6- las características actuales de la escuela lasallista Hno. Pedro Chico González



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6- Las características actuales de la escuela lasallista

Hno. Pedro Chico González


¿Qué objetivos nos proponemos?


  • Reconocer a San Juan Bautista De La Salle como educador comprometido, previsor, minucioso y creativo, que quiso una escuela eficaz y provechosa




  • Identificar los elementos educativos propios de la escuela lasallista y asumir su validez creativa para la sociedad de hoy




  • Constatar la pervivencia de determinados valores lasallistas para las escuela de hoy




  • Estimular la reflexión y actualización de los educadores en torno a los elementos propios de la escuela lasallista




  • Suscitar respuestas novedosas y creativas dentro de las comunidades educativas para seguir actualizando el estilo y la pedagogía de las instituciones lasallistas

Esquema general
Introducción
1- Organizar nuestra institución educativa al estilo de Juan Bautista De La Salle
2- Actualidad del mensaje de Juan Bautista De La Salle
3- Rasgos peculiares del ambiente lasallista
3.1- El clima de relaciones fraternas y cercanas

3.2- Espíritu de familia

3.3- La serenidad del educador

3.4- Estímulos educativos

3.5- Pedagogía preventiva

3.6- La preferencia por los más necesitados

3.7- La apertura universal y eclesial
4- Algunas constantes pedagógicas lasallistas
4.1- Atender, conocer y respetar a los alumnos

4.2- Crear hábitos de disciplina y buenas disposiciones escolares

4.3- Silencio y dedicación al trabajo

4.4- Una pedagogía activa

4.5- Participación activa de los padres
5- Líneas actuales y estilo de la escuela lasallista
5.1- Fidelidad creadora

5.2- La aceptación de la pluralidad

5.3- Algunos medios educativos
Para la reflexión y el diálogo

Lecturas complementarias





Libros utilizados:





  • Meditaciones de San Juan Bautista De La Salle para los días de fiesta.

  • Regla de los HH.EE.CC. de 1987.

  • Declaración sobre el Hermanos de las Escuelas Cristianas en el mundo actual, 39º Capítulo General, 1967.


Introducción:
En 1980, el Consejo General del Instituto escribió una circular sobre educación, dirigida a los hermanos y a los profesores de todo el mundo:
Si existe un campo en el que hay que excluir la repetición, a buen seguro que es el de los métodos pedagógicos y el de los contenidos de la enseñanza... Nos interesa la manera como un educador puede poner la ciencia pedagógica al servicio de los pobres y de los más desprovistos entre ellos... Se trata del estilo y del espíritu de pedagogo. Y san Juan Bautista De La Salle se convierte para nosotros en fuente de inspiración.

Hoy oímos decir con frecuencia: en el Instituto debemos volver a hacer en el año 2000 lo mismo que hizo San Juan Bautista De La Salle en el siglo XVII, es decir, crear una escuela de tipo nuevo y profético... De La Salle es un modelo mucho más al alcance de lo que le han presentado muchos panegiristas, poco al tanto de la historia. Él no creó su escuela, simplemente siguió una corriente... Supo tomar las mejores innovaciones pedagógicas de su tiempo... Eso mismo debemos hacer nosotros.” (Consejo General, Circular 414, 15 de septiembre de 1980).


1- Organizar nuestra institución educativa al estilo de Juan Bautista De La Salle
La gran figura de la escuela cristiana se llamó, en el siglo XVII, Juan Bautista De La Salle. Y su intuición pedagógica estuvo centrada en el deseo de lograr un nuevo estilo de escuela.
Su metodología sólo tiene sentido desde la perspectiva de evangelización, que es lo mismo que decir con sus palabras reiterativas: “de formación en el espíritu del cristianismo”.
Incluso fue un “adelantado” de las intuiciones pedagógicas que hoy nos resultan familiares. En el contexto de las escuelas de su tiempo, fue un organizador de las estructuras pedagógicas, de modo que bien puede ser considerado como un vanguardista de la pedagogía de su tiempo. Han pasado tres siglos y medio, y sus intuiciones siguen siendo validas para nuestro tiempo, en la medida en que ellas se apoyaron en el descubrimiento del corazón humano y, sobre todo, en el reconocimiento de la dignidad de la persona humana.
En el terreno de la organización escolar se reflejó su carácter y su aportación pedagógica. Hombre responsable y comprometido hasta el final de sus empresas, nos desconcierta aun hoy por el interés que se tomó por el alumno y por su aprovechamiento pedagógico. No cabe duda de que es mucho más que un místico, un utópico o un especulativo de la educación. Es un hombre concreto, situado en el realismo al que se orientan las “escuelas de caridad”1, que se promocionan en su tiempo. Él supo orientar a sus maestros hacia un estilo eficaz, no sólo de enseñanza de las ciencias humanas y de los conocimientos catequísticos, sino en todo lo referente a la educación de la persona.
Y la validez de su estilo llega hasta nuestros días, tanto por la trayectoria de la historia cuanto por la pervivencia de sus propuestas pedagógicas. Precisamente por ese estilo es por el que nos preguntamos hoy, no para imitarlo ingenuamente, sino para inspirarnos en su intuición y hacer de nuestra docencia algo más eficaz y dinámico, más adaptado al mundo en el que vivimos. No son afanes de investigación histórica, sino deseo de servicio humano lo que inspira esta búsqueda y reflexión.
Nos enfrentamos, pues, al desafío de adaptar a hoy un estilo educativo que tiene una inspiración plenamente lasallista. Nos hallamos en una sociedad más compleja, unos planteamientos educativos plurales, ambiciosos, abiertos a toda la niñez y juventud. Encontramos enormes retos en las materias curriculares, en las mismas aulas, en las disciplinas, en los objetivos, en la motivación de educadores y educandos. Se impone una síntesis creativa y fiel a un carisma.
2- Actualidad del mensaje de Juan Bautista De La Salle
Los rasgos de la escuela que Juan Bautista De La Salle diseñó en su praxis pedagógica no resultan fáciles de resumir, pues la riqueza de sus intuiciones pedagógicas está por encima de su Guía de las Escuelas Cristianas, que se convirtió para sus maestros en la fuente y en el secreto de sus aciertos. Podemos intentar, con la seguridad de resultar muy fragmentarios, condensar los más significativos, no en cuanto ocasión para admirar su sentido del orden, su originalidad o su sentido práctico, sino como enseñanza que nos puede hoy servir de pauta en cualquier institución lasallista.
Serio como era y pragmático, la forma de pensar y de actuar de La Salle se hallaba por igual distante de la palabrería humanista y de la frialdad del racionalismo. El humanismo propio del siglo XV y del XVI organizaba las instituciones educativas de cara a los contenidos literarios y filosóficos. El racionalismo que nacía con Descartes y los movimientos incipientes de los científicos prefería la ciencia y la lógica de altos vuelos, adonde no llegaban más que mentes privilegiadas y, desde luego, socialmente desahogadas. Juan Bautista De La Salle pensaba en otra cosa. Su mente y su corazón estaban en las clases populares, que, por cierto, no necesitaban las lenguas clásicas ni precisaban los métodos deductivos.
Él prefirió enseñar a leer y a escribir para fomentar la cultura entre los pobres que les hiciera más libres. Y entendió que sus escuelas habían de ser instrumentos de mejora para aprender a pensar, a sentir y a vivir. Supo que lo importante era preparar personas capaces de enfrentarse con la realidad humana de un mundo nuevo, que ya en su tiempo amanecía. Y por eso organizó escuelas prácticas al mismo tiempo que personales, eficaces y distinguidas, populares y abiertas a otras clases sociales.
Espíritu selecto y con sentido común, buscó todo lo que se escribía en su tiempo sobre educación y supo asimilarlo con verdadera originalidad. Sobre todo supo mirar el porvenir de los alumnos de sus escuelas y quiso hacer de ellos personas serviciales y morales, cristianos firmes y comprometidos y también personas dignas. Por eso estuvo atento a la formación y preparación de sus maestros, pues siempre pensó que las escuelas son lo que son los maestros.
3- Rasgos peculiares del ambiente lasallista
Algunos rasgos peculiares pueden ser recordados como fuente de influencia en sus Instituciones Educativas y de la actuación de sus maestros, que no pretenden ofrecer un mapa completo de rasgos, sino destellos que trascienden el tiempo y se abren con su firmeza persuasiva a los mundos más distantes:
3.1- El clima de relaciones fraternas y cercanas
La simpatía, cordialidad, confianza y afecto entre discípulos y maestros, tal vez pueda recordarse como uno de los más importantes. Tal vez sea el más típico. Esa fraternidad viene del carácter que el fundador de las escuelas cristianas quiso para sus educadores; así perfiló el tipo de educador que le pareció mejor: hombre laico, de total dedicación, entregado en exclusiva a la tarea docente, bien preparado, ordenado y disciplinado, con gran sentido de equipo y con trabajo asociado al de los otros educadores.
En este sentido se daba importancia a la cordialidad y a la cercanía en las relaciones personales, tanto con los alumnos como con las familias. Escribió en la regla para los Hermanos:
Amarán tiernamente a todos sus alumnos, pero no se familiarizarán en particular con ninguno de ellos, ni les darán cosa alguna por especial predilección, sino sólo como recompensa o estímulo.

Manifestarán a todos los alumnos igual afecto, y más aun a los pobres que a los ricos, por estarles aquéllos mucho más encomendados por su Instituto” (Reglas Comunes 7,13-14).
O recodaba a sus maestros en las meditaciones que escribió para que reflexionaran sobre su misión y dignidad:
No hagan acepción de personas con ninguno de los alumnos ni estimen en ellos otra cosa que su piedad sin atender a lo que en su exterior aparezca como más ventajoso o agradable.”. (Meditaciones para las fiestas principales del año 157,3,2).
Y es que él pensaba que es el afecto a los alumnos lo que hace milagros en sus actitudes y en sus rendimientos escolares, pues el corazón es el motor de la vida y, de forma especial, el de los niños y jóvenes:
... pues poseen todo el mundo quienes poseen el corazón de todos los hombres.

Esto lo consiguen fácilmente las personas de natural bondadoso y mesurado. Se insinúan de tal forma en el corazón de aquellos con quienes conversan y con quienes tratan, que los ganan insensiblemente y obtienen de ellos cuanto desean.” (Meditaciones para las fiestas principales del año 65,2,1).
3.2- El espíritu de familia
La cercanía del educador, el interés por su progreso y por su resultado, la superación de los meros intereses académicos, la apertura a destiempo y contratiempo para ayudar en las necesidades incluso afectivas y morales, la generosidad en el tratamiento.
Un símbolo hermoso de las instituciones educativas lasallistas fue siempre los patios colegiales poblados de alumnos bulliciosos y abiertos al diálogo, no sólo a la hora de los recreos, sino antes y después de las clases, incluso en los días de asueto. A todo esto se llamó sentido de familia.
Este espíritu fue siempre fruto de la “gratuidad”, generosidad y disponibilidad que ha presidido la tarea educadora inspirada en el carisma lasallista. En la circular 403, que ofrecía al Instituto las líneas del Capítulo General de 1976, el Superior General decía:
Inspirándose en el espíritu del Evangelio, los hermanos organizarán la escuela y las demás obras educativas de tal manera que permita un estilo de relaciones fundamento de la fraternidad entre los diferentes grupos de personas que las constituyen, con el respeto mutuo y el interés por practicar la justicia.”
3.3- La serenidad del Educador
La fuerza del trabajo escolar se halla preferentemente en la serenidad del profesor, el cual tiene que ser modelo de ponderación y habilidad, de trabajo y sacrificio, de fortaleza, en una palabra, que es lo mismo que decir poseedor de fuerza para mantener las riendas en todo momento y hacer trabajar con ilusión a sus alumnos.
Procure conservar la igualdad de humor en la escuela y no se deje llevar por la impaciencia. No es serio lanzar la palmeta a los escolares y resulta vergonzoso darles golpes, sobre todo en la iglesia. Me alegro de que tenga muchos discípulos. Pero ponga sumo interés en que adelanten mucho.” (Carta 38,13).
3.4- Estímulos educativos
Si la vigilancia no basta para prevenir la falta, será buen estímulo el saber aplicar con amor las correcciones convenientes. Incentivos, alientos, alabanzas, reprensiones, premios, correcciones son recursos que es preciso administrar con tacto y discreción. La adecuada corrección es un beneficio que se transforma en formación y en desarrollo de la personalidad. El tratamiento pedagógico que da De La Salle a la corrección del es una verdadera conquista de su inteligencia práctica y del amor profundo que tiene por el alumno. Presenta la corrección como algo imprescindible para la buena marcha de la clase y lo convierte en recurso de emergencia del que nunca se debe prescindir.
La corrección, que habrá de estar siempre inspirada por el amor y no por el mal humor, se convierte en la pedagogía lasallista en el termómetro del espíritu que inspira al maestro.
La corrección de los alumnos es de las cosas más importantes que se practican en la escuela y a la que hay que atender con el mayor cuidado para administrarla con oportunidad y fruto, tanto par los que la reciben como para los que la presencia”. (Guía de las Escuelas 15,0,1).
Nunca hay que castigar a un alumno por sentimiento de repulsa o de desagrado hacia él, porque causa molestias o porque no le tiene simpatía. Todos estos motivos, que son malos o simplemente humanos, están muy alejados de los que deben tener las personas que sólo deben obrar y conducirse por espíritu de fe.” (Guía de las Escuelas 15,4,8).
De las condiciones que han de tener los castigos.

Para que el castigo sea provechoso debe ir acompañado de las diez condiciones siguientes: puro y desinteresado, caritativo, justo, adecuado y proporcionado, moderado, sosegado y prudente. Voluntario y aceptado por el alumno, respetuoso y silencioso.” (Cfr. Guía de las Escuelas 15,3).


3.5- Pedagogía preventiva -vigilancia, velar-
Pero el alma de todo lo que hace eficaz la educación está simbolizada en una palabra que Juan Bautista De La Salle estimaba mucho: es la palabra de vigilancia, equivalente a acompañamiento, previsión, inteligencia práctica, presencia, cercanía. La pedagogía preventiva, la metodología del evitar el error, el deseo de evitar la falta, la desviación, se convierte en una forma de educar para la vida auténticamente humana y da un estilo peculiar a la personalidad.
Siempre en actitud de previsión y teniendo en cuenta todo lo que va a servir en la actividad del alumno, es el maestro el que va a dar la tónica con su habilidad, su destreza y, sobre todo, su dedicación, a la forma de educar de las escuelas de La Salle.
La vigilancia del maestro en la escuela consiste particulamente en tre cosas: 1º Corregir todas las palabras que diga mal el que lee; 2º Conseguir que sigan todos ls que están en la misma lección; 3º Exigir que se guarde en clase silencio muy exacto. Debe prestar constantemente atención a estas tres cosas”. (Guía de las Escuelas 11,0,1).
Deben vigilar más sobre éstos inclinados a libertinaje, que sobre los que, por sí mismos, se entregan al bien y practican la piedad.
Es preciso que empleen ustedes todos los medios para hacer volver a Dios a aquellos que se ven sometidos a algún vicio, pues como dice el Jesucristo no es voluntad de su Padre que está en el cielo que perezca uno solo de estos pequeñuelos.” (Meditaciones para las fiestas principales del año 56,1,1).
3.6- La preferencia por los más necesitados
Junto con el trato sencillo, en las escuelas lasallistas ha pesado lúcida siempre la atención por los necesitados. Ha sido siempre una tónica en ellos el mirar a los que se perdían en lo académico, en lo moral o en lo convivencial. Se han organizado las tareas con atención suficiente a todos los niveles, a todos los alumnos y a todas las situaciones. Pero se ha mirado con singular comprensión a los alumnos con especiales dificultades de aprendizaje, de adaptación o de comportamiento. El espíritu de la “preferencia por los menos favorecidos” ha latido siempre, incluso cuando las instituciones educativas han estado destinados a niveles sociales más pudientes, favoreciendo el contacto con grupos menos favorecidos y buscando la formación en la justicia.
En la “Declaración sobre el Hermano de las Escuelas Cristianas en el mundo actual”, del Capítulo General de 1966-1967, ya se decía a los miembros del Instituto, con referencia a todo lo que de alguna forma debería latir en las obras por ellos inspiradas:
En el servicio de los pobres está directamente interesado todo el Instituto... A todas las comunidades y a cada hermano en particular corresponde ponerse en las mejores condiciones para percibir en concreto lo que necesitan los pobres”. (Declaración 6,2).
3.7- La apertura universal y eclesial
En un Instituto internacional, interlingüístico e intercultural, como es el Instituto Lasallista, no podrá darse otra actitud que la apertura. Ha sido también otra constante educativa el saber formar a los alumnos para mirar al mundo entero, por encima de provincianismos culturales. Fue una de las características del mismo Juan Bautista De La Salle, que supo romper las barreras de su nivel económico, de su carácter sacerdotal o de su lugar de nacimiento
Reconocía el Capítulo General de 1986, en su comunicación a los Hermanos y educadores, reclamando la universalidad convertida en apertura de la Iglesia católica:
La experiencia lasallista nació y se desarrolló en un fuerte clima espiritual católico. Impulsado por el Espíritu de Jesús resucitado, San Juan Bautista De La Salle primero y, luego las comunidades de hermanos, a lo largo de los tiempos, han de tratar de vivir el espíritu del cristianismo organizando sus escuelas como escuelas cristianas. Incluso son numerosos los educadores no cristianos que se inspiran en la experiencia de la Salle para crecer en interioridad, ser fieles a su propio camino espiritual y abrirse a las llamadas de la acción universal del Espíritu.”
Las instituciones educativas lasallista de todo el mundo se han caracterizado por organizar la vida de los alumnos con apertura a las relaciones personales cálidas, con la generosidad con la que han articulado las relaciones personales entre los profesores y los alumnos, por la universalidad con que se han planteado los programas en un intento por armonizar la calidad de la docencia con la relaciones humanas, la serenidad con las exigencias académicas, la promoción de habilidades humanas con el cultivo de moral y de la urbanidad.
Los colegios extendidos por casi un centenar de países, a lo largo de tres siglos de existencia, han gozado de general aprecio por la capacidad de adaptación a las circunstancias, por el interés en hacer de los escolares hombres provechosos para la sociedad al mismo tiempo que cristianos convencidos y hombres honrados.


Apertura universal

y

eclesial



Comunidad

educativa



Clima

de

relaciones fraternas





Preferencia por 

los más pobres

Proyecto


educativo

Serenidad

del maestro






Pedagogía

Preventiva





Estímulos
Educativos


Ambiente educativo
4- Algunas constantes pedagógicas lasallistas
Son rasgos constitutivos de ese estilo el orden y la eficacia, la previsión y el realismo, el conocimiento del escolar y el tratamiento diferencial, el seguimiento y la vigilancia, la apertura y la cordialidad, la promoción de los valores humanos y la proyección al mañana en la vida de cada persona, la sencillez y la solidaridad.
El estilo educativo lasallista, tanto del fundador de las escuelas cristianas, como de los que han seguido su carisma a lo largo de trescientos años, ha tenido unos rasgos muy definidos en todo lo referente al clima pedagógico y metodológico en las aulas:
4.1- Atender, conocer y respetar a los alumnos
Y en esta fortaleza está la dedicación a conocer a los alumnos, para poderse acercar más estrechamente a ellos. Las disposiciones pedagógicas resultan siempre premiadas por los efectos positivos en el trabajo de cada día. Es de sumo interés el conocer, apoyar, animar y seguir a los alumnos, tanto a los que son buenos escolares como a quienes se hallan con especiales dificultades de convivencia, comportamiento o de aprendizaje.
Es un conocimiento pedagógico que resulta más provechoso cuanto más delicado, discreto y transformador de las personas es. Pero Juan Bautista De La Salle no quiere conocer por curiosidad científica. Ni siquiera entiende el rendimiento escolar como un medio de mejorar en la vida. El maestro debe promocionar la cultura para conseguir personas más libres. Y para ello precisa conocer a sus alumnos hasta el fondo del alma: “Tienen que instruir a dos clases de niño: unos son libertinos e inclinados al mal; otros son buenos, o al menos sienten inclinación al bien. Rueguen ustedes constantemente por unos y por otros, a ejemplo de san Marcelo, particularmente por los conversión de aquellos que tienen malas inclinaciones; y procuren conservar y confirmar a los buenos en la práctica del bien. Con todo, cuiden ustedes que su principal preocupación y sus más fervorosas oraciones se ordenen a ganar para Dios los corazones de aquellos que tienen tendencia al mal.” (Meditaciones para las fiestas principales del año 186,3,2).
4.2- Crear hábitos de disciplina y buenas disposiciones escolares
No menos que la disciplina, vale para él la formación de los hábitos en el trabajo y las buenas disposiciones de los escolares. Si esto se origina desde el interior del alumno, el resultado es muy superior a si tenemos que esforzarnos constantemente en infundirlo desde fuera por medio de castigos. De La Salle sabe que los alumnos son frágiles y precisan ayudas y apoyos externos.
¡Ah, qué poco se necesita para hacer cambiar la buena voluntad de los niños y de los jóvenes!
Y a los encargados de ellos, les enseña que deben conducirse con tanta prudencia respecto de ellos, que procuren que nada, ni en en ellos ni en su proceder, sea capaz de llevarlos a aborrecer el servicio de Dios, o de apartarlos lo más mínimo de sus deberes.
¿Es ése uno de sus principales cuidados de ustedes en su empleo? De ello depende, en gran manera, el progreso que sus discípulos puedan conseguir en la piedad y el fruto que ustedes mismos puedan alcanzar al instruirlos.” (Meditaciones para las fiestas principales del año 115,1,1).
4.3- Silencio y dedicación al trabajo
Los frutos de esa fortaleza, evidentemente, se manifiestan en actitudes como el esfuerzo, la normalidad, la armonía en la marcha de la vida escolar. Valorar el silencio y la dedicación al trabajo cotidiano era una costumbre que solía tener el fundador cuando visitaba las escuelas y también cuando trazaba recomendaciones para sus educadores. Sus recomendaciones en la “Guía de las Escuelas” son numerosas:
El silencio es uno de los principales medios para establecer y mantener el orden en la escuela; por eso cada maestro exigirá que se observe exactamente el silencio en su clase y no consentirá que se hable sin permiso.
Con este fin el maestro hará comprender a los alumnos que deben guardar el silencio, no porque él esté presente, sino Dios lo ve y porque es su santa voluntad”. (Guía de las Escuelas 11,3,1-2).
De poco servirá que el maestro se esforzara en lograr que se guarde silencio si él mismo no lo guarda; les enseñará mejor esta práctica con el ejemplo que con la palabra, y el mismo silencio del maestro, mejor que cualquier otro medio, producirá sumo orden en clase, al facilitarle el medio de vigilar sobre sí mismo y sobre los alumnos.” (Guía de las Escuelas 12,0,1).
Y lo mismo dice con frecuencia en las meditaciones que dirige a los Maestros:
...les convencerán mucho mejor con el ejemplo de una conducta juiciosa y modesta que con todas las palabras que pudieran decirles. ¿Quieren que guarden silencio?. Guárdenlo ustedes. No los harán modestos y comedidos sino en la medida en que ustedes lo sean.” (Meditaciones para las fiestas principales del año 33,2,2).
4.4- Una pedagogía activa
Evidentemente esta cercanía le llevó a reclamar la preferencia por una pedagogía activa. En la misma participación de los alumnos estaba una de sus fuerzas metodológicas. Podemos decir que es un rasgo peculiar de la primera pedagogía lasallista: la colaboración del alumno, su solidaridad, su creatividad para asegurar la marcha de la tarea docente. En la “Guía de las Escuelas” nombra los “oficios” en la clase, sugiere la acción de todos y de cada uno de los escolares, cómo pone en juego los estímulos, cómo valora las relaciones con los padres, cómo se distribuyen responsabilidades, cómo se consigue una dinámica atenta y amable en el marco escolar de manera que todos los escolares se encuentren agradablemente atendidos y valorados en todo momento.
Insiste en que hay que mantener el sentido del orden, que para él es previsión, seriedad, trabajo, eficacia, responsabilidad, esfuerzo. Nos dice con verdadera inteligencia práctica, apoyada en la experiencia que constituye su fuente de inspiración y el secreto del funcionamiento de la escuela:
Nueve cosas pueden ayudar a establecer y mantener el orden en las escuelas: la vigilancia del maestro; las signos; los registros; las recompensas; las correcciones; la asiduidad de los alumnos y su puntualidad; la reglamentación de los días de asueto; el establecer diversos responsables y la fidelidad en cumplir bien sus empleos; la estructura, la calidad y la uniformidad de las escuelas y de los muebles que en ellos se necesitan.” (Guía de las Escuelas 11).
4.5- Participación activa de los padres
Entre los valores de la participación en la vida de la escuela se halla la de los padres como pieza fundamental en la marcha del trabajo escolar. Esa aportación de los padres, que Juan Bautista De La Salle resaltaba en su pedagogía de la Guía, es para él emblemática y condicionante desde el principio hasta el final de la escolarización.


Atender

Conocer

Respetar

a los alumnos

Una

pedagogía

Activa

Crear

hábitos

de disciplina

Silencio

y dedicación

al trabajo

Participación

de los

padres



Proyecto educativo



Constantes pedagógicas del proyecto educativo
5- Líneas actuales y estilo de la escuela lasallista
La pedagogía lasallista no se reduce a promover el estilo que se inspira en Juan Bautista De La Salle por admiración, por nostalgia o por agradecimiento. Va más allá, entrando de lleno en la dinámica de la creatividad propias de nuestra época que ha conocido los mayores progresos de la historia en todas las ramas científicas. No sería bueno partir de cero y olvidar todo lo que han hecho las generaciones anteriores. Pero no sería aceptable repetir simplemente los diseños pasados.
5.1- Fidelidad creadora
Y ese servicio va a estar vinculado con los estilos educativos que se van a seguir promoviendo en las escuelas lasallistas de todo el mundo: comprensión con los necesitados, cordialidad en las relaciones, orientación en las incertidumbres, claridad en los objetivos, amor a Jesús como centro de la historia.


  • Ha dominado en las aulas lasallistas un clima de relaciones fraternas de elevada calidad: cordialidad en el trato de las personas, inquietud por sus dimensiones profundas, sensibilidad solidaria y trascendencia más allá de los días limitados de la vida académica.




  • Se han regido las actividades académicas por un orden y metodología, que han hecho el trabajo eficaz y los resultados generalmente ventajosos.




  • Se ha hecho del orden, del trabajo, de la eficacia y del esfuerzo algo compatible con la alegría y la confianza en las relaciones, armonizando la dignidad de las personas con la precisión de los objetivos y el rigor de los programas escolares.




  • Hasta la corrección se han hecho con frecuencia motivo de acercamiento personal, al asumir por parte de quien los recibía la afectividad latente en quien los proporcionaba, ya que el lema de los mismos ha sido siempre: el amor y el beneficio de los alumnos.




  • Desde los primeros momentos de la infancia, la apertura a las familias y la solidaridad con los padres ha sido la tónica de unas escuelas cristianas que han pretendido hacer vivir el amor cristiano en la cumbre de todo los ideales y procedimientos pedagógicos.




  • Y no ha cabido nunca duda de que, por encima de multitud de tensiones laborales o sociales, pedagógicas o también organizativas, incluso políticas e ideológicas, las aulas amparadas por el carisma lasallista han sabido hermanar intereses supremos de la sociedad, de la humanidad, de la solidaridad entre los hombres, más allá de los intereses particulares.




  • Se ha mantenido cierta herencia de grupo, en la que se ha mezclado la caridad con la justicia, la paz con la fuerza, la alegría con la seriedad, la ilusión infantil con la dinámica comprometedora de la juventud.

Éste es el sentido de nuestra reflexión, que por fuerza ha de ser dinámica y comprometedora, pues no se trata de hacer progresar la ciencia pedagógica que ciertamente es una labor noble, sino de pensar en cómo organizar nuestros centros para que los alumnos salgan mejor formados y su tarea escolar resulte más gratificante y provechosa. Por eso el Fundador reclamó el laicado completo en sus educadores y configuró un nuevo estilo de escuela cristiana que habría de durar hasta nuestros días. Y se convirtió en la gran figura de los maestros dedicados en cuerpo y en alma a la educación.


5.2- La acentuación de la pluralidad
El pluralismo de la cultura moderna es una característica de nuestra sociedad actual. La escuela lasallista es consciente que la educación es una labor viva y condicionante. Quienes en ella trabajan han sido conscientes de su responsabilidad en el trabajo y de que no pueden contentarse con buenos deseos, sino que deben conseguir resultados positivos.
Son conscientes de que, con el paso de los siglos, las condiciones sociales han ido cambiando. La escuela lasallista es testigo de la diversidad y de la pluralidad de los hombres, de los pueblos, de las culturas, de los grupos humanos. Lejos de pretender uniformar a todos los hombres en modelos unitarios y especulativos, es consciente de que hay que respetar la identidad y la originalidad de las personas, familias y grupos.
Este valor del pluralismo lo cultiva de forma especial en los tiempos actuales. Y se siente especialmente comprometida en esta labor a medida que se avanza en nuevo milenio en la cultura humana. Ella misma se halla implantada en casi un centenar de países y arrastra una experiencia creciente y enriquecedora de apertura y de solidaridad interracial, interlingüística e intercultural.
Se precisa hoy una organización de las escuelas y una orientación de los alumnos adecuadas a las exigencias de los nuevos tiempos. La apertura está reñida con los capillismos y con los egoísmos.
La escuela cristiana del siglo XXI está llamada a servir a los hombres nuevos para dar respuesta educativa y cristiana a unos reclamos que en otros tiempos pudieron incluso resultar insospechados:


  • Incidencia de los nuevos medios de comunicación social.

  • Explosión de la tecnología.

  • Incremento de las relaciones humanas y de los efectos de los grandes movimientos humanos que acontecen.

  • Sentido especial de la libertad, de la democracia y de los derechos humanos fundamentales, etc.

  • Adaptaciones curriculares que atiendan las diferencias educativas de los alumnos.

  • Programas especiales de alfabetización e integración social.

  • Ayudas a emigrantes y preparación para el empleo.

  • Animación de proyectos pastorales, catequéticos, marginales, etc.

Los resultados de un estilo organizativo compartido no pueden ser otros que la mayor cualificación de la docencia y de la educación, en todos los niveles y desde todas las perspectivas. Y corresponde a la intuición pedagógica del fundador de las primeras escuelas el desencadenamiento de esa dinámica que hoy cobra tanta importancia en cualquier sistema docente.


La escuela cristiana, para conseguir la mejor formación de los alumnos, precisa grandes recursos humanos, reclama continuidad en los procesos y solicita compenetración entre quienes intervienen en tareas comunes. Los educadores cristianos son cada vez más conscientes de esa responsabilidad y se aprestan a dar respuesta adecuada.
5.3- Algunos medios educativos
Y nos preguntamos por los medios. Como respuesta, surgen varias prioridades que de siempre se han cultivado en la escuela lasallista y que hoy se siguen cultivando con especial sensibilidad pedagógica:


  • Se miran las reuniones y los encuentros frecuentes y fraternos como medio de conseguir la conjunción de los propósitos y de armonizar los medios que se ponen en juego.




  • Se cultivan las relaciones cordiales y solidarias entre los profesores incluso más allá de los ámbitos académicos, logrando la trascendencia de los ideales personales.




  • Se aprecian los rasgos en favor de la democracia organizativa, por encima de los viejos esquemas jerárquicos, consiguiendo nuevos cauces de conocimiento, de abnegación y de servicio, incluso contando con las limitaciones de las personas.




  • Se busca el acompañar al alumno en la vida escolar y también en la personal, con miras a superar los simples niveles académicos e instructivos, aun cuando se da la justa importancia a la calidad de la docencia, de la que toda la comunidad lasaliana suele estar orgullosa.




  • Se potencian los servicios personales, apoyándose técnicos que hoy proporciona la Psicología, la sociología o las diversas ciencias del hombre.




  • Se cultivan las relaciones extraescolares, haciendo esfuerzos por superar las barreras del aula o las condiciones sociales. Por eso se da tanta importancia en las escuelas a las fiestas, servicios culturales, grupos artísticos, deportes, folclore, ocio, esparcimientos...




  • Se abren las estructuras a la participación de los padres y de cuantos puedan aportar a la marcha del centro sus medios, su tiempo, sus iniciativas o su apoyo moral y afectivo.




  • Se cultivan y estimulan las cualidades de los alumnos con actividades, estímulos, experiencias y recursos que están por encima de los mismos programas escolares y enriquecen las personas de manera intensa.

Como síntesis de las características de la escuela lasallista, mirando al futuro, acudimos a las notas que el hno. John Johnston, Superior General, señalaba al congreso lasallista de mayo 1997: “Especificidad de la escuela lasallista hoy”:




  • El respeto a cada alumno como persona única

  • Espíritu de comunidad

  • Escuela de calidad

  • Escuela que es cristiana

  • Solidaridad con los pobres

  • Profesores: personas de fe y celo

  • Organizada en torno a la historia de La Salle.2






Lecturas complementarias

El pensamiento de San Juan Bautista De La Salle sigue siendo iluminador para entender cómo se organiza la institución educativa lasallista.


En su empleo, deben juntar el celo del bien de la Iglesia y el del Estado, cuyos miembros empiezan a ser vuestros discípulos. El de la Iglesia lo procurán haciéndolos sinceros cristianos, dóciles a las verdades de la fe y a las máximas del Evangelio. El del Estado lo procurán enseñándoles la lectura, la escritura y cuanto corresponde a su ministerio con relación a la vida presente. Debe unirse la piedad a la formación humana, sin lo cual su trabajo resultará poco provechoso.” (Meditaciones para las fiestas principales del año 160, 3).
Si quieren que sean provechosas las instrucciones que dan a los que tienen que instruir para llevarlos a la práctica del bien, es preciso que las practiquen ustedes mismos, y que estén inflamados de el celo, para que puedan recibir la comunicación de las gracias que hay en ustedes para obrar el bien; y que su celo atraiga a ustedes el Espíritu de Dios para animarlos a ello” (Meditaciones para las fiestas principales del año 194,3,2).
Ustedes tienen todos los días niños pobres a quienes instruir; ámenlos tiernamento como hizo este santo, siguiendo en ello el ejemplo de Jesucristo. Prefiéranlos a quienes no lo son, pues Jesucristo no dijo que el Evangelio es anunciado a los ricos, sino a los pobres. Ellos son tambien los que Dios les ha encomendado, y a los que tienen obligación de anunciar las verdades del Santo Evangelio.”. (Meditaciones para las fiestas principales del año 166,2,2).
La pedagogía de la libertad en ningún otro dominio es tan indispensable como en el de la educación de la fe. La escuela cristiana pretende imponer lo menos posible. Propone, sin forzar, las posibilidades infinitas que ofrece la vida según Jesucristo. Anuncia la buena nueva del Evangelio según cada cual pueda entenderla, sin actitud proselitista, aunque tampoco tímida, y dentro del más absoluto respeto a la libertad. A quienes ya han oído y acogido el llamamiento de Jesucristo, los educadores les explicarán los misterios y trabajarán para robustecer en ellos la fe y la vida cristiana...
Los maestros se harán cada vez más conscientes de que la educación ha de ser el resultado de muchas influencias. La escuela cristiana se esfuerza por colaborar con los demás agentes y medios educativos. Los Hermanos y educadores trabajan en estrecha colaboración con los padres, primeros responsables de la educación de sus hijos, convencidos de que no sólo tienen algo que enseñarles, sino también más de una cosa que aprender de ellos.
Intentan, además, establecer lazos fraternales con los otros educadores, especialmente con aquellos que se esfuerzan en organizar los asuetos y solaces de los jóvenes. La escuela no debe encargarse por sí misma de todo, sino que se preocupa de continuo por multiplicar las relaciones amistosas con todas las instituciones que se ocupan de organizar los ocios de los jóvenes.” (Declaración 47).
“La comunidad humana tiene cada vez más conciencia planetaria. Dependientes los unos de los otros, somos responsables conjuntamente:


  • de la calidad de vida que transmitimos a las nuevas generaciones,

  • de la naturaleza y bienes que les dejamos.

Estamos obligados a preguntarnos, como educadores, sobre los programas de estudios y los medios que utilizamos. Los hombres de buena voluntad coincidirán, si la educación favorece e incrementa la justicia, el respeto, la solidaridad, la tolerancia, la interioridad, la paz, el respeto de la vida”.3


Nuestro mundo está atravesado hoy por fuerzas de vida: defensa de los derechos humanos, compromisos solidarios, lucha en favor de la justicia, esfuerzos por la paz, etc. Está interpelado por los valores culturales del tercer mundo, como el sentido de familia y hospitalidad, la veneración a la muerte, la valoración de lo religioso y de lo espiritual.
Cada vez más jóvenes, seducidos por testigos y movidos por un deseo de radicalidad, se comprometen comunitariamente por un mundo más fraterno y más humano.
Nuestro mundo está también enfrentado a grandes desafíos


  • “Muchos jóvenes, sumergidos en un mundo tecnificado e impersonal, anhelan relaciones cálidas de convivencia y de fraternidad.




  • Muchos jóvenes, sobre todo en el tercer mundo, angustiados por un futuro incierto, necesitan educadores cercanos que les ayuden a situarse social y profesionalmente.




  • Muchos hombres hoy, ganados por el ansia del dinero y el mecanismo, esperan el testimonio de la generosidad y de la gratuidad.




  • Muchos hombres, ahogados por el individualismo, experimentan la necesidad de la proximidad, renovación y de renacer a la esperanza por medio de la escucha, de la palabra y de la presencia del otro.




  • Muchos jóvenes hoy, entregados a la dispersión de un ambiente de vida, invadido por el ruido y la imagen, carecen de sentido crítico de la imagen visual y de la experiencia del silencio y del encuentro consigo mismo.




  • Muchos hombres y jóvenes hoy, invadidos por el imperialismo del sexo, aspiran a nueva civilización del amor, en la cual la persona se respeta y la vida se expresa como acogida, riesgo y entrega.




  • Muchos hombres y jóvenes hoy, envueltos en una aceleración de la historia, impresionados por un tiempo que se escapa, anhelan acontecimientos que comprometen toda la persona y exigen continuidad existencial y fidelidad siempre nueva.




  • Muchos jóvenes y hombres hoy, viven en medio de un desierto espiritual. Buscan en silencio un sentido a su existencia, en lo absoluto y en la mística.

En el corazón de ese mundo, a menudo los educadores somos tentados en nuestro estilo de vida comunitario y en nuestras vidas personales, pero la comunidad a la que somos llamados puede enfrentar esos desafíos. Es una oportunidad, es una gracia.”4.



Las relaciones en la escuela cristiana

“La escuela cristiana afirma la dignidad esencial de cada ser humano. La importante obra de La Salle titulada Reglas de cortesía y urbanidad cristianas pone de manifiesto la trascendencia de estas prácticas como virtudes que dicen relación a Dios, al prójimo y a nosotros mis­mos.”


Todo lo que sirva para crear un clima escolar de relaciones cálidas es un paso importante en la consecución de la misión de la escuela.
Estas relaciones incluyen las de unos alumnos con otros, las de los alumnos con los adultos y las relaciones de los adultos entre sí; todas ellas con la impronta de respeto a la singularidad de cada persona. Los redactores de la Declaración de 1967 expresaron este concepto de escuela vista como comunidad, en lo que se puede considerar como un lenguaje idealizado, pero con una perspectiva que anima a todos los que, juntos, trabajan por conseguirlo:
De ese modo tenderá la escuela a constituirse por sí misma en comunidad humana, dentro de la que, los jóvenes de origen y condiciones sociales o familiares diferentes, puedan educarse unos a otros en lo relativo a la comprensión ajena, al conocimiento mutuo, a la amplitud de miras en todo, gracias al diálogo, a la aceptación realista de la singularidad y de las limitaciones de cada uno, al espíritu de servicio, al instinto de la justicia y del amor fraterno.” (Cfr. Declaración 46,2).
Dadas las dimensiones y la naturaleza de algunas escuelas en cuanto instituciones, es importante que el establecimiento no pierda de vista la importancia de cada alumno, reconociéndole claramente su singularidad y la necesidad de un trato en consecuencia. Este aspecto se refiere a algo fundamental, todo lo que afecta al acompañamiento. Los primeros Hermanos de la década de 1680 se definían a sí mismos como “hermanos entre sí... y hermanos mayores de los jóvenes que se les confían”5. Esta misma Regla de 1987, cuando insiste en que “las políticas educativas de las instituciones lasalianas están centradas en el joven”, está retomando un aspecto importante que desarrolla ampliamente la Declaración:
Esta atención (la debida a cada alumno) se dirigirá a toda la persona del joven: su medio familiar, su temperamento, sus aptitudes y gustos particulares, lejos de limitarse a considerarlo meramente como alumno, o a estimarle por su rendimiento escolar. El educador lasallista se aplicará, igualmente, cada día con más atención y deliberadamente a descubrir y desarrollar los talentos particulares de sus discípulos, en vez de fijar la atención en sus faltas o defectos.” (Declaración 46,2).
El proyecto educativo global
El proyecto educativo global, confeccionado y evaluado regularmente por todos los implicados en el proceso educativo, es el mejor modo de asegurar que la escuela lasaliana y los centros educativos no sólo funcionen bien, sino que también sean capaces de renovarse continuamente adaptarse a las necesidades de los alumnos. De esta manera, la escuela evita el peligro de hacerse “irrelevante”, si la comparamos con las otra “escuelas” de los medios de comunicación, en las que los jóvenes están influidos por factores que la comunidad escolar desconoce y, como consecuencia, no puede controlar. La Regla de 1987 recuerda brevemente esta necesidad de adaptación y de actualización continua:
Para cumplir mejor su misión, los hermanos y sus colaboradores cuidan de evaluar y renovar su proyecto educativo”6

1 Ver cuaderno de esta misma colección N° 4, pág. 14.

2 Revista (ficha) Lasaliana: 41-2-C-174.

3 Capítulo General de los Hermanos de 1993. Circular 435, del 24 de junio de 1993.

4 Capítulo General de 1993. Reflexión inicial. Circular 435. Págs. 50 y 51.

5 Regla de los Hermanos 53.

6 Regla de los Hermanos13d. Consejo General 1997: La Misión Lasaliana: educación humana y cristiana. Una Misión Compartida. Valladolid: CVS págs. 71-73.).



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