójimo, pues la caridad debe ser el distintito de la acción social de la Iglesia en todos los temas.

La V Conferencia concluyó además con una invitación a realizar una Gran Misión Continental. Pero esta misión debe arrancar del corazón y de la mete de cada Pastor de cada Iglesia local. En definitiva es él el último responsable de la misión en su diócesis.


Lima ha sido la primera diócesis en comenzar esta Gran Misión, ¿cómo se está desarrollando? ¿Cuáles son sus objetivos?

Efectivamente en Lima comenzamos la Gran Misión con una Santa Misa celebrada en la Catedral el 28 de abril, Solemnidad de Santo Toribio de Mogroviejo, Patrono del Episcopado Latinoamericano. El desafío principal de la Gran Misión es intensificar con nuevo ardor y con expresiones sencillas la tarea de evangelizar, misión principal de la Iglesia, acercándonos más a la gente. Para ello se deben privilegiar las Escuelas parroquiales de formación de fieles laicos; así como, la catequesis de preparación para los sacramentos de la iniciación cristiana.

La Misión consta de varias fases. En la primera fase se están constituyendo escuelas de formación en las parroquias y movimientos. Los Movimientos y Congregaciones religiosas que realizan tareas pastorales en la Arquidiócesis fieles a sus carismas también organizarán sus respectivas escuelas de formación religiosa dedicando particular atención a la enseñanza de Religión en los Colegios, Institutos Superiores y Universidades. Hemos realizado una guía de animación y orientación para leer y poner en practica el contenido del Documento conclusivo de Aparecida en su capitulo 6º: “El itinerario formativo de los discípulos misioneros” y durante los primeros meses estamos potenciado la formación de los misioneros.

Luego pasaremos a las visitas no solo por las casas sino también por los hospitales, cárceles, colegios para que se generen en todos los lugares cenáculos, en decir, lugares donde la familia acoge la formación. Se formaran también cenáculos de barrio que se reunirán 2 veces por semana y en los que se medita la Palabra de Dios. Realizamos las visitas llevando unos pequeños folletitos que hemos realizado con diversos temas y terminamos realizando los cenáculos.

Todo esto será un gran esfuerzo durante el primer año. En la segunda etapa, que se iniciará el 27 de abril del 2009, se realizarán una serie de eventos para determinados grupos de personas. Por ejemplo tenemos previsto realizar un Encuentro de la Juventud, un Simposio sobre la Familia y Celebración Litúrgica, un Simposio Mariano y Celebración Litúrgica, Encuentro con el Mundo de la Cultura, Gran Concurso de Catequesis escolar, Encuentro con el mundo de la Salud, Simposio de Doctrina Social de la Iglesia, Encuentro con el mundo del trabajo.

Y por último en le Tercer Año tenemos previsto la realización de un Gran Congreso Eucarístico y Mariano. Para ello habrá jornadas eucarísticas y marianas preparatorias.

Por tanto en esta Gran Misión hemos buscado que sea todo muy práctico. No hay tantas estructuras, tan solo una Comisión central que es la encargada de definir las fechas, los temas y una Comisión Pastoral que va respondiendo a los requerimientos de cada momento.

Buscamos que sea una misión para todos y de todos y por ello hemos tenido reuniones previas con todos los movimientos por separado.


¿Qué frutos espera de esta actividad?

Pedimos a Dios como fruto de esta Misión cinco cosas. En primer lugar la participación fructuosa en la Misa dominical. Luego que haya un encuentro con Cristo vivo en la Adoración al Santísimo, y para ello, poner especial amor en las Capillas de Adoración al Santísimo. En segundo lugar la recepción de los Sacramentos de la Iniciación, es decir, crear las condiciones para administrar los sacramentos, estos deben recibirse con la preparación bien hecha, sin retrasos innecesarios, más bien facilitando los horarios y atención que permita a los padres y padrinos asistir a las charlas preparatorias. En este sentido será también muy importante el tiempo que los sacerdotes dediquen a la administración del Sacramento de la Reconciliación para que la esperanza y alegría de la conversión impulsen la vida del cristiano. También buscamos que se rece el Rosario en familia y por último, el Voluntariado como forma de la Caridad. Esto último es también muy sugestivo, hay mil formas de servicio a los demás, sea visitando la barrida, con la catequesis, visitando enfermos, ancianos o presos... No queremos que se limite a una especie de ideología sino que den realmente de su tiempo, que den algo de si mismos. (RG) (Agencia Fides 13/5/2008 Líneas: 76 Palabras: 1.016)


VATICANO - Ha muerto el Card. Bernardin Gantin, Decano emérito del Colegio Cardenalicio, primer africano llamado por el Papa a un puesto de relieve en la Curia Romana

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - En un hospital de París, dónde estaba hospitalizado desde hacia algún tiempo, murió el 13 de mayo, el Card. Bernardin Gantin, originario del Benin, Decano emérito del Colegio Cardenalicio. Fue el primer Obispo africano llamado por Pablo VI para asumir cargos de responsabilidad en la Curia Romana: en la Congregación para la evangelización de los Pueblos, en los Pontificios Consejos Justicia y Paz y Cor Unum, en la Congregación para los Obispos, en la Pontificia Comisión para América latina, en el Colegio Cardenalicio del que ha sido Decano hasta el 30 de noviembre de 2002, cuando el Santo Padre Juan Pablo II acogió su petición de volver a su Patria.

Nacido en Toffo, Archidiócesis de Cotonou (Benin), el 8 de mayo de 1922, Bernardin Gantin entró en seminario en Ouidah en el 1936. Fue ordenado sacerdote el 14 de enero de 1951 en Lomé, Togo. Por tres años enseñó lenguas en el seminario diocesano, dedicándose al mismo tiempo intensamente a la actividad pastoral. En 1953 vino a Roma para los estudios en la universidad Urbaniana y la universidad Lateranense, obteniendo la licenciatura en Teología y en Derecho Canónico. EL 11 de diciembre de 1956 fue elegido a la Iglesia titular de Tipasa de Mauritania y nombrado Auxiliar del arzobispo de Cotonou. Consagrado Obispo en Roma el 3 de febrero de 1957, fue promovido por el Beato Juan XXIII Arzobispo de Cotonou el 5 de enero de 1960. Se dedicó a la evangelización y a la animación pastoral sin ahorrar energías, promoviendo además la institución de escuelas, la formación de los catequistas y religiosas autóctonas, curando las vocaciones sacerdotales. El Papa Pablo VI Vl nombró Secretario adjunto de la Congregación para la evangelización de los Pueblos, el 5 de marzo de 1971, del que se convirtió luego en Secretario, el 26 de febrero de 1973. El 20 de diciembre de 1975 fue nombrado Vice-presidente de la Pontificia Comisión Justicia y Paz, de la que luego fue su Pro-presidente, el 16 de diciembre de 1976 y Presidente, el 29 de junio de 1977. Pablo VI lo creó Cardenal en el Consistorio del 27 de junio de 1977. En diciembre de 1975 fue nombrado también Vice-presidente del Pontificio Consejo Cor Unum, del que el Papa Juan Pablo II lo nombró Presidente el 4 de septiembre de 1978. El 8 de abril de 1984 fue nombrado por el Papa Juan Pablo II Prefecto de la Congregación para los Obispos y Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina, encargos mantenidos por más que catorce años, hasta el 25 de junio de 1998. Desde el 5 de junio de 1993 ha sido Decano del Colegio Cardenalicio. El 30 de noviembre de 2002 el Santo Padre Juan Pablo II acogió su petición de volver a Benin.

En una entrevista concedida a la Agencia Fides el 23 de febrero de 2001, el Card. Gantin se centro en su experiencia en Roma y en el tema de la misión con estas palabras: "El sentido de nuestra misión y nuestra vocación es Jesucristo. Yo por mi mismo, no sería nada. He sido llamado a Roma hace 30 años. Cuando el Papa habla es el propio Cristo quien habla. Los misioneros, que están en nuestro casa desde hace más de 100 años, han dicho su "sí" viniendo de países diferentes. Proviniendo de Iglesias diferentes, han dicho "sí" al Papa y a Cristo para llevar el Evangelio. La primera vez que el Papa se dirigía a un africano para ser misionero en Roma, ¿podía recibir una negación? He aceptado para ofrecer un servicio y por obediencia al Papa y a Cristo. He dicho sí siguiendo el ejemplo de los primeros misioneros que aceptaron venir a nosotros para evangelizarnos. ¡No soy cardenal para jactarme de ello, por el orgullo de un país! Hemos entrado en la universalidad, en la catolicidad de la Iglesia: es lo más importante de todo"

En el comentario a la intención Misionera del noviembre de 2004 sobre el tema de la santidad, publicado por la Agencia Fides el 28/10/2004, el Card. Gantin afirmaba además: " Sin duda, la ambición principal de un cristiano no está ciertamente la de ser un día beatificado o canonizado, sino la de ser un "fiel", un auténtico hombre de fe según Cristo, de hacer presente y testimoniar a Cristo en todos los aspectos y entornos de su vida terrena. Ésta es una obligación inevitable para el cristiano "encargado de la misión”, esto es, para quien ha recibido expresamente el mandato de anunciar el Evangelio. No puede olvidar que su vida no podrá producir frutos si, como una rama pegada al árbol, no permanece estrechamente unido a Cristo”.

El 3 de febrero de 2007 el Card. Gantin celebró en la Basílica de la Inmaculada Concepción de Ouidah, los 50 años de Ordenación Episcopal. Estuvieron presentes en la solemne Concelebración 3 Cardenales, unos treinta Arzobispos y Obispos de muchos Países del África occidental, la Conferencia Episcopal del Bénin al completo, muchos Obispos venidos de Italia y de Francia, numerosos sacerdotes del Benin y Togo, además de misioneros de diversas naciones europeas. El Card. Iván Dias, Prefecto de la Congregación para la evangelización de los Pueblos, en su intervención en las celebraciones jubilares, subrayó, en nombre del Diccasterio Misionero, la alegría de unirse a las manifestaciones de afecto filial y admiración "por un Hombre cuya figura y cuya historia se revelan como un epifanía eclesial y misionera". Y añadió: Hemos recibido mucho de vuestro ser africano y del vuestro acercamiento al sentido del hombre… Su historia es la de un 'hijo de los misioneros que ha llegado a ser el mismo misionero', misionero africano en Roma, dónde habéis afinado vuestro sensus ecclesiae. Vuestra estancia romano ha trazado un surco misionero de África en el corazón de la catolicidad". (S.L) (Agencia Fides 14/5/2008 - Líneas. 65 Palabras: 996)


ASIA/CINA - Mil millones y 300 millones de "gracias" al Santo Padre de parte de los católicos chinos, en nombre de todo el pueblo chino: "El Papa nos ha dado una carga de energía en todos los sentidos"

Pekín (Agencia Fides) - "¡Gracias Santo Padre! ¡Mil millones y 300 millones de gracias! Permita que los católicos le agradezcamos en nombre de todo el pueblo chino" dice a la agencia Fides un sacerdote de Pekín después de haber escuchado el llamamiento del Santo Padre Benedicto XVI por China y las victimas del terremoto, lanzado al final de la audiencia general del miércoles 14 de mayo. El sacerdote continúa: "El Papa nos ha dado una carga de energía en todos los sentidos. Nosotros católicos, que estamos ya en primera línea en las ayudas con la oración y la acción concreta, somos apreciados por la sociedad y la población. Con estas afectuosas palabras del Papa seremos aún mejor vistos por todos. Nos ha transmitido una especie de fuerza espiritual que ayuda nuestra misión de evangelización, ayuda nuestra inserción en las sociedad china”.

Los periódicos chinos del continente y de Hong Kong han reconducido la noticia del llamamiento del Papa Benedicto XVI por China publicando el texto del mensaje y las fotos del Papa. Muchos católicos chinos ha recibido también la noticia de palabra pasada de boca en boca , y se han visto conmovidos y animados. Uno de ellos ha dicho a Fides: "el Papa no deja nunca de asombrarnos. Después del concierto en el Vaticano y las bellas palabras de su mensaje al pueblo chino durante el concierto, nos ha hecho otro regalo que nos toca profundamente el corazón. No existe nada más valioso de la cercanía espiritual y la oración del Papa por nosotros. Agradecemos al Santo Padre en nombre de todos: el Papa ha hecho que nos sintamos aún más fuertes." (N.Z) (Agencia Fides 15/05/2008 - Líneas: 21 Palabras: 310)
VATICANO - LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA bajo la dirección de Nicola Bux y el p. Salvatore Vittiello - Emergencia educativa

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - En su encuentro con la Acción Católica italiana, el pasado 4 de mayo, el Santo Padre Benedicto XVI, recordó: “En una Iglesia misionera que se sitúa frente a una verdadera emergencia educativa, como sucede en Italia, vosotros que la amáis y la servís, sabed ser anunciadores incansables y educadores preparados y generosos”. Luego de la Carta a la Diócesis y a la Ciudad de Roma, del 21 de enero del 2008, “sobre la tarea urgente de la educación”, el Pontífice extiende el ámbito de referencia del análisis sobre el estado actual de la educación a Italia toda, y es de esperar que se extienda más.

En efecto, la tarea de la educación es absolutamente central para la vida de la Iglesia y de la sociedad toda: una generación que no tenga la capacidad de educar a sus propios hijos, una cultura incapaz de transmitir los valores propios a los jóvenes, está irremediablemente destinada a la auto-disolución, a la desaparición. Una lúcida y clara guía metodológica demanda ser acogida de manera inmediata y completa por la totalidad del Cuerpo eclesial y, particularmente, por aquellos que han recibido de Cristo el “munus regendi”, la alta tarea de enseñar, de educar.

No son las estructuras o las organizaciones las que deben colocarse al centro de la educación en general y de la educación cristiana y de la fe, en particular, y menos aún los planes pastorales; en el centro está necesariamente la persona. Como recuerda el Santo Padre: “Una auténtica educación [...] necesita sobretodo de esa cercanía y esa confianza que nacen del amor: pienso en la primera y fundamental experiencia del amor que tienen los niños, o al menos deberían tener, con sus padres. Pero cada verdadero educador sabe que para educar tiene que dar algo de sí mismo y que sólo de esta manera puede ayudar a sus alumnos a superar los egoísmos y a hacerse a su vez capaces de un auténtico amor” (ibid).

La educación, decía Don Bosco, es “cuestión de corazón”, citando indirectamente a Santo Tomás de Aquino, quien, en su teoría del conocimiento, recuerda que se trata ante todo de una cuestión afectiva y, al mismo tiempo, que el hombre está formado principalmente por el afecto que lo determina. Responder a la emergencia educativa significa, pues, superar la preocupación organizativa y de gestión que, frecuentemente, tal vez demasiado, ocupa la mente de los Obispos, sacerdotes y laicos; significa recuperar la centralidad de las relaciones interpersonales, las cuales son por naturaleza indelegables, poniendo a la persona en el centro y ocupándose de la organización únicamente si ella es expresión cierta de una pertenencia libre y consciente, instrumento humilde que permite un gesto común, indiviso, expresión de un ser cambiado por el encuentro con el educador y por la obra educativa misma.

De otra manera la organización será un contenedor vacío, como sucede frecuentemente, que sólo en apariencia es expresión de eficacia pero que en realidad no “contiene” realmente lo que promete; un contenedor capaz incluso de llenar plazas y alimentar meetings, pero ineficaz frente al real comportamiento de los individuos en la sociedad.

En ese sentido -es necesario admitirlo-, los Movimientos, aún con los límites que puedan tener algunas de sus expresiones, constituyen una profecía para toda la Iglesia: en los Movimientos, y no sólo gracias al fuerte sentimiento de pertenencia electiva que ellos suscitan, es posible ver en acto una real obra educativa. En los Movimientos la fe se transmite con sencillez y alegría, de manera integral y fiel al Magisterio, las vocaciones a la virginidad brotan en gran número, las familias dan la vida con generosidad: ellos constituyen esas “minorías creativas” de las que se puede aprender y gracias a las cuales es posible esperar un futuro para la educación, también en Europa. (Agencia Fides 15/5/2008; líneas 45, palabras 650)
VATICANO - Asamblea General anual de las Obras Misionales Pontificias: entrevista a Su Exc. Mons. Henryk Hoser, Presidente de las Obras Misionales Pontificias

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Del 15 al 21 de mayo se realiza en Roma la Asamblea general anual de las Obras Misionales Pontificias (ver Fides 4/4/2008). El 15 y 16 de mayo tuvo lugar la sesión pastoral-formativa, que terminó el 17 de mayo con la Concelebración Eucarística en la Basílica de San Pedro y con la audiencia del Santo Padre. Del 19 al 21 de mayo la Asamblea se centrará en las relaciones de los Secretarios generales de las Obras Misionales Pontificias acerca de la actividad desarrollada en el último año, y examinará los balances y peticiones de ayudas que han recibido. La Agencia Fides ha dirigido algunas preguntas al Arzobispo Henryk Hoser, Secretario adjunto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y Presidente de las Obras Misionales Pontificias.


Excelencia, en estos días se está llevando a cabo en Roma la Asamblea general de las Obras Misionales Pontificias. ¿Quién participa y cuál es el programa de los trabajos?

El Estatuto de las Obras Misionales Pontificias (OMP) establece que cada año, ordinariamente en el mes de mayo, se lleve a cabo la Asamblea General Ordinaria de las OMP. La Asamblea es convocada y presidida por el Presidente de las OMP, participan los Secretarios generales de las cuatro OMP, los Subsecretarios de la Sección para las Relaciones con los Estados de la Secretaría de Estado, de la Congregación para los Obispos y de la Congregación para las Iglesias orientales. A ellos se suman todos los Directores nacionales de las Obras Misionales Pontificias del mundo: se trata de 129 Directores nacionales que representan a las naciones de todos los continentes.

La Asamblea se divide en dos partes: una sesión pastoral y una sesión administrativa. En la primera se afrontan algunos temas misionológicos, pastorales y organizativos de particular actualidad e interés, escogidos en precedencia por la misma Asamblea general. Este año hemos hablado de la misión en un mundo globalizado como el nuestro y hemos examinado una experiencia de nueva evangelización. En la sesión administrativa los Secretarios generales de las OMP presentan las relaciones sobre la actividad realizada a lo largo del año, y luego son examinadas las propuestas para las asignaciones de los subsidios según los pedidos recibidos.

Me parece importante subrayar que la Asamblea General anual es ante todo un tiempo particular de comunión, oración, estudio y de intercambio de experiencias que permite a los Directores nacionales regresar luego a sus naciones enriquecidos y fortalecidos, también por el encuentro con el Santo padre, cuyas palabras son siempre fuente de luz y de aliento. Frecuentemente se insiste solamente sobre los aspectos más burocráticos de estos encuentros - en cierto sentido imposibles de eliminar -, olvidando que la Iglesia no es una especie de “multinacional” que periódicamente reúne a sus representantes en el mundo para aprobar balances. La Iglesia es ante todo comunidad de amor, aquel mismo amor recibido del Padre y transmitido por el Hijo que, con la fuerza del Espíritu, estamos llamados a difundir en todo lugar de la tierra. Los Directores nacionales de las OMP por lo tanto no son “recaudadores y distribuidores de fondos” sino que en primar lugar son evangelizadores y animadores pastorales en clave misionera de todo el Pueblo de Dios.


Hablamos comúnmente de Obras Misionales Pontificias, en plural. ¿Puede recordarnos brevemente cuántas son las Obras Misionales Pontificias y cuáles son sus finalidades específicas?

Las Obras Misionales Pontificias son cuatro, y sin embargo, aunque fundadas en épocas diversas, constituyen una institución única y tienen un fin fundamental que las acomuna: promover el espíritu misionero universal en todo el Pueblo de Dios que es la Iglesia.

La Obra Pontificia para la Propagación de la Fe tiene como objetivo principal el de mantener en la Iglesia “el Espíritu de Pentecostés” que abrió a los Apóstoles los confines del mundo y los hizo “misioneros”, promoviendo la participación de todos los bautizados al anuncio del Evangelio con el ejemplo de la propia vida y con el aporte de sus capacidades humanas, presentado también como oferta económica. La Obra Pontificia de la Santa Infancia sostiene a los educadores en el despertar y hacer crecer progresivamente en los niños el conocimiento misionero, para guiarlos hacia una comunión espiritual y un intercambio material de bienes con sus coetáneos de otras Iglesias.

A la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol se le confía la ayuda espiritual y económica de los Seminarios y de los Institutos de formación religiosa en los territorios de misión. La Pontificia Unión Misional, que originariamente se llamaba Unión Misional del Clero, tiene como fin específico “animar a los animadores” del Pueblo de Dios promoviendo la conciencia misionera entre seminaristas, sacerdotes, religiosos y religiosas. El Papa Pablo VI la definió “el alma de las demás Obras Misionales Pontificias”.


Las Obras Misionales Pontificias fueron fundadas en diversos momentos del 1800, y hoy están difundidas en todo el mundo, incluso en aquellos países que un tiempo eran considerados de misión y que hoy envían a su vez misioneros. Se puede por lo tanto decir que se han anticipado a los tiempos en la conciencia de la responsabilidad de todos los bautizados en la misión. ¿Hoy de qué modo responden a este papel “profético” en la Iglesia, cómo miran al futuro?

Los misioneros, hoy como ayer, se hacen frecuentemente la misma pregunta: ¿cómo ser misionero en nuestros días, cómo evangelizar, con qué método, en qué manera? Las relaciones entre el desarrollo material y el anuncio de la Palabra de Dios, el diálogo interreligioso e intercultural, la economía y la política, la nueva ética mundial, la invasión del “pensamiento único”, el relativismo, el ser “políticamente correctos” son temas de simposios, investigaciones y conferencias en todo el mundo, en donde participan también los misioneros.

Creo que es necesario sin lugar a dudas estar atentos a la realidad que nos rodea, siendo capaces de escrutar los “signos de los tiempos”, pero al mismo tiempo tenemos que estar atentos a no dejarnos arrastrar con demasiada facilidad por exámenes extenuantes y por interpretaciones ideológicas de la realidad, que pueden terminar por paralizarnos y desmoralizarnos. Una respuesta a muchas interrogantes viene de la Carta que el Santo Padre Benedicto XVI dirigió el 27 de mayo de 2007, a los Obispos, a los presbíteros, a las personas consagradas y a los fieles laicos de la Iglesia católica en la República Popular China, que es válida para todas las naciones y todos los continentes. El Santo Padre afirma: “Hoy, como ayer, anunciar el Evangelio significa anunciar y dar testimonio de Jesucristo crucificado y resucitado, el Hombre nuevo, vencedor del pecado y de la muerte. Él permite a los seres humanos entrar en un nueva dimensión donde la misericordia y el amor, incluso para con el enemigo, dan fe de la victoria de la Cruz sobre toda debilidad y miseria humana. También en vuestro País, el anuncio de Cristo crucificado y resucitado será posible en la medida en que con fidelidad al Evangelio, en comunión con el Sucesor del apóstol Pedro y con la Iglesia universal, sepáis poner en práctica los signos del amor y de la unidad” (n.3).

Me parece asimismo importante recordar otros dos conceptos que pueden constituir las líneas guía sobre las que las OMP pueden trabajar en el futuro. El primer concepto lo tomo de la “Nota doctrinal sobre algunos aspectos de la Evangelización”, publicada el 3 de diciembre de 2007, en la que se reafirma que el término evangelización en sentido amplio resume la misión completa de la Iglesia: toda su vida consiste en realizar la “traditio Evangelii”, el anuncio y la transmisión del Evangelio, que en última esencia se identifica con Jesucristo. La evangelización significa por lo tanto no sólo enseñar una doctrina sino más bien anunciar al Señor Jesús con palabras y acciones, es decir, hacerse testigos de su presencia y acción en el mundo.

El segundo tema es la necesidad de hacerse portadores, misioneros de la Esperanza en un mundo que parece cada vez más desesperado y casi envilecido por la cultura de muerte. La última Encíclica del Santo Padre Benedicto XVI, “Spe Salvi”, tiene una clara dimensión misional. La buena nueva de la esperanza se convierte en el signo distintivo de los cristianos respecto a los demás que no tienen este don: “El haber recibido como don una esperanza fiable fue determinante para la conciencia de los primeros cristianos, como se pone de manifiesto también cuando la existencia cristiana se compara con la vida anterior a la fe o con la situación de los seguidores de otras religiones. Pablo recuerda a los Efesios cómo antes de su encuentro con Cristo no tenían en el mundo ‘ni esperanza ni Dios’ (Ef 2,12)” (Spe Salvi n°2). A nosotros misioneros nos corresponde la tarea de traducir, según el contexto en el que trabajamos, la riqueza del contenido de esta Encíclica.
Los aspectos médicos y sanitarios en nuestra época están asumiendo una importancia cada vez mayor, no sólo en los países en vías de desarrollo. Usted es médico y ha sido largo tiempo misionero en África. Según su experiencia, ¿qué cosa vincula a estas dos realidades, la medicina y la misión?

Los aspectos sanitarios en la misión son muy importantes y están siempre presentes, porque provienen de la simple constatación de que el hombre es una persona compuesta de elementos espirituales y materiales, corporales y biológicos. Como el Señor Jesús pasando por los pueblos sanaba el alma y el cuerpo de los hombres, así la Iglesia, que sigue su misión, debe hacer lo mismo. No se puede ignorar un aspecto a perjuicio del otro.

En todos los países de misión existen obras que se dedican específicamente y profesionalmente a curar a las personas también en el cuerpo, de sus enfermedades. Una gran diferencia entre la medicina practicada en los países ricos y la de los países pobres - en su mayoría territorios de misión - está dada por el hecho de que la medicina de los países ricos es más costosa porque usa instrumentos más sofisticados, sobre todo en el campo diagnóstico y de la cirugía. Todo esto no existe en la medicina que podemos llamar “pobre”.

La segunda diferencia es que en las misiones se usan sólo medicinas genéricas, lo menos costosas posible, sin posibilidad de acceso a las nuevas moléculas farmacológicas que cambian la suerte de las personas tocadas por enfermedades de largo término o crónicas, incluido el Sida. A nivel de la cura médica se asiste por lo tanto también a esta “injusticia distributiva” entre pobres y ricos, que además está creciendo.

La “medicina misionera” practicada por centros sanitarios, hospitales, dispensarios… que en estos países tienen que responder a las necesidades de la mayoría de la población, mira siempre a la persona enferma y no sólo a la enfermedad o a sus órganos enfermos. Éste es un principio que hemos conservado también respecto a la medicina demasiado técnica que se convierte incluso en ingeniería médica. Se considera al hombre en el contexto de su vida, por lo tanto con sus problemas económicos, que tienen gran impacto sobre su salud. Basta pensar en la tragedia del hambre, que en los países pobres cosecha víctimas en gran número entre los niños y los jóvenes. La mortalidad infantil en África es por lo menos 10 veces superior a la de Europa.

La medicina puede curar también el alma de las personas. Si vemos el sufrimiento de los enfermos, si podemos valorar este sufrimiento cuando es imposible reducirlo, los enfermos entonces se convierten también en nuestros compañeros de camino, sobre todo de nuestra común Vía de la Cruz. En los países de misión he encontrado a tantas “Madre Teresa”, que trabajan en el anonimato, que no son conocidas, pero que viven el mismo amor y el mismo sacrificio de la Beata Teresa de Calcuta.

Considero que la presencia de la Iglesia en el mundo de la medicina es hoy todavía más importante visto el desarrollo de aspectos que despiertan innumerables preocupaciones a nivel de bioética. Por ejemplo todo aquello que constituye la intimidad de la vida conyugal, de la pareja, es decir la sexualidad, la fertilidad, es casi completamente confiado a los técnicos, que con frecuencia no respetan el carácter humano de estas facultades que sirven a la comunicación del amor y a la transmisión de la vida. Éste es un verdadero drama de nuestra época, y no sólo de los países de misión. (S.L.) (Agencia Fides 19/5/2008; líneas 147, palabras 2064)
VATICANO - Su Exc. Mons. Henryk Hoser, Secretario Adjunto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y Presidente de las Obras Misionales Pontificias, nombrado por el Papa Arzobispo de Varsovia-Praga. Mons. Vacchelli nuevo Presidente de las OMP

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - El Santo Padre Benedicto XVI ha nombrado hoy, 24 de mayo, Obispo de Varsovia -Praga (Polonia) a S.E Mons. Henryk Hoser, S.A.C, hasta ahora Secretario adjunto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y Presidente de los Obras Misionales Pontificias, conservando la dignidad de Arzobispo.

S.E Mons. Henryk Hoser, S.A.C, nació en Varsovia (Polonia) el 27 de noviembre de 1942. Después de la escuela elemental en Pruszków y la media en Varsovia continuó los estudios universitarios en la Academia Médica de Varsovia, dónde en 1966 obtuvo el Diploma en Medicina, consiguiendo el cargo de adjunto en la misma Academia Médica. En 1969 entró en la Sociedad del Apostolado Católico (Palotinos) dónde el 8 de septiembre de 1970 emitió la primera profesión. Entre 1970-1974 realizó los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Mayor de la Sociedad del Apostolado Católico en Otarzew (Polonia). El 16 de junio de 1974 recibió la ordenación sacerdotal. En los años 1974-75 realizó cursos de francés y de medicina tropical en París, como preparación al trabajo misionero en Rwanda.

De 1975 a 1995 ha sido Misionero en Rwanda, dónde ha cubierto numerosos cargos en el campo pastoral: vice-párroco, párroco, animador del apostolado de la familia, organizador de las sesiones de formación apostólica para los laicos, promotor del apostolado de la prensa.

En 1978 fundó en Kigali el Centro Médico-social, que dirigió durante 17 años y el Centro de Formación Familiar (Action Familiale). Durante algunos años ha sido Secretario de la Comisión Episcopal para la Salud, y luego también de la Comisión Episcopal para la Familia, Presidente de la Asociación de los Centros Médicos Asociados con Kigali (BUFMAR), Responsable de un centro de monitorización epidemiológico SIDA y de un programa de asistencia psico-médico y social de enfermos. Durante los años pasados en Rwanda, ha cubierto durante 10 años el cargo de Superior Regional de la Sociedad del Apostolado Católico (Palotinos) y también la de Presidente de la Conferencia de Superiores Mayores de los Institutos de Vida Consagrada y de las Sociedades de Vida Apostólica en Rwanda (COSUMA). En 1994 fue nombrado experto en el campo de la familia y del desarrollo al Sínodo Especial de África. En 1994, en ausencia del Nuncio Apostólico en Rwanda, la Santa Sede lo nombró Visitador Apostólico en ese País, cargo que cubrió que por más de dos años, hasta el nombramiento del nuevo Representante Pontificio. Entre 1996-2003 ha sido Superior Regional de la Sociedad del Apostolado Católico (Palotinos) y miembro del Consejo Misionero de la Conferencia de Superiores Mayores en Francia

El 22 de enero de 2005 fue nombrado Secretario Adjunto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y Presidente de las Obras Misionales Pontificias, y elevado a la dignidad de Arzobispo; recibió la consagración episcopal el 19 de marzo de 2005.

El Santo Padre Benedicto XVI ha nombrado Secretario Adjunto de la Congregación para la evangelización de los Pueblos y Presidente de las Obras Misionales Pontificias al Rev. Mons. Piergiuseppe Vacchelli, del clero de la diócesis de Cremona, hasta ahora sub-secretario de la Conferencia Episcopal Italiana y Presidente del Comité para las intervenciones caritativas a favor del Tercer Mundo, elevándolo en igual tiempo a la Sede titular de Minturno con dignidad de Arzobispo.

El Rev. Mons. Piergiuseppe Vacchelli nació en Longardore di Suspiro (CR) el 4 de febrero de 1937; de 1948 a 1961 frecunetó el Seminario Menor y Mayor de la Diócesis de Cremona concluyendo con la ordenación sacerdotal el 27 de mayo de 1961. Desde finales de 1961 a otoño del 1963 ejerció el ministerio sacerdotal en la Parroquia de S. Juan. Enviado a Roma, en 1963, para los estudios en Derecho Canónico en la universidad Gregoriana obtuvo la Licenciatura y regresó a la Diócesis en 1967. En aquel año le fue asignado el servicio pastoral en la Parroquia de S. Pietro en Cremona junto a la Oficina de Adjunto diocesano del Sector Adultos de la Acción Católica. En 1973 fue nombrado Secretario del Obispo S.E Mons. Amari y al mismo tiempo, en 1975, le ha fue confiado el cargo de Canciller Obispal que ha mantenido hasta 1986. Además, desde 1976 a 1990 ha revestido el cargo de Adjunto General diocesano de la acción Católica. En 1986 fue nombrado Pro-vicario General de la Diócesis y al mismo tiempo, de 1990 a 1993 ha revestido el cargo de Secretario General del Sínodo diocesano. En 1993 fue nombrado Parroco y Canónigo de la Catedral de Cremona.

En el curso de los años ha enseñado Derecho Canónico en el Seminario Diocesano y Religión y Letras en la Escuela Magistral del instituto religioso Hijos del Sagrado Corazón de Jesús. Desde octubre de 1996 ha revestido el cargo de Subsecretario de la Conferencia Episcopal italiana y Presidente del Comité para las intervenciones caritativas para los Países en vías de desarrollo. Conoce al francés, español e inglés. (S.L) (Agencia Fides 24/5/2008; Líneas: 61 Palabras: 853)
ASIA/MYANMAR - “Estamos cerca de la población afectada por el ciclón Nardis con actos concretos”, declara a Fides el Presidente de la Conferencia Episcopal de Myanmar

Roma (Agencia Fides) – “Ha sido un verdadero desastre. En primer lugar por los costos humanos de la tragedia: hay un número altísimo de muertos. Y luego por la destrucción causada por el ciclón; además de las casas el ciclón ha golpeado fuertemente el sistema agrícola: perdidas de ganado, herramientas, campos inundados, sistemas de irrigación destruidos, declara a la agencia Fides Su Excelencia Mons. Paul Zinghtung Grawng, Arzobispo de Mandalay y Presidente de la Conferencia Episcopal de Myanmar, que se encuentra en Roma para la visita Ad Limina Apostolorum.

Según las Naciones Unidas son 134 mil las personas muertas o dispersas a causa del ciclón Nargis, que el 2 de mayo golpeó el delta del Irrawady (Myanmar meriodional). El número de personas que han perdido su casa llega a los 2 millones y medio. Se teme además que surjan epidemias.

“La Iglesia Católica rápidamente comenzó a dar su colaboración y ayuda”, afirma Mons. Zinghtung Grawng, que el 8 de mayo convocó en la sede del Arzobispado a un grupo de expertos para preparar un programa para afrontar la emergencia y envió un mensaje a todas las parroquias de la Arquidiócesis exhortando a los fieles a contribuir con sus donaciones a la compra de alimentos y artículos de primera necesidad.

“Estamos organizando los socorros en todo el País. Nuestra contribución se ha extendido a todas las diócesis de Myanmar y estamos ayudando a distribuir las ayudas que llegan de la comunidad internacional. Estamos brindando apoyo a los voluntarios que llegan de diferentes partes del mundo, dándoles indicaciones cuando llegan a las áreas afectadas”.

“Nuestros sacerdotes, religiosos y religiosas, además de laicos con especialización médica (médicos y enfermeros) –prosigue el Arzobispo de Mandalay– están cerca a la población no sólo para distribuir las ayudas sino también para ayudar a su recuperaicón tanto física como psicológica.

No obstante la gravísima tragedia que ha golpeado al país, el Presidente de la Conferencia Episcopal de Myanmar no ha perdido la esperanza de poder continuar la obra de evangelización en el país, por ejemplo la que se realiza con las tribus que pueblan las montañas. No es una tarea fácil, pero desde hace algún tiempo las diferentes poblaciones del país han tenido mayores posibilidades para encontrarse y conocerse. Se hace más fácil, por ello, para quien no conoce a Cristo, encontrar personas que testimonien con su vida la fe cristiana” concluye Mons. Zinghtung Grawng. (L.M.) (Agencia Fides 28/5/2008; líneas 31, palabras 423)
VATICANO - 30 de mayo: Jornada Mundial de Oración por la Santificación de los Sacerdotes

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – En la Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, que este año se recuerda el 30 de mayo, se celebra la Jornada Mundial de Oración por la Santificación de los Sacerdotes. En la Carta enviada para esta circunstancia a todos los Sacerdotes por el Prefecto y el Secretario de la Congregación para el Clero, el Card. Claudio Hummes y el Arzobispo Mauro Piacenza, respectivamente, se subraya la prioridad de la oración sobre la acción, “en cuanto que de ella depende la eficacia del obrar”. Reproducimos a continuación algunas partes de la Carta.

“En segundo lugar, en la insuprimible y profunda sed de él, la dimensión más auténtica de nuestro sacerdocio es la mendicidad: la petición sencilla y continua; se aprende en la oración silenciosa, que siempre ha caracterizado la vida de los santos; hay que pedirla con insistencia. Esta conciencia de la relación con él se ve sometida diariamente a la purificación de la prueba. Cada día caemos de nuevo en la cuenta de que este drama también nos afecta a nosotros”.

“La única medida adecuada, ante nuestra santa vocación, es la radicalidad. Esta entrega total, con plena conciencia de nuestra infidelidad, sólo puede llevarse a cabo como una decisión renovada y orante que luego Cristo realiza día tras día. Incluso el don del celibato sacerdotal se ha de acoger y vivir en esta dimensión de radicalidad y de plena configuración con Cristo. Cualquier otra postura, con respecto a la realidad de la relación con él, corre el peligro de ser ideológica. Incluso la cantidad de trabajo, a veces enorme, que las actuales condiciones del ministerio nos exigen llevar a cabo, lejos de desalentarnos, debe impulsarnos a cuidar con mayor atención aún nuestra identidad sacerdotal, la cual tiene una raíz ciertamente divina”.

“Queridos hermanos, seamos fieles a la celebración diaria de la santísima Eucaristía, no sólo para cumplir un compromiso pastoral o una exigencia de la comunidad que nos ha sido encomendada, sino por la absoluta necesidad personal que sentimos, como la respiración, como la luz para nuestra vida, como la única razón adecuada a una existencia presbiteral plena”.

“Como la dimensión misionera es intrínseca a la naturaleza misma de la Iglesia, del mismo modo nuestra misión está ínsita en la identidad sacerdotal, por lo cual la urgencia misionera es una cuestión de conciencia de nosotros mismos. Nuestra identidad sacerdotal está edificada y se renueva día a día en la «conversación» con nuestro Señor. La relación con él, siempre alimentada en la oración continua, tiene como consecuencia inmediata la necesidad de hacer partícipes de ella a quienes nos rodean. En efecto, la santidad que pedimos a diario no se puede concebir según una estéril y abstracta acepción individualista, sino que, necesariamente, es la santidad de Cristo, la cual es contagiosa para todos: «Estar en comunión con Jesucristo nos hace participar en su ser "para todos", hace que este sea nuestro modo de ser» (Benedicto XVI, Spe salvi, 28). Este «ser para todos» de Cristo se realiza, para nosotros, en los tria munera de los que somos revestidos por la naturaleza misma del sacerdocio. Esos tria munera, que constituyen la totalidad de nuestro ministerio, no son el lugar de la alienación o, peor aún, de un mero reduccionismo funcionalista de nuestra persona, sino la expresión más auténtica de nuestro ser de Cristo”.

“Por último, el fundamento imprescindible de toda la vida sacerdotal sigue siendo la santa Madre de Dios. La relación con ella no puede reducirse a una piadosa práctica de devoción, sino que debe alimentarse con un continuo abandono de toda nuestra vida, de todo nuestro ministerio, en los brazos de la siempre Virgen”.

“Se plantea, queridos hermanos en el sacerdocio, la urgencia de «un movimiento de oración, que ponga en el centro la adoración eucarística continuada, durante las veinticuatro horas, de modo tal que, de cada rincón de la tierra, se eleve a Dios incesantemente una oración de adoración, agradecimiento, alabanza, petición y reparación, con el objetivo principal de suscitar un número suficiente de santas vocaciones al estado sacerdotal y, al mismo tiempo, acompañar espiritualmente -al nivel de Cuerpo místico- con una especie de maternidad espiritual, a quienes ya han sido llamados al sacerdocio ministerial y están ontológicamente conformados con el único sumo y eterno Sacerdote”. (S.L.) (Agenzia Fides 29/5/2008)


VATICANO - Decreto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos con el cual se concede una especial facultad para la celebración de la Conversión de San Pablo Apóstol en el año jubilar, bimilenario de su nacimiento

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – La Sala de Prensa de la Santa Sede ha publicado, en fecha 30 de mayo de 2008, el siguiente Decreto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.

“El apóstol San Pablo, que fue anunciador de la verdad de Cristo al mundo entero y que después de haber sido su persecutor, trabajó con todo medio posible para anunciar a las gentes la Buena Nueva, comprometiéndose con celo por la unidad y la concordia de todos los cristianos, ha sido siempre y es todavía venerado por los fieles, especialmente en este año particular, bimilenario de su nacimiento, que el Sumo Pontífice Benedicto XVI ha querido instituir como especial año jubilar.

Por lo tanto, según las facultades atribuidas a esta Congregación por el Sumo Pontífice Benedicto XVI, se concede, en modo extraordinario, que el próximo 25 de enero de 2009, que corresponde al III Domingo «per annum», se pueda celebrar en las iglesias una Misa según el formulario Conversión de San Pablo apóstol, como se encuentra en el Misal Romano. En tal caso, la segunda lectura de la Misa se toma del Leccionario Romano para el III Domingo «per annum», y se reza el Credo.

Dicha concesión, por especial mandato del Sumo Pontífice, es válida solamente para el año 2009.

No obstante cualquier cosa en contrario.

De la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, el 25 de enero de 2008, en la fiesta de la Conversión de San Pablo, apóstol.

Francis Card. Arinze, Prefecto Albert Malcolm Ranjith, Arzobispo Secretario. (Agencia Fides 2/6/2008)








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