Actividad física y vivencias corporales de las mujeres magrebíes en España



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Actividad física y vivencias corporales de las mujeres magrebíes en España

Antonio Santos Ortega

Dpto. Sociología y Antropología Social

Unidad Deporte e Inserción Social (DIS)

Univ. Valencia


Resumen

En los últimos años, han comenzado a explorarse las potencialidades integradoras del deporte aplicadas en colectivos procedentes de la inmigración. El deporte, orientado por un proyecto intercultural, promete ventajas que han comenzado a ser verificadas en investigaciones recientes en España. Esta comunicación explora estas ventajas entre el colectivo de mujeres inmigrantes, destacando los avances en términos de integración social que la actividad física y el deporte supone para ellas -mejora de la salud, autoestima y sociabilidad-. En la comunicación, se exponen los primeros resultados de un proyecto de investigación que actualmente se desarrolla y que se ha basado en entrevistas abiertas dirigidas a las mujeres y en la observación de la práctica deportiva con ellas. Nos centramos en sus vivencias del cuerpo y en sus representaciones sobre el deporte.


Palabras clave: deporte, mujer, inmigración, género, cuerpo
En los últimos años, han comenzado a explorarse las potencialidades integradoras del deporte aplicadas en colectivos procedentes de la inmigración. El deporte, orientado por un proyecto intercultural, promete ventajas que han comenzado a ser verificadas en investigaciones recientes en España (Durán, 2009; Kennett, 2006; Maza, 2001). Algunos estudios más concretos han pormenorizado dichas ventajas entre el colectivo de mujeres inmigrantes, destacando los avances en términos de integración social que la actividad física y el deporte supone para ellas (Santos, Balibrea et al, 2004; Soler, 2006). Sin embargo, puede decirse que este terreno de las mujeres inmigrantes y el uso del deporte continúa siendo un campo insuficientemente explorado.
Si concretamos en algunos grupos de mujeres inmigrantes, como es el caso de las mujeres magrebíes, el deporte consigue importantes avances en diferentes dimensiones de su integración social. Los resultados de las investigaciones citadas anteriormente avanzan la idea de que la actividad física para estas mujeres puede convertirse en un espacio privilegiado para el aprendizaje corporal, social y personal. Las dificultades para conseguir este objetivo son muchas debido a las limitaciones socioculturales y religiosas a la práctica deportiva que prevalecen en su cultura de origen. Sin embargo, en su proceso de integración en la sociedad de acogida, podrían acceder a los beneficios que la actividad física promueve en términos de hábitos saludables, integración y tolerancia. Esto obliga a las instituciones y asociaciones a redoblar los esfuerzos para idear y poner en marcha iniciativas que conjuguen el deporte y la integración dirigidos a estas mujeres en situaciones de vulnerabilidad.
Las dificultades que viven las mujeres en los países de tradición islámica a la hora de practicar deporte son considerables. Dificultades culturales, ligadas a las normas que las conducen a cubrirse el cuerpo y a una segregación de los espacios; dificultades familiares, ligadas a la rígida división sexual del trabajo doméstico; dificultades relacionadas con las concepciones del cuerpo y la dificultad para aceptar una cultura del movimiento, son, entre otras, algunas de las trabas que las mujeres han de superar si quieren realizar una actividad física. En el primer apartado de este texto, profundizaremos en todas ellas, para presentar, en el segundo, el programa de intervención a través del deporte con mujeres magrebíes “Ponte en Marcha”. Este programa se desarrolla actualmente en Gandia (Valencia) y trata de aprovechar los efectos positivos de la actividad física sobre las mujeres magrebíes y cómo puede convertirse en un vector para el cambio y la reducción de las dificultades anteriores.
I.1.- Las dificultades ligadas a las representaciones sobre el cuerpo y el deporte en las sociedades de tradición islámica
A pesar de que el mundo del Islam es amplio y diverso, en la mayor parte de los países que lo componen abunda una representación similar del cuerpo de la mujer que dificulta la práctica deportiva. George Balandier (2004) ha puesto de manifiesto que el cuerpo es un operador social, un instrumento mediante el que se construyen identidades individuales y sociales, símbolos, representaciones y jerarquías. Como señala Balandier en el título de su artículo, el deporte “dice” la sociedad. En efecto, el cuerpo es un revelador social en el campo de las relaciones interétnicas y en el contexto de los actuales procesos migratorios. La diferencia étnica se designa mediante el cuerpo, es un factor de afinidades, exclusiones, atracciones y repulsiones, cierres comunitarios y de todo tipo de violencias y de enfrentamientos antagónicos. La extrañeza del cuerpo cubierto de muchas mujeres árabes para el mundo occidental es un buen ejemplo de cómo el cuerpo es un eje central en los procesos migratorios.
El cuerpo es una construcción social y, tras las limitaciones que se le imponen en todas las sociedades, encontramos todo un armazón sociocultural que, en el caso de las mujeres magrebíes, de las que nos ocupamos en este texto, moldea las representaciones y los usos de su cuerpo. Así, el cuerpo de la mujer es el depositario del honor en los países de tradición islámica hondamente patrilineales. Los varones son los responsables de velar porque el honor no se mancille y ejercen un fuerte control y vigilancia. La reclusión en el espacio doméstico privado y la ocultación del cuerpo mediante un código del vestir son las manifestaciones más conocidas de este control que supone una auténtica segregación y represión de la sexualidad. El harén es la imagen más clásica de este encierro, por más que en el mundo occidental tenga otras connotaciones diferentes a las del encierro que realmente supone.
La religión y la tradición cultural representan a la mujer como esposa y madre y esto lleva aparejadas una serie de circunstancias muy negativas en la representación del cuerpo de las mujeres. Al igual que mostrar el cuerpo es una falta de educación, su expresividad también lo es y debe ser controlada. El cuerpo de la mujer es culturalmente interpretado con las cualidades de pasividad, docilidad, dulzura y lentitud. En la investigación de Fehti Tlili (2002) los significantes que los varones musulmanes repiten en sus discursos sobre el cuerpo de las mujeres son la fragilidad, la debilidad, el pudor y la necesidad de mesura y control. El ideal del cuerpo femenino responde a una mujer voluminosa y de piel blanca. Esta estética femenina está ligada a las cualidades que se suponen necesarias a las tareas de reproducción. Una mujer corpulenta se vincula, además, con la idea de riqueza y opulencia, estos cuerpos abundantes y con reservas de grasa parecen invocar la riqueza y, en el imaginario popular se vincula a esta con la gordura. La delgadez queda en un segundo plano y solo aparece recientemente con los procesos de occidentalización.
Por otro lado, la blancura de la piel responde a la dualidad dentro-fuera del hogar. Los espacios privados, íntimos y poco luminosos conllevan esta piel blanca que es sinónimo de pureza. En términos de jerarquías sociales, la piel más oscura se asocia con mujeres con menos recursos, que tienen que trabajar fuera de casa, lo que las devalúa en la escala de pureza y castidad.
Con estas premisas, es evidente que una cultura del movimiento, como la que supone el deporte, cuenta con grandes dificultades para divulgarse en un contexto como el descrito. Se sitúa en un lugar significante antagónico ya que propone rasgos difíciles de compatibilizar con el ideal femenino anterior: piel bronceada por el aire libre y expuesta a la mirada, un cuerpo delgado y músculos que se modelan buscando la belleza. El deporte de las mujeres es interpretado en el mundo musulmán como una amenaza para las tradiciones, se le niega el carácter lúdico y se cuestionan los beneficios de su práctica. Es un espacio conflictivo.
Gertrud Pfister (2004) va más allá en el alcance de esta carga conflictiva del deporte. Esta autora señala que la práctica deportiva enseña a controlar el propio cuerpo, nos hace aprender sobre su movimiento, a través del deporte uno mismo puede controlar, dirigir, moldear y conocer su cuerpo. Esto desarbola los miedos que sobre éste se construyen culturalmente y convierte a quien lo practica en un ser más autónomo. Si se comparte esta idea, se puede deducir que el potencial conflictivo del deporte aumenta.
I.2.- Las dificultades sociales: las posibilidades del deporte como reapropiación de un espacio social
El velo no se cierne solo sobre el cuerpo de las mujeres magrebíes, también sus relaciones sociales quedan veladas por las pautas patriarcales de control. La forma de ejercer este control se produce a través de la segregación sexual, en la que las mujeres encuentran el muro del espacio doméstico y el muro corporal que supone el velo, destinado a prevenir el peligro de las salidas de las mujeres al exterior.
En su trabajo etnográfico sobre un grupo de jóvenes argelinas de un barrio de las afueras de Paris, Noria Boukhobza (2000) describe cómo la práctica grupal del baloncesto permite a las chicas utilizar el deporte como forma de salir del espacio privado de la casa y apropiarse de una parcela exterior en el barrio. Aunque el deporte es para los más mayores un comportamiento fuera de la norma y que despierta el “qué van a pensar” y la “mala reputación”, las jóvenes aprovechan el deporte para construir un espacio de relaciones sociales y de autoestima. Boukhobza pone de relieve cómo la práctica deportiva tiene un contenido de rebeldía y desafío que se expresa intergeneracionalmente.
El fuerte comunitarismo que caracteriza a las sociedades musulmanas combina mal con el talante individual que el deporte al modo occidental promueve. Incluso en los deportes de equipo, parece que siempre fuera necesario hacer sobresalir a uno de los componentes. En la búsqueda del resultado y de los objetivos, siempre se destaca a algún miembro del equipo que ha sido decisivo en la competición. Esta búsqueda de excelencia individual, tan acentuada en el deporte occidental de récords y resultados, no es bien recibida en una sociedad de vínculos comunitarios donde la comunidad prevalece sobre el individuo. En el caso de las mujeres, destacar individualmente choca con la moderación, la invisibilidad y el anonimato que se les requiere. No es extraño que no abunden las deportistas de elite entre los países islámicos1.
Más allá del deporte de elite, la práctica deportiva de las mujeres en el Islam es escasa. Se concentra en las escuelas y cuando llega el final de la adolescencia se reduce drásticamente. Así, las jóvenes que prosiguen son a menudo tachadas de irresponsables e infantiles. En el proceso de castrar la autoestima (Pfister, 2004) al que se procede con las mujeres por parte del patriarcado, suprimir el deporte es una condena más, ya que las priva de poder acceder a grados mayores de libertad e igualdad.

I.3.- Las dificultades familiares: división sexual del trabajo y organización del tiempo
Este abandono temprano de la actividad física está destinado a adoptar íntegramente el rol de esposa y madre y a cubrir materialmente las tareas domésticas. La división sexual del trabajo es intensa y sigue siendo el pilar más resistente en el tránsito tradición-modernidad. Incluso con los cambios que suponen la urbanización y el éxodo rural, la contracepción, el trabajo asalariado y la inmigración, el reparto extremo de las tareas condiciona la organización del tiempo. En este sentido, practicar deporte es como robarle el tiempo a las actividades domésticas.
Precisamente, sobre los colectivos de mujeres inmigrantes, que están sujetas a una influencia mayor de los usos de las sociedades occidentales de acogida, arrecian las posturas masculinas más fundamentalistas. Ante la posible crisis de valores tradicionales provocada por el marco cultural occidental, se recrudecen los rasgos de la tradición familiar. Se ejerce la tutela y la prohibición como palanca del control y humillación de las mujeres. Es este grupo de mujeres inmigrantes magrebíes sobre el que se detiene este texto para destacar los beneficios que una propuesta de intervención mediante el deporte podría llevar a estas mujeres.
Para ello, y teniendo en cuenta todas las dificultades hasta ahora señaladas, se tendría que planificar la intervención muy cuidadosamente. Se trataría de proporcionar una educación física de base mediante el trabajo de percepción del propio cuerpo, las conductas motrices básicas y el cuerpo como vehículo de expresión; el juego será el instrumento pedagógico fundamental. El desarrollo de la actividad tendría que ir ganando progresivamente complejidad.
Son muchos los factores que hay que considerar para obtener buenos resultados y posibilitar un programa de intervención de este tipo. Por ejemplo, las monitoras deberían ser mujeres y prioritariamente procedentes de países islámicos; las instalaciones deportivas deberían ser cerradas y limitadas al acceso de los varones, asimismo, habrían de localizarse en lugares donde las mujeres realicen actividades cotidianas, como cursos de alfabetización o asistencia a ceremonias religiosas. Se aceptará el uso de ropas que cubran el cuerpo. Las actividades deberían programarse en horarios vespertinos y establecerse un servicio de ludoteca para cuidar de los hijos pequeños en un espacio anexo. Igualmente, los objetivos de la actividad habrían de enfocarse a la salud y no tanto al modelado del cuerpo. Además, será fundamental introducir, paulatinamente, estas iniciativas específicas en programas globales continuos en el tiempo que aseguren a medio plazo la transición de las mujeres inmigrantes magrebíes hacia los programas deportivos municipales dirigidos al público en general. Todo ello redundará en la pertinencia y en las condiciones de posibilidad real de un proyecto de este tipo que, necesariamente, debería contar con la aprobación del cabeza de familia.
Además de las mujeres, otro colectivo de interés central en una intervención de este tipo es el de sus hijos/as. Los estudios de hábitos deportivos realizados en España (García Ferrando, 2006) muestran que la variable clave para asegurar niveles mayores de práctica deportiva es la realización de actividad física por parte de la madre. De esta manera, fomentar la actividad deportiva entre las mujeres garantizará su transmisión a los hijos/as posibilitando las mejoras mencionadas anteriormente también para ellos. Es particularmente importante esta transmisión a las hijas debido a las dificultades para la práctica deportiva que recaen sobre las mujeres en el mundo árabe. Una iniciación temprana en este ámbito podría constituir un avance importante en el terreno de la igualdad.
II.- Metodología. “Tras el velo": un proyecto deportivo con mujeres magrebíes
Todas las dificultades señaladas anteriormente han limitado el número de intervenciones con las mujeres magrebíes mediante el deporte. Sin embargo, las pocas y muy meritorias experiencias que hasta ahora se han puesto en marcha en España ((Batista y Albuixech, 2002; Soler, 2006) muestran que el deporte es un factor importante para construir un concepto positivo del cuerpo, para mejorar los hábitos de salud y para ampliar la red de relaciones sociales. Para las mujeres, el deporte puede expandir su capital social y mejorar su integración. Todas estas ventajas están, sin embargo, vedadas para las mujeres marroquíes, que no pueden así beneficiarse de las mejoras que la actividad física consentiría al mejorar su salud, su bienestar, su autoestima y otros indicadores. Es por ello que surgió el proyecto “Tras el velo” en la que han participado la unidad de investigación Deporte Inserción Social de la Universidad de Valencia, el Vicerrectorado de Deportes de la Universidad Politécnica de Valencia, la Asociación de Gestores Deportivos de la Comunidad Valenciana, el Centro Cultural Islámico de Valencia. Se ha contado con financiación del Consejo Superior de Deportes (CSD).
El proyecto se ha desarrollado entre 2010-2012 y ha buscado mejorar la integración social de un grupo de mujeres inmigrantes magrebíes residentes en Gandia y Valencia que acumulan una triple discriminación por clase social, género y etnia. Estas mujeres sufren todo el bloque de limitaciones que hemos descrito en el anterior apartado. Se trataba fundamentalmente de potenciar dos esferas en las que se acumulan los efectos de sus discriminaciones: la esfera de la autonomía personal y la de las relaciones sociales. Para ello se diseñó un programa de educación física de base que potenciase el trabajo de percepción del cuerpo, las conductas motrices básicas y el cuerpo como fuente de expresión.
La falta de experiencias motrices en estas mujeres hizo necesario comenzar con objetivos sencillos asociados al aprendizaje de su propio cuerpo. Además, la actividad física como forma intencionada de tratar el cuerpo permite, en consecuencia, elaborar los valores referidos a éste como, por ejemplo, los umbrales del pudor, la forma de hablar de las sensaciones corporales, las actitudes frente al contacto físico o las capacidades motoras. La actividad física y los juegos han sido la base de las dos sesiones semanales que se impartieron durante los meses de marzo a junio de 2010 y de marzo a diciembre de 2012.

Las dificultades de partida que ya hemos enumerado en el apartado anterior obligaron a considerar una serie de aspectos para la planificación de las actividades. Así, entre otros, se logró que la monitora que dirigió las sesiones fuera marroquí; en la sala se instalaron cortinas para impedir el acceso visual desde el exterior; la sala se localizaba cerca de los lugares donde las mujeres realizan actividades cotidianas como cursos de alfabetización o asistencia a ceremonias religiosas; la práctica se realizó aceptando que el vestuario de las mujeres incluiría ropas que cubrirían diferentes partes del cuerpo; se estableció un servicio de ludoteca para cuidar de los hijos pequeños en un espacio anexo; igualmente, los objetivos de la actividad se enfocaron más a la salud y no tanto al modelado del cuerpo. Los dos grupos de mujeres con las que se ha trabajado constaron de 20-25 mujeres cada uno. Todos estos aspectos eran prácticamente prerrequisitos para que las mujeres pudieran tener el visto bueno familiar.

Además del objetivo de promover la autonomía personal y el cuidado del cuerpo, el proyecto tenía también la finalidad de aprovechar la finalidad lúdica propia de la práctica física como forma de crear un espacio de relaciones sociales propio para estas mujeres. La práctica física debe servir de espacio de encuentro donde olvidarse de las preocupaciones del exterior, disfrutar del momento y propiciar la cohesión grupal. su tierra. Las mujeres establecen nuevas relaciones de compañerismo y amistad, a la vez que desarrollan un sentimiento de pertenencia al grupo que se va conformando.

De cara a conseguir este objetivo se pensó inicialmente complementar las sesiones de actividad física con otras actividades paralelas y complementarias como exposiciones y charlas sobre temas relacionados con aspectos de su cultura, de la cultura receptora y el deporte, jornadas deportivas de carácter festivo dirigidas a padres e hijos, proyecciones cine-sport, asistencia a espectáculos deportivos o rutas urbanas por lugares emblemáticos de la ciudad y por las zonas más concretas de sus barrios. Sin embargo, todas estas actividades no se han llevado a cabo por dificultades prácticas. No obstante, consideramos que para sucesivas ediciones del programa serían muy pertinentes.


Para evaluar los resultados del programa se realizó un grupo de discusión entre las asistentes, una entrevista con la monitora y nueve entrevistas con mujeres participantes cuyo análisis se halla en curso de realización. Una primera lectura muestra una altísima aceptación por parte de las participantes. Esperaban las sesiones de actividad física con impaciencia a lo largo de la semana. Se ha avanzado considerablemente en los objetivos de cuidado del cuerpo y de creación de un espacio propio de relaciones. Las mujeres han mejorado su autopercepción corporal, han vinculado dicho cuidado, provisto por la práctica deportiva, con otros hábitos saludables en la alimentación. Sus relaciones sociales se han ampliado con el grupo constituido en torno a la actividad física, las salidas de casa se han multiplicado, su tiempo personal se ha enriquecido con una actividad externa a la casa. Las mujeres han llevado al seno de la familia la actividad física como una aportación propia, en salidas cotidianas al parque o a excursiones, las mujeres inician a los más pequeños proyectando en los juegos ejercicios realizados en las sesiones gimnásticas. Esto ha reforzado y redimensionado el protagonismo de la mujer en el núcleo familiar. De cara al espeso modelo patriarcal que sufren los avances han sido también importantes. No sería exagerar si concluimos añadiendo que la actividad física se ha constituido para estas mujeres como un pequeño instrumento de negociación para conseguir pequeños avances en términos de igualdad. Un instrumento que utilizado en la negociación cotidiana con los varones puede permitir ampliar y conquistar pequeñas libertades. El progreso del análisis del material empírico recogido permitirá próximamente ofrecer otros resultados de este proyecto.
III.- Algunos resultados del proyecto "tras el velo"
Las entrevistas que se han realizado hasta el momento permiten realizar un primer trabajo de aproximación a la temática y, al mismo tiempo, generar una serie de nuevos interrogantes y cuestiones a investigar.
El deporte ha estado presente en la infancia e incluso la adolescencia de estas mujeres. Hablan de sus experiencias con el ejercicio físico cuando eran pequeñas, sobre todo en referencia a las actividades que realizaban espontáneamente con amigas y amigos en sus barrios o pueblos. No mencionan haber participado en algún tipo de deporte organizado más allá de las clases de educación física en la escuela. El casarse y tener hijos ha repercutido en su falta de tiempo para hacer deporte, según explican. De tal manera que, se puede entender que estas mujeres están inmersas en el predominio una cultura somática sedentaria vinculada a los cuidados domésticos (Louveau, 2007).
en seguida me casé, tuve los niños y no he tenido tiempo para dedicar al deporte pero sí, efectivamente he sido una persona muy deportista y me apasiona el deporte. (E2)
El factor económico sería otro de los principales factores que limita la participación de estas mujeres en actividades deportivas. Se comprobaría así que el acceso de las mujeres al deporte está marcado por el lugar que ocupan en la estructura económica. Sumado a su situación económica particular, las mujeres musulmanas que requieren de un espacio segregado para practicar deporte se enfrentan a los elevados costes de los gimnasios femeninos, posiblemente frente a las cuotas más accesibles de los polideportivos o instalaciones municipales. La situación económica no sólo afecta la práctica deportiva de las mujeres, sino que también se han podido apreciar los efectos de la actual crisis sobre la participación de sus hijas e hijos en deportes extraescolares, que sus padres ya no se pueden permitir.
Pero aquí lo que influye principalmente también es el factor económico. Porque cualquier actividad extraescolar es previo pago... (E2)
Las entrevistadas tienen una concepción positiva del deporte y la actividad física y hablan de sus beneficios fundamentalmente en relación al cuerpo y la salud -física y mental-, pero también con respecto a las relaciones sociales. Los atributos de la práctica deportiva vinculados en principio al aspecto físico, como “perder peso”, sentirse “ágil” o “ligera”, “como una mariposa”, se vinculan de forma causal en los discursos de estas mujeres con otros efectos como “sentirse más feliz”, mejorar la autoestima, tener más “ganas de hacer cosas”, sentirse “más joven” y “viva”, “descargar estrés” o contribuir a superar la depresión.
Además que conocer a muchas personas, haces amistades, te beneficias tu cuerpo... (E2)
Pues yo creo que mejoraría con mi depresión que he tenido muchos años. El deporte es bueno para la depresión, para quitar quilos de más que tenemos. Bueno el mover el cuerpo, como dicen “el cuerpo sano, mente sana y mente sana, cuerpo sano”... (E4)
En cuanto al tipo de prácticas que prefieren, las respuestas de las mujeres son variadas. Sin embargo, el tema de la natación se repite en dos entrevistas y se ha comentado también durante las sesiones. Tanto las entrevistadas como algunas de las otras participantes han comentado su deseo de contar con una piscina para mujeres donde poder practicar la natación sin impedimentos.
entonces aquí he encontrado, claro como la religión, pues llevar pañuelo, llevar la ropa tapada, pues, impide ir a las piscinas públicas, y a destaparse, pues me habría encantado tener una piscina para las mujeres que, por ejemplo, hay muchas religiones, por ejemplo, las budistas y judías, las mujeres judías, como nosotras las mujeres, nos encantaría tener una piscina para las mujeres sola... (E4)
El caso de la piscina es uno de los ejemplos que permiten comprobar que, en el caso del Islam, resulta más evidente que la vivencia de los espacios públicos está claramente marcada por el género. Las diferencias en las experiencias que hombres y mujeres musulmanas tiene de los espacios públicos se reflejan a la hora de realizar actividad física en la necesidad de una segregación sexual de los espacios y la vestimenta juega un papel fundamental.
Todas las entrevistadas coinciden en afirmar que el Islam no prohíbe en ningún caso que la mujer realice deporte, lo que sí hace es delimitar las condiciones de la práctica. Estas mujeres entienden que su religión promueve el cuidado personal, de forma que incluso hablan de la responsabilidad de mantener un cuerpo “sano y fuerte”
está permitido que una mujer musulmana pueda hacer cualquier tipo de deporte, siempre y cuando lleve una vestimenta acorde, pero puedes jugar al fútbol, puedes hacer cualquier deporte, porque eso le gusta a Allah, y Allah quiere que nos cuidemos. (E2)
Me encantaría porque nos ha impedido mucho, mucho hacer estas cosas, porque la religión no nos impide la, el deporte, no nos impide disfrutar de la vida, ni de hacer muchas cosas, pero sólo... nos dice la forma cómo tenemos que hacerlas, pero todavía no tenemos esas cosas aquí... (E4)
Las entrevistadas españolas -conversas- elaboran más sobre el tema de las restricciones del Islam con respecto a la vida de la mujer. Según entiende una de ellas, la religión musulmana permite a la mujer trabajar, ayudar a su familia y compaginar ambas dos -vida familiar y laboral-. Explica que, a su parecer, las personas conversas, por haber estudiado el Islam en lugar de haber crecido con esta religión desde la infancia, tienen cierta capacidad de distanciar aquello que prescribe la religión de lo que constituye parte de la cultura árabe, en este caso la dedicación plena de la mujer a las actividades domésticas.
no me tengo que quedar en mi casa encerrada entre las cuatro paredes, no. gracias a Dios, a que Allah nos ha dado la capacidad de poder compaginar nuestro hogar, nuestra familia, nuestro marido, nuestros hijos y poder continuar aprendiendo el Islam y explicándole a la gente lo que es el Islam... (E2)
o sea que el Islam dos o tres cosas son prohibidas pero lo demás está todo permitido, por qué no hacerlo? Por qué no hacerlo? (E2)
En otras dos entrevistas los maridos, y los hombres musulmanes en general, aparecen como sujetos que tienen incidencia sobre las actividades que desarrollan las mujeres magrebíes.
Los maridos. Bueno, primero sí que existe una, una cultura general, aunque puede, existen muchas excepciones porque hay mujeres que van a gimnasios particulares y todo, pero... en general, las mujeres sí que el marido condiciona la actividad de la mujer, es decir, que no cualquier, no cualquier actividad la mujer puede... hacerla con calma y con tranquilidad y tiene que consultar y tiene que ver con el marido y hay muchos maridos con mentalidad, viven aquí pero con la mentalidad de allá... (E1)
Desde la asociación de mujeres se ha querido tratar esta situación con el fin de contribuir a la mejora de las condiciones de vida de las mujeres musulmanas. Una de las primeras iniciativas en esta dirección fue poner a disposición de las mujeres un servicio de psicología:
Pusimos una, un servicio de psicología gratuito porque con el contacto con estas mujeres, pues te encuentras con que hay un gran número de ellas que sufre mucho, con problemas de, con el marido de maltrato, con problemas económicos, con problemas ya de trabajo y.. total, varios problemas, entonces lo primero que pensamos es dar un apoyo psicológico que puede ayudar a la mujer en encontrarse bien, en un estado de ánimo elevado, que le puede ayudar para seguir adelante en la vida... (E1)
El trabajo con los maridos se ha realizado desde los principios de la Asociación de Mujeres Musulmanas de Valencia. La responsable de la Asociación, que entrevistamos, se reunía con los hombres antes de las actividades para comentarlas con ellos y se ha ganado poco a poco su respeto. En la entrevistas, se menciona la confianza que se ha generado a través de este trato y que debe cuidarse especialmente, ya que ha contribuido a propiciar la participación de las mujeres en las actividades. Se percibe así un cambio paulatino en la mentalidad de los maridos, que incluso participan activamente ayudando en algunas de las actividades organizadas. El contexto de la asociación y del Centro Cultural contribuye también a generar un espacio en el que la religión cuenta con una alta legitimación por parte de la colectividad, con lo que muchas de estas mujeres tienen en el Corán y otros textos religiosos importantes herramientas para defenderse frente a las ideas tradicionales de sus maridos.
... algunos sí que han cambiado de opinión, otros están en proceso de cambio... otros siguen con su postura, entonces hay de todo, pero lo que podemos confirmar que sí que hay cambio, y aunque no se nota aún, porque los indicios, indicios del cambio, los principios del cambio no se notan mucho, pero sí que están... se notan y están en proceso, de modo que, hay muchas mujeres que antes no vienen a las actividades, que no podían, ahora sí que vienen, aunque, incluso no solamente actividades aquí, de una tarde, sino van a congresos y duermen fuera de casa y todo esto para nosotras es un gran, gran, gran logro. (E1)
coincidimos con que hemos encontrado también a un grupo de hombres musulmanes que nos han apoyado, que han estado siempre al lado de nosotras, que siempre nos han ayudado, que... y esto es muy importante, la colaboración del hombre.(E1)
Eso es lo que estoy yo haciendo con mi marido. Si habla, empieza a hablar del machismo y de la, del hombre tradicional, pues la mujer así tiene que ser, así tiene. Pues le saco los libros de religión y le digo “aquí tienes la religión, eres musulmán, si lo aceptas bien, si no lo aceptas pues ves buscate a una tradicional como tú, que piense de forma tuya, pero yo no voy a hacer lo que tú me dices, porque mi religión me ha dicho esto”. Bueno, algunos me tratan de rebelde, como pensar de esta forma, pero me gusta es mi forma de pensar. (E4)
Las concepciones más tradicionales que mantienen algunos hombres son condicionantes de la vida de estas mujeres, incluida la práctica deportiva. El deporte de las mujeres es interpretado por estos hombres como una amenaza para las tradiciones, no se tiene en cuenta carácter lúdico y se cuestionan los beneficios de su práctica. La actividad física se convierte en un espacio conflictivo, en el cual tienen lugar constantes procesos de negociación.
Pues él, le ha chocado [su participación en la actividad]. Como tradicional le ha chocado, como “por qué tienes que hacer tanto deporte?”. Bueno, es que me lo pide el cuerpo... me lo pide mi mente, me siento mejor conmigo misma..(E4)
No sé... “te estás modernizando demasiado”. Bueno yo le digo, esto no es modernizar, y le recuerdo, le digo “el profeta ha hecho deporte con su mujer y qué te parece? o no lo ves esa?”. Entonces, algunos, discutimos por, discutimos mucho por estas cosas, muchísimo. Pero al final se acaba, se acaba rindiendo, porque.. (E4)
Para concluir, conviene señalar que una iniciativa como "Tras el velo": Tiene un potencial nada despreciable en términos de población a la cual podría dirigirse la intervención volumen potencial: Según los datos del Padrón Municipal, a finales de 2012, residían en la ciudad de Valencia 2053 mujeres magrebíes, en la Comunidad Valenciana, 38593 y en España 346868. Proyectos como el aquí resumido podrían extender los beneficios aquí reseñados a un buen número de mujeres y avanzar así en la igualdad de derechos y en la lucha contra la exclusión, asímismo potenciaría la tolerancia y apoyaría el cambio social hacia modelos sociales permisivos y abiertos. Solo a través de la igualdad te conviertes en un otro significativo.

Bibliografía
Ahmad, A. (2011) British football: where are the Muslim female footballers? Exploring the connections between gender, ethnicity and Islam. Soccer & Society 12(3): 443-456.
Balandier, G. (2004) Ce qui “disent” le corps et le sport. Corps et culture 6(7).

    1. Batista, N., Albuixech, S. (2002) El Farah se mueve: una experiencia con mujeres magrebíes. Apunts, Educación física y deportes nº 68.

Boukhobza, N. (2000) Mémoire de filles, histories du quartier, un regard ethnografique. Les Cahiers du Cedref 8(9).


Durán, J. (coord.) (2009) Actividad física, deporte e inmigración, el reto de la interculturalidad, Madrid: Dirección General de Deportes, Comunidad de Madrid.
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García Ferrando, M. (2006) Posmodernidad y Deporte: Entre la individualización y la masificación. Encuesta hábitos deportivos de los españoles 2005. Madrid: CIS/Siglo XXI.
Kennett, C. (2006) Deporte e inmigración en España. Barcelona: Centre d'Estudis Olímpics-Universitat Autònoma de Barcelona.
Maza, G. (2002) El deporte y su papel en los mecanismos de reproducción social de la población inmigrada extranjera. Apunts 68: 58-66.
Pfister, G. (2004) Género y multiculturalidad: la apropiación del cuerpo y la práctica deportiva de las jóvenes inmigrantes. In: Lleixá, T y Soler, S. Actividad física y deporte en sociedades multiculturales. ¿Integración o segregación?. Barcelona: ICE-Horsori.
Santos, A., Balibrea, E. et al. (2004) Mujeres en forma contra la exclusión. Valencia: Dirección General de la Mujer, Generalitat Valenciana.
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Tlili, F. (2002) Statut féminin, modèle corporal et pratique sportive en Tunisie. STAPS (5).
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1 Hay que aclarar que no puede encontrarse en el Corán párrafo alguno que prohíba el deporte. Al contrario, los especialistas indican que allí se prescribe un cuidado del cuerpo para conseguir la fortaleza y la vitalidad. Sin embargo, es la influencia religiosa de las corrientes fatalistas islámicas y del misticismo hindú donde hay que buscar la prohibición religiosa del acceso al deporte.




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