Acto clausura



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Acto clausura



Gonzalo Perera
Vamos a empezar con la ceremonia de clausura de este primer encuentro de jóvenes matemáticos y estadísticos en recuerdo de Gonzalo Perez Iribarren, este acto tiene la intención también de recordar la figura de Gonzalo. Para abrir el acto le cedo la palabra a la Decana de Facultad, Ing. María Simon.
María Simon
Muchas gracias. En primer lugar, sean bienvenidos a esta Facultad de Ingeniería tanto sus integrantes de todos los días como nuestros invitados de este día, nos alegramos mucho de que haya venido un grupo tan grande y tan diverso de personas y tan queridas. La colectividad de matemáticos y estadísticos ha decidido realizar este primer encuentro nacional de matemáticos y estadísticos jóvenes, en homenaje a Gonzalo Pérez Iribarren, lo que es una excelente forma de homenaje, se hace con una jornada académica de presentación de trabajos de mayor interés y además de jóvenes, que no significa, claro está, que los mayores no hayan estado presentes e interesados. Nos parece excelente, porque el hacer matemática, el hacer ciencia y el compartir, es el mejor homenaje y seguramente el que más le gustaría a Gonzalo Pérez Iribarren. El enfoque hacia los jóvenes es el enfoque hacia el futuro y recoge una de sus características más notables que fue la formación de jóvenes e inspiración de vocación en matemática. La jornada ha tenido lugar en tres Facultades , en las que Gonzalo Pérez actuó, en las que es muy recordado y muy querido. Los organizadores han decidido que hoy fuera el acto de clausura en esta Facultad de Ingeniería y en el aula que lleva el nombre de su hermano, Ricardo Pérez Iribarren, persona también enormemente valiosa para esta Facultad e intensamente querida y apreciada por cuantos lo conocieron. Esta clausura en Facultad para nosotros es una alegría y un honor. La vida de Gonzalo Pérez ha sido reseñada y volverá a ser recordada por colegas muy cercanos a él de manera que, no me corresponde a mí extenderme sobre este punto. Resumo muy brevemente su carrera docente. Gonzalo Pérez entró como Ayudante grado 1 20 horas semanales en el Instituto de Matemática en el año 69 y permaneció en ese cargo hasta el 71 y después con 30 horas en grado 2 del 71 al 73.

En 1973 tuvo que irse del país, estuvo en Buenos Aires, en Venezuela, realizó también una fructífera experiencia sobre la cual sus colegas han hablado, volvió al país en el 83 y a nuestra Facultad en el 84 como Profesor grado 4 con 40 horas semanales, se mantuvo ya sea como profesor de esta Facultad o asignado al centro de Matemática, desde el año 84 hasta el 88. Desempeñó en parte de ese tiempo la dirección del Instituto de Matemática y Estadística. Estos fueron los datos objetivos de su carrera en la Facultad. Fue además profesor y adscrito en Enseñanza Secundaria donde entró por concurso y donde ejerció su intensa vocación por la enseñanza de la matemática. En su carrera docente realizó contribuciones de calidad a la matemática en particular en el área de estadística no paramétrica. Mantuvo siempre el interés de hacer matemática vinculada a problemas de la tecnología y de la naturaleza, encontrando en esa vinculación, fuente de investigación matemática de calidad y acercándose a las otras áreas con la voluntad e inteligencia necesaria para aprehender y formular los problemas de la realidad en términos rigurosos. En ese sentido es recordado con gran aprecio por muchos colegas ingenieros. Personalmente lo conocí apenas, cosa que lamento mucho, sin embargo puedo decir que lo conozco por sus obras, como lo dice la frase evangélica y esta es una de las mejores maneras de conocer a alguien y también por su huella de cariño y afecto en personas a las que conozco bien y aprecio mucho. Entre sus obras está la contribución a la matemática que cité muy brevemente, debe referirse también su aporte a la enseñanza de la matemática universitaria y secundaria. Formó recursos humanos atrayendo a jóvenes que en muchos casos, son ya investigadores de gran nivel. Volvió al país sobre los principios del fin de la dictadura, muy tempranamente y participó entonces muy decisivamente en la reconstrucción de nuestro Instituto de Matemática, en la creación del PEDECIBA y en la creación del Centro de Matemática. La reconstrucción del Instituto de Matemática fue una tarea enorme, para nosotros de fundamentalísima importancia, que fue integrando a los que fueron volviendo, en un ambiente cada vez más hospitalario, cada vez más habitable, para trabajar en la matemática y por eso, lo reconocemos muy particularmente. Fue también un universitario cabal y un hombre comprometido con los valores sociales y humanos, dejando también en este sentido, una tradición y un ejemplo en la Facultad y en la Universidad. Dejo como última obra a citar en esta alocución que quiere ser muy breve, la contribución de él, decisiva, a la generación de una verdadera comunidad científica. Ese aporte es para nosotros de un valor incalculable, se trata realmente de una comunidad, no de un conjunto de personas, ni solamente de una estructura académica, es una comunidad matemática con juicios de valor formados, con tradiciones, y siempre en revisión, siempre viva, en una alta autoexigencia, una comunidad muy honesta, intelectualmente solidaria, abierta, con memoria y con futuro. Esa comunidad son ustedes, es en ustedes y por ustedes que yo quiero saludar con agradecimiento a Gonzalo Pérez Iribarren.

(aplausos)


Gonzalo Perera
Como segundo punto, interesado realmente en destacar el papel de Gonzalo, en la formación de gente joven o por lo menos en su momento joven, y también en el desarrollo del trabajo aplicado, en algunas características especiales del trabajo de Gonzalo, vamos a hacer en tandem una reconstrucción conjunta en ese trabajo que es tan difícil, va a hablar primero Ernesto Mordecki del Centro de Matemática de la Facultad de Ciencias.
Ernesto Mordecki
Gracias. Yo no rehuí la gran responsabilidad de hablar, porque alguien tiene

que hacerlo y porque sentía que era una manera de devolver todo lo que yo

recibí de Gonzalo Pérez. En primer lugar, creo que es importante recordar

colectivamente aquellos que surcaron los caminos con su esfuerzo, con su

sudor, con sus ganas, primero porque es un acto de justicia, pero no sólo

por eso, pienso que también nosotros crecemos y nos automodelamos en

ejemplos, y es una tarea que toda comunidad que quiere crecer, que quiere

fortalecerse, que quiere brindar al resto de la sociedad sus aportes, me

parece que se debe hacer con honestidad y con justicia. Esta reunión es,

como hoy decía Enrique Caban~a, un encuentro, que también es un hallazgo, que nos

encontremos juntos para recordar de dónde venimos, quienes y quien en

particular jugó un rol tan decisivo, en un momento tan clave, y para

proyectarnos también al futuro de nuestras actividades. Hoy mismo se han

hecho una cantidad de contactos, como es en los encuentros de científicos, y

por eso la importancia de recordar y proyectar. Yo ingresé al Instituto de

Matemática y Estadística, como se llamaba en esa época, en 1982, hubo un

llamado a docentes de catorce grados 1, era bastante raro, catorce grados 1,

y hablé, recuerdo, con Ramón Méndez, que era Ayudante en aquel momento que

me dijo, sí, sí, presentate, presentate. Yo era estudiante de 2º año de

Facultad y la presentación era así: uno iba, se anotaba y no presentaba

ningún currículum, y entonces del Instituto iban a la Bedelía, sacaban las

notas y decidían quién entraba. En algún sentido el llamado ése no estaba

viciado de preferencias, si yo hubiera estado, difícilmente hubiera entrado,

no sé, pero marcaba un poco la pobreza de lo que era el Instituto en ese

momento, imaginen, uno decía, yo quiero presentarme, qué tengo que

presentar?, no, nada, nada, nosotros vamos a la Bedelía y vemos qué notas se

sacó usted y con eso alcanza, y yo estaba en 2º. Pero, bueno, empecé a

andar, obviamente no me arrepiento, el Instituto en esa época era casi una

cueva, digamos, era un lugar oscuro donde pasaban pocas cosas y menos cosas

académicas, se daban las clases.


Lo de "cueva" no es una evaluación sobre la gente que estaba alli, no es sobre el

colectivo, sino sobre como se pensaba, y las tareas que se planteaban.

Allí había, obviamente latentes, cenizas de una gran antorcha que había brillado,

ardido, en años anteriores, que se notaba, porque habían libros, porque

habían aparatos misteriosos, porque había placares que uno abría y tenían

notas en distintos idiomas, la dictadura no pudo borrar totalmente del IME

aquella luz, aquel ejemplo, aquella actividad que habían iniciado Laguardia

y Massera, y algo quedaba. Es como cuando uno ve cenizas y no sabe si hay

calor o no, y entonces tiene que acercar la mano, esas fueron las cenizas

que Gonzalo, con la habilidad y el tacto, la calidad humana que tenía de

universitario y de hombre, supo reavivar con el cuidado que no se apaguen,

porque siempre es un riesgo, ustedes saben que allí hay un equilibrio

difícil, que no sé si la matemática puede modelar, pero la experiencia dice

que es difícil, y Gonzalo supo reavivar esa llama. Fíjense lo que era la

paradoja, estaba lleno de cosas que yo creía que eran libros, ustedes se

acuerdan, lo que trabajan en el IME, la colección de revistas encuadernadas,

todas iguales, que estaban ahí, mudo testigo de una actividad anterior, que

obviamente yo abría un poco a escondidas, para ver qué tenían, en el placard

del baño estaban apilados, escondidos los libros en ruso de otra época, que

yo también abría con una curiosidad infinita, que abría pero no los

entendía, pero algo había ahí, y eran señales de que el IME no era ese lugar

que habían querido que fuera y que por suerte revivió Gonzalo jugando ese

rol tan importante. Quiero contar dos anécdotas de esa época, de cosas que

yo escuché y participé, en un momento escuché al Director Interino en ese

momento, en los años 83, 84, comentar que venía un tal profesor

bbshshssIribarren, yo no entendí el nombre, no sabía cómo se llamaba, yo

estaba escuchando una conversación colateral, además si uno se pone en la

psicología de esa época, hablar con una persona en ese momento era

arriesgado digamos (risas), no, no, no es risa, venía Taboada, abría la

puerta y decía: yo le dije al Secretario Docente que no sé que, que no sé

cuánto, a ver qué decíamos nosotros, como buscandonos la lengua,

y nosotros lo mirábamos, estábamos con

amigos como Omar Paganini, Gustava Balerio, y decíamos, este tipo ¿para qué

está hablando?, qué está diciendo?, qué quiere que le digamos? ... Obviamente

nosotros éramos jóvenes, pero teníamos alguna experiencia, sabíamos de qué

se trataba el asunto (la dictadura y la eventual persecusion) y no le decíamos nada.

Pero la entonación de esa

persona era como si viniera, como si viniera al Instituto, digamos ... un premio Nobel, como para que ustedes

se hagan una idea de la impresionante carga que tenía para la gente que

estaba allí y que sabía lo que había sido el IME, esa generación de

matemáticos a los cuales se los había echado, se los había puesto presos, se

los había exilado. Y bueno, se hicieron gestiones me acuerdo, porque el

problema era la firma de la fe democrática, para ser docente en aquella

época, y creo que al final, no estoy seguro, Gonzalo no tuvo que firmar la

fe democrática, él fue uno de los primeros docentes que entrado en ese

período no la firmó.


Allí comenzó el camino, que se empezó a recorrer, que yo detallaba.
La otra anécdota tiene que ver con una cosa que se llamaba los "Consejos

Interinos", o "Consejos paralelos" que se habían constituido al fin de la

intervención. El consejo paralelo en la Facultad de Ingenieria estaba encabezado por Don Julio (Ricaldoni),

y él se estaba

pensando de la misma forma en que se estaba pensando en el IME, pensando en

la reconstrucción de la Facultad de Ingeniería y comentaba que él había

hablado con Gonzalo Pérez Iribarren, que Gonzalo había aceptado la

responsabilidad de la Dirección, Don Julio había consultado con gente

que había dado su acuerdo, como el Ing. Massera y allí se lo nombró director del IME, quiero

decir, no era formal, porque era un Consejo paralelo que funcionaba en la

Facultad, pero ya estaba claro eso que sus decisiones serian refrendadas por las primeras autoridades legitimas.
Gonzalo fue el primer universitario en acción que yo conocí,

universitario en el sentido del término que le damos a

esa palabra en nuestra Universidad de la República, y era obvio que era muy

diferente a todas las personas que yo había conocido antes en la Facultad,

con todas esas características de compromiso, de empuje, de ganas que

Gonzalo puso en ese momento, que se respiraban, que se veían.


Las primeras medidas que tomó, que para nosotros eran sorprendentes: se llamó a becas

para estudiantes, para estudiar matemática, se hicieron los llamados de

grados 1 y 2 interinos, ahora sí con méritos, con antecedentes. Se encaró,

como se dijo hoy, la tarea de reconstrucción bibliográfica a través del

PEDECIBA, se instauró una nueva modalidad de trato y preocupación personal

por todos y cada uno de los docentes del Instituto, que uno lo sentía, y en

el área nuestra (la probabilidad y estadistica) Gonzalo tomó dos iniciativas muy importantes, dió los

primeros cursos de Probabilidad, de Estadística y de Procesos Estocásticos y

destinó un salón para los Seminarios, era el salón 107, creo que donde ahora

se hacen fotocopias, un salón chiquito, que mostraba lo que, digamos, el

IME no tenía el salón 003 en ese momento donde estaba Compras, alguno de

ustedes se acuerda, y en ese salón comenzó a funcionar el Seminario de

Probabilidad y Estadística que Gonzalo dirigía. Queda claro que Gonzalo

hacía todo eso porque sentía que había que hacerlo, porque le tocaba en ese

momento, porque fue uno de los primeros en volver y porque él lo sentía como

su misión, su obligación, su tarea, y lo hacía de una manera fantástica por

su entusiasmo. Recuerdo el tema del primer seminario, estudiamos el libro de

Feller, las funciones infinitamente divisibles, él nos contó: "sí, sí, yo

consulté a un matemático de apellido bbbssshhhh sobre la conveniencia de esta bibliografia"

y a mí se me perdió el apellido raro, que no retuve en ese momento: había consultado a Mario

Wschebor que estaba en Venezuela en ese momento, para planificar la

actividad del Seminario. Entonces, Gonzalo asumía esas responsabilidades,

pero tenía muy claro cómo se iba a tejer el futuro del Instituto, con

quiénes, y estaba claro que ésa era la dirección que había que seguir.


Voy a contar dos anécdotas mas, la primera que a mí me marcó mucho, estábamos

estudiando estimación de densidades o algo así, y aparecían unos núcleos de

Epanechnikov, que los expertos, - y hoy tuvimos una charla de una experta en

el tema - conocen, Gonzalo creía que había un error en el artículo y obviamente

con su entusiasmo nos convenció a todos de que había un error en el

artículo, era la primer vez que yo enfrentaba críticamente algo que estaba

en algún libro, porque antes nadie se cuestionaba, y lo peleó, lo peleó y yo

pensaba, me obsesioné con eso, como se obsesionan los matemáticos con los

problemas, después resultó que estaba bien el articulo: el problema que Espanechnikov

planteaba, que eran unas condiciones para que el compromiso entre las

velocidades de estimación de densidades fuera la óptima,

y la solución que él daba era que

la que tenía el mínimo era positiva, había otras soluciones (que habia encontrado Gonzalo) que no eran

positivas y entonces no estaba mal lo que estaba escrito. Pero el

planteárse la duda, para mí fue una gran enseñanza, que es un ejemplo de toda la

gran enseñanza, que muestra la gran difusión y actividad que

Gonzalo Pérez hizo para nosotros. Otro tema que ya es más anecdótico, cuando

Tom Casella trajo el problema de las puertas al Centro de Matemática,

ustedes conocen ese problema: ustedes tienen tres puertas en un programa de television,

una de las cuales tiene un premio. Eligen una, el conductor

les abre una no premiada, y la preguna es si conviene cambiar o no. Y nos matamos con

las probabilidades condicionales, y Gonzalo estuvo mucho tiempo

peleando y discutiendo con esa sinceridad además que tenía de decir lo que

pensaba, de decir cómo lo pensaba, que tan bien nos hacía y que tanto

tenemos que imitar.
Yo no quiero terminar sin decir algunas cosas más, yo creo que Gonzalo era una persona distinguida,

destacada, diferente, todos somos diferentes, pero él era como extremal en

algunas características que, en mi visión eran, su generosidad en un sentido

amplio de esa palabra, generosidad individual en el trato con sus colegas, y para toda la

humanidad, diría yo, era extremadamente honesto, tenía una cultura que a los

jóvenes, yo no diría que nos sorprendía, sino que nos apabullaba, una

persona que sabía el origen de las palabras, que había estudiado latín, pero

él se encargaba de no alejarnos si no de acercarnos, era extremadamente

tenaz y tenía como un halo de energía, de don, una cosa muy especial, muy

querida, muy querible, que a la oscuridad que yo viví en el Instituto, le

impregnó, no sólo él, pero fundamentalmente él, un espacio. Yo lo recuerdo

como un espacio de luz. Si ustedes recuerdan la foto que está Gonzalo con

Mariel (Etchemendy, secretaria del IME en aquel entonces),

que está por allí, que está en internet, esa foto resume un poco el

entusiasmo, las ganas de proyección al futuro que Gonzalo nos dió a todos.

Es difícil abarcar en unos breves minutos sus inquietudes, toda su

personalidad que fuimos nosotros descubriendo gradualmente, con visitas a la

casa, la pintura, la literatura, la poesía, siempre decía y yo me

sorprendía, que el año sabático él quería dedicarse a pintar y a hacer una

exposición de cuadros, eran esas cosas que uno no entendía, porque claro,

uno no sabía qué había dentro, en lo profundo de esa persona, y uno veía sólo

algunas facetas en las cuales, igual, él era contundente y fantástico. El

viaje que yo hice a la Unión Soviética a Gonzalo lo entusiasmó mucho, ahora,

recordando y entendiendo el viaje que él hizo, en las analogías que había entre

esas dos experiencias, entiendo su entusiasmo, su paralelismo entre su

vocación religiosa y su búsqueda y la mía, digamos que me llevó a latitudes

tan extremas.
Bueno, yo quise evocar a Gonzalo lo más fielmente posible, con toda la pobreza que

tienen las palabras para evocar algo tan querido, que nos es tan propio, a

quien debemos tanto y por quien nos mantenemos. Y para terminar con una breve

anécdota. A mí me gustaría poder imitar cómo hablaba Gonzalo pero no, no

puedo. Gonzalo nos contaba: "yo conozco un muchacho, es novio de una sobrina que yo tengo,

pero yo no sé si son novios (risas) ... y yo creo que sí,

que va a estudiar matemática, porque él estudia química ahora, pero, bueno,

ese muchacho que Gonzalo conocía, no sé si ustedes habrán adivinado, es

nuestro amigo Gonzalo Perera, a quien le cedo la palabra. (aplausos)

Gonzalo Perera

Bueno, aquí el estudiante de Química (risas).

Para empezar, quiero decirles claramente que para mí es tremendamente difícil hablar de él.

Todos los que me conocen saben que no soy tímido, que no tengo problemas para

hablar, pero hoy me cuesta horrores hablar e intenté no hacerlo.

Hasta último momento estaba casi decidido a no hablar, pero me

convencí de hacerlo por distintas razones, en parte por mencionar más de cerca la

influencia de Gonzalo en algunas cosas que yo viví muy de cerca, como el desarrollo de las

aplicaciones.


Quiero que se entienda bien una cosa: yo

soy parte de una generación de matemáticos post dictadura, que, por fuerza

de los hechos, nos hemos acostumbrado a hacer tareas que nos pueden quedar

grandes. Nosotros tenemos una brecha generacional importante, los once años

que nos robó la dictadura; eso genera que, entre los 50 y los 30 y pico,

haya poca gente. Por lo tanto, a todos lo de mi generación de 30 y pico, a todos nosotros, a Ernesto, a mí,

a todos los de esa generacion que estamos hoy acá, nos ha tocado, en muchos momentos, asumir responsabilidades

que probablemente, en circunstancias distintas, nos hubieran tocado más tarde, en

otro momento de nuestras vidas, con más experiencia a cuestas. Por lo tanto, uno está acostumbrado a

ponerse una camiseta sabiendo de antemano que le queda un poquito grande, y lo asume buenamente,

hace uno lo que puede, sabe que tiene que preguntar, asesorarse, hacer las

cosas lo mejor que puede en una tarea que le puede quedar grande y punto.

Pero nunca en mi experiencia profesional, honestamente NUNCA, había sentido tan claramente la sensación

de que una camiseta me queda MUY grande. La camiseta de tener que hablar de Gonzalo es muy grande, es

muy difícil hablar de Gonzalo, es muy difícil no sólo por las emociones que

promueve, que revive, sino por seleccionar qué es lo que hay que decir, qué

es lo más ilustrativo, lo mas fidedigno y eficaz. Por lo tanto les pido disculpas si la selección que

hagono es la mejor, la más apropiada o las palabras no son las

mejores, pero son las cosas que me salen del corazón.
Hubo una circunstancia que me alentó

un poco a finalmente atreverme a hablar y fue la coincidencia muy importante de recuerdos entre muchos de

nosotros. Toda esta jornada promueve cosas muy lindas: estoy muy

contento por la jornada que hemos tenido, creo que vivimos charlas preciosas, con ideas

hermosas, vimos gente que trabaja, que hace cosas muy lindas. Pero también en

esta jornada se encadenaron recuerdos colectivos, la memoria colectiva se

puso a funciona. Hace unos días Mariel

Etchemendy, que está sentada allí, nos mandó un texto precioso sobre el flaco (cuando digo flaco me

refiero a Gonzalo ) que, cuando lo leía, gestos del flaco me venían a la memoria: Mariel recordaba

características que uno tambine recordaba claramente, pero que seguramente no hubiera encontrado las palabras

para describirlas. José Vieitez envió hace

poco otro texto citando dichos de Gonzalo que también yo estaba tratando de recordar para reconstruir y

contar. Eleonora Catsigeras contó un diálogo con Gonzalo muy parecido a

otro que tuvo conmigo. Isabel Cañette me contó unas cuantas cosas de su

experiencia personal con Gonzalo, tambien con muchos puntos consonantes con mis propios recuerdos.

Empecé a ver que esa reconstrucción nueva

desde tantos ángulos, tiene elementos consistentes,recurrentes y me di cuenta entonces que más allá de lo

que uno pueda decir, seguramente lo que diga mi memoria no anda muy lejos de lo que muchos

sentimos, detalles mas o menos.
Ustedes me van a disculpar, voy a citar muchas anécdotas y detalles, son

parte de cosas que yo viví, que vivieron otros, que me parecen que ilustran

lo que es una persona. Yo crecí en

dictadura, viví en un país en dictadura, donde había que leer entrelíneas y

mirar los detalles para encontrar los verdaderos mensajes y me quedó la manía de fijarme en los detalles.

Es entonces quizás que muchas de las cosas que voy a decir son apenas detalles.

Pero detalles que muestran particularmente dos ejes conductores de la actividad de Gonzalo que me gustaría

que


quedaran muy explícitos: las características de Gonzalo como promotor de gente

joven y las características de Gonzalo como

promotor de trabajo aplicado, y claro, de paso, si se puede, las características de

Gonzalo como persona.

Cuando yo lo conocí, era muy jovencito, tenia apenas 19 años. Lo conoci por razones familiares; yo era

estudiante de química, había conocido a un profesor de matemática de la

Facultad de Química, ya fallecido, Víctor Decmzylo, que me había prestado el "Real and Complex Analysis" de Walter Rudin,

libro que todos los estudiantes de matemática conocemos muy bien y

estudiaba por mi cuenta, de manera autodidacta. Me causaba un placer enorme, constantemente deseaba que la

Facultad de Química

me diera más tiempo libre para leer ese hermoso texto y a través de un

vínculo familiar, a través de Marisa Garcia, llegó a oídos de Gonzalo esa rareza que tenía este sujeto

en cuestión. Gonzalo me invitó a ir a la casa un fin de semana de verano a

charlar con él. Es increíble pero no me acuerdo nada de lo que me dijo,

absolutamente nada, me acuerdo de caras, e imagenes, me acuerdo como si tuviera la foto delante, sin ninguna palabra

ni sonido. Pero, cuando salí de allí, caminando hacia mi casa, yo estaba convencido que

quería hacer matemática, que iba a ser matematico. Así que no sé lo que me dijo, pero fue muy

convincente (risas). Un poco después, yo estaba estudiando tercer año de la

licenciatura, y pensaba hacer en el último año de la licenciatura, en cuarto, el Seminario

requerido en el plan de la Licenciatura. Tenia una vision muy infantil de lo que era un Seminario,

creia que particpar en un Smeinario era cosa de "gente grande" y que yo aun estaba en etapas previas.

Vine un dia al IMERL, a devolverle un libro a la querida Martha Ottino (para los que no la

conocen fue bibliotecaria de Matemática durante mucho tiempo y es la mamá de

un compañero, Martin Sambarino). Portándome bien, vine al IMERL a devolver un libro que me habian prestado.

Casualidad de las casualidades!! En ese mismo momento se estaba reuniendo por primera vez en el año

el Seminario de Probabilidad y Estadística para fijar horarios y temario de trabajo. El flaco me

paró en el corredor y me dijo, "Che tocayo, tenés que venir al Seminario,

vos que querés estudiar Probabilidad y Estadística, tenés que venir!". Le dije que

no, que estaba muy verde aun, que era muy temprano, que el año que viene, que ahora no, que no quería

y no quería...... Estábamos frente a la sala de

seminarios, la puesta estaba abierta y en determinado momento, Gonzalo me pone la mano en el hombro

y me da tremendo empujón (risas), pasó tras de mi, cerró la puerta y dice con voz bien alta "Aquí hay un

nuevo compañero de Seminario!" (risas) Estaba Enrique, Mario, "Pino" Paganini,

Daniel Tasende, naturalmente Ernesto, un montón de gente y claro, ya que estaba ahí no

iba a escapar! Entonces realmente puedo decir que Gonzalo me estimuló a

hacer Matemática, y que me empujó (literalmente ) a hacer Probabilidad y Estadistica(risas).


Muchas veces más, a mí y mis compañeros, nos hizo lo mismo: con trampitas, con

esas cosas de paisano astuto, nos hacía crecer "como zonceando", nos hacía

pegar un salto, nos pegaba el empujón y luego quedaba como haciéndose el

distraído, como que él no lo hubiera hecho, como si fuera mera obra del azar. Un

poco después del empujon anterior me comenzó a hablar de hongos: hongos para allá, hongos para

acá, hongos esto, hongos lo otro, el estudio de los hongos, hongos, hongos y hongos. Un dia me da un libro,

el "Analysis of Variance" de Scheffée y una planilla de datos y me dice, "Che, mirá, leéte el capítulo 6 y 7, leyendo esos capítulos yo

creo que vas a resolver este roblema que se plantea en estos datos de crecimiento de hongos!", listo y se fue!!.

Yo me quedé perpleo y con los hongos (risas) y con esos benditos hongos comenzó una pasión, la

pasión por el trabajo aplicado, por tratar de descubrir en la realidad dónde

es que está la Matemática, dónde es que se pone la Matemática y cómo es que

se usa la Matemática. Otra vez, fue como al pasar, como distraído que

Gonzalo me hizo una treta de esas. Siempre te alentaba a asumir nuevos

desafíos, siempre te alentaba a crecer un poquito más, siempre era un

poquito más de uno mismo lo que habia que buscar. Nunca te proponía cosas insensatas, no te "mandaba a

la guerra armado con galletitas", esperaba el momento para proponerte cada desafio, pero te transmitía

una necesidad vital de crecer y de ir siempre más adelante. Y sobre todo, te transmitía algo hermosísimo,

que es muy difícil de transmitir en palabras: él te transmitía que él creía en tu capacidad, a veces mucho

más de lo que uno creía, él te transmitía confianza. No te agrandaba ni te "doraba la pildora", no te

transmitía locuras, no te decía que eras un fenómeno, no, para nada, te decia que ibas a sudar,

que te iba a costar, pero que vos podías, te decia con sus actitudes que vos podés, que vos vas a pasar por encima de ese reto, que

vos podés salir adelante. Te transmitía confianza, espíritu de aventura,

amor por el desafío, por navegar mares desconocidos. Hay una anécdota muy

elocuente al respecto de Isabel Cañette. Cuando a Isabel le proponen por primera vez hacer un trabajo privado

de estadística aplicada, lo primero que sintió, como es natural, fue una sensación de susto gigantesco,

"Capaz que no puedo con ese compromiso, a lo mejor me queda grande", etc. Cuando le manifestó eso a Gonzalo,

el flaco le hizo leer un poema de Antonio Machado que dice "Cuatro cosas

tiene el hombre que no sirven en la mar, ancla,gobernalle y remos y miedo de

naufragar". De manera muy explicita le estaba trasmitiendo la invitacion a asumir el desafío y asumir el

placer de la aventura, largarse a la mar sin remos y sin timón a tratar de

ver cómo se saldría adelante.
Pero hay algo bien especial que tenía el flaco como permanente promotor de los mas jovenes, que

era realmente llamativo. Parece que no le gustaba que después nadie se sintiera

que le quedaba debiendo nada, como que queria que nadie después se

sintiera obligado a deberle gratitud. Tan sin querer como te ayudaba, tan

sin querer como te promovía, después "como sin querer" también, cuando entendía

que ya estaba, que vos ya habias crecido e ibas por otro camino, se ponía al costado

como diciendo, " yo no fui, yo no tengo nada que ver". Hay anécdotas que lo pintan de

cuerpo entero al respecto. Cuando Isabel entrega la monografía que dirigió

Gonzalo y en la portada de ella como e shabitual pone el título, el nombre del

autor y el nombre del orientador (que era el flaco), este ultimo con letra chica como es usual en todos esos

textos, una de las primeras correcciones que le hizo Gonzalo con lápiz,

fue marcarle donde estaba su nombre y escribirle al lado " más chiquito", que lo pusiera más

chiquito. Cuando terminé la tesis de doctorado puse un párrafo de

agradecimiento a Gonzalo, no era un gesto de gratitud, era simplemente no ser cretino.

Para agradecer a Gonzalo no me alcanzaria ni un párrafo ni 800 párrafos, era un minimo gesto de memoria al llegar a un momento

clave del camino. Eso pequenho parrafo perturbó a Gonzalo, fue una cosa que le provocó pudor, hizo una reaccion del estilo

"Bueno, está bien, pero tá, no me digas más nada". Era un tipo sencillo, de

hablar apaisanado, venía de Carmelo, muchas veces contaba cosas al respecto. Una vez

en Colonia, bajo unos eucaliptus, me comentaba que de

niño, se trepaba y soñaba que era protagonista de una novela de Emilio

Salgari. Uno veía con placer a esa persona grande que recordaba con tanta facilidad al

niño que tenía adentro, con tanta frescura y espontaneidad. Era un tipo humilde, humilde en

el sentido más amplio. Se puede ser humilde socialmente, en los gestos, es

decir, no tener gestos francamente arrogantes, no humillar a nadie, no

despreciar a nadie con los gestos. Esa es la humildad de las formas, de los modales, que por cierto

no es poca cosa. Pero hay un sentido mucho más profundo de la humildad, hay otra dimension de

la humildad mucho mas dificil de alcanzar y ejercer,

me parece, que es la actitud permanente de apertura, de respeto hacia los demas, hacia todo lo que nos es ajeno y/o desconocido.

Esa humildad significa no sólo no pararse frente a los

demás como un personaje, sino no considerar, en el fondo de la propia conciencia, que es más importante lo que uno hace,

no considerar que lo que uno estudia son los temas centrales, no despreciar

lo que uno no conoce, no presuponer que el aporte de otras disciplinas,

estilos, campos, terrenos, pueden ser menos importantes que los propios.

El flaco ejercia esa dimesnion de la humildad cotidianamente. Se

puede ser humilde haciendo cualquier cosa, en cualquier profesion o tema, pero si ustedes piensan

por un momento en su ejercicio de la humildad, en su apertura para ver razón, verdad, sensatez y

conocimiento en todos lados y lo combinan con el espíritu de aventura que mencionaba anteriormente,

sale con un resultado natural que Gonzalo tuviera una gran atracción y

vocacion tanto hacia las aplicaciones de la Matematica como hacia otras formas de conocimiento:

era el corolario natural de esas dos actitudes de búsqueda profunda. Es así

que Gonzalo funda en el Centro de Matemática el Laboratorio de Probabilidad

y Estadística y nos inició a muchos en el trabajo aplicado, un trabajo duro,

donde hay que ir a la guerra con un cuchillo en los dientes, a hacernos un

lugar. Tenemos una profesión que no es conocida y por lo tanto no necesariamente

reconocida y apreciada en el medio, en general a uno no lo están esperando con la

alfombra roja. Hay que ganarse dignamente un lugar con muchos que empujan en sentido contrario y no siempre

con buenos modales. Gonzalo con infinita paciencia y con mucha dedicación hacía

todo ese trabajo, buscaba el lugar adecuado, buscaba el problema adecuado, nos enseñaba a los

que éramos más novatos y trabajaba con enorme dedicación y con un enorme

rigor. Es así como varias veces descubrió errores en papers de nosotros y de

otros, tenía un enorme rigor para analizar el trabajo propio; las cosas

propias que él hacía, los analizaba a fondo, con toda intensidad y severidad.

Nos inculcaba el rigor de la manera mas simple y efectiva: practicandolo en primer lugar consigo mismo.
El flaco celebraba la belleza y el talento donde lo veía, tenía una actitud de alegría

llamativa cuando descubría algo que no sabía, algo que estaba ahí y el no habia visto. Aun en cosas tan simples

como cuando un colega brasilero demostró en un congreso ser un gran

guitarrista, la alegría de Gonzalo era fantástica por haber visto una cosa

bella que ni sabía que existía. Me acuerdo con absoluta claridad su cara de alegría cuando algún

alumno terminaba exitosamente un trabajo: celebraba la vida, la capacidad creativa,

cuánto le hubiera gustado ver la actividad que hubo hoy!
Gonzalo era un hombre de fe, fe en el

sentido más profundo y universal del término, con respeto a todas las

visiones de vida. Yo mismo no sé exactamente cuál es la mía, sé por lo tanto que hablar de su fe no es

ningún acto de proselitismo. Pero tengo que decir que decir algunas cosas al respecto sino no

hablaría de Gonzalo, su fe era esencial a su personalidad, no se entiende su persona sino se entiende su fe.

En un momento, no me acuerdo exactamente el año, Gonzalo y yo quedamos encargados de dar un curso a

medias en la Sección "Despacho de Cargas" de UTE, que queda o al emnos quedaba, en

aquel momento, en Melilla. La primera parte del curso, en primavera,la daba

yo y la segunda parte del curso, en el verano, la daba el flaco. Entonces,

primero a mí y después a él, temprano en la tarde nos venía a buscar al Centro de Matematicas, Wilson, un

compañero, chofer de Ciencias, que nos llevaba hasta Melilla a dar la clase

y después nos traía. Fue un año de un tiempo espectacular, de una primavera

radiante, soleada, hermosa; al final de mi parte yo me iba a Caracas por unos meses y

Gonzalo quedaba dando la otra parte del curso. Cuando íbamos con Wilson en la

camioneta, camino al Despacho de Cargas, nos pasaba siempre más o menos lo mismo. En

aquel momento todos los accesos de Montevideo estaban en obras,

en ésas obras que parece que no terminan nunca y había que dar mil vueltas para

llegar al lugar. Veníamos siempre por esa rambla

preciosa que tiene Montevideo, y cuando passabamos frente al Parque Capurro, ya frente al

Cerro, había que hacer varias vueltas por caminos vecinales debido al corte de ruta. Cuando empezaban

todo es etrayecto por los caminos vecinales había un cartel publicitario, y en el momento que uno cruzaba

el cartel empezaban a aparecer los rancheríos de la marginación,

que ya en ese momento era muy grande en Montevideo y que hoy desgraciadamente lo es mucho más aun.

Naturalmente, siempre veníamos conversando y cuando llegaba ese punto era

como que nos apagábamos. Cuando llegué de Venezuela el flaco había terminado

con el curso y me encontré con una tarjeta de Navidad en mi despacho. El

flaco había dibujado algunas tarjetas y había escrito una leyenda. Mi dibujo

era un ranchito de lata con un perrito, ropa colgada, y un cartel, que era

el cartel que nosotros veíamos en la ruta, igualito y al fondo, la ciudad. Su dibujo

era lo que nosotros veíamos cada vez que dábamos la vuelta en ese recodo del

camino, pero había una diferencia, no era el rancherío visto desde la

civilización sino era la civilización vista desde el rancherío. Había

invertido los ángulos, se habia puesto del lado del rancherio y la letra decía "si naciera ahora, donde dónde

nacería?". Gonzalo no tenía una fe de hablar de Dios y regalar estampitas,

tenía una fe de compromiso de vida, de acciones de vida, de apostar a la

vida en función de una cierta sensibilidad muy inteligente y muy

comprometida. El se convertía a cada paso, veía una escena y se ponía automáticamente en

el lugar del más débil, invertía la escena, se veía a si mismo desde ahí, desde el peor lugar y desde ahí

miraba las cosas y las conductas, lo hacía naturalmente, le salía así. Gonzalo tenía una gran formación

teológica y filosófica, obviamente, pero no sólo no lo ostentaba sino que su

sensibilidad era muy lejana a toda forma de ostentacion. Me acuerdo que en un momento el haber compartido con

él un libro que había descubierto, de un teólogo alemán que ha sido fruto de

muchas polémicas, Ernts Drewermann, muy interesante, y el comentario de él fue " Muy

interesante, muy lindo, pero muy europeo, muy distnate de nuestra realidad, le falta la cuota de barro de las parroquias de

nuestros barrios". A pesar de que tenía esa formación teológica, él

miraba su creencia y su convicción desde esa perspectiva, desde la humildad de una parroquia de barrio.

La palabra "cristiano" lleva encima una muy pesada carga. Lleva la carga

de muchos pensadores y personas inocentes que terminaron en la hoguera,lleva la carga de muchos

bombardeos que se hacen en el nombre de la civilización occidental y

cristiana, la justicia infinita o vaya a saber qué otro disparate, lleva la carga de los

vigías perpetuos de la moral ajena, de esa misteriosa moral sexual, que requeriria saber que es la moral digestiva o

la moral respiratoria, por ejemplo. Lleva la carga de muchas barbaridades, atrocidades, atropellos, abusos y

arrogancias hechos en el nombre de Cristo.

El mensaje cristiano como lo entendía Gonzalo, es

una cosa muy distinta, muy linda, muy simple y tremenda a la vez: es ponerse automáticamente del lado más

débil y mirar la vida desde sus ojos. Es hacer como hacia él, a quien muchasv eces oi citar pequeñas y puntuales frases de

San Francisco de Asís, que decían mucho y de manera muy sencilla y que siempre tenían que ver el

problema que se trataba. es la vocación por crecer y servir, a ocupar el lugar que hay que

ocupar, sin preocuparse si nos van a aplaudir o no nos van a a

aplaudir, sino concentrados en hacer lo que hay que hacer y después que pase lo que tenga

que pasar. Una vez me dijo, que no hay otro demonio que los miedos y las trabas

que a uno le impiden llegar a ser todo lo que podemos ser, o la arrogancia

de pretender que se nos reconozca más de lo que nos merecemos. El demonio del cristianismo del flaco ni tenia cuernitos, ni lanzaba llamas, ni era voluptuoso.

El demonio del cristianismo del flaco era el miedo a crecer, la comodidad, la indiferencia, la arrogancia.

Gonzalo era un cristiano con todas las letras. Su

vida, su profesión, su actitud hacia nosotros, ésa era su profesión de fe , constante y permanente, de todos los días.


Uno no pretende en absoluto hacer relatos color de rosa o idealizar su figura:

naturalmente Gonzalo se equivocaba, claro que si, como todos. Era particularmente

drástico en las cuestiones éticas, con esas cosas no andaba con vueltas, en

esos temas podía ser muy duro, sumamente severo. Tuvo que ver en muchas polémicas en las que

puso mucha pasión, que le costaron mucho dolor. Algunas no las puedo juzgar, no

tengo suficiente conocimiento, en otras que estuve cerca sé que se equivocó, que dudó, que pensó.

No andaba con indirectas, no te daba a

leer textos sutiles para que vos interpretaras, te decía directamente lo que pensaba, en

particular a nosotros los más jóvenes. Hubo un par de veces que nos

cuestionó éticamente, que nos dijo "Lo que ustedes están haciendo es una

falta de ética!", no nos hizo ninguna gracia, nos enojó, cómo no nos va a

enojar! Pero era un rezongo con cariño, un rezongo de hermano mayor, un

rezongo que pretendía hacerte pensar, no humillarte ni ponerte

en inferioridad, era un rezongo para convocarte a pensar, a revisar y

eventualmente a revertir tu actitud. Haya tenido o no razón, siempre nos dio

el referente claro, nítido y firme.


Al final de todas estas palabras, de

repente se entiende un poco más la dificultad que mencioné al principio.

Hablar del flaco para mí es hablar de un mundo lindo, sencillo, fresco,

claro, un mundo donde hay gente grande, muy culta y muy formada, que se

acuerda cuando era niño y se sentia Sandokán trepado arriba de un árbol. Un

mundo donde esa misma gente, muy formada, no se siente el centro del saber

universal, sino uno más en la aventura del saber y descubrir, donde no se

pierde la capacidad de entender y sensiblemente compartir las cosas del

hombre sencillo, del hombre común, de todos, gozando y sufriendo con la misma intensidad que los demás,

las mismas cosas que los demás y sin sentirse parte de un círculo privilegiado e

iluminado, más inteligente que los demás . Un mundo de gente intensa y

plena que vive la aventura diaria de querer crecer un poquito más todos los

días. Naturalmente a veces lo extrañamos mucho y nos gustaría verlo

riéndose, carcajeándose, enseñándonos cosas, rezongándonos, aconsejándonos,

apoyándonos, empujándonos, desafiándonos. Pero tenemos que afirmarnos en la

idea que nos dejó, tenemos que recrear ese espíritu, esa humildad, esa

capacidad de crear, de apostar, de entregar. Espero que se entienda esa

dificultad que les decía, no es sólo por el cariño, por la admiración, por

el reconocimiento, es porque es muy difícil hablar de tanta vida. Para ponerlo en una imagen, es como

cuando uno abre una ventana y deja entrar una bocanada de aire fresco de

golpe: uno queda sin aliento. Es eso. Espero que, a pesar de todos, a pesar

de que yo haya errado en algunas cosas que recordé, que haya dejado por el

camino tantos otros recuerdosque pudieran ser más interesantes, quede expresa

constancia que para muchos que trabajamos con él y aprendimos con él,

realmente Gonzalo fue bastante más que un maestro, un consejero, un amigo,

un referente, realmente fue una cosa muy simple: la imagen clara, nítida y

bien fresca de lo que puede ser una hermosa persona.

(aplausos)



Para clausurar, va a hablar el Presidente de la SUME, Sociedad Uruguaya de Matemática y Estadística, José Vieitez.
José Vieitez
Para mí es un honor poder tener el privilegio de clausurar este acto en homenaje al querido flaco Pérez. Creo que todas las cosas han sido dichas, la semblanza que hoy en la mañana hizo Mario sobre Gonzalo, las palabras de Enrique Cabaña, ahora los aportes de Ernesto y de Gonzalo, creo que colman más o menos lo que podría ser una imagen nuestra del entrañable Gonzalo Pérez. Simplemente quería decir que también luchó fervientemente, ya casi sobre el final de su vida, por el surgimiento y la consolidación de la Sociedad Uruguaya de Matemática y Estadística, de matemáticos y estadísticos y que creo, que este tipo de reuniones que ha sido realizada hoy, tenemos que proponernos, y ya está, pienso, en nuestras cabezas el repetirlas en los próximos años, no sólo para jóvenes sino tal vez mi idea sería en ese sentido, hacer una vía anual de jóvenes intercalada con una vía anual general en la cual los pobres viejos también puedan hablar. (risas) Yo quiero agradecerle a todos, a la familia y a todos los presente, a todos los que realizaron ponencias, por la hermosa jornada académica que hemos vivido hoy. Muchas gracias

(aplausos)

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