Abuso sexual infantil y alteraciones emocionales Introducción



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INFORME FINAL

Juliana Vélez Cortés

Melissa Sánchez Suárez

María Alejandra Gil Castaño


Docente:

Colectivo docente




Universidad de San Buenaventura Colombia

Proyecto de actuación psicológica.

Abuso sexual infantil y alteraciones emocionales

Introducción

El abuso sexual infantil es un fenómeno permeado en gran medida por la indiferencia que se ha presentado a lo largo del tiempo por parte de los adultos de la época. Aproximadamente a partir del siglo XVII los niños eran tratados como adultos pequeños en Latinoamérica, esto se evidencia al realizar un rastreo bibliográfico acerca de la historia de la infancia, donde se recopilan las situaciones por las cuales se vieron obligados a vivenciar los infantes de ese periodo.

Colombia es un lugar en el cual la concepción de niñez ha estado muy marcada por los episodios de violencia en los que se ha visto envuelto. Cuando se dio la guerra civil entre los partidos liberal y conservador, los niños solían ser reclutados para manifestarse en la batalla, independientemente de su edad, y aquí se empiezan a ver involucrados los problemas de división familiar forzosa a causa de las disputas nacionales. Muchos niños quedaron huérfanos, por lo cual se vieron obligados a trabajar y se les inhibía su posibilidad de vivir una infancia sana[Mus17].

Una de las consecuencias de esta época de violencia era la indiferencia de informar sobre otros temas que no estuvieran relacionados con el conflicto, como, por ejemplo, asuntos acerca de la sexualidad. A lo que pudo llevar este desconocimiento es a una vida sexual inusual, por lo cual, se podría pensar que el abuso pasaba de largo, ya que si se daba una agresión quedaba en el círculo familiar generando que las víctimas no tuvieran acceso al diálogo.

Aunque este desconocimiento, se supone, está quedando en el pasado, algunas ideas de ello prevalecen en las personas del común. Un ejemplo sería la trascendencia de las ideologías en las familias conservadoras, donde los padres y/o abuelos pasan sus creencias a los hijos. Esta es una posible razón por la cual, en la actualidad se puede observar que aún hay personas con un pensamiento extremista que ocultan el abuso sí se da en un entorno familiar.

Regularmente, cuando el abuso sexual se presenta en el ámbito del hogar existe una tendencia a negar el episodio, que produce un silencio y complicidad por parte de la familia; y como resultado se da una naturalización del acto, por ende, no se encuentra un registro formal de la situación (Franco & Ramírez , 2016).

Otras autoras que nos permiten reforzar lo argumentado anteriormente son Cecilia Moltedo y Mayra Miranda citadas por el Ministerio de Justicia (2004), que explican la existencia de una fase represiva, en la cual, la victima y su familia se rehusan a aceptar lo ocurrido, es decir, “hacer como que nada ha pasado” para retomar la estabilidad.

Contenido

Para facilitar la comprensión del tema a exponer se definirán dos conceptos fundamentales: abuso sexual infantil y alteraciones emocionales, respectivamente. Es importante tener claridad sobre los términos que se utilizaran a lo largo de este informe, ya que, el significado de estos varía según los puntos de vista propios.

El abuso sexual infantil es una acción en la cual se involucra a un menor en una actividad sexual que él o ella no comprende completamente, para la que no tiene capacidad de libre consentimiento o su desarrollo evolutivo (biológico, psicológico y social) no está preparado o también que viola las normas o preceptos sociales. Los menores pueden ser abusados sexualmente tanto por adultos como por otros menores que tienen- en virtud de su edad o estado de desarrollo- una posición de responsabilidad, confianza o poder sobre la víctima, con el fin de gratificar o satisfacer a la otra persona (o a un tercero) (World Health Organization , 2003, p. 75).

En otras palabras, el abuso sexual es un tipo de maltrato infantil que se le ocasiona a un menor, donde el agresor es quien ejerce un control sobre la víctima, para lograr satisfacer sus deseos. La edad del victimario puede variar (mayor o menor de edad) y aun así se considera un abuso.

Por lo regular, se toman en cuenta tres factores a la hora de dimensionar un caso de abuso, los cuales son: coerción, seducción y asimetría de edad. La coerción hace referencia al empleo de fuerza física, presión psicológica o engaño, que el agresor ejerce sobre el menor. La seducción, está determinada como el modo de ganar la confianza del niño por medio de halagos, caricias, y regalos. Y, por último, la asimetría de edad, ya que impide la toma de decisión libre por parte del menor debido a su madurez biológica y las experiencias previas.[Lagsf].

Es necesario aclarar que existe la posibilidad de no presentar efectos después de un abuso, esto depende de los mecanismos de afrontamiento que haya desarrollado el niño a lo largo de su vida. Sí se presentan secuelas, hay dos direcciones: a corto plazo, que refiere a las consecuencias inmediatas después del acto; y a largo plazo, son las que surgen dos años después.



El proyecto que se está desarrollando se enfoca en el ciclo vital de la niñez, específicamente en niños que cursan básica primaria cuyas edades oscilan entre 7 y 12 años. Según las estadísticas del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses realizadas en el año 2009 se puede apreciar que los menores de este grado escolar son quienes tienen una tasa más alta en casos de abuso sexual reportados, por esta razón se eligió el rango de edad estipulado [Ace09].

Tabla 1. Casos valorados por presunto delito sexual según nivel de escolaridad y sexo. Colombia.

Fuente: (Acero Álvarez,2009).

Retomando la discusión sobre los conceptos principales, proseguiremos con la explicación acerca de las alteraciones emocionales tomando la perspectiva de Rachman, autor citado por Hervás (2011) quien plantea que “el procesamiento emocional es el proceso por el cual las alteraciones emocionales van declinando hasta que se absorben de forma que otros comportamientos y experiencias puedan aparecer sin interferencias” (p.351). Es decir, existe un procesamiento emocional que permite filtrar los efectos de las emociones, por ende, cuando se presenta un evento estimulante, este proceso regula las respuestas ante esta experiencia; lo cual explica que cuando existe una experiencia estresora, persistente o intensa puede producir alteraciones emocionales negativas, ya que el procesamiento emocional no logra seleccionar las reacciones de una forma adecuada.

Para explicar las consecuencuencias emocionales de un niño que presentó o presenta un abuso sexual, es necesario conocer el desarrollo emocional típico de este ciclo. Según Pedro Gallardo Vázquez (2006-2007, p.154) “el desarrollo de las emociones en la educación primaria se caracteriza, en general, por una relativa serenidad, tras la tendencia al cansancio, la labilidad, los miedos y el descontento, propios de la educación infantil”.

Esto nos permite entender la inestabilidad emocional del infante debido al proceso adaptativo que implica ingresar a la escuela; vinculado con la situación problema, la ansiedad inicial por la transición a la institución educativa se refuerza con los conflictos que genera el abuso sexual, produciendo una variación negativa en el desarrollo típico de sus emociones (que será retomado más adelante).

Habitualmente, los referentes son las personas con las cuales los niños logran encontrar consuelo, no obstante, a medida que los menores crecen e interactúen en el medio escolar, encuentran nuevas fuentes de confianza que por lo general se sitúan en sus pares [Ped07].

El niño encuentra confianza en sus referentes, debido a la conexión que genera con éstos, este planteamiento se explica mejor en el texto “Relaciones afectivas tempranas” de Sonia Carrillo, en donde se expone que aquellos procesos que ocurren durante los primeros años de vida influyen de manera significativa en otros procesos posteriores en el desarrollo del individuo, esto se debe a que las relaciones afectivas tempranas van a determinar la adaptación y el desarrollo social. Esta premisa está justificada por la teoría del apego, la cual explica que la manera como el cuidador perciba y responda a las necesidades del niño y de las cualidades de su interacción cotidiana, el niño aprenderá un modelo de relaciones que está compuesto de representaciones sobre sí mismo, sobre los otros y sobre las relaciones sociales. Estas representaciones le permitirán al niño evaluar el comportamiento del cuidador en futuras situaciones y guiarán las expectativas del niño en interacciones futuras con otros [Son08]. Dicho de otro modo, el impacto que generen las relaciones afectivas en la infancia se verá reflejado, de forma positiva o negativa, en las interacciones sociales en el futuro, y su adaptación ideal en los entornos que se desenvuelva.

Otro modelo teórico que permite sustentar nuestra pregunta problematizadora es el proceso de socialización que plantean Berger y Luckmann (1966), ya que en la socialización primaria se puntualiza que al menor le llega el mundo mediatizado por sus referentes o cuidadores denominados “significantes”, por ende, sí el agresor hace parte de sus referentes en el mundo que el niño percibe, probablemente se verá naturalizado el evento, incluso, el impacto será de mayor intensidad en esta socialización ya que se tiene una adhesión emocional muy fuerte con los significantes. Existe la posibilidad de que se genere un choque de creencias a la hora de llegar a la socialización secundaria debido a que en esta se asumen nuevos roles y se integra el niño en submundos donde encuentra nuevos significantes que carecen de una intensa carga emocional. Esto sucedería porque el niño descubre que su realidad subjetiva no es considerada adecuada y sus creencias podrían cambiar.

Conclusiones

El rol del psicólogo es intervenir para que el proceso de asimilación sea adecuado, para evitar las secuelas y que el niño logre aprovechar los recursos que posee. Es importante que el profesional esté capacitado en el área, debido a la magnitud de variables que implican la resolución de esta eventualidad[Rod03].

Retomando las consecuencias emocionales negativas y gracias a la lectura de diversos artículos sobre la temática, se encontraron hallazgos generales como en las investigaciones de Noemí Pereda Beltrán [Noe09], Maite Garaigordobil y Carmen Maganto [Gar13] donde reúnen las siguientes secuelas: problemas internalizantes como sintomatología postraumática, ansiedad y depresión, baja autoestima, sentimiento de culpa y estigmatización y conducta suicida. Y, problemas externalizantes como de atención e hiperactividad, conducta perturbadora, rendimiento académico y conducta violenta.

Al realizar un análisis multidimensional generalizado del tema se debe tomar en cuenta cinco dimensiones: biológica, social, conductual, cognitiva y el ciclo vital. Aunque, nos basaremos únicamente en tres.

En el campo de lo social pueden integrarse las influencias culturales del entorno, el cual retoma el discurso popular que es basado generalmente en considerar que la víctima es la culpable, esto sucede en mayor medida con el género femenino ya que son vistas como el sexo más vulnerable. Y, cuando esto le sucede al género masculino suelen avergonzarlos haciéndoles pensar que fueron o son débiles [Org11].

En el ámbito conductual pueden evidenciarse comportamientos atípicos después o durante el abuso sexual que afectan el proceso normal del niño, “en general, las niñas tienden a presentar reacciones ansioso-depresivas; los niños, fracaso escolar y dificultades inespecíficas de socialización, así como comportamientos sexuales agresivos” (Echeburúa & de Corral, 2006, p. 78).

Por último, está la dimensión cognitiva, en la cual se integra la emoción, que transversaliza los demás procesos psicológicos. Según la carga emocional que se le asigne a la experiencia inusual, será el impacto en el desarrollo normal del individuo. Así como afirman Echeburúa & De Corral, (2006) “El alcance del impacto psicológico va a depender del grado de culpabilización del niño por parte de los padres, así como de las estrategias de afrontamiento de que disponga la víctima” (p.78).

En conclusión, el abuso sexual tiene una historia que va a determinar como la cultura concibe el tema, en donde, la edad es una variable que permite aclarar el impacto que puede lograr el evento, y que tipo de consecuencias puede llegar a dejar en el niño dependiendo de sus mecanismos de afrontamiento. Es necesario comprender el desarrollo normal del niño en las esferas cognitiva, social y emocional, para identificar con mayor facilidad conductas en el niño que impliquen un posible abuso sexual.

La psicología tiene mucho que aportar en este tema, ya que es considerado uno de los factores más importantes para intervenir en un caso de abuso. Por ende, es posible que en un futuro se encuentre la posibilidad de profundizar en el tema de la intervención psicológica.

Limitaciones y aportes

En primer lugar, no poseemos la idoneidad profesional para realizar una investigación, y, en el ámbito legal no es permitido intervenir en temas delicados donde se involucre un menor. Por otro lado, por cuestiones contextuales-culturales, Colombia es una nación con muchos tabúes, donde el pensamiento aún es conservador e idealista, en el sentido que creen que nunca les va a pasar. Además, es complejo encontrar familias dispuestas a recibir ayuda psicológica y aportar en la recolección de datos para tratar el caso. También, los profesionales que hacen parte de organismos donde los niños están involucrados, no están preparados teórica y prácticamente para identificar e intervenir en los casos de abuso sexual infantil.

Investigar este tema permite crear conciencia en las personas sobre la incidencia que el abuso tiene en el país, y derrumbar esos mitos que impiden reconocer que es una problemática social que puede afectar cualquier contexto, sin importar el género, la edad, el estrato social, grupo étnico, creencias, entre otros.

Aportes del tema a la psicología como ciencia

La investigación da paso a la exploración de los patrones de familia o concepción de referentes que han surgido en la actualidad y como el abuso se da en estos, teniendo en cuenta las tradiciones culturales, creencias religiosas y las normas sociales, como, por ejemplo: familias disfuncionales, familias monoparentales, familias homosexuales, presencia de los padres en establecimientos penitenciarios, el niño o padres con enfermedades crónicas o terminales, familia y/o persona en situación de calle, entre otros.

Se espera que el investigador se acople a las diversas situaciones culturales, ya que debe respetar las normas implícitas del contexto, de igual modo, debe cooperar y comunicarse con las demás disciplinas que intervengan en el caso, debido a los múltiples enfoques que existen para abordar las posibles respuestas que se puedan presentar tanto en el individuo como en la familia y los demás círculos sociales.

Para finalizar, se espera concientizar a la sociedad acerca de las implicaciones que conlleva un abuso sexual infantil, ya que, no es una investigación para el conocimiento individual si no, que se cree necesaria para la difusión colectiva de las comunidades. De esta forma, se podría llegar a disminuir el número de casos o los efectos que se pueden presentar después de este evento.



Referencias


Mus17: , (Museo Universidad De Antioquia, 2017),

Lagsf: , (Lago Barney & Céspedes Londoño, s.f),

Ace09: , (Acero Álvarez, 2009),

Ped07: , (Vázquez, 2006-2007),

Son08: , (Ávila, 2008),

Rod03: , (Rodríguez Cely, 2003),

Noe09: , (2009),

Gar13: , (2013),



Org11: , (Organización de las Naciones Unidas, 2011),





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