A survey of buddhism: sexta edición



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Hay otro ejemplo de este tipo de confusión entre la metafísica y la metodología que, aunque no conecta directamente con las Cuatro Verdades, es lo suficientemente serio para dedicarle brevemente nuestra atención. Este no se trata del dolor y del placer sino de la fealdad y la belleza. En el budismo hay numerosos ejercicios de meditación en que el discípulo aparta su atención de lo atractivo en el cuerpo humano para concentrarla en sus aspectos y funciones repulsivas. Estos ejercicios, obviamente, no conciernen a ninguna doctrina, son simplemente un método perfectamente válido para reducir, y finalmente erradicar, los deseos sensuales. Aun así, ciertos hinayanistas, incluyendo muchos theravadines modernos, al no ser capaces de distinguir entre lo que pertenece a la metodología y lo que pertenece a la metafísica, persisten en sacar de este ejercicio la extraña conclusión de que lo feo es real y lo bello irreal. Las escrituras en pali contienen un cierto número de textos que muestran al Buda mismo apreciando la belleza de la naturaleza y la del arte. Si esto no bastara, la distinción que he hecho, entre lo que pertenece a la Doctrina y lo que pertenece al Método, sería suficiente para demostrar lo erróneo de dicha opinión.
He indicado la función estrictamente metodológica del contenido de las Cuatro Verdades Nobles y, así, he definido los límites de ese contenido en lo que concierne a lo metafísico (el marco de la doctrina sólo es ilimitado). Ahora, una vez prevenida la posibilidad de la interpretación errónea, debemos considerar la explicación de cada una de las Cuatro Verdades. Por varias razones, serán explicaciones breves. En primer lugar, el marco doctrinal de las Verdades es simplemente la fórmula general de la condicionalidad descrita en las secciones XII, XIII y XIV. En segundo lugar, su contenido específico, como hemos visto, pertenece estrictamente al Método y por lo tanto no requiere mucho comentario. Finalmente, la mayoría de los libros escritos sobre el budismo contienen una descripción de esta enseñanza, ya sea de unas cuantas líneas o la totalidad de un capítulo. El lector, no obstante, deberá tratar estas obras con precaución ya que ninguna de ellas hace claramente la distinción entre la Doctrina y el Método y tienden a presentar las Cuatro Verdades Nobles, explícita o implícitamente, como puntos de vista metafísicos en vez de metodológicos. Esas obras han de leerse pues con consciencia plena de sus límites para evitar interpretaciones erróneas graves. Para la enseñanza de las Cuatro Verdades Nobles, el texto más frecuentemente citado es el Dhammacakkappavatana, o el Primer Discurso del Buda en Sarnath, donde el principio general de la condicionalidad, que constituye la expresión conceptual de su Iluminación, recibió por primera vez la aplicación metodológica para un contenido específico y apropiado para el temperamento de los discípulos. Citaré solamente la primera parte del discurso.
-Esto fue oído por mi: en cierta ocasión el Señor moró en Benares, en Isipatana, en el Parque de las Gacelas. Allí el Señor, dirigiendo la palabra a los cinco monjes, dijo:

“Estos dos extremos, monjes, no han de ser practicados por aquel que ha dejado el hogar y renunciado al mundo. ¿Cuales son estos dos? Lo que va unido a las pasiones, a los excesos, lo bajo, lo vulgar, lo común, lo innoble y lo inútil; y lo que va unido a la automortificación, lo doloroso, lo innoble, lo inútil. Evitando estos dos extremos el Tathagata ha logrado la iluminación por el Camino Medio, el cual produce la visión clara y el conocimiento, y tiende a la calma, al conocimiento superior, la iluminación, el Nirvana. Monjes, ¿Cuál es el Camino Medio por el cual el Tathagata ha logrado la iluminación, el cual produce la visión clara y el conocimiento, y tiende a la calma, al conocimiento superior, la iluminación, el Nirvana? Es el Camino Óctuple Noble, a saber, la opinión correcta, la intención correcta, el habla correcta, la acción correcta, la subsistencia correcta, el esfuerzo correcto, la atención correcta y la concentración correcta. Este es, monjes, el Camino Medio, por el cual el Tathagata ha logrado la iluminación, el cual produce la visión clara y el conocimiento, y tiende a la calma, al conocimiento superior, la iluminación, el Nirvana.

(1)Monjes, ésta es la verdad noble del sufrimiento: el nacimiento es doloroso, la vejez es dolorosa, las enfermedades son dolorosas, la muerte es dolorosa, la aflicción, el lamento, el abatimiento y la desesperación son todos dolorosos. En resumen, los cinco agregados (khandhas) son dolorosos. (2)Monjes, ésta es la verdad noble de la causa del sufrimiento: el deseo, el cual tiende a la reencarnación, combinado con los placeres y la lujuria, encontrando placer en esto y aquello, a saber, el deseo de pasiones, el deseo de existencia, el deseo de la no existencia.

(3)Monjes, ésta es la verdad noble de la cesación del sufrimiento: es la cesación sin residuo del deseo, el abandono, la liberación, la ausencia del apego.

(4)Monjes, ésta es la verdad noble del camino que lleva a la cesación del sufrimiento: es el Camino Óctuple Noble, a saber, la opinión correcta, la intención correcta, el habla correcta, la acción correcta, la subsistencia correcta, el esfuerzo correcto, la atención correcta y la concentración correcta.” (Samyutta-Nikaya, V. 420)
(1)Siendo el dolor una sensación, y por consiguiente algo indefinible, no nos sorprenderá observar que el contenido del texto sobre la Primera Verdad sea, más que una definición, simplemente una enumeración de algunas de las ocasiones, formas y expresiones del sufrimiento. No son, pues, requeridas muchas explicaciones. Al encontrarnos en el reino del Método no nos interesan la aclaración y la comprensión de los conceptos, sino la concentración de la mente en ciertos aspectos de la existencia que han sido seleccionados. El refinamiento del análisis teórico puede convertirse algunas veces en un medio de evitar los hechos en vez de entenderlos, sobre todo si se trata de hechos desagradables. Por lo tanto el Buda, debido a su sabiduría, explica la Primera Verdad Noble extendiendo simplemente su descripción de los distintos tipos de sufrimiento y sus fases.
“-¿Qué es, pues, el Nacimiento? Es el nacimiento de seres pertenecientes a este o aquel orden, el hecho de su nacimiento, su concepción y su aparición en la existencia, la manifestación de los Agregados (khandas), el surgimiento de la actividad sensorial: a esto se le llama nacimiento.

Y ¿Qué es la senectud? La senectud de los seres pertenecientes a este o aquel orden, el hecho de su envejecimiento, de su debilidad, del pelo canoso, de las arrugas; la falta de su energía vital, el desgaste de los sentidos: a esto se le llama senectud.

Y ¿Qué es la muerte? El partir y el desvanecimiento de los seres de este o aquel orden, su destrucción, desaparición, muerte, la conclusión del período de su vida, la disolución de los Agregados de la Existencia, el desechar el cuerpo: a esto se le llama muerte.

Y ¿Qué es el desconsuelo? Es el desconsuelo que surge con esta o aquella pérdida o por el infortunio que a uno le sucede, la preocupación, el estado de inquietud, el desconsuelo interior, la aflicción interior: a esto se le llama desconsuelo.

Y ¿Qué es el lamento? Lo que acaece a uno por esta o aquella pérdida o infortunio, son los lloros y los lamentos, llorando y lamentando el estado de aflicción: a esto se llama el lamento.

Y ¿Qué es el dolor? Es el dolor del cuerpo y lo desagradable, lo doloroso y lo desagradable producido por las sensaciones físicas: a esto se le llama dolor.

Y ¿Qué es la pena? Es el dolor mental lo desagradable a la mente, los sentimientos dolorosos y desagradables producidos por las impresiones mentales: a esto se le llama pena.

Y ¿Qué es la desesperación? La angustia y la desesperación que surgen por esta o aquella pérdida o infortunio que le sucede a uno, la angustia y la ausencia de esperanza: a esto se llama desesperación.

Y ¿Qué es el sufrimiento de no conseguir lo que uno desea? A seres sometidos al nacimiento se les ocurre este deseo: ¡Que no estemos sometidos al nacimiento! ¡Que no se nos presenten más nacimientos! Sometidos a la senectud, las enfermedades, la muerte, el desconsuelo, el lamento, el dolor, la pena y la desesperación, se les ocurre este deseo: ¡Que no estemos sometidos a todas estas cosas! ¡Que no se nos presenten estas cosas! Pero eso no se consigue simplemente con desearlo; y no conseguir lo que uno desea es sufrimiento.

Y ¿Cuales son, brevemente, los Cinco Agregados de la Existencia? Son la corporalidad, las sensaciones, las percepciones, las formaciones (mentales) y la consciencia” (Digha-Nikaya, XXII. Traducción de Nyanatiloka)


Parece ser que el Buda quería que creáramos una imagen mental, o, mejor dicho, una serie de imágenes, de los males que acarrea la existencia, en vez de dar rienda suelta a las especulaciones abstractas sobre ellos. En otras ocasiones El habló del dolor ocasionado por la separación de aquello que estimamos, lo agradable, lo amado, lo precioso, así como el ocasionado por la unión con lo que no nos gusta, lo desagradable, lo odioso, lo repulsivo. La lista de sufrimientos podría extenderse indefinidamente, ya que las cosas placenteras de la vida, al ser efímeras, son potencialmente motivos de dolor.
“Cuando estés alegre, mira a la profundidad de tu corazón y verás que lo que te da la alegría es sólo aquello que te dio pesar. Cuando estés pesaroso, mira de nuevo a tu corazón y verás que en realidad estas llorando por aquello que ha sido tu deleite”. (El Profeta. K.Gibran)
“Metafísicamente” hablando, el placer y el dolor son inseparables. Como dice además el poeta que acabo de citar, “Cuando uno está sentado a la mesa contigo, el otro duerme en tu cama”. Sin embargo, en el plano del Método, hemos de tener presente el segundo aforismo, en vez del primero, y aprender a concentrarnos y meditar sobre el hecho según el cual las punzadas de la aflicción se conmensuran con la intensidad del deleite de nuestra posesión. Sólo aquel que esté excepcionalmente enamorado de la vida verá que es aún más dulce debido a lo transitoria que es, y que la muerte le da a la alegría un sentido más agudo; sólo aquel podrá cantar con Tagore:
“Nos apresuramos a recoger nuestras flores, no vayan a ser llevadas por los vientos pasajeros. Arrebatar los besos que se desvanecen si nos demoramos, nos acelera la sangre y nos ilumina los ojos. La vida es un apremio, nuestros deseos son intensos, ya que el tiempo constantemente toca las campanadas de la despedida. Hermano, ten esto siempre presente y regocíjate”.
El hedonismo refinado de estas líneas queda muy lejos del ascetismo sano y vigoroso del budismo. Este en vez de utilizar lo transitorio del placer como incentivo para precipitarnos hacia aun más placer, lo transforma en el medio de desviar las energías del discípulo, de forma que dejen el afán innoble por los placeres efímeros por la búsqueda noble (ariyapariyesana) del Nirvana; ese éxtasis que transciende lo temporal y que comparado con satisfacciones inferiores es como el sol comparado a las sombras. Es por esta razón estrictamente metodológica que el Buda, sin negar que los placeres mundanos son deliciosos dentro de sus limitaciones, insta a sus discípulos a que consideren que toda la existencia fenoménica, incluyendo tanto sus esferas superiores como las inferiores, o es en simplemente dolorosa o lo es en potencia. La mayoría de las declaraciones de la Primera Verdad concluyen con la concisa frase: “En resumen, los cinco khandas son dolorosos”.

El discípulo es exhortado a aumentar su consciencia de lo doloroso en la existencia por la formación de una imagen mental del sufrimiento, pero no sólo simplemente el de una vida humana sino el de la totalidad del proceso del Samsara. Nyanatiloka explica esto así:


El Samsara es la secuencia ininterrumpida de la combinación quíntuple de los khandas que, constantemente cambiando, sigue por períodos inconcebibles de tiempo. El tiempo de una vida constituye sólo una fracción del Samsara pequeñísima. Por consiguiente, para ser capaz de comprender la Primera Verdad Noble uno debe contemplar el Samsara con su pavorosa secuencia de reencarnaciones y no simplemente el período correspondiente a una vida que, por supuesto, en ciertos casos no será muy dolorosa. (The Word of the Buddha. V. Nyanatiloka)
El ejemplo de este tipo de reflexión, o formación de imagen mental, que doy a continuación, indica con suficiente claridad la naturaleza y el propósito de la práctica:
“-¿Cuáles creéis que son más abundantes las lágrimas que llorando y gimiendo habéis derramado durante todo este largo camino—corriendo y apresurándoos por el ciclo de las reencarnaciones, unidos a lo no deseado, separados de lo deseado—esto, o las aguas de los cuatro océanos?

Por mucho tiempo habéis padecido por la muerte del padre, de la madre, de los hijos, de las hijas, de los hermanos y de las hermanas. Y mientras que sufríais habéis, en verdad, derramado más lágrimas en este largo camino que aguas hay en los cuatro océanos”. (Samyutta-Nikaya, XV. 3)


“-¿Cuáles creéis que son más abundantes, los torrentes de sangre que al haber sido decapitados han corrido durante todo este largo camino, o las aguas de los cuatro océanos?

Por mucho tiempo fuisteis capturados por ladrones, bandoleros, o adúlteros, y al ser decapitados, en verdad, más sangre ha corrido durante este largo camino que aguas hay en los cuatro océanos.

¿Pero cómo puede ser eso? El principio del Samsara es inconcebible, no se descubre en él a los primeros seres que, obstruidos por la ignorancia y atrapados por el deseo, corran y se apresuren por este ciclo de reencarnaciones. “ (Samyutta-Nikaya, XV. 13)
“-Así habéis estado sometidos al sufrimiento por mucho tiempo, sometidos al tormento, sometidos al infortunio y habéis llenado los cementerios; en verdad, por tiempo suficiente para que estéis insatisfechos con todas las formas de la existencia, por tiempo suficiente para rechazarlas y liberaos de ellas”. (Samyutta-Nikaya XV. 1)
(2)La Segunda Verdad Noble, la Verdad del Origen del Sufrimiento, es trsna o la apetencia. Puesto que ha sido ya estudiada como el octavo nidana de la Pratitya Samutpada, no es necesario que se la estudie de nuevo en esta sección. Además la fórmula descriptiva característica es idéntica en ambos contextos.
(3)Pasamos, pues, a la Tercera Verdad Noble, la Verdad de la Cesación del Sufrimiento, la cual se deduce de la Primera Verdad por medio del proceso que los lógicos occidentales llaman la inferencia inmediata. Si no hay apetencia no hay sufrimiento. La cesación del deseo es la cesación del dolor. En efecto, para aquel que ha conquistado el deseo no sólo cesa el dolor sino que también cesa la existencia fenoménica. Por consiguiente, la Tercera Verdad corresponde al aspecto del Nirvana puramente negativo y transcendental. Como ya se vio en la sección IX, el Nirvana no es un estado de aniquilación absoluta. Ni los sinónimos afirmativos de la Meta ni los negativos son definiciones. Ambos son descripciones o indicaciones simbólicas de Aquello que es inefable y por lo tanto no han de ser interpretadas literalmente. El Nirvana puede ser descrito, con propósitos espirituales prácticos, como la cesación de la avaricia, el odio y la ignorancia, pero la descripción no ha de ser tomada por la definición. Aunque la cesación de dichos estados insanos de la mente sea la condición previa para el logro del Nirvana, sería un error pensar que el Nirvana es en sí meramente la cesación de lo fenoménico. Por eso en la sección mencionada insistí cuidadosamente en dos cosas. Primero, en el carácter positivo de la Meta vista desde el punto de vista espiritual, en contraposición al conceptual. Segundo, en la importancia de las indicaciones positivas como el término Sambodhi, que si bien son menos frecuentes que las negativas, no están completamente ausentes en los testimonios escritos de la Enseñanza más antiguos.

Hemos visto que la Primera Verdad se refiere solamente a un aspecto de la existencia fenoménica, de igual modo, la Tercera Verdad trata solamente de un aspecto de la vida espiritual. De nuevo se ha de tener presentes los límites metodológicos para no incurrir en errores en lo doctrinal. Habiendo propuesto la apetencia como causa del sufrimiento, la naturaleza general de la fórmula que constituye el marco doctrinal de las Cuatro Verdades requiere que la cesación del sufrimiento dependa de la del deseo. El lado positivo de la vida espiritual no ha sido mencionado. Sin distinguir claramente entre lo que pertenece al Método y lo que pertenece a la Doctrina, la Tercera Verdad sería el objeto de tantas interpretaciones erróneas como la Primera. En un ensayo que ya se ha mencionado en esta obra escribí los párrafos siguientes:


“Es fácil...cometer el error de pensar que el budismo se interesa solamente en la eliminación del sufrimiento, y éste es, además, un error que ciertos budistas cometen frecuentemente. El dolor que es acarreado por la existencia del cuerpo es un síntoma de la mala salud física. De igual modo, el dolor de la existencia en general, y que incluye muchas formas, es una señal de que hay algo radicalmente malo en la vida. En ambos casos nos vemos confrontados no solamente con la simple tarea de aliviar el dolor, sino también con la de restablecer el equilibrio en las condiciones somáticas y psicológicas que son la causa. Tarea infinitamente más difícil y compleja es esta última, pero necesaria para que el paciente se vea espiritualmente sano y robusto.

El sufrimiento no es importante por si mismo, sino solamente porque indica que no vivimos como debemos vivir. El budismo no fomenta la obsesión morbosa con el sufrimiento como si este fuera todo lo que hubiese, y pudiese haber, en la vida. No es realmente el sufrimiento lo que debemos de erradicar sino la imperfección que nos señala. Mientras que erradicamos la imperfección y obtenemos la perfección, tendremos que aceptar, por paradójico que nos parezca, la experiencia del sufrimiento, ya que es indispensable para lograr nuestro objetivo. Es verdad que la experiencia del dolor nos hace tomar el Camino, así como lo es también que cuando lleguemos a la meta no habrá más sufrimiento. Pero si pensamos que seguir el Camino no consiste en otra cosa que en evitar escrupulosamente las experiencias dolorosas, estaremos en un error gravísimo y nos precipitaremos al camino del egoísmo espiritual que es tan sumamente diabólico que da miedo tan sólo contemplar la idea de ello.



La esencia del budismo no consiste en la erradicación del sufrimiento, que es sólo incidental y negativo, sino en el logro de la perfección, que es positiva y fundamental. El Bodhisattva no teme al sufrimiento. Al contrario, él lo acepta jovialmente si piensa que le ayudará a lograr su gran meta, la Iluminación por todos los seres vivos. El místico cristiano seguiría amando a Dios aun si le arrojara al Infierno, ya que ama a Dios por el hecho de amarle y no por recompensas, o por obtener la felicidad (si bien él no será infeliz ya que el amor es la felicidad). Sólo el individualista espiritual, el típico hinayanista de la tradición budista, “ama” a Dios para escapar de los dolores del Infierno. No hemos de tratar de obtener lo Divino para el propio provecho, ni aun para el de los demás, hemos de tratar de obtenerlo por lo irresistible que es en sí”.
Hemos visto en la sección anterior que la Pratitya Samutpada es una realidad que incluye todo y en la que el Nirvana tiene su lugar. Aún así, y a riesgo de parecer repetitivo, hay algo que he de señalar en conexión con la Tercera Verdad Noble, la de la Cesación del Sufrimiento. Esto es que el logro del Nirvana, como cualquier otro fenómeno de la vida espiritual, no depende de la casualidad o del destino, aun mucho menos de la gracia divina o el favor arbitrario de una divinidad antropomórfica. El logro del Nirvana depende de ciertas condiciones. Estas condiciones han sido establecidas por el Ojo Divino del Buda con el mismo tipo de precisión que el científico atómico calcula las condiciones materiales necesarias para ocasionar la liberación de la energía atómica. No obstante, esta analogía no ha de ser llevada a extremos; la vida espiritual no es un proceso mecánico, tampoco surge el logro espiritual al apretar algún botón yógico. Hablar del logro espiritual en términos de condiciones definitivas, o insistir que estas condiciones dependen de la voluntad del discípulo, es conveniente tan sólo en las fases del Camino ético-meditativas y preliminares. Si esta forma de expresarse, que es individualista y mecanicista, se interpretase literalmente, la confianza en si mismo se convertiría en autosuficiencia y el discípulo, al entrar en la fase gnóstica suprema de su carrera, se vería amenazado por dificultades y peligros mayormente creados por él mismo. En los reinos más sublimes de la experiencia espiritual el sentido de ego se atenúa tanto, se hace tan transparente, fino y luminoso que los términos “ser propio” y “otro ser” pierden su significado ordinario. Entonces es tan difícil hablar de la vida espiritual en términos de la dependencia en el propio esfuerzo como lo es en términos de la dependencia en la gracia divina, de hecho, a veces es más difícil lo primero. Por esta razón, la secta japonesa llamada Shin no duda en abandonar completamente la terminología de la dependencia en el esfuerzo propio y en hablar sólo en términos de la dependencia en el Voto Original de Amitabha, el Buda de la Luz Infinita. Incluso esta formulación puede incluirse en el marco general de la condicionalidad y en esa medida está, por lo tanto, en acuerdo con la tradición.

Hablando en términos generales se puede decir que la Tercera Verdad declara que la vida espiritual, como cualquier otro fenómeno, depende de condiciones. De forma más específica, señala que la cesación del sufrimiento depende de la cesación del deseo. Pero, como ya he explicado en esta sección, la formulación negativa de las Cuatro Verdades no imposibilita a las positivas. No hay, a priori, ninguna razón por la que el factor llamado el Voto Original, o la Gracia, de Amitabha, no sea una condición tan válida para la cesación del sufrimiento como lo es la extinción del deseo.


(4) La Cuarta Verdad Noble es la Verdad del Camino que lleva a la Cesación del Sufrimiento. Por las observaciones que he hecho, así como por el carácter general de las ocho fases de que se compone la Cuarta Verdad, resultará obvio que ésta trata de mucho más que de la cesación del sufrimiento. Fundamentalmente, lo que nos interesa no es un proceso meramente negativo sino el logro positivo del Sambodhi.

Las ocho fases del Camino son: samyakdrsti (samma-ditthi, en pali), o la opinión correcta en el sentido de comprensión correcta de la doctrina, esta fase se considera de gran importancia preliminar; samyak-samkalpa (samma-sankappa), la aspiración o la resolución correcta; samyak-vaca (samma-vaca),el habla correcta; samyak-karmanta (samma-kammanta), la acción correcta; samyak-ajiva (samma-ajiva), los medios de subsistencia correctos; samyak-vyayama (samma-vayama), el esfuerzo correcto; samyak-smrti (samma-sati), la atención correcta; samyak-samadhi (samma-samadhi), la concentración correcta de la mente. Para el Hinayana estas ocho fases comprenden el esquema completo del entrenamiento espiritual budista. El Mahayana, sin embargo, sin desatender el Camino en sus ocho fases, generalmente prefiere expresarse en términos de las seis o diez paramitas. En el Capítulo IV veremos que ambas formulaciones son desarrollos de la tríada básica, sila, samadhi y prajna, que en los testimonios más antiguos de la Enseñanza ocupan una posición de grandísima importancia. Tras concluir esta sección con una descripción breve del Camino óctuple emprenderé en la sección siguiente,un estudio sistemático de la Cuarta Verdad Noble con respecto a la Moralidad, la Meditación y la Sabiduría.




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